Capítulo 53
Shangri La
Cuando amaneció completamente la casa se vio envuelta en un torbellino de personas que iban y venían, Rose continuaba en la misma posición semejándose a una estatua mientras que los demás a su alrededor parecían parodiar un programa cómico donde los protagonistas se perseguían en cámara rápida.
No sabía si tenía razón, aunque en general no se equivocaba, pero en estos días sus defensas se estaban derrumbando, algo tenía que objetarle al amor y era que te hacía vulnerable, y eso que sólo se refería a un amigo, con su familia era peor, ni quería imaginarse como era amar a otra persona.
- Darías la vida – le dijo Iris adelantándose y llamándole la atención
- ¿Tú también lees pensamientos? – Preguntó virando y cruzándose de brazos
- Sólo cuando es necesario, y con mucho esfuerzo, por eso no lo hago seguido – explicaba ella – es una suerte para mis hijos – sonrió
- Vienes a contarme tu historia – le decía Rose
- En parte es la tuya
- No lo veo así – negó ella
- Mira, la búsqueda de las piedras de Cedentali se originó para salvarlos, a ti y a Rodas – aclaró – así que yo sigo insistiendo que en parte es tu historia.
- Puede ser – declaró Rose no tan convencida. – Rodas me contó que Mariela y Albus te encontraron en un pueblito de Italia – continuó cambiando de tema
- Es verdad – dijo ella sentándose en el sofá frente a la chimenea e invitando a Rose con la mirada, quien se levantó y la imitó – luego de desaparecer Mariela nos fuimos a Roma y de allí a China
- ¿China? – Se sorprendió Rose
- Si, debía ir tras el zafiro de la vida eterna – agregó ella
- ¿y por qué tú? – Preguntó Rose
- Velo por tus medios – le dijo Iris extendiéndole la mano. Rose la tomó, contrario a la de un vampiro, era cálida y si uno no fuera un experto no podría notar su condición en absoluto, dejó de pensar en esas cosas y se recostó, entrando en el relato de la madrina de Rodas.
Pronto divisó a Albus e Iris bajándose en el aeropuerto de Shangri - La, el anciano llamó a un taxi y ambos se fueron rumbo a su punto de partida la base de la montaña de nieve, Meili. Se dirigieron a un puesto de mulas, para hacer un asenso de las mismas.
Muchos lugareños se ofrecieron como guías pero Albus amablemente negó todo intento de seguirlos.
Una vez que abandonaron el poblado lugar y viendo que estaban solos Iris preguntó
- ¿Qué debo hacer?
- Debes encontrar a Shangri – La…
- ¿Vamos a empezar con las leyendas? – preguntó Iris meneando la cabeza
- Si – contestó Albus – Pero son más que leyendas
- ¿Me va a decir que el hombre de las nieves existe? – Inquirió sarcástica la chica
- No – negó Albus – No son hombres, son animales hechizados para cumplir con una misión que es la de proteger la entrada a Shangai – La, además no es uno solo son varios – agregó ante una Iris totalmente sorprendida – y además les gusta que los llamen guardianes de la montaña, no yetis – acotó meneando la cabeza – el peor de todos, hombre de las nieves, lo detestan.
Ante tan elocuente declaración Iris no pudo argumentar nada y continuó la marcha
- Los conoce bien – dijo luego de procesar la información - ¿Por qué no los contacta usted?
- Porque no los conozco – dijo Albus – me hablaron de ellos
- ¿Quiénes? – quiso saber Iris
- hace mucho tiempo, unos poderosos magos orientales nos revelaron su existencia, además de otros grandes secretos, sus nombres eran Yong Shing y Huang Ju- Long, lamentablemente ambos murieron luchando, un enorme pérdida, honrosa para ellos, triste para nosotros.
Luego de ese relato ambos se dedicaron a observar los picos, que se elevaban majestuosos, pareciendo llegar a los cielos. Llegada la noche improvisaron un campamento con la ayuda mágica de Albus, que ya tenía todo planeado, incluso la comida y vestimenta.
Mientras ella vigilaba una sopa que se calentaba en una fogata, Albus revisaba unas mochilas.
- ¿Usted soportará tanto frío? – Preguntó Iris, cuando al anochecer el viento golpeaba lastimando su rostro que protegía con su abrigo, preocupada que si a ella el frío la asediaba con su poder, al anciano mago lo derrotaría.
- Yo no iré – respondió Albus cobijándose junto a la fogata
- ¿Iré sola? – Preguntó preocupada
- No – respondió Dumbledore – Te acompañaran ellos – declaró mirando hacia el firmamento.
Iris pudo observar claramente tres dragones volando sobre el campamento
- ¿Dragones? – Preguntó escéptica
- Si Iris, dragones, magos, brujas, vampiros, hombres lobo y ciudades perdidas, todo es cierto – Respondía Albus perdiendo su serenidad.
Lizzy, Norberto y un dragón bola de fuego chino aterrizaron con gracia a un costado del campamento, sobre ellos se encontraban Charlie, Agatha y Peter.
- Hola – saludaron los tres acercándose al fuego
- Hola – respondieron los presentes.
Peter miraba a Iris buscando su mirada pero ella lo eludía, Rose pudo sentir que si su tarea era junto a él la iba a soportar, pero no iba a socializar ni por un instante, no quería hacerle más daño, ni hacérselo a ella.
Mientras tomaban la sopa Charlie y Agatha les contaron su historia y todos se reían con los detalles cómicos o se emocionaban con los familiares.
Entrada la noche Iris y Agatha compartieron una tienda, y los tres hombres la otra.
A la mañana siguiente Albus anunció su partida
- Debo encontrarme con Magnus – dijo – y ver que los demás estén bien
- ¿Quieres que te lleve Lizzy? – Preguntó Agatha
- ¿Ustedes se acomodarán? – Preguntó Dumbledore
- Por supuesto – aclaró la muchacha – Charlie y Peter en Norberto, Iris y yo en Bombón
- ¿Bombón? – Preguntaron Peter e Iris al unísono
- ¿Por qué todo el mundo cuestiona mis nombres? – Preguntó enojada Agatha y todos se echaron a reír
- Si no hay problema me llevaré a Lizzy – repuso Albus
- ¿Qué debo hacer? – Preguntó Iris
- Debes encontrar la torre Yensu, allí se te revelará la lugar exacto para ingresar a Shangri – la – Contestó el mago
- ¿Y luego? – Inquirió la muchacha
- Lo irás develando poco a poco.
Mientras levantaban el campamento, Iris se las apañó para evitar a Peter, interesándose incluso por la dieta de los dragones, luego todos partieron sobrevolando el lugar.
Bombón era como un guía, ya que a diferencia de Norberta y Lizzy, no había nacido en cautiverio, sino que lo trajeron de esas mismas montañas, con lo cual las conocía.
Al atardecer llegaron a la cima de la montaña, desde donde pudieron ver la torre de Yensu, que se elevaba por siete metros encima de la misma.
Era una estructura rectangular de piedra, con una entrada, bloqueada por rocas y un techo de una extraña piedra lisa y brillante.
De un salto, Iris subió al mismo resbalando porque la misma estaba helada, cuando logró equilibrarse, pudo ver un juego de mesa sobre el piso del techo.
Era un sudoku, le llamó particularmente la atención ya que era su juego favorito y por el cual, siendo niña, se había interesado por las matemáticas, así que sentándose cruzada de piernas comenzó a resolverlo.
Al cabo de algunos minutos logró el cometido y el tablero se elevó y giró repetidamente hasta estallar.
Los tres miembros del grupo que quedaron esperando abajo se asustaron, pero luego Iris asomó la cabeza gritando
- ¡Estoy bien! – Y todos respiraron tranquilos.
Iris pudo ver que partes del tablero habían quedado suspendidas en el aire, intentó ponerlas de diferentes formas, a modo de rompecabezas pero no encajaban entonces bajó
- No sé que hacer – declaró explicando lo sucedido a los muchachos y bajando donde ellos la aguardaban
- ¿Me permites ver? – Preguntó Peter y ella tomándolo de los brazos saltó junto a él llevándolo al techo.
Peter se resbaló, tal cual lo había hecho ella y ambos se sostuvieron mutuamente tomándose de los brazos. Peter la miró sonriendo, intentando hacer un ameno contacto pero Iris pronto lo soltó
- Estamos en una importante misión Peter – le dijo volteando a ver las piezas flotando – no es momento de convertirte en el Peter anterior, debes ser el que eres ahora
- Te confundes, es el mismo Peter – decía él ya sin mirarla y observando las piezas – no hay dos – agregaba tocando los trozos y volteándolos – pero tienes razón, estamos en una misión importante. Tienen unas inscripciones – dijo luego de mirar detenidamente las piezas
- No las noté – declaró Iris acercándose
- Es que había que verlas reflejadas por el sol – dijo él mostrándoselo
- Inteligente – decía ella
- El camino de la ciudad eterna se te develará – recitó Peter leyendo una de las piezas
- Los guardianes tu podrás invocar para que te acompañen en tu andar – continuó Iris
- Cuando termines de recitar tu serás el único en viajar – concluyó Peter
- ¿El único? – Entonces preguntó Iris y de repente la torre se movió
- ¡Una avalancha! – Gritaron debajo Charlie y Agatha montándose en los dragones – Los muchachos miraron atrás para ver a una enorme masa de nieve y piedras que se acercaba mortalmente hacia ellos.
Los magos, subidos a sus dragones intentaron rescatarlos, pero la torre se movía sin sentido impidiendo que puedan hacerlo.
- ¡Váyanse! – Les ordenó Iris abrazando y agachándose sobre Peter esperando que su fortaleza vampiro pudiera protegerlos.
Charlie y Agatha notando que les era imposible rescatarlos subieron a toda velocidad con sus dragones, viendo como la torre era empujada por la nieve, arrastrada y finalmente sepultada para no verse más.
Los magos volaron raudos a Rumania, para contarle a Albus lo sucedido.
Iris sentía la fría nieve golpeándola fuertemente, de repente el suelo de la torre se abrió y ella y Peter cayeron dentro de la misma, todo era oscuridad y ambos iban girando y tropezando al tiempo que la avalancha jugaba con la estructura, que estaba a su merced. Súbitamente sintieron que la torre era jalada y finalmente solo quietud.
Iris estaba de pie, mientras que Peter de cabeza intentaba bajar sin poder hacerlo, fue la chica quien lo ayudó
- ¿estás bien? – Le preguntó
- Si, estoy bien – declaró él dándole una botella de agua. Iris pareció no entender y luego meneando la cabeza reparó en su sed y sin decir nada bebió hasta la mitad de la botella – Tengo cinco más – le dijo Peter mostrando su mochila entonces ella bebió hasta el fondo
- Yo también tengo unas seis – sonrió. Peter respondió la sonrisa
- Me alegra verte sonreír – le decía intentando acariciarle la mejilla, pero ella retrocedió
- Debemos salir de aquí – declaró dando un paso atrás y mirando las paredes y techo, entonces el mismo se abrió e Iris tomando a Peter de un salto salió de la torre.
Frente a ellos había una enorme montaña, cuyo pico estaba tapado por las nubes, imposible de escalar.
- Debemos subir – dijo Iris intentado hacerlo, pero a cada paso la tierra cedía y regresaba a la base de la misma
- Mis implementos de alpinismo desaparecieron – dijo Peter hurgando en su mochila – No lo entiendo – declaró pensativo – estaban al final de la bolsa.
- ¡Es la magia! – Decía Iris enojándose – Esta maldita magia que todo lo rodea y que ahora de nada sirve – Y sin más tomó una piedra y la lanzó a la montaña – ¡auchinangun militache miyo! – Gritó en otra lengua
- ¿Qué has dicho? – Preguntó Peter
- Si los guardianes existen que vengan – declaró e inmediatamente aparecieron frente a sus ojos tres animales bípedos
- ¡Osos! – Declaró Peter anteponiéndose heroicamente delante de Iris
- No son osos – dijo Iris sonriendo y apartándolo serena – son los guardianes de la montaña – Y luego poniéndose una mano en la boca le dijo más cerca – Yetis – Peter abrió los ojos – Pero no le gustan que les digan así – aclaró catedrática
- molitoke platicula shiendo – declaró mirando a las tres bestias, que eran de un pelaje espeso de un blanco inmaculado, largos y poderosos incisivos y temibles garras, sin embargo ante la declaración los tres se hincaron ante la muchacha y ella repitió el gesto ante ellos.
- No te entiendo una palabra – le decía Peter – ¿Dónde aprendiste a hablar yeti?
- Los estaba saludando y no lo sé como hablo con ellos – dijo Iris – creo que al leer la parte de los guardianes, por eso se entenderme con ellos
- Pero, entonces yo debí ser el único en viajar – decía él analítico
- Pero estábamos los dos en la torre – refutaba Iris – pero lo más probable es que seas tú quien encuentre Shangri – la
- Puede ser – dijo pensativo Peter y luego miró a los tres guardianes que los miraban como aguardando una orden - ¿Crees que ellos nos puedan llevar? – Inquirió
- Vemos – dijo Iris entonces dijo – machingo llutrenco Shangri La
Inmediatamente los animales cargaron a ambos subiendo ágilmente por la montaña, Iris ya conocía esa sensación de ser trasportada de esa manera, pero para Peter era nuevo.
