Harry potter y sus personajes son propiedad de JK Rowling
Up in the morning,
Up in the evening,
Picking down talks when the birds get back to me.
Oh, to me.
Up on the mountain,
Down in the king's lair,
Pushing these boxes in the heat of the afternoon.
Oh, afternoon
Imagine Dragons - Who We Are
Y Entonces…
Harry luchaba por no cerrar los ojos pero el cansancio le estaba pasando factura, Draco desde el sillón veía los esfuerzos del moreno por mantenerse despierto.
─Duerme, aquí voy a estar cuando despiertes ─dijo el rubio mirando hacia otro lado.
─Lo siento ─dijo entre bostezos y finalmente dejó que sus ojos se cerraran, en cuestión de segundos estuvo profundamente dormido.
Draco suspiró, él también estaba cansado pero no quería dormir aún, antes por lo menos debía enviar una carta a su madre para asegurarle que estaba bien.
En la habitación de al lado Satella y Carrie habían caído completamente rendidas al igual que sus compañeros. Los vampiros y nosferatu estaban exhaustos y rápidamente todos habían sucumbido al cansancio, sus parejas los acompañaron poco después. La única que permanecía despierta era Lilith, la rubia paseaba con tranquilidad por las mazmorras, a ella el cansancio no le afectaba y antes de que sus queridos niños despertasen había decidido ir a aclarar las cosas con los magos.
Amelia junto a lord Bagnol y un grupo de aurores volvieron al castillo escoltando a algunos sobrevivientes de Hogsmeade aunque la mayoría de ellos después de relatar sus experiencias habían tomado el expreso de Hogwarts que los llevaría hasta Londres pero entre los que volvían a Hogwarts estaban los gemelos Weasley que se habían encontrado con Billy, ahora los tres pelirrojos estaban algo apartados del grupo, los más jóvenes oían a su hermano aunque había cosas en las que ellos no estaban de acuerdo.
El camino hasta el colegio fue relativamente corto para los pelirrojos y a su llegada vieron que en las puertas los esperaba Hagrid junto a cuatro aurores.
─Madame Bones esas personas no han salido en toda la mañana ─informó uno de los aurores.
─Entendido ─respondió la mujer.
─Creo que ya sabemos lo que ocurrió aunque me gustaría oír lo que tiene que decir ─añadió el sub jefe.
─Creo que por ahora podemos usar el salón detrás del Gran Comedor, allí podemos hablar con tranquilidad ─decidió la mujer.
─En ese caso, aquellos que necesiten atención medica por favor vayan a la enfermería y los que deseen mandar mensajes la lechucería está a su disposición ─dijo lord Bagnol.
El grupo empezó a dispersarse aunque no eran más de diez personas, dos de ellas con heridas leves que se encaminaron a la enfermería y los otros los siguieron, los gemelos Weasley por otro lado se escabulleron hacia las cocinas, Billy los siguió y quedó sorprendido de que el castillo estuviese tan silencioso a pesar de que se suponía que albergaba a los alumnos pero los sótanos estaban desiertos, nadie se veía por allí.
─Así que los rumores son ciertos ─comentó en voz alta el mayor de los pelirrojos.
─¿A qué rumor te refieres? ─preguntaron los más jóvenes a la vez.
─Bueno, oí que después del Torneo de los Tres Magos Hogwarts perdió una gran cantidad de alumnos, la mayoría de familias sangre pura, casi todos los hijos de muggles y la casa de Slytherin cerró por completo.
─No es de extrañar con todo lo que ocurrió el año pasado ─comentó Fred.
─Entonces fue muy grave ¿no? ─preguntó Bill.
─Más que grave pero ahora ya no importa, seguramente este golpe no será nada para Hogwarts, además Dumbledore está aquí ¿no? A él se le ocurrirá algo seguro ─comentaron ellos alegremente.
─Albus Dumbledore fue detenido anoche, los motivos no los sé pero actualmente el colegio está sin un director ─les informó Bill, en ese momento llegaban al cuadro que ocultaba la entrada a las cocinas.
Ambos chicos se detuvieron y miraron a su hermano mayor, aquella noticia no se la esperaban. Bill suspiró, en aquel momento se sentía desorientado, el qué iba a pasar era algo que había estado evitando preguntarse pero ahora finalmente la cuestión había surgido y no parecía haber respuesta ¿qué ocurriría a partir de ahora con la comunidad mágica?
En Bucarest había un inusual movimiento pues a pesar de que la ciudad estaba acostumbrada a los turistas aquella cantidad de visitantes extraños había despertado la curiosidad de los residentes.
Desde lo alto de un edificio un grupo de jóvenes observaban a los visitantes chinos, el grupo era guiado por una mujer de aspecto severo que vestía con un tradicional vestido chino, junto a ella estaba un joven de cabellos castaños y mirada fría, detrás de ellos una jovencita de cabellos oscuros también enfundada en un vestido chino y con el cabello recogido que era escoltada por dos hombres mayores.
El hombre más joven alzó la cabeza y lanzó una mirada hacia donde sentía la presencia acechante, Nick con su excelente vista vio claramente aquellos ojos marrones mirándolo molesto, el joven lobo sonrió, Viviane les había pedido que organizaran grupos y vigilaran desde la distancia a los magos humanos que iban llegando, hasta ahora habían llegado chinos, rusos, españoles y australianos. Al otro lado de la ciudad Daniela junto a sus hermanos observaba los americanos.
─Es curioso ver a tantos magos en una ciudad dirigida enteramente por lobos ─comentó Nick.
─¿Cuándo será la reunión? ─preguntó Claire.
─Cuando todos estén aquí ─respondió Regulus.
En una casa oculta en medio del bosque Remus tenía el Profeta abierto en las primeras páginas donde había fotos de lo ocurrido en Hogsmeade.
─Remus ─llamó Jaime.
─¿Qué pasa pequeño? ─preguntó el lobo.
─¿Cuándo volverá Regulus?
─Aún no lo sé pero no te preocupes, seguro que cuando menos lo esperes él estará de regreso.
─Está bien ─Jaime se dio la vuelta y se marchó
Remus suspiró, esperaba que Regulus volviera pronto porque toda aquella situación lo estaba poniendo nervioso, además tenía la sospecha de que detrás del ataque a Hogsmeade había algo más que simples mortífagos buscando venganza, quería ir a ver qué pasaba pero tenía una manada que cuidar. En momentos como aquel deseaba que Regulus no estuviese ausente.
─Profesor, ya lo estamos esperando ─dijo una niña.
─Voy… ─respondió él.
En Hogwarts Amelia y el sub jefe del Wizengamot al igual que sus acompañantes quedaron en silencio cuando al ingresar a la habitación vieron a Lilith cómodamente sentada.
─Llevo horas esperándolos ¿qué tanto les tomó recoger los testimonios? ─preguntó la rubia.
─¿Cómo burlaste a los aurores? ─preguntó Amelia.
─Soy una vampiresa, lo mío es el sigilo ─respondió ella sonriendo.
─¿Los otros?
─Ellos duermen pero cuando se despierten tendrán cosas que hacer y personas que ver así que se marcharán rápidamente y si aún tiene alguna pregunta pues aquí estoy yo, díganmelo todo a mí ─la declaración molesto a los magos pero cuando iban a hablar ella prosiguió─. Además es necesario que se apresuren pues madame Bones, usted tiene un compromiso al que asistir ¿no es así? ─preguntó sin dejar de sonreír.
Amelia Bones miró sorprendida a la vampiresa rubia ciertamente ella tenía una cita en otro lugar pues hace sólo un día había recibido una invitación para asistir a una reunión especial en Rumania pero ¿cómo es que aquella criatura sabia de esa carta? Lilith acrecentó su sonrisa al ver el desconcierto en los ojos de la bruja.
─Bueno, con todo dicho vamos a sus preguntas que yo también tengo cosas que hacer ─insistió.
El viejo lord Bagnol y madame Bones hicieron las preguntas sobre algunas cosas que no comprendían, la rubia les respondió con tranquilidad y finalmente les entrego dos frasquitos que contenían las memoras de lo ocurrido. Y sin darles más tiempo a preguntar se puso en pie, salió de la habitación y se dirigió a donde los nosferatu descansaban, todos estaban ya despiertos cuando ella ingresó a la olvidada ala que les habían asignado.
─Lilith ─dijo Amon.
─Buenos días mis niños ─saludó ella alegre.
Pero recibió sonrisas nerviosas de parte de todos pues físicamente ella era la menor, incluso Harry se veía mayor.
─Esto es muy extraño ─comentó Vald desviando la mirada.
─Yo aún no puedo creer que nuestra madre parezca una niña de quince años ─comentó Elizabeth.
─Es cierto es muy raro ─dijo Harry riendo nervioso.
─La verdad es que yo aún no entiendo como ella puede ser su madre si ustedes nacieron como humanos primero ─añadió Draco.
─Pequeño Dragón, si yo te lo explicara tu cabeza explotaría ─respondió la rubia sonriendo.
Draco miró de mala manera a la vampiresa, no le gustaba cuando lo menospreciaban. Harry por otro lado solo río al igual que los demás.
─Deben irse ya chicos, aún tienen una reunión a la que asistir en Bucarest ─cambió de tema Lilith.
─¿Y los magos? ─preguntó Sakura.
─Ya me encargue de todo, es mejor que se vayan ya.
Los nosferatu miraron a la rubia, Lilith sonrió y ellos supieron que ella no los acompañaría, no necesitaba decirlo pues con una simple mirada todo había quedado claro, ella no iría con ellos.
─Sí, es momento de marcharnos ─apoyó Vald, los demás asintieron y todos fueron saliendo del salón.
Lilith suspiró, jamás podría tener una relación normal con sus queridos niños pero no le importaba, mientras ellos estuvieran bien a ella lo demás le daba igual. A tiempo recordó un par de cosas que debía discutir con Harry.
─Harry ─llamó sujetándolo del brazo, él se detuvo y la miró, Draco frunció el ceño.
─¿Si? ─preguntó el moreno.
─Debo hablar contigo, hay algo que debo decirte. Los demás pueden ya marcharse y creo que deberías mandar al pequeño Dragón a casa, recuerda que Rigel tiene sólo unos días ─Harry miró a Draco, era cierto que en esos momentos no debería estar fuera del castillo negro.
─Sí, supongo que tienes razón.
─¡Espera! ¿No volverás conmigo? ─preguntó el rubio.
─Aún no, lo siento ─respondió Draco lo miro molesto, aquello no le gustaba.
─Tranquilo Dragón, Harry y los demás están haciendo un duro trabajo para protegerlos ─le dijo la rubia.
─Volveré tan pronto como pueda ─añadió Harry, Draco bufó pero finalmente asintió.
Harry sonrió al ver la molestia en Draco, le encantaba cuando su rubio ponía esa cara, lo hallaba bastante entretenido.
─No te preocupes Draco, cuando menos lo esperes estaré con ustedes ─dijo acercándose a él.
─Estaré esperando Black ─respondió el rubio mostrando una sonrisa ladina.
Harry acortó la distancia y se apoderó de sus labios besándolo, primero lentamente para después profundizar más y más, las manos de Harry bajaron por su espalda mientras que las de Draco despeinaban los de por sí rebeldes cabellos del moreno.
─Hey chicos creo ya deben cortarla ─dijo Amon riendo.
La pareja se separó aunque ambos tenían ganas de continuar con aquello, lamentablemente Lilith tenía otros planes y con un movimiento de su mano Draco desapareció envuelto en un capullo de sombras, Harry la miró con reproche pero la rubia sólo suspiró y clavó su mirada en el resto.
─Ustedes también necesitan irse ya ─insistió, nuevamente movió su mano y todos a excepción de Harry fueron cubiertos por las sombras y desaparecieron.
─Ya estamos solos ¿qué ocurre? ─preguntó Harry.
─Aquí no querido ─respondió, colocó la mano sobre el hombro del moreno y ambos desaparecieron.
Unos minutos más tarde Amelia se presentó en el ala que les habían dado a los vampiros pero no halló a nadie, ya se lo esperaba pero jamás imaginó que los vampiros pudiesen desaparecerse dentro del castillo.
En la sala de los profesores lord Bagnol suspiraba, había reunido a todos los profesores para informar sobre todo lo ocurrido y decidir quién ocuparía ahora el puesto de director. Pomona, Flitwick, Sinistra, Vector, Trelawney y Slugorn pidieron que la anterior sub directora asumiera el cargo.
El viejo Lord no se opuso y rápidamente redactaron una carta para Minerva McGonagall donde le solicitaban que volviera a Hogwarts y se hiciese cargo del puesto de directora.
No paso mucho cuando la ex profesora de Transformaciones apareció preguntando qué había ocurrido para dejar a Hogwarts sin director.
Draco repentinamente apareció en su habitación del Castillo Negro, parpadeó confundido, hasta hace unos segundos había estado en Hogwarts y ahora estaba nuevamente en su habitación del Castillo Negro. Miró a su alrededor, todo estaba igual a cómo lo había dejado, entonces se fijó en la cuna y en un par de pasos estuvo a su lado pero Rigel no estaba, rápidamente salió de la habitación y se dirigió a la recamara de Potter seguro de que el castaño se había llevado al bebe, abrió la puerta sin tocar, la habitación tenía las cortinas cerradas impidiendo que la luz entrara pero a parte de la oscuridad y silencio no había nadie allí así que rápidamente se dirigió hacia el salón.
─Aún no lo entiendo ¿cómo es que pasó esto? ─oyó a Granger preguntar.
─Bueno es algo que un intento averiguar ─respondió Molly.
─Creo que pude deberse a la sangre de Harry ─comentó Hotaru.
─Pero eso fue hace mucho, han pasado años desde eso además tengo entendido que la cantidad que usó en la poción fue apenas mínima ─alegó la ex leona.
─¿Hermione tú has permitido que Aurel beba de tu sangre? ─pregunto Molly y Draco arqueó una ceja ¿sería posible que la santurrona de Granger y el vampiro rubio que tan mal le caía estuvieran juntos?
Draco se acercó más y pudo ver a las tres mujeres, Hermione estaba sentada en un sillón, tenía los ojos cerrados y se tapaba la cara con las manos pero para Draco y su mejorada visión no pasó desapercibido el pálido color de la chica.
─Hola Draco ─saludó Molly cuando notó su presencia.
─Hola ¿qué pasa Granger? ─pregunto mirando a la castaña.
─Hermione se ha transformado en una clase de vampiro ─respondió Hotaru.
─¿Qué? ─preguntó el rubio incrédulo.
─Sí, yo puse la misma cara que tú ─comentó Molly─. Por cierto si buscas al pequeño príncipe está con tu madre, Chris lo llevó allí mientras lidiamos con lo que le ha ocurrido a Hermione ─agregó con una sonrisa muy alegre y despreocupada.
─¿Estás bien Granger? ─preguntó Draco.
─¡No! ─gimió la castaña aún ocultando su rostro tras sus manos, Draco suspiró.
Lentamente el rubio se acercó a la chica que consideraba su protegida y mejor amiga, se agachó y colocó sus manos sobre las de la castaña que pegó un respingo, suspiró y con calma separo las manos de la castaña y se encontró con unos ojos de diferentes colores así como con ese peculiar brillo que ahora estaba seguro sólo los vampiros poseían.
Hermione lo miró abrumada, quería llorar ¿ahora qué iba a hacer? ¿tendría que seguir la dieta de los vampiros? ¿sería acaso inmortal? Para ella eso era lo más preocupante, no quería la maldición de la inmortalidad porque eso era para Hermione, una maldición, para muchos la inmortalidad sonaba a algo maravilloso y genial pero para ella la palabra inmortal significaba vivir por siempre viendo morir a las personas que quería, jamás podría acercarse nuevamente a un persona normal porque tarde o temprano esa persona moriría siguiendo el proceso natural de la vida mientras que ella siempre estaría atrapada en aquel cuerpo, por toda la eternidad. Inmortalidad era ahora una palabra a la que le tenía mucho miedo, no quería la eternidad, no quería aquello. Draco la miró y suspiró otra vez, él conocía bien a la ex leona, habían pasado muchas cosas durante su estancia en Hogwarts y había aprendido a identificar cuando la come libros estaba pensando demasiado las cosas.
─¿Qué ocurre, porque esa cara? ─preguntó.
─¿No lo ves Draco? Si soy un vampiro quiere decir que… que no puedo morir.
─¿Y eso es malo? ─preguntó el rubio arqueando una ceja.
Molly suspiró, «hombres» pensó «siempre tan insensibles». Hotaru también observó al rubio y luego a Hermione, ella entendía a la niña y si se refería a la chica como niña era porque Hotaru de hecho tenía más de trecientos años, fue una de las últimas en unirse a los pilares de Avalon y estar bajo la tutela de Morgana, ella también había tenido las mismas dudas que la castaña, también tuvo miedo cuando Morgana le ofreció unirse a los pilares pues aquello significaba unir su vida a la isla lo que la volvió prácticamente inmortal pero al final fue decisión suya más Hermione… ella no había tenido esa opción.
Hermione quiso darle un golpe al rubio por ser tan idiota pero antes de hacer algo de lo se arrepentiría después lo pensó mejor, obviamente para Draco la inmortalidad no era un problema, de hecho Draco debía estar deseando ser inmortal después de todo Harry y Rigel obviamente lo eran… entonces recordó a su propio novio, Aurel, aquel dulce vampiro ruso que la hacía sentir tan especial y tan diferente ¿pero que tanto esta dispuesta a hacer para seguir al lado del vampiro rubio?
─Molly, creo que esto que ha ocurrido jamás había pasado antes ¿verdad? ─preguntó Hotaru.
─Eh, pues creo que no… ─respondió la pelirroja.
─Creí que tú eras la guardiana sabelotodo ─dijo Draco.
─Sí pero… bueno, sólo hace diecisiete años que yo tomé el puesto así que no me pueden culpar por no saber algunas cosas ─respondió la chica.
─Creo que deberíamos hablar con tus padres ─intervino Hotaru, Hermione se puso rígida ¿qué les diría a sus padres?
─Primero deberías calmarte sabelotodo ─dijo Draco poniéndose de pie, Hermione miro al rubio y asintió.
Draco salió del castillo, quería ir a ver a su bebé, el camino hacia la casa no fue muy largo y tampoco tuvo que entrar a ésta pues justo afuera podía ver a Narcissa junto con Andrómeda, ambas encantadas con el pequeño bebé que estaba en brazos de la mujer rubia.
Desde el segundo piso Chris observo a Draco acercarse y suspiró al fin tranquilo pues a pesar de haber recibido el mensaje de Harry asegurándole que Draco estaba a salvo no pudo calmarse y cuando parecía que nada más pasaría apareció Granger apestando a vampiro, la castaña había irrumpido en el castillo y cuando Chris la vio decidió llevarse a Rigel y dejó a Molly lidiando con su ex compañera.
─Hijo ─le llamó James, el castaño miró a su padre y sonrió.
─No pasa nada es sólo Malfoy, al parecer ya regreso ─dijo Chris.
─¿Y Harry? ─preguntó Oriana.
─Lo siento Ori, él no ha venido con Malfoy.
La niña suspiró y volvió a sus peluches, James sonrió a su pequeña y continúo con el juego que hasta hace unos momentos tenían.
Los padres de Hermione estaban preocupados, su hija había desaparecido en la madrugada y hasta ahora lo único que sabían era que la chica estaba en el enorme castillo que se podía ver desde la terraza aunque Chris no dijo el motivo por el cual la castaña estaba allí más Emma sabía que algo había pasado, Hermione jamás se iría así sin decir nada dejándoles con preocupación, ambos humanos se abrazaron, estaban preocupados, querían de vuelta a su hija.
La noche había caído nuevamente en la ciudad de Bucarest y los residentes cada vez estaban más confusos, primero llegó un grupo de personas muy raras aun para ser turistas y ahora los principales hoteles de la ciudad estaban completamente ocupados por más personas raras, a medida que la noche avanzaba los mas jóvenes salían hacia los clubs y un ambiente más oscuro se apoderaba de la ciudad, por una calle un grupo de automóviles último modelo desfilaban todos con dirección hacia las afueras de la ciudad, desde lo alto de la torre de una iglesia Nick junto a Claire, Reyan y Leonora verificaban que todos los magos estuviesen ya en camino, cuando vieron al último automóvil marcharse el grupo se apresuró hacia el siguiente punto saltando de techo en techo hasta llegar al último hotel.
─Viviane nos ha pedido que escoltemos a los ingleses ─dijo Leonora.
─¿Porque el trato preferencial? ─preguntó el lobo de ojos azules.
─Nuestra alfa nos dijo que a los magos ingleses no les gustan mucho los transportes muggles, además los magos ingleses invitados no son precisamente una comisión perteneciente al ministerio ─respondió Reyan.
─Bueno, entonces no los hagamos esperar más ─dijo Claire, los cuatro jóvenes lobos saltaron desde el techo de aquel edificio, cayeron con gracia sobre el pavimento y se encaminaron hacia el hotel.
Amelia Bones estaba molesta, ahora mismo debería estar junto a sus aurores encargándose del caos en su propia nación, no esperando en el lobby de un hotel muggle a que llegaran los que la habían invitado pero lord Bagnol le pidió que acudiera a aquella invitación.
«Tal vez sea algo bueno en todo este caos, madame Bones» había dicho el hombre.
─Esto es una pérdida de tiempo ─dijo la bruja poniéndose de pie dispuesta a marcharse más en ese momento vio a otra persona que se le antojaba muy conocida─ ¿Minerva McGonagall? ─preguntó acercándose.
La ex profesora de Hogwarts se dio la vuelta y se encontró con la mirada de su compatriota, parpadeó un poco confundida pero entonces un hombre de cabello rubio apareció, tenía el ceño fruncido y miraba con molestia el reloj, ambas mujeres lo miraron y lo reconocieron de inmediato, era lord Greengrass, uno de los pocos sangre pura que se mantuvo neutral en la reciente guerra contra el mago tenebroso.
─Y Nick ¿cómo vas con Dany? ─preguntó Claire.
─No sé a qué te refieres ─respondió el chico.
─Vaya, así que te gusta la cachorra española ─comento Reyan.
─Es sólo una buena amiga ─respondió Nick antes de abrir las puertas de cristal y que tres pares de ojos lo miraran con molestia─. Esto sí que no me lo esperaba ─comentó─. Buenas noches damas, caballero ─saludó el lobo.
─¿Acaso esto es una broma? ─preguntó el hombre.
─No señor, de hecho somos su escolta, a partir de aquí los acompañaremos al lugar de reunión ─informó Leonora.
─He estado esperando por casi dos horas ─gruñó el mago.
─Lamento la tardanza pero antes teníamos que asegurarnos que los demás invitados también se hubiesen movilizado, a ustedes les habrían asignado un transporte pero bueno, son magos ingleses y no están muy familiarizados con los transportes muggles y usar magia dentro de Bucarest está prohibido ─informó Leonora sonriendo.
─¿Y se puede saber en que iremos si la magia no se va utilizar? ─preguntó Greengrass.
─Si bueno, no encontramos otra manera más que un automóvil, lo siento pero es la manera más rápida de llegar ─respondió Reyan, Nick sonrió.
McGonagall y Amelia fueron las primeras en subir al peculiar vehículo, el mago sangre pura se vio un poco cohibido pero no lo demostró y tras unos segundos de molestia también subió al vehículo.
Harry miró a su alrededor, conocía aquel lugar, esas paredes altas, aquel color azul rey, y el enorme ventanal que permitía a la luz entrar. No se podía equivocar, estaba en su habitación de Hvergelmirpero porqué Lilith lo había llevado allí era la pregunta.
─Harry, eres el más joven de mis hijos ─comenzó ella─ y también has pasado por mucho, ahora eres un nosferatu completo pero querido, debo pedirte algo muy especial.
─¿Qué ocurre? ─preguntó el moreno.
─Dentro de algunos años deberás convertirte en hermano y padre de dos nuevos nosferatu, dos jóvenes que vendrán a ti cuando menos lo esperes y mi único consejo para ti es «sigue tu instinto», él te guiará para encargarte de estos nuevos chicos Harry.
─¿Pero cómo es posible? Creí que la luna roja anunciaba el nacimiento de los nosferatu.
─La luna ha brillado cuando ellos nacieron pero no fue una luna llena sino una luna creciente.
─¿Porqué me estás dando esta tarea a mi? Tal como lo has dicho soy el más joven, no tengo la experiencia de Amon, ni la paciencia de Vald, mucho menos la tranquilidad de mi madre.
─Todos han debido madurar y aprender, ahora será tu turno Harry pero por ahora será mejor que serenes tu mente, descansa y cuando estés listo vuelve con tu familia ─dijo la vampiresa antes de desvanecerse.
Carrie miró el lugar, era un sitio extraño más Aurel se acercó y suspiró. Hvergelmir,debió suponerlo sobre todo cuando Lilith le pidió a Harry hablar a solas.
─¿Dónde estamos? ─pregunto Carrie.
─En Hvergelmir, aquí Harry aprendió a controlar sus poderes y mantener el equilibro entre la luz y oscuridad ─respondió el «y espero que no nos quedemos mucho» quiso agregar pero se lo guardo para él.
Elizabeth, Vald y Amon observaron el enorme carruaje detenido en el bosque, era lógico, el carruaje estaba encantado para volver a donde fue por última vez con sus dueños a bordo, la puerta repentinamente se abrió y una copia exacta de Endimión se asomó pero a diferencia del hechicero blanco el joven frunció el ceño molesto.
─Al fin vuelven, no tienen ni idea de lo molesto que fue cuando esas cosas trajeron el carruaje a este lugar ─les reclamó.
─Entonces qué bueno que ya estamos aquí ─respondió Amon.
─Sí, ahora ya me puedo ir, me llevare a Rei pero ahí dentro tienen a un mago y a esa loca sacerdotisa amiga de Endimión ─declaró, los nosferatu parpadearon cuando el moreno ingresó nuevamente y esta vez salió acompañado de la morena más joven.
Vald le dio una rápida mirada a la mujer, tenía la mirada perdida y estaba pálida, además sus labios se veían algo azules, le lanzó una mirada molesta al moreno y éste solo lo ignoro pero no se quedó callado.
─¿Dónde se quedó Endimión? ─preguntó Darien.
─Es cierto, estaba con nosotros en Hogsmeade pero no lo vi con los demás ─ comento Amon.
─¿Crees que pueda estar muerto? ─preguntó Satella.
─No, seguramente tenía otros planes y se marchó ─respondió Elizabeth.
─Yo lo vi desaparecer poco después de que la señora Lilith llegara ─dijo Jasper.
Endimión miró el enorme edificio que se alzaba frente a él, la iglesia de Sant'Angelo en el centro de Roma, la puerta hacia la oficina de inquisición, era lo menos que podía hacer ahora y era mejor que ellos supieran la historia de boca del hechicero.
─Todo estará bien, no hay nada de que preocuparse ─se dijo, tomó aire y se dirigió hacia la parte más alejada dentro del recinto donde un solo y viejo confesionario estaba, retiró la cortina e ingresó.
Un par de turistas que estaban en la iglesia habían visto al hombre ir hacia aquel lugar y había pasado casi una hora desde ese momento más el sujeto no aparecía, la pareja se acercó con cautela pero no se oía nada, uno de los sujetos se acercó y se dispuso a alzar la cortina para ver pero una mano la detuvo.
─Lo siento señores pero por hoy cerraremos ─dijo un guardia.
─Pero señor había un hombre y…
─Seguramente ya se marchó señora ─indicó el oficial.
La pareja de turistas salió de la iglesia y las puertas se cerraron sin que nadie siquiera sospechara lo que ocurría a más de cien metros bajo tierra donde la sede de la inquisición, ahora renombrada como Orden de Exorcistas, operaba encargándose de mantener al mundo sobrenatural oculto para los demás mortales. Varios hombres vestidos de negro y de rostros severos se movían de una oficina a otra cuando Endimión llegó, el hechicero suspiró, era la segunda vez que llegaba a aquel lugar y francamente esperaba que esa fuese la última vez.
─Endimión ─dijo un sujeto haciendo que el moreno pegara un ligero brinco.
─Rolan ─susurró el moreno encarando al humano tras él, era un hombre que ya debía estar entrando en sus cincuenta años con ojos oscuros.
─¿Qué buscas en este santo lugar?, sacrílego ─pregunto molesto el hombre.
─Tengo un asunto con tus superiores Rolan.
─Primero hablaras conmigo.
─Endimión, ¿a qué debemos el honor de tenerte aquí? ─preguntó otro hombre.
El hechicero suspiró aliviado el recién llegado, no era otro que McLean, un sacerdote ya entrado en años pero que dirigía la Orden de Exorcistas.
─Padre McLean, por favor permita que yo me encargue ─pidió Rolan.
─No te preocupes Rolan, yo me haré cargo ─dijo el hombre.
─Pero…
─Ven conmigo Endimión ─lo cortó el sacerdote.
Endimión sonrió y siguió al hombre, adoraba cuando alguien le paraba los pies a Rolan. El sacerdote abrió la puerta de su oficina y esperó hasta que Endimión ingresó para cerrarla y echar el seguro.
─Dime muchacho ¿porqué estás aquí? ─pregunto el hombre.
─Renato, te recuerdo que tengo suficientes años como para ser tu tatara tatara abuelo ─dijo el moreno sonriendo.
─No puedes culparme, no parece que hayas pasado los veinte ─respondió el hombre.
─Sí, supongo que tienes razón ─dijo sin dejar de sonreír.
─Ahora dime ¿qué ocurrido? ─preguntó y Endimión se puso serio.
─Helsing está muerto.
─¿Cómo?
─Vald Drácula lo mató en su último enfrentamiento.
El sacerdote suspiró, desde que conoció a Abraham se imaginó que tarde o temprano el terminaría o muerto o volviéndose en un problema para la iglesia, lo que pasara primero, y al parecer lo primero que ocurrió fue su muerte.
─Cuéntame las circunstancias ─pidió.
Endimión asintió y procedió a relatar lo que había ocurrido pocas horas antes en el pueblo de los magos ingleses y todas y cada una de las circunstancias que lo habían llevado hasta aquello.
Tres horas después Endimión salió de la sede, todo había quedado aclarado y la iglesia seguiría manteniéndose al margen de los vampiros. El hechicero suspiró y desapareció.
Por otro lado en el Consejo Mágico los magos llegaron y se fueron ubicando sorprendidos por la enormidad del salón, en poco tiempo todos estuvieron acomodados y esperando a que como de costumbre los nosferatu llegaran de último pero cuando esto ocurrió grande fue la sorpresa de todos cuando los nosferatu ingresaron acompañados de sus parejas y sus guardianes, desde el lugar donde los hechiceros chinos estaban el más joven se puso en pie cuando Amon ingresó llevando del brazo a su amada, varios observan con curiosidad al grupo.
─Lamentamos la tardanza pero las damas lamentablemente se retrasaron un poco ─dijo Vald sonriendo.
Sakura se sentó al lado de Amon y él le sujetó la mano entrelazando sus dedos. Soare abrió los ojos sorprendida, jamás espero que Amon hubiese encontrado ya a su pareja, siempre supuso que con el tiempo la encontraría pero no esperó vivir para verlo y en algún lugar muy profundo de su ser sintió una punzada de celos por el que una vez fue su amante.
Por otro lado tres hechiceros chinos tenían su propia contrariedad.
─Contrólate Xiǎoláng ─ordenó la dama.
─Es ella madre, es Sakura ─respondió en un susurro apenas audible.
─Ya lo sé pero no hay nada que puedas hacer, ella es la amante de ese nosferatu y eso no va a cambiar ─respondió.
El castaño cerró los ojos, la última vez que vio a Sakura fue cuatro años atrás cuando ambos tenían quince años y ella para ese entonces aún no estaba con aquel vampiro, él lo sabía bien porque Sakura le dijo que aún no le confesaba sus sentimientos al egipcio, tal vez si en ese momento hubiese dicho lo que sentía por ella… tal vez ahora ella estaría a su lado…
Sirius miraba a todos los presentes, sabía que había innumerables criaturas mágicas que estaban incluidas en aquel consejo pero verlo en vivo sí que era absolutamente asombroso.
Desde el otro lado del salón Greengrass miraba a su compatriota con asombro, jamás imaginó que Black estuviese emparejado con una nosferatu. Amelia sólo suspiró, aquello lo corroboraba pero entonces otra cara conocida le llamó la atención, justo frente a ella estaba Regulus Black junto a un grupo de licántropos, McGonagall también quedó asombrada cuando vio a Regulus.
─Ya que ahora estamos todos comencemos señores ─pidió Viviane.
─La razón por la que ustedes, miembros de la comunidad de magos, han sido invitados hoy es discutir las antiguas leyes establecidas entre este consejo y Merlín ─declaró Serena presidiendo la reunión.
Dos meses después
Draco miró la pared, acababa de terminar su clase así que recogió sus pergaminos y plumas. Cassy, que estaba un poco más adelante suspiró, su primo estaba bastante distraído.
─Draco extraña a Harry ¿no? ─preguntó Athina suspirando.
─Ciertamente ─respondió Luna.
─¿Crees que vuelva pronto? ─preguntó Aldrichs.
─Va a volver ─respondió el mago inglés con seguridad.
─Cuando menos lo esperes ─agregó Daniela.
─Espero que Aurel no venga más raro de lo que ya era ─comentó Constantin.
Hermione suspiró hace dos meses se habían unido a la Academia Avalon como estudiantes regulares, a Hermione le asignaron una habitación y la chica quedó sorprendida cuando asistió a su primera clase, todo era muy diferente a Hogwarts ¡y la biblioteca! Se había enamorado de aquel lugar, tenían toda clase de libros y manuscritos.
A Draco por otro lado le habían dado el permiso de marcharse cuando las clases terminaran así que todos los días el rubio usaba un portal para ir al Castillo Negro donde vivía con Rigel, había crecido bastante durante esos dos meses en los que sólo había recibido cartas de Harry cada dos semanas aunque en ninguna decía cuando volvería, sólo mencionaba que los extrañaba.
Chris camino hacia su habitación, él también se había unido a los alumnos de Avalon y al igual que a Hermione le asignaron una habitación que compartía con Constatin y Aldrichs, al principio todo fue un poco extraño pero los otros chicos lo hicieron sentir bienvenido y apreciado así que no fue muy raro que en poco menos de dos semanas Chris, Hermione y Draco sintiesen que estaban en el lugar correcto, aunque eso no evitaba que el chico se preguntara si algún día su hermano estaría quieto en un solo sitio por más de tres meses.
─¡Cassiopea! ─la morena se detuvo y giró, Diana la mensajera de la academia estaba allí.
─Hola Diana ¿qué pasa? ─preguntó.
─La señorita Serena quiere que vayas a la oficina de la directora ─respondió.
─Okey, ya voy.
Cassy caminó rápidamente hasta la oficina principal, la puerta se abrió y le dio paso a la oficina de Serena.
─Cassy siéntate ─indicó la rubia.
─Hice algo malo ─preguntó pues las únicas veces que había acabado en esa oficina eran cuando se metía en algún lio─. Mira, si es por la plaga de sapos cantores en el aula de alquimia te aseguro que no sabía.
─¿Sapos cantores? ─preguntó la rubia, Cassy comprendió rápidamente que había cometido un ligerísimo error.
─Ay Cassy ¿qué puedo hacer contigo? ─suspiró Serena, la morena miró a los ojos de su directora y sonrió amigablemente─ Bueno, después solucionarás el problema de los sapos, lo que ahora quiero decirte es algo muy distinto, de hecho Casiopea Black, me gustaría que te unieras a los pilares de Avalon como elemental del fuego.
─¿Es en serio? ─preguntó sorprendida, jamás espero que algo así pasara.
─Piénsalo Cassy y dame tu respuesta dentro de tres días ─pidió Serena─. Por cierto pensé que querrías más información sobre los pilares así que saqué este libro para que puedas informarte ─añadió entregándole un libro de piel ornamentado con doce piedras de diferentes colores.
Amelia Bones, la nueva Ministra de Magia, terminó de revocar por completo las ordenes de aprehensión contra los miembros de la familia Black, finalmente desde que asumió el cargo hace poco menos de un mes había hecho los cambios necesarios para establecer y promulgar en el Wizengamot las leyes que les había tomado un mes establecer conjuntamente con el Consejo.
Un mes en que aquellas leyes habían sido acordadas y aceptadas por la comunidad mágica de hechiceros en la cual reconocían a la comunidad mágica de criaturas.
Amon junto Sakura estaban recorriendo Europa, por otro lado Sirius y Elizabeth estaban en América, Vald había decidido ir a un tour por todo oriente acompañado de Milo, los tres nosferatus habían acordado viajar e ir promulgando las nuevas leyes mágicas.
En las heladas tierras que rodeaban el reino de los naga también conocido como Hvergelmir Harry junto a sus dos acompañantes se despedían de Zealand, el joven naga estaba abrazado del vampiro y Harry acariciaba sus largos cabellos morados.
─No es justo ¿porqué te tienes que ir? ─protestó el chico serpiente.
─Mi familia me espera Zea ─respondió Harry.
─Lo sé pero no me parece justo ─insistió el chico.
─Te prometo volver a visitarte ¿vale? ─dijo Harry alejando al naga.
Zea miró a Harry y asintió, no podía lograr que el moreno se quedara con él y eso era una verdadera lástima, suspiró y bajó la cabeza abatido. Harry sonrió pero entonces sintió la mano de Zea detrás de su cabeza y en el momento menos esperado el naga estrelló sus labios contra los del vampiro, respondió al beso del naga y con delicadeza puso sus manos en los hombros del chico alejándolo.
─¡Harry! ─exclamó sorprendida Carrie.
─Serpiente rastrera ─masculló Aurel rodando los ojos.
─¿Qué acaba de pasar? ─preguntó la rubia.
─Harry no puede rechazar a esa serpiente rastrera porque lamentablemente los naga escogen a una sola pareja en su vida y Zea escogió a Harry aunque prácticamente tontea con todos ─respondió el ruso.
─¿Pero y Draco?
─Tú, yo, Harry y esa serpiente somos los únicos que lo sabemos así que será un secreto ─sonrió él.
─Te voy a extrañar ─dijo Zea bajando la mirada.
Harry le dio un último abrazo antes de besar la frente del joven y alejarse en dirección a sus amigos.
─Más les vale cuidarlo ─advirtió el naga cuando los otros vampiros se aproximaron al nosferatu, Harry cerró los ojos, las sombras los rodearon y los tres desaparecieron, era hora de volver a casa.
Continuara…
