REMUS:
Remus casi tropezó en cuanto entró por el retrato de la sala común, habiendo pasado casi toda la tarde en la biblioteca. Parpadeó mirando a Frank, que lo sostenía contra el marco del retrato.
-Tienes que ir a lidiar con ellos, -le dijo con expresión urgente. Se escuchó una explosión desde arriba que hizo que las ventanas temblaran y cayera polvo del techo. Remus levantó la vista, alarmado.
-¿Qué demonios fue eso? –Exigió saber.
-No sabemos, -respondió Michael, que estaba junto a un grupo de alumnos cerca de la escalera del dormitorio de varones.- James subió hace un rato, Sirius y Peter lo siguieron recién. Entonces comenzaron los gritos y las explosiones.
Remus se quejó. Era noche de luna llena y se sentía irritable y adolorido, definitivamente no estaba de humor para lidiar con discusiones de Merodeadores.- Iré a ver qué puedo hacer.
-¿Crees que debas? –Preguntó Alice. Se acercó hasta Frank y le tomó la mano cuando otra explosión sonó desde arriba.- Puede que te lastimes.
-No me harán nada, -le respondió confiadamente.- No te preocupes.
-No te ves bien, amigo, -comentó Frank, pareciendo notar su cara cansada por primera vez.- Quizás sólo tenemos que llamar a McGonagall.
-No, -negó rápidamente.- No pasa nada. Me encargaré. No te preocupes.
Pasando a través del montón de Gryffindor metiches subió por las escaleras. Hizo una mueca cuando se escuchó otro fuerte ruido del otro lado de la puerta, y se acercó para abrirla cautelosamente. Afortunadamente sus sentidos le advirtieron que se agachara cuando medio libro de pociones y un par de calzones de James volaron hasta su cabeza, antes de chocar con la pared que había detrás. Miró al libro roto y sintió que se le revolvía el estómago.
-¡…Atreve! –Chillaba James, su voz era tan aguda como había sido antes de que se hubiera agravado.- Y cómo puede ella QUERER ser su maldita AMIGA. ¡Lo ODIO! ¡Lo ODIO!
Se quedó mirando, con la boca abierta, el caos que era el dormitorio. Parecía que alguien había puesto un pequeño pero fuerte explosivo bajo todos los baúles para después detonarlos.
Sirius y Peter estaban agachados detrás de la cama de Remus, y James estaba parado en medio de la habitación, tirando sus cosas, furioso, con ayuda de la magia descontrolada.
No lo pensó. Ver su prolijamente arreglado baúl, donde guardaba prácticamente todo lo que era suyo, ahora dado vuelta y vacío, empeoró su ya agitado humor. Cruzó la habitación, tomó a James por el frente de su túnica, fácilmente sosteniéndolo contra la pared. Sus brazos estaban levantados, por lo que James quedaba colgando.
James se sorprendió tanto que lo miró con la boca abierta, la furia dejando sus ojos. Una serie de fuertes sonidos se escucharon cuando las cosas comenzaron a caer. Sirius y Peter salieron de atrás de la cama.
-Lunático, -habló Peter cautelosamente.- Suéltalo. No puede respirar.
Remus lo ignoró, todavía furioso.- ¡Esas son mis cosas! –Exclamó.- ¡Son mis cosas! ¡No tengo mucho, y sé que no es nada impresionante, pero las arruinaste todas! –Lo sacudió para enfatizar.
Sirius se acercó e intentó soltarle los dedos de la túnica de James. El Merodeador de lentes apenas respiraba.- Remus, Remus, suéltalo. ¡Lo estás lastimando!
-¡Ese era el libro de mi madre! –Le dijo, quebrándose su propia voz.- ¡Es el libro de mi madre el que está hecho pedazos en el pasillo! ¿Estás contento? ¿Lo ESTÁS?
Cálidos brazos rodearon su cintura y le dieron un tirón. Sintió labios en la nuca.- Suéltalo, Lunático. Lo estás lastimando. Mira, se está poniendo azul. Arreglaré tu libro. No quiso romperlo. –Le dio otro beso en la piel debajo de la oreja.
Levantó la vista y miró a la cara de James que, de hecho, sí se estaba poniendo azul. Repentinamente se dio cuenta de lo que hacía, y se llenó de culpa. Abrió sus manos, alejándose hacia Sirius, respirando agitadamente.- ¡Por Merlín! James, perdón, lo siento tanto.
James se deslizó hasta el suelo, su pecho se movía rápidamente por la falta de aire, y tenía los lentes torcidos. Extrañamente parecía igual de arrepentido, a pesar de que Remus acababa de intentar ahorcarlo con su propia túnica.- Yo también lo siento, Lunático. No quise romper tu libro. De verdad que no. Perdí el control.
Remus se llevó la mano, frustrado, hacia la cara.- Sólo dime… ¿qué demonios está pasando aquí?
-¿Sabías que Lily Evans, mi Lily Evans, es amiga del maldito Quejicus?
Sintió que todo tenía sentido y dejó salir un quejido mientras se alejaba de Sirius.- ¿Cómo sabes eso?
-Canuto y Colagusano los vieron en la… ¡Espera! ¿Cómo lo sabes tú?
-Se sientan juntos en la biblioteca bastante a menudo, -explicó.- Cerca del fondo, así que casi nadie los ve. –Les dio una mirada incrédula a Peter y Sirius.- ¿Se lo dijeron?
Los dos parecían avergonzados, pero James volvió a enfurecerse.- ¿Lo sabías? ¿Por qué demonios no me dijiste?
-¡Porque sabía que reaccionarías así! –Respondió enojado.- Sabía que empeorarías las cosas para todos. ¿Por qué debería decirte?
-Porque es lo que hacen los amigos. –James se paró y lo miró venenosamente desde arriba.- ¡Y tenía derecho a saber!
-¿Derecho a saber? –Se rió, incapaz de evitarlo. Lunático aulló contento en su mente, disfrutando la forma en que su generalmente reservada parte humana perdía el control y dejaba su ira salir.- ¿Qué derecho tienes tú? ¡A Lily ni siquiera le agradas, y puedo ver por qué si crees que tienes el derecho a elegir y controlar quienes son sus amigos!
-¡Remus! –Sirius se alejó un paso de él y lo miró sorprendido.
James temblaba de rabia.- Qué buen amigo eres, -le dijo, y salió rápidamente de la habitación, en dirección a la sala común.
Remus, Sirius y Peter se quedaron en silencio por largo tiempo, antes de que repentinamente recordara el libro de pociones de su madre. Corriendo hasta la puerta, se arrodilló y juntó las páginas arrancadas a su regazo. Se inclinó sobre ellas y se odió por el hecho de que luchaba con las lágrimas. El libro estaba roto, y lo peor era que creía que era posible que también hubiera roto su amistad con los demás Merodeadores. James se había visto furioso, Sirius y Peter enojados e incrédulos también.
-Ya te dije, sólo tienes que usar un reparo, -habló Sirius, con voz fría, parándose junto a él.- Dame, yo lo haré; rep…
-¡No! –Se dobló, cubriendo la mitad del libro que tenía en su regazo.- ¡No te atrevas!
Sirius lo miró, luciendo confundido.- ¿Por qué?
-E-ella había escrito ahí, -explicó.- Era su libro favorito, muy raro. Del siglo quince. Escribió notas, y algunas páginas están manchadas con sus pociones y huellas de sus dedos. Si usas un reparo, puede que desaparezcan.
La boca de Sirius se hizo un círculo, comprendiendo. Ni él ni Peter dijeron nada por unos segundos, hasta que Peter fue hasta la cama de Sirius y tomó algo que estaba tirado en el piso, cerca de su baúl. Se lo llevó a Remus.
-Aquí está el resto, Lunático, -ofreció, entregando la usada tapa de cuero que seguía teniendo un pedazo considerable de hojas. Fue un incómodo intento de disculpa, pero agradeció escucharlo. Su peor miedo era perder a sus amigos.
El momento no duró mucho, porque se escuchó un enfurecido chillido femenino desde abajo, seguido por el ruido de algo frágil que era tirado contra una pared de piedra.- ¡Cómo te ATREVES, Potter! ¡Cómo te ATREVES a hablarme a mí de LEALTAD A LAS CASAS! –No les tomó mucho tiempo reconocer que era la furiosa Lily Evans.- ¡LEALTAD A LAS CASAS! ¡Maldito HIPOCRITA! ¡El montón de puntos que tú y tu grupo de DELINCUENTES pierden muestran más lealtad a SLYTHERIN que a Gryffindor!
Se escuchó otro ruido cuando Lily tiró otra cosa. Seguramente hacia James. Remus, Sirius y Peter se miraron horrorizados, antes de bajar las escaleras para intentar de evitar el desastre. Llegaron justo para ver a James evitar los adornos de la chimenea que Lily le tiraba a la cabeza. Ella giró y salió de la sala común, cerrando con fuerza el retrato, aparentemente sin notar las quejas de la Dama Gorda.
Remus miró alrededor, a los Gryffindor sorprendidos, y luego al retrato para seguir a Lily.
-¿Adónde vas, traidor? –Le gritó James.
Giró para fruncir hacia él. James estaba más despeinado de lo normal, y los lentes le colgaban torcidos de la nariz.- Voy a buscarla y tratar de arreglar esto, antes de que arruines las pocas posibilidades que tienes de conseguir salir en algún tipo de cita con la chica. –Cerró con fuerza el retrato al salir.
Lily había desaparecido, pero tan cerca de la luna llena, sentía las cosas con incluso más fuerza que siempre, y fácilmente podía seguir su olor alejarse de la sala común e ir hasta la biblioteca. Comenzó a trotar, y no le tomó mucho llegar a la biblioteca.
Era tarde, los escritorios estaban casi completamente llenos de Ravenclaws, con par de Hufflepuffs intercalados. Rápidamente fue hasta la sección de libros de pociones, donde sabía que Lily y Snape a menudo estudiaban juntos.
¿Por qué demonios le habían dicho a James? Ni siquiera se le había ocurrido hacer algo tan estúpido. ¿No sabían como iba a reaccionar?
-…Y entonces él… -Lily interrumpió su explicación entre lágrimas a un Snape aparentemente preocupado cuando Remus apareció en la esquina.
-¿Qué demonios quieres, Lupin? –Exigió saber Snape, parándose de la mesa en donde estaba sentado y acomodándose frente a Lily protectoramente. Ella dejó salir un ligero quejido y se refregó las manos.
Dudó, extrañamente conmovido por el gesto protector del Slytherin.- Sólo vine a disculparme.
-¿Disculparte? –Repitió Snape incrédulamente.
-Tú no hiciste nada, Remus, -le dijo Lily, mirando por encima del hombro de Snape.
Juntó toda su valentía de Gryffindor. Tenía que arreglar las cosas con James. No podría soportar que su amigo lo odiara para siempre.- James no q-quizo ser c-cruel, -explicó, odiando el infantil tartamudeo que lo plagaba cuando estaba nervioso.- Es q-que realmente le gustas, Lily.
-B-b-bueno, p-p-puedes d-d-decirle q-que pida sus propias malditas disculpas y no envíe a sus t-t-t-tartamudeantes seguidores a hacerlo, -dijo Snape, con la voz deliberadamente burlona y cruel.
Remus agachó la cabeza, un rubor avergonzado le apareció en las mejillas.
-Ay, basta, Severus, -se quejó Lily.- ¿Por qué siempre eres tan malo? ¡Remus no hizo nada! –Rodeó al Slytherin y pasó un brazo alrededor de los hombros de Remus.
-No me m-mandó, -explicó.- Vine solo.
Snape resopló y se cruzó de brazos.- Eres un perro faldero, Lupin. Es nauseabundo.
-¡No te atrevas a decirle así, bastardo!
Remus dio un salto y giró, viendo a Sirius salir de atrás de las repisas. Había estado tan concentrado en Lily y Snape que ni siquiera había olido que se acercaba.
-Sirius, no –comenzó, pero fue interrumpido cuando Sirius envió un hechizo hacia Snape, causando que retrocediera un par de pasos, agarrándose la cara con un quejido de dolor. Cuando alejó las manos, pudo ver que su enorme nariz estaba llena de granos que se expandían. Apenas había podido notarlo cuando Snape había enviado dos hechizos rápidamente hacia Sirius. Dos cortes profundos aparecieron encima de sus cejas, y antes de que pudiera reaccionar fue levantado por el tobillo izquierdo y dejado colgando en el aire por unos segundos, antes de que Snape volviera a mover su varita y lo dejara caer con un fuerte ruido.
-¡Severus, BASTA! –Rogó Lily, sosteniéndole el brazo.
Snape le dio una mirada, dudó, y caminó hasta Sirius, que estaba levantándose lentamente del piso. Le dio una patada en el costado.- Esto no ha terminado, Black. –Salió caminando, murmurando el contrahechizo para su nariz.
Remus se arrodilló a un lado de Sirius, que intentaba sentarse, parpadeando para alejar la sangre de sus ojos.
-¿Necesitas ayuda? –Preguntó Lily, con voz bastante fría.
Remus levantó la vista y negó con la cabeza. Su expresión se suavizó un poco, pero no dijo nada y se fue, tomando el libro que Snape había dejado en la mesa al salir.
-James tiene razón, eres un traidor, -murmuró Sirius, con la voz ahogada por sus manos, que intentaban detener el flujo de sangre. Se tambaleaba ligeramente, y Remus supuso que tenía que ver con el golpe a su cabeza.
-Tú lanzaste el primer hechizo, -le dijo, levantando su varita para sanar los cortes encima de sus cejas.- Era tu duelo.
-¡Tú te quedaste ahí mirando!
Remus usó un hechizo corto para detener la sangre que salía de la cara y manos de Sirius.- Estaba tratando de arreglar las cosas por James, -dijo, tratando de evitar que le temblara la voz.- Tú viniste y lo arruinaste.
-Te estaba defendiendo. Snape te estaba molestando.
-No dijo nada que no sea cierto, -respondió amargamente. Llevó sus manos al pelo de Sirius, buscando un chichón, preguntándose si se había golpeado fuerte.- Soy un perro faldero. Sabes perfectamente bien que tú y James y Pete pueden hacer que haga lo que quieran. Mírame ahora. Estoy malditamente furioso contigo, y aquí estoy, sentado ayudándote.
-Lo siento, Lunático. Lo siento. –Intentó tomarle las manos, y agachó la cabeza para besar sus labios, que no respondieron.- De verdad que sí. Sabes que no quise decir eso. Siento haberte llamado traidor.
Remus cerró los ojos, ordenándose estrictamente no rendirse. Tenía que mantenerse firme a veces. Snape tenía razón. Era un perro faldero. No podía dejar que los demás tuvieran un control así sobre él.
Alejó la vista, rompiendo el beso.- No estoy de humor ahora, Sirius. No me siento bien. Voy a la enfermería. Ni se te ocurra seguirme. –Se paró y comenzó a caminar.
-Remus, ¿no me quieres? –Preguntó Sirius, con voz quebrada. Volvió a mirarlo, y él se veía tan triste y lastimero sentado en el piso, despeinado y con la ropa arrugada, que su pobre intento de rabia murió en su pecho.
-Sabes que sí, Canuto. Sólo estoy un poco molesto. Quiero un poco de tiempo a solas.
Sirius asintió, observando como se daba vuelta y se iba.
Ninguno notó los enormes ojos negros que los observaban por un agujero entre las repisas.
Bueno, aquí estoy, rindiendo mesas y esas cosas… muchas gracias por tenerme paciencia, sé que me tardo. Mmm, la palabra "bastardo" es una que no me convence… voy a buscarle un equivalente… Muchas gracias por comentar, nos vemos! (pronto, si hay suerte)
