Advertencias
Nada relacionado con la maravillosa mini-serie Band of Brothers me pertenece, salvo los OCs que aparecerán.
NO soy escritora, esto es por diversión. Estoy abierta a cualquier duda o crítica fundamentada y respetuosa.
El hilo de la trama se basa en el de la serie, de este modo, escenas, diálogos, etc, pueden estar inspirados o tomados de ella. Otras muchas cosas son ficción y surgidas de mi imaginación.
Esta historia puede contener violencia y lenguaje soez, así cómo escenas de carácter sexual subidas de tono.
Aunque esta historia surge del entretenimiento, no pretende ofender ni herir a nadie al tomar nombres y personajes que realmente existieron, ni al revivir acontecimientos históricos, ni al inventar cosas que jamás sucedieron
Capítulo 54
Roe despertó al escuchar el ajetreo y murmullos de soldados tanto en la calle como en al otro lado de la puerta del cuarto de Victoria, donde se había quedado dormido junto a la chica, apenas sin haberse enterado.
El médico observó a la mujer abrazada a su cintura, dormida plácidamente por primera vez desde hacía mucho, y no pudo evitar sonreír, aunque pronto desdibujó el gesto al pensar en que debía estar atendiendo sus obligaciones. Al parecer todo el mundo estaba ya recogiendo para volver a moverse de posición, y eso quería decir que debía ser entorno a las 11.
Con cuidado se deshizo del abrazo de la española y salió de la cama sin importunarla para que pudiera descansar lo máximo posible, llevándose las manos al cabello para tratar de colocarlo un poco mientras se dirigía a la puerta con un deje de nerviosismo. Sería mejor que nadie lo viera salir del cuarto de la chica, no porque fuera a enterarse algún oficial o fueran a llamarles la atención, pero si podía ahorrarse las bromas de sus compañeros mucho mejor. Eso lo hacía sentirse muy incómodo, y las cosas serían peor si empezaban a usar el tema del sexo como chanza, sobre todo en aquel momento en el que él se encontraba respecto al tema.
Eugene se acercó a la puerta agarrando el pomo mientras trataba de escuchar lo que ocurría al otro lado, esperando unos instantes hasta cerciorarse de que el pasillo y escaleras estaban despejados, para abrir despacio y salir.
Antes de que Roe se girara para abandonar la segunda planta con velocidad, la voz de Guarnere sonó tras él, saliendo de la última habitación cargando con sus pertenencias.
-Con razón no se te veía por ningún lado, Doc. ¿Está Victoria dormida aún? –Añadió el hombre dirigiéndose a la escalera, observando al sanitario asentir a ceño fruncido. Bill rió antes de descender. -¿Tan cansada la dejaste anoche?
Eugene trató de disimular su vergüenza mientras Guarnere seguía sonriendo bajando la escalera, deteniéndose tras un par de pasos para volver a dirigirse a él.
-Oye, coge las 2 bolsas que quedan en la habitación. Estamos cargando los jeeps ya.
-¿Cuándo salimos?
-A las 12. Aún puedes dejar a Victoria descansar un poco más.
Guarnere volvió a sonreír pícaramente volviendo a emprender el camino de descenso mientras Roe lo contemplaba por unos instantes, aparcando a un lado su bochorno para ponerse a trabajar, ateniéndose a lo que le esperaba por parte de sus bromistas camaradas.
Las calles circundantes estaban llenas de soldados cargando jeeps y recogiendo el asentamiento. Frente a la casa, Malarkey, Luz, Perconte y Talbert se ocupaban de uno de los vehículos y varias cajas de munición que habían llegado.
-Hombre, al fin apareces, Roe –comentó George mientras pasaba una de las cajas a Perconte, quien estaba sobre el jeep-. ¿Dónde coño has estado? Martin se hizo un corte de la hostia hace como dos horas y casi se nos desangra buscándote. Suerte que dimos con Spina.
-Vamos, Luz –intervino Frank-. Tú eres el primero que ya ha hecho alguna escapadita para dormir como un puto lirón.
-Sí, y además sin terminar tu turno de guardia.
El comentario de Talbert hizo que las bromas empezaran a fluir entre el grupo, pero Guarnere los cortó alzando la voz.
-Eh, eh. Esto ha sido por algo más importante que una triste siesta. El chico ha estado atendiendo las necesidades de su novia, joder. Dejadlo en paz y no seas envidiosos.
-¿Qué pasa Bill, has estado pegado al otro lado de la puerta? –Se mofó Malarkey acercándose a pasarle a Perconte varias mochilas.
-No me ha hecho falta. Pillar a Doc saliendo del cuarto de Victoria ya es suficiente.
-¿Dónde está? –Preguntó Perconte mirando al sanitario, quien respondió tratando de no parecer abrumado por las bromas.
-Dormida. Voy a ir a despertarla.
Los hombres rompieron en exclamaciones mientras el moreno se dirigía al interior de la casa, cuando la voz de Luz sobresalió sobre la de sus compañeros.
-Quién iba a decirlo, en Doc habita una bestia ¡Eh, Roe, vas a tener que controlarte con los polvos si siempre llevas ese ritmo, o Victoria se convertirá en la Bella Durmiente!
Eugene se giró para encarar al grupo, tragándose la vergüenza para hablar de forma firme, respondiendo la broma.
-Ya está bien, chicos. No me obliguéis a hacer que la bestia cambie de objetivo.
Los soldados comenzaron a reír con ganas tras la primera broma de Roe que habían escuchado desde hacía mucho, continuando con las mofas a la vez que perdían de vista al moreno, quien no pudo reprimir esbozar una sonrisa.
Thalem era un pueblo más pequeño de lo que habían imaginado, pero había sufrido enormemente los desastres de la guerra, algo que desde la llegada de la Easy un par de días atrás, y la retirada del bando alemán, estaba intentando remediarse con la imposición de la ley marcial, la limpieza de las calles abarrotadas de escombros, y la llamada a la solidaridad para restablecer de nuevo el orden y la concordia entre pueblos.
A pesar de que la guerra había decaído para la compañía hasta límites sorprendentes que auguraban una tranquilidad perpetua sin más muerte, y la rendición en poco tiempo del enemigo, las caras serias y el mutismo eran los grandes protagonistas entre los soldados. En sus mentes se acumulaban demasiados recuerdos y temores, a los que se sumaban las noticias tétricas de nuevos campos de concentración y crímenes allí cometidos.
Aquella era la tercera noche que el grupo de americanos pasaba allí.
Gran parte de los chicos habían estado alejados del pueblo, bien haciendo guardias en diferentes puntos de la comarca, o ayudando en la liberación de otro campo de concentración encontrado el día anterior.
Victoria había sido una de las personas que había estado prácticamente todo el día fuera, ayudando a otros médicos del ejército a hacer chequeos a niños y mujeres de aquel lugar de muerte, donde las escenas encontradas habían sido igual de oscuras y aterradoras que en Landsberg.
La mujer trataba de borrar las imágenes, el llanto, el hedor y el dolor de aquella miradas de su mente, pero era algo imposible ¿Cómo podía existir gente tan cruel, vacía de empatía como para hacer semejantes cosas? Pensar en ello la sumía en una rabia y horror inabarcables, que la conducían en bucle hasta el dolor de su pasado al saber que el destino de muchos de sus compatriotas también había sido acabar así de forma semejante, incluso dentro de España. La diferencia es que sabía que allí nadie había ido al rescate de los inocentes.
Con la ansiedad agarrada al pecho dificultándola respirar, y las lágrimas amenazando en sus ojos, Victoria se obligó a inspirar con fuerza y a bloquear cualquier pensamiento para no colapsar, acelerando el paso hasta la casa donde varios de los chicos y ella misma se alojaban.
Entró con rapidez mientras seguía luchando contra sus demonios internos, logrando evadirse totalmente al encontrar en la estancia desnuda de la pequeña casa a Liebgott, sentado frente a la mesa cuadrada de aquel sucio salón. La mirada devastada y semblante serio del chico hizo que la morena se acercara rápidamente, sentándose a su lado.
-Eh, Lieb ¿Qué pasa?
Joseph tragó saliva mientras sorbía rápidamente, alzando la vista tras unos segundos para mirarla al notar que ella acariciaba su espalda con dulzura, preocupada al hallarle así.
-He estado en ese campo todo el día, traduciendo las barbaridades que esos hijos de puta han hecho durante años a todas esas personas. Dicen que han ido encontrando más por todas partes, y que los rusos han encontrado uno que supera a todos en proporción, con cámaras de ejecución y hornos crematorios.
-Sí, lo sé. Es horrible e incomprensible. –Susurró la española mientras Liebgott se llevaba las manos a la cara un instante, sin volver a mirarla a los ojos para que no lo viera llorar.
-Casi todos eran judíos. Los alemanes los han estado matando todo este tiempo y...
La cirujana se mordió el labio con fuerza para no llorar al ver al muchacho derrumbarse, recordando que él también era judío, con lo que aquello debía de dolerle especialmente.
Victoria limpió con rapidez una lágrima que consiguió escapar de su ojo derecho, inhalando para tomar la palabra, sin saber qué decir para consolarlo.
-Lo siento mucho, Lieb... Sé que es tan horrible que no se puede describir. –Susurró acariciando el cabello del chico, quien continuaba con la frente apoyada sobre sus manos.
-Yo también lo siento –Murmuró sin mirarla tras unos minutos, con la cabeza gacha. -Sé que lo entiendes bien.
Joseph dirigió sus ojos vidriosos a los de ella, quien no pudo evitar que un par de lágrimas derramaran mientras asentía conteniendo su mueca de tristeza y dolor, pasando a abrazar al chico con fuerza tras darle las gracias.
-Ahora todo ha acabado, ya está –susurró Victoria, apretando más al chico contra ella cuando este volvió a sollozar-. Tranquilo, Lieb. Sé ha acabado.
Ahogando sus propios sollozos, la chica dejó fluir su llanto silencioso ante el gran dolor dentro de su pecho mientras mantenía aferrado al soldado contra ella, rezando por creerse sus propias palabras.
