Tal visión deja ojiplático a más de uno, pues no esperaban su presencia. Sin embargo, en algo coinciden: no se quedan indiferentes. Se acercan a ellas, andando por la pista. Al principio, ellas parecen no percatarse, porque están hablando entre ellas. Pero por su proximidad, pueden escuchar un poco de qué va la conversación.

...Désolée, Manya. Je suis désolée.—en su idioma natal, la rubia se disculpa, con una expresión tremendamente apesadumbrada.

También con gran pesar, Manya la escucha atentamente, con los ojos cerrados y dando aspecto de tristeza y melancolía. Ya está acostumbrada al habla parcialmente francesa de la que fue su mejor amiga, por lo que la comprende perfectamente. No puede evitar un profundo suspiro desde lo más profundo de su alma, y pese a que intenta evitar que sea así, una lagrimilla desciende por su mejilla. Sin embargo, para contrastarlo un poco después, una sonrisa sencilla ilumina su semblante.

Jade… No… No quiero que suframos más por esto. Ninguna de las dos...—anuncia, con una mano en el pecho.—Sé que… Que todo esto ha sido muy difícil para las dos, y… Bueno, eres mi mejor amiga, y aunque me dolió lo que pasó, creo que comprendo tus motivos. Y por nuestra amistad, te creo cuando me dijiste que nunca quisiste hacerme daño.

—M-Mais Manya… Yo… Yo te fallé. Yo te traicioné. C'est vrai que nunca quise herirte, claro que no, pero… Fui una miserable, y una egoísta…

...S-sí, ya sé...—titubea, sollozando.—Pero… Aunque yo he sufrido muchísimo… Tú también. Has sido una víctima en todo esto también… Me… Me duele que todo llegase a los extremos a los que llegó... Pero tú eres mi amiga. Nunca he dejado de verte como tal, Jade. Y por eso, te perdono. Porque confío en ti, y en nuestra amistad.—declara, sonriendo lánguidamente.

Primeramente, a la francesa se la ve muy sorprendida, ya que abre mucho los ojos y queda ligeramente boquiabierta. Sin embargo, al poco, un par de lágrimas caen por su cara y articula una temblorosa sonrisa llena de emoción. Incluso se cubre la boca frente a la emoción.

Yo… Yo no lo merezco… ¡N-no te merezco, Manya!—trata de decir, llorosa.—P-pero… Merci, merci beaucoup, Manya! Yo… Yo…

Jade apenas consigue articular palabra de la emoción, y pronto su respiración se entrecorta, y su sonrisa se hace más y más grande.

No...No te mereces nada malo de lo que te pasó… Algunas de esas cosas fueron por mi culpa, por lo que nunca me perdonaré...—confiesa, bajando la mirada.—Pero no sabes cómo te lo agradezco. De verdad, je t'adore, tu es la meilleure!

A continuación, ambas compañeras y amigas, entre lágrimas, se abrazan con aprecio. Al parecer, su amistad ha quedado restablecida, y ambas han quedado en paz con la otra y consigo mismas gracias al lazo de confianza que las une.

Cuando se recuperan un poco y aunque les cuesta, deshacen el abrazo para incorporarse en sus asientos. Al hacerlo, es cuando cruzan sus miradas con Manosuke, Yukiko y Souta, que las están mirando atónitos. El encontrarse con ellas es algo que no esperaban, y que no puede dejarlos indiferentes por mucho que lo quieran.

Obviamente, las dos féminas también les ven frente a ellas, y su estupefacción pasa a deberse a este hecho. Y es que están delante de sus propios hijos. Y ellos, del mismo modo, de sus madres.

Nada más verse, las reacciones son algo confusas. Ha pasado mucho tiempo, y a pesar de que tanto Manya como Jade conservan el aspecto con el que las recuerdan, los tres han cambiado bastante desde entonces. Y aunque al principio no puedan parecerles los mismos, distinguen a sus hijos: acaban por darse cuenta de que son ellos y, en consecuencia, mostrar una mezcla de emoción y sorpresa.

Jade termina reconociendo a Manosuke porque, aunque ya no sea el niño pequeño de cabellos grises rapados que ella recuerda, su aspecto actual se asemeja mucho al suyo propio. Pese a que ahora su considerable altura no iguale a la del altísimo guardaespaldas, los cabellos de ambos se ven igualmente rubio chillón y atrevidos, sus ojos marrones y su indumentaria sublime y con toques a cuadros bicolores. Parecen la misma persona de diferente sexo, de hecho. Por eso mismo, Jade se ha dado cuenta de que ese, después de todo, es su hijo.

Manosuke...—le llama Jade, con una mano en el pecho y la otra en el cuello, más o menos donde se produjo la herida que la mató, con los ojos muy abiertos y húmedos y una sonrisa en su cara.

El susodicho, por su parte, también parece haberla recordado al verla, y al oír su voz llamándole. Debido a las últimas revelaciones, le vino a la memoria alguna que otra imagen de ella, pero ahora que la ve con sus propios ojos, está completamente seguro: la mujer que está delante suyo es su madre.

—Maman

Inconscientemente, se refiere a ella así, en francés, como recuerda que lo hacía en su niñez las escasas veces que la veía. Ahora que la ha recordado, miles de recuerdos inundan su mente, algunos agradables pero la mayoría no tanto. Recuerda haber visto cómo mataban a la mujer que ahora le está hablando delante de sus narices. Nunca se acordó, hasta ahora.

Al oír que le llama así, lágrimas empiezan a bañar su cara, y con un impulso, se aúpa un poco hacia arriba y abraza con fuerza a su hijo, con la respiración agitada. Cuando le rodea el cuello con los brazos, Manosuke también responde, pese a que todavía sigue atónito ante la situación, tratando de asimilar todos los recuerdos que asolan su mente.

Manosuke… Yo… Lo siento mucho. Todo lo que te ha pasado por mi culpa... Porque no supe cuidarte, por lo egoísta que fui… Y fuiste tú quién pagó las consecuencias de todo lo que hice. Yo…

Llora con más fuerza, y eso mismo le sucede a su abrazo. Por su parte, Manosuke no sabe muy bien qué decir. Recordar tanto de repente no le es fácil.

B-bueno… Sí, ya.—pronuncia, tan firmemente como logra.—Pero… Tú también las sufriste. Quiero decir, también te pasaron cosas malas…

Me lo merecía, Manosuke. Todo porque nunca te cuidé como debía , por eso… Y aunque yo también haya sufrido, lo que me dolió siempre fue que tú acabaras perjudicado por mi culpa… Eso sí que nunca me lo perdonaré.

Nada fue fácil para ninguno, desde el principio. Y sí, llevas razón, no sirve de nada negarlo a estas alturas. Pero por si no lo sabías… Recuerdo que, cuando era un crío, siempre te quise mucho. Llegué a no acordarme, pero era así. Pero luego… Pasaron muchas cosas. Todo ese maldito embrollo...—bufa Manosuke, con el ceño fruncido.

Al escucharle, Jade no puede tener los ojos más negados de lágrimas, disculpándose todo el tiempo con pesar. Cuando el asunto se refiere a su hijo, y de una vez por todas, se traga todo su orgullo, llegando a quedar irreconocible, no para buscar el perdón de su hijo, sino para que al menos, el hijo al que tanto quiere sepa que lo siente.

Toda esa mierda… No quiero que nos siga tocando las narices por más tiempo…

Lo siento, Manosuke… Por todo, quiero decir.—se disculpa de nuevo, con una mirada lastimera y llena de lágrimas.

...Está bien.

¿Q-Quoi?

Que sí, que… Que te perdono. Sí, hiciste mal…. Pero todo eso ya es el pasado. Y no quiero que el presente sea igual de malo. No ahora que todo parece irse solucionando.

Manosuke, además de por sí mismo, está hablando por Souta también, ya que este parece estarlo superando poco a poco. Asimismo, también piensa en Yukiko, y en conjunto, llega a la conclusión de que los tres lo han pasado verdaderamente mal, y aunque haya heridas imposibles de cicatrizar, algunas empiezan a hacerlo. Y no quiere echar más sal sobre las heridas que tal asunto horrendo dejó en todos.

Jade, por su parte, no puede saber al completo y con certeza qué fue lo que le sucedió a Manosuke después de morir ella, obviamente, pero intuye que su hijo está siendo fuerte y, aunque todavía tenga mucha podredumbre dentro de su alma, está tratando de dejarlo atrás. Además, se lleva la sensación de estar en paz con su querido hijo, por lo que no podría ser más dichosa, pese a que el sentimiento de que no se lo merece siga ahí clavado como una espina.

Manosuke… Merci. Merci, Manosuke...—titubea, secándose las lágrimas inútilmente, pues en nada empiezan a brotar más y más, sin demora.

El de la cresta articula un ligero y sencillo asenso con la cabeza, serio. Acto seguido, coge de la mano a la morena que está a su lado y la acerca a sí.

Dime… ¿La reconoces? ¿Sabes quién es?—le pregunta a Jade, guiando a Yukiko hasta enfrente de la francesa.

Yukiko, por su parte, pese a que nunca la había visto, sí que recuerda las fotos, y su aspecto similar a Manosuke se lo explica todo. Por otro lado, Jade también parece confusa al principio, pues la imagen de la chica no le suena. Sin embargo, observa más detenidamente sus rasgos: su cabello moreno, sus ojos castaños, su piel pálida… Y aunque ahora vaya maquillada, el además verla al lado de Manosuke, le da una idea.

¿...Yukiko?—la llama, boquiabierta.

Tanto ella como Manosuke asienten con la cabeza, por lo que Jade se sorprende todavía más. No solo se ha reencontrado con su hijo mayor, sino que además ha encontrado a su hija pequeña. Lentamente y con todo el tacto posible, le pone las manos sobre los hombros, mirándola fijamente con los ojos llorosos nuevamente.

Yukiko...—tartamudea.—Mon dieu… E-eres tú… ¿Q-qué edad tienes ahora?

...Diecinueve.—responde la morena, algo intimidada por la situación.

Diecinueve… Dix-neuf. P-pero… A mí me dijeron, el día que naciste… Q-que probablemente no llegaras ni a los diez años…

...Pues he llegado. Me ha ayudado mucha gente a la que aprecio muchísimo, y aunque ha sido difícil, he sobrevivido. Y ahora… Ahora ya no estoy enferma. Estoy bien.

Yukiko… Es...Estás bien… Oh, mon dieu… Ma petite Yukiko… Estás sana, gracias al cielo...—titubea, echándose a llorar de nuevo y abrazando a la morena con tacto.

Ella no sabe muy bien qué decir en un momento como ese, pues en ese instante se encuentra en estado de shock. Al verlo, Manosuke trata de ayudar un poco a su hermana pequeña.

Hemos encontrado esa carta que escribiste… Y bueno, pasaron muchas cosas, y nunca llegamos a saber que éramos hermanos. Nos separaron entonces, y nunca lo recordamos. Pero ahora sí… Por suerte, Yukiko está bien. Y ahora ya sabemos que somos hermanos, ¿Eh?—le dice Manosuke a Yukiko, con una sencilla sonrisa.

Sonriendo ligeramente, la morena dice que sí. Toda la situación es muy difícil, pero con la ayuda de todos, poco a poco se va arreglando.

Me… Me alegro mucho. Me alegro tanto de que estés bien, Yukiko… Perdóname tú también. Y aunque no lo hagas, me gustaría decirte que, pese a todo lo que pasó… Siempre te he querido muchísimo, al igual que a Manosuke. Y eso no ha cambiado.

Yukiko repite el asenso complementado por una sencilla sonrisa, y mientras tanto, Jade se incorpora para mirar a sus dos hijos, el uno al lado del otro, aparentemente unidos entre ellos. Al verlos así, no pide nada más, y ya puede estar feliz, después de todo.

Simultáneamente, Manya se está enfrentando a la misma situación que su amiga Jade. Al igual que ella, y en un principio, la imagen de un chico alto y de cabellos largos y rojos no termina de relacionarse en su mente. Pero cuando su mirada se cruza con sus ojos castaños y brillantes, aparentemente serios aunque con un brillo de incertidumbre, lo sabe al instante: el muchacho delante de ella es Souta, su hijo, ese hijo al que nunca logró encontrar a pesar de que removió cielo y tierra para encontrarle. Dado su carácter sensible, las lágrimas acuden enseguida a sus ojos.

S-Souta...—le llama, con la voz quebrada y los ojos negados de lágrimas.

Pese a que trata de ser fuerte, la respiración del pelirrojo se altera, y empieza a presionar sus puños y sus dientes, tragando saliva e intentando tranquilizarse. Con languidez, serio y los ojos cada vez más húmedos, dice que sí con la cabeza.

El gesto hace mella en Manya, quien de repente se echa a llorar como una magdalena, de alegría, de tristeza, de ambas cosas o de más que esas.

¡Souta!—exclama sollozando.

Por un mero impulso, la mujer se avanza ligeramente y le rodea el cuello a su hijo, dándole un abrazo que necesitaba desde hacía ya un buen tiempo. Al principio, Souta queda ojiplático y afectado, hiperventilando, y algo incómodo. Trata de relajarse, pero no lo consigue del todo. Y pese a todo, Manya es su madre, y se da cuenta enseguida, por lo que tan pronto como se percata, se aparta rápidamente, con una mano en el corazón.

Lo… Lo siento...—se disculpa, tapándose la boca.—N-no pretendía… Asustarte. No quería incomodarte, perdóname. Ha sido… Ha sido un reflejo. Un reflejo de algo que quería hacer desde hace ya mucho tiempo… Y no he podido evitarlo, disculpa.

El domador no logra decir nada, no le salen las palabras de momento. Miles de emociones se agolpan en su corazón de repente mientras ve hablar y llorar a la fémina delante de él.

S-Souta… Supongo que sí, pero… ¿Me recuerdas? Soy yo, soy tu… No. Soy Manya.—niega con la cabeza, la mar de triste.—En ningún momento espero que me perdones… Ni que me sigas considerando tu madre… O a ti mismo mi hijo. No tienes por qué hacerlo. Pero… Te lo pido, escúchame, por favor. No quiero nada, salvo eso. Luego, si así lo quieres, te dejaré en paz, te lo prometo. Pero escúchame aunque sea.

Con su capacidad de deducción, el pelirrojo intuye de qué irá esa charla. Seguramente, lo que Manya quiera sea disculparse por lo que pasó, aunque insista en que no espera que le perdone, y decirle que siempre le quiso mucho. Mentalmente, algo se le viene a la cabeza: la actitud de Manya es prácticamente contraria a la de Kazami, quien nunca quiso hablar ni se disculpó siquiera por lo que hizo, y quiso desvincularse de él sin dar ninguna explicació siquiera le ha impuesto el lazo de sangre que les une, la verdad, y mucho menos le ha echado alguna reprimenda. Llegando a esa conclusión, aunque todo ese asunto le haya dolido muchísimo, dejándolo tan afectado y destrozado por tantos años, le indica con un gesto que hable, que la va a escuchar. Va a ser valiente… Una vez más.

Souta… Yo… Sé que fui una mala madre para ti. Lo sé, no hace falta que me lo digas, porque soy consciente de ello. Te quería muchísimo, con toda mi alma, y todavía lo sigo haciendo, pero nunca estuve ahí cuando tú me necesitabas. Pero… El día que regresé, y no te encontré, fue el peor día de mi vida. A partir de entonces…. No hubo un solo día en el que no pensase en ti, en que te echaba de menos y en lo tonta que fui. Intenté buscarte…. En todos los lugares que se me ocurrieron… Pero nunca te encontré… ¡Nunca te encontré!—repite, gritando mientras se tapa la cara con las manos en las que llora.—Pensé que te había perdido… Pese a eso, no me rendí… Nunca me rendí, porque te quería mucho… Y a pesar de todo, no lo logré… No soy más que un fracaso, que te hizo sufrir aunque te quería… Lo siento muchísimo, Souta, de verdad que lo siento…

A Manya le supone una gran dificultad sobre todo emocional el hablar del tema entre llantos y sollozos, pero aun así no cesa.

N-no tienes por qué creerme, ni confiar en mí… Ni siquiera tienes por qué perdonarme. Yo… Solo quiero saber si estás bien ahora… Sé que no es gracias a mí, pero solo quiero que estés feliz…

Cogiendo una gran bocanada de aire, Souta se arma de valor para, aunque sea con una débil voz, decir algo.

He… He conocido a Yukiko… Mi hermana. Y he aprendido a confiar en ella. Gracias a eso, entre otras cosas, estoy logrando poner orden y paz en mis pensamientos, por fin… Para poder vivir una vida, como mínimo, tranquila. Si no fuese por esa carta que Jade te envió y conservaste… Nunca hubiera sabido que tenía una hermana.

Limpiándose las lágrimas, Manya le escucha y, condescenciente, asiente con la cabeza.

Así que… Sí, ahora estoy bien.—anuncia Souta, algo seriamente.

Le da igual cómo, pero el mero hecho de haber escuchado eso hace que Manya pueda estar tranquila. En ningún momento pretendía un perdón, solo pensaba en el bienestar de su hijo. Y ahora que sabe que lo tiene, ya no pide nada más.

Me… Me alegro muchísimo… Yo… Yo solo quiero que sepas eso, que lo siento mucho, y que, aunque el sentimiento no sea mutuo, siempre te querré, Souta. Pase lo que pase.—revela la mujer morena, con una sonrisa sencilla y temblorosa.

El pelirrojo, todavía algo tenso, puede fijarse en cómo Manya hace el gesto de abrir ligeramente los brazos. Sin embargo, tan pronto como ella misma se percata de lo que está haciendo para, alicaída.

Y… Enhorabuena por haberlo podido ir superando todo… Has sido muy valiente, Souta. Yo… Yo te deseo lo mejor.—le sonríe tristemente, con la mano en el pecho.

Souta se ha dado cuenta: la mujer iba a abrazarle, pero se ha abstenido. Y duda que haya sido por ella misma. Lo ha hecho por él… Porque no quiere hacerle más daño.

¿T-tú…?

¿S-sí, Souta?

¿Tú…? ¿En verdad siempre me has querido tanto?

...Sí, por supuesto. Siempre te he querido más que a nada en el mundo. Pero insisto, no es necesario que me creas. Yo…

De nuevo, ese gesto inconsciente. Esta vez, cuando intenta corregirlo, Manya se percata, avergonzada, de que Souta ha deducido lo que intentaba hacer, y baja la mirada. Sin embargo, antes de que pueda articular una disculpa, Souta se acerca a ella, e imita su gesto. Dubitativa, Manya es más rápida y, lentamente y pidiéndole permiso con la mirada, se acerca a Souta y otra vez le da un abrazo, suavemente. Al contrario que en el anterior, Souta la corresponde, rodeando su espalda con los brazos y respirando profundamente para tranquilizarse. Ante su gesto, Manya no puede evitar estallar en llantos otra vez sobre su hombro.

Cuando el abrazo se deshace, la media sonrisa de Souta no pasa desapercibida. Y es que, ahora que ha dado ese paso, se siente todavía más en paz con su pasado, y por consiguiente, un poco más feliz.

Yukiko, que ya ha terminado su conversación con su madre biológica y ha estado escuchando la de Souta, toma de la mano a Manosuke y, con la otra, a Souta, que primero se sorprende un poco pero luego clava la vista en ella, y en cómo le está sonriendo su hermana.

¿...Has visto, Manya? Los he encontrado… Te dije que lo haría, y lo he hecho. He encontrado a mis hermanitos.—anuncia la morena, sonriente.

La intervención de Yukiko hace que ambas mujeres se emocionen, en especial Manya, que se limpia una lágrima y sonríe.

Yukiko, querida… Siempre supe que lo lograrías…

Ahora, estamos todos bien, Manya. Nos ha costado, pero hemos superado nuestras dificultades juntos. Y esta vez, esperamos que todo vaya mejor a partir de ahora, ¿No?

Respondiéndole, Manosuke y Souta asienten sencillamente con la cabeza.

Yukiko… Desde que te vi por última vez cuando tenías seis añitos… No has cambiado nada.

Sus hermanos la miran, y coincidiendo en bromear con eso se ríen, obviamente refiriéndose a su corta altura, para picarla un poco.

¡Aayyy, tontos!—protesta, con un puchero.

L-lo siento...—se disculpa Manya, con una risa.—Lo que quería decir… Es que tienes más o menos el mismo carácter desde entonces.

Estáis les trois fantásticos. Yo también me alegro de que ahora estéis felices los unos con los otros.—interviene Jade, asintiendo con la cabeza.

Así es, aquí estamos.—anuncia Yukiko.—Juntos, llegaremos a todo. Por eso, aunque sea bajita…

Yukiko se coge del cuello de Souta y del de Manosuke y, por la fuerza, hace que la aúpen con los brazos, hasta ponerse a su altura.

...Mis hermanitos pueden auparme.—afirma, contenta.

Aunque al principio se quejan ligeramente con la expresión de sus rostros, Manosuke y Souta, finalmente, no pueden hacer por menos que sonreír ante las ocurrencias de su hermana.

Y además… Te dije que montaríamos nuestro propio circo, mis hermanitos y yo. Y aquí lo tenemos. Eso también se ha cumplido.

Pues adelante, entonces. Estamos ansiosas por veros actuar.—asegura Jade, solemnemente contenta.

Buena suerte, chicos. Aunque si estáis juntos los tres, no la necesitéis.—corrobora Manya, con una sonrisa sencilla.

Dicho esto, los tres se dan la vuelta, dando la espalda a las dos féminas y observando el lugar del escenario. El lugar donde va a comenzar el espectáculo. Manosuke, Yukiko y Souta se encaminan hacia allí, dejando atrás, en el público, a sus madres, que les observan con alegría y orgullo, sobre todo ahora que están bien entre ellas y porque saben sus hijos están bien los unos con los otros.

Preparaos, Manosuke, Yukiko. Llegó la hora… Del espectáculo final. Incluso el escenario se prepara para lo ocasión: se apagan las luces generales, encendiéndose solo los focos para el espectáculo, que les dan un aspecto sublime y mágico. Pese a que solo haya dos personas en el público, se oyen gritos de una multitud enloquecida. Ryouken, el maestro de ceremonias, da un paso al frente.

Keh heh heh… ¿Estáis listos? El espectáculo comienza.

"El tiempo pasó, hay que salir al escenario. Gritan y no ven que esta cortina me esconde…"

Kuro, Tasuke, id hacia Souta. Y no se lo pongáis fácil: hay que dar espectáculo.—les indica Manosuke, sonriendo.

Y tú también, gatita. Corre, ve hacia Souta.—la instruye Yukiko, dejándola en el suelo.—Vamos a hacer que Souta demuestre de qué pasta está hecho.

"Un increíble don, eres genial y excelente…"

P-pero… ¿Qué se supone que he de hacer aquí?—pregunta Souta, algo confuso al no haber actuado nunca en ese circo.

Vamos, ¡Tú puedes, Saru!

¡Sí, ánimo, Souta!

El de la cresta y la morena le dan un empujón al pelirrojo, haciendo que dé un paso adelante hacia el centro de la pista, donde las luces le iluminan y los animales se le acercan, determinantes.

"Solo no puedo, y me gritan "¡Ven, y aparece!""

Al verle aparecer, la muchedumbre inexistente enloquece más todavía, aumentando el volumen de sus gritos. Todavía algo atónito, Souta recibe el apoyo del mismo maestro de ceremonias: de Ryouken.

Keh heh heh… Tú puedes hacerlo, Souta. Por algo eres mi acólito especial. Pude ser muy ciego, pero sé de sobras que no voy a verte caer vencido… No ahora.

"Sonriéndome, arrodillado, quieren oírme, él no puede ver…"

¡Manosuke, Yukiko! ¡Venid a ayudarme! ¡En el espectáculo actuamos todos! Y yo me siento mejor si me ayudáis, aunque esté acostumbrado a afrontarlo todo yo solo.

"Yo quiero verte, tengo que verte, yo debo verte, ¿Qué te sucedió?"

¡Muy bien, allá vamos!

Vaya… Me parece que los animales se lo están tomando en serio...—opina Manosuke, observando la situación.

Efectivamente, las tres mascotas, aunque nunca tienen mala intención, también forman parte del espectáculo, y por ello, quieren hacer una buena actuación.

"Salimos a actuar, saltan con furia…"

¡No veo a Tasuke!—exclama Souta.

De repente, los tres distinguen haciendo un gesto algo brusco para tratarse incluso de él. Souta, sin embargo, sabe lo que hacer. Con un gesto, hace que Tasuke cambie la aparente agresividad de su acción para abandonar la pelea y subirse en sus hombros, cómplice ahora,

"¿Por qué no estás? Él muy cerca está…"

Kuro, por su parte, está jugando a despistar, y parece que es todo un experto en la materia. Con la ayuda de Manosuke y de su hermana, el pelirrojo logra tenerlo bajo control y, con un gesto, hace que ladre bajo su comando, conforme le ha "ganado".

¡Así se hace, Kuro!—le felicita el propio Souta, alegre.

"Quieren que cante, no puedo entender…"

¡Y ahora, la gata! Esto te va a costar más, Souta.—anuncia Yukiko, con sorna.

Pues más de lo que sé…

Pese a lo que dice, para Souta no le supone tampoco una dificultad extrema encargarse de la gatita. Un nuevo gesto e incluso la testaruda felina está bajo sus comandos, cogiéndola con suavidad y dándosela a su hermana, su dueña.

"Él no eres tú, ¿Qué más puedo hacer?"

Ha conseguido domarlos a todos. Eso mismo le pasó durante su venganza, aunque ha sido ligeramente diferente. Entonces, tenía una dificultad extra: tener que vivir siempre con el miedo en el cuerpo.

"Cantando su miserable canto, un monstruo atrapado en su pesadilla…"

No podía fiarse de nadie en absoluto, no tenía nada en qué apoyarse o confiar, actuaba por su cuenta a su manera, incluso cuando la vida y la justicia le dejaron de , tiene gente a su lado, gente que le apoya de verdad y en quien plenamente puede confiar.

"Él es un tirano. Nos pide horrores. Ella dejó todo abandonado…"

¿Qué otra cosa podía hacer? Si no luchaba, solo le quedaba rendirse, y no iba a permitir que los que trataban de hundirle se saliesen con la suya. No tenía otra alternativa… A pesar de que eso supusiese que le consideraran un peligroso domador de humanos.

"Condenado a cantar, pobre monstruo, él no nos ve y nos desprecia a todos…"

Fue vencido, y no obtuvo la compresión de prácticamente nadie. A vista de muchos, haber intentado crear la justicia que le negaron estuvo muy mal hecho. En realidad, muchos le negaron el derecho a la justicia que nunca tuvo.

"Inútilmente gritamos todos…"

Mira a su alrededor, y distingue muchas cosas de su pasado, un pasado muy doloroso, que muchas veces se ha puesto en su contra. Ojiplático por sus propias vivencias, las piernas le fallan momentáneamente, y se cae de rodillas en medio del escenario. Está un poco ido, recordando muchas cosas, hasta que finalmente, unas voces le hacen volver en sí.

No, Souta, no te caigas ahora. No puedes caerte… Y no te caerás. Ya no.—le dice Ryouken, animándole desde la distancia.

Cógete de mi mano, Souta. Yo te ayudo. Y Yukiko también parece dispuesta...—le asegura Manosuke, sonriéndole, mientras tanto él como la morena le tienden la mano.

Levántate, Souta.—le encoraja Yukiko, sonriéndole.

"...Lévantante, tú, monstruo de circo."

No va a caer: tiene gente que le ayudará a no hacerlo y está dispuesto a esforzarse por ello. Acepta la mano de Manosuke y la de Yukiko y se incorpora a la escena, con las luces apuntándole. Mira hacia arriba, y distingue una brillante luz que le acoge y le ilumina.

De repente, lo ha entendido: Ryouken tuvo razón desde el principio. Todo eso no ha sido más que una metáfora.

Primero, ha venido la lucha, el momento en el que ha tenido que dominar para protegerse y para ponerse a salvo. Después de eso, ha venido su caída, pillado y aparentemente vencido. Pero, ¿Era así? No, porque la gente que le importa, su padre Ryouken, Manosuke, la persona a la que ama, y Yukiko, su hermana, han estado allí apoyándole y mostrándole su confianza. Le han ofrecido su ayuda para levantarse… Y vivir. Todo ha sido una metáfora. El circo ha sido una metáfora de su vida.

Y es que también lo fue desde el principio: el camerino en el que se quedó encerrado fue la cárcel, donde ha curado sus heridas, y la gente que le importa ha ido llegando para ayudarle. Ya está curado, por lo tanto puede salir al escenario. A la vida. Puede salir al escenario. Puede salir a la vida. Puede vivir.

Y no solo eso. Con el apoyo incondicional de Ryouken, y dándole la mano a Manosuke y Yukiko, puede vivir en paz.