¡Hola de nuevo! Aquí os dejo un nuevo capítulo (bastante largo, creo), en el que las piezas empiezan a ir encajando. Me está costando bastante escribir estos capítulos actuales, porque mi principal preocupación es mantener la coherencia de las distintas líneas argumentales y que todo se acople de manera que la historia se desarrolle de forma fluída y creíble. Por eso estoy tardando tanto en actualizar últimamente. Espero que me lo sepáis disculpar .

Quisiera dar las gracias, como siempre, a Atenea Weasley, que es mi "Beta" particular (:P). ¡Muchas gracias, guapa! ;)

Y también, muchísimas gracias por vuestros reviews a MakaBeRed, tinkabellafeyd (¿para cuándo una nueva actualización tuya? :P), Drake Malfoy, MoonyMarauderGirl y andrew potter granger (con el que cometí un error del que ya me disculpé ).

Y ahora, a leer. Espero que disfrutéis de este capítulo ;).

DE LA ORDEN, LOS HORCRUXES Y HARRY POTTER:

A las 20:01 h de la noche, Hara se aparecía en el exterior de La Madriguera, convertida ahora en el Cuartel General de la Orden, al menos, provisionalmente. Empezaba a hacer calor, y el sonido de los grillos inundaba la quietud de aquella incipiente noche de verano. Había luz en las ventanas de la casa, y varias siluetas se movían tras ellas indicándole a Hara que los demás miembros de la Orden ya habían llegado o, al menos, la mayoría.

Respiró profundamente y empezó a caminar hacia la puerta de la vivienda. Conforme se acercaba, el contorno de dos siluetas se fue dibujando cerca de un seto a pocos metros de la entrada de la casa, iluminadas ténuemente por la luz que se filtraba a través de las ventanas desde el interior. Una de las siluetas era alta, grande e imponente, la otra, era mucho más menuda, fina y delgada. Cuando la oyeron acercarse se volvieron hacia ella y empezaron a caminar en su dirección. Hara ralentizó la marcha poco a poco y entrecerró los ojos para intentar identificar a aquellas dos figuras que se aproximaban.

No tuvo que esperar mucho tiempo para averiguar quiénes eran.

- Buenas noches, Eslitere –la saludó Kingsley muy serio.

- Hola –ella le devolvió el saludo y le hizo una seña con la cabeza a su acompañante para saludarla también.

- Hemos estado muy preocupados por ti –le dijo Tonks- ¿Dónde has estado?

- He estado bien –contestó Hara a su auror y miró a uno y a otra- ¿Me estábais esperando?

La joven auror le dirigió a Kingsley una mirada cómplice e incierta.

- El rumor se ha extendido por todo el Departamento –se decidió a explicar- Queríamos que nos lo dijeras tú. No le hemos comunicado nada a la Orden todavía sin hablar primero contigo.

Kingsley miraba a su antigua compañera con gravedad esperando una respuesta. Tonks le dirigía una mirada suplicante. La veterana auror le había confesado muy sutilmente a Colin que, efectivamente, ella había mantenido una relación con Snape, el "asesino" de Albus Dumbledore. Sin embargo, los dos colegas que tenía delante en aquel momento parecían ignorar ese dato. El lugarteniente de su equipo de aurores había sabido ser discreto. Bien por Colin.

La bruja analizó la situación. Había investigado lo suficiente como para presentar ante la Orden pruebas bastante sólidas de la inocencia de Severus. Pero el peligro de que la noticia se filtrase era alto, como había podido comprobar con la indiscreción de Mundungus y era absolutamente necesario que Voldemort continuase confiando en la fidelidad de Snape, si es que querían encontrar esos malditos horcruxes. Por otro lado, no creía que Moody aceptase esas pruebas de buen grado y mucho menos, que pudiese entender la relación que ella mantenía con el ex-mortífago. No era probable que en esas circunstancias la Orden aceptase el plan que iba a proponerles. Lo más prudente sería callar de momento y optó por hacer lo mismo que había hecho Severus ante el Señor Tenebroso: negarlo todo. Al fin y al cabo, era su palabra contra la de Mundungus y no dudaba en quién depositaría la Orden su confianza.

- Lo que Mundungus dijo no es cierto –afirmó sosteniendo las miradas de sus dos colegas.

Ya está. Lo había hecho. Les había mentido. Por el Bien Mayor, como Dumbledore. ¿Con qué ética podría mantener ahora sus críticas hacia la actitud del viejo director? Sin embargo y a pesar de todo, sabía que había hecho lo correcto, aunque pareciese contradictorio.

Tonks se volvió hacia Kingsley con el rostro radiante.

- ¿Lo ves? –le dijo- Sabía que Mundungus había mentido. Esa noche le pillaron con un medallón muy caro y está claro que intentó comprar su libertad con esa historia. Muy propio de él.

El auror había relajado su expresión, pero continuaba mirando a su compañera con gravedad.

- ¿Han emitido ya la orden de mi busca y captura? –le preguntó Hara.

- No –contestó Kingsley- Lo conveniente habría sido detenerte en el mismo Departamento, sin problemas y con rapidez. Admitir ahora que la "cómplice" se les ha escapado también delante de sus narices, empeoraría todavía más la imagen del Ministerio ante la sociedad mágica. Tu huída abortó el plan de Scringeour y ahora su máximo interés es que ese rumor desaparezca antes de que pueda llegar a oídos de la prensa. Sin embargo, no dudarán en detenerte y continuar con el plan si te encuentran.

- Debes continuar escondida –añadió Tonks.

- Comprendo –murmuró la auror.

- Creo que deberíamos poner en antecedentes a la Orden –añadió Kingsley- Por si el rumor se filtrase a otros Departamentos. Recuerda que Arthur también trabaja en el Ministerio.

- De acuerdo –asintió Hara- Yo misma se lo diré.

- Bien, entonces vamos. Nos están esperando –ordenó Tonks abriendo la marcha.

Kingsley la siguió y Eslitere cerró la pequeña comitiva. Remus Lupin apareció en el umbral de la casa en ese momento provocando que la luz del interior se desparramara en la oscuridad cuando abrió la puerta. Tonks se acercó a él sonriente, lo besó deprisa en los labios y le susurró algo al oído mirando a Hara de reojo. Después, dirigió al licántropo una sensual mirada recorriendo su cuerpo de arriba a abajo y entró en la casa seguida de Kingsley. Pero Lupin no se movió de donde estaba. Hara se detuvo frente a él cuando llegó a su altura.

- Veo que, finalmente, has entrado en razón –le dijo sonriéndole.

- Tonks puede ser muy "persuasiva" cuando quiere –contestó el licántropo sonriendo también.

- Me alegro mucho, Remus.

El licántropo la miró fijamente durante unos breves segundos y después, la cogió de un brazo y la alejó de la entrada unos pocos metros internándose en la oscuridad.

- Me acaba de decir que lo has desmentido –le dijo gravemente.

- ¿Tú sabías lo de Mundungus? –preguntó la bruja un tanto sorprendida, pero reaccionó de inmediato- Sí, claro..., supongo que es normal que a ti sí te lo contara.

Lupin continuaba mirándola fijamente.

- Te han creído –continuó y no era una pregunta.

Ella no dijo nada, pero sostuvo la mirada de su amigo con la cabeza alta.

- Hace tiempo que lo sé, Hara –le dijo él en un susurro- Y tú sabes que yo lo sé.

La auror respiró profunda y lentamente.

- Por supuesto... –murmuró- A ti no puedo engañarte, ¿verdad?

- No –contestó su amigo negando lentamente con la cabeza.

El silencio cayó entre ambos mientras continuaban mirándose con gravedad.

- No soy cómplice de ningún asesinato, Remus –dijo la auror finalmente- Supongo que en eso sí me creerás.

- Sí, en eso sí –Lupin sonrió tristemente- ¿Cómo te sientes?

- Bien –contestó ella con tranquilidad- Estoy bien, de verdad.

- ¿Lo has visto?

- Remus –su voz sonaba grave- No me hagas preguntas que no puedo contestarte. Sólo te pido que confíes en mí ahora.

Se quedaron en silencio de nuevo. Lupin la miraba dejando entrever la lucha interna que estaba manteniendo en aquel momento. Finalmente, su rostro se relajó.

- Guardaré tu secreto –le dijo- No quiero que te conviertas en la nueva Snape de la que todos desconfían.

- Gracias, Remus.

La bruja se abrazó a su amigo y él la correspondió.

- Vamos –le dijo el mago- Todos están dentro ya.

La cocina de los Weasley era de un tamaño bastante considerable, pero abarrotada de gente como estaba en aquel momento, daba la sensación de que se había empequeñecido un poco. Todavía persistía un agradable aroma a estofado y los muebles tenían el encanto del estilo rural y hogareño, a pesar de estar ya bastante viejos y desgastados por el uso.

Algunos miembros de la Orden permanecían todavía de pie, charlando entre ellos en corrillos. Arthur Weasley se había sentado ya cediendo la presidencia de la mesa a Minerva McGonagall, que también estaba sentada, muy erguida en su silla. A su izquierda, Ojoloco Moddy hacía girar su artificial globo ocular en todas direcciones, no perdiendo ni un detalle de todo lo que pasaba a su alrededor. Hagrid estaba sentado sobre un banco que habían dispuesto especialmente para él, junto a Alastor, con una expresión todavía triste en su rostro. Habían asistido también los hijos mayores de los Weasley, Charlie y Bill, que charlaban amistosamente con otros dos chicos pelirrojos e idénticos, que Hara no había visto nunca. Kingsley y Tonks no se habían sentado todavía y Molly estaba muy ocupada sirviendo cervezas de mantequilla a todos los presentes. La auror se sorprendió al ver a Harry Potter allí también, pero supuso que al ser el Elegido y alcanzar casi la mayoría de edad, era lógico que empezase a asistir a las reuniones de la Orden. Sus amigos, Ron y Hermione, lo acompañaban.

- Ya estamos todos –anunció Lupin cuando él y Hara entraron en la cocina- Podemos empezar cuando querais.

Los que aún estaban de pie se sentaron y McGonagall tomó la palabra.

- Buenas noches a todos –les dijo- Como ya sabeis, esta es la primera reunión de la Orden desde que Albus murió y ahora...

- Desde que fue asesinado querrá decir, profesora –le interrumpió Harry con la rabia contenida en sus palabras.

Se alzó un murmullo entre los presentes que la directora acalló de inmediato.

- No vuelva a interrumpirme, Sr. Potter –le atajó duramente; el chico apretó los labios y se contuvo- Gracias –lo dijo con dureza y volvió a mirar a los demás- Como iba diciendo, ahora nos encontramos en una complicada situación. Supongo que todos estamos de acuerdo con que la Orden continúe con su trabajo, ¿no es así?

Los miembros de la Orden del Fénix asintieron enérgicamente sin vacilar.

- Bien –continuó la profesora- Debemos pensar, entonces, en cuál va a ser nuestra estrategia a partir de este momento.

- Antes de empezar, me gustaría deciros algo –la interrumpió Hara; miró a Kingsley y éste asintió- Es necesario que lo sepáis por si el rumor se extiende a otros Departamentos del Ministerio- se volvió hacia el Sr. Weasley, quien frunció el ceño- Mundungus Fletcher fue detenido la noche en la que Albus murió y explicó que, en cierta ocasión, nos había visto a Snape y a mí en una situación... "íntima". Sólo quería que supiérais que esa historia no es cierta.

Habló con tranquilidad, sin que se le quebrara la voz ni una sola vez y se sintió mal. Ni siquiera se atrevió a mirar a Remus. La segunda misma mentira de la noche. Y todo por el maldito Bien Mayor.

- Por eso no ha venido esta noche –continuó Tonks- Continúa detenido todavía.

- Mundungus es un ratero de segunda fila –dijo Moody- ¿Qué robó esta vez para que lo retengan durante tanto tiempo?

- Al parecer, esta vez el robo no fue tan insignificante –explicó Kingsley- Le pillaron en posesión de un medallón de gran valor. Por eso creemos que se inventó esa historia para comprar su libertad.

- Y ahora Eslitere tiene que mantenerse escondida –finalizó Tonks- Al Ministro le vendría muy bien detener a un "cómplice" para acallar el descontento hacia el Ministerio.

Harry apretó los puños con rabia y Hermione le puso una mano en el brazo para calmarlo. No era un secreto para nadie que las relaciones del chico con Scringeour distaban bastante de ser "amistosas". Le dirigió a Hara una mirada solidaria.

En ese momento, Hagrid se limpió la nariz con un estruendo, hundiendo la mitad de su rostro en una especie de sábana que utilizaba como pañuelo y acaparando la atención de todos.

- ¿Qué ocurre, Hagrid? –le preguntó la Sra. Weasley cariñosamente.

- Harry... –balbuceó el gigante entre hipidos- Harry... encontró un medallón también al lado del cuerpo de Dumbledore cuando lo vimos... al pie de la...

Volvió a limpiarse la nariz con estruendo.

- Lo siento... –se disculpó- Lo del medallón de Mundungus me lo ha recordado- Molly se había levantado y le daba palmaditas en los hombros intentando calmarlo.

- ¿Tienes adónde ir? –le preguntó Remus a su amiga sin prestar demasiada atención al semi-gigante.

- Sí, no te preocupes. No me encontrarán.

La auror miró a Hagrid. ¿Dumbledore llevaba un medallón cuando cayó de la Torre? "Demasiados medallones en un sólo día", pensó. Sin embargo, era imposible que pudiera tratarse del mismo objeto. Si Harry se había quedado con el de Dumbledore, era imposible que Mundungus lo hubiese podido robar.

- Bien, te agradecemos que nos hayas informado sobre ese desagradable incidente –dijo Minerva dirigiéndose hacia Hara- Tienes todo nuestro apoyo frente al Ministerio y no dudes en pedirnos ayuda si lo necesitas –la auror asintió en señal de agradecimiento- Ahora, si os parece, podemos continuar con la reunión. ¿Alguna sugerencia sobre lo que debemos hacer?

Hara no podía evitar que aquel medallón que Harry había encontrado junto a Dumbledore, volviera una y otra vez a su mente. Era una prueba más de que la caída del viejo mago había sido lenta, puesto que tampoco lo había perdido durante el descenso. Pero no era eso lo que la inquietaba. Era otra cosa, aunque no sabía el qué. Percibía las voces de los demás como algo lejano mientras pensaba en aquel medallón, cuya existencia había descubierto de una forma tan casual. ¿Qué era aquel medallón? ¿Un recuerdo de familia, quizá? ¿Por eso lo llevaba Dumbledore encima? Sin embargo, nunca, en todos los años que hacía que lo conocía, le había visto en posesión de ningún medallón. Por otro lado, sabía que el viejo mago se ausentaba del colegio con más asiduidad de la normal durante los últimos meses, lo que había obstaculizado que Severus y ella pudieran verse con la frecuencia que hubiesen deseado. Y cuando Snape le habló de los horcruxes, enseguida relacionó esas ausencias con la búsqueda de aquellos objetos del demonio. La tarde anterior a su muerte, Dumbledore se había ausentado del castillo también y se había llevado a Harry con él, según le contó McGonagall. Y después, estaba en posesión de un medallón cuando murió.

Y las piezas encajaron.

Puso sus manos sobre la mesa cerrándolas en un puño y estiró los brazos mirando a Harry con fijación.

- ¿Dónde fuisteis Dumbledore y tú aquella tarde, Harry? –preguntó lentamente.

Remus, que estaba hablando en aquellos momentos, interrumpió su discurso y miró a su amiga y a Harry alternativamente, con el ceño fruncido.

El chico estaba tenso, pero se mantuvo en silencio. La auror se levantó lentamente de su silla, apoyando sus puños sobre la mesa todavía y adelantando su cuerpo ligeramente, sin dejar de mirarlo.

- Te llevó con él en la búsqueda de un horcrux, ¿no es así? –volvió a preguntar- Ese medallón que encontraste junto al cuerpo de Dumbledore, ¿era el horcrux que fuísteis a buscar?

Ron, Hermione y Harry se miraron desconcertados.

- Harry... –murmuró la chica.

- Cállate... –le susurró su amigo.

- ¿Horcrux? –la pregunta surgió de los labios de Ojoloco con rabia y sorpresa y retumbó en toda la cocina.

El auror se levantó de su silla y renqueó hacia un lado y hacia el otro apoyado en su bastón.

- Claro... –murmuró- ¡Así es como lo hizo el maldito cabrón! ¡Por eso no murió la noche que intentó matar al chico!

Minerva se llevó la mano a la boca y una expresión de horror apareció en sus ojos. Lupin tensó sus mandíbulas y Kingsley no pudo evitar que una mueca de repulsión apareciera en sus labios. Tonks se había quedado completamente blanca.

- ¿Alguien me puede explicar qué es eso del "horcrux"? –preguntó Molly Weasley mirando a unos y a otros totalmente desconcertada.

Cuando Ojoloco lo explicó muy claramente y en voz alta, la pobre mujer gimió horrorizada mientras su marido se apresuraba a calmarla. Los chicos Weasley empalidecieron de repente.

- ¿Tú lo sabías, chico? –preguntó Moody fuera de sí dirigiéndose hacia Harry con un gesto poco tranquilizador- ¿Sabías que Voldemort se había hecho un horcrux?

La mayoría de los presentes se removió incómodo en sus asientos ante la mención de aquel nombre.

- Me temo que no se hizo sólo un horcrux, Moody, ¿verdad, Harry? –preguntó Hara en aquel momento.

- ¿Cómo que no se hizo sólo un...? –bramó el viejo auror con rabia- ¡Que todos los diablos del infierno me lleven! ¡Nunca ningún mago se había hecho más de un horcrux en toda la Historia de la Magia! ¿Pero qué clase de monstruo es ese ser al que nos enfrentamos?

Se volvió hacia Harry y lo increpó duramente.

- ¿Cuántos horcruxes se ha hecho ese malnacido? –le gritó- ¡Habla!

- Alastor –le interrumpió Lupin- Cálmate, ¿quieres? No puedes tratar a Harry de esa manera. El chico no tiene la culpa.

- Remus tiene razón –Minerva se había levantado de su asiento e intentaba llevarse a Moody al suyo de nuevo. El auror se dejó llevar a regañadientes por ella.

- Harry... –la voz de Hermione sonó como un susurro en medio de toda aquella tensión- Harry, deberías...

El chico negó enérgicamente con la cabeza, con todo su cuerpo en tensión.

- Escucha... –insistió su amiga- Sé que se lo prometiste y, de hecho, has cumplido con tu promesa. Tú no has dicho ni una sola palabra, pero ellos lo han descubierto igualmente. Ahora es absurdo seguir callando.

Harry la miró angustiado y tragó saliva. La chica asintió lentamente con la cabeza sonriéndole. Después, el muchacho miró a Ron.

- Creo que Hermione tiene razón –le dijo su amigo muy serio- Tú has cumplido con tu palabra, Harry.

El Elegido hundió las manos en su pelo, en medio del silencio expectante de todos los presentes y las arrastró hacia atrás alrededor de su cabeza, hasta la nuca.

- Ha dividido su alma en siete partes, seis horcruxes y la parte que aún conserva en su cuerpo –un murmullo de horror se elevó entre los presentes cuando habló- Eso fue lo que me dijo el profesor Dumbledore y me encargó que continuase con su búsqueda. Me hizo prometer que no se lo diría a nadie. Sólo me permitió compartirlo con Hermione y con Ron.

- ¿Albus te encargó a ti esa misión? –preguntó Moody incrédulo, todavía iracundo.

Harry asintió en silencio y el viejo auror resopló con hastío mientras se levantaba de su silla de nuevo y volvía a renquear por la cocina.

- ¿Pero en qué estaba pensando ese viejo chiflado cuando hizo eso? –bramó- ¿De verdad creía que unos muchachos, que aún no habían finalizado su formación mágica, podían hacerse cargo de algo así ellos solos?

Harry abrió la boca para protestar, pero se interrumpió de repente cuando Moody se dirigió hacia él y lo zarandeó cogiéndolo del jersey.

- ¿Y si hubiéseis muerto en el intento, que era lo más probable? ¿Cómo habríamos podido acabar los demás con ese malnacido, si no sabíamos que se había hecho todos esos horcruxes?

- Cálmate, Moody –le increpó Hara- Harry no es el responsable de las decisiones que tomara Dumbledore. Se ha limitado a hacer lo que ha considerado su deber y estaba dispuesto a cumplir con las órdenes que había recibido, a pesar del peligro al que se exponía.

Ojoloco la miró con las mandíbulas apretadas todavía, pero aflojó poco a poco su puño liberando al chico.

- Lo siento, Harry –le dijo- Me dejé llevar- volvió a su sitio y se sentó resoplando de rabia todavía.

Todos los miembros de la Orden del Fénix se mantuvieron en silencio reflexionando sobre la información que acababan de escuchar e intentando asimilar el horror que suponía la creación de seis horcruxes y los sacrificios humanos que habría precisado.

- Bien –Minerva rompió el silencio- ¿el profesor Dumbledore os comentó algo sobre la localización de esos seis horcruxes y lo que son? –preguntó dirigiéndose a los tres amigos.

Hermione miró a Harry y este asintió con la cabeza.

- En realidad, ahora sólo quedan cuatro –dijo la chica- Dos de ellos ya han sido destruídos –Hara prestó especial atención a esas palabras.

- ¿Destruídos? –preguntó Lupin estupefacto- ¿Cómo?

- Uno de ellos lo destruyó Harry sin saber que se trataba de un horcrux –explicó Ron- Fue en el segundo curso, cuando se abrió la Cámara Secreta –miró hacia sus padres- El diario que encontró Ginny era un horcrux y Harry lo destruyó clavándole un colmillo del basilisco. Así fue como pudo salvarla.

La Sra. Weasley se llevó la mano al pecho reprimiendo un gemido de terror, entendiendo ahora que su hija pequeña había corrido un peligro mucho mayor del que habían sido conscientes.

- ¿Y el otro horcrux? –volvió a preguntar Minerva.

- El otro lo destruyó el profesor Dumbledore –explicó Hermione de nuevo- Era un anillo que había pertenecido a Salazar Slytherin y que ahora poseían sus descendientes, los Gaunt. Vol... demort... se lo robó a su tío y desapareció con la joya.

- ¿Cómo lo destruyó Dumbledore y cuándo? –preguntó Lupin- ¿Dónde lo encontró?

- No me dijo cómo lo destruyó, pero creo que lo hizo el verano pasado, antes de empezar este último curso –contestó Harry- Lo encontró en las ruinas de la casa de los Gaunt. Llevaba mucho tiempo investigando la localización de los horcruxes.

- ¿Y sabes algo de los demás? –continuó preguntando el licántropo- ¿Dumbledore había averiguado de qué objetos se trataba?

- Él no estaba seguro –contestó el chico-, pero pensaba que podrían ser objetos relacionados con los cuatro fundadores de Hogwarts: una copa perteneciente a Helga Hufflepuff, un medallón-guardapelo perteneciente a Salazar Slytherin y algún objeto valioso que hubiese pertenecido a Rowena Ravenclaw y a Godric Gryffindor. Descartó la espada de este último, ya que nunca había salido del colegio.

- ¿Dónde los podemos encontrar? –Remus se mostraba cada vez más ansioso- ¿Tenía Dumbledore alguna pista?

Harry negó con la cabeza y Lupin se dejó caer hacia atrás en su silla chasqueando la lengua en señal de fastidio. Hara se mantuvo en silencio. No podía decir que todavía contaban con un espía de la Orden infiltrado en los círculos de Voldemort. Ni tampoco podía decir que el trabajo de Severus era el de localizar esos horcruxes. Mantener la boca cerrada se le estaba haciendo cada vez más difícil y admiró a Severus por su evidente maestría en hacerlo.

- Bien –dijo la auror rompiendo el silencio que se había creado; aquel era el momento que había estado esperando toda la noche- Creo que está muy claro lo que debemos hacer a partir de ahora. Es evidente que la búsqueda y destrucción de esos horcruxes debe ser nuestra prioridad. Pero tampoco debemos descuidar el arma más importante que tenemos –dicho ésto, dirigió su mirada hacia Harry, quien se la devolvió muy serio- Harry debería ser entrenado exhaustivamente para su enfrentamiento final con quién-vosotros-sabéis. La profecía lo ha señalado a él como el mago que deberá vencerlo y nuestro deber es facilitarle las cosas todo lo que podamos destruyendo esos horcruxes y manteniéndolo a salvo hasta el momento de la última batalla.

- ¡Apoyo esa propuesta totalmente! –exclamó Alastor- El chico debe estar protegido mientras los horcruxes aún existan y sea imposible acabar definitivamente con Voldemort.

- ¡Ni hablar! –exclamó Harry enfurecido- ¡Yo también participaré en la búsqueda de esos horcruxes! ¡Dumbledore me lo encargó a mí, al fin y al cabo y nadie me impedirá que lo haga! ¡Es mi misión, no la vuestra!

- Es la misión de todos ahora, Harry –le replicó Lupin- Si trabajamos en equipo tendremos más posibilidades de éxito. Nadie puede sustituirte en el enfrentamiento final contra Voldemort, pero sí podemos ayudarte destruyendo esos horcruxes primero. Ayúdanos tú a todos nosotros preparándote lo mejor que puedas para esa batalla final con el enemigo. Aunque consigamos destruir esos horcruxes, si tú no logras vencerlo, todo habrá sido inútil.

El chico lo miró pensativo durante unos instantes. Se había sentido muy angustiado en los últimos días a causa de esa misión que debía afrontar en solitario y aquella ayuda que le estaba brindando la Orden, además de ser más que razonable, le proporcionaba un alivio que hacía mucho tiempo no sentía.

- Además –Ojoloco volvió a tomar la palabra- ¿Quién te ha dicho que no participarás en la destrucción de los horcruxes? Eso formará parte de tu entrenamiento, chico. Yo mismo te instruiré, si estás de acuerdo, claro.

Fue entonces cuando Harry sonrió por primera vez en toda la noche. Todos sabían que su más ardiente deseo era convertirse en auror y la propuesta de Alastor Moody, el mejor auror de todos los tiempos, era la mejor oferta que podían hacerle.

- De acuerdo –dijo finalmente- Me entrenaré con usted.

Lupin planteó entonces la conveniencia de instruir también a Ron y a Hermione. Aquellos dos chicos habían ayudado siempre a Harry y estaba seguro de que no iban a dejar de hacerlo ahora. Se decidió que Bill Weasley se encargase de preparar a su hermano Ron, a pesar de las protestas del chico y de las reticencias de su madre y se propuso a Tonks para entrenar a Hermione. Pero Kingsley se mostró contrario y propuso a Eslitere. Alegó que la joven auror tenía libertad para moverse por donde quisiera y asumir las misiones de la Orden que fuesen necesarias, mientras que Eslitere debía permanecer escondida debido a su delicada situación con el Ministerio, por lo que no podía ser un miembro de la Orden tan activo como antes. Así que lo más lógico era que Eslitere entrenase a Hermione. La chica aceptó sin oponerse, aunque le hubiese gustado más tener a Tonks como instructora. La conocía y se llevaba muy bien con ella, mientras que a Eslitere apenas la conocía de nada.

Hara percibió la decepción en el rostro de la chica, pero no la culpó. Al fin y al cabo, ella tenía edad suficiente para ser su madre mientras que Tonks era una muchacha joven, más cercana a Hermione. Pero Kingsley no estaba errado. Ahora su situación era similar a la que había padecido Sirius Black anteriormente y, al igual que él, ella no podría ser de demasiada utilidad para la Orden en aquel momento. Ocuparse del entrenamiento de Hermione era la mejor solución para todos y permitiría que Tonks estuviera libre para asumir otras misiones en el exterior.

- Decidido, entonces –Minerva volvió a tomar las riendas de la reunión- ¿Alguna sugerencia más respecto a la búsqueda de los horcruxes?

- Eslitere –murmuró Moody un tanto suspicaz; la auror se volvió hacia él- ¿Cómo sabías tú lo de los horcruxes?

La pregunta la tomó por sorpresa. ¿Qué podía decirle? ¿Que se lo había dicho Severus Snape? Obviamente, no.

- No lo sabía –dijo al fin aparentando seguridad- Hace unas semanas, uno de mis confidentes me pasó una información que me hizo sospechar de la existencia de esos horcruxes. Hoy, durante la reunión, he terminado de atar cabos.

- ¿Qué clase de información? –continuó preguntando Ojoloco.

- ¿Me estás interrogando, Moody? –preguntó la auror sonriendo e intentando mostrarse tranquila.

- ¡Oh, vamos, Alastor! –intervino Lupin inmediatamente- ¿Necesitas buscar a alguien de quién sospechar, ahora que ya no tienes a Snape?

- ¡Alerta permanente, Lupin! –le contestó el viejo auror- ¡Alerta permanente!

- Alastor, por favor –intervino Minerva- No seas ridículo. Eslitere no es el enemigo.

- Tampoco lo era Snape y acabó asesinando a Albus –le replicó el mago. Hara tuvo que hacer esfuerzos de nuevo para mantener su boca cerrada.

- Pero había sido mortífago y todos sospechábamos de él –replicó Tonks- No estamos ante el mismo caso, Moody. No seas paranoico.

- Eslitere es una veterana auror; consiguió una pista y hoy ha podido confirmar sus sospechas. Me parece una explicación suficiente, así que dejemos de perder el tiempo y prosigamos, por favor –continuó Minerva- ¿Alguna idea más para buscar esos horcruxes?

Moody gruñó, pero no continuó insistiendo y Hara suspiró aliviada.

- Harry –intervino la auror de nuevo- Aún no has contestado a mi pregunta. ¿Dumbledore y tú fuísteis a buscar un horcrux aquella tarde?

- Sí –contestó el chico resignado-, aunque todo fue inútil. La información que tenía el profesor Dumbledore era correcta, pero alguien se nos había adelantado. Lo que allí había era un horcrux falso. Lo descubrí cuando encontré el medallón al lado de su cuerpo.

- ¿Puedo ver ese medallón, Harry? –preguntó Lupin- ¿Lo tienes aquí?

El chico metió su mano en uno de los bolsillos de su pantalón y sacó un pequeño objeto redondo de color dorado opaco, con algo grabado sobre él. Lo abrió y extrajo un trozo de pergamino doblado de su interior.

- Encontré ésto –dijo entregándoselo todo al licántropo.

Remus lo tomó con cuidado y examinó el medallón en primer lugar. No tenía nada de especial, salvo por el hecho de que una "S" se hallaba grabada toscamente sobre la tapa.

- Parece que Dumbledore iba tras el medallón-guardapelo de Slytherin... –murmuró mientras le daba la vuelta a la falsa joya.

Alzó su varita y analizó la magia del objeto, pero no encontró rastro de ella. Aquel no era un objeto mágico. Cogió el pergamino y lo desdobló. Leyó en silencio y en mitad de la lectura, abrió mucho los ojos sin apartarlos de aquel papel mientras su mandíbula se tensaba.

- Regulus... –susurró.

- ¿Regulus? –preguntó Harry un tanto desconcertado- ¿El hermano de Sirius?

- ¿Mi primo Regulus? –preguntó Tonks a su vez.

- Sí –contestó el licántropo- Esta es su letra y estas son las iniciales de su nombre: "R.A.B.", Regulus Arcturus Black –levantó la cabeza lentamente y miró a Harry- Por eso lo mataron...

Hermione abrió sus labios ligeramente y fijó su desconcertada mirada en Lupin.

- Un momento –murmuró y se volvió hacia Harry- ¿Te acuerdas cuando encontramos a Mundungus en Hogdsmeade aquel día? Lo descubrimos con varios objetos robados de Grimmauld Place. ¿Lo recuerdas?

- ¿Quieres decir que el medallón que le confiscaron a Fletcher, pudo haberlo robado de la casa de Black? –preguntó Kingsley adelántandose ligeramente en su silla.

- Exactamente –contestó la chica muy excitada- Quizá a Regulus no le diese tiempo de destruir el horcrux antes de que lo mataran y ha permanecido olvidado en la casa durante todos estos años... hasta que Mundungus lo robó.

- Ese medallón debe estar en el Ministerio ahora mismo, entre los objetos confiscados. ¿Podéis recuperarlo? –preguntó Hara dirigiéndose hacia Kingsley y Tonks.

- Por supuesto –contestó el auror inmediatamente- Lo traeremos y se lo entregaremos a Moody y a Lupin para que lo examinen.

- Bien –intervino McGonagall de nuevo- Seguiremos esa pista de momento y, mientras tanto, los chicos iniciarán sus entrenamientos mañana mismo –los miembros de la Orden asintieron y empezaron a levantarse dando la reunión por finalizada, pero la directora los detuvo- Un momento. Antes de que os vayais quisiera anunciaros algo –miró a todos con gravedad- El retrato de Albus ha despertado finalmente y me ha pedido que le entregue ésto al Sr. Potter.

La directora movió su varita en el aire y un objeto alargado apareció de la nada para depositarse suavemente sobre la mesa, ante McGonagall. Era la espada de Gryffindor que Dumbledore guardaba en su despacho de Hogwarts. Minerva la tomó con cuidado pasando sus manos por debajo de la empuñadura y de la punta de la espada, se levantó de su asiento y se dirigió hacia Harry, quien se levantó también para esperarla. Cuando llegó frente a él, la anciana bruja depositó la espada sobre las manos del chico.

- Me dijo que la necesitaría –le comunicó la profesora con gravedad- Haga un buen uso de ella, Sr. Potter.

Harry asintió y tomó la espada por la empuñadura levantándola en el aire por encima de su cabeza. Los miembros de la Orden elevaron sus miradas para admirar la magnificencia de aquella histórica arma. Mientras la observaba, Hara pensó que si Dumbledore se la había legado al Elegido, no cabía ninguna duda de que la espada de Gryffindor iba a resultar crucial en la lucha contra Voldemort. Pero, ¿por qué? ¿Qué papel iba a jugar esa espada?

Ojoloco le había pedido el arma a Harry y la observaba con minuciosidad. Los demás lo rodeaban en un intento por verla más de cerca, pero Moody la tenía acaparada. Harry, Ron y Hermione se mantenían prudentemente separados mientras los miraban con una sonrisa burlona en sus labios. Resultaba muy gracioso ver a todos aquellos adultos, algunos de los cuales tenían edad suficiente para ser sus padres, permanecer absortos ante aquella espada como si se tratase de un grupo de niños ante un juguete nuevo. Cuando subieran a sus habitaciones tendrían tiempo de sobra para admirarla ellos también sin que nadie les molestara, así que ahora dejaban que la disfrutaran los adultos. Remus Lupin era el que menos interés parecía mostrar y también se mantenía algo alejado sin apartar sus ojos de Tonks.

- Es curioso... –murmuró Moody de repente- Parece que aquí falta una pieza.

El viejo auror señaló la parte transversal de la cruz de la empuñadura. En su lado izquierdo había un hueco donde parecía que antaño hubiese estado incrustada una joya.

- Fijaos –continuó el auror- En la parte superior de la cruz hay un rubí con una "G" incrustada en el centro, en la parte inferior hay una ághata amarilla con una "H" y en la parte derecha hay un lapizlázuli con una "R". Parece que la joya que estaba en la parte izquierda ha desaparecido.

- Cierto... –murmuró Tonks inclinándose un poco para poder apreciarlo mejor- Bueno, es una espada muy antigua y no es extraño que con el paso de los siglos haya perdido alguna joya que tuviera originalmente.

- No, supongo que no es extraño –respondió Moody levantándose- Toma, Harry, cuídala bien –le dijo al chico devolviéndole el arma ante la decepción de los demás.

El muchacho la recogió y la Sra. Weasley envió a los tres chicos a la cama, quienes no se hicieron de rogar llevándose la espada con ellos. Kingsley y Ojoloco se marcharon pocos minutos después. Remus se despidió cariñosamente de Hara y se marchó con Tonks. La veterana auror se despidió también de los Weasley y se desapareció de La Madriguera.

Al día siguiente volvería para iniciar el entrenamiento de Hermione.

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El apartamento que ahora era su escondite y que compartía con Severus, estaba completamente a oscuras y en silencio cuando se apareció en él, pasada ya la medianoche.

- Lumos!

Se dirigió hacia la habitación y encendió la luz con la ayuda de su varita. Severus aún no había regresado, así que decidió darse una ducha y reflexionar sobre todo lo que había ocurrido aquella noche.

Podía decirse que la reunión con la Orden había arrojado un balance muy positivo. El plan que Severus propusiera había sido aceptado y estaba en marcha. Y además, era posible que estuvieran tras la pista de uno de los horcruxes. En cuanto al resto de ellos... Necesitaba hablar con Severus sobre eso. Se preguntó si Dumbledore poseía toda aquella información gracias al espionaje del ex-mortífago o tenía también otras fuentes de información que su amante desconocía.

Por otro lado, su investigación sobre el presunto "asesinato" de Dumbledore aún no había terminado. ¿Cuál fue la verdadera causa de su muerte? Aquella mano ennegrecida le hizo reflexionar. La tenía así desde hacía un año más o menos y esa fecha coincidía con la de la destrucción del horcrux de ese anillo de los Gaunt, según había explicado Harry durante la reunión. Probablemente, los horcruxes estarían protegidos por alguna maldición, como no cabía esperar menos de Voldemort. Si esa premisa era cierta, ¿la mano ennegrecida de Dumbledore era el resultado de la maldición que había en el anillo? ¿El aspecto débil y enfermizo del director durante aquellos meses se debía a eso? Tenía lógica que hubiese ocurrido así, sin embargo y a pesar de todo, no daba la sensación de que el viejo mago estuviese a punto de morir. ¿Qué ocurrió aquella tarde para que el estado de su salud empeorase tanto en tan pocas horas? Si el horcrux que encontraron era falso, no estaría protegido por ninguna maldición. Entonces, ¿qué causó el empeoramiento de Dumbledore?

Chasqueó la lengua con fastidio al sentirse impotente para resolver aquel enigma. Sólo conseguía formular teorías que ni siquiera podía sostener con simples indicios. Quizá Harry hablaría ahora y le quisiera explicar lo que ocurrió, sin embargo, ya no se podía fiar del testimonio del chico. En la Torre de Astronomía, Harry se convenció de que estaba viendo algo que no ocurrió en realidad y ahora ella no podía confiar en lo que sus ojos hubieran percibido aquella tarde en la que acompañó a Dumbledore. Necesitaba verlo por sí misma, con sus propios ojos. Y existía una forma de hacerlo, pero se resistía a utilizarla porque no era demasiado... "ética". Sin embargo, el resultado lo valía. Tendría que reflexionar detenidamente sobre esa posibilidad.

Salió de la ducha y se secó despacio. Después, se metió en la cama inundada por todos aquellos pensamientos. Además, estaba empezando a preocuparse. Severus aún no regresaba y ya era muy tarde. Intentó mantenerse despierta para esperarlo, pero el sueño la venció y no tardó en quedarse dormida.

El colchón pareció inclinarse hacia su lado izquierdo en mitad del sueño. Abrió los ojos con esfuerzo y lo vio sentado en su lado de la cama, mirándola. Se incorporó lentamente y le besó en los labios como una autómata cayendo pesadamente sobre su almohada de nuevo.

- ¿Qué hora es? –le preguntó con voz somnolienta.

- Las dos de la madrugada –le respondió el mago.

La bruja se incorporó de repente sacudiéndose el sueño.

- ¿Estás herido? –le preguntó con urgencia palpándole el torso y observando su cuerpo- ¿Te ha hecho algo?

- Estoy bien, no te preocupes –le tranquilizó él- No nos castiga constantemente, ¿sabes?

- Es un monstruo –le replicó la auror- Siempre tengo miedo de que te ocurra algo cuando vas a verlo.

Él le acarició la mejilla sonriendo levemente.

- Es un monstruo inteligente –le dijo- Castiga a sus siervos sólo cuando sus errores son lo suficientemente graves para hacerlo. Es su forma de mantener su respeto y liderazgo. Pero sabe muy bien que no es algo que pueda hacer constantemente aunque quisiera. Si así lo hiciese, tarde o temprano la paciencia de sus mortífagos se agotaría y se acabaría creando un ejército de enemigos en el interior mismo de su propia organización. Y eso, obviamente, no le conviene.

Se inclinó hacia ella y la besó suavemente.

- Además –continuó- Ahora soy su mano derecha. Está muy satisfecho con mi... "trabajo". No tiene motivos para castigarme.

Se miraron en silencio durante unos breves instantes. Las palabras sobraban.

- ¿Cómo ha ido esa reunión con la Orden? –preguntó él apartando su mirada.

- Todo ha salido como lo habías previsto –contestó la bruja reaccionando también- Aceptaron tu propuesta sin objetar nada y Harry iniciará su instrucción con Ojoloco mañana mismo.

- Perfecto.

Hara lo miró pensativa.

- Severus... –murmuró- ¿Cómo averiguó Dumbledore que quién-tú-sabes se había hecho horcruxes?

El mago le devolvió una mirada grave, como si estuviera evaluando algo.

- Se lo dije yo hace dieciséis años –contestó finalmente- El Señor Tenebroso se jactaba siempre de haber conseguido la inmortalidad y en su soberbia y su desprecio hacia nosotros, no le importó realizar los rituales para hacer sus horcruxes sin esconderse de nadie. Estaba convencido de que no seríamos capaces de relacionar una cosa con la otra. Sin embargo, algunos lo hicimos. Muy pocos, es cierto, pero unos cuantos supimos sumar dos más dos.

- ¿Regulus Black fue uno de ellos? –preguntó Hara.

- ¿Black? No, que yo sepa. ¿Por qué?

- Porque robó un horcrux de su Señor Tenebroso.

El mago la miró con el ceño fruncido y una expresión de sorpresa en su rostro.

- La tarde anterior a su muerte, Dumbledore se llevó a Harry con él en su búsqueda de un horcrux –le explicó la auror- Pero sólo encontraron uno falso, con una nota de Regulus en la que se confesaba autor del robo del auténtico.

- Eso no es posible –contestó el mago reflexivo- Black no poseía los conocimientos suficientes sobre Magia Oscura como para darse cuenta de que el Señor Tenebroso estaba creando horcruxes –guardó silencio unos instantes mientras pensaba- La única posibilidad que se me ocurre es que le oyese hablar sobre ello a su prima alguna vez. Los Lestrange fueron de esos pocos que se dieron cuenta de lo que estaba haciendo el Señor Tenebroso.

- Tiene lógica –reiteró Hara pensativa.

- ¿Entonces Dumbledore no encontró el medallón de Slytherin? –preguntó el mago visiblemente preocupado.

- No –contestó ella- Pero es posible que tengamos una pista de su localización actual. Mundungus Fletcher fue detenido en posesión de un medallón de gran valor y sospechamos que lo robó de Grimmauld Place. Cabe la posibilidad de que a Regulus Black no le diese tiempo de destruir el horcrux antes de que lo mataran y de que el medallón haya permanecido olvidado en la casa de los Black todo este tiempo. El medallón que robó Mundungus está ahora en el Ministerio, junto a otros objetos confiscados. Kingsley y Tonks se encargarán de recuperarlo y lo analizaremos.

- Entiendo –murmuró el mago- Es una buena pista. Mantenme informado.

Ella asintió.

- Por cierto –le dijo- ¿cómo sabías tú que el horcrux del que estaba hablando era el medallón de Slytherin? Yo no especifiqué de qué objeto se trataba, pero tú has dado por hecho que era ese medallón.

Severus la miró con los ojos entrecerrados.

- Porque después de una ardua investigación que duró varios meses, conseguí descubrir que ese medallón era uno de los objetos que el Señor Tenebroso había utilizado para depositar un trozo de su alma –le explicó el ex-mortífago- Pero me fue imposible averiguar su localización. Por suerte, Dumbledore encontró una pista que, según él, le permitiría encontrarlo. Cuando se llevó a Potter aquella tarde, no me dijo si continuaba buscando más pistas o si ya había localizado el horcrux finalmente. Me inclinaba más por lo segundo, ya que Minerva no me requirió para hacer la ronda nocturna en el colegio y yo supuse que se debía a que Dumbledore quería tenerme disponible por si ocurría lo mismo que la otra vez. O... por si tenía que ejecutar su plan.

- ¿La otra vez? –preguntó la bruja desconcertada, pero entendiendo ahora la razón por la que el director le había pedido a McGonagall que no avisara a Severus. Minerva se había equivocado completamente en sus conclusiones, como les ocurría a todos cuando evaluaban las acciones del ex-mortífago- ¿Qué otra vez?

Él sonrió ligeramente.

- Ayer te comenté que ya habían sido destruídos dos horcruxes –comenzó a explicar- El segundo de ellos era un anillo y estaba protegido por una maldición que Dumbledore no fue capaz de evitar. Me avisó de madrugada y llegué justo a tiempo para salvarle la vida.

- Pero aún así le afectó, ¿no es cierto? –continuó preguntando ella- ¿Por eso parecía estar enfermo en los últimos meses? ¿Su mano estaba así por ese motivo?

Severus deseó que Hara hubiese sido una estudiante en esos momentos y él su profesor. Sin duda, Slytherin habría ganado la Copa de las Casas aquel año. Pero se limitó a asentir. Una lástima.

La auror se mantenía en silencio, pensativa.

- No lo entiendo... –murmuró- Si tú le salvaste la vida, ¿cuál fue la causa de su muerte aquella noche? ¿Por qué estabas tan seguro de que estaba a punto de morir?

- Ya te dije que estoy convencido de que eres capaz de averiguar eso también tú solita –le contestó el mago sonriendo con malicia.

La bruja agarró su almohada y le golpeó la cabeza con ella. Iniciaron un pequeño forcejeo hasta que Severus consiguió reducirla inmovilizándola con su propio cuerpo sobre la cama. Inmediatamente, atacó sus labios y deslizó la lengua dentro de su boca. Ella consiguió detenerlo con dificultad.

- Espera... espera... –le susurró con los labios de él pegados a los suyos todavía- Primero necesito que me des información sobre una alumna tuya.

Él levantó su cabeza y arqueó una ceja mirándola con su característica expresión de suficiencia.

- Verás –continuó ella intentando volver a respirar con normalidad tras aquel beso y con el cuerpo de él cubriéndola todavía- Se propuso que los amigos de Harry también fueran entrenados y decidieron que yo instruyera a Hermione Granger.

- ¿Granger? ¿La "sabelotodo"?

- ¿Así es como la llamabas? –a la bruja le pareció muy divertido- ¿"Sabelotodo"?

- Es una insufrible devora-libros que se cree que sabe más que nadie –gruñó el mago.

La auror abrió mucho los ojos sonriendo de oreja a oreja.

- No sé a quién me recuerda... –susurró con sarcasmo; él le dirigió una mueca de disgusto.

- Está bien. Qué quieres saber –le preguntó sin moverse.

- Qué nivel de formación tiene; si posee algún tipo de experiencia en combate... Esas cosas.

- Conoce la teoría perfectamente –le contestó él con seguridad- La ha asimilado sin dificultad y la comprende. Realiza los hechizos con destreza y es hábil con el movimiento de la varita. Sin embargo, tiene muy poca experiencia en combate, dudo que posea reflejos rápidos y, desde luego, su preparacón física es nula. ¿Alguna cosa más?

- No –contestó ella sonriendo- Creo que con eso es suficiente.

- ¿Puedo continuar?

- Adelante... –susurró ella entrecerrando los ojos.

El mago le sonrió seductoramente y arrastró sus labios sobre la piel de ella, recorriendo su cuerpo hacia abajo mientras la obligaba a abrir sus piernas lentamente. Los gemidos y los jadeos no tardaron en escaparse de los labios de la auror mientras él saboreaba su sexo.

La débil luz de la primera hora de la mañana la despertó suavemente. Sonrió, con los ojos cerrados todavía, al recordar la noche anterior y lo buscó en la cama, pero él ya se había levantado. Cuando se incorporó vio que su ropa no estaba, a excepción de su camisa. La había dejado encima de una silla para que ella se la pusiera, como hacía siempre.

- Buenos días –lo saludó al entrar en la cocina; él estaba sentado a la mesa frente a una taza de café muy negro y con un periódico en la mano.

- Buenos días –le contestó el mago interrumpiendo su lectura un momento.

La auror se sirvió otra taza de café y colocó sobre la mesa un plato de tostadas, mantequilla, mermelada de frambuesa y zumo de naranja.

- ¿Qué noticias hay? –le preguntó ella mientras untaba una tostada con la mantequilla.

- Han encontrado el cadáver de un mago que desapareció hace dos días en Hamburgo –contestó el ex-mortífago- y en Brugge han encontrado a una bruja que desapareció al mismo tiempo que el mago alemán. Muerta también. Hay otro mago irlandés que lleva desaparecido el mismo tiempo que los anteriores y se temen lo peor.

- ¿Está extendiendo su poder al resto de Europa? –preguntó ella preocupada.

- Eso planea hace tiempo, pero no sabía que hubiese iniciado ya esa expansión –el mago se acarició el entrecejo- Son parientes tuyos, Hara.

Ella lo miró con gravedad y le arrebató el periódico de las manos. Leyó la noticia con avidez. El mago alemán se llamaba Otto Slinchsteinder, la bruja belgo-flamenca era Jana van Sletherenke y el irlandés desaparecido, Brian O'Lytherin. Como en su caso, el apellido Slytherin se había adaptado a la fonética de cada país con el paso del tiempo, pero leyendo esos nombres no cabía duda de que todos tenían una misma raíz etimológica. Respiró profundamente.

- ¿Pretende matar a todos los descendientes de Slytherin? –preguntó en un susurro.

- Así es –le confirmó Severus.

- ¡Pero eso es imposible! –exclamo ella con rabia- ¡Debe haber decenas de ellos esparcidos por el mundo!

- Lo sabe, pero no tiene prisa –contestó él con calma- ¿Tu familia sigue escondida?

- Sí. No la encontrará.

- Tú debes actuar con extrema precaución –continuó el mago- Como puedes comprobar, no está bromeando –guardó silencio unos segundos, reflexionando sobre algo- No ha adjudicado estas acciones a ninguno de sus mortífagos británicos, porque yo me habría enterado. Ha tenido que contactar con líderes anti-muggles de esos países, lo que quiere decir que se están formando grupos de mortífagos en Alemania, Bélgica e Irlanda, por lo menos –levantó su mirada hacia ella- Se nos está acabando el tiempo. Hay que pararlo cuanto antes.

- Pero Harry inicia hoy su entrenamiento con Moody –replicó la bruja- No podemos ir más rápidos.

- Tienes que conseguir que ese entrenamiento sea intensivo –insisitió Severus.

- Todavía no hemos destruído todos los horcruxes –protestó la auror- No podemos precipitarnos tanto.

Él suspiró mientras se dejaba caer hacia atrás en su silla.

- Tienes razón –contestó resignado- Yo me encargo de localizar esos horcruxes y tú intenta que el entrenamiento de Potter sea lo más rápido y efectivo posible. Pero no nos precipitaremos. Tenemos que jugar bien nuestras cartas, aunque me temo que eso va a suponer la muerte de más parientes tuyos y de muchos otros.

La bruja lo miró intensamente durante unos instantes. El Bien Mayor, el mal menor...

- ¿Sabes? –le dijo- Cada vez entiendo mejor a Dumbledore.

- Yo también.

Hara se levantó y sirvió más café. El único sonido que se oyó en la cocina durante unos segundos fue el del líquido vertiéndose en las tazas.

- ¿Qué le dijiste sobre la misión que te había encomendado? –preguntó.

- Que no habías ido al Ministerio en todo el día de ayer y que tampoco habías aparecido por tu casa –contestó el mago; levantó su mirada hacia ella- Pero se me están acabando las excusas. ¿Hay algo que debería saber y que me pueda ayudar a retrasar la misión que me ha encomendado?

Ella dejó la cafetera sobre la cocina y volvió a sentarse al lado de Severus. No quería cargar más peso sobre sus hombros, pero la maniobra que había intentado Scringeour justificaría de sobras que Snape se retrasase en su misión de llevarla ante Voldemort. De nuevo, el maldito mal menor. Así que decidió contárselo. Le explicó por qué y cómo habían intentado detenerla con el cargo de ser su cómplice en el "asesinato" de Albus. Y también le explicó que el Ministro continuaba buscándola en secreto y que debía permanecer escondida.

- ¿Por qué no me lo dijiste antes? –le preguntó él después de unos segundos de silencio.

- No quería que te sintieras responsable de esa situación.

- Hagamos un trato –replicó Severus adelantándose en su silla y cruzando sus manos sobre la mesa- Dejemos de protegernos mútuamente, ¿de acuerdo?

- Completamente de acuerdo.

Él asintió y se dispuso a recoger las cosas del desayuno que aún estaban sobre la mesa.

- Severus –el mago se volvió hacia ella- Dijiste que le habías salvado la vida a Dumbledore cuando destruyó el anillo de los Gaunt –el mago volvió a asentir- ¿Sabes cómo lo hizo?

- Utilizó la espada de Gryffindor –le explicó él- Lo encontré gravemente herido en su despacho, con el anillo partido sobre la mesa y la espada en el suelo.

- Entonces, ese es el motivo por el que se la ha legado a Harry... –murmuró la bruja como para sí misma.

- ¿La tiene Potter ahora? –preguntó Severus sin disimular su sorpresa.

- Sí. Se la entregó McGonagall anoche por orden de Dumbledore –explicó la auror- Le habló desde su retrato.

- Por supuesto –susurró el mago- Su plan era que Potter se hiciera cargo de todo, pero era un plan suicida, demencial, confiaba excesivamente en las capacidades de ese chico. Por eso propuse que la Orden interviniera en todo ésto, aunque ese viejo chiflado parece dispuesto a salirse con la suya aún después de muerto y ahora me preocupa que tenga que ser Potter el que deba destruir esos horcruxes con la espada. Si Dumbledore, un mago extremadamente poderoso, no consiguió superar la maldición que protegía el anillo, Potter no tiene ninguna posibilidad.

- Puede que sí o puede que no –le increpó ella- No lo sabremos hasta que no intente destruir el primero. Y no estará solo.

Él mostró una mueca de disgusto y negó con la cabeza. Iba a decir algo cuando se vio interrumpido por la repentina aparición de un lobo plateado que, en ese momento, entraba en la cocina rodeado de una brillante luz blanca.

"Lo tenemos y el análisis ha sido positivo. Lo haremos esta noche"

El Patronus de Tonks se desvaneció y ambos se miraron esperanzados.

- Bien –dijo Severus- Estaré a su lado cuando lo hagáis.

- ¿A su lado?

El mago la miró con los ojos entrecerrados.

- ¿Nunca te has preguntado si él siente algo cuando destruyen una parte de su alma? –preguntó.

- Ya se han destruído dos horcruxes y no parece que él se haya dado cuenta.

- Eso es lo que pensaba Dumbledore también –le replicó él sin mirarla-, pero yo no estoy tan seguro. El primero de esos horcruxes fue destruído cuando todavía no había recuperado su cuerpo y su debilidad podía justificar que no pudiera percibir nada. Pero cuando Dumbledore destruyó el segundo, ya había recuperado todo su poder y yo no puedo creer que no se diera cuenta –se volvió hacia ella un tanto excitado- Son trozos de su alma, pedazos de su consciencia, partes de su propio yo. ¡Es imposible que no sienta nada! ¡Es imposible que no le afecte de alguna manera! ¡Todos esos pedazos forman parte de una misma unidad existencial!

La auror guardó silencio. No había tenido tiempo de plantearse una reflexión tan profunda sobre los horcruxes y las consecuencias que podían tener sobre el alma de un mago. Pero lo que acababa de decir Severus hacía un momento tenía sentido. Tenía mucho sentido.

El mago continuó reflexionando en silencio mientras se levantaba de su silla e iniciaba un lento paseo por la cocina acariciándose la barbilla y mirando hacia el suelo.

- Cabe la posibilidad de que creyera que tan sólo Dumbledore conocía su secreto –murmuró- y de que se ha llevado ese secreto a la tumba...

Detuvo su incierto caminar y la miró de frente.

- Es absolutamente necesario que esta noche yo esté junto a él cuando lo hagáis –concluyó- Tengo que confirmar si es capaz de sentir que un pedazo de su alma ya no existe.

La auror asintió con gravedad.

- Además de los efectos que tú puedas observar esta noche –dijo-, deberíamos documentarnos más sobre ese tema.

- Tendríamos que iniciar una ardua y larga investigación y ninguno de nosotros tiene tiempo para eso –le contradijo el mago.

Ella reflexionó durante unos instantes.

- Tengo que irme –la bruja se levantó de su silla de repente.

- ¿Adónde vas? –la detuvo él agarrándola de un brazo antes de que alcanzara la puerta.

- Al mundo muggle –le contestó ella volviéndose hacia él y sonriéndole misteriosamente- Conozco a alguien que sí dispone de ese tiempo.