Antes que nada, qué más decirles que estoy re contenta de que hayan elegido a un Papa argentino! Dios! Acabo de enterarme de la noticia y casi no lo puedo creer. Hoy a la mañana mientras desayunaba estaba viendo las noticias y decían los periodistas, entre risas, que Bergoglio era un candidato muy fuerte para ocupar el cargo, y de alguna manera me ilusioné pero uno nunca se imagina que algo así pueda pasar. Digo… es histórico!
Y bueno, dejando eso de lado preciosas muchachas… este es el penúltimo capítulo. Todavía me cuesta un poco de trabajo creer que ya lo esté por terminar. Pero todo lo que comienza, tiene que terminar algún día. Así que, mis bellas y hermosas lectoras, disfruten este capítulo tanto como lo hice yo al escribirlo.
Gracias a todas por tomarse el tiempo de dedicarme unas palabras en cada capítulo. Las adoro, y este fic es, y siempre será, de y para todas ustedes.
Nos vemos en el 50…
Cap. 49: Perdido.
El cuerpo de Takako yacía inmóvil en el suelo con la katana atravesándole el torso. Sakura e Itachi la miraban con la misma expresión. A pesar de todo no podían evitar sentir que acababan de asesinar a su propia sangre. El cielo fue oscureciéndose de a poco, dándole un toque más nostálgico de lo que ya era.
La lluvia se abrió paso entre los hermanos, que sintieron el alivio del agua fría recorrerles la piel. Los purgaba y despojaba de la sangre maldita que los manchaba. Era refrescante, se sentía limpia y pura… parecían las lágrimas del sol, que los acompañaba en la pena y la angustia. Sakura elevó su rostro pálido al cielo y dejó que la lluvia la abrazara. Suspiró y cerró sus ojos por un momento.
–Sakura… –le susurró Itachi, haciéndola que lo mire– Debes entender que nuestra hermana… desarrolló su poder tan joven… que aquello acabó consumiéndola. Sintió su sabor desde tan pequeña que le cegó la mente… sólo quería más y más. Nada le importaba… no amaba a nadie más que a sí misma…
–Lo sé –le respondió Sakura, interrumpiéndolo–. Puedo entenderlo… no es necesario que me lo expliques –finalizó, mirándolo un poco triste.
En ese momento ambos se quedaron intercambiando miradas. Fijaban los ojos en los del otro. Se decían cuánto se querían y habían extrañado todo ese tiempo.
Ella le decía cuánto le había hecho falta un hermano mayor… y él le decía cuánto anhelaba verla de nuevo.
Finalmente Sakura no pudo soportarlo más, y por un impulso corrió hacia él y lo abrazó con una fuerza increíble.
Él se sorprendió al principio, pero luego le devolvió el abrazo, se arrodilló para estar a su pequeña altura y hundió su rostro en el hombro de ella.
Estaban en esa situación cuando llegó Sasuke Uchiha. Había logrado contener a Naruto lo suficiente como para que el chakra del zorro se retrotrajera hasta la normalidad, a pesar de que aquello lo dejó bastante deteriorado e inconsciente.
–Veo que pudieron contra ella… –les dijo cuando llegó y vio el cadáver.
Los hermanos se separaron y lo miraron… ella lo miró.
–Perdóname –le pidió con lágrimas en los ojos–. Estaba cegada… siempre tuviste razón.
Sasuke sacudió la cabeza.
–No pienses más en ello. Es parte de tu pasado ahora –replicó el Uchiha. Ella respondió asintiendo con la cabeza.
Luego la pelirrosa volvió a mirar a su hermano, un poco confundida.
–Hermano… la aldea, ¿estaban de acuerdo con lo de Takako?
Itachi sacudió la cabeza.
–Creían que todo era culpa del clan, y que ella era buena. Querían proteger la aldea, no tuvieron opción… Pero es un poco complicado de explicar ahora. No tengo tiempo de quedarme mucho más.
–Yo puedo mostrarte todo lo que pasó –le ofreció Sasuke. Era lo que planeaba hacer antes, después de todo.
Pero Sakura lo pensó un segundo y le dijo que no.
–Hablaré con el hokage… quiero que me explique todo él.
Sakura tenía la suerte de que el hokage estuviera vivo para hablar con ella y contenerla. Él nunca tuvo esa oportunidad cuando era joven… ni tampoco pudo enterarse de todo a una edad tan corta. Verla le hizo imaginar por un segundo una vida que pudo ser de él, si tan sólo las cosas hubiesen sido un poco distintas.
Pero ahora ese futuro pertenecía a Sakura. Lo que había sido, ya no podía ser desecho. Lo que iba a ser… podía cambiarse.
Ella era ahora un reflejo de todo lo que él no fue ni supo ser, y él era el reflejo de todo lo que ella podía ser algún día… no sólo lo malo, sino lo bueno también.
–Sakura… –la llamó Itachi, mirándola dulcemente– Debo volver a akatsuki.
Ella se entristeció.
–Pero… ya matamos a Takako, ¿no puedes volver a casa?
–Mi deber es proteger a la aldea… asumí una obligación moral cuando me fui con Takako. Lo hice para protegerte a ti y a los aldeanos inocentes… no sólo de Takako, sino de la organización akatsuki también. Está conformada con criminales muy poderosos… y soy el único que puede refrenar sus planes y darle información a la aldea. Además alguien deberá explicar de alguna manera lo que le pasó a Takako. Deberé llevarme su cuerpo para que todo siga como hasta ahora. Debes entenderlo… Nadie debe saber la verdad sobre mí ahora, sólo ustedes pueden guardar este secreto. Sería muy peligroso que akatsuki se enterara de mi verdadera personalidad.
Sakura no quería admitirlo… pero tenía razón. Asintió con dolor, e Itachi le sonrió.
–¿Hay un miembro llamado "Tobi" allí? –preguntó Sasuke.
Itachi lo miró sorprendido.
–Sí… y sé que no es un miembro común y corriente. Takako solía decir que quería unir fuerzas con él en el futuro, sólo para tenerlo cerca. Ella no confiaba en él, y yo tampoco. Sé que porta el sharingan, aunque nadie sabe quién es realmente porque nunca se saca la máscara –le respondió.
Sasuke confirmaba sus sospechas… el futuro del mundo ninja en ese lugar seguiría la misma suerte que en su propio mundo, o al menos algo muy parecido.
Pero no era cuestión de él ya… ahora todo recaía sobre los hombros del equipo siete y de todos los aldeanos originarios de ese mundo.
–No sé quién eres –le dijo Itachi–, ni de dónde saliste. Hay algo en tu mirada que me resulta intrigante y, extrañamente, conocido… como si ya nos hubiésemos visto varias veces antes –Sasuke lo escuchaba con atención mientras él hacía una breve pausa y lo miraba con serenidad, con la misma que solía tener su hermano en su mundo–. Pero eso no importa ahora. Te agradezco por haber intentado cuidar de mi hermana todo este tiempo. No sé si volvamos a vernos… pero fue un placer haberte conocido –finalizó mientras se retiraba cargando a Takako, tirando una última sonrisa a su pequeña hermana– ¡Volveremos a vernos muy pronto, lo prometo! –concluyó mientras se alejaba del todo bajo aquella lluvia gris.
Sakura sonrió y lo observó con cariño. Luego volvió a mirar a Sasuke y caminó a él con las pocas fuerzas que le quedaban. Sasuke la cargó en su espalda y bajó con ella a donde estaban los demás. Se quedó completamente dormida al sólo tacto de su espalda.
Cuando bajaron ya había ninjas de alto rango ayudando a los heridos. Kakashi había bajado a Sasuke Haruno del árbol, y ya se lo habían llevado a un hospital. Naruto y Sakura ya no estaban… también se los habían llevado antes de que ellos llegaran.
Kakashi permanecía de pie, sosteniendo su espalda contra el tronco de un árbol… observando al Uchiha bajar con la pequeña inconsciente.
Sasuke en verdad no sabía qué decir cuando lo vio. ¿Sería conveniente decirle quién era?
–Hola, Sasuke. Presiento que nos conocemos desde hace bastante tiempo –lo saludó sorpresivamente, con su peculiar mirada.
–¿Sabes quién soy? –le preguntó el Uchiha.
–Hablé con Mikoto antes de venir. Me dijo que un chico bastante parecido a su hijo la había visitado, y que la llamó "mamá".
–Kakashi… ¿quieres saber por qué estoy aquí? ¿Cómo llegué?
–Eso no me importa en lo más mínimo. Tampoco haré preguntas respecto a qué pasó realmente aquí –comunicó, acercándose a él. Era claro que se refería al tema de los hermanos de Sakura… Kakashi no era ingenuo. Cuando estaba lo suficientemente cerca, vio a la Uchiha en su espalda y le acarició la frente con cariño–. Me basta con saber que has venido a ayudar mis estudiantes cuando yo no estaba para hacerlo –le dijo con una sonrisa simpática–. Bien, ahora vamos al hospital… allí también está la chica pelirrosa que se hizo llamar "Sakura" cuando llegamos.
–Bien… –asintió Sasuke con una sonrisa sincera– Por cierto… el cuerpo de Orochimaru está unos kilómetros más atrás… Nosotros lo derrotamos y pudimos hacer cambiar de opinión a Sakura respecto a su ida –mintió, mirándolo fijo a los ojos. Pero Kakashi frunció el ceño extrañado.
–No había ningún cuerpo allí… revisamos todo el perímetro. No me sorprendería que Orochimaru hubiese fingido su muerte para ganar tiempo e irse a ganar fuerzas. Apenas hace un par de días luchó contra el tercer hokage –le comunicó. Ahora todo tenía sentido.
Estuviera muerto o no, era seguro para Sasuke que Kabuto se había llevado su cuerpo para continuar con su conspiración secreta… y en el futuro aliarse a los enemigos contra Konoha.
Pero Sasuke estaba cansado… y ahora el futuro de ese planeta ya no dependía de él. Esbozó una sonrisa sincera y suspiró con tranquilidad y alivio, porque al menos Sakura estaba bien.
Sin decir nada, ambos corrieron rumbo a Konoha de nuevo.
–¡Déjenme! ¡Mi brazo está bien, quiero ver a Sakura! ¿Saben dónde está? –gritaba el alborotado Haruno en la habitación del hospital. La Haruno estaba en una cama a su lado, y también la estaban atendiendo.
–Espere un poco, por favor, nosotras sólo somos enfermeras, no tenemos información de su compañera. Debe dejar que lo tratemos o tendremos que sedarlo totalmente –le advirtió, o más bien suplicó con amabilidad una joven que estaba encargada de arreglar su brazo roto.
Sasuke hizo caso omiso al pedido de la enfermera e intentó ponerse de pie, aunque entre varias pudieron contenerlo.
–¡No puedo quedarme aquí mientras que no sé dónde está Sakura! ¡Quiero…! –intentó seguir el pequeño, pero Sakura lo detuvo en ese momento con su voz firme.
–Cálmate un poco, Sasuke… Sé que todo salió bien y que mi Sasuke la está trayendo a casa… No tienes idea lo afortunado que eres por tenerla de vuelta… –le decía, recordando que ella tuvo que soportar años de la ausencia del pelinegro– así que simplemente tranquilízate –le sugirió con calma y cariño la muchacha.
El Haruno se calmó bastante y volvió a sentarse en la cama con tranquilidad.
–Es que… ella… yo no la ayudé ahí… ella me tiró y yo ni siquiera pude… –le susurró, haciendo la cara a un lado con preocupación. Sus ojos brillaban de manera diferente… sus cejas estaban fruncidas, su expresión hablaba por sí sola.
Sakura no pudo evitar sonreír de nostalgia al verse a sí misma a su edad en él.
–Oh… que ternura eres… conozco esa mirada bastante bien –le dijo con ternura.
Sasuke abrió los ojos y se sonrojó totalmente. El rubor le cubrió las mejillas mientras la miraba sin decir nada. Se puso un poco nervioso y las enfermeras no pudieron evitar reír ante su reacción.
–Yo, yo… –quiso comenzar el Haruno, pero alguien lo interrumpió entrando a la habitación abruptamente.
–¡Sasuke! –exclamó Sakura con una enorme sonrisa, mirándolo recostada desde la cama. Las enfermeras acababan de terminar de curarla, y se retiraron de la habitación mirando confundidas al pelinegro.
Nadie en el hospital había tenido tiempo de hacer muchas preguntas por atender de emergencia a todos los gennins, pero no reconocían ni a Sakura ni a Sasuke, ni sabían por qué estaban allí o de dónde habían salido.
–¿Cómo está Sakura? –preguntó inmediatamente el niño.
–Ella está bien, sólo que perdió bastante chakra. Está en el piso de arriba, en la misma habitación que Naruto, recuperando fuerzas. Desgraciadamente todavía tiene el sello en su cuello… tendrá que aprender a vivir con él, después de todo.
El niño se quedó mucho más tranquilo después de escucharlo, y se dejó recostar en la cama. Estaba sumamente cansado. Al cerrar los ojos quedó inevitablemente dormido.
El Uchiha se acercó a la pelirrosa con preocupación en los ojos. Ella se sentó en la cama, ya estaba bien y curada.
–¿Cómo te sientes? –le preguntó, sentándose en la cama también.
Ella le tomó la mano lentamente y lo miró a los ojos con una sonrisa.
–Estoy bien… me alegra haber venido… me alegra que Sakura esté bien… que hayan podido asesinar a esa mujer –le susurró.
–¿No estás preocupada?
–¿Por qué debería estarlo? –continuó Sakura con su sonrisa inicial.
–Porque no tengo ni idea de cómo vamos a regresar… o si vamos a poder hacerlo –le dijo él serio, frunciendo el ceño.
Ella resopló un poco de aire y cambió su mirada a una un poco más seria.
–La verdad… es que no me importa. Mientras esté contigo todo estará bien, Sasuke-kun –le dijo en el tono más tierno posible.
Sasuke no podía entenderla. Ella era tan… tan ella. No pudo evitar abrazarla con fervor y aferrarla a su cuerpo, como si no quisiera que se le escapara por nada del mundo.
Ella devolvió el abrazo, y ambos se quedaron así largo rato hasta que el Uchiha decidió que lo mejor era dejarla dormir cómoda y sola en la cama. Se buscó una silla cómoda para sentarse a su lado, y se quedó allí. Cerró los ojos y se quedó dormido.
Sakura dormía, pero a medianoche comenzó a tener sueños extraños. Comenzó a sudar, a sentir en medio del sueño que la sangre le recorría las venas más rápido de lo normal. Sentía una sensación cálida cubrirle la piel, y aquello la hizo despertar de golpe.
Su corazón latía rápido, sentía la presión por las nubes y que le hervía la frente de fiebre. Sasuke seguía dormido, estaba tan cansado que ni siquiera se percató de que ella había despertado. Toda la habitación estaba a oscuras y en silencio.
Se sentó sobre la cama sintiéndose extraña, y en ese momento su instinto la hizo mirarse la mano. La sensación que sentía en ella era la misma que había sentido cuando se abrió la puerta al mundo paralelo, cuando tomó la cinta en sus manos y tuvo que soltarla porque sintió dolor.
Un calor extraño, pero distinto a cualquier calor que hubiese sentido antes. Esa sensación fue incrementándose de a poco, y Sakura comenzó a ponerse un poco nerviosa. A los pocos segundos el dolor era tal que sentía arderle la mano y no pudo sino gritar el nombre de Sasuke.
Él despertó de golpe al escucharla, pero no tuvo tiempo de nada. Ni siquiera pudo prender la luz, cuando vio que de la mano de Sakura comenzaba a expulsarse una luminosidad blanca y totalmente brillante; tanto que le cegó los ojos.
Se levantó e intentó correr a ella, que estaba totalmente shockeada por lo que veía, no comprendía nada.
Pero cuando parecía que nada podía ser más raro, Sasuke se percató de que Sakura estaba desapareciendo de pies a cabeza.
Ella se dio cuenta, y miró a Sasuke con los ojos petrificados y totalmente perturbados por lo que estaba pasando.
–¡Sakura! ¿¡Qué demonios está ocurriendo!? –le preguntó él en la desesperación, observando que su cuerpo parecía simplemente diluirse en el aire.
Ella no contestaba, simplemente lo miraba totalmente dislocada. Le extendió la mano, intentando dársela… y cuando él quiso tomarla, ya totalmente confundido y desesperado, acabó por desvanecerse su mano… y pronto su rostro… su cabello…
Y ya no quedaba nada de ella.
Sasuke se quedó solo, con la mano tendida, escuchando su respiración agitada, su corazón latiendo, sintiendo sus ojos temblar.
–Sakura… –musitó, totalmente fuera de órbita, totalmente perdido– ¡Sakura! –exclamó con todo su ser, tanto que hizo que el Haruno despertara totalmente sorprendido y que las enfermeras de guardia entraran a la habitación enseguida.
–¿Qué sucede, señor? –preguntó una de ella ni bien entró.
–¿Y la paciente? –preguntó otra con preocupación, observando la vacía cama.
Sasuke cayó de rodillas al suelo. No podía sentir nada, no podía escuchar, ni hablar, ni siquiera pensar. Su mente estaba sumergida en la oscuridad, en el abismo. No entendía lo que acababa de suceder, sólo entendía que ella ya no estaba… que de alguna extraña manera había desaparecido de su frente. Que la había perdido… que la había perdido… que la había perdido…
Sólo esas palabras cruzaban por su cabeza.
…Que la había perdido.
–¿Señor…? –le preguntaba una de las enfermeras, acercándose al ver su perdida expresión… Pero Sasuke no contestaba. Ignoraba todo.
Sasuke Haruno se acercó totalmente turbado por la situación, no entendía qué pasaba ni dónde estaba Sakura.
Intentó tocarle el hombro, hacerlo reaccionar. Pero antes de que pudiera tocarlo, el Uchiha le tomó la mano fuertemente y lo miró como nunca antes creía el Haruno que lo vería.
Su mirada… lucía tan ajena a él. No era él, era algo más. Su mente no pensaba bien, no razonaba. En esos momentos la oscuridad de la desesperación de sentir que perdió a quien más amaba lo estaba consumiendo. Algo en su cerebro había cambiado.
–¿Sasuke…? –preguntó con temblor el pequeño Haruno al verle aquella atemorizante expresión.
¿Podía ser posible que fuera peor que la de Takako? El miedo paralizó al pequeño. Sasuke soltó su mano con brusquedad y la apartó lejos. Una enfermera, asustada, intentó tocarlo también, pero le hizo lo mismo que al chico. Le apartó la mano con fuerza y todos los presentes se asustaron.
–Ella no está… –susurraba Sasuke, en un tono apenas perceptible– Desapareció… –decía, apretando su puño contra el suelo, dejando que las venas en sus brazos de marcaran y que su rostro se tornara más pálido que antes.
–Llama a seguridad –le pidió en tono bajo una enfermera a la otra. Sasuke permanecía quieto, inmóvil. Pero ya se habían dado cuenta que no estaba muy bien de la cabeza en esos momentos… y que era peligroso.
–Sasuke… tienes que recomponerte, seguro que hay una explicación para esto –le decía el Haruno, todavía un poco atemorizado por la actitud del hombre.
Sasuke Uchiha no hizo más que responderle con una mirada asesina.
–No… –musitó– ¡No, no, no! –gritaba, dando fuertes puñetazos al piso, partiéndolo de a poco. Las enfermeras y el Haruno se alejaron de él por inercia, y entonces llegaron los guardias.
Intentaron contenerlo, ¿pero qué eran ellos contra un Uchiha de su calibre? Sasuke los apartó con furia. Éstos no se rindieron, más bien intentaron nuevamente contenerlo. Pero Sasuke los hirió y bajó a todos con gran facilidad. Cayeron moribundos y heridos casi de muerte… y eso que, a pesar de todo, todavía conservaba un poco de cordura y se contenía.
La locura de Sasuke incrementaba cada vez más a medida que aparecían más shinobis intentando ya no contenerlo, sino matarlo.
Todo se estaba saliendo totalmente de control, el piso entero fue casi destruido y Sasuke estaba a punto de liberar el susanoo –ya perdido del todo–, cuando una muy reconocible voz lo detuvo.
–¡Sasuke, detente! –le pidió, le imploró casi en una orden.
Él se detuvo al instante. Sintió que la sangre se le heló al escucharla. Se dio vuelta lentamente… y quien lo llamaba no era otra que Sakura, Sakura Uchiha, que se había levantado con los estruendosos ruidos y explosiones.
–¡Para ya mismo con esto! –le exigió.
Él, al cruzar miradas con ella, recordó a Sakura Haruno. Eran tan parecidas físicamente… y su tonalidad de voz en ese momento era tan parecido al que hubiera empleado la otra pelirrosa al verlo actuar de esa manera, que no pudo sino contenerse y helarse mirándola… perdiéndose en sus ojos negros.
–¿Qué estás haciendo? –le preguntó ella, totalmente asombrada y desconcertada con su actuar.
Él hiperventilaba como una bestia encadenada, la miraba totalmente serio sin decirle nada. Estaba tan desconcentrado de todo lo que lo rodeaba, que no se dio cuenta cuando una de las enfermeras fue corriendo y le inyectó un sedante potente en el cuello.
Cayó al suelo al instante… totalmente dormido… con la imagen de los ojos verdes de Sakura en su cabeza.
En otro lado, al mismo tiempo, despertó la Haruno. Abrió sus ojos desorbitada, no sabía dónde se encontraba y la cabeza le daba vueltas. Pero recordó todo al instante… estaba en la casa de Sasuke de nuevo, en su mundo original.
–¿Qué es esto…? –preguntó, poniéndose de pie– ¿Y Sasuke…? –preguntó nuevamente, mirando a todos lados.
Gritó su nombre, pero no había rastros de él. Sólo ella había vuelto a casa…
La desesperación y consternación la invadieron tan rápido que cayó de rodillas al suelo con lágrimas en los ojos. Golpeó con bronca la pared, destruyéndola por completo.
–¡Quiero estar con Sasuke! ¿¡Por qué volví yo y no él!? ¡Déjenme regresar! –gritaba con todas las emociones encontradas.
No sabía si estaba angustiada, desesperada, enojada… o todas las cosas a la vez.
Dejó caer su cabeza al suelo totalmente rendida y harta. Las lágrimas invadían su cara, y el dolor cada centímetro de su cuerpo.
Sin Sasuke creía que iba a morir. ¿Volvería a verlo? Muchas cosas pasaban por su cabeza. No entendía nada.
Estaba así de aturdida… cuando alguien la abrazó desde la espalda con cariño. Ella abrió sus ojos totalmente sorprendida, y viró a verlo con ansiedad. ¿Sería él…?
Pero cuando lo miró a los ojos, a pesar del parecido… se dio cuenta que no era Sasuke.
–¿Itachi Uchiha…? –le preguntó, totalmente consternada, con la voz temblando y quebradiza.
