Esta historia contiene lenguaje violento y obsceno, escenas fuertes tanto de violencia como de sexo.

Los personajes, salvo alguna excepción de OCs, no me pertenecen.

La historia se inspira en el anime y las live actions, por lo que se toman escenas, diálogos o semejantes de ello.

Se aceptan dudas, sugerencias y criticas constructivas con fundamento, esto es para pasarlo bien y conocer gente, NO soy escritora.

A pesar de seguir ciertas partes de la trama original, la he variado en varias ocasiones para amoldarla a mi historia.

Capítulo 52

Aquella noche primaveral de Mayo se presentaba tranquila en una pequeña aldea de Nagoya, donde Kenshin y Nanako habían parado a dormir tras una larga travesía, sin apenas descansos desde que salieran de casa de Hiko la noche anterior.

-Está será su habitación.

-Muchas gracias.

Cuando Kenshin respondió educadamente a la señora mayor que regía la posada, está se alejó despacio por el pasillo, dejando al ex–samurái y a la joven ante la puerta, envueltos en la penumbra mientras la luz se alejaba con la mujer.

La pareja se introdujo en el pequeño cuarto iluminado por una lámpara de aceite, donde dos futones juntos eran prácticamente los dos únicos objetos que adornaban el lugar.

-Menos mal que no te ha reconocido. –Rompió el incómodo silencio Nanako mientras observaba al pelirrojo desprenderse de su katana, dejándola en un lado.

-Es un alivio, aunque no es extraño que se creyera que un comerciante y su mujer porten una espada para defenderse en estos tiempos que corren.

-Algo bueno tenía que tener la situación.

Kenshin notó la inseguridad en la voz de la morena, que por su parte trataba de aparentar indiferencia ante la situación, sintiéndose idiota por sus irracionales nervios, que no tenían fundamento alguno. El pelirrojo pasó a hablar con tranquilidad, mirándola.

-Saldré para que puedas cambiarte, sé que no te sientes cómoda llevando kimono. Dormiré fuera para que estés tranquila.

-¡Espera! –añadió Nanako rápidamente ante su comentario. –Kenshin, no digas tonterías, puedes dormir aquí. No pasa nada.

-¿Estás segura? Pareces algo incómoda, y no quiero que tengas problemas por mí.

La guerrera bajó la mirada un segundo mientras tomaba aire, armándose de valor para ser sincera completamente, con toda la dignidad que pudiera.

-Escucha, no sé por qué me pongo así; Bueno, sé que es por mi pasado... Pero estoy harta de eso, de las pesadillas y de que mi subconsciente esté atemorizándome constantemente sin motivo. Quiero estar contigo esta noche y todas las que pueda, porque te quiero, y aunque no lo parezca por mi estúpida actitud, me gustas mucho... En todos los sentidos. Aunque en lo del kimono tienes razón, estoy deseando quitármelo. –Dijo tratando de restarle hierro al asunto, ruborizada por su declaración.

El pelirrojo se acercó a Nanako y con delicadeza acarició una de sus mejillas, sonriéndola con ternura.

-Es una lástima, porque estás preciosa. Si de verdad estarás bien, me quedaré. –Añadió buscando la verdad en sus ojos mientras ella asentía y murmuraba.

-No te vayas, por favor.

La chica acercó sus labios muy despacio hasta los del ex–samurái, mientras su corazón comenzaba a latir con fuerza, a la par que Kenshin la correspondía, tomando su rostro entre sus manos, intensificando el beso.

Tras unos instantes, Nanako se separó para poder mirarlo a los ojos, decidida a decir lo que rondaba por su mente.

-Quiero que esta noche sea el principio de una nueva vida, y el final del pasado para siempre; Y quiero que sea contigo.

El pelirrojo entendió lo que quería decir con aquello, y aunque su cuerpo temblaba levemente, demostrando que estaba nerviosa, sus ojos le decían que estaba preparada y de veras deseaba aquello. Sin decir nada, él respondió con un nuevo beso, lento y cálido al que la guerrera respondió mientras se abrazaba al cuello del hombre.

Nanako de nuevo fue la que se apartó levemente, y mientras miraba los ojos de Kenshin, llevó una de sus manos a la goma de pelo que recogía el cabello de él, deshaciéndose de ella para que éste quedase suelto. Inmediatamente después, su mano recorrió el rostro masculino hasta llegar a la cicatriz en forma de cruz.

-Deberías dejarte el pelo suelto a veces, te queda muy bien. –Susurró mirándolo sonreír de una forma que le encantó, y aumentó su deseo.

-Al igual que a ti. –Dijo con aquella expresión facial, imitando a Nanako al soltar su cabello, acariciándolo hasta llegar a su cintura.

Ambos volvieron a besarse con la misma calma que al principio, mientras esta vez sus manos recorrían el cuerpo del contrario con dedicación, demostrando el deseo que desbordaba sus cuerpos, aunque a pesar de ello, la delicadeza los guiaba en su tarea, haciendo que se demostrasen un sentimiento cercano a la devoción.

Kenshin comenzó a desatar el kimono de la joven, empezando a desnudarla mientras ella trataba de abstraerse de aquello, controlando sus miedos y quimeras para no distraer al pelirrojo, quien antes de llegar a dejar al descubierto alguna parte de su cuerpo se detuvo.

-Nanako ¿Qué ocurre? Sabes que puedes parar cuando quieras, y no sucederá nada.

-No quiero parar. Es sólo que... Desnudarme me resulta incómodo. –Susurró luchando contra su vergüenza, evitando los ojos de Kenshin, que esperaba paciente su explicación. –No tengo un cuerpo bonito como el de la mayoría de las mujeres. Está lleno de cicatrices y heridas por la lucha, es demasiado enjuto...

-Esas heridas sólo lo hace más bonito, porque demuestran tu fortaleza y tu carácter. Es el cuerpo de una guerrera. Es fuerte.

La morena contempló con curiosidad como el pelirrojo al terminar de hablar desató el nudo de su kimono y se desnudó ante sus ojos, pasando después a hablarle con total serenidad.

-No debes avergonzarte. Yo también estoy lleno de cicatrices y marcas. Y muchas de ellas no son dignas de exhibir, al contrario que las tuyas.

Nanako entendió que con aquello se refería a sus asesinatos pasados y la carga que había dejado en su conciencia para siempre, con lo que se acercó para romper la distancia que los separaba, pasando los dedos por las marcas de su torso, finalizando con la de su mejilla.

-El pasado sólo es como un día malo. Ha quedado atrás, hemos aprendido de él y sólo es un recuerdo. Tú ya no eres ese hombre, y no lo serás nunca. No tengas miedo, no voy a dejar que ocurra. Ahora tus cicatrices son muestra de tu redención, de tu vuelta. Igual que las mías, son muestra de tu fuerza.

Acto seguido, la chica terminó de quitarse la ropa, desnudándose por completo como había hecho el hombre. Ambos no dejaron de mirarse fijamente, hasta que de nuevo estuvieron unidos y volvieron a besarse, está vez, de una forma más pasional, con las respiraciones agitadas mientras se dejaban caer en los futones.

La pareja continuó de rodillas mientras se besaba, acariciando el cuerpo del contrario con un cariño extremo, de una forma lenta y afectuosa.

Kenshin dirigió sus labios al cuello de Nanako, intentando con dificultad mantener su pasión a raya para no incomodar a la joven, quien dejaba escapar pequeños jadeos ante el tacto de la piel del pelirrojo en su cuello, y descender a su pecho después.

Ambos acabaron tumbados en el lecho tras pocos segundos. El pelirrojo se posicionó sobre la mujer, quien apartó su pelo para poder mirarlo mientras él se preparaba para penetrarla, besándola con cariño antes de hacer nada, vislumbrando en sus ojos algo de inseguridad.

-¿Estás bien? –Susurró separando sus labios de los de la morena, hablando con dificultad, debido al deseo.

-Sí, Kenshin. Hazlo.

El pelirrojo la besó de nuevo con dulzura, y despacio introdujo su miembro en ella, comprobando como el cuerpo de la chica se tensaba de inmediato.

Nanako sintió dolor, pero instó al ex–samurái para que continuara, decidida a dejar atrás todos sus traumas mientras se centraba en los besos de Kenshin, y en el cariño con que actuaba, demostrándola cuánto le importaba que estuviera bien, conteniendo su frenesí por ello, actuando con sumo cuidado y amor.

Pronto la joven dejó de sentirse incómoda y dolorida, pasando a disfrutar de las embestidas del hombre, cada vez más rápidas, hasta que esta logró llegar al orgasmo, enredando sus dedos en el cabello del pelirrojo, que continuó unos segundos más hasta llegar al clímax. Tras el suspiro que emitió el hombre tras su desahogo, hundió la cara al lado de una de las mejillas de la chica, besándola tiernamente mientras dejaba caer parte de su peso sobre ella.

-¿Estás bien? –Preguntó en un susurro al oído de Nanako, pasando después a tumbarse a su lado, mirándola.

-Estoy muy bien. –Respondió con una leve sonrisa sincera, apartando los mechones que caían sobre la cara de Kenshin, pasando después a abrazarse a él y guardar silencio, disfrutando de aquella paz, nueva para la guerrera.

Bueno, se ha hecho esperar pero ha llegado al fin! XD Obviamente debía ser algo muy tranquilo y poco lascivo (por los traumas de la chica) pero tranquilos, que ya llegarán otros tiempos para desatar las pasiones. Espero haber podido reflejar la ternura que pretendía, y que hayáis disfrutado.

Próximamente iremos avanzando en los líos mentales de Kaoru y llegará de nuevo la acción con Shishio! Gracias como siempre a todos, es estupendo leeros y saber que estáis ahí!