Capítulo 51: De nuevo en familia
Desfilaron tres días más, dentro de las cuales pasó algo muy importante: por fin Kopa sería dado de alta. Así, Simba fue por hijo, agradeciendo a Aiheu en todo momento.
Y cuando por fin lo vio, el feliz papá no podía dejar de dar lametazos cariñosos en la cabeza a su retoño, quien cerraba sus ojitos y ronroneaba suavemente ante los gestos de cariño de su amado padre.
"Toma, Simba" Le decía Rafiki, colocando en su hocico un manojo de hierbas. "Si los dolores de espalda no dejaran a Kopa en paz, deberás darle de comer esto. Le hacen efecto, tras una hora exactamente. En caso de que se terminen, tendrás que venir conmigo de nuevo, para surtirte de esta hierba."
Simba asentía con la cabeza. "Por supuegto Iafiki" Decía con dificultad a causa de las plantas en su hocico. Yo me encaggaré de dáselas y le dié a Naaa"
"Ahora unas recomendaciones", decía el Chamán, "nada de esfuerzo físico, al menos durante un mes, por ejemplo correr"
"¿¡Nada!?", Preguntó el niño, molesto.
"Nada de nada", afirmó Rafiki, "no podrás correr, cargar cosas pesadas, jugar a las luchitas. Hay que dar oportunidad a tu columna para que se regenere".
Kopa echó para atrás sus orejas, un poco decepcionado.
"Ahora bien", continuaba Rafiki su explicación, "los dolores de espalda lamentablemente serán de por vida, pero aun así…"
"¡¿De por vida?!", interrumpió el cachorro de león, nuevamente, muy consternado.
"Tranquilo Muchachito", Lo calmó el babuino, "serán de por vida, pero se pueden controlar. Apenas te den dolores, no dudes en tomar tus medicinas, y en una hora estarás como nuevo; además no serán muy frecuentes; es posible que te den una o dos veces al día, cuando mucho."
"Y, ¿ya no podré correr nunca?", insistió Kopa.
"Claro que sí, pequeño. Los dolores de espalda permanecerán, pero eso no te impedirá realizar tus actividades normalmente si tomas tus remedios. Lo único realmente importante es que, todo este mes, cuides tu espalda como a tu vida misma, para darle oportunidad a tu columna de regenerarse. Eso es todo."
"¡VIVA!", exclamó Kopa, muy feliz, "podré volver a correr y jugar"
Simba soltó las hierbas un momento, y dijo:
"Rafiki; Nala y yo estamos muy agradecidos, ¿Cómo podríamos pagártelo?"
"No te preocupes, Simba", le respondía el babuino, colocando sus manos en los hombros del león, y mirándolo a los ojos con gran sinceridad, "la palabra Chamán Significa El Que Sana, y a eso nos dedicamos nosotros; a aliviar, tanto enfermedades físicas, como del alma. El mejor pago que podemos recibir es una sonrisa sincera, pues nosotros realizamos actos de servicio y amor, en armonía con Aiheu."
Sin decir nada, repentinamente Simba tomó al babuino por la espalda, y le dio un enorme abrazo leonino. En ese instante, sus ojos se humedecieron, y comenzó a llorar de felicidad.
Minutos más tarde, padre e hijo, salieron del baobad. "Sígueme hijo", le dijo Simba a Kopa. Todo el camino ellos estuvieron muy callados. El cachorro temía que su papá estuviera enojado. Tenía tanto miedo, que no le dirigió palabra alguna. Simba lo llevaba cada vez más lejos de donde se encontraba La Roca Del Rey. Caminaron varios kilómetros, llegando hasta unos pastizales absolutamente desconocidos para Kopa.
"¿Dónde estamos, papá?", preguntó el pequeño. Sin embargo, antes de que Simba pudiera responderle, Kopa pudo ver al fondo a su madre y a su hermana corriendo directamente hacia él.
"¡Sorpresa!" Gritaron las dos leonas al unísono.
Kopa estaba maravillado; "¡Mamá! ¡Kiara!"
El cachorro corrió y les dio un enorme abrazo leonino. Las besaba con desesperación, como si nunca en su vida las hubiera visto antes.
"¡Hijito mío! ¡Estoy tan feliz y tranquila de que ya estés de vuelta!"
"¡Kopita de mi corazón!" Decía Kiara, frotando con dulzura su rostro contra el de él, "¡Volviste!"
Después Simba se acercó a su hijo con cierta expresión de molestia en el rostro.
"Kopa, ¿qué dijo Rafiki sobre correr?"
"Los siento, papá", dijo el pequeño príncipe agachando las orejas.
"Hermano", Comenzó a decir Kiara, "supe que te caíste de un árbol, ¿Cómo sigues?"
Justo cuando el cachorro había abierto la boca para responder la verdad sobre lo que le había ocurrido con Zira, Simba se le adelantó hábilmente.
"Ehmm… Tu hermano sigue mejor", le dijo, "la caída fue muy dura, pero se recuperó casi a la perfección, aunque por ahora Rafiki le prohibió correr o hacer esfuerzos".
Kopa lo miró boquiabierto, sin comprender, sin embargo, terminó por seguirle la corriente.
"Sí, Kiara, así fue, me caí… claro, y de hecho me recetaron unas hierbas para los dolores de espalda".
"Ya veo" Dijo Kiara rascándose el cogote.
"¡Mira hijo!", exclamó Nala muy feliz, y buscando en parte interrumpir la incómoda conversación, "He traído este delicioso antílope para celebrar".
La alegre familia se acercó a saborear aquel manjar. Al finalizar, Kiara le dijo a su hermano, con un dejo de decepción en la voz:
"Yo quería jugar a las luchitas y las carreritas contigo, pero como estás enfermo, no vamos a poder".
"Tal vez no", dijo Simba, "Pero, ¿¡Qué tal si hacemos algo diferente!?, algo que a Kopa le fascina".
Kopa sonrió. "¡¿Algo, que me fascina?!", su colita se movía de un lado a otro.
"Les contaré historias".
"¡Viva!", gritó Kopa feliz, sin embargo a Kiara no le hizo mucha gracia, pero debido a que su hermano era el festejado, se resignó y no hizo manifestación de protesta alguna.
Así, entre Simba y Nala comenzaron a contarles a sus hijos bellas historias que habían pasado de generación en generación en la familia. Kopa estaba maravillado, mientras que Kiara no dejaba de bostezar y sentirse fastidiada, pues a comparación de su hermano, quien era amante de las historias y la filosofía, a ella sólo le interesaba jugar y pasarla bien.
Simba les contó la leyenda del origen de la luna, y Nala sobre por qué Aiheu había creado la noche. En eso estaban cuando de pronto, Simba notó que algo se movía entre los pastizales. Esto hizo que reaccionara de una forma que dejó a toda su familia boquiabierta.
"¡Mis hijos!", gritó histéricamente, ¡Están en peligro!"
Y salió corriendo como un rinoceronte furioso a ver qué ocurría.
Una pequeña liebre se movía entre los pastizales, y huyó asustada al imponente león. Nala se acercó a su marido, preocupada. Y le susurró para que los cachorros no escucharan:
"Simba, yo sé que lo que le pasó a Kopa fue aterrador, pero por favor, no te conviertas en un padre sobreprotector o los niños terminarán por alucinarte, Rafiki ya te lo ha advertido".
"Tienes razón, amor", reflexionó Simba muy avergonzado, "A veces actúo como un loco".
Sin embargo, y a pesar de las largas platicas con Rafiki en el baobad, y de las recomendaciones de su esposa, los temores de Simba iban incrementándose cada vez. La seguridad de sus hijos se convertía en una obsesión, que crecía cual bola de nieve.
Sin embargo, a pesar de los miedos de Simba, ese día toda la familia comenzó a cantar y a reír. Todos estaban disfrutando de un maravilloso día. Por fin reunidos nuevamente.
