Capítulo XLII
El hanyō acarició el cabello negro del lobo, acercándolo a su nariz para disfrutar el olor de su novio. Kōga se dejaba hacer sin quitar las manos de la cintura del Inu, no deseaba asustar a este y por eso no intervenía más activamente, pero en su olfato sentía como el delicioso olor de Inu excitándose estaba llenando sus sentidos, dejándolos embotados.
El de orejitas alzó al rostro del de ojos azules y lo miró largamente, sabía que era joven y que tal vez no estaba listo para lo que en ese momento creía, sucedería, sin embargo su libido estaba tomando las riendas y él se lo estaba permitiendo.
Las manos del menor recorrieron el cuello y clavícula del pelinegro y no hubo vuelta atrás, pues las bocas se unieron y de ahí a que las ropas pesadas del Inu y las ligeras del lobo fuesen retiradas, no pasó mucho tiempo. El par de cuerpos jóvenes reaccionaron al contacto de las pieles afiebradas y el mayor buscó que los dos estuvieran más cómodos y es que el hanyō siguiendo su instinto, mordía y lamia a su pareja sin saber porque eso le producía una descarga de placer, y esta se duplicó al sentir que Kōga le acariciaba y besaba con hambre.
Esas barracas no eran usadas por ser las más lejanas y pequeñas, y eso lo agradecieron los amantes para que no fueran interrumpidos. Los dos yôkai rodaron por el piso en un abrazo muy apretado; luego Kōga se retiró para mirar a su novio en su total desnudez.
–Eres perfecto.
–Ya... lobo…
Dijo avergonzado el Inu; y como el de ojos azules no deseaba jugar con su buena suerte, hizo caso y admiró en silencio su preciado tesoro.
Kōga besó y lamió el fuerte cuerpo de su novio y recorrió con las manos las piernas de este, más al momento de situarse entre estas, hubo un respingo y un aventón de parte del de orejitas.
–¡¿Qué haces?!
–Pues… yo…
–¡Oh no… no seré yo el de abajo!
El Rīdā del Ôkami se hincó y miró serenamente a su novio…
–Pues no estoy en contra de eso, mas dime Inu… tú sabes algo de…
–¡¿Y tú sí?!
–Soy mayor y por lo tanto…
–¡¿Estuviste con alguien?!
–¡No!
–¿Entonces? –InuYasha miró sospechosamente a Kōga…
–Pues he escuchado de otros y mi padre me habló de ello y si bien me aclaró que no era lo mismo con varones, me enseñó a ser… amable y…
El hanyō bufó molesto, pues no podía negar que Kōga tenía más experiencia que él, ya que su aniki ni de lejos le hubiese hablado o permitido que alguien la hablara acerca de eso, no en –como advirtió– cien años más.
InuYasha se cruzó de brazos, más se miró y miró a su novio y no podía quedarse así, después de todo ya había recorrido gran tramo…
–Bien, pero si me molesta o no me gusta te matare.
Kōga suspiró abatido, pero porque negarlo, feliz también y con parsimonia alistó a su Inu para recibirlo; primero entretuvo a su novio acariciando su hombría y cuando escuchó solo jadeos del de orejitas, ensalivó un par de dedos y los fue introduciendo sin dejar de masturbar a este.
InuYasha se corrió y el lobo aprovechó ese momento de deleite del otro y se introdujo en él; el hanyō sintió la molestia, pero no pudo negar que Kōga lo había ensanchado lo suficiente para que no fuese mucha y como el lobo tomó de nuevo su miembro y lo acarició, se dejó llevar, ambos lo hicieron y por fin después de años se convirtieron en amantes…
Sintiendo los movimientos compenetrados los dos jóvenes llegaron a éxtasis si no al mismo tiempo, si muy cerca.
Se dejaron caer con la respiración agitada y estaban por quedarse dormidos cuando el de orejitas se levantó…
–No, podemos, mi aniki ya debe o no tarda en mandar a que nos vigilen. Vamos al rio.
–¿Ahorita?
–No. Si quieres esperamos a que mi hermano note el… olor… –terminó el hanyō muy sonrojado.
Kōga se levantó veloz vistiéndose y ayudando a InuYasha.
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Ayame –al entrar al palacio– no se separó del Comandante y este fue susurrándole quienes eran los jefes de los clanes; la pelirroja escuchó atentamente sin dejar de notar la elegancia y prosperidad que se notaba en ese lugar, nada de lo que se veía en su hogar…
–¿A qué se debe la riqueza de este clan? –cuestionó ella.
–A la fuerza de su Dai-Yôkai, sin dejar de lado a la de todos los integrantes del clan. Ayame si bien nuestro hogar está lejos de aquí, no por eso debemos ser ignorantes a lo que sucede fuera de él… debemos aceptar que somos débiles por el momento…
–¡Pero no lo seríamos si Kōga...!
–Ayame no insistas, ya te lo he dicho…
–Y lo comprendí, no soy tonta, estos yôkai Inu son fuertes y Kōga-kun ya tiene un compromiso con ellos, mas… siendo nosotros lobos ¿no estamos incluidos en esa alianza?
–…
El Comandante miró a la chica y asintió comprendiendo lo que esta decía y agradeciendo que la sensatez hubiese regresado a ella.
La conversación se detuvo, pues habían llegado hasta donde el Lord y los otros lores se encontraban.
Sesshōmaru señaló a los recién llegados y dijo:
–No estando por aquí el joven Kōga… seré yo quien presente a los recién llegados… Comandante del Yoro Zoku y Ayame la nieta del Gran sabio.
Los aludidos saludaron corteses y ofrecieron su pequeño presente a los hijos de Sesshōmaru, eran una par de pieles de color blanco que parecían ser muy calientes.
El de Luna en la frente, tomó los regalos y los observó curioso...
–Se parecen a Mokomoko, pero…
–Es la piel de algunos de nuestros antepasados, las conservamos como prueba de que ellos siempre nos protegerán, no es tan valiosa como la de Sesshōmaru-sama, pero para nosotros es muy importante, porque es una herencia que pasa de padres a hijos y deseábamos honrar la alianza que nuestra tribu hermana tiene con el Ichizoku Inu, dándoles esto, significa que los pequeños son parte de nosotros y a pesar de que nuestra fuerza ya no es lo que era, la ponemos a su alcance.
Los presentes asintieron complacidos con lo dicho por el lobo café.
–Muchas gracias, me asegurare que mis hijos lo sepan algún día y lo honren.
Terminó Sesshōmaru, este miró detenidamente al lobo café y comprendió lo que este esperaba de todo eso…, que ellos como aliados del Ôkami los tomaran en cuenta como parte de este: más el lord no agregó más, debía hablar con Kōga antes de todo y fue por eso que se preguntó dónde estaba este y su otouto.
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En el rio cercano; InuYasha tallaba bien la espalda de su novio y este se mordía los labios para no dejar salir sus quejas, pues el de orejitas parecía querer arrancarle la piel…
–Debo tallar bien, pues si mi aniki nota algo de mi…–El de orejitas se sonrojó hasta estas y siguió tallando con ahínco– bueno, no debe sospechar nada.
–¡Maldito sea su fantástico olfato!
Kōga no dijo más, pues el Inu ya le había dado un sopapo. No había vergüenza de estar desnudos lavándose no cuando desde niños compartían el aseo y más porque ahora se conocían… más íntimamente, sin embargo InuYasha debía cuidar sus reacciones al recordar lo ocurrido con su prometido, si no quería quedarse viudo antes de tiempo.
Por eso siguió su tarea, no podían perderse en su compañía, pues debían regresar a la celebración.
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Yû caminaba entre los invitados con un pergamino en la mano, detrás de él y con discreción Ginta y Hakkaku le iban haciendo algunas señas en cuanto reconocían a alguien de la lista del niño.
Chūjitsuna observó las acciones del joven señor y negó sonriendo ladino, a su lado su compañero de concejo, preguntó:
–¿Qué hace el bochan?
–Ya está localizando a los clanes cercanos de donde desea instalar su dominio.
–¡¿De verdad?!
–Oh no lo dudes, nuestro joven maestro es muy astuto. Aunque… lo que siempre me ha parecido extraño es que eso dos lobos siempre están con él.
–¡¿Sospechas de ellos?!
–Si.
–…
–Para bien.
–No comprendo.
–Se han hecho muy unidos a Yû-kun.
–Oh…
–Cuando el joven Kōga se dé cuenta. Será demasiado tarde y habrá perdido a dos compinches en manos de un joven Inu.
Dijo Chūjitsuna y regresó sobre sus pasos a donde los Rīdā se encontraban y dejó que Yû y sus compañeros siguieran planeando sus sueños de grandeza.
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Kōga e InuYasha salieron del rió y se secaron bien, luego buscaron algunas hiervas y se las frotaron. Ya listos, regresaron al palacio.
En la puerta principal, localizaron a quien les ayudaría en su coartada.
Shippō y Shukaku conversaban fuera del patio del palacio, estos vieron llegar a ese par y luego de la nada, fueron alzados y apretujados por ellos a pesar de las quejas y forcejeos de su parte.
InuYasha abrazaba a Shippō y el joven líder lobo lo hacía con el recién conocido Shukaku…
Cuando creyeron que el olor de los menores cubriría algo del suyo –si habían dejado algo al azar– bajaron a estos… El hanyō rió divertido y mirando al tanuki, comentó:
–Por cierto Kōga… te presentó a Shukaku.
El lobo palmeó el hombro del tanuki…
–Es la primera vez que el clan de tanuki ha venido.
–Si supiéramos que los yôkai como ustedes son tan amigables. Hubiésemos…
–Venido antes –agregó InuYasha.
–No, no venimos.
El grupo rió a carcajadas, pues el bromista había sido vencido en su juego, al no esperar esas acciones por parte de Kōga.
Con retraso suficiente para no molestar a Sesshōmaru y que mandara a buscarlos; los jóvenes Kōga e InuYasha se presentaron en la reunión. El de orejitas se internó entre los grupos de demonios para saludar y convivir siendo seguido por los dos menores.
Por su lado, Kōga caminó poniendo toda su seguridad en cada paso y rogando por que la treta hecha por su novio y él, funcionara.
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En la habitación de los recién nacidos, Naraku escuchó los toques en la puerta y llamó a Jaken.
–Abre, Jaken.
–Sí señor.
El sapo abrió y los dos capitanes –y nuevos padres– entraron. Takeshi llevaba al bebé en brazos y su pareja Kuro iba detrás de ambos, los dos adultos con sendas sonrisas de oreja a oreja.
–Ya estamos listos para ver al Lord.
–Tardaron un poco –comentó el hanyō.
Y los dos capitanes se sonrojaron, pero Kuro respondió.
–No sabíamos como envolverlo.
–Oh… –Naraku los calmó–, ni yo en un principio, pero las yôkai del clan, les ayudaran si se los piden.
–Pues si lo haremos, al principio por lo menos, porque queremos hacernos cargo de todo acerca de Miku.*
–Buen nombre.
Terminó Naraku, dejó a sus pequeños en sus cunas y al cuidado de Jaken, pues –dormían– y salió con sus dos compañeros hacia el patio.
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El lord de los Inu miró con aprobación que los dos desaparecidos ya estuvieran ahí, mas no pudo evitar pensar que su otouto debía recibir una clase de modales, pues esos moretones en el rostro del Rīdā del Ôkami estaban levantando murmullos.
El de luna en al frente esperó al joven lobo y…
–Disculpe la tardanza Lord Sesshōmaru, pero tuve un percance…
–Nada serio, espero. –preguntó serio el Inugami.
–Oh no.
Sesshōmaru sintió el olor de su otouto en el lobo, mas también el de otros yôkai e incluso Ayakashi, y es que era lógico que InuYasha estando siempre cerca del Kōga dejara su esencia en él y con la reunión que se llevaba a cabo también el olor de otros, por eso todo eso no tuvo relevancia para el Dai-Yôkai.
Kōga sintió el escaneó del mayor en él y casi tembló, más cuando este se giró en dirección del Comandante y aseguró:
–El Comandante me informaba de la visita del Yoro Zoku a su clan.
Kōga casi dejó salir el aire y respondió:
–Sí, de hecho deseaba conversar con usted acerca de eso.
Sesshōmaru asintió y llamó a su joven aliado al grupo de líderes.
–Ya habrá tiempo de hablar de ello, ahora acompáñeme, debe conocer de más cerca a los otros líderes.
–Sí, mas no podré quedarme mucho tiempo, pues…
–Si hay prisa, solo debe enviar a un mensajero a las montañas del norte e informar que su visita se atrasara.
–Eso sería excelente, más…
–Tomohisa es el más veloz Inu, lo enviaré, solo que tendrá que llevar a uno de los suyos…
–Si me permite intervenir, Sesshōmaru-sama, –medió el Comandante– puede ir Ayame con él, pues ella también es rápida y el clan estaría más tranquilo si la ven.
El Rīdā del Ôkami estuvo de acuerdo y con eso quedó satisfecho, pues ese era el primer paso de lo que significaba el apoyo y guía de Sesshōmaru, para él como nuevo líder.
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Yû vio a su papá avanzar con los otros capitanes y dejando a sus compañeros de investigación, corrió hasta él.
Naraku lo alzó en brazos y señaló a los guerreros Inu:
–Mira, Kuro y Takeshi tienen un bebé.
–¡¿Si?!
–Lo tenemos bochan, se llama Miku…
Takeshi mostró al cachorrito que al escuchar el ruido del patio abrió los ojos y bostezó.
Yû se rió divertido y comentó:
–Es igual que mi otouto, los dos prefieren dormir que conocer a los otros yôkai.
Kuro sonrió ante la afirmación del joven heredero y explicó:
–Supongo que ya les interesara cuando quieran hacer alianzas, pero no creo que sepan eso hasta…
–¡Hasta que tengan mi edad!
Los tres capitanes asintieron muy serios. Naraku siguió su camino rumbo a donde Sesshōmaru se encontraba y este al sentir a su pareja cerca se giró en su dirección.
El orgullo de líder se plasmó en las facciones del Dai-Yôkai Inu y llamó la atención de los otros hacia el grupo que arribaba.
–Lores, mi esposo, mi primogénito y dos de mis mejores Capitanes.
Las presentaciones fijaron el momento de intervenir para Naraku.
–Mi Lord, Kuro y Takeshi, han aceptado al nuevo miembro del clan como un hijo para criarlo y que sea otro más de sus aguerridos soldados.
Naraku se esforzó en dejar claro que el pequeño Miku sería bien educado por los dos guerreros, eso para que Sesshōmaru aceptara totalmente esa adopción.
–Como debe ser. –concluyó Sesshōmaru.
Si hubo alguna aversión entre los líderes, porque un recién nacido fuese adoptado por dos varones, no se hizo notar más que en miradas que fueron selladas al ver que ese par parecía tomar muy en serio el papel de padres y como gran ejemplo tenían al propio lord y su hanyō como excelentes progenitores, con hijos sobresalientes, en los que se consideraba a InuYasha y Yû.
La reunión prosiguió y cuando la noche ya estaba avanzada, los visitantes buscaron acomodo y el lord junto a su familia y cercanos, se retiraron a descansar.
Al caminar por el pasillo el hanyō de cabello negro miró a los dos jóvenes y sonrió al ver que esos dos sabían cómo no hacer enojar a Sesshōmaru, pues el olor de ambos estaba mezclado entre ellos, pero también el de otros personajes.
InuYasha conversaba con Kōga y este sonreía embelesado ante lo que decía su novio por lo que, Naraku negó ante lo que esos dos estaban perdiendo de su estrategia y deseó que Sesshōmaru no lo notara…
–InuYasha, Joven Kōga vamos al salón de reuniones. –exigió Sesshōmaru.
Demasiado tarde. La orden asustó a los dos jóvenes y Naraku suspiró derrotado dejando a esos dos y al pasar por su lado.
–Iban bien, pero esa cara embobada, Kōga-kun… no ayudó mucho.
–¿Que?
–…
Como no hubo respuesta del mayor, InuYasha volteó a ver a su prometido.
–¡¿Qué hiciste?!
–Nada… creo…
El hanyō de cabello plateado, masculló molesto:
–Pues no digas nada que nos pueda meter en líos.
–…
Naraku llevaría a Yû a su habitación y regresaría al salón, pues seguro que ese par de despistados serían presa fácil del Inugami, si los dejaba solos.
Los dos chicos caminaron hacia el salón y entraron en este; como sucedía siempre que Sesshōmaru hablaba de un tema nada agradable para él, estaba de pie y mirando por una de las puertas hacia el jardín. Al escuchar entrar a los menores, no se giró, pero ordenó:
–Cierren, si Naraku quiere entrar será el único que se atreve a venir y abrir.
Kōga cerró la puerta y se colocó a lado de su novio.
–No me gusta gastar palabras y sé que no quieren engañarme… no más.
–…
–…
–Puedo deducir lo que… sucedió y solo con esa mirada de usted joven Kōga hacia mi otouto. InuYasha espero que como siempre me confieses la verdad. –El de orejitas tragó saliva, sin embargo al ver calmado a su aniki y sabiendo que este era todo lo tolerante que podía con su carácter, hacia él, asintió– En ese caso, debo aceptar que rompieron la promesa.
–Si… aniki.
Naraku entró silencioso por la puerta del jardín y se colocó cerca de los jóvenes.
–Yo soy el responsable y asumo toda la culpa –aseguró el lobo.
–Y no lo dudo –agregó el Dai-Yôkai con el semblante sombrío–, mas sería ciego de mi parte quitarle responsabilidad a mi hermano, él sabe lo que ser un joven maestro del clan, significa…
–Que nuestras promesas como nobles del Ichizoku Inu deben ser verdaderas e inquebrantables. –Terminó el de orejitas–… Yo… no sé cómo ofrecerte mis disculpas aniki.
–No son disculpas lo que exijo, si no el modo de recobrar la confianza en ti.
Los tres presentes se asombraron ante lo dicho por el Lord. InuYasha se sintió morir ante lo fuerte de la frase y todo lo que esta conllevaba.
Kōga tomó la mano de su prometido y quiso correr a todo lo que sus piernas daban para sacar a este de allí y alejarlo del dolor que –estaba seguro– sentía en ese instante.
Mas la reacción de InuYasha sorprendió a todos.
–Lo que decida el Lord se obedecerá y si decide que ya no soy digno de estar en este lugar, ni ser parte de su clan… me iré. Por supuesto, no planeo forzar mi presencia hanyō y traidora, ante él.
Naraku miró al de orejitas y sintió un nudo en la garganta, pues cuantas veces deseó tener ese valor de alejarse del Ichizoku Inu cuando fue ignorado o –incluso– despreciado –por ser hanyō– por Sesshōmaru, y si viene esos tiempo habían quedado atrás y estaban casi olvidados por la felicidad presente que le daban sus hijos –entre ellos InuYasha– y el propio Sesshōmaru, en verdad envidió la fortaleza de InuYasha al plantearle en ese momento, esa opción a su hermano.
–Por supuesto, ya sientes el apoyo de otro clan –dijo nada contento el del Luna en la frente.
InuYasha se soltó –sin violencia– de Kōga y encaró a su aniki.
–No me iría con mi prometido, él que tú elegiste para mí. –Subrayó el hanyō de cabello plata– Me iría solo, no soy débil, ni le temo a nada.
Kōga al ver que eso no se veía con solución pacifica, agregó.
–InuYasha y a es mi pareja y yo lo apoyare en lo que deba enfrentar.
Sesshōmaru estuvo en micros segundos, frente al lobo y con furia, lo increpó.
–¡Abusaste de mi hospitalidad y de mi confianza! ¡Motivo suficiente para borrarte a ti y a toda tu maldita sangre de este mundo y del otro…!
En la habitación se sintió como el aura del Inugami Dai-Yôkai se levantaba furiosa; Kōga tembló imperfectivamente al ser el blanco de esta. Y contrario a la aseveración de uno minutos antes, InuYasha sintió terror y por instinto se interpuso entre su aniki y su novio.
–¡No lo mates!
–¡¿Tanto te interesa?! –cuestionó encrespado Sesshōmaru.
–Si…, pues… mi aniki… el poderoso Señor de los demonios perro, me pidió que fuese su amigo…
–…
Sesshōmaru al escuchar eso, por fin dejó de fulminar con la mirada al lobo y miró a InuYasha que continuó con su explicación.
–Al desear agradar y obedecer en todo a mi… gran héroe… busqué por años, las cualidades que este vio en Kōga para comprometerme con él; y lo logré, las fui descubriendo con cada aventura que pasé con él… lealtad, justicia… fuerza, orgullo yôkai, deber para con su clan y… amor hacia mí… ¿Aniki…? –InuYasha miró al mayor– ¿cometí un error al enamorarme del yôkai que elegiste como mi compañero?
No era mentira, los grandes ojos ámbar del hanyō de orejitas gritaban esa duda y por fin el Señor del Oeste comprendió… InuYasha creció y se formó de acuerdo a sus expectativas y aun con el amor por el lobo anidado en su corazón, estaba dispuesto a decidir su futuro con Kōga o sin Kōga, según su hermano se opusiera o lo exigiera.
Sesshōmaru estaba enojado porque creyó que InuYasha lo había colocado en la misma posición de cariño que al joven Rīdā del Ôkami, rompiendo una promesa a él y eso suscitó emociones en su interior que desconocía…, celos en el más puro sentido fraternal. Sin embargo con las últimas frases y lo sincero de las expresiones de su hermano, comprendió que para este siempre sería su amado aniki.
Naraku sintió el alma volver al cuerpo cuando notó que las facciones de su pareja se iban serenando y al ver como este atrajo a su hermano en un apretado abrazo, casi desfalleció de alivió.
–No irás a ningún lado. Pero les advierto a los dos, que esto no se quedara así… No se verán en seis meses.
Sentenció Sesshōmaru. InuYasha suspiró abatido, pero se dejó llevar por el confort de sentirse de nuevo el adorado otouto de su aniki.
Kōga dejó salir el aire retenido, aunque sintió un dolor en todo su ser al escuchar esa sentencia de su cuñado, mas ni de lejos abriría la boca para objetar…
La reunión concluyó y la familia de demonios perro salió junta, no sin antes de que Sesshōmaru viera muy feo al pobre y asustado líder de los lobos; afortunadamente el Dai-Yôkai no vio la sonrisa boba de este al rememorar esos momentos con su novio.
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Para el amanecer Tomohisa y Ayame ya partían rumbo al hogar de esta última, que creyó salir bien librada de sus fechorías, sin embargo un Kōga despidiéndose de ella haciéndole mohines burlescos, le demostró que no.
El Kōga –al desaparecer los dos corredores– se convirtió en un Tanuki que celebraba –con un zorrito castaño– su broma a la chica lobo.
Ambos agitando un pañuelo en dirección del camino, riendo a carcajadas.
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La celebración del nacimiento de Taisei y Yûko concluyó, y como siempre los clanes más allegados a los Inu fueron los últimos en partir, sobre todo cierto lobo de ojos azules que deseaba retrasar por mucho tiempo su retiró del lugar.
–Joven Kōga, su gente lo espera.
Dijo el Lord mirando en dirección del grupo de lobos que ya estaban en el camino. Kōga no le quedó de otra que terminar de despedirse.
–Nos veremos… Inu…no me olvides.
InuYasha negó…
–No lo hare… roñoso.
–Y si tu hermano te trae otro prospecto de prometido… no lo aceptes.
–Oye, como crees que mi aniki haría eso, tenemos una alianza con ustedes y… –InuYasha observó a Sesshōmaru que sonreía con burla en dirección del de ojos azules– Bueno…no lo aceptare…, oh solo si es más fuerte que tú.
–¡Inu! –se quejó el Rīdā.
–Es broma, sarnosito.
Por fin el Ôkami partió. Sesshōmaru y Naraku regresaron al palacio y el lord ordenó que se redoblaran las guardias –no estaba de más prevenir.
Naraku no opinó al respecto, pero también agregó…
–Los pequeños ya se quedan más tiempo con Jaken y las doncellas…Taisei ya no llora tanto si no estoy con él…
–Por qué estuvieron conviviendo con muchos extraños.
–Sí y pues…
A Sesshōmaru le pareció divertido como su pareja se le insinuaba, y es que este aún era tímido con él…
–Es bueno que tengas tiempo de descansar, aun no debes estar del todo recupera…
–¡Lo estoy!
El lord creyó bien terminar el juego.
–Pasar tiempo, juntos, no estaría mal…
Naraku sonrió gustoso. Cuando iban caminando por el pasillo, su libido se disparó al pensar en lo que le esperaba llegando a la habitación que compartía con su pareja.
En cuanto cruzaron la puerta, Sesshōmaru tomó al hanyō y lo acercó a él buscando la boca de este.
Naraku respondió con pasión y fue recompensado al sentir como las ropas le eran retiradas por las manos ávidas del yôkai plateado. El lecho los recibió en un abrazo muy pegado y con los miembros inferiores entrelazados, las ropas de ambos quedaron desperdigadas por el suelo y el Dai-Yôkai se alejó de su amante lo necesario y se colocó entre las piernas de este. El hanyō pelinegro sintió la boca de su lord marcándolo y las manos acariciándolo; notando que esa era una de esas ocasiones en las que este deseaba ser más dedicado en sus momentos juntos, Naraku supuso que debido a su reciente parto.
Al estar unidos por fin, los dos se dejaron llevar por sus naturalezas demoniacas y se entregaron con desbordante pasión, incluso con un poco de salvajismo, como en sus primeras ocasiones teniendo relaciones.
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Yû e InuYasha optaron por caminar un rato en el bosque y contarse las novedades que supieron en esa reunión ambos.
El pequeño primogénito de Sesshōmaru le relató los proyectos que tenía a su tío y este con el asombro marcado en sus facciones, cedió…
–¿Estás seguro?
–Si.
–Pero estarás lejos de nosotros.
–No mucho, ¿o es que no irás a verme o no vendré a verte yo?
–Yû, eres el hijo del Lord, el heredero del liderazgo.
–Yo… Oji, la verdad es que yo siempre quise formar mi propio clan y tener mi territorio, además por eso siempre espere un hermano.
–Yû… Este territorio es tuyo…
–Oji, tú irás con el Ôkami y estoy seguro que entre Kōga y tú harán más grande su región y se volverán más fuertes.
–Bueno…
–Pues yo quiero lo mismo.
–No puedes irte solo, ni yo ni tu padre lo permitiremos.
–No lo haría, tampoco soy tontito… Misaki y Yuki irán conmigo.
–¿Se los pediste?
–¡No! Eso sería denigrante.
–Claro es una regla no escrita que los yôkai que conformen tu clan, deben seguirte por propia voluntad.
–Sí, y...
–¿Qué?
–No importa si son de otra clase, ¿verdad?
–No sé, no lo creo.
–Es que… Ginta y Hakkaku…
–¡No!
–…
–¡¿De verdad te seguirán?!
–No fue mi intención quitarle sus amigos a Kōga, de veras. –se disculpó el pequeño.
InuYasha negó moviendo la cabeza y después sonrió acariciando el cabello de su sobrino.
–No se los quitaste, si ellos te seguirán es porque lo desean y… Kōga debe comprenderlo. De hecho es un alivio que ellos vayan contigo.
–¿Lo extrañaras?
–¡No que va!
Yû se encogió de hombros y dijo sinceramente:
–Yo también los extrañaré, Ginta y Hakkaku son muy buenos compañeros.
–Si.
El par de bochan siguieron su recorrido por el bosque y como vieron a un jabalí les pareció divertido perseguirlo –sin intenciones de cazarlo– y con eso regresaron a su vida cotidiana.
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Los días pasaron lentos según la percepción de cierto demonio lobo, más se debía a sus compromisos como Rīdā; un par de días después de haber llegado con su clan, el de ojos azules tuvo que partir de nuevo para arreglar el desaguisado con el Yoro Zoku y emprendió veloz la marcha a las montañas nevadas.
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Sentado entre cojines y con su familia cerca de él, Sesshōmaru escuchó las novedades de su capitán recién llegado.
–¿Estás seguro Royakan?
–Si mi señor, yo encontré a un yôkai paseando en mi bosque, cuando lo encaré, me enfrentó… y lo vencí fácilmente a pesar de que llevaba esto.
El gran lobo mostró un pañuelo y Naraku lo desenvolvió con las miradas de Sesshōmaru, InuYasha y Yû sobre él.
–Oh, pues parece un pedazo de vidrió, más se siente esa fuerza espiritual… –Naraku lo alzó en el pañuelo y se lo tendió a Sesshōmaru.
El Inugami lo examinó y asintió sin mostrar su real molestia.
–Si lo que dice Royakan es una muestra, debe de haber más de estas cosas pululado por el mundo, después de todo la Shikon no Tama se partió en miles de fragmentos.
–¿Haremos algo acerca de eso, aniki? –preguntó interesado el hanyō de orejitas.
Sesshōmaru se giró a ver a sus pequeños y notó el anhelo de aventura en ambas miradas de los más jóvenes.
–Oh… vaya, en seis meses tenemos que buscar ocupación. –dijo para sí y luego agregó– InuYasha, Yû, lleven a Misaki y Royakan, busquen los fragmentos, no quiero ninguno de estos cerca de mi gente o territorio.
Naraku observó a su lord y suspiró abatido, era cierto que no podía tener todo el tiempo a sus cachorros a salvo, mas también era cierto que como guerreros todos –incluidos él– debía salir a misiones según órdenes del Dai-Yôkai.
InuYasha y Yû salieron veloces del salón llevando con ellos a Royakan para buscar a Misaki y ponerse de acuerdo para partir ese mismo día.
En cuanto la pareja de adultos, se quedó a solas, el de ojos ámbar aseguró.
–Es hora de que los dejemos salir al mundo, solos.
–Confía en ellos.
–Sí, y tú también ¿no?
–Por supuesto, es solo que esto de ser gestante es algo difícil de sobrellevar.
–¿Te arrepientes?
–¡Nunca!
Sesshōmaru suspiró y acercó a su pareja besándolo.
–Solo nos resta dejar que crezcan.
Naraku aceptó la frase totalmente cierta de su pareja y se dejó abrazar por este, recordando que el sentido bélico lo tenían todos los Inu corriendo por sus venas, sus hijos un poco más, pues eran el resultado de la unión de dos guerreros.
…
El regreso a su montaña ya estaba preparado, los problemas no eran tales si por accidente casual, cierto yôkai Inu se había hecho muy cercano a Ayame, la nieta del Gran sabio, tanto que esta aun con mejillas sonrojadas y enfurruñada, había aceptado que el clan alistara su boda con ese guerrero, haciendo una mas que fuerte alianza entre los lobos del norte y los Inu.
Quien mejor dotado para guiar a ese clan rebelde, que un yôkai capaz de transformarse y comerse tres o cuatro de ellos en un solo bocado y eso que su tamaño era relativamente menor que el del propio Naraku. Tomohisa por su parte estaba contento de estar con la lobita pelirroja, que lo de ser líder y demás, era mero formulismo, sin embargo como su crianza en el Ichizoku Inu lo respaldaba, llevaría a ese grupo a ser de nuevo muy fuerte y unido.
A pesar de que todo se resolvió para bien, las negociaciones y acuerdos se habían llevado algo de tiempo y con eso a Kōga le restaba solo un par de semanas de su castigo, y las pasaría en su hogar antes de poder regresar de nuevo a ver a su hanyō.
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El pequeño bosque estaba algo maltrecho, más el grupo de cazadores había hecho un esfuerzo por no destrozarlo en su lucha.
En el linde de este una mujer anciana y su hijo –un Hanyō de ojos grande y de gran tamaño– veían salir al joven que portaba una espada.
–Ya está, era asquerosa, pero no tan peligrosa.
–¿Y el pequeño que venía con ustedes? –preguntó preocupada la mujer.
–Oh… ¡Yû! –llamó InuYasha.
En ruido de escuchó y por entre los arbustos salía un Yû más que enfurruñado.
–¡Me ensució, Oji!
Yû mostraba sus ropas blancas llenas de lo que parecía una sustancia viscosa y de color púrpura. El hanyō de orejitas suspiró derrotado y guardando a Tessaiga cargó a su sobrino.
–Te lavare, pero te advertí que no buscaras el fragmento dentro de su cuerpo.
Misaki y Royakan se unieron a sus bochan y el gran lobo cargó a Yû, llevándolo a donde la anciana le mostraba el camino hacia el rio.
InuYasha se despidió agitando una mano y Misaki le siguió dejando a madre e hijo tranquilos de que no serían acusados de nuevo por lo que el monstruo que vivan en ese bosque hacía.
Cuando el grupo de Inu se alejó, Jineji** mencionó emocionado:
–Ellos eran… como yo.
–Si hijo, los dos bochan eran hanyōs.
Una gran sonrisa se plasmó en las bocas de los dos hablantes.
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InuYasha tallaba el cabello de su sobrino en lo que al amable Royakan se hacía cargo de lavar las ropas de ambos y es que el ciempiés come-humanos que acababan de derrotar, sí que olía mal. Misaki se sentó en unas rocas dispuesto a dormitar un poco, eso hasta que…
–Misaki ¿Cuántos faltan? –preguntó el de orejitas.
–¿Bochan…? –preguntó Misaki sin saber de qué le hablaba InuYasha.
–¿Cuánto nos faltan para deshacernos de los que están cerca de nuestro territorio?
Misaki sacó un pergamino y miró.
–Lo siento bochan, este era el último.
Yû se cruzó de brazos:
–¡Rayos!
–Yû… –regañó el mayor.
–Oji, seguro que tú pensaste lo mismo.
–Sí, pero no debo decirlo en voz alta, recuerda que cuando estemos con aniki, no les gustara que hablemos de ese modo. Por si fuera poco traes todo el cabello enmarañado, eso sí que no les gustara en palacio.
–Pues…, Oji creo que también tengo… –dijo el pequeño.
–¿Si? –alentó a seguir InuYasha temiendo lo peor.
–Pulgas.
–¡¿Qué?!
Yû se rascó cerca de la orejita y mostró…
–¡Hola joven señor InuYasha, soy Myōga y…!
InuYasha salió corriendo del rio, Misaki dio un salto para atrás e incluso sacó su espada y Yû…, Yû solo los veía sin comprender.
–¿Oji?
Preguntó a un hanyō desnudo y muy lejos de él:
–¡¿Yû cómo puedes traer esa cosa?! ¡Todos somos Inu y eso es una…! –InuYasha hizo sonido de asco antes de continuar– es una pulga.
Yû miró a su tío y luego a la pulga, y de nuevo a su tío…
–Si lo es, pero…
–¡¿Por qué no te deshiciste de él?! –exigió saber el hanyō.
Misaki se acercó con precaución, con su espada en ristre y con voz serena pidió.
–Pequeño bochan suelte eso y aléjese con cuidado… yo me voy a deshacerle de él…
Yû suspiró abatido, pero no se movió.
–Él dijo que era amigo del abuelo. ¿Mintió?
Myōga se movió frentico, asegurando.
–¡No, no lo hice! ¡Yo fui amigo de Inu no Taisho, incluso conocí a Izayoi-sama!
InuYasha reaccionó a eso y se acercó al rio, pasando junto a Misaki y bajando la espada de este. Al llegar con Yû y Myōga preguntó…
–¿Conociste a mi madre?
–Si joven señor.
–Ya veo.
El pequeño de cabello plata observó a su tío y agregó…
–Por eso lo traje conmigo.
InuYasha se cruzó de brazos y cerró los ojos.
–Pues Naraku… No, todo el clan se pondrá como locos.
–Padre no lo dejará quedarse ¿verdad?
Myōga escuchó eso último y preguntó nada feliz.
–¿No eres hijo de InuYasha?
Yû negó:
–No, él es mi tío. ¿No has oído?
–Entonces… ¿de quién eres hijo? –preguntó suspicaz la pulga.
–Pues de quien mas, si InuYasha es mi tío. Soy el primogénito del Señor del Oeste, Sesshōmaru-sama. –aseguró orgulloso Yû.
–¡¿Qué?! ¡¿Pero, como?!
Los dos hanyōs miraron al yôkai pulga sin comprender por qué su asombro. Misaki y Royakan se quedaron en discreto segundo plano viendo lo que sucedería.
–No entiendo, si yo lo te he buscado desde hace mucho tiempo, InuYasha. –aseguró la pulga.
El aludido arqueó una ceja y respondió:
–Pues no sé, ni donde ni porque me buscarías, pero todo yôkai importante, sabe que soy bochan del Ichizoku Inu, desde que mi aniki me aceptó en este, cuando yo tenía dos años.
–¿Por "aniki" se refiere a Sesshōmaru-sama? –mencionó Myōga.
El hanyō mayor se acercó hasta que su rostro estuvo a la altura de la pulga…
–Es mi hermano mayor, el único que me ha cuidado y me ha dado el lugar que me perteneces. Yû es su hijo e hijo de Naraku uno de su capitanes. No es secreto entre los clanes más fuertes.
–Pero él despreciaba a los humanos y por supuesto a los hanyō. –siguió la pulga.
–¿Y? –preguntó Yû nada feliz– Mi padre es como es y de ese modo lo amamos y respetamos, y él nos ama igual.
–De los humanos no me interesa que creas, pero para nosotros no son algo que queramos cerca. –concluyó InuYasha.
–Pero su madre… –insistió Myōga.
–Me dio la vida, mas no está aquí ni lo estuvo cuando la necesité, le debo respeto y quiero saber de ella, mas no me pidas que me indigne si mi aniki no la hubiese estimado. A mi padre… si lo conocí.
–¡¿Cómo?!
–Mi aniki me llevó a ver a Irasue-sama y ahí estaba él. Si quieres venir con nosotros puedes hacerlo, pero el que te quedes con nosotros depende de lo que diga el Lord.
–…
La conversación concluyó y el nuevo integrante del grupo fue colocado en un pañuelo, pues ninguno de los Yôkai caninos lo deseaban en su piel.
De ese modo iniciaron su camino de regreso al palacio.
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Los pequeños Inu gateaban felices en el jardín. Kuro cuidaba de los tres, y es que como voto de confianza y deferencia de parte der Sesshōmaru, sus hijos y Miku algunas veces jugaban juntos.
Taisei estaba recostado en las piernas del joven capitán, viendo como Yûko y Miku jugaban más allá.
–Mira que bochan tan flojito tenemos.
El bebé se removió, mas no hizo intento de dejar su cómoda posición. No hasta que escuchó la adorada voz de su papá que iba llegando con Takeshi, después de un entrenamiento entre las tropas de ambos.
Naraku sintió como en cuanto piso el pasto, su hijo varón ya pedía su atención, mas su princesita solo lo miraba con una sonrisa feliz, sin dejar a su amigo de juegos.
Takeshi fue hasta donde esos dos estaban y cargó a ambos.
–Lo siento Yûko-chan, pero debemos ir a bañarnos y descasar un poco.
–Ya estás viejo para entrenar. –se burló Naraku.
–No como tú, que en cuanto terminamos, corriste al palacio.
–Eso fue porque hoy llegan InuYasha y Yû.
Takeshi asintió no muy convencido y junto con su pareja e hijo dejaron a la familia del lord para alistarse.
Naraku cargó a Taisei con un solo brazo y tomó de la mano a Yûko a quien le agradaba caminar.
Sesshōmaru y los ancianos del concejo los encontraron de ese modo y Chūjitsuna –que era el único que se atrevía a hacerlo– fue por la pequeño Inu y la cargó haciéndole carantoñas.
–Quien es la princesita más hermosa del los cuatro puntos…
La niña sonreía divertida. Taisei solo veía la escena sin despegarse de su papá a pesar de ver que los adultos le sonreían tratando de hacerle gracia.
Sesshōmaru veía la escena, orgulloso de su familia y fue por eso, es que notó…
–Naraku…
–¿Si?
–Yûko tiene unos mechones claros en su cabello.
–Oh…
Naraku y los demás revisaron la cabecita de la pequeña y era cierto tenía un par de mechones en cada lado que semejaban orejitas pero que solo era cabello de color plateado que resaltaban entre su melena oscura.
La niña ajena al escrutinio del que era objeto, brincaba en los brazos del viejo concejero.
Sesshōmaru retomó el tema al asegurar.
–Esto debe verlo mi madre… iremos en cuanto InuYasha y Yû lleguen.
En cuanto a eso…–decía Naraku– tendremos visitas.
–…
–Los vigías han visto a Kōga-san y su grupo avanzar por el camino en esta dirección.
Sesshōmaru quiso gruñir, sin embargo no estaba a solas, por lo que se contentó con negar con la cabeza.
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Ginta y Hakkaku notaron que su líder no iba a su auténtica velocidad y colocándose a su lado y dejando que los lobos los rebasaran, preguntaron:
–¿Por qué no vas veloz Kōga?
–…
–Déjalo Ginta, seguro que es porque teme que Sesshōmaru-sama no lo deje ver a InuYasha.
El de ojos azules entrecerró estos, mas no negó lo dicho por Hakkaku, en cambio contratacó.
–Me lo dicen ustedes que no les importa nuestra amistad y quieren dejarme para irse con Yû.
Los oyentes rodaron los ojos.
–Ya te lo hemos dicho, el mocoso nos agrada.
–Sí, nos recuerda a ti cuando eras joven. –dijo muy serio Ginta.
–¡Tienen la misma edad que yo! –exclamó Kōga.
Los tres rieron divertidos y por fin el Rīdā, concluyó:
–Solo… apóyenlo como lo hicieron conmigo, amigos.
El trio siguió su camino y Kōga se sintió dividido entre el orgullo y la tristeza, pues estaba orgulloso de que sus amigos siguieron a Yû para que este cumpliera sus sueños, pero también le costaba separarse de ellos.
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El palacio de Sesshōmaru se vestía de fiesta, pues los bochan mayores arribaban ese día, y antes que ellos, el líder del Ôkami ya estaba ahí de visita, muy a su pesar el de Luna en la frente aceptó que incluso habían pasado seis meses una semana y que tanto su hermano como el lobo, cumplieron cabalmente su promesa y por si fuera poco, Kōga –no supo cómo– se había enterado de la búsqueda de los fragmentos que llevaban a cabo, Yû e InuYasha, uniéndose –por su lado– a esta, llevaba con él diez de estos pedazos conseguidos por el Ôkami y cinco más recolectados por el Yoro Zoku y que Tomohisa enviaba a su Lord como muestra de que el clan Inu se extendía más allá de ese territorio.
Naraku salió de su habitación esperando que los niños ya estuviesen listos y con eso unirse a Sesshōmaru que esperaba en el salón de reuniones acompañado de Kōga.
Para el atardecer unos divertidos y un poco cansados viajeros, llegaron a su hogar, siendo recibidos por el Inugami.
InuYasha vio a su aniki y se sintió feliz.
–Llegamos a casa… aniki…
–Bienvenidos…
Un lord frio y poderoso para la mayoría, ese era Sesshōmaru, primogénito de Inu no Taisho, más cuando cierto hanyō de orejitas apareció en su vida, no solo fue eso, si no fue también… un amado y admirado aniki.
Fin
Terminamos con este fic…
¡Otro más para ti, Tomy!
*Miku. Significado: el futuro; significado abstracto: Que tendrá buen futuro.
**Es un Hanyō humanoide de gran tamaño con apariencia semiequina y grandes ojos, tiene muchas cicatrices en el cuerpo, ya que desde pequeño fue maltratado, es un ermitaño que junto con su madre vive del cultivo de hierbas medicinales, las que da a las personas de la aldea cercana. Fuente Wikia.
Mi pequeña aportación a este fandom, pero antes de que nos cortemos las venas con un bombón, les aclaro que habrá epilogo.
Mil gracias a todos y todas, que leyeron, comentaron y colocaron esta historia en favoritos.
