Capítulo 49: La boda. El obsequio de Ormazd

Pasaron varios lustros tras aquella pequeña fiesta de cumpleaños. Arsalan pasaba todo el tiempo con su nueva mascota. Había nombrado al cachorro Sa'luk y ya comenzaba a adiestrarle para que obedeciera órdenes básicas. Disfrutaba como un niño.

En lo que a la boda respectaba, Malik se había hecho cargo de todo. Las semanas fueron avanzando y la fecha se acercaba. Lo tenía todo planificado: ceremonia, banquete, seguridad, entretenimiento … y un regalo extra para los novios.

Cyrus y Kaileena mantenían una vida normal, a excepción de no poder mantener ningún tipo de contacto íntimo. Ella llevaba a cabo sus labores como Sacerdotisa y asistía a las reuniones del Consejo, aunque, por el momento, no había surgido ningún contratiempo que pudieran emplear para probarla. Malik, por su parte, adiestraba a Cyrus y Arsalan para que pudieran ser Generales pronto.

Una mañana, cuando Hadi, ya recuperado por completo, jugaba con Giv en los Jardines, ambos fueron llamados ante el Rey. Al llegar al Salón del Trono, vieron a Kaileena y a Cyrus también. Ella le hizo señales a Giv para que se acercara y el pequeño se colocó a su lado.

Hadi miraba a su alrededor, preocupado y confuso. Sabía que su estancia allí era temporal, sólo hasta que se recuperase de sus heridas. Y ese día ya había llegado. Temía que le desterrasen por ser hijo de un traidor. Intranquilo, se aproximó a los pies del Trono, donde esperaba Malik con semblante serio.

Hola, Hadi.

Ho … Hola …

¿Sabes por qué te he mandado llamar? – El pequeño asintió inseguro. – Has pasado las últimas semanas aquí. Te he permitido permanecer bajo los cuidados de nuestros mejores médicos, te he alimentado y protegido. Pero no puedo ignorar lo que sé de ti. ¿Qué tienes que decir en tu defensa?

Hadi miró al suelo. No sabía qué decir. Estaba completamente asustado.

¿Nada? – Se extrañó Malik. Esperaba algún tipo de excusa por su parte.

No puedo decir nada salvo que mi padre me llevó por el mal camino. Me hizo ver las cosas del mismo modo que las veía él …

¿Tú sabías algo de la conspiración?

No, Majestad. Mi padre nunca me contó nada. Y me temo que yo fui tan inocente que no supe ver sus intenciones hasta que se apoderaron del Palacio …

En el pasado fuiste un niño malcriado que se creía superior a todos los demás. Sin embargo, ayudaste al Príncipe Arsalan a rescatar a Giv. ¿A qué se debe semejante cambio?

No lo sé …

Si quieres vivir en este Palacio, tendrás que darme algún motivo por el que deba confiar en ti.

Majestad, - Ante la sorpresa de todos los presentes, Hadi se arrodilló suplicante. – no tengo nada que decir en mi defensa puesto que mis actos no han sido buenos. Únicamente pido que mostréis compasión y os apiadéis de un niño que no tiene dónde ir …

Hadi se arrojó a los pies de su Rey. A Malik le sorprendió aquella reacción. Pero le dejó sufrir unos segundos. El pobre chico empezó a llorar. Entonces, Malik sonrió y le ordenó levantarse.

Kaileena ha aceptado cuidar de ti si te quedas en Palacio. Eso supondría estar bajo su protección. Pero también estarías obligado a obedecerla en todo lo que te diga. – Explicó. - ¿Qué decides?

¡Yo, encantado! – Aseguró Hadi, mirando a Kaileena. – Si ella quiere …

Lo suponía. – Dijo, rascándose la barba. – Está bien. Ve con ella. Pero no hagas que me arrepienta.

Tras darle permiso para retirarse, Hadi se acercó tímidamente a Kaileena. Ella se arrodilló frente a él y extendió los brazos, invitándole a abrazarla. Tras unos segundos de duda, el niño se tiró sobre ella, escondiendo su rostro en su larga melena. Ahora, Cyrus y ella eran su Familia.

Los días pasaron y llegó la víspera de la boda. Los últimos representantes de otros Reinos invitados llegaban a la ciudad cargados de regalos para la feliz pareja. Los campesinos preparaban las calles para su particular celebración y el Palacio era un caos. Sirvientes que iban y venían corriendo de un lugar a otro, nervios, ataques de ansiedad, estrés … El panorama no parecía ayudar a que Cyrus y Kaileena se calmasen.

Farah y las dos sirvientas, Asha y Mina, ayudaban a Kaileena a probarse su vestido una última vez antes del gran día. Sin embargo, ella no parecía muy entusiasmada al mirarse en el espejo mientras Mina le cepillaba el pelo para colocarle el velo, sujetado por flores.

Fijaos, Emperatriz. – Le dijo la joven al terminar. – Estáis radiante.

Sí … - Respondió Kaileena sin ganas.

¿No os gusta?

No es eso. Es sólo que … - Kaileena cogió una vasija para echarse agua en un vaso, pero se le resbaló y se estrelló contra el suelo, rompiéndose en mil pedazos. Suspirando irritada, se arrodilló para recoger los trozos- ¡Maldita sea!

Ya lo recojo yo, Emperatriz. – Intervino Mina, apartando sus manos de los fragmentos.

No, ha sido mi culpa.

De verdad, no os preocupéis. Yo lo recogeré.

Suspirando de nuevo, Kaileena se dejó caer sobre la pata del tocador. Farah salió de la zona de los baños privados de Kaileena junto con Asha. Le estaban preparando un baño para que pudiera relajarse. Pero el sonido de la vasija rompiéndose llamó su atención.

¿Qué ha sido esta vez? – Preguntó la Reina.

Una vasija. – Respondió Mina, limpiando el agua del suelo.

Kaileena … - Farah caminó hasta su posición y se arrodilló frente a ella. – No puedes seguir en esta línea. Ya has destrozado seis vasijas, cuatro jarrones y dos cuencos. Vas a dejar la cocina sin utensilios.

Ya lo sé … - Kaileena ocultó su rostro.

No estás así sólo por los nervios de la boda, ¿verdad? – Kaileena apartó la mirada. Farah le ayudó a levantarse y la invitó a sentarse en la cama. Ella se sentó en una silla frente a ella. - ¿Qué ocurre?

No estoy segura de esto.

¡¿Qué? ¡¿Qué dices? Has estado deseando que llegase este día durante años … ¡No puedes echarte atrás ahora!

Pero es que … ¡Tengo miedo!

¿Miedo a qué?

¿Y si Cyrus no aparece? Es muy inseguro y … y … Si me deja plantada … Yo … - Kaileena se tiró de los pelos, angustiada.

Kai, te aseguro que no te dejará plantada. – Le dijo ella, cogiéndole la mano. – Malik, Arsalan y mis hermanos se encargarán de que no huya.

¿Y si no soy lo que él espera y me es infiel?

Cyrus es tonto, pero no tanto.

Aún así, tengo miedo.

Es normal tener miedo antes de casarse. Todas hemos pasado por eso. Pero no tienes de qué preocuparte. Cyrus te quiere y no te abandonará.

En ese momento, Sindra irrumpió en la habitación. Había ido a la cocina de Palacio a hacer algo y regresó con un extraño brebaje.

Dejad paso, aquí llega Sindra con el método definitivo para olvidar los miedos. – Anunció ella, acercándose a Kaileena. – Bebeos esto. Os ayudará a relajaros.

¿Qué es? – Preguntó Farah mientras Kaileena daba un sorbo.

Una de las hierbas con las que Saurva intentó matarla. – Al escuchar eso, Kaileena escupió el líquido, tosiendo. - ¡Eh!

¡¿Cómo se os ocurre darme eso? – Se alarmó ella. - ¡¿Acaso queréis matarme?

Esas hierbas sólo son venenosas cuando se utilizan en conjunto. Por separado, son curativas. Y esta en concreto ayuda a dormir.

¿Y cómo se yo que no las habéis mezclado?

Será posible … - Indignada por la desconfianza de Kaileena, Sindra cogió el vaso y bebió de ella. - ¿Veis?

Está bien … - Kaileena se terminó de beber el contenido. Tras unos segundos balanceándose, se desplomó, no dormida, pero sí muy relajada, sedada por los efectos de la bebida.

¡Cayó! – Exclamó Sindra, sorprendida. - ¡Y antes de lo que esperaba!

¿Qué le habéis dado? – Extrañada, Farah se mojó el dedo en los restos que quedaban en el vaso y lo probó. - ¡Esto es ginseng indio!

Entre otros … - Confesó Sindra, riéndose. – Lleva otras cinco hierbas somníferas mezcladas con esa en grandes cantidades.

¿No le pasará nada? - Se preocupó Farah, viendo a su amiga con la mirada perdida y moviendo la cabeza lentamente de un lado a otro, relamiéndose una y otra vez.

No. Estará atontada hasta que se duerma. Pero no creo que tarde mucho. Mañana estará como nueva.

Esperemos que sea así …

No muy lejos de allí, Cyrus sufría la misma crisis nerviosa. Daba vueltas por sus aposentos, salía al balcón y volvía a entrar, se tumbaba en su cama, volvía a levantarse … Jamás había estado tan inquieto, ni siquiera cuando el Dahaka le perseguía. Estaba que se subía por las paredes … Literalmente.

Sin saber qué hacer para calmarse, se quitó la ropa y se metió en sus baños. Los sirvientes habían cambiado el agua para que pudiera asearse antes de la ceremonia, pero aún no la habían comenzado a calentar. Pero poco le importó. Notando como se le ponía la piel de gallina, se fue adentrando en el agua hasta sentarse. Estaba helada. Pero necesitaba mantener la cabeza fría. Así que, decidido, cogió una vasija, la llenó de agua y se la echó sobre la cabeza.

Poco sabía él que sus dos hermanos y los hermanos de Farah se aproximaban a sus aposentos con botellas de vino y una sorpresa para el novio. Pero, al entrar allí y no verlo, se extrañaron.

¿Dónde se ha metido? – Preguntó Arsalan.

¿Cyrus? – Llamó Malik, adentrándose en sus aposentos. Vio su ropa tirada en el suelo y se acercó a los baños. Sin atravesar la cortina, volvió a llamarle. – Cyrus, ¿estás ahí?

De … de … Dejadme so … solo. – Respondió él, con voz temblona.

¿Cyrus? ¿Estás bien?

Sssss … Sí.

Preocupado, Malik corrió la cortina y le encontró metido en su piscina, tiritando y pálido.

¡¿Se puede saber qué haces?

Mante … e… ner … la cab … eza frí … fría …

Así lo que vas a conseguir es un resfriado. Sal de ahí. – Le ordenó Malik, cubriéndole con una toalla. – Darse un baño de agua helada la noche antes de la boda … ¡Menuda idea!

¿A qué habéis venido?

Bueno, el matrimonio es algo muy serio y de por vida. Eso ya lo sabes. – Le dijo, rodeándole con el brazo. – Así que hemos pensado en organizarte una pequeña fiesta privada para … Decirle adiós a tu soltería.

¿Una despedida de soltero? – Preguntó Cyrus, mirándole mal.

¡Te presentamos a Fila! – Anunció Arsalan, abriéndole la puerta. - ¡Una delicada rosa del desierto!

Fila, una joven de ojos claros y pelo oscuro y vestida con unos ropajes semitransparentes muy insinuantes, entró en los aposentos de Cyrus haciendo movimientos lentos y sensuales.

¿Sabe Kaileena algo de esto? – Cyrus desconfiaba.

Kaileena no tiene por qué saberlo. – Le respondió Malik, sonriendo. – Será nuestro secretito.

¡¿Y tu mujer sabe que has organizado todo esto?

Vamos, Cyrus … ¡Sólo es un pequeño homenaje antes de embarcarte en la dura misión del matrimonio!

Será dura para ti. ¡Yo no he pedido ninguna despedida de …! – Antes de que pudiera terminar la frase, la mujer se acercó a él y se aferró a su cuerpo, colocándole las manos sobre sus muslos. – Oh, Dioses …

¡Venga, Cyrus! – Le animaba Arsalan. - ¡Aprovecha!

Esto no está bien … - Dijo él, resistiéndose. - ¡No está bien!

Oh, vamos Cyrus … ¡Somos hombres! Podríamos tener un harem para nosotros sin que nuestras mujeres pudieran protestar por ello.

¡Que tú quieras tener un harem no significa que yo también lo quiera! – Protestó Cyrus, quitándose de encima a la muchacha cuando esta se dispuso a quitarle la toalla. - ¡Apártate de mí!

Se hizo el silencio en la habitación. Todos se quedaron de piedra al ver cómo Cyrus rechazaba a aquella bailarina exótica. Aquella sorpresa parecía haberle irritado mucho.

¡Largaos de aquí! – Les ordenó.

Está bien, está bien … - Dijo Arun, retirándose.

Aguafiestas … - Kalim se fue decepcionado. Esperaba divertirse un rato.

Como quieras … - Arsalan se dirigió a la muchacha. – Ven, preciosa. Si Cyrus no quiere divertirse contigo, yo lo haré por él.

La puerta se cerró, dejando a Cyrus a solas con Malik. Irritado, se adentró en su vestidor y buscó algo de ropa. Malik no comprendía su actitud.

Cyrus, ¿te encuentras bien?

Estoy perfectamente, Malik. Eres tú el que está mal.

¿Yo?

Sí. – Molesto, le lanzó la toalla a la cara. - ¿Pretendes que le sea infiel a Kaileena antes de desposarla y en presencia de Arsalan y los otros? ¡¿En qué piensas?

Cyrus, sólo es algo de diversión.

Diversión con algo más, ¿no?

Escucha, yo también tuve mi propia fiesta cuando me casé con Farah y me desfasé un poco. Bebí demasiado y terminé amaneciendo con la bailarina que Padre trajo tumbada a mi lado…

¡¿Te acostaste con ella?

No estoy seguro … Supongo que sí. No lo sé. Estaba muy borracho cuando aquello ocurrió. – Admitió Malik, avergonzado. – Rostam me dijo que me pasé la noche entera piropeándola y bailando con ella. ¡Pero no pasó nada! Es algo que quedó entre nosotros.

¿Y sabe Farah algo de eso? – Cyrus se apoyó en su escritorio con ambas manos, mirando al suelo.

Obviamente no. – Malik caminó hasta colocarse a su lado.- Y te agradecería que no le comentaras nada.

¿Acaso tienes miedo?

No quiero preocuparla. Ha estado muy sensible durante el embarazo sobre que le fuera fiel porque ella no se veía atractiva y aún está algo susceptible sobre su aspecto.

¿Se lo piensas decir algún día?

No. Esto es algo que preferiría no contarle. Soy feliz con ella y no quiero estropearlo todo por un error del pasado.

Ya, pero pretendes que yo cometa ese mismo error.

Pensaba que te divertirías …

Ya me divertiré mañana por la noche cuando pueda estar a solas con MI MUJER, la mujer a la que amo, la mujer por la que he peleado durante dos años. ¡No he sufrido tanto para acostarme con otra la noche antes de mi boda!

Está bien … Perdona. – Malik se sentía avergonzado ahora. – Tienes razón …

Déjame solo.

Como quieras …

Cabizbajo, Malik caminó hasta la puerta. Pero, al abrirla, descubrió a Farah junto a ella. Había venido a preguntar por Cyrus y lo había escuchado todo. Su rostro dejaba claro que no estaba contenta. A Malik se le cortó la respiración al verla allí. Había descubierto su secreto.

Farah …

Con que una bailarina antes de la boda …

Te lo puedo explicar. – Dijo él, alzando los brazos en señal de rendición.

¿Ah sí? Pues vete buscando una buena excusa porque esta noche duermes en el suelo.

Ultrajada, Farah caminó a paso veloz hasta sus aposentos, donde se encerró de un portazo. Malik se quedó paralizado. ¿Qué podía decir en su defensa? Farah lo había oído todo. Su única esperanza era apelar a su bondad y pedirle perdón. Pero bien sabía, que tal y como había reaccionado, aquello sería difícil.

Malik corrió hasta sus aposentos y abrió lentamente la puerta. Allí estaba Farah, sentada en la cama, lista para dormir, deshaciendo su trenza poco a poco. Malik tragó saliva y se atrevió a entrar, hablándole en tono suplicante.

Farah, cariño …

No me llames "cariño". Esa palabra no significa nada para ti.

¡Claro que sí! – Malik se acercó a ella y trató de apelar a su bondad. – Escucha, he metido la pata … ¡Pero eso no va a echar por tierra toda nuestra relación!

¿Eso crees, Malik? ¿Eso crees? – Farah le miró con expresión seria.- Toda nuestra vida juntos se basa en mentiras.

¡No!

¡Sí!

¡No!

¡Por favor, Malik! Te haces llamar un hombre leal y justo y sólo eres un farsante. Seguro que antes de que tu difunta esposa muriese ya pensabas en acostarte conmigo … ¡Admítelo!

Admito que me sentí atraído por ti. ¡Pero llegar a ese punto es algo que ni se me pasó por la cabeza! ¡Mi mujer estaba primero!

¡Por supuesto! Pero días antes de nuestra boda te acuestas con una sirvienta.

¡Estaba borracho!

¡Esa no es excusa! Admítelo, Malik … ¡En el fondo sólo te casaste conmigo para darte un heredero porque te haces viejo! ¡Tú no me quieres!

¡Claro que te quiero!

¡Mentira!

Farah, te juro que lo siento … ¡Pero sólo fue una vez!

¿Una vez? Dime, Malik, ¿cuántas veces le fuiste infiel a tu anterior esposa? ¿Eh? ¡Confiesa!

Ninguna vez.

Dime la verdad …

¡Te estoy diciendo la verdad!

¡Mientes!

¡Te he dicho que no lo hice! – Malik sujetó a Farah por los hombros y comenzó a sacudirla mientras repetía la misma frase una y otra vez. - ¡No lo hice! ¡No lo hice! ¡¿Te enteras? – Fuera de control, la soltó, haciéndola caer al suelo, golpeándose la parte posterior de la cabeza con la mesilla que había junto a la cama. Farah se llevó la mano a la cabeza, claramente dolorida. - ¿Estás bien?

¿Cómo has podido …?

Lo siento …

Márchate. – Ordenó ella, indignada.

Farah, ha sido un accidente. Yo …

He dicho que te marches.

Cyrus, que había salido al balcón a tomar el aire, escuchó aquella discusión. Por un lado, se sentía culpable, pues Farah había descubierto los trapos sucios de Malik por su culpa. Pero, por otro, no podía evitar pensar que se lo merecía, por rufián y mentiroso. Intuía que aquello no terminaría bien, así que se dirigió al pasillo, junto a tiempo para ver cómo Farah expulsaba a Malik de sus propios aposentos.

¡Largo de aquí! – Le gritó ella, lanzándole un almohadón.

Farah … Si me dejaras explicarte …

¡No quiero oír ninguna de tus ridículas excusas!

Pero …

¡Silencio! Tú nunca me has querido, ¡sólo me has utilizado para conseguir un heredero que continúe con tu linaje! ¡Lo que yo sienta no te importa nada!

Farah, por favor, sabes que eso es …

Farah no esperó a que Malik dijera nada más y cerró la puerta, dejándole prácticamente a oscuras. Suspiró derrotado. Aquella metedura de pata sería difícil de arreglar. Vio luz no muy lejos de allí. Al mirar en dicha dirección, vio la sombra de su hermano Cyrus, acercándose a él. Malik apartó la mirada, sabía lo que iba a decir.

No digas nada, ya lo sé … - Dijo él, suspirando. – Me lo merezco por estúpido.

Estúpido no. Más bien, por mentiroso. – Aquello hundió más a Malik. - ¿Quieres dormir en mis aposentos?

No … Aún quedan algunos de invitados libres. Pasaré la noche allí.

¿Estarás bien?

Sí.

Malik se marchó, completamente abatido. Cyrus permaneció allí, pensativo, hasta que escuchó el llanto de Farah. Estaba destrozada, completamente desolada. Tenía que hablar con ella. Al fin y al cabo, había descubierto los trapos sucios de Malik por su culpa. Finalmente, llamó a la puerta.

¡Vete al infierno, Malik! – Gritó ella desde el interior, inconsciente de que quien estaba tras la puerta era Cyrus.

No soy Malik. – Corrigió él. Acto seguido, abrió la puerta y la vio allí, tirada en la cama mientras lloraba desconsoladamente. - ¿Te encuentras bien?

Creo que es evidente que no.

Siento que te hayas tenido que enterar de este modo … - Se disculpó él. – Lo lamento de corazón.

No tienes por qué disculparte. Gracias a ti he descubierto que Malik es un farsante … - Dijo ella entre sollozos. - Sabía que ocultaba algo …

Farah … - Cyrus se sentó a su lado y le dio un pañuelo para secarse las lágrimas. – Malik te quiere. No mentía cuando te lo dijo. Pero tiene un defecto que jamás podrá rectificar.

¿Cuál?

Ser hermano mío. Ya sabes que todos los que pertenecemos al linaje de Shahraman somos un tanto estúpidos y tendemos a meter la pata en lo que a relaciones sentimentales se refiere. Somos diestros luchadores, pero pésimos amantes. Él hace lo que puede, igual que yo.

Eso no cambia nada, Cyrus. A saber qué hizo con esa bailarina a mis espaldas.

Bueno, había bebido …

Eso sólo lo empeora. Ya es mayorcito para conocer sus propios límites. Es un irresponsable, falto de escrúpulos, mentiroso y … y …

También el hombre que te defendió ante el Consejo de mi padre cuando pusieron pegas para celebrar vuestra boda.

¿Cómo sabes tú eso?

Él me lo contó. Se arriesgó mucho al agredir a un Consejero por defenderte a ti. Podría haberse buscado serios problemas. – Farah sabía que Cyrus estaba en lo cierto, pero, aún así, su orgullo le obligaba a seguir ignorando sus explicaciones. – Farah, cuando os casasteis Malik estaba sufriendo por sus problemas de corazón. En aquel momento no tenía la fortaleza que posee ahora. Estaba a merced de cualquier tentación que le brindase alivio respecto a su constante temor. De haber surgido, se habría quitado la vida si así hallaba paz.

Cyrus … No puedes pedirme que haga como que no he oído nada.

No te estoy pidiendo que hagas oídos sordos. Sólo te pido que hables con él mañana. Deja que te de sus explicaciones. Ignorarle sólo os hará más daño a los dos.

¿Qué te ha pasado? – Le preguntó Farah, sorprendida. – Hablas con sabiduría en tus palabras. Has cambiado.

Supongo que uno termina aprendiendo después de tantos errores. – Respondió él, sonriendo. – Hazme caso. Malik no es mal tipo. Sólo se siente como cualquier hombre teniendo una esposa como tú.

¿Cómo?

Indigno. – Ante aquella respuesta, Farah inclinó la cabeza, confusa. – Por más que se esfuerce, jamás conseguirá estar a la altura de lo que tú mereces.

¿Te sientes tú así con Kaileena?

Desde el día que la conocí. – Cyrus suspiró feliz, imaginando el día siguiente. – Pero, en fin … He logrado hacerme un hueco en su corazón y espero que lo que me queda de vida sea suficiente tiempo para poder agradecérselo. Estoy seguro de que Malik se siente igual contigo. – Farah suspiró, sin saber qué hacer. – Confía en mí. Habla con él.

Lo haré …

Buenas noches. – Se despidió él, dirigiéndose hacia la puerta. – Que descanses.

Buenas noches.

La noche fue larga para unos, corta para otros. Pero, al fin, llegó el momento tan esperado. Eran las últimas horas de oscuridad cuando Farah, Sindra y varias de las sirvientas fueron a despertar a Kaileena. Había que apresurarse. Poco antes del alba, Malik llegó para llevarla al Templo.

¿Está ya lista? – Preguntó a Asha al entrar.

Enseguida sale.

Momentos después, Kaileena salió a la sala principal de sus aposentos. Estaba espléndida. Llevaba un vestido blanco con detalles dorados adornado por una tela blanca que iba desde la parte posterior de los hombros hasta el codo, quedando colgando en el aire. Le habían dejado la melena suelta y sujetado un velo semitransparente a ella por encima de las orejas con unas flores. Todo ello acompañado del especial toque que brindaba el amuleto colgado de su cuello. A pesar de la sencillez de la vestimenta, Kaileena parecía una Diosa.

Mina le entregó un precioso ramo de flores para que lo llevase durante la ceremonia y Malik se acercó a ella. Ambos hicieron una reverencia al otro en señal de respeto y admiración.

Estás radiante.

¡Gracias! – Kaileena se sonrojó.

¿Lista para dar el gran paso?

Creo que sí. – Respondió ella, nerviosa.

Pues vamos. – Le dijo él, ofreciendo caballerosamente su brazo para llevarla.

Kaileena tomó el brazo de Malik y se dispuso a salir con él en dirección al Templo. Sin embargo, antes de girarse, Malik vio aparecer a Farah, que se había mantenido al margen en su presencia. Al verle, ella apartó la mirada. Malik esperaba que estuviese más abierta al dialogo, pero estaba claro que seguía enfadada.

Malik condujo a Kaileena por los pasillos hacia el Templo. Estaba inquieta, fruto de los nervios propios de esas ocasiones. Pero la veía rebosante de felicidad. No podía esperar a que Cyrus la viese. Seguro que se quedaba boquiabierto.

¿Nerviosa?

Bastante …

Ya verás como todo saldrá bien. En unas horas, Cyrus y tú seréis marido y mujer.

¿Te ocurre algo? – Le preguntó ella, preocupada. – Tienes mala cara.

Estoy bien. Sólo agotado de organizar los preparativos. – Mintió él. – Tú relájate y disfruta. Hoy es tu día.

Ya en el Templo, llegaron al Altar, donde esperaba Hassan y el resto de sacerdotes. Aún no había salido el Sol y la única luz que les alumbraba era la de los dos candelabros que se habían situado a cada lado del Altar, como símbolo de futuro para la pareja. Malik llevó a Kaileena a una sala donde debía esperar y se arrodilló allí, sobre unos cojines, mientras los Sacerdotes le daban instrucciones.

Todo estaba listo para la ceremonia. Un precioso tapete bordado a mano descansaba en el suelo, y sobre él, había un espejo llamado "espejo del destino" y multitud de elementos ceremoniales, como flores, especias, alimentos e incienso. Todo ello era símbolo de prosperidad, fertilidad y fortuna para la pareja.

Recordad, Kaileena. – Le decía Hassan mientras otro sacerdote le colocaba un collar de flores alrededor del cuello. – Cuando os pregunte, no debéis responder hasta la tercera vez, ¿entendido? Ni a la primera, ni a la segunda.

Hassan, tranquilo. – Dijo ella. – He estudiado esta ceremonia decenas de veces. Sabré cuándo intervenir.

Mantén la calma, ¿de acuerdo? – Le dijo Malik, animándola. - ¡Todo va a ir como la seda!

Yo estoy tranquila. Sois vosotros los que estáis histéricos.

¡Te veré en un rato!

Kaileena esperó allí, en la penumbra de las últimas horas de la noche, alumbrada por otros dos candelabros mientras se miraba en un espejo del destino. Atrás quedaba el pesar y el dolor. Había llegado el momento de entregarse en matrimonio al hombre al que amaba con todo su corazón. Ya no sería libre de irse si aquello no funcionaba. Estaba obligada a permanecer a su lado toda la vida. Pero lo que más le aterraba no era eso, no … Lo que más temía, por encima de todo, más incluso que la muerte, era engendrar un hijo con Cyrus. No se veía preparada para ser madre y sabía que él le pediría un descendiente muy pronto.

Llegó el alba y el Sol comenzó a asomar por el horizonte. Los primeros rayos se reflejaron en el espejo. Escuchó tras la puerta el bullicio de la gente que entraba al Templo. Toda la Corte que antes la rechazaba estaba ahí ahora para ser testigos de su matrimonio con el Príncipe maldito de la Familia.

Cyrus ya estaba en el Altar, portando sus ropajes ceremoniales, unas vestimentas hechas precisamente para la ocasión. Llevaba una camisa blanca con detalles dorados en las mangas, seguidas de guantes de cuero marrón. Sobre la camisa, unas hombreras con el borde de oro que sujetaban una capa dorada. Un cinturón de tela negra rodeaba su cintura, seguida de unos pantalones gris oscuro con sus botas.

Las trompetas anunciaron la entrada de la novia. Un grupo de sirvientas jóvenes cubrieron el pasillo con pétalos de flores y, tras ellas, llegó Kaileena, acompañada por el Rey Malik. Los invitados se quedaron perplejos al verla. Cyrus, que miraba a través del espejo del destino, como mandaba la tradición, no pudo evitar girarse en cuanto vio su belleza reflejada. Con los ojos abiertos como platos, la observó acercarse hasta que Malik la dejó junto a él. Entonces, y tragando saliva, nervioso, le quitó el velo que cubría su cara, dejando al descubierto aquellos ojos verdes.

Si esto es un sueño, no quiero despertar … - Fueron las únicas palabras que pudo articular. – Estás … ¡Increíble!

Gracias … Pero esto no es ningún sueño. ¡Es muy real!

Hassan les ordenó sentarse y ambos se arrodillaron sobre los cojines que habían colocado para ellos. Entonces, cuatro mujeres ya casadas, entre las que estaba Farah, aparecieron sosteniendo una sábana blanca extendida sobre sus cabezas. Se procedió entonces a la lectura de los textos sagrados. Tras esto, Hassan hizo la tan esperada pregunta.

Bien, Emperatriz, llegó el momento … ¿Deseáis ser desposada por el Príncipe Cyrus? – Kaileena, siguiendo la tradición, guardó silencio. - ¿Deseáis casaros con él? – Segunda vez, de nuevo, silencio. - ¿Aceptáis al Príncipe Cyrus como vuestro legítimo marido?

Kaileena no respondió. Se quedó en silencio, presa del nerviosismo. Su expresión reflejaba tensión. Seguía pensando en sus temores. Aquello era nuevo para ella, no sabía qué le depararía el futuro. No tenía ni idea de cómo afrontar la vida que le deparaba con él. Cyrus, preocupado y aterrado por su silencio, la miró temeroso.

¿Emperatriz? – Repitió Hassan, viendo que Kaileena estaba muy tensa.

¿Kaileena? – La llamó Cyrus, rozándole la mano con la suya.

¿Eh? – Kaileena volvió en sí, aún nerviosa.

¿Estás bien? – Le preguntó Cyrus, preocupado.

Tranquilizaos, Kaileena. Respirad. –Hassan veía a Kaileena tensa, como muchas novias que habían pasado por el Altar. No era la primera que se quedaba muda, ni sería la última. – Contestad a la pregunta, pues.

Yo …

¡Que no conteste sin que yo de mi consentimiento! – Se escuchó una voz gritar desde la lejanía.

Todos, desconcertados, miraron hacia la entrada, donde apareció la silueta de un hombre mayor, vestido con túnica y portando un báculo. Kaileena fue la primera en reconocerle.

¡Ormazd! – Exclamó ella, gratamente sorprendida.

Automáticamente, todos los invitados comenzaron a murmurar, atónitos ante la aparición que acababan de presenciar. Farah y las demás mujeres bajaron la sábana, sin saber cómo reaccionar. Kaileena corrió a abrazar a su viejo maestro y protector. Cyrus, sin embargo, se quedó de pie en su sitio, contemplando la escena con preocupación.

¿Ormazd? – Pensó él. – Esto no me gusta …

¡No puedo creer que estés aquí! – Le dijo mientras le abrazaba, tremendamente feliz.

No podía dejar que te casases sin mi consentimiento. Al fin y al cabo, yo te creé. Soy lo más cercano a un padre para ti.

Ormazd miró a Cyrus, quien al escucharle pronunciar la palabra "consentimiento", sintió que el mundo llegaba a su fin. Temía que hubiese aparecido con la intención de evitar aquella unión. Sin embargo, Ormazd le miró sonriente. Kaileena le cogió de la mano y lo llevó hasta el Altar mientras los invitados junto a los que pasaban se arrodillaban ante ellos.

Hassan se había quedado de piedra. No podía creer que Ormazd, el Dios de la Luz, estuviera allí presente, delante de él, y que fuera a intervenir en una ceremonia. Cuando llegó hasta Cyrus, éste retrocedió unos pasos, desconfiado. Sabía que Ormazd le guardaba rencor por lo que le hizo a Kaileena en el pasado, y su venganza podía desencadenarse en el día más feliz de su vida.

Cyrus … - Ormazd quiso estrecharle la mano, pero él retrocedió aún más. – Tranquilo, no he venido a apartar a Kaileena de tu lado. Si es eso lo que crees … Y sé que es así.

¿Y por qué habéis venido entonces? – Le preguntó él, osado.

¡Cyrus! No cuestionéis a un Dios. – Le riñó Hassan.

No. – Intervino Ormazd. – Dejadle.

¿A qué habéis venido?

Bueno, según vuestras tradiciones, es necesaria la aprobación de la Familia de Kaileena para que ella pueda acceder a desposarse contigo.

Pero ella no tiene Familia. Sois Dioses …

Yo fui principal promotor de la creación de las Arenas. Entonces, nació Kaileena, una Diosa con un poder inimaginable, pero inexperta. – Explicó él, rodeando a Kaileena con el brazo.- Me hice cargo de su adiestramiento y le enseñé todo lo que debía saber. La he protegido durante siglos. Para mí es como una hija.

¿Y qué?

Cyrus, tranquilízate. – Kaileena se acercó a él. – Ormazd ha venido para dar su aprobación.

¿Aprobación? – Cyrus miró a Ormazd, confuso. – Creía que me odiabais …

¿Porque traicionaste su confianza, la torturaste, humillaste y fuiste el responsable de su muerte?

Ormazd, por favor, no se lo recuerdes … Nos ha llevado mucho tiempo dejar eso atrás …

Estoy al tanto de los acontecimientos de vuestras vidas. No os he quitado el ojo de encima.

¿Qué te dije? – Murmuró Cyrus. – Adiós intimidad …

He intentado intervenir lo menos posible. Pero no podía estar tranquilo viendo como los planes de la Línea del Tiempo se echaban a perder … Otra vez.

Y ahora será mi culpa. – Volvió a murmurar Cyrus.

Bueno, si hubieras hecho caso a lo que todos te decían, quizás hubiéramos tenido esta charla hace mucho. – Respondió Ormazd, dejándole claro a Cyrus que le estaba escuchando. – Intenté mantenerme al margen, pero hubo varias ocasiones en las que me vi obligado a intervenir.

¿Intervenir? ¿Cuándo habéis intervenido? – Le preguntó Cyrus, sarcástico.

Entonces, tras Ormazd, apareció el Simurgh acompañado por el espíritu de Zal. Aquello dejó a Cyrus con la boca abierta. Pero Malik, que había sido salvado por el Simurgh, no reaccionó de diferente modo.

¿Quién crees que mandó al Simurgh? Yo le ordené que hiciera todo … Salvo cuando Karsham lo apartó de mi poder con aquel conjuro.

No puede ser … - Cyrus se había quedado de piedra.

Cyrus, sé que piensas que quiero vengarme de ti por lo que le hiciste a Kaileena. Pero el código del Mundo de los Dioses va contra ello … Y además, si lo hago, Kaileena sufriría. – Poniéndose serio, dijo. – Así que sólo te haré una pregunta. ¿La harás feliz?

¡Claro que sí! Es lo único que deseo.

En ese caso, tenéis mi aprobación para estar juntos. – Ormazd miró a las mujeres de la sábana. – Vamos, cumplid con vuestra tarea. –Las cuatro mujeres volvieron a colocarse en posición, aún sorprendidas. Cyrus y Kaileena volvieron a sentarse, observando a Ormazd alejarse. – Os veré más tarde.

Tras su desaparición, el Templo se quedó en silencio. Kaileena estaba maravillada. Había vuelto a ver a Ormazd de nuevo en el día más importante de su vida y les había dado su bendición. No podía ser más feliz.

Bien … - Dijo Hassan, tratando de recuperar el ritmo. – Continuemos con la ceremonia. ¿Los anillos?

Tras la llamada de Hassan, aparecieron Hadi y Giv, cuidadosamente vestidos a juego, portando cada uno un anillo sobre un cojín. Se acercaron a quien debía colocar cada anillo y se los entregaron.

Me gustaría pronunciar unas palabras, si es posible. – Pidió Cyrus, sosteniendo el anillo entre sus dedos. Hassan inclinó la cabeza, mostrando su aprobación. Entonces miró a Kaileena y, sonriendo, dijo. – Sé que como humano que soy, no estoy a la altura de una mujer tan maravillosa como lo eres tú. Cada vez que te veo, me siento indigno al mirarte a los ojos. Has sabido quererme a pesar de haberte hecho daño. Así que, aquí y ahora, te prometo que, durante el resto de mi vida, mi único propósito será hacerte feliz. Quizás con eso, cuando llegue mi hora, haya logrado estar a la altura de la increíble y maravillosa Diosa que sigues siendo para mí.

Cyrus … - Kaileena se había quedado sin palabras. Aquello era conmovedor.

Te quiero, Kaileena. – Entonces, se dispuso a colocarle el anillo. – Así pues, te tomo por esposa y juro solemnemente serte fiel y estar a tu lado siempre, pase lo que pase.

¿Queréis decir algo vos, Kaileena?

Yo … Eh …

Os habéis quedado sin palabras.

No es necesario que digas nada, Kaileena. Sólo dime que me quieres y será suficiente.

¡Claro que te quiero!

Tras abrazarle con todas sus ganas, Kaileena le colocó el anillo, dando paso al último ritual de la ceremonia. Hassan les entregó una copa llena de miel. Los dos, juntos, introdujeron su dedo meñique para impregnarlo de aquel líquido y, a continuación, cada uno chupó el dedo del otro, no pudiendo evitar reírse ante la situación. Aquello era señal de compromiso, un compromiso que perduraría hasta el fin de sus vidas.

Miraos en el espejo del destino. – Dijo Hassan. – Ya no sois los mismos que se miraron antes de esta ceremonia. Comenzáis juntos una vida nueva, la cual esperamos que sea dichosa y larga. ¡Que los Dioses os bendigan con salud, fertilidad y prosperidad! ¡Podéis besaros!

¡Cuantísimo llevaba esperando a oír eso! – Exclamó Cyrus. Se giró hacia Kaileena y dijo. – Ven aquí …

Sin esperar un segundo más, Cyrus besó a Kaileena con pasión y dulzura. No tuvo prisa por acabar, ya no había ninguna ley que le prohibiera hacerlo. Acabaron abrazados, mirándose el uno al otro, mientras los invitados aplaudían entusiasmados.

Bienvenida a la Familia. – Le dijo él, sonriendo.

Kaileena no respondió nada, únicamente le abrazó con una gran sonrisa. Al fin, su sueño se había cumplido. Ahora estarían siempre juntos.

Te esmero. – Dijo ella.

Yo también te esmero. – Sin separarse de ella, Cyrus se dirigió a los invitados y dijo. - ¡Que comiencen los festejos!

Cogidos de la mano, corrieron hacia el exterior del Templo, donde los invitados les recibieron con una lluvia de flores. Todos se acercaron a saludarles y a transmitirles sus mejores deseos. Farah observaba la escena desde el Altar, aún con la sábana en la mano. Suspiró melancólica. Se les veía tan felices … Casi tanto como ella el día de su matrimonio con Malik. Entonces, sintió una sombra a su lado. Era él, que también contemplaba a la feliz pareja saludar a amigos y familiares.

Se les ve muy felices … - Dijo él, tratando de entablar una conversación.

Sí … Ojalá les dure.

Oye, lo de anoche …

Déjalo, Malik. – Farah no quería hablar del tema y continuó ayudando a recoger las cosas de la ceremonia. – Olvídalo.

Lo siento, de verdad …

¿El qué? ¿El haberme mentido o el haberme tirado contra una mesa?

Las dos cosas … - Malik se interpuso en su camino. – Farah, yo te quiero.

Malik, en una relación hace falta confianza. Yo he intentado confiar en ti, bien lo saben los Dioses. Pero tú me has mentido una y otra vez, primero con aquellas hierbas … Y ahora con esto.

Farah, de verdad que lo siento. ¡Dame otra oportunidad! Te demostraré lo que significas para mí.

¿Acaso no tengo pruebas suficientes? Me has mentido reiteradas veces, nunca me cuentas tus problemas, y desde que te coronaron Rey, apenas me has tocado en la cama.

He estado ocupado con la preparación de la boda y …

¿Y qué? ¡Soy tu mujer! ¿Acaso no tienes tiempo para darme una muestra de afecto, una señal, durante un par de minutos?

Creo que un par de minutos nos viene un pelín corto, ¿no crees? – Bromeó él.

Tal y como están las cosas, con la mitad te sobra …

¿Qué insinúas? – Le preguntó, ya molesto.

Olvídalo, ¿quieres? Este es un día muy importante para Kaileena y no quiero estropeárselo por discutir contigo.

Algo debe haber que yo pueda hacer para que me perdones …

No lo sé, Malik. Ahora mismo estoy dolida.

Ni siquiera sé qué fue lo que hice con ella, Farah …

Amaneciste con ella mientras tu prometida esperaba ilusionada que fueras a visitarla a hurtadillas, como solías hacer todas las noches.

Farah, por favor, perdóname …

Ya veré Malik … Ahora necesito pensar.

Era inútil. Farah continuaba negándose a hablar con él. Pero no podía culparla. Le había hecho daño y necesitaba tiempo para calmarse. Pero a cada minuto que pasaba, Malik se desesperaba aún más.

La celebración fue un éxito. Los cocineros habían preparado un gran banquete, mayor incluso que el de la boda de Malik y Farah. Numerosos músicos tocaban para los invitados, haciendo más entretenida la celebración. La feliz pareja recibió numerosos regalos por parte de todos los asistentes, pero el más especial estaba por llegar. Tras el gran festín, charlaron con algunos conocidos. Sin embargo, Kaileena no parecía estar del todo feliz.

¿Te ocurre algo? – Le preguntó Cyrus, preocupado.

No es nada.

¿Seguro? Pareces preocupada.

Es por Malik y Farah … - Le dijo, mirándoles. - ¿No notas algo raro en ellos?

¿A qué te refieres? – Cyrus se hizo el loco. – Están juntos.

Pero no están como siempre. Hay algo raro … Como si estuviesen juntos para mantener las formas únicamente. Están demasiado distantes el uno con el otro.

Está bien … No quería contártelo para no preocuparte. Pero viendo que te has dado cuenta, será mejor explicártelo. – Cyrus respiró profundamente. – Malik le ha sido infiel a Farah.

¡¿Qué? ¡¿Cuándo ha pasado?

Fue en la despedida de soltero que le organizó mi padre antes de su boda.

¿Despedida de soltero? ¿Qué es eso?

Es una reunión de hombres que se celebra antes de la boda en honor al novio, y en la que traen a una joven que divierte a los asistentes …

¿Por "divierte" quieres decir que se acuesta con ellos?

Depende de cada uno … La cuestión es que Malik bebió más de la cuenta y se despertó a la mañana siguiente con la chica a su lado. No sabe qué fue lo que hizo, pero seguro que no fue nada bueno.

Por todos los Dioses … Si pudiéramos hacer algo para ayudarles.

Espera … - Cyrus se fijó en un grupo de bailarinas de la fiesta. – Puede que sí podamos. Ven conmigo.

Confusa, Kaileena siguió a Cyrus hasta el grupo de bailarinas. Siempre estaban en fiestas así y quizás alguna tendría las respuestas a sus preguntas.

Disculpad señoritas … ¿Alguna de vosotras fue la invitada a la despedida de soltero del Rey Malik?

Yo. – Respondió una, tímidamente.- ¿Ocurre algo, Alteza?

¿Recordáis si el Rey hizo algo con vos? ¿Algo que pudiera poner en peligro su relación con la Reina?

¿A qué os referís?

¿Se acostó con vos?

¡¿Qué? ¡No! Únicamente me pidió que le cantase toda la noche.

Entonces, ¿no hizo nada más? ¿Sólo os pidió que cantarais?

Nada más.

Pues vaya … - Cyrus se sorprendió.

Tu hermano es un poco rarito … - Murmuró Kaileena.

Venid. – Le dijo a la muchacha. - Acompañadme.

Cyrus llevó a la chica ante Malik y Farah. Kaileena fue con ellos, sin separarse de su marido. Cuando Malik vio acercarse a aquella chica, se le hizo un nudo en la garganta. Sabía quién era y no comprendía qué planeaba Cyrus trayéndola ante él. Farah miraba indiferente.

Chicos, tengo la solución a vuestro problema. – Anunció Cyrus, entusiasmado.

¿Nuestro? Querrás decir "su" problema. – Farah se cruzó de brazos.

Esta es la bailarina que estuvo en tu fiesta, Malik.

¡Oh, vaya! Eso lo cambia todo. – Dijo Farah con sarcasmo. - ¡Ahora ya sabemos quién es la putita de mi marido!

¡Farah, modera tu lenguaje! – Exclamó Malik, alarmado.

¡No me da la gana!

Farah, Malik no te fue infiel aquella noche. Sólo le pediste que cantara para ti.

¿En serio? – Preguntaron Malik y Farah al unísono.

Explicádselo.

Veamos. Cuando la fiesta terminó, estabais tan borracho que no os tendíais en pie. Os tumbé en la cama para que durmierais, pero me pedisteis que os cantara una canción de cuna. – Explicó la muchacha. – Al parecer, canté una que os solía cantar vuestra madre, y me suplicasteis que la repitiese hasta que os durmierais.

Eso lo aclara todo. – Afirmó Kaileena, sonriendo. – Aunque siento decir que eres un pelín rarito.

No, todo no. – Farah apartó a Malik de un empujón y se encaró con la bailarina. – Eso no explica qué hacíais en su cama cuando despertó a la mañana siguiente.

Eso puedo explicarlo yo … - Confesó Malik. – Ahora me vienen recuerdos de aquella noche. Su voz era tan parecida a la de mi madre que antes de caer dormido me aferré a esta chica pensando que era ella.

Intenté soltarme, pero me teníais sujetada muy fuerte y fui incapaz de moverme.

Eso sí es verdad … Cuando duermes te aferras a mí con todas tus fuerzas. – Admitió Farah, avergonzada.

Entonces … ¿Sigues enfadada conmigo?

Vamos, Farah … ¡Perdónale! – Insistió Cyrus. - ¡No hizo nada malo! Sólo estaba nostálgico.

¿Me perdonarás? – Repitió Malik, extendiendo los brazos para que Farah le abrazase.

Oh … Sí. – Farah se dejó caer sobre él, tratando de no llorar. – Siento haberme portado así …

No te preocupes. No pasa nada. He sido yo quién actuó mal.

Tengo una duda … - Dijo Kaileena, pensativa. Miró a Cyrus, sospechando .- ¿Tú también has tenido una despedida de soltero?

Se la organizamos pero se negó a participar. – Respondió Malik por él. – Nos echó a todos.

¿Por qué voy a acostarme con una humana cuando tengo a una Diosa para mí solito? – Bromeó Cyrus, abrazando a Kaileena. – Tú estás por encima de todas las demás.

Está bien … Te creo.

Con aquel pequeño malentendido resuelto, la fiesta continuó sin ningún contratiempo. Cyrus y Kaileena bailaron durante horas, charlaron con los invitados y brindaron numerosas veces hasta que llegó el atardecer. Entonces, desearon alejarse del bullicio de la fiesta y charlar a solas. Fueron a los Jardines para ver la puesta de Sol. Pero allí, entre los arbustos, escucharon una voz que les llamaba. Era Ormazd. Tras seguirla hasta un lugar apartado, descubrieron el que fue el regalo más especial para Kaileena.

Todos los Dioses estaban allí, ocultos bajo sus formas humanas. Kaileena no podía creerlo cuando les vio. Se llevó las manos a la cara, dando un grito de la emoción que sentía al tiempo que corría hacia ellos para abrazarlos. Ellos eran su Familia, los que habían velado por ella. Y aunque se enemistó con la mayoría por su traición al Código del Mundo de los Dioses, seguía apreciándoles. Cyrus permaneció a un lado. Aquello no era para él.

¡No puedo creer que estéis todos aquí!

No nos íbamos a perder tu gran boda. – Le dijo Ahriman, abrazándola.

De verdad, os lo agradezco de todo corazón … ¡Os echaba tanto de menos!

Y nosotros a ti, Kaileena. – Le dijo Fravashis.

¿Dónde está tu flamante esposo? – Preguntó Ormazd, al no ver a Cyrus allí. Lo encontró observándoles a lo lejos. - ¡Acércate, Cyrus! Tienes que conocer a la Familia.

Cyrus se acercó desconfiado. Estar rodeado de tantos Dioses no le parecía seguro. Sentía cierto miedo. En cuanto llegó, todos le rodearon haciendo preguntas sobre él.

¡Así que este es el famoso elegido! – Exclamó uno de los Dioses, riendo.

Yo lo veo muy normalillo. No es muy musculoso ni tiene aspecto de duro.

No le conoces bien. – Respondió ella, sonriendo.

Bueno, debe tener algo muy especial para que te volvieses loca por él. – Dijo otro que miró a Kaileena con sonrisa pícara. –¿Verdad Kaileena?

¡Vamos, vais a asustarle! – Les dijo, apartándoles de él.

La mortalidad no te sienta mal. – Admitió el Dios Aesma, rodeando a Kaileena con el brazo. – Aunque creo que es una lástima. Tu vida tendrá un límite. ¿Estás segura de que no quieres regresar? Estás a tiempo.

Estoy casada, Aesma. Soy feliz aquí. – Respondió ella. Y, abrazándose a Cyrus, añadió. – Tengo todo lo que necesito.

Sólo te estaba poniendo a prueba. – Se rió él.

Déjame a Cyrus un momento. Tengo que hablar con él. – Apartándolo del grupo, Ormazd le habló a Cyrus con serenidad. – Es muy feliz contigo … Jamás la había visto sonreír así.

Supongo que esto tampoco lo teníais planeado.

Quería que Kaileena se sintiese identificada con un mortal torturado para que así su alma conociese el sufrimiento que ella misma ejerció sobre este Mundo. Pero algo cambió …

La seduje … Ya.

No. Fue ella quien provocó el cambio. Siempre desconfió de los humanos. Pero en el momento en que se paró a escucharos, todo su mundo cambió. Le diste una oportunidad de redimirse, Cyrus. Y ella accedió a escucharos. Esperé siglos a que Kaileena cambiase de actitud.

Eso era parte de vuestro plan.

Pero no enamorarla y hacerla sentirse amada. Aquello no hizo más que atarla a este Mundo. Como Diosa jamás habría experimentado esos sentimientos.

¿Qué queréis decir?

Cyrus … - Ormazd colocó sus manos sobre los hombros de Cyrus. – Kaileena debe su existencia al amor que siente por ti. Yo ya no puedo cuidar de ella. Ahora es parte de tu Familia. Necesito que me prometas que cuidarás de ella y que no permitirás que le pase nada malo.

Eso no hay ni que pedirlo … Por supuesto que lo haré.

Es bueno saberlo.

Tengo una pregunta.

Di.

¿Por qué yo? De todos los hombres que podríais haber elegido, me elegisteis a mí. ¿Por qué? No tengo nada de especial …

Eres más especial de lo que crees. Me fijé en ti durante tu niñez. Vi el rechazo de tu padre y el dolor que sentiste. Con los años, te volviste inseguro y emocionalmente inestable. Pero también te convertiste en un luchador, alguien que no se rendía ante nada. Tu personalidad encajaba a la perfección con la antigua Kaileena y cuando vi que comenzó a regresar, vi que no me había equivocado contigo. Creí que podría traerla de vuelta …

¿Pero?

Entonces se enamoró de ti. Quedó fuera de mi alcance. Dijera lo que dijera, su corazón estaría siempre en este mundo.

¿Y por qué os la llevasteis cuando el Cuervo la hirió? Podríais habernos dado algo más de tiempo para llevarla ante un médico.

Necesitaba hablar con ella. Cyrus, tú la quieres como marido. Yo la quiero como padre. Pasará mucho tiempo hasta que vuelva a verla, sólo espero que sepas tratarla bien.

Ya os he dicho que lo hare. Pero … ¿Qué le pasará cuando muera?

Sigue teniendo un lugar entre los nuestros.

Entonces … ¿No estará conmigo?

No lo sé. Eso dependerá del destino.

Ya veo …

Ven … - Le dijo, llevándole de nuevo con los demás. – Tengo una sorpresa para ti.

¿Para mí? No teníais que … que … - Cyrus se quedó de piedra al ver surgir entre los Dioses el espíritu de su padre. - ¿Padre? – Efectivamente, era Shahraman, que sonrió al ver a su hijo. - ¡Padre!

Cyrus corrió hasta su padre, quien le recibió con un fuerte abrazo. A pesar de ser un espíritu, los Dioses habían permitido que descendiera con ellos y pudiera tener contacto con sus seres queridos. Cyrus rompió a llorar de la emoción. No podía creer lo que veía. Kaileena, junto a los demás Dioses, observaban la escena con alegría. Ormazd sabía que aquello aliviaría el dolor de Cyrus por su pérdida.

Oh, Padre … ¡Sois vos!

¡Claro que soy yo! – Shahraman abrazaba a su hijo, tratando de calmarle. – Ya está … Ya …

No puedo creer que estéis aquí.

Los Dioses querían que me despidiese de ti y tus hermanos una última vez.

Os he echado de menos …

Lo sé, hijo mío … Pero te dije que nos volveríamos a ver, ¿no?

Os necesitamos aquí.

No, tenéis todo que os hace falta. Mi presencia aportaría bien poco.

Pero me hubiera gustado que hubieseis asistido a la boda.

¿Y quién dice que no lo he hecho? – Cyrus le miró sorprendido. – He estado allí durante toda la ceremonia, oculto entre la multitud. – Shahraman sostuvo la cara de su hijo entre sus manos y le miró a los ojos. – Me siento orgulloso de ti, hijo. – Entonces, Kaileena se situó junto a Cyrus, abrazándole.- Me alegro de veros juntos al fin.

Aquel reencuentro no podría haber sido más emotivo. Sin embargo, Cyrus no iba a ser el único en presenciar aquel milagro.

¿Padre? – Oyeron una voz no muy lejos de allí. Era Malik, que, acompañado de Farah, había acudido al escuchar los gritos de Cyrus. - ¿Sois vos?

Ven aquí, Malik. – Shahraman, abrazando a Cyrus con un brazo, recibió a Malik con el otro, uniéndose los tres en un profundo abrazo. – Tranquilos …

Os echamos de menos, Padre. – Dijo Malik.

Y yo a vosotros. Pero me siento orgulloso de ver en lo que os habéis convertido tras mi muerte. Veo madurez y sabiduría en Cyrus y a un gran Rey en ti. Sabía que podía contar con vosotros … ¿Dónde está Arsalan?

Los tres se giraron para ver a Arsalan espiar tras unos arbustos. El Príncipe Ladrón se acercó inseguro al ver tantos seres mitológicos a su alrededor. Pero la mirada de su padre fue suficiente para hacerle sonreír. Cyrus y Malik se apartaron para darle paso al hijo perdido del Rey.

Hola Arsalan. – Saludó él. - Me alegro de volver a verte, hijo … Supongo que ahora que sabes la verdad estarás enfadado conmigo …

Bah … Dejaos de palabras. ¡Yo también quiero un abrazo!

Arsalan se lanzó sobre su padre, sorprendiéndolo. Los demás rieron ante la actitud casual del Príncipe Ladrón. Aquella actitud era lo que más valoraba Shahraman en él. Siempre optimista y rara vez rencoroso. Era el contrapeso que necesitaba Cyrus para mejorar su relación con sus hermanos.

Tras aquella muestra de cariño, Malik se giró hacia Ormazd y se arrodilló a sus pies. A los demás les pilló por sorpresa.

¿Qué hacéis, Rey de Persia?

Vos me devolvisteis a la vida. Me salvasteis. Estoy en deuda con vos.

¿No era yo quién te salvó? – Bromeó Kaileena.- Malik, tranquilo.

¡Os debo la vida!

Levantad, Malik. – Le ordenó Ormazd.

No lo entiendo. ¿Por qué me salvasteis?

Porque vuestra hora no había llegado. Perdisteis mucho a cuenta de las Arenas del Tiempo. Aquello no estaba planeado. Quise compensaros por semejante pérdida y apartaros de vuestra esposa cuando acababais de tener a vuestro primer hijo … No era justo.

Gracias.

No tenéis que darlas. Suficiente agradecimiento es que hayáis elegido a Kaileena como vuestra Consejera Personal. No os defraudará. – Ormazd le guiñó un ojo. – Os lo aseguro.

Sé de cierto Consejero que se va a enfurecer cuando se lo diga. – Se rió ella.

En fin, ha llegado la hora de que marchemos. – Dijo Ormazd, abriendo un portal. - Llevamos demasiado tiempo aquí.

Tened cuidado. – Dijo Kaileena.

Descuida, lo tendremos. – Y mirando a Cyrus, añadió. – Recuerda lo que hemos hablado, joven Príncipe.

Sí, no os decepcionaré.

Así lo espero. En fin … Que la Línea del Tiempo os sea favorable.

Tras despedirse, los Dioses y el espíritu de Shahraman desaparecieron tras una luz cegadora. Allí quedaron las dos parejas y Arsalan, contemplando el haz de luz que se concentró en una gran estrella en lo alto del horizonte. Se quedaron así un rato, abrazados los amantes, hasta que Arsalan rompió aquel silencio con su peculiar humor, dirigiéndose a Cyrus y Kaileena.

Bueno, parejita, ¿os vais ya a consumar vuestro matrimonio?