Hola hola jeje les aviso de que ya stamos en la recta final de esta historia asi ke disfruten de los ULTMOS capitulos jeje
Recuerden de que nada me pertenece. La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes a Stephanie Meyer
Capítulo 52
Más tarde, mientras Rosalie estaba sentada junto a la cama de Lulú, Alice y Bella entraron en la habitación. Durante un rato no se oyó ni el vuelo de una mosca.
—Quieren que se quede hasta mañana —dijo Rosalie por fin—. Por la conmoción. No le ha hecho mucha gracia, pero estaba tan débil que no ha po dido plantar mucha batalla. El brazo... —se paró un instante para recomponer la voz—. El brazo está roto. Lo llevará escayolado unas semanas, pero quedará bien.
—Rose... —empezó a decir Bella—. Lo sentimos.
—No —Rosalie sacudió la cabeza sin apartar la mirada del rostro amoratado de Lulú—. Estoy más serena y lo he pensado. Entiendo lo que hicieron y los motivos. No estoy de acuerdo. Somos un círculo y tenemos que valorar y respetar eso y a cada una de nosotras, pero también sé lo cabezota y persuasiva que es.
Lulú parpadeó levemente y habló con un hilo de voz como de ultratumba.
—No hablen de mí como si no estuviera aquí.
—No digas nada —le ordenó Rosalie—. No estoy hablando contigo —tomó la mano que le extendió Lulú—, Gracias a Dios, tendrás que comprarte un coche nuevo. Ese pequeño monstruo ha muerto.
—Voy a encontrar uno igual.
—No puede haber otro como ése —pero si existiera ella lo encontraría, se dijo Rosalie.
—No les des la tabarra a estas chicas y a sus maridos —masculló Lulú. Abrió uno de los ojos morados y lo volvió a cerrar por que la visión era borrosa—. Hicieron lo que les dije que hicieran. Respetaron a los mayores.
—No estoy enfadada con ellos. Estoy enfadada contigo —Rosalie besó la mano de Lulú—. Vuelvan a casa —dijo a sus hermanas— y diganle a sus maridos que no tengo la intención de convertirlos en sapos, de momento.
—Volveremos por la mañana —Bella se acercó a la cama y besó a Lulú en la frente—. Te quiero.
—No te pongas sentimental. Sólo han sido unos golpes.
—Tanto peor —le salió una voz un poco ronca, pero Alice se inclinó y besó a Lulú en la mejilla—, porque yo también te quiero, aunque seas canija yhorrible.
Lulú chasqueó débilmente la lengua, se soltó la mano sana de Bella y les hizo un gesto de despedida.
—Largaos. Pedazo decharlatanas.
Lulú se agitó en la cama cuando se fueron.
—¿Te duele? —le preguntó Rosalie.
—No encuentro la postura.
—Espera —Rosalie se levantó y le pasó los dedos por la cara y el brazo escayolado hasta que Lulú suspiró.
—Es mejor que las drogas. Me siento flotar. Me trae recuerdos.
—Duérmete —Rosalie se sentó aliviada.
—Lo haré. Tú vete a casa. No tiene sentido que te quedes ahí para verme roncar.
—Sí, en cuanto te duermas.
Sin embargo, se quedó observándola en la pe numbra y seguía allí cuando Lulú se despertó.
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—No hacía falta que vinieras tan temprano.
—Edward tenía que traer el coche patrulla —Bella ayudó a Rosalie a poner la mesa y se sorprendió al ver la preciosa porcelana antigua—. Nunca se sabe si le llamarán para algo en esta época del año y que ría ver a Lulú.
—Tuve que enfadarme y amenazarla para con seguir que se quedara un par de días en una de las habitaciones de invitados. Parecía como si quisiera meterla en una celda.
—Le gusta tener su propio espacio.
—Volverá a tenerlo cuando esté mejor.
—¿Qué tal estás tú? —Bella acarició el pelo de Rosalie.
—Estoy bien —la noche en vela le había dado mucho tiempo para pensar y hacer planes.
—Esperaba haber llegado a tiempo para echar te una mano, aunque no la necesites.
Vio que el comedor estaba lleno de flores y ve las encendidas. Las ventanas estaban completa mente abiertas a la brisa del verano.
—Puedes comprobar el estofado —le propuso Rosalie mientras le pasaba un brazo por los hombros. El gesto, el cariño del gesto, borró cualquier resto de tensión entre ellas.
—A juzgar por el olor, está perfecto —ya en la cocina, Bella quitó la tapa mientras Rosalie servía dos vasos con té helado—. Todo está perfecto.
—Bueno, el tiempo no es el más apropiado —Rosalie, inquieta, fue hasta la puerta y la abrió pa ra respirar—. Lloverá cuando se ponga el sol. Es una pena, no podremos tomar el café en el jardín. Además, mis dondiegos de día han crecido un pal mo en tres días. A lo mejor florecen antes de tiem po por la lluvia —se volvió y se encontró a Bella que la miraba fijamente—. ¿Qué pasa?
—Rose... Me gustaría que me dijeras qué te agobia. No soporto verte triste.
—¿Yo? No estoy triste —salió fuera y miró el cielo—. Preferiría que cayera una tormenta. Este verano no ha habido suficientes tormentas. Es co mo si estuvieran acumulándose para formar una buena. Quiero estar en el acantilado para ver los rayos —volvió donde Bella y le tomó las manos—. No estoy triste, sólo desasosegada. Lo que le ha pasado a Lulú me ha alterado hasta la médula y hay algo en mi interior que también espera y se acumula como las tormentas. Sé lo que tengo que hacer y lo que haré, pero no puedo ver lo que se avecina. Para mí es desesperante saber pero no ver.
—Quizá estés mirando en la dirección equivo cada. Rosalie, sé lo que hay entre Emmett y tú. Puedo sentirlo a tres metros de ti. Cuando me enamoré de Edward y me sentía arrastrada en todas direccio nes, tú estuviste para ayudarme. ¿Por qué no me dejas que haga lo mismo por ti?
—Dependo de ti.
—Hasta cierto punto. Retrocedes y sobrepasas la línea y sólo tú puedes volver a cruzarla. Y la has sobrepasado más a menudo desde que Emmett volvió a la isla.
—Entonces, tengo que decir que ha roto el equilibrio.
—Tu equilibrio —le corrigió Bella y esperó a que se volviera—. ¿Estás enamorada de él?
—Una parte de mí nació enamorada de él. He cerrado esa parte. No tenía otra alternativa.
—Ése es el problema, ¿no? No sabes si debe rías abrirla o mantenerla cerrada.
—Una vez cometí un error y él se marchó. No puedo permitirme otro error, se quede o se vaya.
—No crees que vaya a quedarse.
—No es una cuestión de creer o no. Es una cuestión de tener en cuenta todas las posibilidades. Si me vuelvo a entregar completamente a él, ¿qué pasaría si se va? No puedo jugármela. No sólo por mí, sino por todos nosotros. El amor no es algo tan sencillo, tú lo sabes. No es una flor que se coge por capricho.
—No, no es algo sencillo, pero es un error creer que puedes controlarlo, moldearlo y encau zarlo. Es un error creer que tienes que hacer todo eso.
—No quiero volver a amarlo —le tembló la voz que siempre era tan suave y firme—. No quie ro. He dejado a un lado mis sueños. Ahora no los necesito. Me da miedo volver a sacarlos a la luz —Bella la abrazó sin decir nada—. Ya no soy la que era cuando lo amaba.
—Ninguno de los dos lo son. Ahora, lo más importante es lo que sientas.
—Mis sentimientos no son más claros que mi visión. Hasta que todo acabe, haré lo que tenga que hacer —suspiró—. No estoy acostumbrada a tener un hombro donde llorar.
—Los hombros los tienes. Lo que pasa es que no estás acostumbrada a inclinarte sobre ellos.
—Quizá tengas razón —cerró los ojos y se concentró en la vida que resplandecía dentro de Bella—. Puedo verte hermanita —susurró—. Pue do verte sentada en una vieja mecedora en una ha bitación iluminada por la suave luz de las velas. En el pecho tienes un bebé con el pelo suave como el amanecer y brillante como la luz del sol. Cuando te veo así siento una esperanza enorme y un in menso valor —se apartó y dio un beso a Bella en la frente—. Tu bebé estará a salvo. De eso estoy segura —oyó el portazo de la puerta principal—. Ésa es Alice —aseguró secamente Rosalie—. No só lo no llama sino que no puede evitar cerrar dando un portazo. Voy a llevar una bandeja a Lulú. Lue go decidiré si tomamos los aperitivos en el jardín mientras el tiempo aguante.
Rosalie fue a saludar a sus invitados y Bella se que dó pensando que había pasado lo de siempre: ella había empezado confortándola y Rosalie había termi nado confortándola a ella.
—Entonces va el tío y me dice: «Pero agente, no estaba robando la nevera con cerveza, sólo esta ba cambiándola de sitio» —Alice pinchó más es tofado con el tenedor—. Cuando le dije que eso no explicaba el olor a cerveza de su aliento y las tres latas vacías que había a su lado, él me contestó que alguien debía de habérselas bebido mientras dormía. Supongo que alguien debió de habérselas hecho tragar también, porque estaba medio cocido y sólo eran las tres de la tarde.
—¿Qué hiciste? —le preguntó Edward.
—Le multé por beber en una zona prohibida ypor tirar las latas. No hice nada respecto a la nevera porque los dueños no querían líos. De entrada, por tener una nevera con cerveza en una zona prohibida.
—Fíjate —Emmett sacudió la cabeza—. Por beber cerveza en la playa.
—Las normas son las normas —afirmó impla cablemente Alice.
—Desde luego. Como si ninguno de nosotros hubiera ido a la playa con unas cuantas cervezas.
—Yo sé de alguien que llevó una botella del mejor whisky escocés de su padre —Edward sonrió— y que tuvo el detalle de compartirla con sus amigos hasta que se emborracharon.
—Habla por ti mismo —Alice agitó el tene dor—. Yo tuve de sobra con un trago de ese bre baje.
—Menuda cría —se rió su hermano.
—Es posible, pero no fue a mí a quien azota ron cuando llegamos a casa.
—Tienes toda la razón. Ya tenía dieciocho años —recordó Edward— y mi madre me dio una buena azotaina en el culo.
—Y luego me tocó a mí —Emmett hizo una mue ca de dolor al recordarlo—. Esa mujer podía llegar a aterrarme. Daba igual lo que hicieras, ella lo sa bía antes de que hubieras terminado de hacerlo. Y si no, te lo sonsacaba. Te miraba a la cara y espera ba hasta que suplicabas confesar.
—Voy hacer lo mismo con mis hijos. No ten dré compasión —Alice miró a Jasper con orgullo cuando le tomó de la mano.
Rosalie tuvo un destello.
—Estás embarazada.
—¡Eh! —Alice levantó el vaso de agua—. Bella no va a ser la única.
—¡Un bebé! —Bella saltó de la silla y se puso a dar brincos alrededor de la mesa hasta echar los brazos alrededor del cuello de Alice—. ¡Es mara villoso! Menuda forma de decírnoslo.
—Llevo toda la tarde maquinando la historia y la forma de llegar a la conclusión.
—¿Qué te parece? —Edward, con una sonrisa de oreja a oreja y una voz algo alterada, se acercó a Alice para tirarle de la cola de caballo—. Voy a ser tío.
—Antes tienes un par de meses para practicar como padre.
Roalie se levantó entre las bromas y las felicita ciones. Fue donde estaba Alice, quien también se puso en pie. Rosalie se limitó a abrazarla con toda su fuerza.
A Alice se le hizo un nudo en la garganta y ocultó la cara en la melena de su amiga.
—Son dos —le musitó Rosalie.
—¿Dos? —Alice se quedó boquiabierta—. ¿Dos? —no podía parar de repetir lo mismo—. Quieres decir... —se miró el vientre liso—. Dios...
—¿Dos qué? —Jasper sonrió a su mujer mientras se bebía el vino que le había servido Emmett para brin dar. Poco a poco, a Alice se le borró el susto de la cara—. ¿Dos? ¿Gemelos? Tengo que sentarme.
—¿Tienes que sentarte?
—Es verdad. Tene mos que sentarnos —Jasper se sentó y se la puso so bre las rodillas—. Dos por uno. Es increíble.
—Estarán a salvo. Puedo verlo —Rosalie se incli nó y dio un beso en la mejilla a Jasper—. Pasen a la sala y pónganse cómodos. Yo llevaré el café. Té para las madres. Alice, ¿quieres dejar la cafeína?
—Hay algo que no va bien —comentó Emmett cuando Rosalie desapareció en la cocina—. Hay algo que le abruma aparte de Lulú.
—Los bebés le afectan —Alice, con las manos en el vientre, intentó imaginarse dos bebés.
—Es algo más que eso. Iré a echarle una mano con el café.
Cuando entró en la cocina, se la encontró en la puerta trasera mirando la leve lluvia de verano que caía en sus jardines.
—Quiero ayudarte.
—No hace falta.
—No me refiero al café —se acercó a ella—. Quiero ayudarte.
—Ya lo has hecho —le tomó de la mano y se la apretó con fuerza por un instante—. Ayer te jugas te la vida por alguien a quien yo quiero. Confiaste en mí para que os mantuviera a salvo mientras tú la rescatabas.
—Hice lo único que podía hacerse.
—Lo único que podías hacer tú, Emmett, por ser quien eres.
—Olvidémonos de eso. Quiero ayudarte con lo que te agobia.
—No puedes. Ahora no. Es mi batalla y hay más en juego que nunca. Todo lo que me importa está hoy en esta casa. Él está ahí fuera, al acecho. ¿Pue des notarlo? —susurró—. Más allá de mi círculo. Apremia, se mueve. Acosa.
—Sí. No quiero que te quedes aquí sola.
Rosalie iba a apartarse, pero Emmett la agarró de los hombros y le dio la vuelta.
—Rosalie, al margen de lo que pienses, sientas o quieras de mí, eres demasiado inteligente como para desdeñar al poder que puedo aportar. ¿Estás segura de que uno de nosotros podría haber salvado a Lulú sin ayuda?
—No —resopló—. No lo estoy.
—Si no quieres que esté contigo, dormiré en una de las habitaciones de invitados o en el maldi to sofá. Tienes a tu dragón para cuidar de ti, y un brazo roto no va a detenerlo. No intento meterme en tu cama
—Lo sé. Ya lo pensaré. Esta noche tenemos que hablar de otras cosas.
Podía pensarlo todo el tiempo que quisiera, decidió Emmett cuando Rosalie fue a preparar la bandeja para el café. Iba a quedarse con ella, aunque tuviera que dormir en el coche.
Oh oh de q hablaran? jeje
kieren saber
bueno pues espero reviews hehe
