Disclaimer: La historia es original, pero los personajes que aquí se muestran son propiedad de Michael Dante DiMartino, Bryan Konietzko.
Como siempre, mi facebook es Wolf Susurro Nocturno , agregadme si quieren. Son bienvenidos.
Blog personal con fanfics exclusivos realizados por el mismo autor:
contraluznocturno. wordpress. Com
Más abajo os cuento el motivo por el cual no actualicé antes. Han sido casi dos meses pero os traigo un capítulo de 16.000 palabras para compensaros la espera. Toda la cita y con invitados especiales que no os creeríais. Espero que os guste y me ayudeís a llegar a las 1000 reviews.
ESPERO LLEGAR A LOS 1000 :) GRACIAS
Gracias a todos los que dan Follow y Favorites, pero en especial a los que se han molestado en dejar una review o postear un MP:
Rarie-Roo (Siempre apoyándome. En serio, eres de las personas más dadivosas que conozco. Gracias) Roselangley02 (Te traigo tyzula) Zoe0890 (Muy amable. Espero que este capítulo siente las bases como debe) Berry92 (Muchas gracias por todo. Sabes que te apreció mucho) Berenice GS (Que bien que pudieras actualizarte y que puedieras descansar un poco. Mucho animo y fuerza) Shartkan (Me alegra que te gustase y espero que esto te agrade) Leokami (Muchas gracias. Espero que estes bien en EEUU) PASTO (Pasto love con pasión) Phary (el principal motivo por el cual no hago a Asami muy fiel a la serie es que en la serie es más perfecta) Zhyo (¿Confirmamos Willy?, confirmamos que Korra es tonta) .DESARI LAVINIA (Juego con tus sentimientos para luego darte algo mejor) Cryp (Mejor dejar con hambre a las comensales) Lay05 (me alegro que te vayas a poner al corriente y te hayas animado a volver por aquí. Gracias) HanelblumaTuna (Te adoro mi hanelita hanelosa. Ere adorable. Muchas gracias por el apoyo) AvatarYumiko (Con lo que he tardado esta vez, seguro que tampoco te das cuenta) aile0123 (un poco de calor para lo que se avecina) Gekko (Gracias por tu amor ranita panda macho alfa) soulwolf dark (Incluso Korra sabe cuando ha metido la pata e intenta solventarlo) Love is a wild animal Danirock (No tienes que disculparte por nada. Estas viviendo una etapa convulsa y créeme que agradezco las reviews. Las reviews y saber que estas bien) Jaydisita (Gracias por el apoyo, en serio que significa mucho) LupitaAzucena (Me alegro de que sigas y espero que creas que valió la pena. Ahora viene Korrasami y la vida de ellas juntas) Alexandraarcher (Sabía que ibas a amar el opalvira y que te ibas a retorcer con el Korrasami.) Desari (Korra lo ha pasado mal. Desconfía de la buena suerte porque no esta acostumbrada) deadend07 (este capítulo es tranquilo, créeme) Jaydisita,0189 (Lo que Korra debió es no haber comparado a Asami con queso de dierta xD) Obini (Deje el cuaderno para la sorpresa) Ninna fox (Muchas gracias) Shirei-kan (Muchisímas gracias y me alegro que alguien se animará a empezar a leerme desde el comienzo. Muchas gracias y espero ganarme más reviews tuyas) Karen (Ya veras que nadie saldrá herido) guest (En los próximos pasados sabreís más de la vida de Korra) Gekko (tu siempre quieres más yuri)
Capítulo 52
Estaba nerviosa y de poco importaba cuanto intentase negar tal hecho. Era cierto que simplemente iba a salir con Korra pero era una cita y, por tanto, algo oficial en su relación. Hacia tanto tiempo que no había tenido una cita que ni recordaba aquellos nervios de ultima hora que se pasaban, algo que la hacia sentir como una quinceañera. De hecho, desde los quince años que no recordaba que alguien la invitase formalmente a una cita sin tener que recurrir al clásico alarde de pompa y boato propios de las personas con las que se codeaba su padre. Ya sea hombre mayores con deseos propios de jóvenes o jóvenes con pensamientos propios de un viejo verde, más de una persona relacionada de algún modo con el circulo de su padre había intentado lisonjear a la heredera con alguna frase bonita y promesas de afecto que se emitían tan rápido y con tanta impersonalidad, que ya eran mentira incluso antes de salir de sus labios. Resultaba desagradable fijarse como aquellos mismos que le habían pedido una cita lo habían hecho mientras admiraban sus caderas como si analizasen su correcta fisionomía para dar a luz herederos, o directamente la chequeaban con esa mirada clásica en los hombres jóvenes que habían nacido con una herencia debajo del brazo; una mirada cargada de soberbia.
En esas pocas ocasiones donde su presencia era requerida en un acto oficial y en donde no había forma alguna de eludir la invitación ni a los invitados, ella se limitaba a alegar que no estaba interesada o a excusarse en los compromisos que tenía con la empresa familiar; mentiras que decía mordiéndose el interior de la mejilla para intentar disimular.
En más de una ocasión, ante algún hombre demasiado insistente, le hubiera gustado poder subirse a una mesa ante la atenta mirada de los asistentes, tomar un micrófono y gritar con fuerza que era lesbiana y que antes se acostaría con alguna de las camareras que llevaban las bandejas que con sus hijos. Estaba segura de que después de aquello, la mandíbula de más de uno se precipitaría hasta el suelo y puede que incluso provocase algún desmallo que terminase en una aparatosa caída, pero solamente era una sueño porque su padre jamás permitiría que su hija pusiese en entredicho el nombre familiar. Los Sato, el apellido Sato, el legado Sato; palabras que repetía como un mantra su padre pero que a ella le sonaban huecas, sin vida y con el único sentimiento destilado de la ambición. A veces se preguntaba si era la única persona en el mundo que se sentía completamente desconectada de su apellido o aquel sentimiento familiar que muchos tomaban durante toda su vida pero que a ella le resultaba algo extraño.
No, no llegaba a entender el pasado, ni sabía que deparará el futuro, así que lo mejor era disfrutar del presente, sobre todo cuando este presente hacia honor a su nombre te traía un regalo. Aquel obsequio era aquella cita, algo diferente y que cambiaba el compás de su día por completo.
Durante la jornada, en algunos momentos del día y aunque intentase por todos los medios centrarse exclusivamente en el trabajo, su mente se escapaba para pensar en la cita que tendría al salir del trabajo. Ella intentaba ser una persona profesional en su trabajo, dando buen ejemplo a sus empleados y demostrando a más de uno que ser la heredera no la convertía automáticamente en una niña de papa, pero no podía evitar pensar en lo que vendría más tarde.
Generalmente, Asami tendría que estar en su despacho hasta el fin de la jornada, procurando que lo poco que debía hacer en su departamento se hiciera correctamente y maldiciendo el enésimo informe sobre el ahorro económico si se delimitaba el excesivo uso de grapadoras. No obstante, había predispuesto todo para poder irse antes de tiempo y así aprovechar el día para estar lista antes de su cita. Quería arreglarse un poco, cambiarse y no hacer esperar a Korra más tiempo del necesario. Aunque era cierto que se veían todos los días y que esa misma mañana habían desayunado juntas, la joven Sato quería hacer algo especial ese día y la sensación de volver a ser una adolescente nerviosa y emocionada le estaba encantando porque le recordaba a un momento en su vida donde todo semejaba ser más sencillo.
"Bueno, será mejor que nos vayamos", pensó la heredera mientras abría su maletín y comenzaba a guardar ciertos documentos. Antes de que pudiera llamar a Kuvira, escuchó como petaban a la puerta de su despacho.
-Adelante – dijo, casi temiendo que fuera a tratarse de algún imprevisto que la hiciera luchar contra el reloj. Por fortuna para ella, era su escolta quien abrió la puerta.
-Señorita – Kuvira siempre mostraba un aire educado y profesional – Ya es la hora. Le recuerdo que me pidió que le avisase.
-Sí, sí. Gracias – suspiró aliviada de que no se diese ninguna sorpresa de ultima hora que diese al traste con su tarde.
Había programado su salida excusándose en base a una visita personal que no podía ignorar, sabiendo que nadie le diría nada y que su padre tendía a ignorar casi todo lo que rodeaba el puesto de trabajo de su hija. Hiroshi Sato había decidido dejar que su hija madurase y afrontase ella sola sus propios retos en lo profesional, a la vez que se desentendía de la vida de esta en lo personal. Dicho de forma educada, mientras el presidente de Future Industries tuviese un buen balance semanal, no iba a importarle que hacia su hija.
Kuvira había estado preparando a hollín para la cita, con un baño de cera y un ambientador nuevo. La escolta sabía perfectamente de que se trataba la cita y, aunque tuviera sus tiranteces con Korra, debía admitir que aquel gesto fue muy noble por su parte. Una cita en una bolera sonaba tan adorable como bullicioso y es por ese motivo por el cual la guardaespaldas esperaría alrededor de las dos mujeres. Un miembro del personal de seguridad sabía cuando debía proteger y cuando dar margen para una correcta vida personal, pero eso no era motivo para no velar por la seguridad de la señorita Sato de una forma correcta.
En condiciones normales, la escolta simplemente hubiera aceptado cualquiera mandado diciendo un "¡Sí, señor!", pero la joven heredera era lo suficientemente madura y respetuosa para preguntarle de que forma llevar esta cita. Ella sabía que era un gesto de confianza que demostraba lo mucho que apreciaba a Kuvira, algo que se hacia más patente al saber de experiencias pasadas. Antes de la llegada de la mujer del lunar, la empresaria debía lidiar con guardaespaldas excesivamente quisquillosos con las pautas marcadas por los manuales, que siempre se situaban a una determinada distancia y marcaban los horarios y las rutas a tomas, como si Asami fuera todavía una niña al cuidado de unos cuidadores malhumorados que portaban armas semiautomáticas, miraban a todos con el ceño fruncido y reportaban a la oficina de Lin Beifong hasta las veces en las cuales la heredera iba al servicio. Ahora, con una mujer custodiándola, la heredera podía ser más natural y disfrutar de un ambiente más agradable sin dejar de sentirse protegida. No era para menos, porque aunque estuvieran dando un sencillo paseo, la mujer de ojos cetrinos nunca perdía de vista a la gente que las rodeaba ni a su protegida, convirtiéndose en un perro guardián que oteaba el horizonte mientras le acariciaban las orejas.
La mujer del lunar tuvo que evitar torcer el gesto cuando su jefa le dijo que tendría una cita formal con Korra, donde la rockera la llevaría a la bolera y a tomar algo, pero era mejor aquella joven maltrecha que ciertos individuos que Kuvira había tenido que proteger en el pasado. La guardaespaldas se mantendría a cierta distancia, consciente de que aquella situación ya estaba dentro de la zona más personal de la vida de su jefa y que en la que nadie podía inmiscuirse. Ella se limitaría a proteger a su superior y a evadir con retorica mordaz algún comentario de la bajista cabeza hueca.
El ascensor que usaron para descender al garaje tenía un suelo negro brillante que contrastaba con los lustrosos espejos que rodeaba la puerta de acceso, la cual daba justo enfrente a la tercera pared del elevador de color blanco con el símbolo de Future Industries en grande. Aquella maquinaria era cómo el recuerdo imperturbable del poderío económico del grupo Future Industries y siempre le levantaba cierta vergüenza a Asami al ver en grande la insignia de su empresa, siendo demasiado ostentosa para su agrado.
El aparcamiento personal tenía una zona limpieza propia y conectaba con un taller de alta gama que se encontraba en la propia Torre. Pese a tener colindando el taller, la pulcritud del lugar era más que reseñable. Allí, aparcado en su plaza, brillante debido a la capa doble de cera que le habían dado, esperaba hollín. Hollín, el fiel automóvil que transportaba a la heredera por toda la ciudad y que era el velado orgullo de u habitual conductora, Kuvira, mostraba sus mejores galas y tal cuidado que semejaba haber salido del concesionario esa misma tarde.
-¡Que reluciente! - exclamó la heredera. Era cierto que su escolta personal siempre procuraba tener el vehículo impecable pero esa doble capa de cera hacia que el auto brillase como un lago en una noche de luna llena.
-Él también tenía que arreglarse para la ocasión – matizó sonriente para provocar una leve risa en la heredera.
-Pues vamos ya a casa – enunció a la espera de poder salir de allí cuanto antes y empezar a prepararse.
Sería una mentira pensar que Asami no había estado pensado durante varios días que debía ponerse para ir lo suficientemente arreglada como para demostrar que se había tomado en serio la invitación, pero a su vez lo suficientemente informal como para ver que no buscaba algo más allá de una agradable velada. Ya había habido demasiados nuevas piezas que desencajaban el puzzle de su relación con Korra y la obligaban a volver a armar todo, provocando una silueta que no lograba reconocer y complicando su relación. Sin embargo, ella seguía siendo una mujer emocionada por una cita inesperada y por todo ese ejercicio de preparación que había visto desde pequeña en tantas películas y apenas había podido poner en práctica. En la edad en la que debía preocuparse de citas y chicas se preocupaba en sus clases en el internado y una chica, demostrando que a veces las cosas distan mucho de ser como se ven en el celuloide.
El trayecto hasta su apartamento fue bastante tranquilo, dentro de la tranquilidad que impera en una urbe bulliciosa donde la densidad del tráfico se intensifica a ciertas horas. Por fortuna, Bach y sus sonatas para flauta hacían más liviano el embotellamiento y la visión de un cielo encapotado que amenazaba con lluvia se estrellaba contra las siluetas de los edificios bajos de la zona norte de la ciudad. Asami había vivido en aquella ciudad toda su vida y conocía muy bien los diferentes tonos de gris que tintaban las nubes; hasta bien entrada la noche no comenzaría a llover así que su cita estaría a salvo.
Korra se encontraba en su habitación, haciendo la ultima ronda de ejercicios que el doctor le había ordenado, agradeciendo que las piernas no le dolían al punto de querer llorar. Cada día que pasaba sentía que la fortaleza iba llegando a su tronco inferior al tiempo que sonreía aceptando el hecho de que al menos sus brazos se había vuelto a tonificar como antes ; debido al de las muletas y a los ejercicios que hacia para mejorar su resistencia. Hoy iba a intentar no tener que depender de las muletas durante su cita pero sabía perfectamente que Asami iba a insistir en llevarlas por si acaso sus piernas terminaban por flaquear, lo que era previsible. No obstante, estaba completamente decidida a mostrarle su mejoría y a que la gente en la bolera la viese en buena forma, dentro de lo posible. Del mismo modo, ejercitarse le ayudaba a calmar la inquietud por esa cita que ella misma había propuesto pero de la que ya se estaba arrepintiendo. Sabía que Fresón era una chica criada en un ambiente muy diferente al suyo y tenía dudas de que le gustase un lugar con un ambiente tan ecléctico como "Lúcido Oyaji" cumpliese con las exigencias de alguien de su presencia.
-Un museo hubiera ido mejor – murmuró en voz alta mientras maldecía el hecho de que a horas de su cita se le había ocurrido una idea mejor.
Muchas personas hubieran cambiado de rumbo en ese momento, llamando a la susodicha y diciéndole que habría un cambio de planes, pero Korra no era de ese tipo de personas. Ahora se maldecía por su poca inventiva pero no iba a dar marcha atrás en su decisión; a ella le gustaba la bolera y "Lúdico Oyaji" era un lugar muy importante para ella. De hecho, el lugar era conocido en todo el barrio de Shangyu y sus dueños, Oyaji y Ani, siempre habían sido muy amables con todas las chicas.
La rockera se fue a la ducha, para calmar sus ánimos y relajar los músculos de sus piernas después de la sesión de ejercicios. Le sorprendía notar como comenzaba a sudar después de realizar ejercicios tan sencillos, lo que evidenciaba que ya no tenía el portentoso tono muscular del que solía presumir. Al menos sus brazos todavía lucían definidos, no como su tono de piel que se mostraba más apagado y menos canela morena. Ahora Korra debía de preparar la ropa para llevar a la ducha y salir ya preparada, algo que para ella era de lo más sencillo porque no tenía un gran fondo de armario y solía vestir de la primera forma que le venía a la mente.
"Nunca entenderé porque Katara tardaba tanto en prepararse", pensaba al recordar como su amiga se perfilaba los labios cuando salían a bailar con todo el grupo, "ni que Zu-zu fuera a decirle que iba fea o algo".
-Mierda – se quejó la rockera al recordar algo – No tengo toallas limpias.
Al llegar al ático, la joven heredera agradeció el ver la amable sonrisa de Pema, quien le daba gratamente la bienvenida al hogar.
-Buenas tardes, señorita.
-Buenas tardes, Pema – le devolvió la sonrisa mientras se quitaba el abrigo y se lo entregaba a la asistenta – ¿Donde está Korra?.
-La señorita Korra se esta duchando – contestó – Ha vuelto a olvidarse de las tollas sucias y no deseo entrar a hurtadillas en su cuarto para reponerlas.
Asami sonrió ante el hecho de lo descuidada que podía llegar a ser su invitada. Pese a saber que Pema respetaba su privacidad y no abría los cajones de su cuarto, la bajista nunca se acordaba de avisar cuando se le agotaban las toallas del cajón.
-Yo iré a prepararme – iba bien de tiempo pero también quería asearse – Por favor, si sale de su cuarto dígale que estoy preparándome.
-Con gusto se lo diré – intentó disimular lo mejor que pudo la sonrisa que le producía saber que a señorita Asami iba a tener una cita. En todos los años que había estado a su servicio nunca había sabido de algún tema romántico que girase en torno a la señorita y lo que estaba por acontecer era una alegre novedad.
La joven heredera pudo atisbar como se alzaban la comisura de los labios de su asistenta, la cual intentaba aparentar que no ocurría nada. Avergonzada subió lo más rápido que pudo las escaleras que la llevaban a la planta superior, intentando no darse la vuelta porque estaba seguro de que observaría a alguna de sus empleadas mirándola de forma burlona.
La heredera llegó a la planta superior en un tiempo record, procurando ignorar el leve rubor avergonzado que sus ruborizadas mejillas. Ella sabía que Pema no había hecho esa mueca a modo de burla pero eso no dejaba de lado que Asami disfrutase muy poco de ser el centro de atención y el motivo de rumores o suposiciones.
Cerrando la puerta tras de si, comenzó a pensar que sería mejor para ponerse hoy. Quería ir adecuada para algo informal, tampoco dar la apariencia de que no se había arreglado para la ocasión y, sobre todo, mucho menos dejar entrever algún interés con que la noche terminase de cierta forma. Para ella, ahora comenzaba la ardua tarea de escoger el conjunto perfecto.
Korra había terminado de ducharse y de secarse. Desde hacia meses siempre se vestía lo más rápido que podía, intentando alejar la vista de la cicatriz de aquella puñalada. Apartaba la mirada todo lo posible de su costado y agradecía que los espejos del baño se empañasen después de cada ducha para evitar fijase en demasía en la cicatriz que descansaba entre sus costillas. No le daba miedo, pero le hacia recordar momentos verdaderamente terribles y regresar a aquella acera húmeda donde el único calor era el de su sangre vertiéndose en el asfalto. Luego de vestirse, contenta porque todavía le quedaba mucho tiempo, se fijó en la hora que era; Ella no solía tardar en arreglarse, pero siempre terminaba malgastando el tiempo viendo vídeos o jugando a algo. Era como si una fuerza de la naturaleza quisiera compensar el tiempo que otras personas tardaban maquillándose. Muchos se sorprendían al saber que ella sabía maquillarse, pero era un maquillaje especial para una ocasión muy especial.
De repente, la bajista notó como sus piernas, más relajadas gracias al calor de la ducha, tenían leves espasmos y contracciones. Según el doctor, esto era normal y una muestra de que el tono muscular volvía, pero no quitaba que le seguía doliendo.
-Maldita sea – murmuró agarrándose al lavabo – Mierda de hormigueo.
No queriendo prestar más atención a esas molestias, terminó de vestirse y decidió salir al pasillo donde, para su sorpresa, pudo escuchar la voz de Kuvira. Le sorprendía el hecho de que la escolta ya estuviera en el apartamento y fue a saludarla. No era que se llevase mal con lunar pero prefería eludir esa mirada severa y esa lengua afilada a la que le hacia difícil derrotar; además de que el hecho de que portase un arma resultaba intimidante.
-Hola – saludó Korra al dúo de mujeres que charlaba amenamente en la barra de la cocina.
-Hola señorita. Lo lamento, hola Korra – Pema guardaba cuidado de la petición de la invitada de ser tratada de un modo informal.
-Buenas tardes – era en estos momentos cuando se notaba cuando Kuvira no estaba cerca de Asami: con la chaqueta de su traje abierta y los hombros alicaídos y tomando un café relajadamente con una compañera. Seguía siendo ella, pero era como si necesitase eludir durante unos minutos a su faceta más formal.
-Hola lunar – sonrió extiendo loas brazos para que ambas se fijasen en que estaba caminando sin muletas.
-Veo que te atreves a no usar las muletas – sonrió la escolta – ¿Cómo te sientes?
-Me molesta un poco pero poco a poco.
-Felicidades, Korra.
-Gracias – su sonrisa de amplió más, henchida de orgullo por aquella victoria personal – HA costado pero ya creo que puedo intentar caminar sin muletas.
-Pese a todo las llevaremos – Kuvira no preguntó, simplemente lo enunció como una madre que había ordenado algo de forma tajante y sin posibilidad de réplica.
-Vale, vale, kuv kuv – intentó jugar un poco, victima de la falsa sensación de orgullo que ahora la poseía.
Esta vez, la guardaespaldas la dejaría ganar para honrar el logro que había obtenido al poder andar sin muletas. Además de ello, la rockera nunca se había quejado de sus comentarios mordaces por muy infantil que fuera su actitud.
-Por cierto, me dijo Fresón que nos llevarás a la bolera – dijo mientras se alejaba para sentarse en el sofá chester negro que engalanaba la zona. Lo ultimo que precisaba era de un taburete metálico.
-Ya esta todo preparado para garantizar la seguridad de la señorita – afirmó.
-¿Tan complicado es una simple cita para ti? - la mujer de tez morena y cabello corto desconocía los entresijos del mundo de la seguridad como para entender aquella situación.
La problemática de tener una cita de una zona tan amplia era que en cualquier momento podía aparecer un imbécil que torciese las cosas pero era algo que no se podía prever. Para asegurarse de que nada malo sucediera, la escolta tuvo a bien pedir ayuda a su jefa, Lin Beifong, quien aposentaría a dos hombres de confianza en la entrada de la bolera, atentos al aviso de alarma de Kuvira. La escolta tenía un dispositivo de aviso rápido que pulsaría en el momento de tener algún problema y necesitase que esos hombres entrasen. Un guardaespaldas debía ser sutil y darle a su protegida una sensación de seguridad y confianza para que se relajase, algo que no lograría si Asami Sato se veía obligada a tener que lidiar con dos hombres con caras de pocos amigos.
Así pues, dos hombres de confianza de Lin esperarían en el aparcamiento con la orden de vigilar y esperar el sonido de advertencia, dejando así a la joven Sato disfrutar de su cita con calma, o con toda la calma que implicaba tener a varios metros a su guardaespaldas asegurando el lugar.
-Tranquila – no tenía porque saber la logística de la situación o se sentiría culpable – Esta todo solucionado.
-Vale, Kuv – contestó encogiéndose de hombros – , pero es una bolera en un barrio tranquilo.
-Por eso estoy más tranquila – agradecía no tener que soportar las noches de discoteca que tuvo que padecer en su momento. Era una suerte que Asami Sato fuera una persona tan relajada en su vida nocturna – Por cierto, ¿nos vas a arreglarte?.
La vista de un simple pantalón vaquero, una camiseta azul algo entallada y una sudadera con capucha no era lo que ella pensaba para una cita con la señorita Sato.
-Ya lo estoy – ante aquella afirmación obtuvo una mirada de duda y una ceja arqueada.
Algunos charlaban mientras esperaban y, mientras tanto, La joven heredera de Industrias Futuro terminaba de arreglar su maquillaje. Solamente había retocado un poco su pintalabios, deslucido después de una jornada laboral, varios tés y algún café, y peinado su cabello; siendo algo tan simple lo que le ya la hacia sentir bien consigo misma. Otras mujeres que conocía usaban una base de maquillaje, colores, un leve toque de rubor y mas detalles para resaltar, pero ella prefería usar algo más sencillo y recatado; un poco de lápiz labias y perfilador. El pintalabios era porque le agradaba como se veía su rostro con los labios pintados y el perfilador era para que su mirada destacase más. No era que sus ojos color esmeralda no fueran llamativos pero sabía que su padre terminaría por decirle que se arreglase un poco y para su progenitor eso equivalía a algo de maquillaje.
Sí, Hiroshi Sato era de esos hombres que pensaban que las mujeres debían tener cierto detalle de maquillaje esparcido de forma sutil y el cabello cuidado. Del mismo modo, los hombres debían arreglarse todos los días y de querer dejarse barba o bigote es mejor que esperen a sus vacaciones. El propio dueño se afeitaba todos los días y se recordaba su bello facial con extremo cuidado de que ningún pelo estuviese más largo que otro. Aquellas no eran las ultimas manías impuestas en la empresa por el director general porque pobre del loco que se aflojase la corbata o se arremangase la camisa: un empleado debe de lucir en sus oficinas tan pulcro como la imagen de vanguardia que buscaba la empresa y eso exigía una perfecta normativa en la vestimenta.
Ahora, faltaba lo más complicado para alguien que no recordaba lo que era una cita: elegir un vestuario acorde. Había pensado un vestido, pero lo cierto era que le daba miedo era que no le convencía porque en las películas había visto torneos de bowling y semejaba que había que agacharse demasiado para lo que resultaba adecuado con un vestido.
-Mejor algo más informal – decidió, sabiendo que su acompañante no tenía un armario muy amplio.
Hoy quería lucir diferente, normal y romper con como solía vestir, así que lo tenía decidido: hora de sacar a relucir la chaqueta de cuero que Zhu Li le había regalado. Hacia más de un año, con motivo de Halloween y para animar a su amiga, Zhu Li le regaló a Asami uno de esos caprichos que podía permitirse pero que nunca adquiría por pura indecisión: una chaqueta de cuero. Con la excusa de un disfraz de Halloween, su mejor amiga le regaló una chaqueta de cuero levemente entallada con solapas amplias. Siempre le habían parecido algo genial pero se decía que una señorita no debía tener una, hasta que pudo ver que ciertos detalles de esa índole eran hermosos, elegantes y huían del clásico arquetipo de motorista. Esa chaqueta solamente se la ponía cuando salía con Ty Lee y su prima, pero esta vez era una ocasión especial y le encantaba como quedaba conjuntado con el resto de su atuendo: una camiseta de seda blanca con un leve escote y un pantalón rojo ajustado.
Ya estaba lista y con tiempo de sobra. No queriendo apresurarse, se dedicó a colocar toda la ropa de nuevo en el armario de caoba y a mirarse en el espejo de cuerpo completo que estaba al lado, ajustando su chaqueta y recolocando algún mechón, intentando fingir miradas para dejar ver la mejor. Buscaba una mirada amistosa pero lo suficientemente interesante para dejar ver que le agradaba haber recibido la invitación, aunque sin demostrar un interés romántico que pudiera confundirse. A medida que pensaba en más añadidos para su mirada, su rostro se iba contrayendo hasta formar algo que solamente podía describirse como una sonrisa forzada que daba alguien iba a comer algo tremendamente asqueroso.
-Parece que en vez de sonreír voy a vomitar – refunfuñó con un resoplido para luego decidir que ya era hora de salir de allí antes de que tantas muecas le provocasen alguna lesión facial.
Korra estaba recostada en el sofá, con el cuerpo completamente estirado y la cabeza colgando por completo, sintiendo como la sangre le subía y el cuello se estiraba, abriendo la boca para bostezar en silencio hasta que escuchó el sonido de pisadas bajando por las escaleras. Se incorporó solamente para admirar a su acompañante descender los escalones con esa gracilidad natural que la caracterizaba; Asami no caminaba, semejaba que flotaba . Incluso en aquel momento, vestida de una forma más informal, semejaba que sus pies no llegaban a tocar el suelo.
-Fresón – saludó con una sonrisa mientras se incorporaba – Estas muy guapa.
-Gracias.
-No es que generalmente no estés guapa, tu sabes que eres guapa -matizó – pero verte de una forma tan común es agradable.
Aquellos ojos celestes viajaron para cerciorarse de que la escolta no le estaba bombardeando con una mirada reprobatoria y pudo darse cuenta de la sonrisa cómplice que Pema esbozaba. Luego, volvieron a fijarse en la heredera para darse cuenta de que cierta clase de belleza era tan delicada, sutil y especial que destacaba sin joyas o abalorios que la adornasen.
Dándose cuenta de que estaba siendo observada por las otras tres mujeres, la heredera intentó hacer caso omiso a las miradas para centrarse en lo que iba a hacer esta noche.
-Bueno – lo mejor era preguntar a Korra – ?Estás lista?
-Sí – sonrió ampliamente – ,pero antes quiero enseñarte algo.
Sus manos se aferraron al cuero del sofá para asegurarse de que no acabaría de bruces en el suelo, al tiempo que se erguía y sus piernas respondían ante el esfuerzo de aguantar todo su peso. Era la primera vez que Asami la veía de pie de esa forma y, para terminar de sorprenderla, decidió caminar hacia ella.
-Ko...Korra – masculló la joven Sato mientras cubría su boca abierta y su rostro perplejo con sus manos – Te puedes hacer daño.
-No, el doctor me ha animado y creo que ahora debo empezar a caminar un poco sin muletas – se notaba orgullosa de sus logros - ¿Qué tal?.
-No tengo palabras – en realidad se habían atorado todas en su garganta.
-Felicidades – dijo Kuvira, quien ya se había ajustado el traje y la corbata, volviendo a su faceta más seria.
-Lo celebro mucho, Korra – Pema no se pudo contener y dio tres rápidas y sucesivas palmadas de emoción – Felicidades.
-Gracias – y colocándose al lado de su benefactora, le ofreció su brazo como si de un galante caballero se refiriese - ¿Nos vamos?.
Complacida por el gesto y el tono burlón de la bajista, Asami enganchó su brazo al de su acompañante y se dirigió a la salida.
La bolera se situaba en el barrio de Shangyu, un barrio familiar. La bolera, 'Lúdico Oyaji', una zona que además de bolera poseía salón recreativo con un sinfín de videojuegos y maquinas de premios, una cafetería y una zona especial de helados, y una zona superior no usada que era donde tocaban su grupo. Habían elegido un día jueves, fecha en la que se celebrara la víspera del aniversario de la bolera y donde ya se podían ver la bolera decorada para la ocasión, además de poder disfrutar de todo sin las presiones clásicas del fin de semana.
Asami, Korra y Kuvira aparcaron el automóvil muy cerca de la entrada y la escolta pudo respirar tranquila cuando observó uno de los vehículos de seguridad clásicos de la familia Sato, aparcado en la cercanías. Además y para mayor fortuna, Asami estaba hablando con Korra, la cual estaba sorprendida por las botas que lucía la heredera, y no se fijo en el vehículo.
-Ya veras, es un lugar precioso – afirmó Korra sonriendo ante la fachada que hacia tanto que no veía.
Ahora le temblaban las piernas, pero era más por emoción que por agotamiento muscular. Si le fallaban por el dolor, no había problema, Kuvira llevaba las muletas bajo el brazo.
-Ciertamente, la entrada es llamativa – afirmó la heredera al ver el logo del lugar: un bolo gigante con ruedas.
-Te va a encantar – sonrió la rockera.
La bolera era bastante bonita y con cierto aire retro, asientos de vinilo rojo, detalles cromados por todo el lugar, una barra gris perla pulida hasta el hartazgo, neón en las paredes, y una gramola con un sonido rockabilly que te enviaba a una época más sencilla, llena de pin up's, tupes imposibles y flequillos engominados. No era para menos, en aquellos años a los que hacia referencia el lugar, Oyaji y su mujer se habían conocido y todo el lugar era como una egloga a sus sueños de infancia, a su amor y las promesas que habían cumplido con aquel sueño llevado a cabo y materializado ante los ojos de miles de visitantes al año. A Korra le gustaba esa vestimenta divertida, ese look de colores pastel, chaquetas de cuero y mecánica simple, le parecía una era con encanto que no debía olvidarse y lo cierto era que muchos de sus clientes habituales eran fanáticos de aquel estilo de vida gamberro y rockero, sobretodo rockero.
Para la ocasión del aniversario, y como todos los aniversarios desde que Korra había conocido a los dueños, todo se decoraba con un bolo de color rosa y blanco, cuya cabeza terminaba en una vela; aludiendo a un pastel de cumpleaños.
-¡Korra!, ¿eres tú? - bramó a voces un hombre enorme que se aproximaba riendo con los brazos abiertos.
-Señor Oyaji – la mujer extendió los brazos para recibir lo que podía describirse como un abrazo de oso quebrador.
Asami estuvo tentada a pedirle al hombre que se moderase por el bien de su acompañante, pero prefirió callar al escuchar las risas alegres de la bajista.
-Señor Oya, quiero presentarle a dos amigas – dijo mientras miraba a sus acompañantes – Una amiga y una Kuv-kuv.
El comentario hizo que la escolta tuviera que disimular una mueca de desagrado de una forma no muy convincente.
-Ellas son Asami y Kuvira – procuró eludir el apellido Sato – Chicas, este es el dueño del lugar, el señor Oyaji.
La heredera extendió la mano pero enseguida fue asaltada por un abrazo mucho más delicado que el que padeció Korra.
Oyaji, el dueño del lugar, era un hombre de mediana edad, con espesa barba de un tono marrón apagado, mirada amable y con un extraño tupe que semejaba estar tan enamorado de los años cincuenta que no sólo lo reflejaba en su establecimiento, sino también en su forma de vestir y en su peinado.
-Un placer – dijo el hombre – Suki me ha hablado mucho de su bondad.
-¿Conoce a Suki? - preguntó la heredera.
-Es mi ahijada – afirmó alegremente – Conocí a su padre hace muchos años y cuando vino a vivir a Londres me pidió que cuidará de ella. La quiero como una hija, como a sus amigas.
Cada palabra que destilaba al hablar de Suki era una porción de cariño y amor en un frasco de porcelana; maravilloso y delicado a partes iguales.
-Ella es una gran chica – no había hablado en profunidad con Suki pero sentía que no podía desanimar al hombre que estaba ante ella.
-Lo es, lo es – sonrió – Como sus amigas.
-Somos geniales – bromeó Korra.
-Por cierto, Ani tiene que saber que estas aquí – Oyaji miró a Asami – Ani es mi esposa.
El hombre sonreía con la mayor de la dulzuras al hablar de su mujer y seguía aferrando cariñosamente el hombro de su empleada.
-¿Donde está? - preguntó Korra – Me deben un helado especial.
-Tú y tu apetito – reía el hombre – Se ha ido a hacer unas cosas pero volverá en una o dos horas.
-Mientras tanto le enseñaré el local a Asami.
-Espera, espera – y abriendo una ajada riñonera de cuero sacó un par de fichas – Toma, para que juguéis un rato.
Lo normal para Asami hubiera sido devolver el presente con educación, agradeciendo el gesto pero rechazando aquellas fichas; pero Korra no era ella. La bajista sonrió ante al tener el monto de fichas en las manos, como aquel ser que admiraba con fascinación el anillo dorado por un señor oscuro. Solamente debíamos ver su rostro para saber que no iba a rechazar aquella media docena de fichas que aseguraban un buen rato de diversión.
-Muchas gracias – sus ojos destellaban como los de una niña el día de navidad.
-No tienes que darle, me alegra saber que estas bien. Debo irme – dijo mirando el reloj como excusa.
-Nos vemos en un rato – y luego de despedirse, se volteó para mostrarle a su cita el botín – Fichas de empleados.
-¿No necesitamos monedas? - la heredera pensaba que necesitarían una buena cantidad de monedas para pasar la tarde.
-Sí, pero estas son fichas que se dan a los empleados para que jueguen alguna partida gratis – y puso una ante la empresaria – Solamente se las había visto a Katara y a Suki.
Kuvira estaba callada, pensando dos cosas: la escena de ser saludadas por un trasunto de Elvis había sido extraña y este era un lugar amplio y bien comunicado. Lo cierto era que el lugar tenía bastante gente y un ambiente familiar que se veía reflejado en las familias o los estudiantes que pasaban por allí.
-Lo cierto es que el lugar es precioso – Asami sentía que estaba siendo transportada a la década donde en la radio los últimos éxitos serían Chuck Berry o Elvis Presley.
-Lo cierto es que es un sitio con mucha personalidad – añadió la escolta, pensando que el lugar le gustaría a Opal.
-Me alegro que te gustase – se sonrojó al escuchar que aquel comentario – Pensé que no sería una lugar digno de ti.
-Pues me encanta – sonrió la heredera, mostrando aquella sonrisa capaz de iluminar una habitación a oscuras.
Era una cita, para bien o para mal, era una cita. Korra, al ver esa sonrisa en una de sus citas hubiera dicho algo al respecto, un halago dulce o una broma adorable cuya patente era exclusivamente suya. Sin embargo, era Asami y aquello la frenaba, no sabiendo que decir o hacer que pudiera ser correcto, y mucho menos que le serviría de excusa a Kuvira para tomar cartas en el asunto.
-¿Te apetece jugar a algo? - quería eludir sus pensamientos y dejar de fijarse en aquella sonrisa decorada por un par de labios escarlata. Era una cita, pero Asami era diferente y había que tratarla de otra forma.
-Claro, ¿a qué?.
-Antes de los bolos, ¿te apetece un billar?.
-Sí, claro. Sin embargo, debo avisarte de que soy bastante buena al billar – se cruzó de brazo y mostró un rostro confiado, casi soberbio.
-¿Sí? - lo ultimo que podía imaginar era a Fresón en uno de esos locales antiguos con cristaleras verdes y llenos de humo, donde la gente se jugaba pequeñas fortunas mientras cantaba a que agujero iría cada bola.
-Ponme a prueba – prefería guardar ciertos secretos hasta el final.
Korra abría la marcha hacia la zona de los billares, situada al lado de la zona de bolos, cerca de la zona de maquinas recreativas. La zona estaba cerca de un extremo de la barra y contaba con algunos taburetes extras y varios carteles de bebida con una estética vintage que invitaban a consumir dichos productos con la ayuda de grandes letreros o sugerentes chicas pin-up. Lo cierto era que decoraban las paredes y ayudaban a cohesionar esa zona con el resto del local, dando la impresión de haber viajado a través del tiempo. En un principio solamente había una pareja jugando: una chica alta de cabello oscuro y una mujer más baja que saltaba a cada paso que daba.
-Venga, no tengo todo el día – refunfuñó la mujer más alta.
-Dejame saborear el momento – re replicó una chica con intentó fallido de acento francés.
-Maldita sea – no importaba donde fuera, esa forma de quejarse tenía una impronta que Korra conocía muy bien.
-¿Chispas? - con solo escuchar su apodo Azula se volteó ante una voz demasiado familiar.
-¿Korra? - su rostro anonadado no daba crédito a lo que estaba viendo: ante ella su amiga se acercaba, caminando lentamente pero sin tener que usar muletas.
-¿Sorprendida de verme? – bromeó mientras se saludaban.
-Sorprendida de que quieras levantar de una vez el culo – ella no solía ser una mujer muy sentimental, salvo con quien se lo merecía.
Otros se hubieran sentido ofendidos ante aquel ataque gratuito pero Korra agradecía que Chispas hubiese vuelto a tratarla con normalidad. No era que no fuera una persona sentimental pero no quería que lo pasado las lastrase y mucho menos a alguien que se culpaba por algo de lo que no había sido culpable.
La bajista observó a la chica que estaba de espaldas, afinando la puntería para intentar colar una bola lisa en una esquina, comprendiendo que no era la única con compañía. Lo mismo hizo Chispas, observando a cierta niña rica guardando las distancias. Ambas amigas volvieron a cruzar miradas y se sonrojaron victimas de la vergüenza y del caprichoso destino.
Intentando apartar la mirada de su amiga, Azula observó a la escolta de Sato a un lado y a la heredera devolviéndole una educada y políticamente correcta sonrisa.
-Buenas tardes – Asami no intentaba ser amigable pero eso no le hacia olvidar lo ocurrido en su apartamento hace meses.
La heredera se fijó en una pañuelo con flores estampadas que descansaba en un taburete: "Pensaba que solo Ty Lee vestía cosas así de raras".
Con el sonido inconfundible del chocar de dos bolas y quejido de frustración, una figura se alejó de la mesa de billar gimoteando.
-Maldita bola tonta – lloriqueaba.
"¿Qué?", pensó Asami al reconocer esa voz y constatar que quien aparecía detrás de Azula era su amiga Ty Lee, quien al darse cuenta de que estaba allí comenzó a saludarla con efusividad.
-¡Hola Sami! - agitaba la mano alegremente ante la aparición de una cara conocida, ignorante de la sonrisa forzada y desencajada de Azula -¿Qué haces aquí?.
Durante un par de segundos las neuronas de la heredera se había paralizado, quedando suspendidas en un limbo sin espacio o tiempo que les afectasen. Desgraciadamente, a ella si le afectaban tiempo y el espacio, así que decidió afrontar la situación con madurez.
-Korra y yo hemos venido a ver la bolera – y añadió – También ha venido Kuvira, por supuesto.
Un par de pasos más alejada del resto, la guardaespaldas saludaba a la amia de su jefa intentando ocultar la sonrisa divertida que surgía al ver como todas, a excepción de Ty Lee, estaban algo incomodas.
-Hola – saludó alegremente la chica que vestía un camiseta amarilla estampada – Pues yo y Azula estamos pasando el rato.
-¿Pasar el rato? - bromeó la bajista con un tono de mofa en cada sílaba.
Al afirmar eso, Azula se resignó a buscar alguna excusa y simplemente ocultó su rostro tras sus manos para eludir la sonrisa divertida de Korra. Pese a ese momento de debilidad, ella sabía contraatacar y se recompuso al darse cuenta de que tenía munición para defender su orgullo.
-Sí, pasar el rato, como tú con ella – replicó, viendo como aquellas mejillas canela se tornaban escarlata.
-Azula, se llama Asami y deberías ser más amable – Ty lee corrigió a su acompañante con una reprimenda y un leve codazo – Ella es una chica muy simpática y si la conoces seguro que te caerá bien.
-No te metas – Chispas detestaba que le mandasen callar.
-Si me tengo que meter en la charla – se defendió, poniéndose de puntillas para llegar a alcanzar la misma altura – Ella no merece ese tono.
-Mira que eres pesada – gruñó la joven de ojos ambarinos pegando su frente a la de la bailarina.
Ella sabía que podía ser intimidante y eso siempre lo aprovechaba. Ninguna mujer le solía contestar nunca por miedo a que todo se solucionase con un puñetazo, porque Azula nunca amenazaba dos veces y quien la conocía sabía perfectamente que ella no era una chica de bofetadas y gritos; ella era una chica e puñetazos y patadas. Ella podía hacer que más de una niña de papá se fuera con el rabo entre las piernas, rezando por no recibir una paliza, pero nada valía con Ty Lee. Esa pequeña e hiperactiva chica parecía completamente inmune a su repertorio de miradas y amenazas.
Asami pudo darse cuenta de que su amiga estaba queriendo acariciar a una pantera hambrienta y quiso cambiar de tema antes de tener que decirle a Zhu Li que su prima había muerto.
-De hecho no me importa – dijo la heredera llamando la atención de su amiga – Ya hablamos más cordialmente en su momento.
-Sé que te agradeció el haber ayudado a Korra – la bailarina había logrado sin querer incomodar a todo el mundo con un simple comentario.
Ella no hacia adrede, de hecho la joven Sato podía decir que Ty Lee era una de las personas más amables que conocía, pero a veces decía las cosas sin pensar y creyendo que todo el mundo era igual de distendido que ella. Si lloraba o se entristecía era, en la gran mayoría de ocasiones, porque había hecho algo malo y había disgustado a alguna amiga, como ocurrió hacer meses al llevar a Azula al ático de Asami. No obstante, en el resto de ocasiones era como si su sonrisa fuera inquebrantable y no pudiera entender porque la gente seguía pensando en el pasado días después de lo ocurrido.
Ignorante de las miradas amargas y levemente cabizbajas que acababa de provocar, la joven de cabello caoba comenzó a jugar con el taco de billar que tenía entre las manos, alzándolo como si fuera un arma.
-Asami, Korra - Ty Lee orientó el taco de billar hacia ellas, frunciendo el ceño y usando una voz rasposa y contundente - Os retamos a un duelo.
-¿Qué? - preguntaron las aludidas al unisono al no entender lo que acababa de pasar.
-¿Por qué no jugáis con nosotras al billar? - preguntó ya con su voz normal – Un tandem. Un equipo. Parejas contra parejas.
-Parejas de equipo – corrigió rápidamente Chispas – pero esto se esta alargando lo suficiente y estamos en medio de una partida.
Antes de que pudiera finalizar su retahíla de excusas, la bailarina se acercó al billar, tomó la bola negra con la mano y la coló en un hueco, haciendo que la mandíbula de Azula casi tocase el suelo de la sorpresa.
-Ups – sonrió con un tono infantil – He perdido. Ahora podemos jugar todas juntas. Asami y Korra contra nosotras dos.
La peleadora se soltó el cabello, lo peinó con los dedos un par de veces y volvió a hacerse una coleta. No era que lo necesitase, pero quería intentar reorientar sus pensamientos antes de estrangular a aquella pequeña loca.
-¿No puedo opinar? - replicó
-Claro – sonrió la bailarina – Puedes opinar que taco quieres elegir.
Korra apenas podía creerse la confianza casi suicida con la que aquella chica mostraba. Puede que no supiera nada de los gestos de Azula y su multitud formas para intentar controlar su carácter, pero la bajista sí y sabía que su amiga estaba molesta por ser obligada a participar en aquel capricho.
-Me voy a hablar un momento con Ani – dijo la peleadora para alejarse después dando grandes zancadas.
-Creo que esta algo molesta – afirmó la chica de melena corta
-¿Por? - preguntó la heredera.
-Tu amiga la altera – dijo señalando a la bailarina que seguía jugando a las majorettes con el taco de billar.
La joven empresaria contuvo la risa al darse cuenta de la enorme verdad que era aquello. Ty Lee era una fuerza de la naturaleza que se hacia notar con solo entrar en una sal sin ni tan siquiera proponerselo. Era una chica acostumbrada a decir lo que quería y a ignorar los comentarios negativos, así como el lluvia caía donde decía caer.
-Será divertido – la joven heredera creía que sería una buena forma de iniciar una la tarde.
-¿Has jugado alguna vez? - preguntó su acompañante.
-En el apartamento hay una mesa de billar – afirmó la mujer de cabello ondulado y ojos esmeralda con un aire de suficiencia – así que sé defenderme.
-Pues cuidado porque Chispas es muy competitiva.
-Solamente es un juego entre amigos – interrumpió Ty Lee mientras jugaba con el triangulo y colocaba las bolas en orden.
-Que poco la conoces – afirmó la chica de ojos celestes al cerciorarse de que aquella chica no conocía ese lado de su compañera de equipo – Seguro que no tarda en volver. Seguramente tiene que decirle a Ani algo del club.
-¿El club?.
-Ani es la esposa de Oyaji y son los dueños de la sala donde a veces tocamos o tocábamos – darse cuenta de que desde que estuvo cerca de morir no habían vuelto a ensayar le dolió.
-Creo que Katara ha nombrado algunas veces el club – dijo Asamicon un tono algo apagado al recordar los motivos de aquellas conversaciones.
-¿Sí?.
-Fue donde...Ya sabes – no quería decir abiertamente lo que había sucedido.
-Donde me dieron una paliza. Sí, fue allí – aclaró la bajista en un esfuerzo por dejar ver que el pasado debía ser dejado atrás.
Cuando llegó Azula se decidieron los turnos de juego; Ty Lee haría el saque y luego Asami sería la siguiente. Todas tomaron sus tacos de billar y pidieron algunos refrescos, incluso Kuvira pidió algo pero se sentó sin decir más nada y comprobando el perímetro que las rodeaba.
-Kuvira creo que puedes relajarte un poco – la heredera sabía que su escolta debía guardar la compostura pero la bolera semejaba un lugar tranquilo.
-Descuide, simplemente prefiero prevenir a lamentar – sonrió la mujer del lunar al tiempo que acercaba su mano a la chaqueta para poder notar el beeper.
"Estamos en pleno siglo veintiuno y tengo en mi bolsillo un aparato que ya estaba desfasado a mediados de los noventa" pensaba al notar el aparato en su chaqueta, "Lin podía optimizar un poco ciertos recursos". Lo cierto es que esos aparatos eran algo muy anticuado pero también muy fiables para ciertas misiones.
-Yo no tengo guardaespaldas – comentó en voz alta la bailarina de mirada infantil y sonrisa perenne – No lo digo por mal.
-Lo sé – afirmó la escolta.
-Me caes bien, Kuvira, pero no creo que sea algo tan grave que te relajes – la bailarina se esforzaba en intentar poner una mueca graciosa para que la guardaespaldas se riese.
-Más vale estar preparado para lo que pueda pasar – lo cierto es que unicamente le importaba lo que tendría que decir Lin y nadie más.
Casi como resignándose a discutir sobre aquellos temas, la joven se encogió de hombros y se fue hacia la mesa de billar.
-Kuvira, espero que sepas que agradezco lo que haces – dijo Asami sabiendo que en muchas ocasiones su escolta debía priorizar las necesidades de ella por encima de las suyas propias.
-Lo sé y se lo agradezco – le regaló una leve sonrisa al tiempo volvía a pensar que el lugar le gustaría a Opal y que sería una buena opción para venir a pasar una tarde.
La joven empresaria volcó su atención en el resto del grupo. Korra frotaba la tiza en la punta del taco más de la cuenta, aunque se veía que lo hacia porque le agradaba realizar el gesto y no por otra cosa. Azula estaba apoyada en la pared, al lado de Korra, sosteniendo una botella de cerveza en una mano y el taco que había elegido en la otra. Ty Lee estaba en el lado opuesto, prepara para realizar el saque inicial. Sabía que su amiga no era buena en el billar y no sabía posicionarse bien, pero adoraba jugar solamente para golpear con fuerza y ver las carambolas, aunque seguramente hoy se comportase mejor.
No obstante, la heredera recordó una cosa que se confirmó en el momento en el cual la bailarina se acercó a la mesa: Ty Lee era bajita y no alcanzaba a lanzar bien el saque. No era que fuera una mujer excesivamente baja pero tenía una estatura por debajo de la media y eso unido a su prominente pecho no ayudaba en nada.
Confirmando las mayores sospechas de su amiga se podía ver a la pobre chica inclinándose lo máximo posible en la mesa de billar, cediendo ante la propia gravedad e intentando alzar una pierna cerca del borde de la mesa para lograr una posición que le permitiese disparar con cierta fuerza y eludir alguna bola que saliera disparada hacia su posición. Otra persona hubiera cedido el
saque inicial a otro o hubiera pedido acercar la bola blanca, pero la bailarina era alocada y decidida a partes iguales.
Asami tenía una mezcla de pena y ternura en su pecho: pena por los esfuerzos infructuosos de su amiga y ternura porque era adorable verla intentando solventar tal quebranto. Por otra parte, Korra apretaba una mano contra su boca para evitar que una carcajada se escapase aunque no pudiera hacer nada con las lagrimas de risa que humedecían sus ojos. Por otra parte, Azula inclinaba la cabeza, intentando ignorar la bochornosa escena.
-¿Vas a lanzar o a follarte la mesa? - preguntaba la barriobajera al ver la posición de pierna apoyada que tenía la otra joven.
-No soy tan bajita – replicó.
-Te saco una cabeza y puedo lanar sin ponerme de puntillas – se burló la joven de ojos de fuego – Callate y acerca más al borde la bola blanca, ¿quieres?.
Hinchando las mejillas y resoplando indignada, la mujer de la larga coleta caoba tuvo que aceptar sus limitaciones y acercó la bola blanca al borde para poder disparar más cómodamente. Con aquel simple gesto pudo lanzar un disparo lo suficientemente fuerte como para romper parte del triangulo y llegar a colar una de las bolas, lo que hizo que Ty Lee olvidase su indignación y comenzase a dar pequeños saltos de emoción al haber colado una bola.
-¡Una! ¡llevamos una! - repetía alegremente – Adoro el sonido del billar.
Luego de comprobar que debía introducir las bolas lisas, la chica volvió a probar suerte pero sin éxito, cediendo su turno a Asami. La heredera tomó su taco de billar y comenzó a pasear lentamente por la mesa, estudiando todos los ángulos y la posición de cada bola. Korra sonreía ante la idea de que aquella chica no sabía muy bien por donde empezar a jugar.
-Azula, colé una – sonreía entusiasmada la bailarina a la vez que se acercaba peligrosamente cerca de su compañera de juego.
-Sí, sí, ya vi – replicó rodando los ojos para intentar encontrar algo con lo que distraerse. Ese gesto disgustó a la bailarina que terminó frunciendo levemente el ceño e hinchado un poco las mejillas.
-Bueno – resopló para que se hiciera evidente que estaba molesta – , voy al servicio.
-No te vayas a perder – en respuesta a aquel comentario mordaz, la chica se limitó a sacar la lengua como si fuera una niña de diez años.
Korra no sabía nada de Ty Lee, exceptuando algunas historias que la había contado Asami, pero ahora podía confirmar sus sospechas: la chica era casi un dibujo animado convertido en ser humano por accidente. Aquello hizo que se generará una duda todavía mayor y cautivada por la curiosidad, se acercó a Chispas al tiempo que se atrevió a preguntar:
-¿Cómo es que tienes una cita con ella? – ante aquella pregunta se enfrentó a una mirada inquisitiva como respuesta – No es que la chica no sea guapa pero parece que no te encuentras cómoda con ella.
La chica de ojos de brillantes resopló y tomó un trago de su cerveza.
-Para encontrarte acepte una cita con ella.
-Pero ya la habías tenido – aquella lógica hizo que Korra sonriese de forma pícara – ¿Te gusta?
-¿Qué? - masculló entre dientes.
-Tiene buen cuerpo y como es algo bajita seguro que te deja ser la dominante. Además, ¿no es bailarina?, eso puede ser algo muy sucio a veces.
-Idiota – alzó la voz, provocando que Asami las mirase extrañada pero volviendo rápidamente a centrarse en el billar. Esto hizo que comenzasen a hablar más bajo – No es eso.
-¿Entonces?.
-Luego de que casi me llevase a un local de sushi.
-Tú odias el sushi.
-Lo sé – matizó con condescendencia – No lo recordaba, eres muy amable.
-Calla y sigue contando.
-Luego de eso, cambiamos de lugar – explicó – Al momento de poner mala cara me dijo que no había problemas y fuimos a otro sitio.
-¿Y?
-La muy loca había reservado en tres sitios más – volvió a repetir mostrando tres dedos alzados – ¡Tres!
-Vaya detalle. Raro, pero no es malo.
-Bueno – continuó – Luego me explicó que antes quería que ir a los Karts.
Fue comentar las carreras de Karts y el rostro de la bajista se iluminó y sus ojos resplandecieron emocionados ante la idea de algo así. A ella le gustaban esos lugares debido a la competitividad y al entretenimiento que era intentar superarse, sumando el hecho de lo entretenido que era pasar un día circulando con ellos en un circuito ensordecedor.
-Casate con ella – replicó Korra – Boda, ahora.
-Estúpida – bufó Azula – el problema es todo lo que había organizado.
-¿Cómo?
-Quería ir a los karts, a cenar y luego a ver ir al teatro porque una amiga suya tiene un pequeño teatro o algo así – pasó su mano por detrás de su cuello para masajearlo y calmar la tensión que le produjo ver la extrema planificación que se llevó a cabo ese día.
-Bastante agobiante – empezaba a entender el momento.
Azula tomó un gran trago de su cerveza para intentar encontrar fuerzas para continuar con la historia.
-Y luego quería terminar paseando.
-Quería un día a lo grande – aunque la palabra que estaba pensando era exagerado – ¿Y por qué estás aquí con ella?
-Cuando me levante para irme de semejante locura se veía muy dolida – intentó ordenar sus ideas y lo que había sentido al ver a Ty Lee cabizbaja – Se había tomado muchas molestias por mi pero esto era estresante. Joder, esperaba tomar un café, ir al cine y a cenar. Lo común cuando hablar de pasar el día con alguien. Lo ultimo que pensé era que había programado tanto para veinticuatro puñeteras horas.
-¿Y?.
-Y al verla así tomé mi teléfono y fingí una urgencia – confesó mirando a su botella y resignándose a aceptar los hechos -, pero me ofrecí a tener un par de citas con ella. Además les organizaría yo, cosa la emocionó aun más.
En aquel momento, Korra entendió el motivo de que ambas estuvieran allí: era una de las citas.
-Ella piensa que te has molestado en pensar una cita pero las has traído a un lugar que conoces.
-Ty Lee esta contenta porque cree que así conoce más mi vida y yo lo estoy porque no tengo que preocuparme de que me vaya a llevar a pasear en carro o alguna tontería sacada de un cuento de hadas.
-Pues si tenía cosas planeadas para un sólo día.
-Ni que lo digas.
-Pero – alzó una de sus cejas y puso una mueca – sigo diciendo que es una chica muy linda.
-Sí – afirmó – Tiene buenas tetas
Antes de que Azula pudiera replicar, una tos fingida reclamó su atención. Asami sonreía, intentando eludir el hecho de que había captado parte de la conversación: no se habían dado cuenta de que había vuelto a hablar con un tono normal casi al finalizar la charla.
-Si han terminado de decir que Ty Lee tiene un busto hermoso, ¿podemos jugar? - el dardo fue directo y preciso.
-Yo solamente decía que era linda, Fresón – explicó Korra para defenderse, viendo como detrás de la heredera se encontraba Kuvira. La escolta la estaba apuñalando con la mirada.
-Lo es – no le daba importancia a aquellos comentarios – ¿Siguen el reglamento?.
-El de los bares – Azula no sabía que hubiese otro.
-¿Si meto una bola repito?
-Sí
-¿Puedo empezar?
La bajista intentó explicarse pero Azula no se molesto en matizar sus palabras y simplemente prefirió ignorar aquel comentario y bufar:
-Empieza ya. Llevas mirando la mesa un rato.
-De acuerdo – la heredera se inclinó sobre la mesa, pasó su cabello detrás de la oreja y se colocó en posición.
Kuvira se fijó en el rostro concentrado de su jefa y como su conducta había cambiado. La postura de sus dedos hacia que indice cerrase el taco y se apoyase en el pulgar, dejando ver que sabía lo que hacia.
-Amarilla rallada a la tronera de esquina izquierda – dijo para luego golpear la bola blanca y hacer que impactase con la bola que había nombrado, llevando a esta a la esquina que había predicho.
Aquella jugada provocó que la chica de cabello corto aplaudiese.
-Bien hecho, Fresón.
-Gracias Korra – sonrió – Roja rallada al tronera central izquierda.
Con un leve golpe la bola blanca impactó en la roja rallada y la hizo acabar en donde Asami había predicho.
-Suerte – bufó Azula.
Aquella forma de jugar hizo que Kuvira se distrajese de sus labores de protección, sorprendida por lo que semejaba una exhibición de dominio.
-Azul rallada a la tronera derecha – y matizó – Con carambola.
Como si la bola blanca fuera un soldado sigue ordenes, esta golpeó en una de la bandas y luego impactó en la bola azul para terminar llevándola a la tronera indicada por la heredera, provocando el silencio en las otras tres mujeres.
-Yo siempre jugaba con sin repetir disparo o con un limite de tres entronadas de forma consecutiva. ¿Cómo jugáis aquí?
Azula estaba boquiabierta, Korra a punto de soltar una carcajada y Kuvira terminó por aplaudir.
-Gran jugada, señorita Asami, gran jugada – la felicitó la escolta.
-Eres la Tiger Woods del billar – exclamó Korra quien no sabría decir el nombre de ningún jugador profesional de billar ni aunque le fuera la vida en ello.
-¿Qué demonios? – la peleadora no podía creerlo. Jamás había visto tal actuación.
Justo en aquel momento, mientras aplaudía la escolta, llegaba Ty Lee del servicio, algo sorprendida por lo los rostros que veía a su alrededor.
-¿Qué ha pasado? – preguntó.
-Nada de importancia – aseguró la joven empresaria.
-¿Cuantas bolas nos lleváis de ventaja? – preguntó la bailarina con total normalidad, lo que hizo que Azula diese un respingo ante aquel comentario tan relajado.
-¿Tú sabías que ella era tan buena en el billar? - exclamó casi ofendida por el hecho de que Pies Ligeros tuviera a alguien tan bueno como compañera.
-Tiene un billar en casa – Ty Lee aceptaba el hecho de ir perdiendo porque solamente quería disfrutar del juego pero su compañera de partida era muy competitiva.
-¿Cómo que tienes un billar? – preguntó, intentando reprimir cualquier comentario hiriente hacia el dinero de la joven Sato.
-Cuando me fui a vivir al ático deje la mesa que mi padre había llevado porque era enorme. Simplemente la moví a otra sala.
-Pudiste haberme dicho que se te daba bien el billar – refunfuñó Korra.
-Es geometría y análisis. Además de practica – expuso la joven Sato – ¿Hubiera preferido que no jugase?
-No, pero hubiera apostado dinero con Chispas – replicó con una sonrisa jactanciosa.
La susodicha agarró con fuerza su cerveza y terminó dándole un ultimo trago.
-Se me va ha terminado la cerveza, Pies Ligeros. ¿Quieres que te haga tragar la botella? – su tono era el de sus clásicas bromas desquiciadas. Solía hacerlas para demostrar que algo no le había agradado y para intentar hacer que todo el mundo recordase que ella podía ser intimidante.
-Solamente estoy bromeando.
-Pues calla – gruñó.
-Pensaba que me tratarías mejor siendo que todavía no estoy recuperada – Korra apoyó el dorso de su mano en la frente, fingiendo que se desmayaba.
Aquel comentario hizo enmudecer a Azula. Tragó pesadamente, aceptando el hecho de lo que acababa de escuchar y se levantó para jugar su turno.
-Oye – la joven de tez morena intentó llamar la atención de su amiga.
-Tranquila – le respondió con una sonrisa – , no pasa nada.
No pudo decir absolutamente nada. No quería hablar de ciertos temas delante de ciertas personas, sobre todo sabiendo que Azula molestarse por hablar ciertos temas ante ciertas personas.
Asami se alejó de la mesa de billar, acercándose a Ty Lee y Kuvira, las cuales estaban en otra mesa.
-Lo importante es pasarlo bien con los amigos – intentó decir en voz alta sin mucha convicción para que el agua volviese a su cauce.
-Fresón tiene razón.
-¿Fresón? - preguntó Ty Lee
-Es su apodo – dijo la bajista sonriendo y provocando que la empresaria se sonrojase.
Ty Lee abrió los ojos de par en par, observando a su amiga fijamente y señalándola con el dedo.
-¡Es cierto! – exclamó en voz alta – ¡Tus labios son frutas!
Ante aquel grito histérico, la joven heredera miró hacia otro lado e intentó ignorar lo ocurrido, rezando para que ningún desconocido estuviera mirando. Simplemente comenzó a peinar su ondulado cabello por las yemas de sus dedos al tiempo que tarareaba algo por lo bajo, sin darse cuenta de que eso resultaba incluso más sospechoso y acusatorio.
-Aunque me suena haberlo escuchado – afirmó la bailarina, mirando de soslayo a Azula. La mujer de mirada llameante le había comentario ese apodo en su primer intento de cita.
-Ty Lee – masculló la joven Sato en voz baja con la esperanza de que su amiga se diese por aludida, pero sin resultado.
-Me parece un apodo adorable. Yo también quiero un apodo. Azula, dame un apodo.
-Molestia – contestó mientras afinaba la puntería para lograr colar un bola en la tronera lateral.
-Eso no es un apodo – afirmó Korra.
-Pero es lo que es – por desgracia, la segunda bola no logró colarse y quedó mal colocada – Maldición. Esto pasa porque me distraéis.
-Eso es una mala excusa – dijo la bailarina
-Se supone que debes apoyarme – exclamó a su compañera de equipo.
–Hay que aprender a dejar atrás ciertas actitudes – dijo Ty Lee como si fuera una profesora.
No hubo réplica, solamente un par de segundos de quejas murmuradas en voz baja mientras se acercaba a su taburete.
La bajista comenzaba a levantarse de su asiento, pero no sostenía el taco de billar que había lustrado con una excesiva cantidad de tiza.
-Chicas – avisó con solemnidad, esperando unos segundos antes de continuar – Tengo que mear.
Por muy ridículo y poco educado que hubiese tal comentario, todas soltaron una leve risa ante el gesto y la expresión militar que había logrado fingir para anunciar sus necesidades fisiológicas. El haber estado meses cerca de Kuvira le había servido para lograr captar esa semblanza marcial e incluirla en sus bromas.
-Yo te acompaño – afirmó Azula mientras dejaba su taco de billar, de color oscuro, apoyado en la pared. Ella no solía ser una mujer que acompañase a otras a los lavabos para hablar pero siempre podía haber una excepción a la regla.
-Vale, vamos – semejaba haber entendido que ambas necesitaban hablar con la tranquilidad que daba no tener la curiosidad de terceras personas a su alrededor.
La pareja de amigas desapareció por un pasillo que estaba a un lado de la zona de billar. El ajedrezado y los carteles en las paredes recordaban la temática de todo el establecimiento y las figuras en las puertas de cada servicio: una chica en patines y un chico en motocicleta; hacían alusión a estereotipos sacados del celuloide. Ninguna de las dos se correspondía con la figura de aquella chica y preferían una motocicleta a un par de patines, pero haber entrado en el servicio de caballeros hubiera sido extremadamente extraño.
-La chica del cartel siempre me ha recordado a Azul – comentó Korra mientras abría la puerta.
-Sí, se parece a Katara – era cierto que guardaba un sorprendente parecido – , pero Katara se parece a Ani de joven.
-Debe ser por el peinado que se hace a veces para venir a trabajar – alegó mientras abría una portezuela y se iba bajando los pantalones – Me estoy meando.
Esta vez sería su amiga la que, presa de la curiosidad y el morbo, hiciera las preguntas pertinentes y casi obligatorias que no habían sido hechas todavía.
-Oye, ¿qué te traes entre manos con la niña rica? – sabía que la cercanía fomentaba que aflorase el cariño pero este solía ser algo pasajero y banal.
-Se llama Asami, joder – recriminó desde el habitáculo – No te hagas la chica dura conmigo.
-Pues contesta a mi pregunta.
Lo cierto es que no era la mejor forma para sincerarse; orinando unos lavabos sabiendo que su amiga comenzaría a patear la puerta a cada rato hasta obtener una respuesta. Azula no era una mujer cuya paciencia fuera digna de mención. Más bien resultaba ser todo lo contrario y su impaciencia se prendía tan rápidamente como un encendedor. Pero aquella respuesta era complicada, tanto que incluso ordenarla en su mente era difícil.
-No lo sé – admitió.
-¿Qué? – Azula golpeó la puerta – No seas ridícula.
-Es que no lo sé – se defendió – El puto problema es todo lo que hemos pasado.
-Debes tener un problema. Seguro que es uno de esos simbolos raros de los que hablan las películas.
-No es eso.
-¿Cómo lo sabes?
- Porque es algo más – contestó.
-Explicate – preguntó Chispas, apoyándose en la pared y viendo como su amiga salía del cubículo.
Ahora tocaban los verdaderos problemas y las confesiones que no se querían hacer porque hasta el mismisímo aire quería jugarte. Sin embargo, necesitaba decirla para que quien pedía respuestas dejase de molestarla.
-Es que – se acercó a su amiga y casi entre susurros, dijo – La segunda vez que la vi tuvimos sexo.
Los ojos de su amiga se abrieron de par en par y su mandíbula se descolgó. Ella sabía que hacia meses había conocido a Asami, pero desconocía aquel dato.
-¿Qué te la has follado? – la peleadora ignoró el tono de su voz por completo.
-Habla más bajo – susurró – y sí, lo hicimos.
-Primero: ¿por qué tenemos que hablar bajo? – no entendía aquel repentino miedo – y segundo: ¿por qué ahora y no antes?.
-¿Cómo? – Korra no había entendido nada.
-Pies Ligeros, ¿por qué quieres tener una cita con ella ahora y antes estabas tan tonta?.
-No lo sé – confiesa – A veces no quiero acercarme porque sé que la voy a cagar y otras veces, como muy bueno, meteré la pata.
-Si tuvieras miedo de eso no saldrías a la calle – bromeó Azula.
-También esta la sensación – incluso a ella le sonaba excesivamente estúpido – Esa que tienes cuando no quieres meter en tu mierda algo que es hermoso porque sabes que acabará mal.
Azula huía de los sentimentalismos baratos y plañideros de novela romántica o de telenovela, haciendo que lo que estaba oyendo para ella se asemejase al discurso barato que algún idiota había decidido vomitar desde su teclado.
-Puede que sea un capricho – expuso de forma directa.
-Por eso quiero tener esta cita, porque no sé como sentirme – admitió con gran aplomo – Se ha preocupado por mi, no me ha pedido nada y hemos tenido momentos donde pudo haber acabado todo en su cama y no ha querido.
-Ni que fueras irresistible – bufó con una leve risa.
Korra prefirió ignorar el comentario y terminar con esa conversación con un alegato lapidario.
-Necesito saber que ocurre y si esta química es simple casualidad o hay algo más – tuvo que aceptar la realidad a su paso – Necesito saberlo para dejar de sentirla y seguir con mi vida.
-¿Por qué?.
-Porque no sé de que forma la quiero, pero no quiero llevarla conmigo al fango.
Aquel comentario, enunciado con una semblanza serie y firme, hizo que Azula se quedase completamente en silencio. Ella conocía a Pies Ligeros y sabía que siempre se emocionaba cuando alguien le gustaba, casi centrando gran parte de su vida en esa persona. Un defecto odioso que la chica con ojos de fuego detestaba. Pero hoy no era así. Hoy, podía ver como su amiga se anteponía a otros y anteponía el futuro – el propio y el ajeno – a otras demandas.
Era mejor abandonar algo antes de quemarse y aceptar la quemadura cuando no había forma de evitarla. Aquella era la filosofía de vida Azula y lo que había regido su vida durante años.
-Es un buen plan – admitió la mujer de ojos de fuego, compadeciendo en silencio a su amiga. Los locos que actúan sabiamente solían darse cuenta de la demencia enfermiza del mundo; sin poder volver sobre sus pasos a la tierra de los ignorantes. Ella lo sabía porque siempre había tenido que vivir sabiendo de todos los cristales rotos que se dejan atrás. De todos y cada uno de ellos.
-¿Y tú? – esta vez preguntaba Korra – ¿Alguna intención con la amiga de Fresón?.
-Enseñarle que el mundo no es rosa – afirmó con una sonrisa burlona.
-Lo tienes difícil – bromeó – Prueba otra cosa.
-Simplemente quiero que acepte que lo que ella diga no siempre es lo correcto.
-Pues creo que planear tanto una primera cita es una muestra de que piensa lo contrario – Korra sabía algo de la chica y su mayor cualidad era la excesiva sensación positiva que desprendía hasta por los poros de la piel.
-No siempre ganará – para Azula esto era lo más parecido a la lucha de clases de Marx que vería jamás en aquella ciudad.
En la mesa de billar, Ty Lee y Asami bromeaban sobre los diferentes carteles que embellecían el lugar, preguntándose como serían a día de hoy las modelos que posaron para esos carteles.
-Dime, Sami – la bailarina jugaba con una tira de regaliz que había sacado del bolso. Siempre llevaba algún dulce encima y era costumbre que tomase alguna de vez en cuando – ¿Qué ha pasado con Korra?
Sabiendo que estaba preguntando pero queriendo intentar eludir la conversación, la joven empresaria sacó a relucir todas sus dotes en el mundo de los negocios haciendo una jugada clásica de los despachos y la política: contestar una pregunta con otra pregunta.
-¿Cómo van los ensayos con el cuerpo de danza?.
-Bien – semejaba haber picado el anzuelo.
-¿Seguro que no te dicen nada por comer dulces?
-Ya sabes que trabajo mucho para que no se note y para que no lo sepan – sonrió con la respuesta. Ella podía engordar pero era una persona cuyo entrenamiento se reflejaba rápidamente.
Ty Lee era una persona tan activa y con tanta energía el hecho de engordar era algo secundario para ella. Era más preocupante el desmayarse pero su forma de ser no le dejaba levantar el pie del acelerador. Era como una diablilla con hiperactividad.
-No estoy seguro de que resulte si apareces llena de marcas y chupetones – aclaró su amiga.
-No esta funcionando – sentenció la chica más bajita al tiempo que terminaba el dulce que tenía en la boca.
-¿Perdona?.
-No cambies de tema, Sami – respondió con una contundente sonrisa – Dime porque estas con Korra en una cita.
Hubiera querido negarlo, decir que no era una cita y que esto era simplemente una salida entre amigas, pero sus mejillas escarlata la estaba delatando desde el inicio. Era tal la cantidad de sangre que irrigaba su rostro que hasta ella sentía el calor que provocaba la vergüenza de haber sido sorprendida cuando ya se creía a salvo.
-Es complicado – era la única verdad que se le ocurría decir en aquel momento. Lo único cierto y veraz de aquel momento.
-¿Por?. Si es guapa – sentenció con una risa picara – Y tiene un buen par
-¿Buen par?.
-Ya sabes – y colocó sus manos en torno a sus pechos para dejar constancia de lo que hablaba.
-Curioso – afirmó al ver que tanto su amiga como la susodicha Korra se habían fijado en los atributos de la otra.
-Sabía que teníais química – estaba verdaderamente complacida consigo misma y la idea de haber sido participe, aunque de forma indirecta, de aquel momento.
-No es eso – pero debía admitir que a su alrededor había algo la llamaba – Ella estaba mal y yo la he ayudado.
-Y si eso es cierto entonces yo no sé bailar – bromeó ante tal excusa – y llevo años bailando sin saber.
-Deja las tonterías – la empresaria quería dejar las excusas a un lado y prefirió atacar – Tampoco es que estés con una santa.
-Justo estoy con ella por eso – explicó Ty Lee, haciendo que la mandíbula de su amiga se desplomase hasta el suelo – Ella es mala. Ella es diferente e irradia una energía única.
-¿Otra vez con el tema de las auras?.
-¡Es cierto!. Azula es fuego: cálido a veces y ardiente otras. Sé que puede quemarme pero noto que puede arroparme si tengo frío. Tiene una actitud de chica dura pero no lo es y Korra es igual.
-¿Cómo sabes que no esta siendo simplemente amable contigo?
-Cuando se fue en la primera cita se apresuró a decirme que tendríamos otra y ella me ha traído aquí. Pudo haberse ido y haberme dejado allí o incluso mentirme y no haber cumplido su palabra, pero lo hizo – casi encandilada al recordar de quien hablaba sonreía – Ha cumplido sus promesas y sé que intenta ser amable y que si me esfuerzo lograré que baje la guardia.
No sabía si su amiga tenía un millar de pájaros en la cabeza o era que demasiadas películas de animación con final feliz le habían lavado el cerebro, pero su locura semejaba tan dulce y tierna que cualquier paciente de cualquier ala psiquiátrica querría padecerla. Era esa locura de creer en lo mejor de las personas y que el día más gris podía tener algún detalle de color si intentabas encontrarlo. Aquella era la auténtica locura de Ty Lee.
-Así que dime que sucede con Korra.
-Ella no quiere estar sola, o eso creo – no lo tenía muy claro – Y yo creo que tampoco. No quiero equivocarme y hacerle daño cuando esta todavía convaleciente.
-Asami – dijo secamente, mirando a los ojos a su amiga – ¿Qué pasó entre vosotras?
Sintiendo su garganta seca, la ejecutiva notaba como su labio superior comenzaba a temblar ante el hecho de decir en voz alta lo que había sucedido. Era difícil pero necesitaba decírselo a alguien.
-Paso algo entre nosotras – no quería decir más nada para evitar males mayores.
La bailarina se tapó la boca con ambas manos para ahogar un grito de alegría y su reacción fue tan exagerada que la joven Sato podía escucharla respirar rápidamente debido a la emoción de lo que acababa de escuchar.
-Sami – susurró para ahogar las ganar de gritar – Eso es genial.
-No lo es – aclaró, posando sus manos en su amiga para que esta no comenzase a dar saltitos – No quise aprovecharme de ella.
Apartando las manos que la retenían, la joven de trenza castaña decidió ser un poco más directa.
-Si ella quiere no es aprovecharse. Ella te ha rehusado y ahora estáis en un tira y afloja. Yo creo que es romántico – y al comentario añadió un batir de pestañas.
-El problema es que la veo y veo sinceridad – tenía que admitir algunas cosas en voz alta – Veo alguien que o quiere nada y es libre con todo. A alguien que ha caído a un pozo y es más sincera y real que mucha gente que se sienta en las mismas oficinas donde trabajo. La veo y veo una incógnita que busca una respuesta, pero al la pregunta es tan sencilla y tan compleja que no puedo entenderla.
-¿Sabes ya la respuesta?.
-Puedo colar todas las bolas mil veces y ella seguirá sonriendo como si no estuviese mal. Aplaudirá por mi logro y no se fijará en los suyos – era tanto lo que no entendía de aquella mujer que necesitaba preguntaselo a otra persona – Creo que es la única persona que se ha fijado en mi de una manera casi primaria. Creo que es la única persona que conozco que tiene miedo de estar sola pero no quiere estar con nadie.
-No – contestó Ty Lee – Tu también quieres estar con gente pero a la vez te alejas. Tienes miedo de la soledad pero la aceptas.
-¿Y?
-Preguntate si las cosas siempre son tan complicadas.
-Suelen serlo.
-No todo son carambolas para lograr colar lo la bola en la tronera. A veces es simplemente empujar la bola en línea recta y no pensar en nada más.
-Es una estrategia contraproducente.
-Tu eres contraproducente -bufó.
-Ty Lee – la miró de forma inquisitiva – ¿Sabes que es contraproducente?
Durante unos segundos la bailarina se quedó pensando.
-¿Qué produce contras? – su expresión era la de alguien que no sabía la respuesta y prefería probar suerte mientras intentaba encogerse de hombros y semejar adorable.
Al poco de terminar de charlar, Korra y Azula salieron de los servicios, bromeando entre ellas y haciendo alusión una historia que había ocurrido en aquellos baños y que hacían referencia a una chica y a Azula en los servicios. Procurando ignorar la muestra de arrogancia y poco tanto de su acompañante, Ty Lee siguió continuó jugando y la partida continuó. Luego de que Korra colase la negra sin querer y de que adjudicasen a una bola lisa el título de "nueva bola ocho improvisada porque a Azula y Ty Lee le sobran bolas para seguir jugando", la partida continuó entre risas y algún comentario burlón.
Los equipos cambiaron para la siguiente ronda y la dupla del grupo Kiyoshi se oponían a la pareja de Sato y Lee. La partida tuvo como añadida a Kuvira, quien jugó un par de rondas para evitar que Asami barriese el piso. Por lo visto, el plan de que Asami sufriría el lastre de Ty Lee y su estilo basado en todo fuerza y nada de puntería, no estaba dando resultados. Desgraciadamente y como si fuera un clásico cliché del cine noir, la guardaespaldas sabía jugar el billar. Pese a que Kuvira no era tan buena como su jefa supo manejar bien la situación y Korra y Azula terminaron derrotadas.
-Vaya mierda – bufó la bajista – Creo que mejor hacemos que Fresón juegue con una sola mano.
-Os ganaría igual – sentenció Ty Lee mientras hacia un especia de baile de la victoria a base de movimientos ridículos y giros de cadera.
-¿Ahora que hacemos? – preguntó la heredera, contenta de saber que ella era el temor de todo el grupo.
-Ahora nos separamos – respondió la bailarina
-¿Qué? – dijeron las otras chicas al unisono.
-Esto son citas y en las citas hay que estar a solas, así que ahora nos separamos y listo – aclaró – Además que Korra debería descasar.
Todas miraron a la bajista, esperando una queja o un bufido de desaprobación, encontrándose con algo que no esperaban:
-Me parece bien. Además, me había prometido un helado especial y tengo hambre – en realidad quería ocultar el hecho de que sus piernas le dolían como si un millar de agujas se clavasen en sus músculos y quería reposar en un asiento cómodo.
La pareja se despidió de sus amigas y lentamente se dirigieron a la zona de cafetería, donde las esperaba una decoración llena de cromados, rojos, blanco y turquesa. Casi sonriendo al ver que uno de los sillones estaba libre, la joven de ojos celestes perdió su sonrisa cuando leyó el letrero de "reservado" en la mesa.
-Podemos sentarnos en la barra – intentó animarla Asami al verla tan cabizbaja. Era como ver a una niña pequeña que había visto como su globo se había escapado de su mano.
-Korrita – el señor Oyaji apareció tras la barra – Ya pensabamos que no vendrías por tu helado.
-Eso nunca – afirmó volviendo a lucir una sonrisa y yendo hacia la barra.
-Espera – dijo el hombre – Sientante en esa mesa
El hombre estaba señalando la mesa con el mismo letrero que estaba detrás de ellas.
-La he reservado para ti toda la tarde. Disfrutala.
La bajista enmudeció ante aquel detalle. Estaba tan sorprendida como sobrecogida y solamente pudo limitarse a soltar una carcajada alegre y divertida.
-Gracias, de verdad.
-No hay que darlas – comentó sonriente una mujer rubia de unos cincuenta años, que portaba una enorme fuente de helado y nata.
-¡Señora Ani! - gritó de entusiasmo por el dulce y la mujer que le sonreía mientras colocaba la copa de helado ante ella – Fresón, ella es Ani.
-Encantada – saludó la mujer de labios rojizos – Como puede imaginar no me llamo Fresón, soy Asami. Encantada.
-Yo soy Ani.
Ani regentaba el lugar. Junto con su marido Ambos eran los padrinos de Suki, y amigos de la joven, por la que siempre habían tenido una enorme dedicación. No importaba cuan grande sea su petición, si podían ayudarla lo hacían.
-Ellos son geniales – Korra quería presentar debidamente a la otra parte del matrimonio – son los padrinos de Suki y nos ayudan mucho. Incluso soportan nuestros ensayos.
Cuando formaron el grupo, fue de ellos el ofrecer el piso superior, situado justo debajo de la bolera. Aquella zona reservada para el mantenimiento y el almacenaje era demasiado grande y les daba espacio de sobra para tocar sin ser molestadas ni molestar. Además, eran los dueños de la sala de conciertos donde solían actuar.
-Solamente les dejamos un sitio para ensayar y les damos alguna leve ayuda – la mujer intentaba mostrar humildad, alejándose de la figura que de la joven de tez morena daba de ella.
-La sala donde tocamos, Agni Kai, es suya y esta regentada por un amigo suyo, Ikem – y en ese momento un pinchazo llegó al recordar aquella noche y que en todos estos meses no había preguntado por él – ¿Cómo esta?, ¿Cause problemas?.
-Esta bien, pequeña, y claro que no sucedió nada – Ani le frotó amorosamente la cabeza – Una portada en las noticias y nada más. Lo importante es que estas aquí y con una amiga.
La forma de decir amiga hizo que la bajista se sonrojase, agachando la cabeza y tomando la cuchara para atacar a aquel maravilloso postre refrigerado. Pese a que estaba intentando ignorar la risa divertida de Ani ante su actitud infantil, no lo lograba y eso solamente provocaba que su piel morena lograse mostrar un leve rubor.
-Voy a traeros algo caliente. ¿Qué queréis?.
-Un chocolate – dijo en voz baja Korra, dejando que le frotasen la cabeza mientras comía.
-Yo un café con leche, por favor – pidió Asami para luego buscar a su escolta y toparse con que Kuvira estaba tomando un gofre con café en la barra; sonriendo a la camarera que la atendía pero sin dejar de observar a su alrededor. La joven Sato empezó a pensar que ser guardaespaldas era un trabajo mentalmente agotador.
-Y bien – la voz de Korra, llena de nata y porciones de marshmallow, reclamó la atención de la heredera – ¿Te gusta el lugar? La sección de cafetería es preciosa.
-Sí, lo es – tenía que admitir que el ajedrezado, los paneles luminosos, el cromo de los detalles metálicos y el vinilo de los asientos le daban al lugar un aspecto único – Es hermoso. Es clásico, refleja lo que pretende.
-Me alegro que te gustase, pero deberías de pedir algún postre – su boca ya estaba blanca debido a la nata.
-No sé si deba.
-¿Por qué? - preguntaba con la boca llena de helado – Es una cafetería y sirven postres estupendos.
-Es que no estoy segura.
-¿Son muy baratos para ti o qué? - espetó al pensar que alguien estaba despreciando aquellas delicias refrigeradas bañadas en chocolate.
-No, no es eso – a decir verdad, había algo más simple que le incomodaba – No sé si pediré algo que no me acabe y lo tomen a mal. Luego esta el hecho de si me ensucio comiendo.
-¿Y? – no entendía porque Asami balbuceaba al intentar explicar algo tan sencillo.
Casi le resultaba vergonzoso tener que admitir que se había preocupado por esta cita hasta llegar a lo obsesivo, pero semejaba que un mal comentario podía embarrar lo que había sido un buen rato.
-No querría estropear la cita.
-No lo haces – contestó una Korra con la boca llena de helado de chocolate, observándola con esos enormes ojos azules que recordaban al océano. Por unos segundos, la heredera se perdió en aquellos mares cerúleos hasta que su mente volvió a la cafetería.
-Si me mancho tendremos que ir a que me cambie y eso estropearía la cita.
La bajista la atacó con una mirada de sorpresa, intentando discernir lo que acaba de escuchar. En ese momento Korra metió un dedo en la nata que coronaba una de las bolas de helado, indicó a Asami que observase su dedo manchado de nata y luego lo pasó por su camiseta.
-Listo, me he ensuciado – rió en voz baja – A veces tienes que hacer algo sin pensarlo. Joder, Fresón, hasta Kuv-Kuv ha pedido unos gofres y creeme que me sorprende que ella este comiendo algo que no ha cazado con sus propias manos.
La joven heredera soltó una risa histriónica ante tal comentario, olvidando por un minuto donde estaba. Dándose cuenta de aquel hecho, la bajista siguió con su monologo.
-Luego pensé que podía comer ladrillos o piedras. Impresionante, sí pero a la hora de ir al baño. Joder, imaginate lo que es cagar casi un maldito edificio.
La risa de Asami era una melodía disonante que se se escuchaba perfectamente aunque ella intentase agachar al cabeza para pasar desapercibida. Era una liberación que escapaba de las obligaciones y los grilletes por aquellos labios rojizos.
-Y te aseguro que es tan eficiente que fijo que cuando cagase saldría un edificio, con licencia de obra y cinta para que el alcalde corte – convencida de que la escolta no podía escucharla, salvo que pudiera leer los labios, la bajista sonreía ante el logro de provocar esa risa. Luego de tomó un buen pedazo de helado, pero una sensación congelación atenazó su cerebro y le hizo dejar la cuchara en el plato y apretarse las sienes. Por primera vez en mucho tiempo, algo le dolía más que las piernas.
-¿Qué te pasa? - preguntaba preocupada la heredera al ver el rostro de Korra.
-Cerebro congelado – contestó con dificultad la damnificada. Aquella respuesta provocó que Asami no pudiera contener la risa y esta se volviese estridente – Ríete de mi desgracia.
La joven Sato tuvo que respirar profundamente durante unos segundos para calmarse, procurando no mirar a una Korra que todavía padecía el efecto de su exceso de glotonería.
-Creo que tomaré algo – tomó la carta pero estaba teniendo dificultades para leer la carta por culpa de sus ojos llorosos – Te invito a algo.
-No hace falta, Fresón.
-Créeme, hacia mucho que no me reía así. Ha sido liberador – aceptando aquella justificación como válida, Korra se puso a mirar en la carta.
-Un gofre especial con helado de pistacho y chocolate caliente por encima – afirmó la joven de cabello corto.
-¿Copa Cake & Cookie Flavour? - preguntó la empresaria – Crema Chantilli con bizcocho desmenuzado en su interior, helado de galleta y otro al gusto. Suena delicioso.
-Esta delicioso. Es el preferido de Suki.
Luego de pedir y de que les trajeran el café y el chocolate caliente que habían pedido, provocando que Korra rociase un poco de chocolate caliente lo que quedaba del helado e hiciera una masa semifundida, ambas mujeres volvieron a mirarse con cierta timidez.
-Gracias por mancharte la camiseta – la heredera fue la primera en romper el silencio que se había impostado en cuestión de segundos – Me ha dado confianza.
-Es que a veces debes disfrutar del momento sin pensar en nada más. No es fácil hacerlo pero tampoco es difícil rechazarlo cuando ya se ha logrado.
-¿Por qué eres así? – se obligó a preguntar.
-¿Cómo crees que soy? – no era por hacerse la interesante, sencillamente no entendía la pregunta.
-Un enigma, un estallido, una locura.
-Todos somos así.
-No, yo no – ella había nacido en base a la organización y a las responsabilidades que venían acompañadas de su apellido.
-Te has reído, has gritado, has hecho algo natural. Te has preocupado por una tontería en vez atender que no todo es blanco o negro y no todo es malo o bueno. El mundo esta lleno de hermosos tonos de gris.
-¿Ahora tu solamente ves el gris?. ¿No hay otro color?
-Siempre hay otro color. Siempre hay colores, Fresón – sonrió de una forma tan tensa que semejaba que era una marioneta que en realidad se iba a romper.
-Podrías ver esos colores. Ya sabes, verlos de verdad y no entre un velo de grises, si bajases el escudo que te rodea – esta vez el comentario fue algo más directo – Te asusta todo pero finges confianza. Conozco ese juego.
-Sabes que soy complicada – su viste estaba fija en los surcos que dejaba la cuchara en el chocolate caliente cada vez que la movía – Tu eres complicada con las pequeñas cosas pero sabes tratar bien los temas importantes. Yo me ahogo en un puto vaso de agua.
-No soy así – en su interior quería hablarle de todos los miedos, de todas las dudas y de todos los sollozos que ahogaron sus almohadas – Tengo miedo y dudas de todo, pero si no me levanto temo que me atrapará la tormenta.
-Yo huyo y no me libro de ella – siempre intentaba que su vida mejorase y siempre volvía al fango. Siempre a ese fondo del que intentaba huir.
-¿Por qué no pides ayuda?. Tienes amigas, tienes gente que se preocupa por ti – hubiera querido decir que ella estaba a su lado, pero no quería que sonase a algo roto y vacuo.
-Lo sé, pero tengo miedo porque el pozo esta oscuro y os aprecio demasiado.
-¿Os? - un leve rubor surgió en sus mejillas ante aquello. La estaba incluyendo en su vida, puede que de una forma más intima.
-Claro – confesó mientras se rascaba la cabeza – Esos labios me siguieron por semanas. Esos ojos. Hubiera aceptado ver algo así como ultima seña en mi vida y mirame donde estoy ahora. Comparto mesa con mi salvadora.
-Ya te dije que tu hiciste lo mismo por mi.
-Fresón, ¿Te di un motivo?, ¿una misión vital o alguna cosa que dicen los ricos?.
-No – negó con tajante – Me diste esperanza.
-¿Esperanza? – se quedó mirando unos ojos verdes que brillaban como gemas.
-Si tu bajaste de allí, ¿cómo iba yo a rendirme por mis problemas?. Pensé eso hasta que volví a verte borracha y peor que la vez pasada – ella respiró profundamente queriendo buscar toda la fuerza que guardaba en su pecho – Cuando te vi me dije que tenía que devolverte esa fuerza. Me diste mi fuerza y no pensaba dejar que mi esperanza muriese.
-Pero después paso lo que paso – ni siquiera ella quería hablar de sexo en un lugar público donde podían escucharla perfectamente.
-Lo mismo, pero simplemente quería saber de ti. Conocerte y saber de tu historia.
-No, Fresón, mi historia no es importante – matizó – Mi historia no es importante.
-Pero a una amiga le hablarías de tu pasado, ¿no? – quería comprobar una teoría: si esto era un paso hacia algo o simplemente el fin de todo.
-Claro y te contaré cosas, pero poco a poco.
-Seré paciente – aceptó mientras veía como llegaban los postres y se sorprendía del tamaño del postre que le acababan de servir. Era desproporcionadamente grande.
-¿Sorprendida? – el rostro desencajado de su acompañante le hacia gracia.
-Pensaba que era más cara por al elaboración.
-Sí, pero también por el tamaño. Aquí no escatiman con las porciones.
-Si no me la termino ¿me ayudas?.
-¿Más helado?, ¿quién diría que no a más helado?
Podían haber dejado en ese punto la charla seria, pero Asami quería saber un poco más de algunos temas que no habían tratado y que semejaban ser algo difícil de abordar que la bajista quería ignorar.
-Dime, ¿por qué quisiste hacerlo el otro día? – pese a ser sutil, la otra parte se dio cuenta de lo que estaba preguntando.
-Dije algo que no debía y lo siento – y añadió – pero siento que conectamos. Hay algo que nos acopla bien. Llamame loca, igual es toda la mierda que hemos pasado últimamente.
-No quiero aprovecharme de ti.
-Estoy casi recuperada y era yo la que intentó algo.
-Pero no me refería a esas heridas – tocar ese terreno podía ser algo peligroso pero debía hacerlo.
-Esas sanarán. Tarde o temprano, sanarán.
-Pero sabes que las tienes.
-Igual que tú – alegó.
-Yo ya te dije algunas de las mías.
-Tu padre
-Sí. ¿Querrás decirme alguna de las tuyas?
-¿Segura?
-Sí – Quería gritar en silencio para que traspasase el escudo de Korra y la creyese.
-Luego de aquella noche y aquel motel, semejabas terriblemente enfadada.
-Y lo estaba – dijo la empresaria.
-Pero estuvo genial – la bajista sacó la lengua de forma burlona, ruborizando a Asami. Esta ultima carraspeó y extendió su mano para saludar.
-Asami Sato, encantada – le ofreció la mano a la joven de ojos azules.
No se habían presentado en ningún momento. No hubo dos besos, apretón de manos, reverencia o algo que pudiera catalogarse de normal, así que empezar de cero era lo mejor.
-Korra Raava – respondió apretándole la mano – Digame, señorita Sato, ¿viene mucho por aquí?.
-Es la primera vez que vengo.
-¿Viene sola?
-Estoy bien acompañada ¿y usted?.
-Tengo una hermosa compañía – sonrió.
-¿Sí?
-Sí, pero temo que no quiera una segunda cita.
-Estoy segura de que querrá una segunda cita.
-¿Aunque sea una cita para hablar, pasear por el parque y ver películas ? – preguntaba la joven de cabello corto.
-Estoy segura de que amaría esa cita.
-Asami.
-¿Sí?
-Te invito a otra cita
Continuará...
Siento la tardanza pero lo cierto es que por motivos personales no me sentía con animo de escribir y esto es algo que hago por gusto. Lo cierto es que he estado con otras cosas encima que me han hecho anclar el fic hasta ahora, pero os regalo un fic cuatro veces más grande que los que suelo subir, suficiente para que la afrenta sea saldada.
Quiero agradecer a todos los que se preocuparon. De verdad, significó mucho para mi.
