Cuando Tatsuha regresó a su habitación, aún las imágenes seguían repitiéndose en su cabeza. Como Crawd había desprovisto al mayordomo de su ropa y éste se deshacía en caricias. Cómo había gemido su nombre con cada embate a su cuerpo. Como parecía que las respiración se les iba con cada beso, con cada caricia, cada toque.

La manera en que el mayordomo arqueaba su cuerpo para llegar al encuentro con el del rubio. Los "Te amo" susurrados candorosamente.

Aún no podía identificar lo que había sentido al verlos. No había sido su intención, pero al verlos intimar, simplemente no pudo despegar sus ojos. Era algo completamente diferente a lo que alguna vez había visto en las exposiciones.

Nuca había tal entrega. La manera que el que pelirrojo se le había ofrecido, entregándose y poniéndose completamente a la merced del otro como si nada más importara.

"Te amo".

¿Qué era el amor? ¿Por qué el mayordomo lo había casi gritado en esos momentos? El libro había dado una definición, pero aún así, no llegaba a comprenderla del todo.

"Sentimiento intrínseco del ser humano con múltiples manifestaciones habitualmente relacionado al afecto y apego hacia algo o alguien y es productor de emociones, experiencias y actitudes."

¿Cómo entender eso? ¿Cómo interpretar aquella definición en un mundo donde Tohma se había encargado de que todos fueran seres con sentimientos que aquel libro había clasificado como negativos? Egoístas, morbosos, sin piedad.

"Te amo".

Aún recordaba la manera en que Ryuichi le había dicho aquellas palabras justo antes de colapsarse. Como habían brillado sus ojos por unos segundos al unir sus labios. Al besarlo.

Sintió una presión en su pecho al recordar que por él, solo por él, ahora Ryuichi se encontraba en coma. ¿Qué era esa sensación?

Esperaba que Crawd pudiera explicarle todo aquello... Al día siguiente.


A la mañana siguiente, antes de que Crawd se levantara, Hiro ya estaba despierto y listo para empezar sus labores de mayordomo. El rubio adoraba la manera en que sus ropas se amoldaban a su cuerpo.

—Al fin despertaste —murmuró Hiro, acercándose, inclinándose sobre la cama encima del cuerpo del rubio y atrapando sus labios en un hambriento beso, mientras terminaba de cerrarse los botones de su saco—. Unos minutos más y hubiera tenido que despertarte yo.

Un gemido salió de sus labios al sentir una de las manos del kaizoku presionar unos de sus glúteos. Entonces rompió el beso y observó a su amado completamente desnudo bajo una fina sábana.

»Tengo que trabajar. Esta mansión no se mantiene sola. Te recomiendo que te bañes y te cambies. El amo Tatsuha pasó la noche aquí. Los amos Uesugi buscarán respuestas después de los libros que les prestaste a ambos ayer. Te traeré algo de ropa.

Crawd se estiró cual gato en la cama y corrió la sábana, mostrando su imponente cuerpo desnudo antes los ojos brillantes del pelirrojo. Dándole un último beso, se dirigió al baño. Tendría que pensar qué le diría a los hermanos Uesugi, pues no tenía duda de que sus preguntas irían encaminadas al mismo tema.


—Shuichi, lo siento mucho, pero no me queda otra alternativa.

Keitaro tomó su teléfono y llamó al número que el kaizoku amigo de Shuichi le había dado en caso de una emergencia. Shuichi le había dicho que sólo lo usara en caso de vida o muerte, pero esta era una emergencia verdadera.

Esperó un poco hasta que escuchó la voz del rubio.


Crawd salió del baño cubriéndose su intimidad con una toalla. Observó unas cuantas ropas que había sobre la cama y sonrió. Su amado pelirrojo siempre pensaba en él.

Suspiró.

Lo amaba demasiado.

Se acercó a la cama y empezó a vestirse, colocándose un pantalón negro, camisa blanca. Un ligero pillido en el pendiente de su oreja le indicó que estaba recibiendo una llamada. Presionó un poco la parte trasera del pendiente.

—Winchester —habló Crawd contestando su línea de enlace personal.

Winchester-san, habla Keitaro, el médico de Shuichi, es urgente. Shuichi está en peligro.


Crawd salió con rapidez de la habitación. Después de la llamada del doctor sobre Shuichi, tenía que actuar rápido. El tiempo apremiaba.

Caminó con rapidez por los largos pasillos hasta llegar hasta donde se imaginaba, estaría el menor de los Uesugi. Su antigua habitación. Y no se equivocó. El menor estaba frente a un espejo terminando de arreglarse.

—Me alegra que ya estés listo. Te espero en la habitación de Eiri en cinco minutos —Y sin decir más, se fue.

En esos cinco minutos, Crawd ordenó que les llevaran un desayuno ligero a la habitación de Eiri. Los haría comer a ambos antes de explicarles la situación. Sabía que si les hablaba primero, no comerían y lo que más necesitaba Eiri en esos momentos eran fuerzas.


—Bien. Ahora voy a responder algunas de sus preguntas.

Cuando terminaron sus alimentos y los platos les fueron retirados, los hermanos Uesugi estaban algo impacientes aunque claro, nunca lo mostrarían.

Eiri seguía sin comprender la razón por la cual Crawd le había dado libros de maternidad. Los había leído sin problemas y había entendido casi todos los conceptos aunque seguía sin entender el concepto de instinto maternal. ¿Qué era ese sentimiento?

Tatsuha por su parte había tratado de conectar lo que había visto la noche anterior en la habitación del mayordomo con lo que había leído y algunas cosas se habían aclarado. Pero aún así...

—K... ¿Qué es lo que nos está pasando?

Aquella pregunta tan directa por parte del menor le sorprendió. ¿Qué es el amor? Ni siquiera él había llegado a comprenderlo por completo. ¿Cómo explicárselo a dos personas que, él estaba seguro ya estaban experimentando sus efectos pero no podían identificar completamente el sentimiento?

—Es... Algo difícil de explicar. Pero fácil de identificar. Sé que cuando me escuchen creerán que estoy loco, pero les puedo asegurar que todo viene por experiencia propia. Es un sentimiento que gracias a Tohma, los kaizokus no habían podido desarrollar... Hasta ahora... —La voz de Crawd se había vuelto más seria—. Hay cosas que Tohma nos está ocultando, eso lo sé y estoy a punto de descubrir que es, pero eso no viene al caso en estos momentos. Lo importante aquí es que ambos se encuentran en la misma situación.

Los hermanos Uesugi no pudieron evitar voltear a verse entre ellos tratando de averiguar en qué se parecían sus casos, pero Crawd se les adelantó.

»Se ha formado un vínculo especial entre ustedes y sus esclavos. Y eso es fácil de ver. Están enamorados —Crawd les dio unos minutos para que digirieran la información. Estaba casi seguro de que Eiri ya se había dado cuenta de ello, pero Tatsuha parecía no terminar de comprenderlo—. No lo pienses tanto Tatsuha, sólo... Escucha a tu corazón...

Aquello pareció funcionar pues el semblante de Tatsuha cambió en cuestión de segundos. Fue como si se hubiera dado cuenta de algo.

—Yo... Yo amo a Ryuichi...

Aquello sorprendió a los otros dos kaizokus. Que aceptara tan rápido sus sentimientos, aún sin hacer más preguntas definitivamente sorprendió a Crawd, pero no hizo más que sonreír. Aquello haría las cosas más fáciles para el menor de los Uesugi. Eiri en cambio, Crawd podía ver que tenía una lucha interna. Entre aceptar o no sus sentimientos.

No le sorprendió tanto en realidad. Tatsuha era demasiado joven aún y por ende, aunque sonara mal, era moldeable. A sus tiernos dieciséis años, sólo había crecido como un niño mimado por Tohma. No sería tan fácil que cambiara su concepción del mundo. Eiri en cambio... Era otra historia.

—¿Por qué me diste a leer esos libros K? Eso no tiene nada que ver conmigo o con Shuichi...

—Claro que tiene que ver Eiri, de hecho, no podía haberles dado esos libros en un mejor momento —Crawd se puso de pie—. Vamos, acompáñenme, es urgente.

Tatsuha se paró de inmediato pero Eiri no había abandonado su sillón.

—No me iré de aquí hasta que me expliques qué sucede K.

Winchester, que ya estaba en la puerta, volteó a verlo. No había duda que los Uesugi en ocasiones podían ser muy necios, pero bueno, sabía la manera de hacerlo apurarse.

—Se trata de Shuichi...


—¡Maldición!

Tohma barrió todo lo que había en su escritorio, creando un tiradero de papeles y tabletas electrónicas en el piso. Jaló sus rubios cabellos en signo de desesperación y se paró del escritorio para dirigirse hacia las grandes ventanas de grueso cristal que le permitían una vista periférica de la ciudad.

Una bruma de estática voló hasta ponerse a su lado para después empezar a tomar forma humanoide hasta representar a una persona a su lado. A una mujer.

—Ya encontraremos la manera —dijo el humanoide recargando su cabeza en el hombro del rubio—. Los óvulos de Mika no han dado resultado hasta ahora y me temo que después sólo sus óvulos no serán suficientes.

Tohma volteó a ver a Júpiter. ¿Le estaba insinuando lo que pensaba? Bueno... No sería una gran pérdida.

—Haz lo que te plazca Júpiter, pero ya han sido demasiados fracasos. El último sobrevivió la transferencia pero murió a los pocos minutos. Estamos cerca, no hay que detenernos ahora —Tohma se alejó del humanoide y se dirigió a la puerta de su despacho—. Ahora, si me disculpas, voy a visitar a Eiri.


Aquello había sido demasiado fácil. Con sólo mencionar a Shuichi, Eiri había salido casi corriendo —sin perder su compostura—, ordenándoles a los sirvientes que le tuvieran listo su vehículo, y ahora se encontraban manejando por las calles de los suburbios que ahora Crawd conocía muy bien.

Crawd los había convencido a de usar collares de mimetismo pues sería muy extraño ver a tres kaizokus de alto nivel en los suburbios. Le había tenido que decir de manera rápida a Hiro la situación sin que los otros dos escucharan. Decir que el pelirrojo casi se había vuelto histérico era poco, pero sabía que debía quedarse en la mansión. Ya le daría noticias después.

Tatsuha observaba todo aquello con curiosidad. A invitación de Winchester, había decidido ir con ellos, después de todo, quizás podría aprender un poco más.

Ahora que tenía claros sus sentimientos, un nuevo mundo parecía haberse abierto ante él. Observando a los humanos a través de las ventanas, pudo darse cuenta de pequeños detalles que faltaba en el mundo de los kaizokus. Personas tomadas de la mano, besándose, compartiendo momentos y risas. Definitivamente su mundo comparado con ese era oscuro y sombrío.

Se arrepentía una y otra vez de todas las cosas que le había hecho a Ryuichi y deseaba con todas sus ganas que saliera del coma. El primer libro que había leído le había mostrado una gran cantidad de cosas, pero además, durante la noche había entrado a la terminal de su habitación a investigar un poco más.

Quería pedirle "perdón" a Ryuichi.

En pocos minutos, se encontraron frente a una casa vieja sin número. Los tres kaizokus bajaron del vehículo que dejaron estacionado frente a la casa y se encaminaron hacia la edificación, siendo guiados por el rubio mayor.

Crawd tocó el timbre viejo de aquella casa y en pocos segundos se escucharon pasos apresurados seguidos de movimientos detrás de la puerta, al cual se abrió en un estrépito.

—¡Winchester-san! ¡Qué bueno que...! —A Keitaro se le cortó la respiración al ver el ya conocido disfraz de Crawd junto a dos desconocidos ¿Quiénes podrían ser? ¿Esclavos tal vez?—. Winchester-san, ahora no es un buen momento para que haya traído visitas y...

—Era necesario Keitaro.

Los tres kaizokus se internaron en la casa y Keitaro cerró la puerta. Al hacerlo, los kaizokus se deshicieron de sus collares de mimetismo y entonces Keitaro no pudo reprimir un gemido de sorpresa. Ahí, frente a él se encontraban nada más y nada menos que los hermanos Uesugi. No había casi nadie en el mundo que no supiera quienes eran. Los favoritos del gran rey Kaizoku.

—Winchester-san... —Eso era en extremo peligroso. ¿Qué estaba pensando el kaizoku rubio al traer a esos dos?—. ¿Por qué...?

—¿Dónde está Shuichi? —La voz casi ansiosa de Eiri cortó la pregunta de doctor y llamó la atención de los kaizokus restantes.

Keitaro le mandó una mirada ansiosa a Crawd, preguntándole mudamente si estaría bien que viera a Shuichi en su situación y sólo recibió un asentimiento. Aún así, el doctor no tenía un buen presentimiento de esto.

—Síganme —Keitaro les hizo un ademán con la mano y Eiri fue el primero en seguirlo. Los guió por el angosto pasillo hasta a habitación donde Shuichi descansaba. En cuanto abrió la puerta, Eiri pudo ver la cabellera tan característica de su esclavo..

—¡Shuichi! —La respiración se le aceleró al ver a Shuichi postrado en aquella vieja cama con la respiración acelerada y la piel perlada en sudor. Sus ojos estaban cerrados pero parecía estar teniendo una pesadilla pues no dejaba de fruncir el ceño—. Shuichi... ¡Shuichi! Ya estoy aquí —gritó, acercándose a la cama y sentándose a la derecha del joven tomando su mano.

No tenía palabras para describir la emoción que lo embargaba al verlo de nuevo. El sentir de nuevo la suave y tersa piel bajo sus manos aunque se encontrara un poco caliente. Sentía unas inmensas ganas de... Abrazarlo, de sentir su piel junto a la suya... De besar sus labios... De escucharlo decir su nombre...

Lo llamó unas cuantas veces pero parecía no funcionar. Entonces recabó en el cuerpo del esclavo tenía el pecho desnudo con unos electrodos pegados que estaban conectados a una máquina que emitía un sonido constante, además de tener una sonda en uno de sus brazos conectado a una bolsa transparente.

Una de sus manos viajó hasta el rostro de Shuichi y acomodó unas hebras de cabello detrás de su oreja. Pasó su mano por la tibia mejilla deslizándola por su cuello hasta su pecho pero al llegar a donde empezaba la delgada sábana, en la zona del abdomen, su respiración se cortó.

Volteó a ver al doctor que había invitado a los otros dos kaizokus a entrar y tomar asiento en un viejo sillón de dos plazas.

»¿Qué le sucede a Shuichi?

La seriedad y profundidad con la que salieron esas palabras de su boca sorprendió un poco al doctor que no dejaba de mostrarse asombrado ante la ansiedad del kaizoku.

Crawd volteó a verlo y contestó con seriedad.

—Eiri... Shuichi está embarazado.