31 de Agosto 1980

-Adelante- habló la voz desde el otro lado de la puerta. Hermione empujó suavemente la tabla de madera y se adentró con una ligera sonrisa.

-Buenas noches, profesor- habló la castaña cerrando la puerta detrás de ella.

-Señora Black, encantado de verla, por favor, tome asiento, tome asiento- señaló el asiento frente a su escritorio. La joven bruja caminó con una sonrisa fría y se sentó en el lugar que le indicaba el profesor.-Tengo indicado, que hace unas semanas dio a luz a una hermosa bebe.

-Helena…. Si- dijo riendo un poco- no la ha ido a conocer profesor.

-Lo siento, Señora Black, pero las cosas no han estado del todo… bien- concluyó el director con lamento en sus ojos- pero me tomo el atrevimiento de decirle que será una excelente madre, lo puedo ver en sus ojos- habló el hombre por sobre sus lentes de media luna. Los zafiros tenían un brillo particular que por alguna extraña razón, tranquilizaban a Hermione.

-Gracias profesor- susurró la castaña desviando la mirada.

Había ido al castillo de Hogwarts para una razón en especifico, y eso era hablar del plan. Había tomado valor en los últimos días y por fin esa mañana se había decidido. El problema es que ahora que estaba ahí, no encontraba las palabras para comenzar.

-Veo que algo atormenta su mente, señorita Hermione… ¿algo de lo que quiera hablar?

-Profesor… vengo a hablar con usted del plan- dijo finalmente mirando directamente a los ojos de su amado director.

-Ya veo- dijo pausadamente mientras se recargaba en su asiento y miraba por la ventana. Colocó sus manos entrelazadas sobre su abdomen.- dígame… específicamente, ¿de que quiere hablar?

-Profesor hay tantas cosas…- dijo Hermione meneando la cabeza. – no se por donde comenzar.

-¿Qué le parece por el principio?- dijo sonriendo el gran mago. La castaña sonrió de lado.

-Esta bien… ¿recuerda que le hablé de los Horrocruxes, y de cómo habían siete? Al menos en mi época- el profesor asintió- bueno… pues hemos destruido cuatro, dos no han sido creados y-

-Y falta uno- intuyó el hombre asintiendo y regresando su mirada a la joven bruja frente a el.

-Exactamente, al anillo de los antepasados de Voldemort.

-La familia Riddle.

-Y la familia Gaunt. – ante lo dicho, Dumbledore asintió meditando un poco la información- el anillo se encuentra en Little Hangleton. Debemos de ir y destruir el Horrocrux.

-¿Por que no lo ha hecho ya, señora Black?- preguntó con las cejas entrecerradas.

-No podía… la situación se retrasó debido a mi embarazo. Pero ahora debemos actuar. Tengo el presentimiento de que Voldemort está por enterarse, si es que no lo sabe aun, de que estamos tras los Horrocruxes.

-Eso no explica por que no lo hizo antes, por que no terminó con los Horrocruxes desde un principio. - dijo el profesor con curiosidad.

-Por que no se podía hacer tan rápido profesor. Si íbamos y destruimos todos de un solo momento, Voldemort lo sentiría. Debía de ser hecho paulatinamente. Tenía que dejar uno al ultimo, que nos ayude a crear una situación en donde después de destruir el Horrocrux, también lo podíamos hacer con Voldemort. No estoy segura, pero tengo el presentimiento de que cuando destruyamos el anillo, Voldemort llegará. Esa será nuestra oportunidad para matarlo. Si dejábamos pasar mas tiempo, le daríamos la oportunidad de crear el resto de los Horrocruxes. Al dejar el ultimo, Voldemort lo sentiría y llegaría para matar a cualquiera que haya destrozado un pedazo de su alma- concluyó la castaña esperanzada de haber explicado todo.

Ambos se quedaron en silencio después de eso. Dumbledore cerró los ojos y meditó unos segundos. Procesando la información entendiendo lo dicho.

-Debo admitir que fue muy sabia su jugada, señora Black… pensar en las posibilidades desde un principio. Estoy sorprendido- dijo con admiración el hombre barbudo. Hermione no pudo sonreír por el alago. El tema era muy serio como para eso.

-Pero no entiendo, ¿cuál es el plan exactamente? ¿o que es lo que necesita?- preguntó Dumbledore recargándose en su mesa y acercándose a la castaña, viéndola cuidadosamente a los ojos. – señora Black… – la castaña abrió los ojos al escuchar su voz dura pero gentil a la vez- Hogwarts siempre ayudará, a aquellos que piden ayuda.

Hermione meditó un poco las palabras.

-Entonces ayúdeme profesor… necesito la ayuda de Hogwarts.

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5 de Septiembre 1980

James y Regulus observaban detenidamente a la castaña que estaba sentada en su usual sillón. Llevaban sentados en las sillas por aproximadamente quince minutos y Hermione simplemente no hablaba. Fue al Valle de Godric por James, y cuando llegaron, pasaron por Regulus a su habitación y se dirigieron a la biblioteca. En cuanto entraron, la castaña comenzó a colocar hechizos silenciosos y protección para que nadie entre. Ambos pelinegros estuvieron observándola detenidamente tratando de entender el extraño comportamiento. Después, ella les pidió sentarse a escuchar sea lo que sea que fuera a decir. Pero no decía nada. Simplemente se quedó callada y miraba a ambos jóvenes.

-Hermione- trató de hablar James pero fue acallado por la mano de la castaña. Esta, apretó los labios en una fuerte línea. Negó ligeramente con la cabeza y se quedó mirándolo. Pero no dijo nada.

Regulus y James se miraron de reojo pero esperaron a la evidente nerviosa castaña. Los minutos pasaban, al igual que el silencio. James se comenzaba a frustrar y la desesperación crecía dentro de Reg.

-Mañana tenemos una junta con la orden- dijo finalmente.

-No tenía idea- dijo James entrecerrando los ojos.

-Aun no dicen nada, seguramente se enteran durante la noche. Será mañana por la mañana, aquí mismo- habló mordiéndose la uña de uno de sus delgados dedos. Su pie bailaba por el piso y su respiración, al igual que el latir de su corazón, estaban un poco acelerados.

-Oh, esta bien- masculló Regulus, quien se había unido a la orden poco después de haber llegado a la mansión. Después de eso, no dijeron nada.

-Hablaremos del plan- dijo Mione levantando las cejas y cambiando de dedo para morder otra uña.

Una vez mas, Regulus y james se miraron. Esta vez, por mas tiempo. Hermione ya iba por la tercera uña que se comía.

-¿Por fin sabremos del mentado plan?- preguntó James un poco irritado, levantando una ceja para mostrar sus sentimientos. La castaña asintió mientras mordía su uña. Su cabello se movía al compás de su rostro.

-Hermione… dinos por favor para que nos mandaste llamar- espetó Regulus. Hermione paró de morder su uña y bajó la mano mirando a su cuñado. Suspiró un par de veces y trató de relajarse.

-Mañana, le diremos el plan a la orden, algunos aurores y otros magos y brujas que se ofrecieron a ayudar. Detallaremos que es lo que haremos y como lo haremos. Es muy especial que entiendan todo, por que solo tendremos una oportunidad.- habló la castaña con voz segura de si misma, tal como lo había hecho tantas veces antes. El miedo y el pánico se iban hundiendo en su interior y lo apresaba con cadenas. Se prometió a si misma que no lo dejaría salir hasta que todo se hubiera solucionado.

Los pelinegro se miraron y asintieron comprendiendo, parcialmente, las palabras de la castaña.

-Esta bien…- dijo James inseguro de sus palabras- ¿por qué tenías que hablar antes con nosotros?

Regulus miró inquisitivamente a su cuñada después de escuchar la pregunta de Potter y Hermione se miró un poco incomoda por la repentina pregunta.

-Por que necesito decirles algo, que no quiero que nadie escuche- dijo finalmente.

-¿Qué cosa, exactamente?- preguntó Regulus poniendo una mano en su barbilla y recargándose en su asiento. No podía decirlo en voz alta pero presentía lo que estaba por venir.

-Necesito que cada uno de ustedes haga algo durante la batalla final- habló duramente la nueva madre, haciéndose un poco hacia delante y señalando, con dos dedo, a cada joven delante de ella.- necesito que hagan algo y que los demás no se enteren de su… misión.

-¿Qué necesitas? Haremos lo que sea- habló convencido el padre de Harry.

-Se que lo harán- rió Hermione- primero… Regulus, necesito que hagas algo muy importante.

-Dime.

-Pasado mañana, cuando sea… el plan, iremos en busca de un anillo.- dijo con tranquilidad la castaña. Debía de ser paciente, al menos con James, para que todo quede a la perfección.

-¿Un anillo?- cuestionaron los dos al mismo tiempo.

-Si, un anillo. Un anillo que le perteneció a los antepasados de Voldemort.- se puso recta y habló mirando a lo lejos.

-¿Qué tiene de importante un anillo para la destrucción del hombre mas peligroso del mundo mágico?- preguntó irónico el de anteojos.

-El anillo, James, es un Horrocrux- dijo la señora Black, aun sin mirar a nadie. Pudo percibir que Regulus asintió como confirmando un pensamiento, pero en cambio, James se veía confundido.

-¿Un Horrocrux… como, un Horrocrux?- cuestionó un tanto temeroso. Movió su mano en círculos como para indicar que estaba tratando de averiguar si se referían exactamente a eso que se estaban refiriendo.

-Si James, un Horrocrux, no es muy difícil de entender- dijo con rudeza la nueva madre. No se disculpó a pesar de ver la mirada levemente ofendida del padre de su mejor amigo. Pero esto debía de hacerse así. Directo.

-¿Quieres que lo destruya, no es así?- cuestionó el hermano menor de Sirius tratando de desviar la atención del ofendido pelinegro.

-Efectivamente Reg… lamento pedirte esto, pero sabes…- no continuó. Simplemente lo miró sabiendo que el tenía que hacerlo. Simplemente lo sabía.

-No te preocupes Mione… lo haré- dijo sonriendo ligeramente. Obviamente no estaba del todo emocionado con la idea de usar tal maldición pero lo haría. Sabía que el destino del mundo mágico dependía de esto.

-James- dijo girándose a enfrentar al hombre que había permanecido en silencio.

-¿Si?- cuestionó con temor. Odiaba las artes obscuras, siempre lo había hecho. Rogaba que no le pidiera hacer algo por el estilo.

-Hay James, realmente no quisiera pedirte lo que estoy apunto de solicitar, pero será la única manera- habló con lamento en los ojos.

-Dime que necesitas, lo haré- intentó demostrar convicción pero todos sabían que temía la tarea.

-James… cuando Regulus destruya el Horrocrux, Voldemort estará vulnerable. Prácticamente mortal. Y esto solo durará cuestión de segundos. Es una oportunidad breve e irrepetible, por eso es muy importante que actúes con rapidez.- rogó la castaña.

-Mione, puede confiar en mi… haré lo que sea pero por favor dime de una vez que es eso que quieres que realice.

-Esta bien… cuando Regulus destruya el anillo, te lo indicaré… y en ese momento…- Hermione miró directamente a los ojos avellanas- vas a asesinar a Voldemort.

James abrió los ojos como platos, obviamente sorprendido por la petición. Regulus también se había impresionado. Esa era verdaderamente una tarea muy difícil de realizar. Le pedía a James que asesine a alguien. Aunque claro, ese hombre estaba intentando matar a su hijo recién nacido.

-¿Asesinarlo?- preguntó como idiotizado, incrédulo de lo que acababa de escuchar.

-Así es James.. y debes de ser tú. Creo… llevo pensándolo mucho tiempo. La profecía dice que Harry tiene que matarlo, pero debemos de terminar con Voldemort de una vez. Tu eres mencionado en la profecía y por eso pienso que puede funcionar. No estoy del todo segura, pero después de haber destruido los Horrocruxes, debe de funcionar.

-¿Horrocruxes? ¿había mas de uno?- preguntó empalideciendo un poco. Pasó su mano nerviosamente por su cabello y respiró entrecortadamente.

-Eso no es importante. Lo que necesito que me digas es que lo vas a matar.- Hermione cerró los ojos recordando cuando habían tenido una conversación similar con su mejor amigo y Ronald. Le pedían que lo matara. Mantuvo los ojos cerrados- Harry debes matarlo.

-¿Harry?- cuestionó su padre.

Abrió los ojos al darse cuenta de que confundió los nombres pero no le importó.

-James, prométeme que lo matarás… se que es una petición terrible. Se que repudias las artes obscuras y que nunca te imaginaste utilizando una imperdonable. Pero es la única manera de lograr salvar a Harry. A ustedes, a todos. Se que es… no hay palabras para describirlo, pero tienes que hacerlo James, prométemelo- suplicó Hermione tomando la mano del buscados y apretándola fuertemente mientras le rogaba. Los ojos chocolates no se despegaron de las avellanas en ningún momento.

-Lo haré- dijo el encargado d el atare en un susurro.

Los tres se quedaron en un repentino silencio. Simplemente se miraban. La castaña sabía que lo que les pedía era injusto, pero así tenía que ser. Tenía que funcionar el plan, o todo se vendría abajo. Sus planes, sus sueños, el mundo mágico. Todo se destruiría.

-Necesito…- habló la castaña rompiendo la ausencia de sonido. Parpadeó varias veces como pensando como decir lo siguiente- se que será difícil. Pero necesito que durante el final… estemos cerca. Esa será la manera de que esto funcione. No podemos separarnos o todo se volverá un caos. Necesitamos recuperar al anillo, destruirlo y esperar a que llegue Voldemort para matarlo.

-¿Esperar? ¿Mione, exactamente a donde iremos?- pregunto Regulus desconcertado.

-Eso lo explicaremos mañana. Pienso que al destruir el anillo, Voldemort lo sentirá… ya saben, como si una parte de el muriera. Eso lo hará ir al lugar donde escondió el Horrocrux. Lo estaremos esperando y ahí será cuando tu James, lo mates.

Los chicos asintieron comprendiendo la situación.

-Si esperas a que llegue a revisar… ¿por qué necesitas a tanta gente?- preguntó James con una ceja levantada.

Hermione simplemente lo miró seriamente, mientras el recuerdo de la batalla final se reproducía detrás de su mente.

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En el pequeño pueblo de Little Hangleton, residían varias familias de muggles. Realmente no era un pueblo importante, ni siquiera era interesante. El pueblo se encontraba en el valle entre dos colinas. Los arboles bajaban por las laderas rocosas, hasta llegar a la plana superficie y rodeaban el lugar. Había una pequeña catedral construida con grande bloques de piedra y detrás de esta se encontraba un enorme cementerio, mas grande de lo que se esperaba de un pueblo pequeño. Las casas eran sencillas, pero había una construida de piedra que resaltaba por sobre las demás.

En este pueblo, solamente vivía una familia de magos. La familia Gaunt eran magos de sangre pura descendientes directos del co-fundador de Hogwarts, Salazar Slytherin. Marvolo Gaunt, tenía la habilidad de hablar con las serpientes, por lo cual su casa estaba repleta de estas. La gente del pueblo lo evitaba por este detalle, además de que era un hombre amargado y grosero. El señor Gaunt tenía dos descendientes. Mérope y Morfin. Los Gaunt, habían sido una familia poderosa y adinerada, pero hace varias generaciones, alguien derrochó el oro y perdió todo, dejando a las próximas generaciones en la pobreza. Debido a esto, la familia vivía en una choza desgastada y sucia, a las orilla de Little Hangleton.

El único artefacto valioso que se pasaba de generación en generación, era un anillo. Un circulo dorado con una piedra negra en el centro y el escudo de armas de los Peverell en medio. Era la posesión mas preciosa para Marvolo.

Para desgracia del mago, su hija se enamoró del hijo de la familia mas adinerada del pueblo. Un muggle cualquiera, descendiente de la familia que era dueña de prácticamente todo en el pequeño lugar. Se enamoró de su vecino, Tom Riddle.

Gaunt, odiaba a su hija por su falta de talento mágico, y al enterarse de su estúpido enamoramiento la intenta estrangular. Fue condenado a Azkaban. Cuando finalmente fue liberado, encontró una carta de su hija, donde decía que ella elaboró la poción del amor para poder casarse con el muggle. Estando bajo la poción, la señorita Gaunt concibió al que sería su nieto, Tom Marvolo Riddle.

Después de un tiempo, el joven despertó de su "enamoramiento" y abandonó a Mérope. La mujer, dio a luz en un orfanato, donde indicó que llamaran a su hijo Tom en honor a su padre y Marvolo por su abuelo. Después, murió.

Años mas tarde, y después de conocer su linaje, el joven Tom decidió romper sus lazos con los Riddle. Fue al pueblo de Little Hangleton, para matar a su padre por haber abandonado a su madre, y a sus abuelos, Thomas y Mary, simplemente para terminar con lo que lo hacía muggle. Logra que culpen a su tío, Morfin, y este es enviado a Azkaban. Tom, deja a un lado su nombre y lo utiliza como un anagrama para convertirlo a Lord Voldemort. Es ahí, donde Riddle, se encuentra con el anillo de sus antepasados. Gracias al asesinato de su abuelo, el anillo se convierte en un Horrocrux. Voldemort decide esconderlo en la casa de su abuelo materno. Lugar, al que irían.

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6 de Septiembre 1980

Todos habían escuchado con atención la historia. Habían entendido las relaciones familiares de Voldemort y asentían convencidos de que era importante. Lo que Dumbledore no le dijo a nadie, es que el anillo efectivamente era un Horrocrux. Simplemente dijo que era un artefacto que los ayudaría a destruir de una vez por todas al mago mas tenebroso del mundo. James, Regulus y Hermione se miraba de reojo, cómplices de su conocimiento.

Habían cerca de cincuenta personas en la habitación. La orden completa estaba ahí, incluso unos que nunca habían visto. Varios aurores que no eran parte de la orden, pero que no estaban corrompidos por el mal, estaban ahí apoyándolos y dispuestos a ayudar. Magos y brujas que no tenían nombre conocido, habían optado a brindar sus servicios. Eran familiares de los miembros de la orden o de los aurores, como amigos o simplemente gente que sabía que Dumbledore tramaba algo y se le acercaron para pedir una oportunidad para ayudar. La cual, se les fue dada gustosamente.

-Entonces… - comentó Dumbledore poniéndose de pie y caminando por entre la gente. Pausaba su mirada en los ojos de aquellos mas cerca- el día de mañana, iremos al pueblo de Little Hangleton. Será muy importante la discreción de nuestra llegada. Nadie puede saber que estamos ahí.

Todos asintieron en comprensión de sus palabras. Gente como Marlene y Dorcas, estaba complacidas de poder conocer el plan después de tanto tiempo. Esta era la revelación.

-Cuando lleguemos por la noche, cada uno tomará posición para esperar. Se esconderán ya sea por hechizos desilusionadores, entre el bosque, o dentro de la mansión abandonada. La señora Black, junto con los señores Black- anunció Dumbledore señalando a la castaña flanqueada por dos pelinegros- se introducirán a la casa de la familia Gaunt para recuperar el anillo.

Nuevamente asintieron comprendiendo. Hestia Bones miraba detenidamente al director, mientras tenía en brazos a Susan, que estaba profundamente dormida. A su lado, Podmore tomaba nota de las palabras del director de Hogwarts. Lisa Kettle, una mujer gordita y bajita de alrededor treinta años y miembro de la orden, asentía frenéticamente a cada palabra del mago.

-Cuando los Black salgan de la casa, destruirán el objeto, lo cual, y muy probablemente, atraerá a Lord Voldemort.

Unos que otros temblaron al escuchar su nombre. Dorea cerró los ojos y Molly simplemente negó con la cabeza mientras mecía a Ronald en sus brazos. Arthur, a su lado, solamente le dedicó una sonrisa tranquilizadora.

-Espero que entiendan…- habló con voz mucho mas alta- lo peligrosa que es la misión.

-Por favor Albus, no hay necesidad de decir las cosas bonitas- habló Moody rudamente poniéndose de pie y colocándose frente al mago barbudo. Hermione sabía que el co-jefe de aurores tenía ahora un conocimiento completo acerca de la realidad de la situación- si algo sale mal, todos mueren, así de simple… - dijo mirando fijamente alrededor de la habitación- Voldemort llegará, será mucho peor que cualquier vez que se hayan enfrentado a el…

-¿Por qué?- cuestionó Robert Mckinnon, que se encontraba recargado en la chimenea junto a su esposa.

-Por que acabaremos de destruir algo muy valioso para el, por eso- dijo gruñendo el auror. Unos pensaron que esa no era una respuesta muy explicable pero no dijeron nada.- Es importante que el anillo sea destrozado antes de enfrentarnos con Voldemort.

-Este hecho, es de suma importancia, puesto que no importa cuanto luchemos con el señor Tenebroso, si ese objeto sigue existiendo, también lo hará el.

Varias personas se congelaron en su lugar. Entendían lo importante de la situación pero el terror recorrió el cuerpo de todo.

-¿Qué pasaría…- comenzó a preguntar dudosa la mujer que tenía a Neville en los brazos- … si el anillo no está en la casa de los Gaunt?

Todos se quedaron callados sopesando la pregunta de la señora Longbottom. La duda crecía en su rostro, pero Hermione sacó a todos de su ensimismo.

-Estará… estoy segura de que estará en la casa- habló mientras se ponía de pie y miraba un poco nerviosa a todos los ojos que se posaron sobre ella. Una sensación de estarle hablando al ejercito de Dumbledore la inundó pero sabía que eso era imposible. Tragó saliva y parpadeó un par de veces para continuar.- el anillo estará en Little Hangleton… si no está en la casa de los Gaunt, estará en la antigua mansión de los Riddle, pero lo dudo…

-Lo importante aquí… es encontrar el anillo. Si no está en la casa, lo buscan y se lo dan a Hermione. Si está tirado en el pasto, no me importa, se lo dan a Hermione. Si está en la mansión, se lo dan a Hermione. Si lo tiene un Mortífago, se lo quitan y se lo dan a Hermione- Hablaba con voz ronca y malhumorada Moody. Pasó su mirada por sobre todos en la habitación y de vez en cuando se detenía unos segundos extras sobre aquellas personas en que confiaba un poco mas.

-¿Y si lo tiene Voldemort?- preguntó Lily que tenía a Harry en brazos.

-Si lo tiene el señor Tenebroso, se lo quitas y se lo das a Hermione- espetó violentamente el mago, sobresaltando a la bruja. James le dirigió una mirada asesina a uno que fue su jefe, pero no dijo nada.

-Bueno, recuperamos el anillo y lo que sea, se lo damos a Hermione, ¿pero por que tanto drama? ¿por qué tanta gente?- cuestionó Marlene moviendo su corto cabello mirando a Moody con los brazos cruzados.

-Señora Prewett, espero que no piense que Voldemort llegará solo y desprotegido, ¿o si?- cuestionó cínicamente Moody acercándose a la mujer. A pesar de su pequeña figura, era bastante explosiva, eso lo sabía todo el mundo, pero al verse en esa posición, no pudo evitar no encogerse, hasta que Moody se alejó. Gideon abrazó a la joven y le susurró algo al oído.

-La señora Prewett nos hizo el favor de apuntar la obviedad de que Voldemort definitivamente no llegará solo- dijo sonriendo maliciosamente el auror mientras apuntaba a la rubia, que lo miraba con ojos asesinos y cargados de odio.- los puntos elegidos son para poder contener a los Mortifagos que lleguen.

-¿Cómo? ¿los estaremos rodeando?- preguntó Dorcas ladeando la cabeza, dejando ver su horrenda cicatriz.

-Así es señora Prewett- habló Dumbledore antes de que Moody contestara.- los puntos que elegimos, la mansión Riddle, el bosque, y seguramente la catedral, son puntos importantes que rodean la casa de los Gaunt. Cuando lleguen los seguidores de Lord Voldemort, podremos contener la batalla.

-Pero profesor, después de todo, como llegan se pueden ir… podrán desaparecer, igualmente Voldemort.

Muchos asintieron ante lo dicho y le dieron la razón al señor Longbottom. Dumbledore sonrió ligeramente mirando al piso mientras que Moody resopló molesto e irritado.

-Utilizaremos un hechizo que no permita que desaparezcan del lugar- explicó Dumbledore.

-Pero, eso también impedirá que nosotros podamos salir de ahí- dijo con terror en la voz Charis, la madre de Marlene.

-Efectivamente… el hechizo estará delimitado por una área especifica. Lo realizará el señor Potter- dijo apuntando a Charlus, que estaba recargado en el sillón que utilizaba su esposa. – el hechizo cubrirá parte del cementerio, el valle, la mansión de los Riddle, la catedral y la casa de los Gaunt. Fuera de este territorio, pueden desaparecer. El hechizo será colocado en cuanto lleguemos, y se activará cuando llegue el primer Mortífago, o Lord Voldemort.

Lentamente se comenzó a escuchar un murmullo de aprobación. Si alguien estaba en contra del plan, no dijo nada. Dorcas se veía un poco mas relajada al saber como terminarían con todo. Sus ojos negros se conectaron con los chocolates de Hermione y le agradecía profundamente con su mirada. Mione le regresó el gesto con una ligera sonrisa.

-Dorea… cuidará en la mansión a los niños… - habló Charlus nuevamente, mirando a la señora Weasley, que dejaría a Bill, Charlie, Percy, Fred, George y Ronald. Después miró a Hestia, que dejaría a Susan. Posó sus ojos en su hijo para indicar que dejaría a Harry finalmente miró a Sirius, que sostenía a Helena.- todos pueden dejar a sus hijos y estarán a salvo durante la batalla.

Varios asintieron y muchas mujeres suspiraban tranquilas al tener un lugar donde dejar a sus bebes.

-Nos dividiremos por equipos, para mantener un control. Unos irán a esconderse en la mansión, en las plantas altas, para obtener una visión mas periférica, al igual que los de la catedral. Otros estarán en los arboles o detrás de las lápidas. Recuerden que es imprescindible que nadie los vea. No sabemos que esperar- comentó Charlus poniéndose recto. Su voz había sonado autoritaria pero gentil a la vez.

-Claro, es verdad…- estuvo de acuerdo Robert, su mirada se clavó en los ojos de su esposa.

Hermione sintió la necesidad de hablar.

-No se confíen… Pueden llegar mucho mas cosas que Mortifagos.- dijo nuevamente nerviosa por recibir tantas miradas. Sus ojos se clavaron en el piso y no los despegó de ahí. Recordaba todas las criaturas que había utilizado durante la batalla final, aunque estaba casi completamente segura de que esta vez no será del todo así. De todos modos debía de prevenirlos- gigantes… dementores, acromántula… duendes o elfos incluso… no se confíen.

-No nos confiaremos Mione, pero ¿acromántula? ¿estas segura?- cuestionó Fabian mirando desconfiado de las palabras de Hermione.

-Tienes que creerme- habló la castaña con doble intención. No todos sabían de su pasado, pero definitivamente, los que si sabían de este, sintieron una corriente eléctrica recorrer su espalda. No podían imaginarse lo que debió de ser el lugar contra esas arañas gigantes.

Se quedaron en silencio unos segundos, pensando en lo que los esperaba mañana.

-Les pido… que nos encontremos mañana a las siete de la noche en esta misma habitación…- habló Dumbledore con repentina seriedad. No miraba a nadie, sus ojos clavados en el piso. Se podía sentir que el ambiente estaba denso- descansen… estén con sus seres queridos.

Muchos asintieron pero ya no había mucha emoción. Todos sabían que el final estaba cerca. El momento del que dependía el destino del mundo mágico sería al día siguiente. Ya no había mas que decir. Todo terminaría pronto. El problema era, ¿cómo?

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7 de Septiembre 1980

Madrugada.

Hermione giró en la cama, para después abrir sus ojos. La obscuridad la rodeaba. Pero aun así, podía ver que el no estaba. Sentándose con pesadez, envolvió su cuerpo desnudo y miró a todos lados. Definitivamente no estaba ahí. Seguramente estaba en el baño, se decía la castaña. Suspiró cansada.

Después de la sesión con la orden, poco a poco la habitación vacío, dispuestos a seguir la orden de Dumbledore de pasar el día con los seres querido. Hermione sabía que Lily y James habían pasado todo el día en el valle de Godric con Harry. Remus y Regulus habían estado hasta altas horas de la noche mientras estudiaban un poco mas, para lo que sucedería ese día por la noche. Marlene se había ido callada, de la mano de Gideon, y Dorcas se fue fuertemente abrazada a Fabian. Fran y Alice se retiraron con miradas tristes, pero una ligera sonrisa. Todos sabían que muchas cosas podían suceder.

La castaña había pasado todo el día con Helena. La trató de tener todo el día en sus brazos mientras que Sirius le tomaba fotografías y ambos reían. Sirius intentó inútilmente enseñarle a Lena a decir "papa", a pesar de las insistencias de Hermione de que era imposible. Al hombre simplemente no le importaba. Después de un buen rato y de mucha burla por parte de Hermione, desistió.

En cuanto Helena se quedó dormida, los esposos de dirigieron a su habitación, en la cual compartieron una noche pasional, cargada de sentimientos y pasión. Cada caricia les recordaba algún momento de su vida juntos. Sonreían y se miraban con amor, mientras se entregaban el uno al otro.

Después de varios minutos, Hermione se dio cuenta de que Sirius no estaba en la habitación, o ya hubiera salido del baño. Con cuidado se puso de pie, y cubrió su cuerpo con una bata delgada. Se cuestionó unos segundo la posible ubicación de su esposo y se dirigió a la puerta. Primero, asomó la cabeza por la biblioteca tratando de ver en la obscuridad por alguna figura, pero el salón estaba vacío. Definitivamente, Sirius no estaba con Regulus. Siguió caminando y se detuvo frente a la habitación de Helena. Su corazón se hundió en su pecho. Conocía muy bien a Sirius, sabía lo que estaba pasando por su cabeza en esos momentos.

Con cuidado, abrió la puerta, tratando de no hacer ningún ruido. Y ahí estaba. Se encontraba sentado en la blanca mecedora con Helena en brazos. La silla se movía suavemente hacia delante y hacia atrás. Sirius no levantó la mirada, pero sabía que era ella. Sabía que Hermione lo había estado buscando.

-Simplemente quería estar un poco mas con ella- dijo Sirius en un susurro, aun viendo a su hija en brazos. Hermione no dijo nada, ¿qué se suponía que debía de decir?. Mejor optó por tomar la silla que había utilizado una vez Dorcas y se acercó a su familia. Solo se escuchaban las suaves respiraciones de los tres Black. La castaña se sentó y simplemente observó la escena. La procesaba y la almacenaba en su memoria. Ambos de cabello negro. Sonrió tiernamente. Se parecerían mucho, digan lo que digan.

-Mione- dijo Sirius levantando la mirada por primera vez. La castaña podía ver el miedo y el dolor en sus ojos. Quería decirle que todo iba a salir bien, pero no lo sabía.

-Dime Sirius- el susurro de la castaña fue casi inaudible. Le preguntó por inercia, pero realmente no quería escuchar sus palabras. Sabían que no serían algo bueno. Prefería no escuchar nada.

-¿Y si nos quedara poco tiempo?- preguntó con pesar. Hermione se quedó callada mirándolo fijamente. No quería seguir escuchando, pero no tenía el corazón de detenerlo.- ¿si mañana acaban nuestros días?

-No será así Sirius- trató de asegurar la castaña, pero sabía que el cabeza dura de su marido no le haría mucho caso. El pelinegro negó con la cabeza lentamente, mirando una vez mas a Helena.

-No puedo pensar en otra cosa- dijo en un lamento. Mione lo miró con ternura y tristeza pero no dijo nada.- temo tantas cosas…

-Todos tememos de algo, mas en estos momentos… - trató de hablar con sabiduría pero sabía que su esposo encontraría alguna excusa.

-Hermione… pero temo… lo que temo, se que es verdad- dijo reacio a las palabras de la bruja- temo no haberte dicho lo suficiente que te adoro con la vida- su voz se cortó y apretó los labios con fuerza.

-Eso no es verdad Sirius, se que-

-Desde la boda de Marlene y Fabian, Mione- razonó el pelinegro- desde esa noche, no lo digo con frecuencia… se que no lo he dicho tan a menudo como debería, y me da miedo no podértelo decir. ¿Y si nos quedara poco tiempo y no te puedo decir todo lo que te amo? ¿o si ya no pudiera hacerte mas el amor? ¿y si no puedo jurarte que nadie te ama mas que yo?

-Sirius, estás delirando… se que me amas, como a nadie en este mundo, no hace falta que me lo digas- trató de asegurar la mujer, viendo con dolor, los sentimientos del pelinegro.

-No Mione, debo de decírtelo.

-Dímelo mañana… cuando todo haya terminado- rogó Hermione hincándose frente a la silla y colocando ambas manos en las mejillas de su esposo, haciéndolo que la vea.

-Pero Mione-

-Mañana me lo dirás… y nos reiremos de esta noche, y le contaremos a nuestros hijos de nuestra historia, ¿recuerdas?- rió ligeramente la castaña, sosteniendo aun el rostro de su marido- estos momentos serán parte de la historia algún día… nuestra historia, lo dijimos… acuérdate- sonrió con ternura la castaña.

-Hay Mione…- dijo Sirius sonriendo ligeramente.- a punto de ir a la guerra y tu hablas de historias.

-Creo que eres una mala influencia sobre mi- se burló la castaña en un susurro, haciendo que Sirius resoplara divertido.

-Yo creo que debes de quedarte aquí- dijo seriamente.

-Sabes que no puedo hacer eso, amor- habló lentamente mientras movía unos mechones de cabello y los colocaba detrás de la oreja de su esposo.

-Es mucho riesgo- dijo con la mínima sonrisa.

-¿Y que es la vida sin un poco de riesgo?- sonrió divertida la castaña, mirando directamente a los ojos del pelinegro.

-Suena a algo que yo diría.

-Bueno, pues tal vez lo dijiste una vez…- sonrió enternecida. Sirius sonrió un poco y miró a la bebe en sus brazos con mucho amor. Le sorprendía que la figura tan pequeñita, lo haga sentir tan grande e importante. Tan fuerte y a la vez vulnerable.

-Cuando todo esto termine, seremos una familia- dijo acariciando el cabello de Helena.

-La familia que siempre hemos sido, pero en un mundo de paz- completó la castaña poniéndose de pie y tomando a su hija en brazos. Sirius se puso de pie y se colocó detrás de ella.

Se quedaron un tiempo en silencio, observando con cariño a su hija. A la prueba de su amor. Finalmente, Hermione la dejó descansar en su cuna y tomó la mano de Sirius. Juntos caminaron rumbo a su habitación donde finalmente se cubrieron bajo las mantas y conciliaron el sueño una vez mas. Hermione estaba a punto de caer al inconsciente, cuando escuchó a Sirius decir unas palabras que le rompieron el corazón.

-Nadie sabe en realidad que es lo que tiene, hasta que enfrenta el miedo de perderlo para siempre.

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Chayanne – Y si nos quedara poco tiempo.