53
La Primera Vez
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—Hermione —dijo Ron, mirándola con desconfianza y muy nervioso por lo que iba a suceder, aunque deseándolo desesperadamente. Tan desesperadamente, de hecho, que casi sentía temor de terminar la frase que estaba por hacer por miedo a que ella retirara su oferta—. Sé que la primera vez no suele ser tan buena para las mujeres y... bueno, el tema es que quiero que lo disfrutes y Bill dijo que esto ayudará a que te relajes, así que... um... si quieres puedo hacerlo por un rato…
—No, estoy lista —le aseguró ella—. Siempre y cuando tú también lo estés —añadió, cerrando los ojos para que él no fuera capaz de ver el miedo que sentía—. Sólo asegúrate de hacerlo rápido, como ya te he dicho —continuó—. Y... ah…
—¿Qué? —preguntó Ron cuando la oración quedó inconclusa.
—No te va a gustar —respondió ella, abriendo los ojos lo suficiente como para ver la expresión que cruzaría su rostro.
—¿No va a gustar qué? —exigió Ron con la voz un poco chillona a medida que sus niveles de pánico comenzaron a superar unos cuántos niveles. «¿El sexo?», se preguntó, tratando de darle sentido a su declaración antes de que ella le respondiera. «Claro que me gustará».
—Bueno, verás —dijo Hermione incómodamente—. La cosa es que necesitamos recolectar tu semen, así que…
—…así que quieres que lo saque al final —terminó él por ella.
—Em… no —respondió Hermione. A pesar de que en verdad había considerado esa opción también, como Ron tendría que estar bajo control y saber exactamente cuándo sería el momento adecuado para que eso funcionara desechó la idea, ya que todos los libros que había leído sobre el tema coincidían en que los muchachos, a menudo, tenían poco o nada control durante su primera vez. Ese método era demasiado arriesgado—. Yo… eh… vas a tener que… usar esto —dijo, y se puso a buscar en el bolso que estaba todavía en la cama una de las cosas envueltas en aluminio que él había visto hacía momentos.
—¿Qué? —dijo Ron, mirando a Hermione como si pensara que quizá hubiese perdido el juicio—. ¿Un galeón de chocolate?
—¿Sabes qué es un condón? —preguntó, pelando el aluminio para entregarle a Ron el objeto al cual se estaba refiriendo para que lo inspeccionara.
—¿Qué demonios? —exclamó él mientras miraba el pequeño círculo de látex en la palma de su mano.
—Es un anticonceptivo —explicó—. Los hombres muggles los usan todo el tiempo.
—Yo no soy un muggle —dijo Ron, dejando caer el condón en la cama mientras miraba a Hermione—. Y ya estás protegida por eso de las pastillas, ¿o no? Por lo tanto, no tienes que preocuparse por eso.
—Aún así tendrás que usar uno —informó ella, cogiendo el condón descartado en la cama y desenrollándolo para que Ron pudiera ver exactamente cómo funcionaba—. Sólo por esta vez.
—¡¿Usarlo? —gritó en voz alta, tan aturdido como horrorizado cuando se dio cuenta de en qué parte de su anatomía iba ubicado el artefacto—. ¡De ninguna manera! —espetó, negando con la cabeza mientras observaba el desquiciado objeto que Hermione estaba sosteniendo—. ¡De ninguna maldita manera! «No me voy a cubrir con esa jodida goma muggle. No voy a ser capaz de sentir absolutamente nada». ¡No! —dijo Ron en voz alta—. Definitivamente no.
—Pero necesitamos tu semen para la poción —arguyó Hermione—, y usar el condón es la mejor manera que conozco para obtener la muestra.
—¡NO! —sostuvo Ron firmemente.
Por un momento Hermione consideró seguir discutiendo, pero en el fondo ella sabía que no llegarían a ninguna parte. Ron estaba encaprichado y él podía ser tanto o más terco que ella cuando se lo proponía. Sabía que no iba a ser capaz de usar la razón para hablarle ya que él no estaría dispuesto a escucharla. Había analizado la alta probabilidad de que esto ocurriese y aunque sí tenía un plan de respaldo, no era algo que se moría por hacer.
«Demasiado romance por hoy», pensó, dejando escapar un profundo suspiro mientras cerraba los ojos y se preparaba a sí misma para lo que sabía que había que hacer.
—Bueno, eso todo entonces —dijo Hermione, agarrando sus bragas y poniéndoselas de nuevo antes de moverse hasta el pie de la cama.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó Ron, cuando ella cogió su camisa de la ordenada pila de ropa que había armada y deslizó sus brazos por ella.
—Me visto —respondió Hermione mientras comenzaba a abotonarla.
—¿Por qué? —preguntó Ron escandalizado.
—Porque dijiste que no querías —respondió ella con tristeza.
—¡No lo hice! —insistió, bajándose de la cama para quedar prácticamente arrodillado a sus pies.
—Sí, lo hiciste. Prácticamente me lo gritaste en la cara.
—No te grité a ti —trató de explicar Ron—, sólo a ese extraño objeto muggle, pero eso no quiere decir que todavía no podamos…
—Sí, eso es lo que significa —contestó Hermione, buscando su falda.
—Claro que no. Estoy seguro de que podemos encontrar algún otro… —comenzó a decir Ron, pero entonces una idea golpeó en su mente y se detuvo a media frase—. Espera un minuto —dijo, entrecerrando los ojos y mirándola con recelo—. ¿Estás tratando de...? No estarás intentando chantajearme ¿verdad?
—Por supuesto que no —dijo Hermione, sonando ofendida y luciendo herida a pesar de que precisamente ése había sido su plan de respaldo, sólo que, cuando llegó el momento de ponerlo en práctica, se había dado cuenta de que no podía continuarlo. No sólo porque no quería manipularlo para que hiciera algo que realmente no quería, sino porque arruinaría la experiencia de los dos. Él estaría enojado y resentido, ella se sentiría culpable, y como resultado su primera vez quedaría arruinada.
«Aunque no creo que queden posibilidades de salvarla», pensó, sin querer hacer nada más que salir de allí antes de que las lágrimas que trataba de contener finalmente se derramaran. No quería que la viera llorar. No quería que él pensara que la había disgustado o que le había hecho daño. No tenía a nadie a quien culpar por la forma en que se sentía. Todo había sido perfecto y fue ella quien lo arruinó. «Debí haberle dicho lo de los condones desde el principio en lugar de encajárselos ahora. Por lo menos hubiera tenido tiempo de acostumbrarse a la idea».
—Mira —dijo Hermione, rompiendo el silencio—, obviamente el clima ya se arruinó y realmente no quiero discutir contigo, así que creo que será mejor que me vaya. De esa manera podrías vestirte, ir a la fiesta y salvar el resto de la noche.
—¿Es eso lo que realmente quieres? —preguntó Ron, tratando de mantener controlada la decepción que sentía en su voz—. ¿Hermione? —dijo su nombre con preocupación, estirándose para tocarla cuando ella no respondió.
«¿Por qué tiene que ser tan dulce?», se preguntó, inclinando la cabeza hacia adelante adrede para que el pelo le cubriese la cara y ocultara sus ojos. «Sería mucho más fácil irme si se comportara como un imbécil».
—¿Realmente? —preguntó una vez más, sosteniéndole un mechón de pelo y ubicándolo detrás de su oreja, antes de colocar dos dedos debajo de su barbilla y levantarle la cara para poder verla—. ¿De verdad quieres irte?
—No quiero que me veas así —dijo, secándose una lágrima solitaria con la esperanza de que él no la viese.
—Lo siento —dijo Ron miserablemente—. No quise gritarte. Yo sólo…
—No es eso —le aseguró Hermione—. No tienes nada que ver, Ron…. Soy yo —afirmó ella.
—Sí, claro —murmuró él en voz baja. «La excusa del "no eres tú, soy yo". Mierda, esto es mucho peor de lo que pensaba».
—No quiero ni que lo pienses —continuó ella, dejando caer la cabeza de nuevo por vergüenza ahora que Ron la había soltado—. Esta no es la forma en que quiero que sea nuestra relación, y ciertamente no es el camino que quiero para empezar nuestro matrimonio.
—¿De qué estás hablando? —preguntó Ron, claramente confundido por sus divagaciones—. ¿A qué camino te refieres?
—Tienes razón —admitió Hermione, bajando la cabeza aún más—. Acerca del… chantaje —dijo en voz baja—. Lo consideré por un momento —explicó—, lo de decirte que no iba a tener sexo contigo a menos que accedas a usar un condón. Usar el sexo para manipular a un hombre es el truco más viejo del libro, pero no quiero que sea así con nosotros. Y lo peor es que consideraba hacerlo por algo que ni siquiera quieres en verdad.
—Así que... lo que estás diciendo es que no quiero… ¿hacerte el amor? —terminó con voz débil.
—Claro que no —respondió Hermione rápidamente—. Yo no quiero —aclaró—. Es que… Bueno, lo que quiero decir es que no quiero que haya ninguna barrera entre nosotros. No quiero que te pongas una de esas cosas, aunque sé que es necesario. No sólo no es romántico, sino que... no lo siento correcto. Es como si lo impersonalizara o algo así y yo no quiero eso. Mucho menos en nuestra primera vez.
—Pero aún así crees que es algo necesario —dijo Ron, entendiendo su punto—. Y pensabas irte de aquí porque yo no estaba de acuerdo.
—No —respondió ella, pero ella se corrigió casi de inmediato—. Supongo que fue algo como eso. Es importante para la poción y me di cuenta de que no ibas a escucharme —intentó explicar—. Discutir contigo habría sido inútil y no quiero manipularte ni forzarte a hacerlo, así que creí que lo mejor sería dar marcha atrás y darte tiempo para que pienses en ello. Me refiero a que quizá lo sentiste como un baldazo de agua fría. Tal vez quieras hablar con Harry sobre esto, así que…
—¿Estás loca? —espetó Ron—. No pienso ni mencionárselo a Harry. Ni esto ni nada —afirmó.
—Pero... es tu mejor amigo.
—¿Y? Harry no quiere que le hable de nuestra relación. Me lo ha dejado bastante en claro.
—Oh, vamos, ¿esperas que me crea que jamás hablaste de sexo con él? Es natural que lo hagas. Sé que los chicos hablan sobre ese tipo de cosas.
«Todo el maldito tiempo», pensó, recordando las numerosas veces en que los había oído a Dean y a Seamus antes de que Dean muriera—. Quizá a veces —admitió Ron—, antes de que alguno pudiera experimentarlo —respondió—. Pero te puedo asegurar que nunca hemos hablado de algo que nos ocurriese a nosotros en particular.
—¿No te contó lo de Cho?
—No había nada que contar —dijo Ron—. Fue sólo un beso. Y ni siquiera uno especialmente bueno. Además, eso es diferente —insistió—. Cho no eres tú.
—¿Pero qué haces si tienes alguna duda o problema? —preguntó Hermione con curiosidad—. Seguro que al primero al que recurres es a él.
—Tengo cinco hermanos mayores —dijo Ron—. La mayoría de esas preguntas fueron contestadas antes de que yo me las pudiera imaginar. Nunca les importó a ninguno de ellos que yo no quisiera o no pidiera sus consejos, sino que me los daban de todas formas. Bill, por ejemplo. Tú estabas dormida en la misma habitación que nosotros cuando, sin importarle eso en lo más mínimo, se la pasó sermoneándome. Arruinó todo el asunto también, pero ¿acaso le interesó? Claro que no. Eh... ¿por qué todavía estamos hablando de esto? —preguntó—. ¿Por qué estamos hablando de esto en primer lugar?
—Por los condones.
—Oh sí —murmuró, deseando no haber preguntado nada y que ella no se lo hubiera recordado. «Malditos muggles y sus condenados inventos. Son todos unos locos».
—Si le preguntas a Harry, estoy segura de que te va a decir que es muy común que los hombres muggle…
—Hermione —dijo Ron, interrumpiéndola—. Los muggles hacen todo tipo de cosas extrañas, pero eso no significa que yo también las vaya a hacer.
—Entonces, ¿qué sugieres que hagamos? —preguntó en un tono exasperado—. Porque necesitamos esa muestra, a menos que…
—¿A menos qué? —le preguntó Ron cuando Hermione dejó de hablar y se mordió los labios como si estuviera contemplando algo.
—A menos que nos olvidemos de todo y usemos la muestra que ya tengo —respondió ella—. El sacrificio no sería el mismo, pero tal vez si lo combinamos con sangre tuya pueda ser suficiente.
—¿Y si no lo es? —inquirió Ron.
—En el peor de los casos no seremos capaces de mantener el vínculo —afirmó ella—, pero dudo que eso suceda. El resultado más probable podría ser que mi conexión contigo sea más débil que la tuya conmigo. También creo que, con el tiempo, mi conexión contigo tienda a debilitarse —agregó—. Pero voy a guardar el resto de la poción, así que, si algo saliera mal, sólo tendría que beberla una vez más para reestablecerla si fuera necesario.
«Mierda».
—Y si estoy de acuerdo en usar esa... esa cosa muggle —se preguntó—, ¿qué me va a pasar?
—Nada —le aseguró Hermione—. Todo lo que hace es evitar la transferencia de fluidos corporales.
—¿Así que no voy a poder... sentirte? —preguntó—. Me refiero a… tu humedad —aclaró, y sus orejas se embebieron de un profundo color rojo.
—Probablemente no en la forma en que quieres decir —respondió ella, sonrojándose un poco también—. Podrás sentir perfectamente, sólo que será diferente. Es difícil de explicar —suspiró. «¿Por qué no traje un guante de látex?», pensó. «Podría ponérselo y mojarle la mano con agua para que me entendiese mejor. Bueno, supongo que tendré que explicárselo como pueda. Aunque… tengo unos cuantos condones extra, se dijo Hermione. «¿Por qué no usar uno de ellos para hacerle una demostración?»—. Ok, sé que esto te va a sonar extraño —dijo Hermione mientras agarraba rápidamente el condón que antes había sido descartado y yacía en la cama—, así que sólo sígueme la corriente —continuó—. Toma —dijo, sosteniendo el condón para que él lo cogiese—. Desliza los dedos dentro por un momento y te mostraré lo que quiero decir.
Por un segundo o dos, Ron se limitó a mirarla con el ceño fruncido mientras decidía si quería o no una demostración práctica, pero como sólo estaban hablando de sus dedos, pensó que no había nada que perder.
—Bien —dijo, y metió su dedo índice dentro del condón—. ¿Y ahora qué?
—¿No tendrás un vaso de agua por aquí? —preguntó—. Oh, bueno —dijo cuando Ron negó con la cabeza. «¿Y si lo escupo?», se preguntó. «Lo escupo y luego lo froto para que se impregne la humedad. No, espera, ya sé», pensó, y sin siquiera decir una palabra, le sostuvo la mano y se metió la punta del dedo cubierto con látex en la boca. «Ok, esto es asqueroso», pensó Hermione apenas ella rozó con la punta de la lengua su dedo antes de chuparlo por completo. «No me extraña que hagan condones con sabores. Estos comunes son un asco»—. ¿Ves lo que quiero decir? —preguntó.
—Eh… eso creo —respondió Ron al retirarse el condón del dedo y sostenerlo en el aire para poder echarle un vistazo más de cerca. «Ok, no es lo que esperaba. No se parecen a los guantes de goma mamá me da cuando quiere que me limpie algo baboso, pero tampoco se siente normal. Creo que sí podría sentirla. En eso tiene razón», se dijo—. Estamos hablando de sólo esta vez, ¿verdad? —quiso asegurarse él—. Después de hoy, no tendría que volver a...
—No —respondió Hermione inmediatamente—. Sólo por esta vez. Y sólo porque tenemos que recoger el semen.
— ¿Así que… tengo que acabar en eso? ¿Esa cosa lo va a atrapar o qué?
—Exacto. Lo retendrá en la punta.
—No puedo creer que vaya a hacer esto —suspiró.
—¡Oh, Ron! —gritó Hermione, y le echó los brazos alrededor de su cuello y lo besó fuertemente. Honestamente, ella tampoco esperaba que lo fuera a hacer. Al menos no tan rápidamente—. ¿Lo harás? —preguntó ella entre besos y besos—. ¿De verdad?
—Sólo si me prometes que nunca le dirás a nadie nada sobre esto. ¡Nunca! —demandó—. Y eso incluye a Ginny —añadió en el último momento. Si algo de esto llegara a oídos de Fred y George nunca dejarían de recordárselo. No. Nadie podía saber que había acordado utilizar alguna porquería muggle como anticonceptivo. Sería un chiste viviente.
—No te preocupes —le aseguró Hermione antes de besarlo una vez más—. No le voy a decir nada a nadie. Te lo prometo. Y no va a ser tan malo en realidad. Sólo será una vez y cuando hayamos bebido la poción tendremos toda la noche para hacerlo de la manera convencional.
—Espera —dijo Ron, abrieron los ojos ante su comentario—. ¿En serio? —preguntó cuando una inesperada ola de deseo interrumpió en su cuerpo volviéndolo listo para la acción—. ¿Podemos...? ¿Quieres hacerlo más de una vez? ¿No estarás… adolorida o algo así?
—Bueno, sí —dijo Hermione con la cara roja mientras hablaba—. Supongo que lo estaré, pero probablemente no me duela del todo hasta mañana por la mañana. Y en ese caso, no hay razón para que no podamos divertirnos esta noche. Bueno, excepto por el hecho de que es jueves y tenemos la ronda de prefectos a las nueve. Supongo que tendremos que parar para hacerla.
—Pero es Halloween —se quejó él.
—Todavía tenemos que hacer las rondas, Ron. Merlín… —replicó ella—. La fiesta no suele terminar antes de las nueve, así que supongo que tendremos que dar a todos un poco más de tiempo para volver a sus dormitorios, pero aún así, apuesto a que habrá un montón de gente que viole el toque de queda después de esa hora.
—Ok —dijo Ron, dejando de lado la información y volviendo a lo realmente importante— Pero después de eso vas a volver aquí conmigo, ¿verdad? Dormiremos juntos para... continuar donde nos hayamos quedado.
—Siempre que queramos… —dijo Hermione, permitiéndole a sus ojos vagar por el cuerpo de Ron y viendo qué tan puesto estaba él para la materia—. Pero probablemente debería ir primero a mi habitación —dijo ella, mirando su erección y reflexivamente lamiéndose los labios—, y asegurarme de que Lavender y Parvati me vean entrar a mi propia cama. Luego me voy a escabullir y vendré aquí una vez que las dos están dormidas y, con un poco de suerte, todos tus compañeros también.
—¿Pero pasarás la noche aquí? —preguntó Ron, mirándola con impaciencia—. ¿Toda la noche? Y... y podemos...
—Sí —respondió Hermione antes de que Ron tuviera la oportunidad de terminar su pregunta—.Tantas veces como quieras —agregó. «O todas las que pueda soportar», pensó. «Es nuestra noche de bodas, después de todo, y probablemente pase bastante tiempo antes de que podamos estar juntos como hoy otra vez. Hay que aprovecharla al máximo».
—Oh, sí —gimió Ron en voz alta al imaginarse dentro de Hermione una y otra vez hasta saciarse por completo, sólo para caer dormido en sus brazos. Aunque no pensaba dormir por mucho. Sólo el tiempo suficiente para recomponerse y, una vez que estuviera listo y chispeante, se despertaría y le haría el amor otra vez. Le haría el amor toda la noche.
En su primera vez iba a tratar de ser lo más dulce posible. Pero después de eso, una vez que el fuego surgiente a través de su cuerpo aminorara un poco, la tomaría otra vez bien despacio. Y no tendría que usar una de esas cosas de goma, por lo que realmente sería capaz de sentirla. Cada glorioso centímetro de su ser, mojado y resbaladizo, todo para él. «Olvídate de dormir», decidió, deseando más nada en ese momento que pasar el resto de la noche enterrado dentro de su cuerpo. «Voy a dormir en clase o directamente me las saltearé. Tal vez hasta pueda convencerla de que no asistamos para poder pasar todo el día juntos en mi cama. O quizá todo el fin de semana. Harry nos puede traer comida y tendríamos los próximos tres días para hacer el amor hasta morir. Será como nuestra luna de miel o algo así. Si lo fingimos de esa manera hasta puede llegar a parecer romántico».
—Ahora —informó Ron, dejándose inundar por su fantasía—. Debemos hacerlo ahora —agregó con la voz ronca por la necesidad—. De esa manera tendremos un montón de tiempo para terminar la poción antes de todo el mundo suba a dormir —dijo, tratando de justificar sus impulsos lujuriosos.
—¿Ahora? —preguntó Hermione, mirando hacia el miembro de él una vez más—. ¿Quieres… ponerte el condón ahora? —preguntó, levantando la vista y mirándolo algo insegura.
«Eso no es lo que quise decir», pensó Ron, «pero… ¿por qué diablos no? Si hacemos esa parte ahora, no tendré que detenerme ni preocuparme por hacerlo más tarde. Sí. Sí, ahora está bien».
—¿No quieres que esperemos hasta que estemos…? Tú me entiendes —continuó ella, ajena a sus pensamientos.
—Sí. Quiero decir no —respondió Ron—. No. ¿Por qué esperar? Vamos a hacer esa parte ahora y nos la quitaremos de encima. Tal vez de esa manera me pueda acostumbrar un poco.
—Ah... —dijo Hermione, cogiendo su bolso para agarrar otro condón—. Muy bien, entonces. Supongo que tiene sentido. Sólo que nunca le he puesto uno de estos a nadie antes, así que tal vez me lleve un par de intentos —dijo ella, luciendo más que sólo un poco avergonzada.
—¿Tú me lo pondrás? —espetó Ron, abriendo los ojos sobremanera. «¡Santa mierda!»
—Bueno, creo que será más fácil de esa forma —respondió ella, desviando la mirada hacia el condón en su mano mientras ella lo desenvolvía para no tener que mirarlo, ya que sus mejillas estaban completamente rojas—. Sé básicamente cómo debe usarse, después de todo —murmuró—, pero voy a tener que tocarte bastante —dijo ella, mirando a los ojos al fin—. ¿Está bien?
—Claro que está bien —respondió Ron casi al instante. «Mucho mejor que bien».
…
—¿No vas a decir nada? —le preguntó Ginny finalmente a Harry, quien estaba sentado a su lado en el Gran Salón y parecía haberse perdido en sus pensamientos mientras recogía su comida—. Hemos estado aquí por casi cuarenta minutos y apenas si me has dicho dos palabras.
—¿Qué se supone que debo decir? —susurró Harry, moviendo su cuerpo lo suficiente como para asegurarse de que ni Parvati ni Lavender pudieran leerle los labios—. No hay nada en particular que quiera hablar, y mucho menos aquí —añadió mientras señalaba con la cabeza a las dos chicas que les habían estado disparando miradas furtivas—. De hecho, estoy tratando de no pensar en ello, así que deja de recordármelo.
—Hay muchas otras cosas para hablar además de la vida amorosa de mi hermano —respondió la joven pelirroja en voz baja, dándole un rápido vistazo a las compañeras de cuarto de Hermione para ver a Parvati antes de que ella se diera vuelta.
Ginny no era tonta, sabía que ninguna de las dos había creído ni una sola palabra de lo que había dicho para explicar la ausencia de Hermione. La idea de que su amiga estuviera tan obstinada con un ensayo de Runas como para no asistir a la fiesta de Halloween era bastante creíble, pero el hecho de que Ron también estuviera desaparecido hacía la explicación un tanto sospechosa.
Todos en la escuela sabían que los dos prefectos de Gryffindor eran pareja y el hecho de que Harry estuviera en la fiesta sin ellos no había pasado muy desapercibido. Terry Boot no había sido el único en preguntar por él. Por suerte, fue Seamus y no Harry quien había saltado para darle a Ron una coartada. Una coartada que fue respaldada con entusiasmo por Neville, quien había visto a Ron con sus propios ojos y realmente creyó que él estaba enfermo. No fue precisamente fácil fingir una piel pálida y sudores fríos, pero con los nervios que tenía el pelirrojo todos creyeron la mentira. Afortunadamente, Harry fue el único que reconoció los síntomas de su mejor amigo como lo que realmente eran, mientras que Seamus y Neville convencieron al resto de que Ron estaba enfermo. Aunque sospechaban.
—Se llama charlar, Harry —continuó Ginny con sarcasmo—. Ya sabes, eso que hace la gente para pasar el tiempo. Seguramente lo habrás hecho alguna vez en la vida. Tal vez una lista de temas sería de gran ayuda —dijo, sosteniendo su mano derecha y levantando un dedo cada vez que citaba algún posible tema de conversación—. Quidditch, críticas a los profesores, planes para el fin de semana… —enumeró—, lo que sentiste cuando al fin venciste a Ron jugando ajedrez, o podríamos pensar qué tipo de espectáculo tendrá en mente Dumbledore para terminar de la fiesta —sugirió—. Sólo tienes que elegir. Ese es el gran secreto de charlar —continuó, comenzando a divagar—, la verdad es que no importa lo que se diga. No mientras sea mejor que sólo quedarse sentado aquí de mal humor.
—Yo no estoy de mal humor —dijo Harry un poco más fuerte de lo que hubiese querido. «Maldita sea», dijo para sí mismo, sabiendo muy bien que las dos chicas que intentaban escuchar la conversación oyeron eso—. Claro que no —susurró.
—Ay, por favor —dijo Ginny, resoplando.
—Ni tampoco estoy celoso —murmuró en voz baja.
—Yo nunca dije que lo estuvieras —respondió ella con calma.
—Bien, porque no lo estoy.
—No hay nada malo en ello, ¿sabes? —dijo Ginny unos momentos más tarde mientras se ponía de pié y se inclinaba sobre la mesa para obtener una manzana acaramelada—. Yo lo estoy —admitió, volviendo a sentarse.
—¿Eh? —dijo Harry, girando bruscamente la cabeza por la impresión. «Pero él es tu hermano. Es algo enfermo».
—¿Qué? —preguntó Ginny al darse cuenta de la expresión incrédula de Harry—. Está bien querer lo que ellos tienen —afirmó—. Todos queremos eso, ¿sabes? Sólo que la mayoría de nosotros no hacemos las cosas bien en el primer intento y es difícil ver que otra persona finalmente lo obtiene. Claro que me alegro por ellos —continuó—, pero puedo estar feliz y tenerles envidia al mismo tiempo. Envidia de la sana. Es natural. No es como en primer año.
—¿Primer año? —inquirió Harry un poco confundido al ver a Ginny darle un pequeño mordisco la manzana. «¿Nuestro primer año o el de ella?»
—Oh, sí —respondió Ginny después de tragar—. Yo la odiaba cuando estaba primer año. Me sorprende nunca habértelo dicho.
—Espera, ¿odiabas a Hermione? —preguntó, mientras trataba de adaptarse a esta nueva información. Recordó a Ginny en su primer año. Ella era muy rara y tímida, pero nunca había visto ninguna señal de que odiara a nadie, y menos aún a Hermione. Jamás había sido grosera con ella. No le había dedicado miradas venenosas ni nada de eso. Nunca se lo hubiera imaginado, pero debieron existir algunas señales si Hermione se había dado cuenta—. ¿Y ella lo sabe?
—Pues sí —respondió Ginny—. Yo se lo dije.
—¿Le dijiste que la odiabas? —cuestionó Harry, abriendo la boca por la sorpresa. «Sabía que ella es demasiado sincera», pensó mientras la miraba anonadado, «pero eso ya es sincericidio».
—Claro —afirmó ella como si fuera la cosa más normal del mundo—. ¿Por qué no? Aunque esperé hasta conocerla un poco mejor para hacerlo —aclaró, sugiriendo que hizo bien en esperar porque así no había chance de herir sus sentimientos.
—Pero… ¿por qué?
—Porque ella me robó el lugar. Sé que era una estupidez —admitió Ginny—, pero yo era una niña y en ese entonces era coherente sentirme así. Le eché la culpaa mamá también, por supuesto. Lo imaginaba todo dentro de mi cabeza —continuó imperturbablemente—. Si ella me hubiese permitido venir Hogwarts al mismo tiempo que Ron, hubiese sido yo y no Hermione la que los acompañaría en todo a ustedes dos. Ron no sólo era mi hermano —explicó—. Éramos muy unidos antes de que él viniera a la escuela, pero luego volvió a casa y todo lo que hizo fue hablar de ustedes dos.
—¿Entonces me odiabas a mí también?
—Bueno… no —respondió Ginny—. Contigo era diferente —dijo ruborizándose ligeramente—. Quiero decir que yo sabía que Ron iba a hacer sus propios amigos, al igual que el resto de mis hermanos los hicieron cuando entraron al colegio. Pero esos amigos siempre fueron otros niños. Por eso, cuando Ron regresó a casa con una mejor amiga mujer... se sintió como una bofetada en la cara. No sólo ya no quería jugar conmigo, sino que cuando mi madre lo obligaba, tenía que escucharlo hablar de ella. Claro, es obvio que también hablaba de ti, pero yo estaba enojada porque ahora era ella la niña de su vida y no yo—. Fue muy difícil odiarla, de todos modos —admitió Ginny—, ya que Hermione era todo menos desagradable conmigo. Incluso después de lo que le hice en segundo año. Nunca me culpó por ello aunque tenía toda la razón para hacerlo. Me sentí muy mal después de que ella quedara petrificada—confesó en voz baja—. Tuve mucho miedo cuando mamá me dijo que iba a venir a casa para viajar a la Copa Mundial de Quidditch y que tendría que compartir mi habitación con ella. Asumí que me odiaba también, pero la diferencia era que ella tenía una razón legítima para hacerlo. Fui yo la que le soltó el basilisco, después de todo.
—Pero no fue tu culpa —respondió Harry, también en voz baja—. Ni siquiera eras conciente de lo que hacías.
—Eso es lo que me dijo Hermione cuando me disculpé con ella, pero sigo pensando que fue mi culpa. Fui yo la que le dijo a Tom que ella era hija de muggles y la que pasó meses vertiendo su corazón en el diario diciéndole lo celosa que estaba de ella y lo mucho que me molestaba que ocupara mi lugar. No creo que haya sido un simple accidente al azar. No sólo Hermione sufrió el ataque del basilisco, sino que también la novia de Percy cayó en sus manos. ¿Cuántas probabilidades hay de que sea una coincidencia? ¿Precisamente las dos niñas más cercanas a mis hermanos, al mismo tiempo? Seguramente se debió a las cosas que le conté o a lo que sentí cuando liberé al monstruo, pero de cualquier manera fue por mi causa.
—¿Y tú le contaste todo esto? —preguntó Harry, preguntándose por qué Hermione nunca se lo había mencionado a él o Ron—. ¿Y qué te dijo? —inquirió cuando Ginny asintió con la cabeza.
—No importa mucho. Que fue un accidente y que no debería ser tan dura conmigo misma porque yo fui una víctima al igual que todos los demás. Fue demasiado buena… hasta incluso un tanto molesta —añadió con una sonrisa de satisfacción—. Era imposible seguir odiándola después de eso. Tuve que admitirme que ella era realmente agradable y no el tipo de persona que yo había querido que fuese. Pero si tú me hubieses dicho en ese momento que no sólo seríamos amigas, sino hasta casi hermanas y que yo estaría feliz por ello, nunca te lo hubiese creído. Realmente es increíble cómo las cosas funcionan, a veces, ¿no?
—Sí, increíble —dijo Harry mecánicamente.
«¿Ginny piensa en Hermione como una hermana?» En realidad, no debería haberse sorprendido ya que de esa misma manera la sentía él también, pero lo hizo. «¿Lo dice porque son amigas muy cercanas o por la relación de ella con Ron? Porque, para el caso, Hermione está casada con él, después de todo», se recordó. Ya habían estado encerrados en el dormitorio el tiempo suficiente como para que pudieran consumar la unión y completar el ritual del Lànain. «Ella ya es una Weasley en todo menos en el nombre... ¿Se va a cambiar de nombre?», pensó. «No, no mientras estemos en la escuela y quieran mantener su casamiento en secreto. Aunque ella ya es un miembro honorable de la familia Weasley desde antes de todo esto del Lànain», se dijo con un pensamiento más racional. «Al igual que yo. No es un cambio tan grande, si vamos al caso. Ron sigue siendo mi mejor amigo y lo más cercano que tengo a un hermano. Lo mismo pasa con Hermione. El hecho de que su relación haya cambiado un poco, no significa necesariamente que la mía con ellos sí. Excepto por el hecho de que ahora soy la tercera pata», se contradijo a sí mismo, dejando que sus inseguridades relucieran una vez más. «Ya no me quieren cerca de la misma forma que antes. Se tienen el uno al otro y no me necesitan más. Pero… eso es lo que Ginny pensaba también», se recordó. «Al menos cuando era pequeña, porque ya no siente de esa manera ahora. No juzga la relación por la forma en que le afecta, sino que va más allá de eso. Sabe perfectamente lo que está pasando arriba en la torre y lo que significa, pero no luce contrariada al respecto. No piensa en esto como el perder a un hermano. Lo que está viendo es que gana una hermana. Y si ese es realmente el caso, entonces debería ser igual para mí, ¿no? No estoy perdiendo Ron o Hermione. Todavía van a ser mis mejores amigos. Eso no va a cambiar sólo porque estén enamorados o casados. Es obvio que querrán un poco más de tiempo a solas, pero yo tampoco quiero presenciar sus besos... ni nada de eso. Y es mejor tenerlos así que discutiendo todo el tiempo. Al menos de esta manera no quedo en el medio y no me obligan a tomar partido».
—Entonces, ¿de qué crees que irá el show?
—¿Eh? —preguntó Harry mirando a Ginny después de oírla hablar.
—El espectáculo de esta noche —repitió—, ¿qué crees que será? He oído el rumor de que Dumbledore contrató a un coro de Banshees. Merlín, espero que eso sea sólo un rumor o voy a tener que echarme un encantamiento sonoro a mí misma.
—¿Eso no haría que sonaran más fuerte? —cuestionó Harry.
—¿Cómo? —devolvió Ginny.
—Siempre pensé los encantamientos sonoros volvían los sonidos más fuertes, no más suaves.
—Maldición —insultó Ginny en voz alta—. Creo que tienes razón. Bueno, desechada esa brillante idea. Supongo que tendremos que meternos las servilletas en los oídos o algo así.
—No puede ser peor que las sirenas que cantaban en el huevo, ¿verdad? —bromeó Harry, recordando lo que había tenido que hacer para descifrar la clave del Torneo de los Tres Magos.
—Nunca has oído cantar a una Banshee, ¿no? —rió Ginny.
—Nunca he oído hablar de una Banshee para empezar —contestó Harry.
—Oí una vez a Madame Malkin —dijo Ginny—. Ella no estaba cantando, por supuesto, pero por Merlín que podía gritar. Mamá nos envió el resto del material mientras recogía las cosas de Fred y George para la escuela, pero incluso con nuestros oídos tapados se podía oír a la Banshee gritando sobre el hecho de que las ropas que había recibido eran del color equivocado.
—Así que rellenar nuestros oídos con servilletas no funcionará muy bien —concluyó Harry con una leve sonrisa.
—No, estamos perdidos.
…
Por desgracia, a Hermione le llevó más de un intento conseguir poner el condón correctamente, aunque a Ron no le importó demasiado. Una de sus manos estaba envuelta firmemente alrededor de su pene para mantenerlo en el lugar, por lo que era imposible evitar sentir el movimiento de los dedos de ella mientras intentaba desenrollar el condón por su longitud. Así que… ¿y qué si le tomó tres veces el conseguir ponérselo correctamente?
—¿Cómo se siente? —preguntó ella, soltándolo cuando al fin terminó.
—Raro —respondió con honestidad—, pero está bien, supongo. Se siente bastante ajustado. ¿No lo puedes ampliar un poco? —preguntó esperanzado.
—Si hago eso, lo más probable es que se te suelte —dijo Hermione—, y no queremos que eso pase. No te duele, ¿verdad?
—No, creo que no. Sólo es... raro… y distrae bastante.
—Bueno, trata de no pensar en ello —dijo, desabrocharse el botón inferior de la camisa y sacándosela—. Fíjate en alguna otra cosa… —agregó, poniendo las manos detrás de su espalda y desabrochándose el sostén, para luego dejar que cayera en su regazo. «Claro, algo como eso», rió ella para sus adentros cuando los ojos de Ron se sentaron en sus pechos desnudos. «Concéntrese en mí y olvídate de todo lo demás»—. ¿Las bragas me las quitas tú… —inquirió Hermione con timidez—… o lo hago yo?
—No —dijo Ron con los ojos llenos de lujuria al situarse por encima de su cuerpo esbelto y antes de aterrizar en el encaje de color rosa que abrazaba sus caderas—. Déjame hacerlo —dijo, avanzando poco a poco sobre sus rodillas hasta estar justo en frente de ella.
Sólo que sus manos no fueron directo a las bragas como ella esperaba. Primero se deslizaron por sus hombros para terminar cubriendo sus pechos. La boca de Ron de inmediato bajó al cuello de Hermione, y lo besó brevemente antes de pasar a sus labios. A medida que su beso se profundizaba, Ron continuó apretando suavemente uno de sus senos aunque se detenía de a momentos para pasar su dedo pulgar sobre aquél pezón rígido.
«Merlín», Ron gimió en su cabeza, alejándose de su boca para que pudiera mirar el movimiento de su mano sobre la suave carne de Hermione. «Se siente tan suave…», pensó él. «Y sabe incluso mejor», se dijo segundos antes de que el impulso lo invadiese y se inclinara hacia adelante para hundir el rostro en el valle entre sus pechos.
La mano que anteriormente estaba posada sobre su hombro bajó para abrazar su cintura, Ron sacó la lengua y la pasó por la pendiente de su pecho desnudo. Cuando llegó a la cima, lamió con placer el pezón tenso en su boca mientras acariciaba dulcemente el otro con la punta de los dedos.
«Delicioso», volvió a pensar en cuanto oyó a Hermione suspirar un gemido largo y pausado. Demás está decir que esto avivó aún más el fuego que ya estaba ardiendo en su interior. Ella estaba disfrutando demasiado. La había hecho gemir de placer. Lo había logrado con nada más que la boca y la suave caricia de sus dedos. Y la mejor parte era que esa no había sido siquiera su intención. Por supuesto, eso no significaba que no iba a volver a hacerlo adrede esta vez Él quería complacerla. Él quería darle tanto placer que ella no tendría más remedio que gritar. Quería oírla gemir su nombre. Él quería hacerla sentir extasiada del mismo modo en que a él le había ocurrido antes. Quería volverla completamente loca de deseo. Quería que sintiera el fuego invadiéndole el cuerpo hasta que clamara calmarse de la misma forma que él. Él la necesitaba para estar listo, y no iba a continuar hasta asegurarse de que ella lo estuviera. Nunca había esperado que esto ocurriese con tanta rapidez.
—Te amo, Ron —dijo Hermione con la respiración entrecortada.
Su declaración lo tomó por sorpresa. Y no sólo por el tono de sus palabras, sino por el hecho de que realmente pudo ver que lo decía en serio al mirarle el rostro. Sus ojos estaban de un color tierra mojada, nubladas por el mismo deseo que estaba experimentando, pero no lo suficiente como para ocultar sus verdaderos sentimientos por él. No despedían sólo lujuria. No expresaban sólo las ansias de saciar su deseo o completar la poción. Eso era sólo una pequeña parte de lo que demostraban porque, por encima de todo, despedían amor. Ella quería estar con él porque lo amaba. Realmente lo amaba. Y él también la quería igual. La amaba tanto que por un momento pensó que su corazón en serio iría a estallar por la intensidad de lo que estaba sintiendo. Pero no fue así. Se mantuvo firme latiendo en su pecho mientras miraba cómo sus ojos brillaban.
—Te amo también —susurró, aunque de repente las palabras no parecieron suficientes para transmitir el sentimiento.
—Está bien —dijo Hermione al recostarse y atraer a Ron para que hiciera lo mismo—. Yo también quiero que esto pase. Estoy lista.
—¿Estás segura? —preguntó él, asegurándose de que los ojos de ella no se desprendieran de los suyos. Si llegaba sentir alguna duda Ron lo sabría ya que, a pesar de la respuesta que le diera, sería capaz de vislumbrarla a través de su mirada.
—Completamente —respondió ella, tomando la mano que había estado en su pecho para llevársela a los labios y besarla suavemente, justo antes deslizarla por su estómago y empujarla abajo hacia sus bragas— Quítamelas —dijo, cuando los dedos de Ron acariciaron la tela de encaje. Pero en lugar de cumplir con su petición, Ron puso sus manos a las caderas de ella mientras le habría las piernas para ponerla contra él.
Sin ni siquiera una palabra, se inclinó hacia adelante, apretó sus labios contra la piel de su vientre y la besó suavemente. Cuando terminó de saborear ese lugar, bajó un poco más salteándose la tela que recubría su cuerpo y presionando su boca contra su entrepierna, acariciando sus lados con los dedos todo el tiempo.
Estaba tan cerca ahora que podía oler su almizclado aroma, lo cual se sentía increíblemente excitante. Con una rapidez que tomó por sorpresa incluso a Hermione, Ron corrió las bragas de ella hacia un costado de sus muslos y llevó un dedo dentro de su cuerpo.
Fue recompensado no sólo con la sensación de su interior húmedo y el intenso calor de su cuerpo, sino por el gemido de satisfacción que escapó de sus labios cuando el dedo se deslizó dentro de su ser. Pero, por más gratificante que esto era, quería más. Él quería verla. Quería verla mientras la preparaba para que recibiera el resto de él.
—Por favor… —suspiró ella, pero aunque realmente se lo estaba pidiendo, Ron no estaba del todo seguro. Aunque tampoco era de mucha importancia.
«Sea como sea, voy a darle todo de mí», decidió, mientras que con su mano libre le retiraba las bragas por sus piernas—. Dime lo que quieres —le susurró él, después de despojarla del único vestigio de ropa que había quedado entre ellos—. ¿Es esto? —le preguntó, abriéndole las piernas lo suficiente para poder besar la cara interna de su muslo.
—Oh, Dios… Ron —gimió Hermione. Su corazón latía con violencia contra su pecho—. Por favor…
—Por favor, ¿qué? —inquirió, moviendo la boca a su otro muslo y besarla allí antes de hablar en voz baja—. ¿Quieres que te ayude a… terminar?
—No —gimió ella, llegando a tomarlo por sorpresa una vez más.
—¿Por qué no, amor? —preguntó él, separándole las piernas aún más antes de hundirse más dentro de ese sitio suave. Simplemente no tenía sentido para él. ¿No se trataba el asunto de sentir placer? ¿Por qué se negaba continuamente cuando él estaba completamente dispuesto a satisfacerla?—. Yo también te deseo —dijo, rozando sin proponérselo la piel desnuda de su centro con su miembro palpitante y gimiendo fuertemente cuando el contacto le envió un golpe de placer que le recorrió el cuerpo. Él estaba tan cerca… tan increíblemente cerca que no podía dejar de rozar su excitación contra su carne, lleno de deseo.
«Pronto», se dijo, «pero todavía no. Tienes que ocuparte primero de ella».
Ron no estuvo seguro de dónde surgió la inspiración para hacer lo que luego hizo, pero incluso después del hacerlo, tuvo que admitir que realmente su idea había sido brillante. No sólo terminó estimulándola a ella, sino que se complació él también.
«¿Por qué no pensé en esto antes?», se preguntó antes de estirar su mano y tomar su miembro con ella para contraer la piel que excedía su cobertura y dejarse la punta al descubierto. Luego la acercó hasta el centro de Hermione y comenzó a frotarlo contra su carne pulposa con el fin de darle un orgasmo. «Es condenadamente genial… Sí que lo es», pensó mientras le masajeaba el clítoris con su erección, haciendo que Hermione a jadeara fuertemente.
—¡Ron! Oh, por Dios… —gritó ella con todo su cuerpo temblaba bajo sus pies—. ¿Qué... qué estás... ? No —jadeó Hermione—. Por favor. Tienes que detenerte ahora. Por favor, basta…
—¿Te hago daño? —preguntó con una seriedad sorpresiva—. Lo siento mucho. No quise…
—No, no me lastimas —le aseguró ella antes de que pudiera divagar más—. Es sólo que... si… si me haces acabar, no querré terminar con esto. No de la forma en que quiero ahora —intentó explicar—. Voy a estar demasiado relajada y la sensación de urgencia, la necesidad que siento ahora mismo no será igual.
—Ah —respondió él, sin comprender plenamente lo que ella le estaba diciendo. «Las mujeres no son como los hombres», pensó. «Se supone que ellas pueden seguir haciéndolo, incluso después de correrse. ¿Cómo se supone que tienen orgasmos múltiples, sino? Tienen que continuar para que puedan lograrlos, ¿No es así?»—. Pero… el deseo vuelve, ¿verdad?
—Tiene que —respondió Hermione—, pero no sé cuánto tiempo se tarda en volver a sentir lo mismo. ¿Y para qué tanto problema cuando estoy lista ahora?
—¿Problema? —preguntó Ron—. ¿Qué problema?
—Oh, por todos los cielos —chasqueó ella, envolviendo sus brazos alrededor de los hombros de Ron y atrayéndolo sobre sí—. ¿Quieres callarte y metérmela de una vez? —lo regañó, segundos antes de estamparle un beso en la boca.
«Merlín, me encanta cuando se pone mandona», fue la última cosa coherente que llegó a pensar él hasta por lo menos unos diez minutos. Era imposible pensar luego de sentir la lengua de Hermione atravesar sus labios, calientes, húmedos, derramando placer y demandantes de este al mismo tiempo. ¿Quién era él para negarle lo que ella quería? Hermione siempre se salía con la suya. Dio la casualidad que, en este caso particular, ambos querían lo mismo.
Ellos siguieron a besándose profundamente y con vehemencia. Ninguno de los dos quería romper contacto y alejarse de la otra persona. Sus lenguas resbalaban y sus manos tocaban todo a su paso. Acariciaron cada centímetro de piel desnuda que pudieron encontrar y ninguno de ellos quería que terminara. No fue sino hasta que los dedos de Ron encontrado su camino entre los muslos de Hermione que ella se estremeció y retiró su boca para poder respirar.
No había querido hacerlo, pero simplemente no pudo evitarlo. Su cuerpo estaba en llamas por él, y cuando sintió los dedos meterse en sus pliegues, el hormigueo en su vientre se disparó desde su centro de una forma tan intensa que sintió que se asfixiaba, entusiasmada y temerosa de lo que estaba a punto de suceder.
Ahora era el momento. Ron ya no estaba jugando. Ya no intentaba simplemente hacerla acabar o darle placer. Él por fin iba a llenar el vacío que ardía en su interior. El dedo que estaba penetrando su ser no solamente pretendía estimularla, sino que estaba allí para prepararla para lo que iba a suceder. Y ese pensamiento, más que la sensación misma de los dedos de Ron, avivó el fuego quemando ya dentro de su cuerpo. Ella quería hacerlo a pesar de no saber cuánto podría llegar doler.
—Mierda, estás muy mojada —jadeó Ron contra su cuello ya que había metido un segundo dedo dentro de ella y luego un tercero, mezclándose con sus flujos. Cómo deseaba sentir esa humedad envolviendo su propia piel palpitante. Quería golpear dentro de ella y sentir todo su deseo. Quería retirar sus dedos para meter otra cosa en su lugar, pero esa cosa muggle que ella le había hecho usar seguramente evitaría que pudiera sentirla mojada. Él no sería capaz de sentir el deseo de ella correr por su vientre, pero aún así, podría verlo con sus propios ojos.
Y con ese pensamiento, Ron abandonó la tarea que sus dedos venían realizando tan deliciosamente para llevarlos hasta su propio miembro y guiarlo donde correspondía.
Incapaz de contenerse, Hermione respiró profundamente y sostuvo el aliento cuando sintió algo empujar contra ella cautelosamente. Enseguida, el empuje desistió sólo para tomar un poco más de impulso y volver contra ella forzando esta vez un poco más. Pero no fue sino hasta que Ron encontró el ángulo justo para que su erección lentamente se deslizara por los pliegues de ella que Hermione realmente se dio cuenta de cuán diferente era a sus dedos. El grosor de su miembro era mucho mayor incluso que hasta los tres dedos de él dentro de ella. ¿Cómo era posible que cupiera dentro suyo?
—Trate de relajarte —susurró Ron a pesar de que su propio corazón le latía como loco, tanto por la excitación como por el terror a la idea de irrumpir ese cuerpo frágil.
«Ok, está totalmente asustada», pensó él, retirándose un poco cuando sintió que ella se endurecía bajo la presión de su cuerpo. «No hay que prevenirle. Una vez que se haya relajado un poco, sólo hazlo. Oh, Merlín», gimió internamente cuando respiró hondo y se preparó para lo que tenía que hacer. «¿Y si ella me odia por esto? ¿Y si quiere que me detenga o que nunca más lo intentemos?»
Pero incluso mientras pensaba en estas cosas, Ron apretó contra su carne blanda de nuevo y sintió que el punto con el que chocaba comenzaba a ceder. Poco a poco se deslizó por su apretado y estrecho interior hasta que la sensible punta de su pene se vio envuelta en él.
—¡Oh, sí! —jadeó Ron en voz alta, luchando por contenerse cuando sintió que ella se tensaba incluso más. «¡Mierda, mierda, mierda!», recitó en su mente mientras esperaba con la esperanza de que ella se relajase. Pero a pesar de querer esperar y hacerlo suave para disminuirle el dolor, simplemente no podía hacerlo. Todo el dominio que tenía de sí mismo rápidamente se había desvaneciendo.
Su centro estaba caliente, era resbaladizo para él, y quería empujar más adelante y enterrarse a sí mismo dentro de ella. Sentía como si hubiera estado esperando toda la vida por este momento y ahora que al fin había llegado, era imposible esperar más. Un empujoncito de su cadera era todo lo que necesitaba para hacerla realmente suya. No sólo su corazón o su alma, sino su cuerpo también. Hermione se había ofrecido a él y ahora iba a reclamarla. Iba a hacerla suya en todos los sentidos. Todo lo que tenía que hacer era empujar hacia adelante y romper la barrera, y se habría convertido en su mujer. Su mujer, su amante, y una de sus mejores amigos, todo junto en una sola persona. Un rápido desliz era todo lo que necesitaba para poseerla por completo.
«Mía», pensó Ron, deseando con cada fibra de su ser no causarle demasiado dolor. «Ahora eres mía», pensó al enterrar sin previo aviso su completa longitud dentro del delicado y frágil cuerpo de Hermione, dando un gemido gutural. «Mía», repitió el pensamiento una vez más, incapaz de contener el ahogado gemido de placer que se precipitó a través de su garganta cuando las paredes carnosas de Hermione abrieron paso y se envolvieron a su alrededor.
Ella era muy estrecha. Increíblemente estrecha. No se comparaba a nada de lo que había experimentado antes y se sentía muchísimo mejor de lo que jamás podría haberse imaginado. Ella estaba apretada y condenadamente caliente. Y con un gemido gutural de placer, Ron se dio cuenta de que eso no era todo, ya que ella se movió también. Su cuerpo palpitaba envolviéndolo, o tal vez era él mismo el que estaba latiendo en realidad, pero de cualquier manera se sentía fantástico. La sensación de las paredes estrechas apretándole fue suficiente para que él quisiera explotar en el acto, y eso que ni siquiera había comenzado todavía.
Quería decirle que lo sentía mucho, que simplemente no había sido capaz de esperar un momento más, pero cuando abrió la boca para hablar, lo único que pudo hacer fue respirar profundamente. Parecía que ya no era capaz de hablar. Estaba demasiado ocupado tratando de alimentar su imperiosa necesidad de moverse. Cada terminación nerviosa de su cuerpo le gritaba que retrocediera y la penetrara de nuevo, y le tomó toda la fuerza que tenía el retenerse.
Si Hermione no hubiera jadeado en voz tan alta cuando arrasó con su himen, podría haber pensado que aún faltaba impulso, pero sí lo hizo, por lo que, en el fondo, Ron sabía que tenía que darle tiempo para acostumbrarse a él. Su cuerpo necesita tiempo para adaptarse al duro miembro de carne que acababa de invadirla. Así que luchó para mantenerse lo más quieto posible y darle el tiempo que fuera necesario a pesar de que su calor apretado y el pulso involuntario de sus paredes internas lo estaban volviendo completamente loco.
Sin embargo, a pesar de que la tortura que era esperar, se sentía increíble. Su cuerpo se sentía tan jodidamente excelente envuelto y enterrado en ella que podría haber llorado. Y, como si fuera poco, él sabía que una vez que comenzara a moverse, se sentiría mucho mejor.
Pero por ahora tenía que esperar. Tenía que esperar alguna señal que indicara que estaba lista, así que se contentó con abrir los ojos y guiarlos lo suficiente como para poder mirar hacia abajo en el lugar donde los dos estaban unidos. Estaban tan cerca como era humanamente posible y quería verlo. Quería ver el lugar donde estaban conectados; el lugar donde se habían vuelto uno. Quería ver los pliegues brillantes de su mujer extendiéndose todos a su alrededor. Él quería ver como salía y volvía a entrar. Quería ver cada pulgada de su miembro reemerger, cada centímetro de sí mismo cubierto por su humedad. Pero más que eso, más que nada, quería moverse. Quería empujar. Quería hacer el amor con ella y que quería verse a sí mismo hacerlo.
Hermione sintió su longitud dura y caliente palpitando en su interior. Ella sabía que él estaba esperando a que se adaptara a él. Pudo sentir su propio cuerpo ensancharse para adaptarse a su alrededor y, dado el temblor de los brazos de Ron, supo que él también lo había sentido.
Cuando sus caderas se sacudieron sin descanso, Ron hizo lo mejor que pudo para mantenerlas quietas, pero no podía hacer que su cuerpo dejara de temblar. La tensión lo estaba matando. Literalmente. Si él no se movía pronto sabía que iba a morir. Pero iba a esperar hasta caer muerto o hasta que ella le dijera que estaba bien, no importaba lo que ocurriese primero. Él sólo deseaba que dijera algo pronto, porque cada segundo que esperaba se sentía como una eternidad de tortura.
—¡Mierda! —gimió él, su voz ronca y baja, dejando caer la cabeza en la cama a su lado mientras continuaba jadeando.
—¿Estás... estás bien? —preguntó Hermione con una preocupación en su voz evidente.
«No, estoy muriéndome aquí, maldita sea», pensó, pero se las arregló para mantener el comentario para sí mismo. No era el único sufriendo, después de todo.
—Te sientes… condenadamente deliciosa —jadeó finalmente—. Es... eres... increíble.
—Continúa —le susurró Hermione, haciendo que su cabeza quebrara todo pensamiento rondante.
Ron la miró fijamente a los ojos para asegurarse de que realmente hubiera dicho la verdad y que no se trataba sólo de un truco que su mente le estaba jugando. Pero, al hacerlo, ella asintió con la cabeza lentamente y le dio el visto bueno. Hermione intentó no mostrar ningún gesto de dolor cuando Ron se levantó sobre sus codos y se retiró un poco porque no quería que él tuviera miedo, pero no podía evitarlo. Si lo notó, sin embargo, él no hizo ningún comentario al respecto.
Poco sabía ella que la razón por la que Ron se mordía los labios era porque sí había visto la mueca en su cara, y estaba luchando el impulso de bombearla dura y rápidamente, ya que su instinto se lo imploraba a gritos.
—Oh... Merlín —se quejó en voz alta cuando él mismo se echó hacia atrás lentamente, centímetro a centímetro, para luego volver a adentrarse muy despacio hacia el interior.
—Sigue... —instó Hermione, mordiéndose el labio cuando Ron volvió hacia atrás de nuevo y ella sintió que sus paredes se cerraban y luego eran forzadas por la longitud inquebrantable de la carne que empujaba contra ella.
Él lo estaba haciendo. Estaba haciéndolo con chica. Y no sólo con cualquier chica, sino que lo estaba haciendo con Hermione. Verse a sí mismo mientras le hacía el amor era increíblemente excitante. De hecho, si no dejaba de mirar iba a terminar mucho antes de lo que pretendía y él no estaba dispuesto a permitir que eso sucediera. Se sentía muy bien. Había esperado demasiado tiempo para este momento. No iba a apurarlo todo ahora. No si podía evitarlo. Quería que durara para siempre. Por supuesto, en el fondo sabía que no era posible, pero mientras más tiempo durara, mucho mejor.
Cuando Hermione abrió los ojos y lo miró, ella se dio cuenta que Ron estaba tratando de ir despacio, aunque no sabía si era porque quería hacer que durara o porque quería evitarle más dolor del necesario. Claro que, en ese momento, nada importaba. El dolor punzante que había arrasado con su cuerpo la primera vez que entró en ella había desaparecido, siendo reemplazado por un dolor sordo y una sensación de que se estiraba más allá de sus límites. Pero fueran cuales fueren sus razones, ella quería que él acelerara con la esperanza de que cuando lo hiciera, sintiera algo más que una molestia.
«¿Y si no es así?», se preguntó. «Si no, al menos terminará pronto y podré disfrutar de este momento al saber lo mucho que él lo está gozando».
Ella amaba el saber que su cuerpo podía complacerlo. Eso la calentaba de una manera que jamás hubiese imaginado. Quería satisfacerlo. Quería que él se sintiera extasiado, pero significaba algo más que el simple deseo de darle placer. Lo que realmente quería era hacerle perder el control. Ya sea por besarlo, acariciarlo con los dedos o gritarle en la sala común con todos alrededor, siempre tenía esa necesidad constante de empujarlo por el borde. No sabía por qué era tan importante para ella el querer hacerlo, pero fuera como fuera, esto momento no era diferente. Ella quería volverlo loco. Quería que él la deseara tanto al punto de no poder ponerse de pie y, ahora que lo había logrado, quería hacerle perder el control. Ella quería darle tanto placer al punto de no poder ser capaz de detenerse. El problema era que no sabía muy bien cómo.
—Rápido —espetó, haciéndole saber que estaba bien y que él no tenía necesidad de detenerse por ella. Pero ya sea porque él no la oyó o no le creyó, en lugar de acelerar, Ron disminuyó la velocidad y dejó de moverse por completo.
—Estoy bien —intentó de nuevo.
—Yo no —jadeó Ron, cerrando y apretando los ojos mientras tomaba unas cuantas respiraciones bien hondas—. Sólo… espera. Necesito... sólo necesito un minuto para... para... Oh, Dios... Mione —gimió cuando ella se movió un poco—. Sólo... hagas lo que hagas, no te muevas de nuevo. Por favor... sólo…
—Ah… —dijo Hermione, sin siquiera molestarse en ocultar su sonrisa cuando se dio cuenta de qué tipo de problema que tenía. Él estaba más cerca de perder el control de lo que había sospechado, y siendo ese el caso, ella no pudo resistirse.
—¡Mierda! —Ron siseó en voz alta cuando Hermione trajo a sus rodillas un poco más arriba, apoyó firmemente sus pies sobre el colchón, y utilizó el apalancamiento para empujar la parte inferior de su cuerpo contra el suyo.
—Muévete —demandó.
—¡Oh, mierda! —gritó él en voz alta, apoyándose por completo sobre ella y utilizando su peso corporal para presionarla contra la cama y mantenerla quieta antes de que hiciera algún otro movimiento que le volara la cabeza—. Eso fue... muy cruel —jadeó—. Yo no... Yo no te he hecho eso a ti.
—Oh, Ron —susurró Hermione, avergonzada, cuando se dio cuenta de que él tenía toda la razón. Él también había querido hacerla acabar, pero desistió y respetó los deseos de ella cuando se lo pidió. ¿Y cómo se lo pagaba? Dándole cero importancia a lo que él quería y a lo que le había pedido para intentar conseguir lo que ella buscaba en su lugar—. Lo siento, tienes razón. Eso fue... No lo pensé de ese modo. Lo siento, de verdad. No voy a hacerlo de nuevo. Te lo prometo.
—Está bien —murmuró él contra su cuello.
—No —respondió Hermione, enredando sus manos en su pelo—. Pero lo va a estar. Tómate todo el tiempo que necesites.
Al final resultó ser un poco más de un minuto, aunque Hermione no pudo medir con exactitud cuánto tiempo le llevó. De todos modos no importaba. Era bastante agradable tenerlo recostado sobre su cuerpo. Sí, era pesado, pero había algo cómodo en su peso y la forma en que todavía estaban conectadas. Se sentía cerca de él. Más cerca de lo que nunca había estado antes. Estaba tan cerca que podía sentir cada una de las hondas respiraciones que él tomaba y el aire que exhalaba soplando contra su cuello. Podía oír los gemidos débiles que él trataba de amortiguar cuando una de las manos de Hermione se posó su hombro y empezó a recorrerle la espalda.
—No irás a quedarte dormido encima de mí, ¿verdad? —preguntó cuando su respiración, finalmente, se estabilizó.
—Ni de chiste —dijo Ron, volviendo a apoyarse sobre sus codos para elevarse un poco. «Al menos no hasta que hayamos terminado»—. ¿Estás... bien? —preguntó un tanto incierto, tirando de sus caderas hacia atrás un poco y empujando hacia adelante de nuevo cuidadosamente.
—Creo que sí —respondió ella, sabiendo que realmente no sería capaz de saberlo hasta que él comenzara a moverse en serio—. Creo que puedes... puedes ir más rápido si quieres. Está bien.
—¿Segura? —preguntó, sacando la mitad de su miembro y volviendo a entrar en ella rápidamente.
«Mierda que se siente bien», pensó él sin molestarse siquiera en escuchar su respuesta, para volver nuevamente a enterrarse en ese cuerpo apretado.
La cuarta vez que entró en ella, Ron sintió las caderas de Hermione elevarse de la cama de la misma forma que lo había hecho antes, sólo que, esta vez, ella estaba tratando de moverse con él. Era de una forma más indecisa y mucho más experimental que la vez anterior, y le tomó varios intentos el conseguir que sus piernas tomaran la posición adecuada. Se había sentido bien cuando apenas habían comenzado, pero tenerla a ella intentando igualar su ritmo y encontrarse ambos empujando era simplemente increíble.
Con un profundo gemido de placer, Ron se inclinó hacia adelante y cubrió los labios de ella con los suyos, hundiéndole la lengua en su boca en el mismo momento que bombeó su centro. Lo único que le importaba ahora era esto. La estaba besando con pasión, su miembro penetraba el interior de ella, sus caderas se mecían sutilmente bajo las suyas, podía sentir sus senos apretados contra su pecho, y no había nada en la Tierra que podía sentirse mejor. Era lo más cercano a tocar al cielo de lo que alguna vez iba a poder conseguir, y él quería que durara tanto como fuera humanamente posible.
Pero la presión volvió a retornar. El placer aumentaba tan rápido que la única forma que se le ocurrió fue contenerse y desacelerar otra vez. Al hacerlo, Ron comenzó a entrar y salir de ella con dolorosa lentitud. Prolongar la agonía con ese acto era prolongar el gozo que obtenía de ella.
El cambio en el ritmo la tomó a Hermione por sorpresa. Sin saber qué hacer, se distendió dando un débil gemido.
Confundiendo su disgusto con dolor, Ron se detuvo y la miró.
—Estoy bien —aseguró Hermione, después de abrir los ojos y ver su preocupación—. No me duele tanto ahora. Por favor, no te detengas.
Y entonces cayó en la cuenta de que no había gemido porque le estaba haciendo daño. Había gemido porque él había aminorado el ritmo y eso no era lo que quería. Esto no era algo tan básico como la masturbación. No era como usar su propia mano para correrse. Es cierto que bajar el ritmo le ayudaría a poder durar un poco más, pero esto no sólo le afectaba a él. Retenerse a sí mismo era una cosa, pero él la estaba reteniendo a ella también. Eso era algo que no había considerado. Ahora, la razón por la que ella había sido tan exigente tenía mucho más sentido. Él ya había tenido un orgasmo en la noche, lo que le hacía más fácil poder aguantarse para disfrutar del siguiente, pero no Hermione. Ella había quedado a un lado y ahora... ahora quería acabar, y cada vez que él disminuía o se detenía, la desconcentraba y le proporcionaba frustración.
«¡Maldita sea»!, juró en su mente. «¿Por qué Bill no me advirtió esto? Imbécil. Esto es más difícil de lo que esperaba. Mierda. Bien, voy a tener que averiguar lo que quiere y dárselo. Pero, ¿cómo diablos voy a darme cuenta de eso? Bill una vez dijo que todo lo que tenía que hacer era preguntar. ¿Pero si le pregunto y quiere que terminemos? No, no, ella ya me dijo que no quería que parase. Así que eso es. Quiere que continúe pero no de una forma lenta. Quiere que lo haga igual que hace un momento. Quiere que vaya más rápido. Lo más rápido que pueda», pensó al volver a la realidad y sumergirse de nuevo en su calor con un gemido de satisfacción.
«Oh, sí, puedo hacer esto», pensó cuando el placer corriendo por su cuerpo regresó con el golpear de cadera contra cadera, y la fricción causada por frotarse contra las paredes estrechas de ella aumentaba. A medida que aceleró el ritmo, Ron tuvo la esperanza de que Hermione tratara de moverse de nuevo con él. Pero no fue así, sino que hizo algo aún mejor esta vez.
Con todos los libros que Hermione había leído, ninguno de ellos había mencionado el hecho de que mantener las piernas abiertas en un ángulo tan amplio sería tan incómodo. Y el problema era que los libros no sólo no mencionaban el surgimiento del dolor ni lo que podía hacer para aliviarse, sino que no sabía qué hacer con sus piernas. Trató de mantenerlas en la cama, trató de juntarlas por los pies sólo un poco para acomodarlos junto a los pies de Ron, pero nada parecía funcionar. El lugar donde sus muslos se reunían con el resto de su cuerpo empezaba a arder y era demasiado molesto. Tenía que cerrarlas. Al menos sólo por un minuto para darles un descanso, y la mejor manera que se le ocurrió para hacerlo fue envolverlas alrededor de la cintura de Ron. Nunca pensó que algo así podría cambiar las cosas de una manera tan dramática, pero así fue.
Ron prosiguió la faena pero, para sorpresa de ambos, su pene penetró aún más profundo de lo que lo había hecho anteriormente. Con un sonido algo parecido a un gruñido o un gemido, se echó hacia atrás y empujó de nuevo hacia delante, obviamente disfrutando de esa nueva posición.
Y tan inesperado como lo fue, Hermione lo estaba disfrutando también. Para ser honesta, ella no había esperado sentir ninguna clase de placer físico y, sin embargo, la sensación apareció y se hizo cada vez más fuerte. El calor y el placer se esparcían dentro de ella. Habían estado ocultos detrás de su dolor todo el tiempo, y mientras más rápido friccionaba Ron, más aumentaba su capacidad de goce.
Queriendo ver cuán profundo en realidad podría ir, Ron la penetró más duro, con los ojos abiertos, mirando a Hermione muy de cerca para detectar cualquier señal de estar lastimándola demasiado. Afortunadamente, lo único que pudo ver lo sorprendió.
—Oooohhh… —jadeó Hermione, abriendo los ojos por el asombro—. Eso fue… hazlo de nuevo.
Incapaz de suprimir su sonrisa, Ron hizo exactamente lo que se le pidió, bombeándola duro y profundo. Ahora sí que Hermione gemía de placer, pero su grito no era nada comparado con el de Ron, que era profundo y resonante.
—¡Oh, por Dios! —exclamó, enterrándose tan profundamente dentro de ella que, literalmente, estaban golpeando el colchón contra la cama. Se sentía increíble y todo lo demás se desvaneció del mundo. Esto era lo que ahora importaba: el intenso calor y la fricción deliciosa. Todo era tan intenso casi como si el calor del cuerpo de ella se estuviera difundiendo por el suyo. Estaba tan cerca. Tan insoportablemente cerca que ya simplemente no podía aguantar más. La necesidad desesperante de ella lo superó mientras su clímax amenazaba y en todo lo que podía concentrarse era en lo bien que ella lo hacía sentir.
Hermione jadeó de nuevo, esta vez bastante fuerte, pero Ron no la oyó. No podía oír nada. Ni sus gemidos ni los propios. Ni siquiera la manera en que Hermione gritó cuando la dura longitud de él la empezó a golpear sin descanso, ni el chirrido rítmico de su colchón, ni el sonido erótico de las bofetadas piel contra piel. No podía oír nada porque se había perdido.
Fuego. Ella estaba hecha fuego. Su cuerpo ardía y dolía. Y no era el dolor punzante que había sentido en el primer momento en que la penetró. Esto era diferente. Sufría. Esa era la única palabra que podía llegar a usar para describir lo que sentía. Sufría. Y no sólo por la presión incesante, a pesar de que gran parte del dolor se debía a eso. Ella sufría por él y se sentía bien. Tan bien, de hecho, que quería más. Pero él ya estaba metiéndosela tan duro y tan profundo que le sorprendió que no quedara dividida en dos. Aunque no importaba si así fuera, porque ella todavía quería más. Esto... esto no era suficiente. Esta fricción gloriosa que estaba sintiendo le hacía hervir la sangre. Hacía que su cuerpo ardiese por él. Y si bien no era suficiente para hacerla llegar, era suficiente para hacer que quisiera hacerlo.
Y tantas ganas tenía que Hermione metió una mano en el camino para tocarse con la esperanza de ayudarse a sí misma a acabar. Pero para desgracia de ella, ya era un poco demasiado tarde. Casi tan pronto como sus dedos encontraron su clítoris, el dique que Ron tenía bajo control se rompió. Con un gemido ronco, se arrancó del cuerpo de Hermione y se estrelló contra él de nuevo, violando la estrechez de ella al forzarla a abrirse para él una última vez antes de que la luz explotara detrás de sus ojos con una fuerza cegadora. Un gemido ronco y fuerte fue la única advertencia que Ron le dio antes de derrumbarse encima de ella.
—Perdón… —jadeó él con su pene aún latiendo dentro de ella al soltar la última gota de su esencia dentro del artefacto muggle que tenía puesto—. Traté… traté… No pude… aguantar… increíble... lo siento —dijo de nuevo, rodando sobre su espalda y llevándola junto con él, por lo que ahora ella terminó encima suyo—. Lo siento.
—No… hay problema —le aseguró Hermione.
—No —objetó Ron aún manteniendo los ojos cerrados mientras su pecho continuaba agitado debajo de ella—. No... no es justo. No pudiste...
—Ah, eso… —respondió ella cuando se dio cuenta de a qué se refería—. No te preocupes. Aún así me encantó. De verdad —afirmó—. En realidad no esperaba llegar —admitió, moviéndose lo suficiente como para salir del enlace y recostarse a su lado para así poder cerrar las piernas y darles un descanso—. Supongo que primero me tengo que acostumbrar a hacerlo.
—O podría ocuparme de ti antes de empezar —dijo, abriendo los ojos y sonriéndole —. O después… —añadió, arqueando una ceja—. Sólo dame un segundo y te…
—No, está bien así —objetó Hermione, y sus mejillas se inundaron de un color oscuro. No sabía por qué estaba tan avergonzada. No era como si él no se lo hubiera hecho antes, pero nunca lo había hecho después de terminar de tener relaciones sexuales. «Seguramente le dará asco», pensó. «Estoy toda caliente, transpirada y asquerosa»—. No Ron, en serio —espetó cuando Ron se incorporó súbitamente—. Deberíamos... Todavía tenemos que terminar la poción y...
—Eso puede esperar —interrumpió él, acercándose a ella y callándola con un tierno beso—. No tienes que quedarte con las ganas —le susurró unos momentos después.
—No, en serio, no tienes que hacerlo. Estoy muy…
—Frustrada —respondió él, deslizando una de sus rodillas entre sus piernas y obligándola a abrirlas—. Lo justo es justo, mi amor. Además, quiero hacerlo —aseguró—. Ya quería antes, ¿recuerdas?
—Pero estoy hecha un asco.
—No, sólo estás bien cogida, nada más —afirmó sin rodeos, por lo que Hermione se sorprendió sobremanera—. Y ardiente como el infierno —dijo, separando sus piernas un poco más para poder arrodillarse entre ellas.
Fue entonces cuando lo vio. Sangre. Había sangre en las sábanas debajo de ella. Sólo unas gotas. Apenas había alguna si pensaba un poco, pero de inmediato le llamó la atención—. Mierda —se quejó, con los ojos precipitándose a su pene, que aún estaba cubierto por esa cosa muggle—. ¡Mierda! —insultó en voz alta cuando se dio cuenta de que no sólo estaba empapado con sus jugos, sino en sangre también—. Estás sangrando —dijo con verdadera preocupación en su voz.
—Se suponía que esto iba a pasar —le recordó—, pero todo está bien. No me duele más. ¡No! ¡Espera! —gritó, cuando lo vio queriendo alcanzar el condón—. ¡No lo toques!
—¿Por qué no? —preguntó, apartando la mano rápidamente como si estuviera infectado o algo.
—Necesitamos tanto lo que está dentro como lo que está fuera —dijo ella, sentándose con rapidez—. Será mejor que me dejes hacerlo. Sólo espera un segundo —añadió al inclinarse y separar las gruesas cortinas del dósel—. ¡Maldición! —gritó ella después de echar un vistazo.
—¿Hermione?
—¿Dónde está mi bolso?
—Hermione.
—¡Pero si estaba aquí!
—Y lo está —informó Ron.
—¿Dónde? —preguntó ella, mirando a todos lados—. ¿Dónde? —repitió al ver el sitio donde ella había acomodado su ropa.
—De este lado.
—Ah —murmuró ella, inclinándose hacia adelante y agarrando la correa para levantarla—. De acuerdo, espera un segundo —le indicó mientras retiraba el frasco que contenía la Poción de Acoplamiento de su bolso y se lo entregaba a él.
—¿Qué se supone que debo hacer con esto? —preguntó Ron con incertidumbre.
—Sólo espera. Merlín… —suspiró ella—. Sé que tengo tiritas extra por algún lado —dijo ella sin prestarle mucha atención a Ron—. ¿Dónde están?
—Eh… —titubeó él, pero luego lo pensó mejor. Se acordó de las tiras de tela de las que ella hablaba. Las había visto cuando estaba hurgando en su bolso. También recordó haberlas sacado de allí. No estaba seguro si debía decírselo o no—. ¿Para qué las necesitas? —preguntó finalmente.
—Para limpiar la sangre.
—Oh —dijo Ron mientras exploraba la superficie de la cama porque era allí donde los había arrojado—. ¿Por qué mejor no usas tus bragas? —inquirió cuando sus ojos se posaron en el encaje de color rosa.
—Supongo que no hay otra opción —dijo Hermione, sacando la varita de su bolso antes de agarrar sus bragas. Un simple movimiento de su muñeca fue todo lo que necesitó para dejar sus sexys bragas de encaje rosado hecha tiritas.
«Olvídate de verla con eso otra vez», suspiró Ron tristemente.
—Ábreme el frasco, ¿quieres? —sugirió Hermione, mientras se arrastraba hacia adelante y se arrodillaba delante de él con una tira hecha jirones de su ropa interior para frotar los fluidos que estaban fuera del condón—. ¿Hay más? —preguntó, una vez que terminó.
—¿Más qué? —cuestionó Ron, esforzándose por conseguir abrir la tapa del frasco.
—Ah, he usado un encanto de sello permanente en eso —dijo, golpeando el frasco con su varita mágica—. Lo siento. Se me olvidó. ¿Hay más sangre?
—Eh... —replicó Ron, luciendo un poco mareado cuando la tapa del frasco se desprendió y le llegó el aroma del brebaje que estaba a punto de beber—. Por allá —dijo, señalando hacia el centro de la cama—. Creo que hay algo allí donde estábamos... Ya sabes.
—¿Eso es todo? —cuestionó Hermione, mirando hacia él, una vez que había encontrado los puntos a los que se refería—. ¿Eso es todo lo que hay?
—¿No alcanza? —preguntó en el tono preocupante que venía usando demasiado últimamente.
—Para la poción —respondió ella—, sí. «Para que armes un escándalo», pensó, «no»—. Voy a tener que cortar las sábanas —dijo, apuntando su varita hacia la colcha antes de que tuviera la oportunidad de responder algo—. Las arreglo después —agregó—. Ron, ¿estás bien? —preguntó Hermione cuando levantó la vista y vio la palidez en el rostro de Ron.
—Sí —respondió mecánicamente—. Es sólo que... es ahora. Realmente vamos a… hacerlo.
—Por supuesto que sí.
—¿Qué pasaría si... ? —comenzó a preguntar y luego reformuló antes de llegar a meterse en problemas—. Estoy seguro de que preparaste todo con mucha cautela y eso, pero ¿y si algo sale mal?
—Dejamos de usar los talismanes.
—No, quiero decir muy mal —aclaró. «Como juntar Poción Multijugos y pelo de gato», pensó, pero mantuvo ese pensamiento para sí mismo.
—Por eso le dije a Ginny todos los pasos que dí para preparar la poción —respondió Hermione—. Nada va a ir mal, pero si así fuere, Ginny le dirá a Madam Pomfrey exactamente lo que hicimos. No hay nada de qué preocuparse.
«¿Sí? Salvo que va a decirle a Dumbledore, que le diré a mi mamá, que vendrá hasta aquí directamente a la enfermería, y cuando se entere del Lànain, puedes apostar que nos matarnos a los dos. Nada de qué preocuparse y una mierda. Si algo llega a salir mal, estamos fritos».
—¿Ron?
El sonido de su nombre, le llamó la atención y lo trajo de vuelta.
—¿Has cambiado de opinión? —preguntó Hermione, cuando sus ojos se encontraron con los suyos—, porque si así fuere, ahora sería un buen momento para decírmelo. Si sigues con todo esto sólo porque crees tener la obligación de hacerlo, lo sabré. Una vez que estemos conectados no serás capaz de esconderme nada. Si no quieres hacer esto, necesito que me lo digas.
—No, claro que quiero —protestó—. De verdad —agregó cuando ella hizo una mueca con los labios—. Bueno, al demonio, mejor te lo digo, ya que si va a ser como tú dices lo sabrás de todos modos. Estoy un poco nervioso, es todo —confesó—. Si algo sale mal, mamá se va a enterar y entonces realmente estaremos en problemas. Quiero decir que nunca haz visto a mi mamá cuando ella está muy enfadada por algo. Podré ser capaz de protegerte de mortífagos, pero dudo poder defenderte de ella. Y la cosa es que sé como eres. No darás marcha atrás tú tampoco. Ella va a exigir que nos quitemos los talismanes del Lànain y tú te negarás por todos los medios. Y si ninguna de las dos da el brazo a torcer terminará todo mal. Muy, muy mal.
—¿Y no quieres quedar atrapado en medio? —preguntó Hermione, sacudiendo la cabeza en desaprobación.
—Demonios, no —respondió Ron siendo completamente honesto—. Yo estaría a tu lado. «Y con eso me refiero a que me pararé junto a ti y te mantendré la boca cerrada». Pero la cosa es que no sé si eso será suficiente. Sinceramente, no sé que pasaría si ustedes dos se enfrentaran. Sólo sé que se pondrá bien feo. Ambas pelearán como nunca, pero al final alguna tendrá que ceder.
—¿Y me estás pidiendo que sea yo quien lo haga? —inquirió Hermione mientras se cruzaba de brazos—. ¿No quieres que me le enfrente? ¿Quieres que la deje tomar el control de nuestras vidas?
—Por supuesto que no —suspiró Ron. ¿Por qué era tan difícil de explicar?. No era como si no quisiera que ella hiciera nada, sino que estaba preocupado por la magnitud de la pelea que vendría y por no saber quién finalmente vencería—. No quiero que hagas nada —trató de explicar—. Al menos nada de lo que por lo general no harías. Sólo me preocupa el no saber cuál de las dos ganará.
—Ah, seré yo —dijo Hermione sin lugar a dudas—. Puedes contar con ello.
«Ves, esto es exactamente lo que estoy hablando», pensó Ron. «Obstinada y renuente a ceder sin siquiera considerar el hecho de que quizá tengas todas las de perder».
—Pero no llegaremos tan lejos —dijo Hermione—, porque no hay nada malo con esta poción —insistió, tomándolo de la mano y tirando las tiritas de papel que había recolectado dentro del frasco—. Se que va a funcionar muy bien —continuó, sosteniendo el frasco debajo de él mientras le retiraba con cuidado el condón que llevaba puesto, y vaciaba su contenido allí dentro también—. Bueno, eso es todo —dijo, después de volver a colocar la tapa y agitar hasta que la cosa pegajosa dentro se volviera de un púrpura brillante—. Está lista. ¿Quieres tener el honor de dar el primer sorbo o lo doy yo?
N/T: Al fin! 53 capítulos y al fin! Jajjaa. Igual tengo que admitir que me da vergüenza estar traduciendo estas cosas con mi novio dando vueltas alrededor de la notebook. Me inhibe, jaja. Perdónenme por no contestar los reviews del capi anterior, los respondo mañana sin falta. Nos leemos el lunes que viene!
