Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto. Este fic es sin fines de lucro, solo lo hago para mí y vuestro disfrute personal.
Pareja principal:
-Gaara/Hinata
Advertencias de este capítulo:
-Palabras mal sonantes y vulgares.
Gracias por adelantado por los reviews.
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Sus pasos pasaban desapercibidos por la negrura de la cuidad, lo único que dejaba tras su paso eran las pisadas sobre los charcos dando un fantasma indicio de que algo había pasado por ahí, el sonido de un chapoteo rompiendo el sonido de la lluvia suave.
Nadie podía verlo, y no era porque las calles estuvieran casi desiertas a esas horas y todavía con el tiempo que había fuera, sino por ser demasiada velocidad para que el ojo humano tuviera tiempo de poder captarlo.
Se colocó mejor la pequeña mochila a la espalda para acelerar un poco más el ritmo de su carrera al sentir un nuevo mensaje vibrarle en el pantalón, y si no estaba al equivocado, era Naruto, otra vez, recordándole que si no se presentaba en menos de dos horas allí se metería en problemas bastantes serios.
Lo cual ya lo sabía porque se lo dijo en su momento hace dos días atrás, se lo comentó también Temari cuando era de día ayer ante la cabezota idea de que no pensaba ir ante la suprema porque su hembra no estaba bien y, de nuevo, Naruto unas cuantas veces más desde que salió de la casa de su hermana para ir a la fortaleza.
Incluso el puto Uchiha le habia mandado un mensaje cuando estaba tomando unas cuantas prendas y roa interior que poder cambiarse. Y menudo mensaje.
¿Quieres dejar de imitar la vida sexual de un conejo? Algunos tenemos prisa como para esperar a que te dignes a venir. En cuento llegará allá, al momento de ver a Sasuke, le daría el puñetazo más fuerte que pudiera darle sin dejar la velocidad que portaba, eso le dolería más. ¿Quién se creía que era para comentar su vida sexual de esa manera? Si quería llegar tarde porque estaba follando con su mujer, lo haría y punto, porque era mucho mejor retozar con Hinata que ir ante la suprema por sabrá qué cosa que deseé ordenarles a todos.
Aunque ahora que se iba para la reunión tan importante que decía ser el mensaje de numero oculto de hace una semana, el malestar lo invadía sin poder evitarlo como la última vez que fue llamado para ir. Su hembra, tenía miedo por ella, porque hasta que no estuviera frente a frente con Tsunade, no podría quitarse de encima el malestar de que existía la probabilidad de que los hubiera descubierto infringiendo la primera gran regla.
Sería irónico que encontrara su fin por culpa del amor, cuando siempre hubo negado su existencia porque nunca había querido llegar hasta él hasta este año donde se le concedió el milagro de verla aquella noche intentando empujar sin lograrlo un carrito de la compra. Una vida solitaria y funesta basada en venganza; la cual seguía ahí aunque ya hubiera otra cosa que invadir en su pecho, acababa porque algo de claridad le iluminaba la neblina de sus noches.
Le quedaba un recorrido con una tormenta azorando su cabeza y vísceras por la intranquilidad que generaba acercarse a algo desconocido. Tan ensimismado estaba que no se hubo percatado del momento en el que la fina lluvia ya no caía sobre él porque había dejado el país atrás hace unos pocos minutos junto a sus nubes de tormenta.
Alzó la cabeza un instante, apreciando un cielo nocturno despejado con una brillante luna en cuarto menguante. Agrió el rostro, arrugando la nariz con marcado enfado al ver el estado de la luna.
−Mierda – maldijo por lo bajo y deteniéndose en seco en mitad de una carretera convencional. Mirando a lo lejos las luces difusas de una ciudad que por los carteles de la carretera reconoció como Italia, estuvo tentado de dar media vuelta y regresar junto a la Hyûga.
Le había dejado a Temari el recado de pedirle a Kiba que la cuidara por él mientras no estaba en la ciudad, pero claro, se acercaba luna nueva, una noche por completo a oscuras que hacía a la especie del castaño más vulnerable. No por nada obtenían energía a través de la luna y las emociones positivas del entorno u la gente que les rodeaba si era durante el día.
Estaba ya a casi medio camino de llegar al mentado, nótese ironía, reunión. Su preocupación e instinto le producían esa paranoia, pero no podía evitarlo, estaba en su ser el querer girar sobre sus pasos para envolver de nuevo a su hembra entre sus brazos para protegerla de lo que fuera que podría dañarla.
Cerró los ojos y apretó los puños tomando aire, repitiendo en su cabeza varias veces que no iba a pasar nada, que se estaba preocupando demasiado sin razón. Estaba siendo demasiado negativo, aunque claro, sus experiencias no es que ayudaran a verlo todo con otra perspectiva más alegre.
Si bueno, era verdad que estaba el hecho de que una jodida organización de su raza estaba buscando a mestizos y humanos que mantuvieran una relación secreta a ojos de los supremos y sus asesores con cualquiera de las ambas especies. Hinata y él estaban manteniendo una relación en la actualidad, y lo sabían un muy diminuto y reducido grupo de personas de su total confianza; que hubiera entrado en territorio desconocido estaba descartado porque con el temporal ni ellos mismos salían al exterior. Era imposible que alguien, si ninguno de los siete que conocían su secreto lazo había chivado nada, que supieran del paradero de su pareja.
Comenzó a correr de nuevo al mismo destino de cuando empezó siguiendo con ese mantra en la cabeza "Sigue, no pasará nada. Sigue, no pasará nada…" Y esperaba que así fuera, porque si resultaba que regresaba a la ciudad y Hinata había sufrido algo, o en el peor de los casos, se encontraba con su deceso, no lo podría soportar.
En tan poco tiempo había ligado tanto su existencia a ella, el haberse acostumbrado tan deprisa a su presencia y tener casi cada minuto de su día y noche pensando en ella, que si moría seria también su propio final. Como dirían los noveleros, tan romántico y desolador al mismo tiempo.
Estaba decidido, en cuanto tuviera oportunidad al llegar al castillo, escuchar lo que tuvieran que decirle de la importante reunión e instalarse como sabía que harían si requerían de una pequeña mochila con ropa y lo necesario para uno mismo, haría dos importantes llamadas. Una claro esta sería a ella, necesitaba saber que estaba bien y le prometió que sabría de él. La otra llamada era de cierta persona que por la noche sí que podría darle la protección suficiente mientras hubiera luna nueva; de día no iban a atacar a la Hyûga si eran noctámbulos solo estas entidades que se dedicaban a exterminar vidas ajenas, si les daba el sol se carbonizarían, así que estaba segura mientras el sol bailara en el cielo.
Apretó el paso para llegar cuanto antes, no solo porque ya lo estarían esperando para empezar con la mayor prontitud posible, sino porque cuanto antes llegara, antes podría llamar y cubrir con seguridad a Hinata desde la distancia. Si mantenía esa velocidad, y sabía que lo haría porque era parecido a lo que sería un humano correr una pequeña distancia con relativa fuerza, llegaría en unos diez minutos.
Y espera que así fuera porque ese molesto y asqueroso picazón en su cerebro que no cesaba de ordenarle dar la vuelta, aumentaba por kilómetro que recorría. Iba a volverse loco si no llegaba ya y cerraban la puerta tras su paso, haciéndole caer en la realidad de que ya no tenía forma de volver.
Se centró en el recorrido, en el paisaje que apreciaba conforme corría para reconocer en el lugar que estaba y saber dónde seguir corriendo para terminar su viaje y no terminar en el lugar equivocado. Después de todo el recorrido debían de sabérselos todos los suyos de memoria, y al parecer la suya no le había fallado cuando al cabo de unos quince minutos a lo sumo divisó la frontera que con un simple salto ayudado de sus sobrehumanas habilidades, logró pasar sin esfuerzo ni ser visto.
Ahora solo le queda internarse en esos frondosos bosques apenas pisados por pie terrenal por su abundante terreno a ese castillo tan famoso que los humanos tomaban como la primera referencia a ellos en sus folclores. Si ellos supieran cuan verdaderos eran sus cuentos viejos, entrarían en pánico si supieran que sus nocturnos vecinos en su vecindario no es que tuvieran un mal hábito de sueño, sino que no eran humanos.
Era lo mínimo que se esperaba de unos seres tan primitivos y volubles.
Por lo pronto, el vislumbrar a lo lejos el lugar al que debía ir le hizo por un instante olvidar esa diatriba que le estaba matando el sentido común y dar la vuelta sin importarle las consecuencias que eso conllevaba. Y menos mal que así fue, porque se habría arado una buena que tristemente no solo se lo llevaría a él por delante.
Su reducido número de allegados también serían castigados por su culpa, no quería que pasara nada de eso. Así que, realmente, se alegraba bastante de haber llegado y presentir como se acercaban a él los guardias encargados de la seguridad del lugar conforme más acortaba la distancia, lo hacían olvidar aquello que por unos míseros segundos estuvo a punto de hacerle perder la cabeza.
Se detuvo poco a poco cuando se acercaron a él dos hombres salidos de la nada, entre el espesor del lugar ante él. Iba a sacar su documentación cuando uno de ellos le alzó la mano deteniéndole y haciéndole un gesto con la cabeza para que lo siguiera. Llegó escoltado al gran portón, encontrado a los dos de siempre en la entrada.
−Al fin llegas –mordió el palillo que tenía entre los dientes sacando un pequeño auricular de su chaleco para ponérselo en la oreja – El ultimo portador de sangre oscura acaba de llegar –Se rascó el cuello con pereza y sonrió un poco de medio lado, como si le hubieran dicho algo gracioso –No hace falta tomarle la información, por supuesto que es el verdadero tercer hijo del supremo de Asía ¿quién más con una cicatriz con la palabra amor en japonés en la frente conoces en este continente?
Agrió la cara al oír eso, no sabía si sentirse ofendido ante su más que clara broma y burla en su cara por algo que era un símbolo de su rencor hacía su pasado y su padre. Una marca que le recordaría toda la vida que no todo era un lecho de rosas ni sonrisas.
−Sí, sí, está bien –Rodó los ojos con cansancio y extendió la mano –Muéstrame tú documentación.
Sacó de su mochila, de un bolsillo escondido en el forro, un pequeño libreto del tamaño de un pasaporte forrado en piel de cuero negro y un carnet de la cartera. Esperó paciente que terminaran de ojear y leer algunas partes en voz alta para validar su identidad.
−De acuerdo, ahora mismo – le devolvió las cosas para que las guardara – Dame tu móvil.
Se tensó un poco y fue en un segundo cuando su cuerpo dejó de mostrarse calmado para tensarse ante esa orden, ¿Por qué querían su móvil? ¿Por qué demonios querían tener su jodido móvil? Tenía el número de Hinata ahí, el registro de todas sus llamadas, sus mensajes entre ellos. Mierda, si la tenia de salvapantallas.
−¿Por qué quieres mi móvil? –No iba a dárselo así sin más, más les valía tener un buen motivo para querer su teléfono, porque todo lo que quería ocultar estaba ahí dentro.
La seguridad de todos residía en ese pequeño aparato.
−Tengo que verificar que recibiste la llamada para que estés aquí –Esperó a recibir el móvil, más el pelirrojo se quedó parado mirándolo inmóvil con la mochila colgando de uno de los hombros –El teléfono móvil, por favor.
Sin apartar la mirada de los ojos del guardia, esos ojos chocolate que lo miraban aburrido a pesar de la rudeza de los suyos, metió la mano en el bolsillo del pantalón y tomó el dichoso aparato de discordia.
Alargó la mano hacia delante, despacio, sin gana alguna de estar haciendo aquello, de entregar un simple aparato que a pesar de su reducido tamaño era tan o más peligroso que un arma.
La vida de Hinata y la suya dependían de que ignoraran la imagen sonriente y ruborizada de ella cuando miraran la pantalla.
−Gra – No dijo lo que tenía pensado decir cuando al tomar el extremo de arriba del teléfono el pelirrojo no hizo ademan de soltarlo por las buenas, tuvo que ejercer algo de fuerza para poder tenerlo por completo, alzando una ceja al ver como un ojo del pelirrojo aparecía un tic –Gracias, ¿tiene código de seguridad?
−No- Pero se lo pensaba poner en cuanto lo tuviera de vuelta. Corría un gran riesgo yendo por ahí con esa información de su hembra ¡Humana! Dios había sido tan poco precavido en algo tan importante y que en la actualidad era algo con lo que se dependía tanto.
Con la facilidad que ellos se habían hecho con su móvil lo podría hacer cualquiera si se despistaba y se lo dejaba en cualquier lado sin contraseña de entrada. No iba a permitirse más errores como ese.
La vida de Hinata no estaba en juego.
Apretó el agarre sobre el asa de la mochila cuando presionó un botón al lateral y pasó el dedo índice sobre la pantalla. La imagen de Hinata, tan hermosa y deslumbrante, ruborizada por la larga sesión de besos y caricias que le había dado antes de sacarle dicha foto apareció en la pantalla. Recibió una mirada con la ceja alzada, seguido de una sonrisa ladina y algo picaresca, temblándole los hombros al bajar la mirada.
¿Se estaba riendo de él? Sí, no le cabía duda, se estaba mofando en toda su cara de sentir sus alteradas emociones solo por el hecho de que alguien viera la imagen de su pareja, de descubrir que tenía una chica en su vida. Gaara Sabaku enlazado, hasta él mismo hasta hace poco no se lo creía y era uno de los dos implicados en la relación; la reacción de todos fue un claro ejemplo de lo raro que era aquello. No debería extrañarle que otra persona reaccionara sorprendido, pero, ¡Joder, no riéndose de él!
Ignoró la furia abrasadora de sus ojos cían clavarse como dagas en su cuerpo mientras rebuscaba entre su mensajería hasta que encontró el registro de mensajes y abrió el que tenía el número oculto, confirmando de hecho que sí había recibido el mensaje de llamado para permitirle la entrada.
−Puedes pasar –Le entregó de vuelta el teléfono y golpeó con contundencia el portón tres veces para que la pesada madera se abriera, haciéndose a un lado para permitirle el paso. Lo guardó de nuevo en el bolsillo de su pantalón, y colgando mejor la mochila al hombro emprendió de nuevo el paso. Aunque no perdió de vista la sonrisa socarrona que curvaron los labios del guarda antes de verlo abrir la boca sin dejar de morder el palillo y hablar en voz baja con tono jocoso –Entiendo tu miedo, una hembra encantadora –Le pasó de largo, ignorando ese comentario sobre su Hinata que solo pudo sentirlo como provocación al notar en sus entrañas un picazón que le gritaba que se diera la vuelta y le rompiera la mandíbula –¿Quién no se fijaría en tan preciosos atributos? Y ese cuello…
El cuerpo se le detuvo al instante y con la misma velocidad con la que se quedó estático por oír sus palabras, su raciocinio se desmoronó y todo se volvió rojo de ese segundo en adelante en su cerebro. Cada acción era ahora bañada por el mortal sentido de la ira, la misma que surcaba como ardiente lava por cada vena.
Giró sobre sus pasos con claras intenciones y ganas de arrancarle las putas cuerdas vocales con sus manos desnudas y reventarle el cráneo contra el grueso muro de piedra que rodeaba el castillo.
−Te mato –confesó apretando el puño y los dientes cuando estos se alargaron, siseando mientras abría la boca y daba un paso adelante. Por un momento, sus ojos cambiaron de color, importándole una mierda que sus uñas estuvieran tan clavadas en la piel de la palma de la mano hasta el punto de generarse herida –Hijo de puta, te mato…
Y lo hubiera hecho sin problemas ni vacilación, sin remordimiento alguno al saber que sus manos serian otra vez manchadas de sangre, si no le hubieran parado cuando le saltó encima dispuesto a atravesarle el cuello con la mano. Gruñó una retahíla de blasfemias intentando que lo soltaran de la muñeca, más lo único que consiguió al tirar con fuerza y liberarse para continuar su ataque fue que le retorcieran los brazos para ponerlos a su espalda y la cabeza alzada cuando le pasaron un brazo sobre el cuello.
Solo dos personas eran capaces de detenerlo cuando se liberaba parte de su estado en frenesí: Naruto, que al ser otro portador de sangre oscura tenía la fuerza suficiente para poder pararlo, y Jiraiya, su jefe, otro portador poderoso que sabía cómo pararlo sin tener que recurrir a drásticas medidas.
Si no estaba con la cara golpeando el suelo y con un peso bruto sobre la espalda para impedirle moverse como hubo hecho el rubio las contadas ocasiones que tuvo que intervenir al verlo ponerse en estado salvaje, fue sencillo saber quién lo retenía ahora si su amigo no estaba presente.
−Tranquilo, chico, respira – Apretó el agarre al sentirlo forcejear, sin apartar la mirada en ningún instante del guardia, frunciendo el ceño al no verse escuchado – Cálmate, Gaara –Se acercó a su oreja para hablarle bajo y que nadie pudiera oírlos, alejando la posibilidad de que mandaran más seguridad por el estado del pelirrojo –Si no te relajas, si sigues así de alterado, llamaras la atención de los de arriba y querrán saber porque reaccionas así. Aparta las atenciones de tu hembra.
−Le ha faltado el respeto a Hinata, a mi Hinata -Bramó entre dientes al ver como lo alejaba de las puertas, apreciando la sonrisa burlona que todavía mantenía antes de cerrarse el pesado portón –Suéltame, merece la muerte.
−¡Caramba! Eres más celoso de lo que imaginaba, niño – hizo más presión en los brazos, obligándole a andar hacia adentro del castillo con los ojos del resto de los centinelas mirándoles con cautela y extrañeza –Haz el favor de estarte quieto, no quiero tener que explicarle a Tsunade porque te llevo ante ella desmayado.
−No soy celoso, defiendo el honor de mi hembra –Aspiró con fuerza por la nariz, intentando sin éxito olvidar lo ocurrido. Era imposible pasarlo por alto – Sus preciosos atributos y su cuello son míos.
−¿Por eso te has puesto así? –Quiso reír por la situación si no supiera que eso solo agravaría el estado de su empleado en improvisadas vacaciones –Era una broma de su parte porque estoy seguro que estabas tenso, Genma es así, ya le he dicho que deje ese tipo de bromas… son arriesgadas.
No era la primera vez que escuchaba una broma de él sobre ese delicado tema que era para ellos los enlaces, ni visto y tenido que arreglar alguna situación porque el macho no se lo tomaba bien la burla; así como en el caso del Sabaku. Claro que este era más delicado porque de entre los suyos era de los más poderosos y al conocer cuan complicada fue su vida hasta alcanzar el ahora, soledad y miedo, la idea de que le amenacen a su felicidad lo volvía loco.
Entendía en cierto punto que la reacción del pelirrojo fuera tan violenta al decirle en plena cara que se habían fijado más de lo debido en su mujer. La idea de que quisieran arrebatársela latía con furia en su cabeza aún sabiendo que un lazo eterno, por muchos intentos que un tercero hiciera para quebrar dicha unión, sería imposible de romper.
−No hará ninguna más una vez le abra la garganta –fue una promesa oscura que proviniendo de sus labios auguraba la muerte.
−Ya, ya, olvídalo y anda, Tsunade está ansiosa por comenzar la reunión –Lo empujó por los diversos pasillos que por la mañana eran recorridos por el día hasta llegar a una falsa pared en un pasillo de acceso prohibido a turistas –Dudo mucho que tengas tiempo de tomar venganza cuando termine de hablar con vosotros.
Cuando se hubo cerciorado de que Gaara no saldría corriendo a desgarrarle las entrañas de un manotazo en cuanto le soltara, percibiendo en el aire que el olor de su enfado y el riesgo se volvieron menores, deshizo el fuerte asir de sus brazos y cuello para dejarlo libre. Sin quitarle por supuesto la vista de encima, en un segundo podría cambiar por completo de opinión y salir disparado a los portones para cumplir su amenaza.
Debía estar atento a cualquier movimiento sospechoso y fuera de lugar que viera en Sabaku caminado por los pasillos, por lo menos hasta que llegaran a la ante sala colindante al despacho de la suprema para notificarle que ya estaban todos los que quería reunir para hablar con ellos en privado.
Cuando llegaron a esa sobre decorada sala de espesa alfombra persa de tonos escarlata y paredes mostaza con múltiples cuadros ornamentando la estancia, encontraron a Sasuke y Naruto hablando con tranquilidad, este último con los pies sobre una reluciente mesa de cristal y acero forjado. Aunque poco duró sentado con semejante comodidad cuando fue empujado con poca delicadeza hacía esos dos por un amistoso golpe en la espalda.
−Voy a decirle a Tsunade que ya estáis todos al fin reunidos, la junta dará comienzo en breve –Tenían que concretar unas cuantas cositas antes de permitirles el paso y explicarles el motivo por el que fueron llamados –Comportaros bien que os conozco, nada de armar jaleo.
−No somos niños pequeños, viejo, sabemos cómo debemos actuar –La chulería rebosaba en su tono voz, y en la postura desganada de sus acciones.
−De quien menos me fio eres tú, idiota descerebrado- No dijo más cuando siguió caminando por la larga alfombra, dejando al Uzumaki con la contestación en la punta de la lengua.
Se acercó a ellos mientras Jiraiya desaparecía tras la protegida puerta donde se encontraba la suprema tras dar a conocer su identidad ante los dos que protegían el pasillo y abrirle éstos enseguida la puerta. Su jefe era realmente conocido entre los suyos porque sobrevivió a la gran guerra entre razas y fue un punto crucial para que la batalla cesara. Era un héroe, pervertido y mujeriego, pero un héroe para todos porque puso fin a más muerte innecesaria y permitió una nueva prosperidad para ambas raas en la que él pudo nacer con el paso de las décadas.
Tomó uno de los acolchados asientos, dejándose caer con un gran suspiro irritado porque todavía no conseguía olvidar; dudaba que lo lograra en realidad, esa maldita frase sobre su pareja. Dejó en el suelo, a sus pies, la mochila con sus cosas de mala manera, mostrando su malestar.
Joder, como deseaba ir ante ese pedazo de gilipollas y darle la muerte más dolorosa que se le ocurriera al tenerlo delante. Le hormigueaban los dedos por pura ira reprimida, de las ganas irrefrenables de bañar sus dedos en sangre y devolverle honor a la Hyûga. Por lo pronto, el codazo de su mejor amigo en su hombro lo distrajo, mirándolo por el rabillo del ojo como muestra de que lo iba a escuchar si hablara; sería cuestión de segundos porque no podía aguantar mucho estando callado.
−Estaba preocupado, entre que no llegabas y no paran de entrar y salir gente apresurada del despacho de la vieja –Le pasó el brazo por los hombros de manera amigable y lo acercó con algo de brusquedad, aun así no dejaba de ser un gesto de preocupación que agradecía −me estaba poniendo en lo peor, tío.
−Venia de camino así que no pasa nada, siempre te pones en lo peor. Relájate –Era irónico que él dijera eso, pero era lo más adecuado dado el rumbo de la conversación.
−No eres el más indicado para decirme eso, ¿o tengo que recordarte las ocasiones en las que has perdido el control por Hinata? –Estrujó su cuello riendo, mostrando su blanca dentadura, revolviendo su pelo con fuerza cuando consiguió inclinarlo lo suficiente con su brazo. Con el pelirrojo tan cerca, fue imposible no percibir el aroma que emanaba de la piel de su amigo – Uf, como hueles a Hina, ¿quién se ha estado divirtiendo antes de venir?
-Cállate, gilipollas. Ella no es diversión, es placer.
Cada instante vivido con ella era y seria siempre un recuerdo placentero que atesorar en su memoria. No había segundo desperdiciado a su lado, cada acción de ella era una bendición a su vida. Sin duda, mero placer en estado puro.
−Oh, ¿así que acerté con el mensaje que te envié? -Al fin, desde que se hubo sentado al llegar, el moreno abrió la boca o con otra intención salvo querer burlarse como siempre.
Ya le extrañaba mucho que se quedara tan tranquilo conociéndolo desde hace tantos años desde que emigró a la ciudad.
−Eres asqueroso, Uchiha -Para abrir la boca y decirle eso, mejor que se mantuviera en silencio. Ojala siempre se quedara con la boca callada, sería todo mejor.
−¿Perdona? ¿Me dices asqueroso? –Una sonrisa cínica surcó sus facciones y fijó sus ojos negros en los suyos con altanería −Aquí el pederasta eres tú.
−¿Pederasta? - Preguntó con duda Naruto sin saber qué otra cosa añadir al oír esa palabra siendo para peor relacionada con su parco amigo, mirando con extrañeza del moreno al pelirrojo, quedándose en este último con clara idea de que deseaba una explicación para ser llamado así.
−¿Qué mierda dices? Yo no soy un pederasta -Se defendió a si mismo de semejante y sucia acusación. Lo que la gente podría llegar a pensar de él si oyeran al Uchiha. Además de que era asqueroso el mero pensamiento.
Repugnante hasta el punto de hacerle sentir angustia y revolverle las tripas. No iba a pensar más en ello porque le asqueaba sobremanera el tema y no tenia deseos de vaciar su estómago sobre la costosa alfombra.
−¿Qué tiene Hinata? ¿Veinticuatro recién cumplidos y tu cuatrocientos? – Aunque estaba claro que su amigo, si es que se le podía llamar así a Sasuke viendo que siempre estaba tocando las narices, no pensaba lo mismo.
−Tengo trescientos cuarenta y dos, subnormal - Le corrigió ofendido por ponerle más de cincuenta años a su edad real. No aparentaba siquiera los treinta humanos, ¿cómo osaba ponerle tantos años encima? Era un verdadero gilipollas, Hina y él no se llevaban tanto el uno con el otro como el muy idiota insinuaba.
−¿Y qué? Calcula igualmente la deferencia que os lleváis - Le miró con ojos brillantes de diversión. Entretenimiento a su costa -Que no se te ocurra decir que ella es mayor de edad, lo es en edad humana, pero no en la nuestra. Eso te hace un pederasta.
−Y como tú no te calles un cadáver –Gruñó.
No había hecho más que empezar hace poco la noche y ya tenía dos a los que estaba dispuesto a eliminar con sus manos por: uno admitir con una frase que había mirado más de la cuenta a su hembra, siendo especifico sus curvas deliciosas, y el otro tocarle más de la cuenta los huevos también por su pareja.
−Basta chicos, dejad las peleas antes de que vengan a llamarnos la atención y demos más información de la necesaria con la que ponernos en peligro – Naruto tenía razón, si montaba en cólera y se lanzaba sobre el Uchiha con el puño apretado para romperle todos y cada uno de los dientes de su boca, tendrían encima para detenerles a todos los que rondaran por el lugar –Sé que te gusta meterte con todo el mundo, pero ponte en el lugar de Gaara, estas trayendo para arriba el paradero de Hina.
De esa pelea existía una posibilidad de que descubrieran la verdad sobre la hembra por la que había atacado a su compañero noctambulo de repente porque este se estaba burlando de él. Y de nuevo, tenía que mantener la calma para protegerla desde la distancia, cuanto menos llamara la atención mejor para todos y, en especial, para ella.
Era increíble lo bien que había sido el comienzo del crepúsculo cuando Hinata se hubo calmado del susto y estuvo fuera de peligro. Lo bien que había visto que se llevaban su hermana y ella al verlas hablar como si fueran amigas después de su abundante desayuno entre caricias. Y ya que se nombraba los arrumacos, como olvidar ese gozoso momento entre ambos en la ducha, ojalá todas las duchas de su vida fueran tan deleitosas como esa.
Cada vez que oliera su gel de baño; porque su hermana mantenía el gel que le gustaba y utilizaba por si pasaba algún día en casa porque no llegaba a la fortaleza a tiempo, recordaría al instante la piel suave y enrojecida de su suculenta dama embadurnada de espuma. Los azulejos blancos de su baño, tanto en el de su hermana como en el de la fortaleza, tampoco podría verlos sin acordarse del rostro mientras le hacía el amor.
Ya que estaba recordándola, le prometió llamarla en cuanto llegara, pero claro, ¿cómo explicarle que había llegado en media hora si por el medio de transporte humano más rápido tardaría unas tres horas y media? Le quedaba esperar y estar muriendo por dentro de ganas de oírla aunque ya lo hubiera hecho, no solo escuchado, hace media hora atrás.
−Está bien –De mala gana les concedió la razón, hablando entre dientes y recostándose en el asiento –Por ahora.
No era la respuesta que quería obtener, pero era la mejor por ahora dada la conversación que mantenían en aquel lugar comprometido. Disfrutaría por el momento de la reciente calma establecida entre los tres para serenarse antes de ingresar al despacho de Tsunade, lo que menos quería era llamar su interés más de lo que lo haría cuando lo tuviera delante y apreciara que cada poro de su piel estaba impregnado del aroma de una mujer.
Y como decía el dicho, más sabía el diablo por viejo que por diablo, iba a descubrir que no solo era aroma de sangre, si se le ocurría preguntar el motivo de su demora no podría mentirle. Sabría nada más entrar por la puerta que él, antes de llegar, se había acostado con una mujer.
Bravo, sigue mejorando las cosas, sigue mejorando… -No dejaba de empeorar sin proponérselo.
Todo pensamiento se evaporó cuando la ayudante de la suprema salió de la oficina y se quedó parada en la entrada de la gran sala mirándoles con algo de prisa, no hizo siquiera falta tener que decir nada cuando ya estaban siguiéndola en completo silencio a lo largo del corredor. Era imposible no tomarse las cosas con tal seriedad si el rostro siempre afable de Shizune portaba una inseguridad y gravedad alarmante, entrar a la oficina tampoco ayudaba a hacer las cosas mejor al ver las caras de Tsunade y Jiraiya.
Se sentaron en las tres sillas que colocaron con anterioridad para ellos y aguardaron con la serenidad que sabían debían mantener ante ella hasta que se les fuera concedido poder hablar. Los ojos miel, afilados, se clavaron en todos ellos mientras tomaba su taza de té y tomaba un largo sorbo para calmar los nervios que, sin éxito, quería ocultar para no intranquilizar demasiado.
Tenían una remota idea sobre cuál era el tema delicado que tenía que comentarles, porque estaba así la otra vez que los llamó para acudir a su despacho. El caso de los asesinatos contra los mestizos y los allegados humanos.
−Me alegra de que ya estéis los tres aquí, como deduzco viendo vuestras caras sabéis de que voy a hablaros - Cruzó las manos y se apontocó en ellas al inclinarse para adelante sobre el escritorio.
–El nefasto incidente de los asesinatos hacía los mestizos –Sasuke fue quien se atrevió a decirlo porque ella se le trabó en la garganta. Si ese no era motivo para mostrar lo mucho que le preocupaba el problema, no sabría que más mostrarlo con tanta claridad.
−Así es, los homicidios, aunque menos frecuentes se siguen continuando –Les mostró una serie de graficas cuando presionó un botón de un pequeño mando a distancia y se proyectó una serie de imágenes en la pared −No estamos aún seguros pero las estadísticas que me han mandado muestran que los mayores casos se dan en el sur-oeste de Europa.
El estomagó, antes calmado tras lo mucho que le había costado calmarlo cuando estaba de camino, le dio un vuelco tremendo hasta el punto de sentir que se le salía por la boca. Al sur-oeste del continente, maldita sea, eso solo dejaba un solo país en el que centrarse, precisamente donde las gráficas de homicidios se disparaban por encima del resto.
Una ola de miedo lo invadió, llamando por un instante la atención de todos un segundo, más no le tomaron importancia porque casi todos ellos sabían de hacía donde procedía su miedo y Tsunade podría pensar que se preocupaba por su hermana porque convivía rodeada de mestizos. Lejos de la realidad porque Temari era capaz, más que suficiente, de defenderse por sí misma sin contar con el instinto de posesión de Shikamaru por su mujer en caso de peligro. De quien estaba preocupado era de su propia mujer, más ahora conociendo como empeoraba la cosa entre los suyos, y lo peor es que estaba sola allí con el peligro en cada esquina.
Ya comenzaba otra vez ese asqueroso repiqueteo en su cabeza que le gritaba de que se fuera de aquella oficina y saliera corriendo para envolver a Hinata en la protección de sus brazos. Quería mandar a la mierda todo, de verdad que lo deseaba, pero no podía ni sería capaz de dar un solo paso atrás sin ser detenido por su jefe dado que este no le quitaba los ojos de encima.
Por lo menos contaba con su silenciosa ayuda en caso de que pudiera perder el control de sí mismo y rendirse a lo que le chillaba el instinto. Toda ayuda era bien recibida en este caso.
-Pensamos que están buscando a alguien en concreto porque los cuerpos recientes rondan la edad de entre los veinte a los veinte y pocos años, siendo estos también en su mayoría mestizos noctámbulo-humanos –Eso seguía sin tranquilizarle, Kiba aunque fuera un mestizo de otra clase, seguía siendo uno después de todo y conocía a Hinata.
Sí hasta la consideraba como dijo en su momento parte de su jauría, como la hermana pequeña que su madre no quiso concederle nunca. Con el castaño estaba por igual parte tanto a salvo como en riesgo, y eso era algo que solo avivaba su malestar.
−Si no mal recuerdo – Comenzó esta vez Naruto – Fuimos llamados no hace mucho por la construcción de un edificio.
−A eso quiero llegar, en efecto fuisteis convocados para ayudar al enterarme de la situación de Jiraiya sobre su negocio –El incidente del humano idiota que metió clandestino mercancía de pirotecnia y lo quemó todo, dándoles unas improvisabas vacaciones hasta que su jefe les dijera algo – Como os dije en su momento, sois sangre oscura, conocéis lo especiales que sois porque uno de cada cien noctámbulos son como vosotros. Sois indispensables y de suma importancia en este caos – Tomó otro sorbo de su taza, vaciándola por completo y deseando que en lugar de té fuera un trago de bourbon* lo que bajara por su garganta −Vais a ser nuestro as en la batalla que se avecina, es por eso que seréis entrenados para luchar, vais a sacar todas las habilidades que no conocéis de vosotros mismos para poner fin a esta atrocidad y detener más muerte inocente.
Guerra, se avecinaba otra guerra tan o más sangrienta como la del pasado, esa que mostraban sus libros como la mayor tragedia en la raza. Se volvía a repetir, más vidas se perderían en la batalla, podían no ganar y dejar que todo fuera teñido por el rojo de sangre inocente por manos crueles y sin corazón.
Él podía no salir vivo de lo que se avecinaba, y si eso pasaba ¿qué sería de Hinata entonces? ¿Quién la cuidaría si él ya no estaba porque caía derrotado en mitad del campo de batalla? No habría quien le explicara el motivo por el que un día de la noche a la mañana había una extraña y encarnizada lucha en la que él dejaba de existir. Y si sobreviví y ganaban la lucha le tocaba explicar bastantes cosas que de seguro serian mejor que ya las conociera para que no se sintiera tan sobrecogida por la sorpresa.
Una idea descabellada le llegó a la cabeza al recopilar toda la información dada por Tsunade y las implicaciones posibles. Sería algo prohibido y que haría peligrar su reciente relación, pero que más tarde o más temprano terminaría por descubrir ella sola con o sin ayuda, y para que lo hiciera sola, prefería ser por él mismo.
Cuando tuviera la oportunidad de volver a la ciudad con Hinata y lo creyera adecuado al verla, olerla y sentirla preparada para recibir tal noticia, sería el momento para decirle algo que por ahora era impensable. Confesarle que no era un ser humano como ella creía, era como decían sus leyendas y folclores, un vampiro.
Y esperaba de todo corazón no espantarla de sus brazos cuando conociera su verdad.
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*bourbon: whisky
Bueno queridos lectores, para sorpresa incluso mía, aquí el nuevo capítulo recién sacado del horno de esta vampiresca trama. Dos capítulos en un mes, eso es un milagro en toda regla no me lo negareis.
Como también es bastante obvio dado lo que habéis leído ahora mismo, las cosas se complican y vienen todas de golpe. Así que de nuevo preparaos palomitas y refrescos que se avecina la acción y la sangre ¡Que ganas de escribir eso ya!
Y hablando de sangre, mi queridísima y gran amiga AishaUchiha ha comenzado un long fic increíble de crimen, ¿Quién mato a Hinata Hyûga? ¿Por qué motivo si era una chica que no daba problemas y aparentemente caía bien a todo el mundo? Os la recomiendo, me tiene enganchada por completo, y si os gusta el sasuhina y el gaahina es doble disfrute. Si estáis interesados buscad en su cuenta "Entre vecinos" vais a caer enamoradas/os como yo.
Contestación a reviews de usuarios sin cuenta:
-Mari: Yo también espero publicar pronto, al menos por vosotros los lectores, ¡Saludos desde España!
Gracias por el review.
-Kaeden: Siento mucho la demora en publicar, esta vez tuve algo de trabajo menos por suerte y pude terminar el capítulo a tiempo. Y lo bueno, créeme, se está acercando a pasos agigantados.
Gracias por el review.
-Galaco: No me digas esas cosas que me pongo roja enseguida y se me sube el ego encima, pero fuera de bromas, me alegra mucho que mi trabajo guste tanto. Va a salirte un libro bastante grueso me parece a mí xb
Gracias por el review.
-Uchiha-hyuga-sab: ¿Quién no se dejaría influenciar así por Gaara? Yo me dejaría hacer lo que fuera xD
Gracias por el review.
-Nadipan: Gracias por entenderlo, puede que yo también fuera grosera con mi contestación, pero es que pido tanta paciencia y que se pongan en mi lugar que el leer lo que pusiste sacó lo peor de mí.
Gracias por el review.
Hasta el próximo capi. Cuídense. (L) Y dulces mordisquitos.
Publicado el 30 de abril de 2017.
