- Titulo: Nadie dijo que sería fácil

- Autor: Babi (Ex Miku_Cullen)

- Disclaimer:Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.

- Algo que deben saber:

1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión

ENJOY!

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Flash Back

Eran muchos los días que Edward había pasado alejado de su familia y eso los estaba destrozando a todos.

A pesar de estar todo el tiempo acompañados por los abuelos Hale, los abuelos Platt, los padre de Edward o incluso el resto de su familia, parecía que estaban solos y que algo les faltaba para ser felices. Y, para ser sinceros, la que lo estaba pasando más mal era la pequeña Lyla.

La pobre se pasaba día y noche preguntando por su papá, llorando al recordar los últimos momentos junto a él, apenas si comía y se tenía que levantar de la mesa porque las náuseas la atacaban y no tenía ánimos para nada. Tanto así que incluso sus primos se había aburrido de buscarla para jugar y ya simplemente la dejaban durmiendo en el descanso del gran ventanal en el salón donde se iba a mirar día a día si su padre aparecía por el camino que daba a la casa.

Rosalie estaba comenzando a preocuparse de sobremanera por el estado de salud, o de enfermedad, en el que había caído su hija y ya no sabía que hacer. Pero tampoco quería contarle a Edward o se preocuparía demasiado y temía que algo le fuera a pasar por su desconcentración.

Te juro que ya no sé qué más hacer, abuela— lloró la rubia abrazada a Eliana. La anciana solo le acariciaba la espalda y el cabello en un intento de reconfortarla

Tranquila, mi vida. No llores. Ya vas a ver como pronto todo se soluciona y Lyla vuelve a ser la misma de antes— repetía una y otra vez y Rosalie, en su mente, hacía lo mismo para comenzar a creérselo— La pequeña solo necesita que su padre regrese y le demuestre que todo va a estar bien.

Eso espero, abuela. Eso espero— sollozó dejando escapar un quejido de dolor. Llorar y la situación le dolían en el alma.

El timbre de la casa sonó anunciando la llegada de alguien. Debe ser Bree con Noah pensó la rubia, separándose de su abuela y limpiándose los rastros de lágrimas que habían quedado en sus mejillas.

Su abuela le sonrió y salió de la cocina para ir a abrir y ver de quien se trataba. Rosalie se levantó de su puesto y la siguió a paso lento mientras se arreglaba el cabello en una coleta alta para despejarse un poco.

La puerta se abrió y por ella entraron Bree con Noah cogido de su mano y Esme tras suyo cargada con una gran cantidad de bolsas de distintas tiendas de centro comercial. Las dos se acercaron a saludarle y le preguntaron como seguían las cosas a la vez que Rose cogía a su pequeño en sus brazos, dándole en el gusto de lo que quería.

La rubia les contó que todo seguía igual y que había tratado de llamar a Edward para saber cuándo regresaría, pero no había logrado que le contestara el teléfono. Bree le sonrió con compasión y la abrazó fuertemente para hacerle saber que estaban junto a ella en esa situación.

¿Qué tanto han comprado? — inquirió Eliana rompiendo el incómodo silencio que se había formado.

Unos juguetes para Noah que él eligió y unos regalos para Lyla. A ver si así le subimos un poco el ánimo— respondió Esme con una sonrisa, levantando las bolsas donde se encontraban los presentes de la niña.

La chica les sonrió y las dirigió hasta la sala, donde debía estar su hija como cada día.

Efectivamente, ahí se encontraba su hija mayor. Estaba recostada frente al ventanal con su mirada hacia la ventana, abrazada a su Teddy y cubierta con una manta de polar color rosa. Aun se encontraba con el sweater verde de su padre puesto sobre su pijama y su cabello estaba suelto y revuelto.

Rose se acercó lentamente hacia ella y la llamó, captando su atención por un momento. La mirada de dolor le caló en el fondo de su alma y sintió que su corazón se rompía en mil pedazos.

Cariño, mira lo que te han traído tu nana y la tía Esme— le sonrió levemente para alentarla.

Hola, mi vida— la saludó su abuela, acuclillándose a su lado para besarle la mejilla— Mira, te traje unos regalitos.

Gracias, nana— la voz de la pequeña era apenas un susurro y apenas si habían podido escucharla las presentes en el salón. Lyla se sentó con suavidad y cogió la bolsa que le tendía su abuela, pero todo le dio vueltas y unas fuertes ganas de vomitar la azotaron

¡Lyla! — exclamó Rose cuando vió que el color de la piel de su hija se tornaba verdoso y su piel se perlaba con sudor. Le tendió su hijo a Esme y se acercó para ayudarle a su hija mientras devolvía.

Los espasmos y temblores recorrían el pequeño cuerpo de la niña que permanecía inclinada hacia adelante devolviendo lo poco que había ingerido ese día. Solo sentía la fría mano de su madre que afirmaba su cabeza y a otra mano que subía y bajaba por su espalda. Pronto las lágrimas se hicieron presentes y comenzaron a correr por sus mejillas.

Cuando acabó los brazos de su madre la levantaron del suelo y fue consciente de que la llevaban a otro lugar de la casa, pero no sabía exactamente a donde. Se recostó sobre el hombre de su madre y cerró sus ojos hasta que sintió que la dejaban sentada en algo mullido. Era la cama del cuarto donde se estaban quedando.

Su madre comenzó a quitarle la ropa que se había ensuciado cuando devolvió y le acarició los cabellos.

Aquí tienes— su nana había llegado con un termómetro en sus manos y se lo tendió a su madre. Luego volvió a desaparecer en dirección al baño para preparar la ducha que le había pedido su madre.

Su madre lo ubicó bajo su brazo y la acurrucó contra su cuerpo mientras esperaban a que sonara. Solo cuando lo hizo su madre lo quitó desde donde estaba y lo observó con detenimiento. Luego la cogió y juntas se dirigieron al baño.

Fin Flash Back

Después de ver la temperatura que tenía su hija y asustarse por lo rápido que estaba subiendo, había decido que el baño sería lo mejor para ayudarle a bajársela. Pero cuando vió que parecía no querer ceder fue cuando se asustó.

Le dio un baño tibio, le había colocado compresas húmedas y le dio los medicamentos que siempre le dejaba el pediatra para cuando ocurrían estos episodios de fiebre, pero nada parecía estar dando resultado.

En conjunto habían decidido llamar a Carlisle para que la revisara y les dijera que era lo que iba mal, pero no había nada que indicara alguna infección o que algo atacaba el cuerpo de la pequeña niña. Todo parecía estar normal excepto por la fiebre elevada y los vómitos.

Llevaba horas en el mismo estado, durmiendo a saltos, sudando como si estuviera en el desierto, despertando solo para devolver y removiéndose en sueños y rogando que su papá volviera y la perdonara.

Su hija no tenía una infección, su hija estaba sufriendo por la separación de su padre y ella no podía permitir que siguiera así.

— Edward, necesito que vengas— soltó sin más con el nudo aun apretando su garganta cuando escuchó la ronca voz de su amado después de unos días sin oírla— Yo sí, pero Lyla no lo está tanto. Edward, te necesita— no podía aguantarlo más y dejó que las lágrimas comenzaran a caer por sus ojos y que el nudo en su garganta se soltara. Edward solo le exigía que le dijera que pasaba con su hija— Está mal. No come, esta decaída, no quiere salir y enfermó, Edward. Nuestra hija vuela en fiebre y nada se la baja— lloró aún más, desesperada y dejando escapar unos quejidos de dolor—. Te necesitamos acá en Seattle, Edward. Tu hija te necesita.

Escuchó como le aseguraba que ese mismo día viajaba para volver a Seattle y como le pedía que no dejara que nada malo le pasara a su manchita. Luego la llamada se cortó y el repique quedó sonando en el teléfono.

Bree, que veía todo desde cerca, se acercó a ella y la abrazó para dejar que se desahogara lo más que pudiera. Solo quedaba esperar que todo mejorara poco a poco y ella estaría para apoyarla a ella y a su hijo, pero más aún a su nieta.

Las horas de vuelo para regresar a casa le habían parecido eternas al joven de cabellos cobrizos que solo deseaba llegar para saber cómo estaba su hija. Estaba desesperado, ansiaba poder verla y asegurarse por sí mismo que estaba todo bien.

Apenas si pudo aguantar a que saliera su maleta por la cinta y, en cuanto la tuvo en su poder, salió corriendo hacia la salida para coger el primer taxi que encontrara disponible. Gracias al cielo había uno estacionado frente a la salida y no dudo en cogerlo para irse.

El que el chofer fuera un anciano que respetaba cada señalética del tránsito también estaba comenzando a exasperarlo y estaba a punto de coger el mismo el volante para conducir por la ciudad para llegar a la casa de sus suegros, pero no podía hacer eso.

Cuando el hombre anunció la llegada, Edward sacó el dinero desde su billetera y se lo tendió sin siquiera esperar el cambio. Se bajó raudo y comenzó a trotar hacia la entrada con su maleta a rastras.

Tocó el timbre desesperado y sentía que los segundos pasaban lentos frente a él.

En cuanto la puerta se abrió se adentró y vió a su tía recibiéndolo.

— ¿Dónde está? — fueron las primeras palabras que salieron de su boca apenas la vió y ella le contestó de inmediato para verlo desaparecer por las escaleras hacia la planta superior.

Entró en la habitación y ahí estaba ella, tendida en la cama con Carlisle y Rosalie a sus costados. El rubio terminaba de acomodar un suero en un perchero al lado de la cama y Rosalie le tarareaba una nana a su pequeña a la vez que acariciaba su cabello.

La imagen de su hija tendida en la cama, pálida como las sábanas con solo un toque escarlata en sus mejillas a causa de la fiebre, conectada a una intravenosa y un suero y con finas gotas de sudor perlando su piel lo destrozaba. Era su culpa que su niña estuviera en esas condiciones.

No lo pensó más y se acercó hasta la cama donde estaba su hija.

— Lyla, mi pequeña manchita. Mi amor, mi vida— la abrazó contra su cuerpo, sintiendo el calor que de esta emanaba. Besaba sus mejillas con amor y no dejaba de aferrarla a su cuerpo.

Rosalie sollozó al ver a su amado en ese lugar y Carlisle se retiró sin hacer ruido para no incomodar a la pareja y a la niña en ese momento.

La pequeña se removía en sueños e intentaba despertar para ver a su papi, pero se sentía cansada. Quería despertar, quería a su papá.

— Mi amor, despierta— lloraba Edward mirando a su pequeña con adoración, pero a la misma vez con preocupación— Papá está acá, mi manchita. Abre tus ojitos para ver esas hermosas lucecitas brillando.

Los ojos de su pequeña comenzaron a abrirse poco a poco hasta que divisaron el rostro de Edward, su papi.

— Papito— la voz de la niña salió dolorosa e incrédula, no creía que de verdad estaba ahí con ella.

— Si, mi pequeña machita, ya estoy en casa— le sonrió dulcemente, besándola en la frente. Rosalie solo sonrió al ver a su hija despierta después de casi un día completo durmiendo— Papá ha vuelto y no te volverá a dejar sola, no volveré a lastimarte. Juro que nunca más sufrirás por mi culpa.

— Perdóname, papi. No seré nunca más mala, nunca más me portaré mal— sollozó la niña, amenazando con llorar nuevamente

— No, mi pequeña. Perdóname tu a mí por cómo me fui, como te dejé solita y angustiada por lo que pasó— le pidió el joven padre, abrazándola contra su cuerpo— Perdóname por abandonarte.

Las lágrimas rodaban sin control por los rostros de los tres integrantes de la familia que permanecían dentro de ese cuarto. Rosalie estaba feliz porque sus dos amores volvieran a estar juntos y se reconciliaran, Edward por estar nuevamente con su pequeña y Lyla por tener a su papi a su lado.

Después de unos minutos tanto Edward como Lyla cayeron dormidos sobre la cama y Rosalie decidió dejarlos para que descansaran. Después de todo, la fiebre de su hija comenzaba a ceder poco a poco y ella necesitaba ir a ver a Noah.

Cuando Edward volvió a abrir los ojos unos (Azules/Verdes) orbes lo miraban atentamente y una mano estaba apoyada sobre su mejilla. La sonrisa de su manchita lo tenía embobado, y es que de verdad la había extrañado.

— Despertaste, mi manchita ¿Cómo te sientes? — le preguntó cogiendo su manito con una de las suyas y besándola con dulzura.

— Mejor ahora que estás conmigo, papito— le sonrió la niña y luego se abalanzó sobre el para abrazarlo— Te extrañé mucho y ya no quiero que estés molesto conmigo. Yo seré una buena niña y ya no pediré cosas.

— No te preocupes por eso, manchita. — le besó la frente, sintiéndola mucho más tibia que hace un rato cuando apenas llegó

Estuvieron largo rato abrazados, con Lyla recostada sobre el pecho de su padre y sin decir absolutamente nada. Solo disfrutaban del momento padre e hija que se había dado.

— Manchita, se acerca tu cumpleaños— comentó Edward para romper el silencio.

El cumpleaños numero seis de la pequeña Lyla estaba próximo a llegar y aun no habían organizado nada para celebrarlo. Con todo lo que había pasado no habían tenido tiempo de conversarlo ni planear nada.

— Lo sé, papi

— ¿Y qué quieres hacer para celebrarlo? ¿A quienes invitarás? — le preguntó besando el tope de su cabeza.

— Obvio que haré una megafiesta, papi. Con globos, dulces, gaseosas, princesas y un pony— respondió con simpleza.

— Espera, espera, espera. Detén tu caballo ahí, princesa.

— ¡Si, un caballo también! ¡Se llamará Máximus y yo seré Rapunzel! — exclamó con alegría, sentándose de pronto sobre el vientre de su padre

— No, Lyla, caballos no— la riñó Edward

— Si, papi. Caballos si y será Máximus y yo Rapunzel— sentenció la niña— Todo listo, papi. Siempre tienes las mejores ideas.

Definitivamente su pequeña no iba a cambiar, o al menos no del todo ni menos de la noche a la mañana, pero al menos se sentía feliz de volver a ver a su pequeña sonriendo y con la misma energía de siempre. Había vuelto a ser su lucerito y no dejaría que volviera a apagarse nuevamente.

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Hola a todo el mundo. Perdón la tardanza, pero el día de ayer fue un día de locos y no paré hasta las 3 de la mañana. Espero me comprendan ¿Qué tal han estado? ¿Cómo estuvo su semana?

Bueno, como pueden ver, este es el capítulo final de nuestra amada historia. Siento mucho tener que llegar al final, pero sabía que en algún minuto tenía que pasar. Espero que me digan que les pareció el capítulo y la relación de Edward con su hija.

Como todas las semanas, le quiero agradecer a mi amiga Jennifer (Jnnfrmrz) por ayudarme en mis locuras y apoyarme. También le quiero agradecer a Sandra (sandryttaa), quien también es mi apoyo cuando lo necesito. Y obvio a mis lectoras anónimas y a las que dejan reviews:

- Aru1313: Hola. No, no podría lastimar nuevamente a Edward y menos ahora que la historia estaba terminando. James es un excelente amigo, justo lo que Edward necesitaba en esos momentos. Y Lyla, bueno, sufrió tanto como su padre por la separación ¡Pobrecita! Nos leemos en el epílogo de la próxima semana ¡Bye!

Yolo: Hola. Bueno, a pedido del público, hay reunión familiar ¿Qué te pareció? Yo, en lo personal, adoro a este Edward. Definitivamente este Eddie familiar lo amo, aunque también quiero a todos mis demás Edward, así que no vale. Cuídate y nos leemos en el epílogo.

Bueno chicas, no tengo nada más que decir que invitarlas a que nos juntemos por última vez la próxima semana en el epílogo de esta hermosa historia. Saludos.

Babi Cullen