Capítulo 44: La otra cara de Hackett.

Prue acababa de estacionar el auto frente a la calle que debía cruzar para encontrarse con Hackett en la plaza. Iba acelerada, y sólo Dios sabía cómo no se había matado. Apoyó su frente en el manubrio y pateó el suelo. Más le valía a Hackett tener un chaleco antibalas, porque si encontraba algo con qué asesinarlo, iba a hacerlo.

Pensó en Phoebe y su corazón se comprimió. No tenía idea de como reaccionar, se suponía que tampoco debería saberlo. La vida no venía con un manual que dijera, "Cómo enfrentar que tu hermana se embarace de tu pareja sin decírtelo". No debería venir con él tampoco, porque no era lógico que algo así ocurriera, ¡Algo así no debería pasar!, ¡A nadie!, Y mucho menos que le mintieran así...no era que le importara Hackett y estuviese herida por ello, le hería que su hermana le ubiese ocultado la verdad durante tanto tiempo. Ahora entendía por qué él había aceptado tan rápido el hecho de casarse con ella...porque eran sus hijos, ¡Cómo no iba a aceptar!, ¡Había hecho el ridículo delante de todos! Durante tanto tiempo había compartido los labios que su hermana había besado, ni siquiera sabí si en un pasado o en un presente, pero sí sabía, que incluso habían compartido más allá de ello. Y se sentía miserable, por todas las veces en las que él había tratado más allá sabiendo...sabiendo que en casa sus hijos dormían bajo su mismo techo, los hijos que tenía con otra, ¿Mujer?...no, con una adolescente, con su hermana adolescente para ser exactos.

Se bajó, y no le bastó avanzar mucho para encontrarlo sentado en un montículo, ocupado en su celular.

― Estás muerto ―dijo entre dientes, avanzando decididamente hasta donde él se encontraba.

Victor iba buscando el auto de Prue, pero ya le había perdido el rastro. Había demasiado tránsito en la calle y de paso, ella había ido a demasiada velocidad. Siguió buscando, dándose vueltas por lugares inteligentes para hacer una cita. Su celular comenzó a sonar, y aunque sabía que manejar y hablar no era la mejor idea, contestó.

― ¿Paola? ―preguntó al reconocer su voz, parecía agitada.

― ¿Ya apareció?

― Phoebe está en casa, pero Prue...no sé en dónde.

¿Cómo?

― Es una historia demasiado larga que ni yo entiendo bien, pero Prue escapó y debo encontrarla.

De acuerdo. Avísame cuando sepas algo, te amo.

― Y yo te amo a ti.

Cortó el teléfono y lo dejó cerca, en caso de que alguna de las niñas lo llamara. Estaba preocupado por la salud mental de Piper, y no confiaba en que Phoebe pudiese cuidar de ella porque ni siquiera podía cuidarse a sí misma. Estaba decepcionado, algo asqueado y más aún temeroso por todo lo que había tenido que escuchar. Jamás de los jamases, se hubiese imaginado a su niñita en esos pasos...a ninguna de ellas, y quizás Phoebe le afectaba más al ser la menor de ellas. El sólo hecho de imaginársela en "eso", le daba nauseas. Nunca le había gustado el hecho de que Prue saliera con ese tipo, y con Phoebe la aprobación no era mucho mayor.

Hackett estaba sentado en el pasto un poco nervioso; le acababan de informar que Katrina había tratado de abrir la boca y que John se las había arreglado para hacerla callar para siempre, así como a Phoebe, pero nada había salido bien y ambas estaban vivas y coleando. Estaba nervioso, porque sabía que ahora habían demasiadas posibilidades de que la pequeña Halliwell abriese la boca sobre todo lo que había estado pasando desde el año pasado.

― ¡Por qué me hiciste esto!

Quitó la mirada de su celular en el acto, encontrándose con una Prue furiosa frente a él. Le dio miedo, porque nunca la había visto así de agresiva y con una mirada más asesina que esa, y no atinó a más que preguntar lo obvio.

― ¿Qué?

― ¡Hablé con Phoebe! ―gritó afirmándolo del cuello de su blusa― ¡Me lo dijo todo!, ¡Me dijo que tú...! ―respiró profundamente antes de seguir, lo que iba a decir era repugnante― Me dijo que tú eres el imbécil que la embarazó y luego la dejó sola.

Los ojos de Hackett se abrieron como platos y su corazón casi se infartó, ¿Qué había dicho?, Prue lo sabía todo y posiblemente cada detalle, y estaba muerto. Con ella no podía meterse, porque no era ingenua como Phoebe ni nerviosa como Piper, ésta era de armas tomar si se trataba de alguien de su familia. Pero aún le quedaba la oportunidad de defenderse, hacerla desconfiar de lo que había oído para tratar de salvarse el pellejo.

― ¿De qué estás hablando? ―preguntó con una mirada extrañada, quitándose las manos de Prue de encima.

―No te hagas el estúpido conmigo, ¿Cómo pudiste hacerle algo así a mi hermanita? ―gritó empujándolo para hacerlo caer, pero él no se movió ni un centímetro.

― Prue, ¿Cómo puedes creerle una locura así?, ¡Está mintiéndote amor!

―¡No vuelvas a decirme amor! ―fue lo primero que le gritó―¿Por qué debería creerte a ti?, Ella es mi hermana, la conozco desde que usaba pañales o incluso de antes. Y tú...

No pudo seguir hablando porque él intentó defenderse con una risita nerviosa.

― Piénsalo. Tiene quince años, dos hijos y no padre. Está celosa de ti, siempre lo ha estado, está confundida e inventó lo primero que se le ocurrió. Ya va a recapacitar, te dirá que es mentira y nos reiremos de esto en poco tiempo.

La sangre de Prudence hirvió, o al menos terminó de hacerlo: Si Hackett creía que iba a lograr ponerla contra Phoebe, estaba equivocado. Y mucho.

― ¡No trates de engañarme, cerdo! ―gritó empujándolo , y él se puso de pie― ¡Ni creas que voy a creerte una palabra!, Ellas es mi hermana imbécil, ¿Por qué lo hiciste?, ¡Es una niña por Dios!, Ella, ¿Cómo pudiste hacerlo?, ¿Por qué me engañaste tanto tiempo?, ¿Con qué cara la estuviste mriando todos estos meses sabiendo que ese vientre que estaba cargando era por ti? ―gritó golpeándolo con fuerza en el pecho.

Prue estaba furiosa y se daba asco ella misma por haberlo tenido cerca todo ese tiempo, por haberle dado entrada a su casa, a su vida, a su mundo...Lo odiaba, y mucho, por haberle destruido la vida a su hermana pequeña y haberse atrevido a hacerse el inocente, a no saber nada, a reírse de ambas. De su familia completa.

Hackett no se movía, más bien pensaba en qué iba a hacer ahora, necesitaba un plan, un plan que seguir después de terminar lo que tenía que hacer con Prue, y de qué horrosa y dolorosa manera haría pagar a su hermana menor por haberlo traicionado.

― ¡Me das asco!, ¡Voy a demandarte!, ¡Te voy a deportar!, ¡Eso voy a hacer!, ¿Querías adoptarlos?, ¿A tus propios hijos?, ¡Hijo de puta!, ¡Eso es lo que er...!

― ¡Déjate de hablar tonterías y no te metas con mi madre! ―le amenazó tomándola de las muñecas con extremada fuerza― ¡Me tienes harto con tus ataques de histeria!, Entiende niñita, que aquí el que manda soy yo, no ti nu tu hermana.

Prue se sorprendió al escucharlo hablar así, y comenzó a asustarse: el tipo estaba loco. Desquiciado, lo veía claramente en sus ojos, la manera de sujetarla, la forma en que apretaba los dientes para burlarse de ella; podía comprender por qué Phoebe decía que no existía un hombre en su vida, porque ese tipo no era un hombre. Aunque no podía perdonarla por no habérselo advertido.

― Suéltame ―le ordenó tratando de sacudirse, de enviar patadas― ¡Suéltame que voy a matarte!, ¡A castrarte!, ¡A...!

Se quedó callada e hizo una mueca de dolor cuando lo sintió atracarla contra un árbol y hacer sus convalecientes costillas golpearse contra la madera astillosa. Sus manos se pusieron en su cuello, y debía levantarse en las puntas de sus pies para poder respirar, aunque fuera con dificultad.

― Suéltame, no puedo respirar ―pidió tomando aire a bocanadas, intentando soltarse, pero era demasiado fuerte para ella.

― Tranquila ―le advirtió bajándola un centímetro, la idea no era matarla...no aún― Tienes muchos planes contra mí que te van a mantener un poco ocupada...y si piensas hacer todo eso, creo que primero tengo que divertirme un poquito. Despedirme a lo grande, ¿Qué piensas?

La sangre de Prue se heló de inmediato, y sin notarlo comenzó a sudar frío. Esa escena ya la había vivido antes, dos años atrás con un chico en una fiesta; había sido aquella la razón por la que se había acabado su instinto rebelde y vuelto a la normalidad. Sabía lo que Hackett tenía en mente pero no cómo escapar de él: pero tenía que hacerlo. Ya lo había hecho una vez, podría hacerlo de nuevo.

― Suéltame Hackett, no es gracioso ―logró decir intentando ganar algo de tiempo o de divisar a alguien cerca de ahí que pudiese ayudarla: pero estaba sola.

― No bromeo amor...―dijo con tono seductor y voz dulce, pero mirada enferma y tétrica.

Prue comenzó a gritar y tratar de patearlo, pero él se acercó más para que no pudiera hacerlo. Atrapó sus labios, y ella abrió su boca para dejarlo meter su lengua, y cuando lo hizo, la mordió; fuerte pero no tanto, no quería quedarse con un pedazo de lengua ajena en la boca.

― ¡Puta! ―le gritó, soltando un poco sus manos pero enterrando su rodilla entre sus costillas, cortándole la respiración en el acto.

Prue cayó al piso, intentando levantarse pero el aire era escaso. El cuerpo se le estaba adormeciendo, y estaba aturdida por el dolor del golpe. Apenas podía ver y sentía que sus pulmones se comprimían, y sobretodo, que ahora estaba a su merced. Era una estúpida.

― ¿Creías que ibas a librarte tan fácil de mí? ―le gritó sentándose a su lado― equivocada mi dulce princesa...muy equivocada.

Se mantuvo calmada y serena, si tenía que pasar, que supiera que no le afectaba. Lo sintió voltearla y ponerla boca arriba, y sentarse sobre sus caderas, haciéndole respirar aún más difícil de lo que ya era. Sintió que sus manos le quitaron su chaqueta, y bajaron rápidamente a desabrocharle los pantalones. Quiso vomitar, hizo una arcada, pero no iba a gastar sus fuerzas en eso: tenía que juntar las necesarias para poder pararse y correr sin quedar a mitad de camino. Prue quiso llorar pero no iba a darle ese placer.

Él sonreía, porque al fin iba a obtener lo que tanto había buscado; tenía pensado que fuera de otra manera, pero bueno, un plan B nunca estaba de más. Le quitó el cinturón que adornaba sus jeans y le besó el estómago, solamente para sentirla comenzar a temblar, pero detenerse en el acto: la muy majadera no quería hacerle ver que estaba sufriendo, pero él sabía que así era.

― Voy a hacer que salgan sonidos de esa boca ―le advirtió, y ella pensó en escupirle, pero sería un gasto de energía innecesaria.

Hackett le quitó la blusa, sin romperla: quería ir lento, para desesperarla lo más que pudiera. Prue mantuvo los ojos abiertos y desafiantes, hasta que decidió que cerrarlos y hacerle creer que se había rendido era mucho mejor: si bajaba la guardia, tendría más opciones. No podía evitar recordar con dolor y tristeza el episodio de su juventud, que aunque no había llegado ni a la mitad de lo que ya iba este, había sido especialmente traumático.

Él siguió sobre ella, desabrochándole los otros dos botones de los pantalones que usaba antes de comenzar a quitárselos. Ella ahogó un suspiro cuando sintió que podía respirar mejor, pero no lo suficiente como para echarse a correr: tenía que soportar un poquito más. Hackett sonrió, y le bajó un bretel antes de besarle el hombro. Bajó el otro y Prue sintió rabia al no estar todavía lista para escapar, pero si no lo hacía ahora, ya no habría vuelta atrás. Él metió su mano por atrás de su espalda para desabrochar su sostén, y de repente, el peso y calor sobre sus caderas ya no estaba.

Prue abrió los ojos de golpe cuando sintió ese cambio junto a una voz familiar, y rodó para ponerse boca abajo para ver qué era lo que estaba pasando.

― ¡No te atrevas a tocar a ninguna de mis hijas otra vez! ―gritó Víctor, dándole un fuerte puñetazo en la cara.

Prue decidió que quedarse a mirar no era la mejor idea, y que entre Hackett y Víctor era el primero que tenía muchas más oportunidades de ganar. Corrió hasta sus pantalones y logró sacar su celular, sus manos estaban temblando pero tenía claro cuál era el número que tenía que marcar.

― ¡Tarde! ―se rió Hackett, recibiendo los golpes e intentando propinar los propios― ¡No sabes cuánto he disfrutado de la más pequeñita!

Si Víctor ya estaba enojado, ahora había perdido el control; Hackett podía tener puños más fuertes y músculos más grandes, pero nada se comparaba a la ira y al dolor de un padre que sabía, habían herido a dos de sus hijas.

― ¡Te voy a pudrir en la cárcel! ―gritó golpeándole la cara, la nariz, las mandíbulas: todo lo que pudiera para hacerle sentir el dolor que él cargaba.

Prue no sabía que hacer, en la mitad de un ataque de pánico ante la grotesca escena que estaba viendo y lo único inteligente que logró realizar con más o menos coherencia, fue ponerse su blusa, colgar los pantalones entre las manillas de su cartera y usar su chaqueta como una falda improvisada; no tenía la motricidad necesaria para lidiar con tantos detalles de moda.

― ¿Quieres saber dónde tiene una mancha de nacimiento muy curiosa? ―le gritó Hackett a Víctor, muerto de la risa pero en realidad, podrido de nervioso.

― ¡Cállate! ―gritó Víctor con lágrimas en los ojos y los puños sangrando, no podía seguir escuchando eso.

Prue tenía el corazón pendiendo de un hilo; lo que decía Hackett era ciertamente asqueroso pero ver a su padre siendo golpeado de esa forma era algo que jamás hubiera deseado ver: y era por ella. Él había ido a salvarla a ella, él estaba siendo lastimado, por ella. Tenía que hacer algo, la policía estaba tardando demasiado para su gusto y Hackett no estaba tan débil emocionalmente como lo estaba su papá. Buscó algo, lo que fuera útil y vio una banca cercana, que tenía algo en especial: desde hacía años que una de las tablas estaba suelta por una trizadura, por lo que sin pensarlo dos veces, corrió hasta ella. Puso un pie encima y empezó a pegarle patadas hasta lograr quebrarlo, y luego de varios intentos desesperados reazando porque fincionara, su pierna pasó hasta abajo. El dolor la hizo cerrar los ojos pero no era importante ahora, así que sacó su pierna raspándose otra vez y cogió la tabla para correr hasta donde los dos hombres se tranzaban a golpes: no tenía idea qué iba a hacer ahora, pero algo iría a improvisar.

― ¡Muévete! ―gritó a Víctor, quien no entendió y no le hizo caso, ¿Estaba loca?, moverse era dejarlo escapar, o peor, lastimarla― ¡Ahora!

La decisión en su voz le dijo que tenía una idea, un plan, y aunque no tenía idea de qué se trataba, sabía que jamás arriesgaría la vida o seguridad de ninguno de los dos por cualquier cosa. Giró, y Prue aprovechó el movimiento para darle a Hackett en el estómago. Éste se retorció de la misma forma en que se había retorcido ella, y con toda la maldad del mundo, y deseos de venganza, intentó golpearle cierta delicada zona, pero él fue más rápido y le afirmó el pie. Prue gritó y él se sentó, apenas con fuerza pero con odio en los ojos, y fue Víctor el que tomó el palo para golpearle en la parte de atrás de la cabeza.

Hackett se fue de espaldas, inconsciente, y lo único que podía oírse eran las respiraciones agitadas de padre e hija, y los rápidos pasos de ésta para esconderse entre los brazos de su golpeado papá.

En tanto en casa, Phoebe estaba sentada en el sofá con un balde cerca en el caso de que quisiera vomitar. Piper había preparado té para ambas, en un intento de calmarse un poco, pero ni eso era lo suficientemente ligero para entrar en sus estómagos ahora.

― Bebe un poco, estás muy nerviosa ―le dijo la mayor a la menor, pero ésta no paraba de llorar en su asiento completamenta callada― Phoebe por favor di algo, no aguanto verte así ―le pidió preocupada.

Su hermana seguía en shock, repasando la mirada de Prudence, la forma en que le había hablado, el dolor, la decepción, la ira, incluso, ¿Odio?...y tenía miedo, porque sabía lo impulsiva que era su hermana.

― Lo odio Piper ―dijo después de haber estado callada durante largos minutos― Lo odio.

Estiró sus brazos sin sentirse capaz de resistir un segundo más y su hermana la recibió entre los de ella, acariciando su cabello con lágrimas también.

― ¿Por qué a nosotras?, ¿Por qué a Prue? ―preguntó con amargura, ahogándose en su llanto sin parar de temblar― Si le hace algo a Prue, si algo le pasa en el auto, Piper te juro que lo mato con mis propias manos. A cualquier persona pero no a ella, conmigo lo que quiera pero no a ella...

― Phoebe, necesito preguntarte algo que...sé que va a ser difícil de responder ―dijo sin soltarla, y la sintió asentir― Cuando...cuándo quedaste embarazada, ¿Quisiste hacerlo?

― ¿Cómo se te ocurre pensar que me embaracé a propósito? ―preguntó alejándose de ella, entre ofendida y confusa.

― No me entiendes ―dijo Piper nerviosa― quiero saber si lo que pasó entre tú y él esa noche, si tú querías hacerlo o...necesito saber si alguna vez hubo algo entre ustedes, si...¿Cuántas veces te ha hecho daño?

Phoebe se tapó la cara y ahogó un gemido, temblando. Sabía que las preguntas iban a comenzar en cualquier momento pero no se sentía lista para asumir nada. Estaba en pánico, atacada, aterrorizada de hablar más.

― ¿Phoebe?

― Nunca he querido ―dijo sin responder nada más.

Piper la abrazó de nuevo y la acunó de lado a lado con todo el amor y la comprensión que encontró, pero estaba destrozada...a pesar de todo había tenido la esperanza de que al menos una vez, aunque fuese la primera, hubiera sido por algo de ambos. Luego de un rato, ambas empezaron a dormirse abrazadas, y fue Phoebe la que se dio cuenta de que Piper estaba casi con Morfeo, sentada incómodamente en el sillón.

― Ve a tu cuarto...yo te aviso si pasa algo.

Piper asintió, más dormida que despierta; las pastillas que debía tomar eran demasiado fuertes y aunque había intentado luchar contra ellas durante horas, ya no podía hacerlo más. Phoebe la acompañó y ayudó a subir la escalera despacio, pero le dolía todo despúes de haberse acostado con Hackett hacia tan poco, haber sido tirada al suelo, y haberse caído en la puerta de la casa, entre otras cosas. Vomitar tanto le hacía doler el abdomen, y el dolor psicológico de pensar en su bebé nuevo y en los otros dos la tenían al borde del colapso; no, ya estaba colpasada, pero necesitaba saber que Prue estaba bien.

Volvió abajo, porque el aroma a colonia de bebé y ropa limpia y planchada para ellos la ponía enferma, enferma al saber todo lo que había hecho. No tenía cara para mirarlos, tomarlos en brazos...y estaba asustada, ¿Cuántas veces había golpeado el suelo?...temía por la vida de su pequeño, por mucho que antes hubiese dicho que lo único que buscaba era perderlo.
Abrió su mochila, y encontró la botella que John le había dado. Pensó en beberla, pero no...si es que su hijo aún tenía oportunidades, no iba a terminar de apagarlas. Dejó la botella de lado y fue por un poco de agua: entre más tomara, más se desintoxicaría. Apenas Prue llegara a casa, pediría a quien fuera que la llevase al hospital para hacerse los exámenes necesarios, y hacer lo que fuera por salvarle la vida a esa criatura. No se sentía lista, pero tampoco era una asesina, una estúpida sí, y de las grandes, pero no una asesina.

Prue y Víctor estaban en la clínica, constatando lesiones. Poco después de haber noqueado a Hackett, la policía había llegado y separado en autos diferentes para llevarlos a urgencias. Llevaban ahí un rato, y ya estaban listos para irse, las acciones legales podían ponerlas más tarde.

― Gracias por salvarme ―le dijo cuando se encontraron frente a frente, mirándose a los ojos― si no hubieses llegado...

― Hubiera llegado siempre, una y mil veces ―le prometió abrazándola con fuerza, y ella se dejó querer― lamento lo que pasó.

― No puedo creer que Phoebe me haya hecho algo así ―sollozó― es mi hermana papá, es mi hermanita, la bebita a la que le enseñé tantas cosas...

Estaba tan herida y decepcionada que no sabía cómo reaccionar, se había pasado toda la revisión médica pensando en Hackett y Phoebe. Imaginándose a su pequeña hermana junto a él, pensando en todas las veces que habían estado juntos y fingido que no pasaba nada. Recordaba el día del parto, y esa vez que Phoebe había gritado tan enojada sin querer mirarlo...en cuánto parecía odiarlo, y ahora se preguntaba por qué.

― No llores amor, no vale la pena ―dijo tratando de convencerse a sí mismo, pero no era cierto.

― Prométeme que vamos a pudrirlo en la cárcel, que nunca más se va a acercar a mí o a ella otra vez.

― Te lo juro hija, jamás en la vida.

Víctor besó su frente,y ella rodeó su espalda con sus brazos. Al fin tenía lo que tanto había buscado, no había llegado por el mejor camino, pero al menos lo había hecho. Él la tomó de la mano y la guió hasta la cafetería en donde compraron algo para llevar antes de ir a sentarse a las bancas del pequeño patio de lacostosa clínica; tenían mucho que hablar, y ese era el mejor momento para hacerlo. Eran ellos dos solos, nadie más que Víctor y Prudence, lo demás, sería tema para más tarde.

Cada uno se sentó en un extremo, dejando el centro desocupado. Estaban calmados, transparentes, cansados. Los ojos de Prue dejaron caer todas las lágrimas que la separación de su gran héroe le habían causado, y no dudó en preguntar todos los porqués que necesitaba escuchar para cerrar esas heridas que de niña siempre había cargado.

― ¿Por qué te fuiste?, ¿Fue mi culpa?, ¿O de mis hermanas?, ¿Te enojaste porque manché todos tus documentos papá?, ¿Por eso te fuiste?

― Prudence...―suspiró, ¿De verdad creía que había sido por algo así?

― ¿O fue porque corté tu corbata favorita?, ¿Fue mi culpa papá?

Víctor no soportó que esa palabra que tanto estaba esperando de su parte viniera cin una exclamación tan triste y resentida, tan dolorosa, tan culpable.

― Hijita...―dijo abrazándola, rompiendo el espacio entre los dos― Nunca, jamás, y que te quede claro, podría haber sido culpa tuya o de tus hermanas, jamás mi amor, nunca en la vida.

― ¿Entonces por qué te fuiste? ―susurró en su oído, apretando sus puños a su espalda― ¿Por qué nunca te preocupaste en volver?

― Tu mamá y yo nos conocimos cuando eramos muy jóvenes, teníamos un año más que tú cuando naciste. Éramos muy inexpertos...

― ¿Se casaron por mi culpa?, ¿Sólo por un error? ―preguntó angustiada, sintiéndose peor que en su vida completa.

― No digas eso. Nosotros estábamos muy enamorados antes, durante y después de tenerte. Jamás fuiste ni vas a ser considera un error, ni para tu madre ni para mí. Tuvimos problemas más adelante, es cierto, pero nada fue un error hija. Y nada fue tu culpa, jamás vuelvas a pensar en eso.

Ella se quedó callada, pensando en lo mucho que extrañaba estar así con él, y cuánto hacía falta su mamá en aquella escena. Ese momento le recordaba al día en que había nacido Phoebe y él las había sacado a pasear por el patio, a ella y a Piper, para que su mamá pudiera descansar un poco junto a la recién nacida.

― Luego llegó Piper, y la vida no pudo ser más perfecta durante esos años. Creo que entre tu nacimiento y el de Phoebe, fueron los mejores años de nuestras vidas. Míos, de tu madre...y de la familia completa...

― Se divorciaron antes de que Phoebe naciera ―le discutió.

― Nosotros empezamos a distanciarnos, y tu madre conoció a Sam, que fue unas semanas después de que tu mamá quedase embarazada de Phoebe. Yo estaba en un momento muy malo emocionalmente, mi hermana acababa de morir...―recordó con tristeza, el fantasma de ella llevaba azotándolo durante muchos días, más de lo normal.

― ¿Tuviste una hermana?, ¿Tienes más? ―preguntó extrañada, separándose de él con curiosidad.

― No, no hay más. Éramos Molly y yo. Ella era menor por unos ocho años. Cuando eso pasó, yo me alejé, caí en una depresión profunda y tu mamá se apoyó en Sam. No la culpo, estaba embarazada, tenía dos bebés que cuidar y además estaba sola. Ella jamás me dijo que estaba esperando a Phoebe hasta pocos días antes de que tu hermana naciera. Después de eso, comencé a ir cada vez más seguido a visitarlas, pero no podía evitar ver como ustedes parecían ser más felices con él que conmigo, y empecé a ir menos seguido…hasta que un día tomé la decisión de no volver más ―confesó con vergüenza en sus palabras, había sido un maldito cobarde.

― ¿Por qué lo hiciste?

― Ese día llegué a casa para ir a buscarlas. No había ido hacía un mes, porque fui a visitar a mi madre, quien me exigía que estuviera junto a ella después de la muerte de Molly. Recuerdo que llegué a casa y tu y Piper corrieron a verme, me dijiste algo sobre tu diente…ella me ofreció un sándwich, decía que lo había preparado con su talento de chef…―sonrió― cuando subí a ver a Phoebe, me encontré a tu madre sentada sobre su cama, con un librito y unas ecografías, mientras le hablaba a la que ahora es Paige…

― Eso debió dolerte mucho…―dijo, agradeciendo no haber sentido nada fuerte por el imbécil de Hackett.

― Yo la amaba Prue, más que nada ―confesó sin llorar, porque estaba acostumbrado a no tenerla cerca.

Hola ―saludó Víctor casi con un susurro, pasando de largo hasta la cuna de Phoebe, quien jugaba con unos cubitos de colores.

Hola ―saludó de vuelta con una sonrisa triste, le dolía verlo y recordar lo mal que había terminado todo. Saber que la persona que más había amado y seguía queriendo, ahora era su ex pareja de la cual se había divorciado.

Hola Pheebs ―saludó Víctor, estirando sus brazos para recogerla de la cuna.

La niña se resistió un poco, y se estiró para recoger un cubito con ella. Miró a Víctor y lo sintió besarla, y empezó a sacudirse. Su padre notó que sólo quería bajarse, e hizo sus esfuerzos para tranquilizarla.

Hey, ¿Qué pasa?, Es papá...papá vino a verte, y vamos a ir a comer algo con tus hermanas...―le dijo con una sonrisa incómoda al verla a punto de ponerse a llorar.

La bebé de un año y cuatro meses comenzó a llorar, nerviosa por no saber quién era la persona que la tenía en brazos.

¡Mami! ―gritó entre patadas y golpecitos con las manos, intentando separarse de Víctor.

¡Aquí estoy! ―dijo Patty levantándose dificultosamente, cargando los seis meses de embarazo de Paige, recibiendo a su asustada hija de los brazos de su padre.

La niña se escondió en su pecho y ocultó su carita entre sus manos, negándose a mirar al herido hombre junto a ella.

Ha pasado mucho desde que no te ve Víctor. Su memoria es corta, no te recuerda todavía ―le explicó Patty sintiéndolo tanto como él.

Víctor asintió y bajó las escaleras corriendo, enfurecido y lastimado como nunca, incluso más adolorido que ante la pérdida de Molly.

¿Tan larga fue tu visita?, ¿Cuándo te veo de nuevo?, ¿En navidad? ―preguntó Penny enojada al verlo tomar sus cosas para irse.

¡No te metas donde nadie te llama! ― Escuchó gritar a Víctor.

¡Me meto porque Patricia es mi hija y las niñas mis nietas! ― Le respondió su suegra gritándole también.

¡Si tanto te interesaran no hubieses permitido que el estúpido policía con el que me reemplazó tu hija intentara quitarme a las mías!

¡Nadie intenta quitarte nada!, ¡Y no tienes derecho a quejarte, si te perdiste por casi un mes, olvidándote de tu familia!

¿De qué familia me estás hablando? ― Gritó Víctor ― ¡Éramos una familia!, Desde que ese imbécil se metió en nuestras vidas ya no somos nada, ¡NADA!

¡Al menos ese imbécil ha estado aquí siempre, acompañando a Patty en su embarazo y no enterándose tres días antes!

¿Ahora me culpas porque ella no me dijo nada!, no es mi culpa que se haya dignado a contarme sobre Phoebe tres estúpidos días antes.

¡Te hubiera contado si no te hubieras ido cuatro meses a Michigan!

¡Mi madre me necesitaba!

Los pasos acelerados de Patty se hicieron sentir, acompañados de los histéricos gritos de Phoebe, quien estaba ahogada en lágrimas y totalmente colorada, y de los pequeños y acelerados pasos de Prue por bajar a ver.

― No pude soportar el dolor hija. Aún no soportaba haber perdido a Molly, a tu madre…saber que estaba esperando un hijo de otro y que tu hermana no sabía quien era…fue demasiado horrible Prue. Tu abuela se enojó conmigo por que no había ido a verlas hace un mes, discutimos, gritamos…decidí irme. Escuché que gritabas por mi hija, pero no pude volver. Tú, tus hermanas y Patty eran lo que yo más amaba en el mundo y las tres necesitaban algo mucho mejor que yo.

En la calle Prescott, el timbre de la casa sonó, dejando a Phoebe respirar otra vez ahora que su papá había vuelto, aunque no mucho, porque no lo había hecho con Prue; de otra forma, ella hubiese abierto la puerta en lugar de tocar.
Trató de ir lo más rápido que pudo pero seguía aturdida y ebria, por lo que se afirmó de los muebles y paredes antes de girar la perilla, abriéndola completamente, devolviéndose sin mirar: no podía mirara su padre a la cara. La puerta se cerró y sintió los pasos detrás de ella.

― ¿Aún no la encuent...?

Su pregunta no llegó a completarse cuando sintió que una furiosa mano la tiraba de un brazo para hacerla voltear, y que su nariz ardía como nunca antes. Se afirmó el puente de ésta y trató de mirar, ¿Tan enojado estaba Víctor?

― Mala jugada Freebie.

Se congeló al escuchar eso: no era su padre, era Hackett. No alcanzó a reaccionar cuando otro golpe se fue directo a su estómago, otro a su pecho, otro a su cara otra vez.

― Te advertí que nada iba a salir bien para ti si abrías la boca, y te dije que cumplo mi palabra.

Phoebe se afirmó el vientre, asustada y decidió que fuera como fuera, no iba a quitar sus manos de ahí: había una vida que proteger. A ella podía hacerle lo que quisiera, con el resto no iba a dejar que se metiera. Hackett volvió a dirigir su puño contra su mejilla y ella se las arregló para lanzarse al sillón y tratar de correr, pero un movimiento falso la hizo enredarse, y entre carse de golpe o devolverse hasta él, lo mejor fue permitirse resbalar suavemente hasta llegar al suelo.

― ¿Crees que te liberaste de mí? ―preguntó tomándola del pie y acercándola hasta él, poniéndola de bajo― te equivocaste. El que pone las reglas soy yo, y nadie más.

Phoebe tragó en seco, pero ya había perdido a su hermana, a su padre, la poca familia que le quedaba y no tenía nada por lo que luchar, nada con la que la pudiera amenazar: excepto con sus hijos, pero si no lo detenía ahora, él estaría ahí para siempre...cerca para poder lastimarlos y hacerles daño.

― ¡Súeltame! ―gritó tratando de forcejear, sintiendo la cálida sangre de su nariz caer por sus labios y mejillas.

― No te atrevas a darme órdenes ―le gritó arracándole la blusa― vas a pagarme caro lo que hiciste niñita, nadie juega conmigo, menos una basura como tú.

― ¡No!, ―reclamó intentando girarse, pero otro golpe, ésta vez en un brazo la hizo cerrar los ojos― No soy tu esclava, ¡Ya no más!

― ¿De verdad crees eso? ―le preguntó riéndose alto― ¿Dónde está Piper?

― En casa de Paola ―minitió rápidamente, no quería que saliera lastimada, menos cuando no podía reaccionar.

― ¿Y los bastardos? ―agregó, bajándole la faldita que ya había quitado horas atrás.

― Con ella ―mintió tratando de moverse pero él aplicaba más fuerza que nunca, y ella estaba más débil que jamás.

― Solos tú y yo, fue un gusto conocerte ―sonrió.

Phoebe temió, por primera vez, por su vida,y siguió tratando de escapar de sus manos, pero cada movimiento significaba otro golpe, y cada golpe, menos fuerza para luchar.

En su cuarto, Piper sentía ruidos abajo y aunque estaba casi ciento por ciento dormida, una intuición, llaménlo sexto sentido, le gritaba que bajara al primer piso. Le obedeció, y cuidadosamente, sin meter ruido y bien afirmada de la baranda, empezó a andar.

― Fue divertido mientras duraste, pero tu error no deja que sigamos siendo amigos ―escuchó decir a una voz masculina, que no lograba reconocer bien.

― ¡No voy a dejarte!, ¡No más!

Oyó eso y el sonido de un golpe junto a un quejido, y acercándose más, logró ver mejor: Hackett estaba sobre una semidesnuda Phoebe, ambos golpeados, pero ella se veía mil veces peor que él. Su corazón casi se le sale del pecho así como los ojos de las cuencas, y pensó rápido: bajar sería un suicidio, lo que ahora era necesario era llamar a la policía y pedir ayuda.

― No lo dejes, por favor ―rezó rápidamente arrastrándose hasta su habitación para marcar al 911.

Se sentía culpable por dejarla sola, desprotegida, pero era eso o no hacer nada por detenerlo. Solamente esperaba a que todo pasara rápido, de forma en que él no alcanzara a lastimarla por última vez, porque ya estaba decidido: esa sería la última vez.

Aún en la clínica, Prue miraba con ojos emocionados todo lo que su papá le estaba contando. Siempre lo había odiado, culpado por egoísta, y aunque no lo justificaba para nada, al entender que también era un ser humano y escuchar su versión de la historia, sentía que podía comprenderlo y dejar de resentirse tanto. Había sufrido mucho, y sabía que era sincero. Pero todavía le quedaba algo por preguntar.

― ¿Por qué no volviste cuando mi mamá había muerto?, ¿Cuándo Sam se fue?

― Cuando supe que tu mamá había muerto, sentí que iba a morir de dolor. No me estaba listo para enfrentarme a la casa sin ella, a verlas sin ella. No me sentía ni siquiera listo para hacerme cargo de mi mismo, ¿Qué iba a hacer con tres niñas?, ¿Qué iba a ser para mi mirar a Paige?, No volví, tu abuela no me quería y ustedes merecían algo mucho mejor...sin olvidar mencionar que siempre he sido un cobarde

Prue estuvo a punto de decir algo, no sabía qué, cuando el teléfono de Víctor comenzó a sonar.

― ¿Hola?, ¿Paola?

¿Aparecieron?

― Sí ―sonrió, complacido por su preocupación― Phoebe está en casa y tengo a Prue conmigo.

Ella sonrió y aceptó su mano, mientras esperaba a que cortara el teléfono, aún quedaba volver a casa y enfrentarse al desastre que había ahí.

Gracias a Dios que están bien.

Víctor enarcó una ceja; sonaba agotada, algo agitada y un poco ahogada también.

― ¿Estás bien?

Sí, pero sería bueno que te aparecieras en la clínica. Tu hijo está por nacer.

El corazón de Víctor se aceleró y apretó la mano de Prue, quien lo miró extrañada.

― ¿Dónde estás?

En la clínica, en maternidad.

― Ya estoy ahí. Espérame, no hagas nada ―le pidió, sabiendo que era estúpido e inútil.

― ¿Qué pasó? ―preguntó Prue siendo arrastrada por su padre hasta adentro.

― Paola está dando a luz.

Prue se sorprendió ante eso y se puso un poco nerviosa. Todo estaba pasando demasiado rápido, y apenas lograba separar realidad de ficción, futuro de pasado. Víctor se detuvo, y la miró con cariño y comprensión.

― No tienes que ir si no quieres.

Prue se mordió el labio y estuvo a segundos de darse la vuelta para volver a casa, pero eso era retroceder...lo único que tenía que hacer realmente, era avanzar.

― ¿Cómo?, ¿Pretendes que falte? ―preguntó con voz animada― Tengo que estar ahí para escuchar el discurso de la hermana mayor por cuarta vez, ¿Lo olvidas? ―agregó rodando los ojos con una sonrisa débil, pero sincera.

― Claro que no ―sonrió Víctor de vuelta.

― Te eché tanto de menos papá ―dijo abrazándose a él.

― Yo también hija, yo también.

En su habitación, Piper seguía escuchando gritos y sonidos fuertes. No quería bajar, estaba aterrada de lo que podía llegar a ver, ¿Qué tal si él estaba...? No, si era así tenía que detenerlo y si no era, también. Se armó de valor, rezó rápidamente y buscó algo contundente para defenderse en caso de necesitarlo. Bajó despacio, descalza para no meter ruido y a pasos increíblemente lentos, pero seguros. La escuchaba gritar, llorar, y a él también, excepto por lo del llanto.

Phoebe estaba desesperada, había estado tratando de escapar todo el tiempo y no había logrado más que perder sangre y fuerza. Él estaba listo para proceder, y ya no había nada que pudiera hacer para evitarlo. Abrió los ojos como platos cuando se fijó en la cara de Hackett: tenía los ojos llenos de odio, la boca con una retorcida sonrisa y parecía concentrado, mucho, tanto que no reparó en que atrás de él, estaba Piper. El corazón de Phoebe dejó de latir preocupada por su hermana, y Piper al ver la posición en la que ambos estaban, tan cerca de que fuera tarde, no lo dudó. Levantó la lámpara, y la dirigió a su cabeza, pero él se movió y el golpe le llegó en el brazo.

Hackett se sobó el brazo y miró para atrás, encontrándose con la hermana mayor de Phoebe. Piper se echó para atrás, sin saber qué hacer ahora y su hermana se petrificó: Piper estaba en peligro, y peor aún, ahora Hackett sabía que le había mentido. Él se aseguró de golpearle el vientre una vez más a Phoebe para evitar que se levantara, y mientras Piper tiritaba en su lugar sin saber qué hacer, aparte de mirar a su hermana retorcerse, él la afirmó de un brazo.

― ¿Donde Paola? ―preguntó él, con ironía― Todas ustedes son más tontas de lo que realmente parecen.

Phoebe intentó ponerse de pie, pero no podía; estaba segura de que tenía algo quebrado, y le dolían partes del cuerpo que ni siquiera sabía que existían. Se subió la ropa interior como necesidad básica, agradeciendo la interrupción de Piper y se arrastró intentó afirmar la lámpara: quizás empezar a jugar a desesperarlo les diera algo de tiempo, y sino, lograría distraerlo para volver a entusiasmarse con ella, porque a sus hermanas no iba a tocarlas, menos a Piper que no tenía nada que ver con el asunto. Trató de pararse, afirmada del sofá, mientras que Piper era afirmada por el cuello contra la baranda de la escalera.

La segunda de las hermanas luchaba por quitarse las manos de Hackett de encima, pero apenas podía hacerlo. Estaba cada vez más y más aturdida, y estaba segura que al menos una de sus heridas se había reabierto. Intentó patalear, lanzar patadas pero si su cabeza le ordenaba mover su pierna veinte centímetros, en la práctica no lograba moverse más de dos.

― Ni se te ocurra ―gritó Hackett al voltear y ver a Phoebe sujetar la lámpara.

Soltó a Piper, dejándola caer abruptamente al piso, y le quitó la lampara a Phoebe para tirarla lejos. Afirmó a la chica y de un sólo movimiento la tiró al suelo, aprovechando que Piper seguía intentando respirar, afirmándose la garganta y tosiendo sin parar, la tomó de los hombros y le sonrió antes de despedirse.

― Un gusto Piper, no te preocupes, tú y yo tenemos una cita para más tarde.

Piper intentó escaparse, pero estaba demasiado mareada para hacerlo, y lo último que sintió fue su cabeza golpeándose contra el piso, y todo se fue a negro. Su cuerpo se desplomó cerca de la escalera, y Hackett se relamió los labios antes de volver a mirar a Phoebe, quien trataba de pararse pero volvía a caer al suelo.

― ¡Piper!

Con fuerzas que no sabía de adónde había sacado, se paró y corrió hasta ella, agachándose a su lado para recostar su cabeza entre sus piernas, viendo algo de sangre caer por el costado de su frente― despierta, desiperta, Piper, ¡Eres un monstruo!

― Te dije que la protección duraba mientras nuestro trato lo hiciera, y como lo rompiste...

Hackett se le acercó y sólo para verla sufrir más, le propinó una patada a Piper en una de sus piernas. Phoebe chilló y trato de golpearlo de alejarlo, de distraerlo y por sobretodo alcanzar a tomar un teléfono para pedir ayuda o correr a la calle para gritar por ella, pero él estaba más cerca de la puerta. No podía creer que las cosas hubiesen llegado tan, pero tan lejos como para estar siendo golpeada hasta la muerte en su propia casa, y que una de sus hermanas hubiese salido tan lastimada por ella: temía por sus mellizos, pero aún más por el bebé que cargaba adentro. Estaba aterrorizada, y con Piper sin moverse cualquier cosa podía pasarle si Hackett se aburría de ella.

― ¡Deja de intentar escaparte!, Ya no hay nada que puedas hacer ―le dijo Hackett afirmándola de la cintura y tirándola sobre el sofá, haciéndola rebotar incluso, golpeándole la cabeza con el brazo del sillón― siempre me gustó este lugar.

Phoebe intentó golpearlo para quitárselo de encima, pero él la golpeó más fuerte. No se dio cuenta hasta ese momento de que tenía la cara cubierta de lágrimas, y si antes veía borroso y todo se le daba vueltas, ahora si que no veía nada. No podía terminar así, el mundo no podía ser tan horrible como para terminar de esa forma. Cerró los ojos y lo sintió arrancarle lo poco que le quedaba de ropa, y supo que era el fin: el de Piper, el de Matthew y Sophia, el de ella y junto consigo, el último de sus hijos.

La puerta de la casa se abrió de golpe y con ella, las esperanzas volvieron a su corazón. Escuchó gritos, y muchos pasos. Sintió que Hackett se bajó de encima, más bien que lo arrastraron lejos y alguien la cubría con una chaqueta, susurrándole algo que no logró entender. Pudo oír un balazo, sonidos de puertas, pero ya no veía nada. Habían más voces, escuchó la palabra "escalera" y supo que habían encontrado a Piper, y pudo quedarse tranquila. Sonrió antes de desmayarse: Su hermana era una genio, otra vez y como siempre, le había salvado la vida.


Respuesta(s) de review(s) :

Daniie Armstrong: ¿Querías algo "más dramático"? :D