"Dean, maldita sea, aléjate de mi, por el amor de dios que eres mi hermano." Por primera vez en toda su vida, Dean estaba seguro que su hermano había enloquecido y que había perdido la razón.
Se acercó de nuevo a él, pero Sam dio un paso atrás, mirando a Dean como si se tratara de alguno de los demonios a los que todos los días se enfrentaban. Dean creyó incluso que su hermano lo miraba con asco en los ojos.
"¿Se puede saber que demonios te pasa Sammy? ¿Qué bicho te ha picado?" Aquel no podía ser su hermano, ya no le cabía ninguna duda, pues si algo Dean tenía muy claro, era que Sam nunca le rechazaba un beso y ahora acababa de hacerlo y lo que era peor todavía, no podía quitarse la idea de la cabeza.
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Habían ido a cenar y la verdad era que Sam ya se había estado comportando de forma extraña todo el día, algo en él era distinto, algo había cambiado en su hermano, aunque Dean lo había achacado al estrés de los días que estaban pasando, a Lucifer y la locura de vida que estaban viviendo.
Pero no se había dado cuenta realmente que algo iba realmente mal hasta que terminaron de cenar y ya habían tomado un par de cervezas. Dos chicas, veintiañeras y muy atractivas, no dejaban de mirarles, se miraban y luego se echaban a reír como dos adolescentes.
"A veces, ver a chicas con estas, me hace plantearme si debería serte infiel, aunque sólo fuera por una noche." Dean bebió un trago de su cerveza mientras sonreía a su hermano, que lo miraba realmente contrariado.
"Lo dices como si fuéramos pareja o algo así."
Dean miró su hermano como si le estuviera hablando en un idioma desconocido para él, pues no podía comprender que Sam le estuviera diciendo algo así, sobretodo después de tanto tiempo y sobretodo tratándose de alguien como Sam, alguien fiel en las relaciones
"No creo que pudiera enamorarme de otra persona Dean, cuando te miro, no se, por mucho que me gustan las mujeres y porque no decirlo, algunos hombres, creo que no existe nade más en el mundo."
Dean recordaba perfectamente la expresión dulce de Sam cuando le había dicho eso nada más despertarse una mañana, tras haber pasado la noche durmiendo el noche por culpa de un espíritu.
Incluso entonces, con el pelo más rebelde que le hubiera visto nunca, con los ojos medio abiertos por el sueño y con un terrible dolor de espalda que le dejaba pensar en nada más; cuando Dean miraba a Sam, sabía que era cierto, que su hermano no sería de nadie más, nunca habría nadie más en su vida.
Por eso, Dean no podía comprender ahora las palabras de su hermano.
"¿Qué pasa?, lo que has dicho te ha quedado muy, no se, muy gay."
"¿Muy gay? ¿Desde cuando algo te parece demasiado gay Sammy? Tu fuiste el que me llevaste a ese local de Pittsburg, tu fuiste que te marchaste con aquel tío, hasta que descubriste que no nadie en tu vida como yo y tu fuiste el que me diste la tabarra hasta que accedí a fueras el único al que miraba el culo."
Dean observó a su hermano conforme este se levantaba y se dirigía a la puerta. Todo el día trabajando y estaba agotado, aunque le encantaba aquella nueva vida que tenía por delante. Siempre y cuando Dean no se diera cuenta quien era su hermano, quien se había metido dentro de Sam, todo estaría bien; pero si terminaba por descubrirlo…
El pobre muchacho estaba empezando a sentirse demasiado raro con aquel tipo de conversación, pues desde luego ese no era el tipo de relación que esperaba tener con un hermano y mucho menos hablar con él sobre esas cosas, pues Dean parecía muy serio cuando hablaba del tema.
"Bueno, pero esas cosas sólo las he hecho por probar, ya sabes somos jóvenes y tenemos que vivirlo todo, antes de darnos cuenta que estamos atrapados en una relación de diez años con una mujer a la que realmente no queremos."
"Vale ya está bien." Sam se dio la vuelta en seco. Fin del camino, Dean le había descubierto por fin, había adivinado que no se trataba del auténtico Sam y quería meterle una paliza allí mismo.
El aparcamiento estaba vacío, no había nadie y apenas había coches a esas horas de la noche. Sam se quedó parado en mitad de la carretera y cerró los ojos, no era más que un crío, que había robado el cuerpo de un adulto, de un cazador de demonios nada menos y por lo que había oído sobre Dean, estaba preparado para morir de la peor forma posible.
Pero en lugar de eso, al abrirlos, se dio cuenta que Dean estaba delante de él sonriéndole, con una sonrisa pícara, que solo se lo imaginaba usándola con una chica a la que intentara ligarse y los ojos verdes, abiertos de par en par clavados en él.
"A veces me parece que te has dado un golpe en la cabeza. Creo que ya te he dicho muchas veces, que eres solamente mío y nadie más que yo va a tocar tu maravillosa boca, aunque en ocasiones digas con esa muy raras."
Para sorpresa y estupor de su hermano, Dean le dio una palmada en el culo y le guiñó el ojo antes de dirigirse al coche. Sam se dio la vuelta, preguntándose donde se había metido, que clase de relación tenían aquellos hermanos y hasta donde estaría dispuesto a llegar Dean.
Pero no lo sabría hasta que al entrar en la habitación, Dean dejara su bolsa en la cama y con la rapidez propia de su condición de cazador, cogió a Sam de la cazadora y lo empotró contra la puerta, se puso delante, su pierna entre las de su hermano y las manos sobre sus caderas. Tras mirarlo un momento y quedarse ligeramente sorprendido del rubor de Sam en sus mejillas, como si fuera la primera vez que le fuera a besar, lo hizo.
Apretó sus labios de su hermano, como siempre, pero se dio cuenta que Sam había apretado los suyos, que no le estaba besando realmente, que estaba luchando por soltarse, aunque no había forma de liberarse del abrazo de Dean.
Le dio un fuerte empujón, que al no esperárselo, estuvo a punto de tirarlo al suelo.
"¿Se puede saber que te pasa? Me parece bien que te guste jugar duro, pero al menos podrías avisármelo primero." De se acercó de nuevo a su hermano, pero Sam se retiró ofendido y en cierto modo asustado.
"Dean, maldita sea, aléjate de mi, por el amor de dios que eres mi hermano."
"¿Se puede saber que demonios te pasa Sammy? ¿Qué bicho te ha picado?" Si eso por el demonio de la lujuria del otro día que te ha afectado al contrario, nos enfrentaremos a ello, pero dime si te encuentras bien."
"¿Si yo me encuentro bien? ¿Te das cuenta lo que estás diciendo? Dean eres mi hermano mayor, los hermanos no besan a sus hermanos menores, ni siquiera para enseñarles como funciona eso. así que por lo menos quédate donde estás, que no me quiero llevar una sorpresa desagradable."
"¿Ahora resulta que te bese es una sorpresa desagradable? Fantástico, no sólo te ha picado el bicho de la abstinencia, si no que además te ha picado el de la estupidez, que algunos llamarían cordura. Es igual, vamos a ver Sam."
De nuevo y con toda naturalidad Dean se acercó a su hermano, no había duda que Sam necesitaba ayuda, tal vez Sam no lo supiera, tal vez había sido infectado por algo a lo que no se habían enfrentado todavía, pero por nada del mundo le iba a dejar tirado.
No podía creer que su propio hermano con el que tantas cosas había compartido y después de haberse atrevido a decirle lo mucho que le quería, Sam le mirara así, como si hubiera olvidado los últimos años, como si hubiera olvidado las manos de Dean, sus labios que tantas veces le habían besado, su cuerpo por la noche, todo él parecía haber desaparecido de la mente de su hermano y ahora simplemente estaba eso, su hermano, no su amante, no el hombre al que quería, no la persona con la que deseaba pasar el resto de su vida, simplemente, su hermano.
"Se que algo te ha pasado, y se que has estado muy raro estos días, pero no le dado importancia, pese que estabas… vale, supongo que no he estado muy pendiente de ti últimamente, pero prometo ayudarte."
Sam ya no podía ir más lejos, se había pegado a la pared, sin quitar la vista de Dean, tal vez después de todo no había sido tan buena idea meterse en el cuerpo de Sam Winchester, aquella peculiaridad de los hermanos, porque no estaba dispuesto a llegar tan lejos por entregar a Dean a los demonios.
"Sam por favor dime algo, no soporto que me mires así, como si fuera un bicho raro. Si te ocurre algo, puedes decírmelo ya lo sabes, te quiero demasiado para saber que me escondes algo, ya sea por vergüenza o por miedo, no lo se, pero sólo quiero que me lo digas."
Lo tenía delante, lo veía pero no podía reconocer a Sam, aquellos ojos no eran los que tanto amor le daban, ni eran los labios que le habían dicho al oído en las frías noches de invierno que tanto le querían y que nunca le dejaría. Físicamente era Sam, de eso no tenía ninguna duda, pero había algo en su hermano que fallaba, algo que, pese a no saber explicarlo, no le gustaba nada.
Rozó la mejilla de Sam con la mano y notó que este se apartaba de nuevo, lo tenía tan cerca y tan lejos al mismo tiempo. Parecía como si se hubiera dado un golpe en la cabeza y no recordara nada de su vida en los últimos tiempos y sobretodo que no recordara lo mucho que Dean le quería.
Entonces lo vio, al estar tan cerca, vio que sus ojos definitivamente no eran los mismos, no porque fueran los de otra persona, pues su color pardo era el mismo, pero no era Sam le que le estaba mirando dentro de ellos, aquel no era su hermano. A Sam no le pasaba nada, porque dentro de ese cuerpo no estaba su hermano,.
"¿Quién eres tu?"
"¿Dean como dices?" el muchacho estaba empezando a asustarse, porque no sabía lo que podría hacer Dean en cuanto descubriese que realmente había alguien usurpando el cuerpo de su hermano.
Tenía que conseguir descubrirlo y sabía la forma de conseguirlo, si el impostor no quería salir por las buenas, lo haría por las malas, además su instinto le decía que no se trataba de alguien extremamente poderoso, por lo que no sería un gran rival para él.
"Nada es igual." Dean se dio la vuelta, tan sólo para hacerle creer que le dejaba en paz y que se relajara. Cuando vio que lo hizo, cogió el cuerpo de su hermano, que estaba acostumbrado a manejarlo y lo lanzó contra la cama.
Antes de que su hermano tuviera tiempo de reaccionar se sentó sobre su estómago y puso toda la fuerza que pudo sobre él. Se recostó sobre Sam, era tan habitual aquello que casi pensó que era un día normal y corriente. Sin embargo, la cara de pánico en el rostro de Sam le dio a entender que estaba consiguiendo lo que quería.
Volvió a presionar con fuerza sus labio con los de Sam y le obligó a abrirlos a dejar que se intentara y le besarle con rudeza. Sam se removió bajo su cuerpo, pero no dejó que le detuviera, pues tenía que saber quien estaba usurpando el cuerpo de Sam. Le desabrochó la camisa y le escuchó protestar, pero mientras le besara no le iba a permitir hablar, tenía que hacerle sufrir por lo que se había atrevido a hacer.
Posó sus manos sobre el pecho de Sam y bajó poco a poco la boca desde el cuello hasta allí, besando cada rincón de su piel, como lo haría habitualmente. Se entretuvo unos segundos con sus pezones y continuó bajando. Quería escucharlo sufrir protestar y averiguar hasta donde aguantaría aquella tortura.
Notó que movía las manos para tratar de zafarse de él, pero Dean se las aprisionó contra la cama.
"Dean por favor, creo que eres tu el que te encuentras mal, creo que has sido poseído por algo y puedo ayudarte." Protestó de nuevo el falso Sam, pero se dio cuenta que su hermano le iba a hacer ningún caso y por mucho que lo intentara, no estaba acostumbrado a usar la fuerza de aquel cuerpo, por lo que no había forma de librare de Dean.
"Tienes razón Sammy, me encuentro fatal, porque hace días que no follamos y sabes que eso no me gusta nada." Llegó de nuevo hasta el rostro Sam, mientras deslizaba sus manos hasta la entrepierna de su hermano. Estaba a punto de descubrir quien era el impostor.
"¿Dean que estás diciendo? ¿Te has vuelto loco?"
Sonrió al ver que la expresión de Sam cambiaba, le estaba tocando, allí donde ningún hombre había tocado al muchacho, pero no iba a parar hasta que obtuviera su respuesta.
Se acercó a su oído y muy consciente de lo que le estaba diciendo a aquel completo extraño que se había adueñado del cuerpo de su hermano, le susurró.
"Si, pero ya sabes que estoy loco por ti y lo que más quiero ahora es follar contigo, ya sabes que es lo mejor que tu y yo sabemos hacer después de cazar." Sam dio un respingo cuando Dean rozó su entrepierna con una mano. "¿Qué, nos divertimos un poco esta noche?" De nuevo Dean besó a Sam, si tan sólo Sam sintiera aquellos besos, que ahora mismo estaba dando a un extraño.
Lentamente comenzó bajar la cremallera del pantalón de Sam, hasta este con un movimiento brusco, se quitó Dean de encima y se arrodilló en la cama, su cara enrojecida y su respiración acelerada, le daban un aspecto mucho más inocente a Sam, como si nunca hubiera hecho algo así.
"Vale ya está bien, no se que pasa con vosotros, pero lo vuestro no es normal. No soy Sam."
"Eso hace rato que lo se, pero quiero que me digas quien eres y que es lo que has hecho con mi hermano."
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"¿Así que estuviste a punto de tirarte a otro tío?" Dijo Sam riéndose, ahora que todo había terminado, era mucho más fácil ver las cosas.
"Al fin y al cabo era tu cuerpo, no fue un gran esfuerzo."
Sam le dio un pequeño empujón, como si realmente, le hubiera molestado lo que acababa de decir, cuando en realidad sabía que Dean lo decía para hacerle rabiar; nunca se hubiera acostado con otro tío que no fuera su hermano. Haciéndose el ofendido se encaminó hacia su lado del coche para subirse
Dean dio la vuelta al coche, sin dejar que Sam se metiera en el Impala. Le hizo darse la vuelta y le empujó. Colocó su mano sobre la nunca de Sam y le obligó a acercarse a él para besarle. No tuvo que hacer mucho esfuerzo para conseguirlo pues Sam rodeó su cuerpo con ambas manos y fue él quien le besó, quien aprisionó sus labios, quien le hizo suspirar y gemir, aunque no fuera reconocerlo.
Pues ese era su pequeño Sammy, no aquel crío que había tomado su cuerpo, si no el que sabía como tocarle para hacerle sentir como nadie, el que le besaba, como ninguna mujer lo había hecho nunca, con el que estaría haciendo el amor durante toda la noche, no para sacarle ningún tipo de información, sino porque hacerle amor con Sam, ver el amanecer a su lado, agotados y sudorosos los dos, era la mejor manera que se le ocurría a Dean de acabar una noche.
