Waazzaaaaa!!

Nueva actualización, nuevas sorpresas, mismos personajes hahaha pero ya pronto saldrán nuevos, lo prometo

Enjoy.


Dragon Ball H.S

(Capítulo 043)

Destrucción.

La estancia completamente vacía y silenciosa, era un lujoso compartimiento de la enorme nave en la que viajaban. Iluminada por las brillantes luces colocadas en el techo y en las paredes, y algunos rayos de luz que entraban por el gran ventanal cóncavo que permitía una vista magnífica hacia la negrura del espacio.

Así había permanecido la estancia, silenciosa y sin la presencia de ningún alma que perturbara su tranquilidad… hasta ese momento.

Las puertas metálicas pintadas del mismo color blanco que todas las paredes, se deslizaron una a cada lado para permitir la entrada de la esfera que flotaba unos cuantos centímetros sobre el suelo, ésta era ocupada por una sola persona, de mirada pasiva y cráneo morado y reluciente que a los lados tenían dos cuernos negros brillantes y puntiagudos. Detrás de él andaban dos sujetos a pie; uno robusto, pelón con picos en la cabeza y en los antebrazos. De piel rosita y expresión dura. El otro de color verde agua, vestido con las misma armadura que los otros dos, pero en lugar de pantaloncillos utilizaba mallas de color azul fuerte y calentadores en sus antebrazos rosados. Sus largos cabellos eran amarrados en una larga trenza que descansaba plácidamente sobre su hombro derecho, su expresión relajada era de absoluta concentración e imperturbable.

- Posiblemente sea una raza muy superior a los Saiyans –opinó Dodoria mirando de manera preocupada a Zarbon.

- Es muy posible –concedió él-, sin embargo deben de ser demasiados como para desaparecer a grupos de 5 Saiyans de clase alta.

- Posiblemente lleguen a tener el mismo poder de pelea que nosotros dos, sería un gran problema si esa extraña raza llega a superar nuestros poderes.

- Eso es imposible –replicó Zarbon- él único que supera nuestros poderes es el Gran Frezeer, nadie más podría hacer frente a nuestras habilidades, ni siquiera un manojo de soldados Saiyans de clase alta.

- Lo sé muy bien –aceptó Dodoria-, pero esto no es algo que deba tomarse a la ligera, algo muy malo debe de estar pasando en el planeta Vegita. Últimamente el número de planetas colonizados por ellos se ha reducido considerablemente desde que aquello comenzó a desaparecer los grupos de Saiyans elites.

- ¿Por qué estás tan preocupado, soldado Dodoria? –Inquirió la profunda y calmada voz de Frezeer. Su cuerpo permanecía inmóvil, con la mirada puesta hacía la negrura del espacio rociada con la luz pasada de las estrellas situadas a millones de años luz de donde ellos se encontraban.

- Gran Frezeer, si los Saiyans son eliminados¿a quienes utilizaremos entonces para conquista otros planetas y venderlos? –Dodoria expresó su preocupación.

- Eso no representa ningún problema –respondió Frezeer con su voz pausada- una vez que los saiyans sean aniquilados por aquella otra raza que es más poderosa, nos encargaremos de hacer que trabajen ellos para nosotros y tomen el lugar de esos molestos Saiyans. ¿No les parece una buena idea?

- ¿Qué sucederá si se niegan a cooperar con nosotros? –quiso saber Zarbon.

La cola de Frezeer se movió ligeramente, dando leves golpecitos en el borde de la esfera negra en la que estaba sentado. El sonido chocaba en las paredes de la estancia y se deslizaba aumentando su sonido por el aire dentro de ella. La pregunta de Zarbon había sido completamente innecesaria y había sido también una falta de respeto. La cola se detuvo con un último golpe que vibró en los oídos de los dos soldados de pie.

- Para eso los tengo a ustedes, soldado Zarbon, soldado Dodoria –dijo Frezeer con la voz tan calmada como siempre-, si en algún momento alguien llegara a rebelarse contra mí, confío plenamente en que ustedes sabrán como manejarlo, lo traerán ante mí, sometido y pidiendo piedad para que su vida sea perdonada por la falta que haya cometido. Sin importar quien sea.

- Por supuesto, Gran Frezeer –dijeron ambos haciendo una reverencia.

- Ahora quizá podamos concentrarnos en…

Las palabras de Frezeer fueron interrumpidas por el sonido de las puertas al abrirse. El príncipe Vegeta entró acompañado por Nappa, al verlo, Dodoria recordó algo que se le había pedido hacer hace mucho tiempo.

- ¿Qué demonios quieres? –Preguntó Zarbon al joven príncipe.

- Señor Frezeer, vengo a avisarle que me iré a un planeta lejano para entrenar –anunció autoritariamente el príncipe.

- No seas impertinente –atajó Dodoria-, no puedes dirigirte de esa manera tan poco respetuosa al Gran Frezeer.

- Soldado Dodoria, por favor –dijo Frezeer-, deja que el príncipe haga su petición, después de todo, Nappa sigue aún con él¿no es cierto?

El comentario desconcertó a la mayoría de los presentes en la habitación. Vegeta siguió mirando el cráneo reluciente de Frezeer, Dodoria supo que estaba en problemas y Nappa arqueó las cejas.

- A… así es Gran Frezeer –concedió Dodoria, tragando saliva dificultosamente.

- ¿Qué planeta has elegido para entrenar, Vegeta? –Preguntó Frezeer.

- Aun no lo he decidido, Gran Frezeer –respondió el joven.

- Zarbon, por favor, indícale a Vegeta un planeta con enemigos dignos del príncipe se los Saiyans, mientras tanto, que Dodoria se haga cargo de…

- No es necesario Gran Frezeer –volvió a interrumpir Vegeta- Nappa me ayudará a encontrar un buen planeta, tan sólo quiero un par de naves para irnos de aquí.

- En ese caso, no tenías motivos para venir a verme a menos claro… que creyeras necesario mi consentimiento para abandonar la nave –sonrió.

La sangre hirvió en las venas furiosas de Vegeta, era ese el motivo por el que planeaba largarse de esa nave, ya no soportaba los comentarios humillantes de Frezeer.

- Soldado Dodoria –indicó Frezeer- Por favor da a nuestro pequeño príncipe dos naves y asegúrate de que estén en buenas condiciones.

- Con gusto, Gran Frezeer –hizo una reverencia y salió.

- Vegeta –llamó Frezeer antes de que este saliera-, asegúrate de entrenar como es debido, ahora que te vas, no podré estar al pendiente de tu progreso, pero créeme, estaré encantado si llegas a superar el poder de pelea que posee tu padre.

- Así lo haré… Gran Frezeer –hizo una reverencia y salió del cuarto junto con Nappa.

Zarbon miraba meditativo al príncipe Vegeta y a Nappa, a leguas se notaba el odio que el joven Saiyan sentía por Frezeer, si así era¿por qué había aceptado desde el principio irse con él?

- ¿Te preocupa lo que pueda pasarle al príncipe Vegeta, soldado Zarbon?

- En absoluto, Gran Frezeer, tan sólo me preguntaba cual es el motivo de que ayude a ese insolente de Vegeta.

- Es muy fácil, soldado Zarbon –dijo Frezeer y guardó silencio. Dodoria entró en ese momento a la estancia-. Quiero que el príncipe Vegeta supere los poderes de su padre, para que en el momento indicado, sea él quien lo elimine.

Dodoria se quedó a medio camino al escuchar aquello.

- ¿Qué? –Balbuceó Zarbon- ¿Cómo tiene pensado que haga eso?

- No te preocupes soldado Zarbon, sé algunas cosas que nadie más conoce, claro que mi plan ya habría sido puesto en marcha, de no ser porque cierto incompetente no cumplió con la orden que le di hace ya algunos años –su cola comenzó a golpear el borde de su asiento-. ¿Por qué te ha tomado tanto tiempo, soldado Dodoria?

- Yo… este… -no había excusa alguna, simplemente había olvidado aquella orden- estoy encargándome de eso –respondió al fin.

- Eso espero, soldado Dodoria, de lo contrario me veré obligado a tomar medidas de corrección y no quisiera lastimarte.

- Gra… gracias Gran Frezeer –musitó aquel sudando por la tensión.

Una alarma que sonó por toda la estancia desde el techo, indicó a los hombres que habían llegado a su destino.

- Hemos llegado Gran Frezeer, abriré la escotilla.

- Hazlo por favor, soldado Zarbon.

Zarbon se retiro hasta una de las paredes de la estancia, abrió un panel con varios botones y apretó la secuencia exacta para que la escotilla del techo se abriera lentamente con un zumbido. La nave comenzó a rotar perezosamente, por el lado izquierdo de la gran ventana, apareció un hermoso planeta de color anaranjado, rodeado por sus cinco lunas recibía la cálida luz de su estrella, la cual se apartaba de él unos 100 mil kilómetros.

Los tres salieron por la escotilla superior. Frezeer no apartó la mirada del anaranjado planeta del cual, ni su nombre conocían. Zarbon miró alrededor, esperando ver las naves de Vegeta y Nappa alejándose, pero no había rastro de ellas por ningún lado, seguramente se habían marchado hace mucho o todavía seguían dentro de la nave. Dodoria, temblaba un poco y no quitaba la vista de Frezeer, temía que él decidiera deshacerse de su presencia ya que no había cumplido con una de sus órdenes, pero ya lo estaba resolviendo, tan sólo esperaba que Frezeer no decidiera eliminarlo antes de que cumpliera con su misión.

- ¿Ven ese planeta? –Preguntó Frezeer meditabundo.

- Sí

- Girando en torno a su estrella, impasible, tranquilo y regido siempre por la misma fuerza que lo gobierna, una fuerza que nunca cambiará, obedece, digamos, al mismo dirigente, sin saltarse ninguna de las leyes impuestas sobre él –comenzó a golpear el borde de su silla- de lo contrario, podría significar la destrucción de éste mismo, de su estrella tal vez, de todo su sistema y de los diminutos e inútiles seres que viven en él.

Levantó una de sus manos, que hasta el momento se habían mantenido recargadas en los bordes de la silla, como si estuvieran pegadas a ésta. Sus movimientos eran lentos, no tenía prisa en absoluto. Extendió el dedo índice por sobre los otros sin separar la vista del planeta que giraba sin detenerse.

- Algunas veces sin embargo –continuó con su monólogo-. Hay una fuerza exterior, imprevisible, poderosa, que sin motivo alguno aparente, llega a invadir el espacio alrededor y a provocar un terrible cambio para el sistema, para su aburrida monotonía, aunque las consecuencias de esa intromisión… -apareció una diminuta esfera luminosa en la punta de su dedo- sean devastadoras.

Señaló al planeta y la esfera viajó lentamente hacia él, haciéndose más y más grande cuanto más cerca estaba del planeta, hasta que adquirió el tamaño de la luna más grande de aquel planeta. La esfera luminosa se hundió en el planeta que se deslizó unos cuantos cientos de kilómetros fuera de su orbita antes de colapsar y desaparecer en una increíble explosión con la cual arrastró a la destrucción a sus cinco lunas. La luz que brotó de aquel desastre fue por segundos mucho más brillante que la luz de la estrella que le otorgaba el calor.

- La invasión, algunas veces –continuó frezeer- ocasiona un espectáculo que es digno de admirarse, de disfrutar cada segundo de él. Pero sólo los que han cumplido con sus deberes tienen el derecho a disfrutar de la belleza frente a sus aburridas vidas. Así que por favor, soldado Dodoria –éste dio un respingo al escuchar su nombre- ve a hacer lo que debes antes de que se me agote la paciencia contigo.

- A la orden Gran Frezeer –dijo Dodoria apresurado. Entró de inmediato a la nave para abordar una más pequeña y seguir la nave esférica de Nappa, que en esos momentos se alejaba a espaldas de Frezeer siguiendo la nave de Vegeta.

- ¿Sabes como tiene pensado acabar con la vida de ese molesto Saiyan? –Preguntó a Zarbon.

- Seguramente utilizará la técnica de separación de naves –respondió Zarbon, mirando a las dos pequeñas naves que se alejaban. Momentos después una tercera nave salió de la nave más grande, en ella iba Dodoria, acechando a su presa desde lejos como un buen cazador, oculto por las sombras eternas del espacio. "La muerte de Nappa está cerca", pensó Zarbon.

11/02/08

«-(H.S )-»™

Prósima actualización: 18/02/2008