James y Lizzy salieron del baño sin poder parar de reír. Lizzy se estiraba la falda y negaba con la cabeza.

- Desde luego, ya sé por qué mi abuela escogió justamente este vestido, no se puede hacer absolutamente nada con él. – Comentó poniendo los ojos en blanco y todavía riendo.

- Pero ha sido divertido. – James enarcó una ceja. – Sobre todo cuando se ha quedado enganchado con la puerta y no podíamos soltarlo.

- Sí, solamente creía que tendría que volver a la fiesta en ropa interior. – Dijo con ironía.

- Fue tu idea, Collins.

- Pero te ha encantado.

- No lo niego. – Apoyó sus manos en la cintura de la chica, que entrelazó sus brazos por detrás de su cuello sin dejar de sonreír. - ¿Crees que alguien pasará por aquí?

- No lo creo, pero de todas formas, ¿qué sería de la vida sin un poco de emoción? – Contestó ella cada vez más cerca de sus labios.

- Me alegra que digas eso.

James la besó mientras ella sonreía y se pegaba un poco más a él – todo lo que aquella voluminosa falda le permitía -. Siguieron besándose hasta que escucharon un carraspeo a su espalda. Se separaron rápidamente, pálidos y se giraron para ver quién los había descubierto. Ambos se quedaron boquiabiertos al ver allí a Rita Skeeter. La mujer les dedicó una media sonrisa cínica que hizo que Lizzy se estremeciera. Aquello no iba a terminar bien.

- Vaya, vaya, mirad a quién tenemos aquí, al hijo de Harry Potter y la hija de mi queridísima Mary Collins. – Dijo acercándose a ellos.

- Señora Skeeter, ¿qué tal está? – La chica trató de sonar educada. No soportaba a esa mujer, ni su madre tampoco. Realmente, nadie la aguantaba, no entendía cómo podía seguir trabajando en El Profeta.

- No tan bien como vosotros por lo que veo. – Contestó mientras su pluma anotaba algunas cosas. – Muy interesante, creo que el artículo especial sobre esta fiesta que aparecerá mañana en el periódico os gustará.

- Tenemos que irnos. – La cortó James. Tenía los ojos entornados y los labios apretados. Sabía lo que escribiría.

- Un placer veros.

- Hasta otra, señora Skeeter. – Se despidió Lizzy de forma cortante.

James y ella salieron del pasillo rápidamente, sin pronunciar palabra hasta que llegaron al salón. Lizzy suspiró y el chico la miró preocupado.

- Todo el mundo va a enterarse de esto. – Murmuró.

- No si yo puedo impedirlo. – La chica apretó los labios. – Voy a hablar con mi madre, voy a parar ese artículo.

- ¿Podrás hacerlo? – La voz de James sonó dubitativa.

- Tengo que intentarlo. – Le dio un beso en la mejilla antes de susurrar en su oído. – Saca a algunas chicas guapas a bailar de todas formas, así la gente no se creerá lo que ella diga.

- ¿Vas a volver a bailar con Giorgio?

- Probablemente, mi abuela insistirá. – Se encogió de hombros. – Por lo menos así podré practicar mi italiano.

Lizzy se fue por un lado y James por el otro. La chica se acercó a su madre, que estaba hablando con algunos compañeros de trabajo.

- Mamá. – La llamó.

- Elizabeth, ¿no saludas? – Le dijo ella con tono de ligera reprimenda, enarcando una ceja.

- Sí, lo siento. – La chica sonrió. – Buenas noches a todos, ¿podría llevarme a mi madre unos segundos?

- Claro. – Respondió uno de los hombres dedicándole una sonrisa.

- En seguida vuelvo. – Mary Collins se alejó junto a su hija. Cuando estuvieron lo suficientemente lejos de los demás, se decidió a hablar. - ¿Qué sucede?

- Tienes que conseguir que no se publique el artículo de Rita Skeeter de mañana.

- ¿Por qué?

- ¿Aparte de porque es una embustera? – Lizzy puso los ojos en blanco. – Antes he ido al baño con James y…

- ¿Cómo al baño con James? – La mujer arrugó la frente y volvió a sentir las mismas sospechas que en Navidad.

- No, no pienses mal. – La chica se sonrojó al darse cuenta de lo que había dicho. – Estábamos bailando y dije que necesitaba ir al baño y él dijo que él también, así que bajamos a los de la planta de abajo.

- ¿Por qué fuisteis a esos? Se supone que nadie puede bajar, para eso hay otros baños aquí. – Replicó ella. Sus sospechas aumentaban cada vez más.

-Creíamos que allí no habría cola. – Replicó su hija. – El caso es que estábamos en el pasillo y Rita nos ha visto y nos ha dicho que le parecía muy "interesante". Ambas sabemos lo que eso significa.

- ¿Me estás pidiendo que censure un artículo?

- No quiero que diga cosas sobre mí.

- Mala suerte, es lo que te ha tocado por ser mi hija y amiga de un Potter. – Su madre negó con la cabeza. – Si no hubieras salido de esta sala quizás no tendría pruebas de lo que dices, pero esa situación se puedo malinterpretar con mucha facilidad además, ¿qué más te da lo que diga si es mentira?

- Mamá…

- La censura no arregla nada, no voy a hacerlo, lo siento mucho cariño.

- Creí que me ayudarías. – Se quejó la chica. Sabía que tenía razón, pero no quería que al día siguiente todo el mundo mágico supiera que James y ella estaban juntos.

- No puedo hacerlo, solo ignórala, nadie se toma en serio lo que Rita escribe, todos saben que es una mentirosa. – Mary la abrazó. Seguía intranquila, pero confiaba en que, si pasaba algo entre su hija y James, ella se lo contara. De todas formas, le parecía un buen chico. – Volveré con los demás y tú deberías ir a ver a tu abuela Charlotte, te estaba buscando.

- ¿Está con los Cavalli?

- Creo que sí. – La mujer suspiró. – Haz lo de siempre, sé agradable con ellos y no los ofendas, ¿de acuerdo?

- Sí, mamá.

Lizzy suspiró y se dio la vuelta. Misión fallida.


Victoire bailaba con Teddy, pero notaba a este muy distraído. No paraba de mirar hacia la puerta y parecía nervioso.

- ¿Te ocurre algo? – Le preguntó finalmente.

- ¿A mí? – Dijo él tontamente.

- ¿A quién si no, Teddy? – Vic lanzó una carcajada al decir aquello. Algunas veces parecía que, en lugar de 25, tenía 15 años.

- No me pasa nada. – Dijo, aunque no sonó del todo seguro. Carraspeó para volver a repetirlo, tratando de mejorar su respuesta, aunque solo consiguió empeorarla. – No me pasa absolutamente nada.

- No me engañas, ¿qué ocurre?

- No seas pesada, Vic.

- ¿Tiene esto algo que ver con que todavía no me hayas felicitado? – La rubia enarcó una ceja y él sonrió de medio lado.

- ¿Por qué debería felicitarte?

- No te hagas el tonto. – Negó con la cabeza. A veces su novio era imposible.

Victoire quiso añadir algo más pero, de repente, escuchó como comenzaban a cantar Cumpleaños feliz y vio a Rose y Albus acercándose a ella con una tarta. Teddy la abrazó y ella notó cómo se ponía completamente roja. Todo el mundo en la sala estalló en aplausos cuando apagó las 23 velas.

- ¿Idea tuya? – Le preguntó a Teddy.

- ¿De quién si no? – La besó con ternura. – No pensaba olvidarme de tu cumpleaños, mucho menos hoy.

- ¿Por qué precisamente hoy?

- Porque… - El chico carraspeó y sacó una cajita de su bolsillo antes de ponerse de rodillas delante de ella. Victoire abrió mucho los ojos al ver que la abría y, en su interior, había un pequeño anillo con un diamante en el centro. – Victoire Gabrielle Weasley, eres la mujer de mi vida, llevo enamorado de ti más de diez años, sé que somos jóvenes, pero ni quiero ni puedo esperar más tiempo para hacerte esta pregunta, ¿quieres casarte conmigo?

- ¡Sí! – Exclamó ella, sorprendiéndose hasta a ella misma. ¿Acababa de aceptar casarse con solo 23 años? Teddy sonrió y le puso el anillo haciendo que cualquier duda se despejara. Era el hombre de su vida y lo sabía, además, no tenían por qué casarse al día siguiente, necesitarían al menos un año, puede que más, para preparar las cosas. Sonrió y se lanzó a sus brazos. – Claro que me casaré contigo.

Los dos se besaron y todo el mundo volvió a aplaudir. Bill estaba en estado de shock, era incapaz de creer que su hija fuera a casarse y Fleur, a su lado, contenía las lágrimas de emoción. Todos sus primos corrieron a abrazarlos y felicitarlos.

- ¡Vic, te vas a casar! – Exclamó Rose mientras la estrechaba con fuerzas entre sus brazos, sorprendida.

- ¿Serás mi dama de honor principal, Rose?

- Por supuesto. – La pelirroja dio un par de saltos, emocionada. – Va a ser genial.

- No puedo creérmelo hermanita. – Dominique llegó hasta la rubia y negó con la cabeza. - ¿Cómo vas a casarte?

- Llevo diez años con Teddy, Dom, vivimos juntos, era solo cuestión de tiempo. – Ella se encogió de hombros. – ¿No te alegras ni un poquito por mí?

- Claro que sí. – Ambas hermanas se abrazaron. – Supongo que a ti te van esas cosas.

- Algún día Roger te pedirá matrimonio y tú aceptarás.

- Lo dudo mucho. – Dominique le dedicó una cálida sonrisa a su hermana al separarse.

- ¿Serás una de mis damas de honor, verdad?

- Solo si me dejas ponerme un vestido que me guste.

- Eso lo tendréis que decidir entre vosotras. – Victoire negó con la cabeza antes de recibir el abrazo de su emocionada abuela.


- ¡Qué bonito! – Exclamó Giorgio, posando su mano en el hombro de Lizzy. – Io amo l'amore! Las bodas son meravigliosi.

- Me alegro mucho por ellos, Teddy y Victoire son la pareja más estable que conozco. – Respondió la chica con una sonrisa.

- Yo me casaré pronto. – Anunció él de repente.

- ¿Con quién?

- Todavía no estoy muy seguro, mis padres están intentando conseguir un buen acuerdo con su familia. – Dijo lentamente, esperando su reacción. Ambos sabían a lo que se refería.

- El matrimonio debería basarse únicamente en el amor, no en el dinero.

- Depende de para quién. – Le dedicó una media sonrisa. Aquella chica llevaba años trayéndolo loco, pero sabía que si se casaban no le resultaría fácil tenerla bajo control. Sería todo un reto, pero él necesitaba una mujer tranquila y sabía que al final lograría dominarla como fuera.

- Yo no quiero casarme, ni tener hijos, eso no es para mí. – Dijo ella. Era una verdad a medias, solo estaría dispuesta a decirle que sí a James, y tendrían que pasar muchísimos años para que eso sucediera, pero no estaba dispuesta a pasar por un embarazo.

- ¿Bajo ningún concepto?

- ¡Lizzy, ven! – James la llamó desde lejos. Agitaba sus brazos y sonreía. – Vamos a felicitar a los chicos.

La chica también sonrió ampliamente y Giorgio suspiró, entendiéndolo todo en aquel momento. Tendría que decirles a sus padres que dejaran de insistir, no le hacía falta escuchar su respuesta para saber que solo renunciaría a sus ideas por una persona que, por desgracia, no era él.

- Me voy con ellos, pronto regresaré a Hogwarts así que, por si no te veo antes de marcharme, ha sido un placer volver a verte.

- Igualmente, Lizzy. – Le dio un beso en la mejilla y la vio marcharse. James la cogió de la mano y él negó con la cabeza. Ahora estaba completamente seguro de que nunca había tenido nada que hacer.


Poco después, y tras despedirse de sus familias, los profesores de Hogwarts llevaron a sus alumnos de vuelta al colegio. Los dejaron en el vestíbulo y les dijeron que se fueran directamente a sus respectivas salas comunes, pero no todos lo hicieron. Rose se dirigió corriendo hacia la Sala de los Menesteres y Lizzy, hacia la Torre de Gryffindor junto a James.