Hogar San Magnus, hogar para Cazadores en problemas

Magnus

Pasaba ya de la media noche y Magnus no tenía la menor idea de dónde estaba Alec. Él había dicho que no le esperara esa mañana, que estaría en una de las búsquedas, pero Magnus esperó despierto de cualquier modo. Bastante inseguro por cierto y temeroso de que Alec se le estuviese escapando de las manos.

Su teléfono vibró. Era un mensaje de Jocelyn que decía que ella y Luke habían sido gravemente heridos por Sebastian. Jace había estado ahí también, buscando a Clary. Él parecía estar aliado con Sebastian y no era para nada bueno. Jocelyn necesitaba un lugar seguro para quedarse. Uno, en el que esos dos, no pudieran encontrarles.

Magnus le escribió de regreso diciéndole que era bienvenida a su casa y que él se encargaría de asegurarla para que ninguno de los dos pudiesen entrar.

Alrededor de quince minutos más tarde, llegó Jocelyn, totalmente pálida y acompañada de Clary. Magnus les abrió la puerta y con la voz más grave que pudo entonar les dijo "Bienvenidos al hogar San Magnus, hogar para Cazadores de Sombras descarriados."

Las vio entrar con los hombros caídos, exhaustas de haber estado despiertas toda la noche. Jocelyn le explicó lo que había sucedido. Jace y Sebastian se habían aparecido en la casa. Habían ido por Clary. Jace quería llevársela con ellos. Jocelyn se había tenido que enfrentar cara a cara con su hijo perdido, que aparte, la había acusado de abandonarlo. Para ese momento, Luke había entrado a la habitación con una pistola en la mano ordenándoles que se fueran pero Sebastian, se había dado la vuelta y le había herido gravemente. "Jace y Sebastian están conectados con una unión mucho más poderosa que las terrestres, mucho más poderosa que la unión de parabatai. Si hieres a uno el otro sangra. Si matas a uno, el otro también muere" le dijo por último.

Magnus ya había adivinado un poco de eso basándose en los estudios que llevaba hasta ahora. Había contactado al Hermano Zachariah y a Tessa planteándoles su teoría al respecto, y ellos debido a su propio conocimiento, la habían confirmado. Entonces decidió testear a Zachariah con la nueva información y también a Alec para informarle lo sucedido y para que se pasara por la casa.

Él estaba en la cocina llamando a Jordan, el guapo hombre lobo. Estaba pidiéndole un favor para curar a Luke, cuando escuchó la llave en la puerta del frente y a Alec entrar al departamento. "¿Dónde está Magnus?" le escuchó preguntar a Clary.

Magnus voló de la cocina a la sala, gustoso de escuchar la voz de su novio. — ¡Alec! -dijo y le voló un beso. Alec se ruborizo instantáneamente. ¿Qué ha estado haciendo toda la noche? Se preguntó el brujo.

— ¿Recibiste mi mensaje? –le preguntó preocupado.

—Sip. –replicó Alec sin voltear a verlo. —Estaba a unas cuadras de aquí.

Entonces se giró hacia Clary para preguntarle por Jace. Magnus se acercó más a él y se dio cuenta del dolor que mostró en el rostro al escuchar que Jace estaba conectado a Sebastian ahora. A Jace le había dejado de importar su persona, Isabelle y Alec mismo. Magnus estaba seguro que Alec estaba sufriendo y sabía que no podía hacer nada al respecto.

En eso, recibió una llamada del Hermano Zachariah que le decía que se pasaría por su casa para discutir los eventos recientes. Esté arribó alrededor de media hora después y dijo estar seguro de que no había una arma en la tierra con el poder de separar a Jace y Sebastian. Fue entonces cuando Jocelyn sugirió visitar a las Hermanas de Hierro. Estas son mujeres Cazadores de Sombras que viven aisladas y cuyo poder radicar en la habilidad de fabricar armas, espadas y cuchillos serafines. Magnus decidió llamar entonces a Isabelle para que se reuniera con ellos.

Isabelle era la única que podría ingresar a la Ciudadela Infracta en dónde viven las hermanas. Solamente permiten la entrada a mujeres cazadoras de sombras, pero Magnus tenía otras razones para que Isabelle estuviese ahí. Alec estaba sufriendo y él no sabía qué hacer para ayudarle. Isabelle seguro podría hacer algo. Su sola presencia tranquilizaría a Alec.

El Hermano Zachariah partió y Magnus acompaño a Jocelyn y a Clary a su cuarto. Al regresar se sentó junto a Alec en el sofá. Acaricio su mejilla con el pulgar justo encima de la marca morada que sobresalía contra su pálida blanca piel y Alec pegó un salto hacia atrás.

— ¿Qué pasa? –preguntó Magnus.

—Nada. –contestó sin ganas.

—Sé que estás sufriendo. –dijo Magnus en voz baja. —Me gustaría poder hacer algo para que te sintieras mejor.

Alec le miró como queriendo decir algo pero solo suspiró y siguió en silencio.

— ¿Quieres tomar algo? -preguntó.

—Seguro. –fue todo lo que Alec contestó.

Magnus caminó a la cocina para servir dos vasos de vino. Entonces sintió un golpe. Alguien estaba dejando el departamento a través de un portal. Al instante supo que había sido Clary. Ella era la única con la habilidad de crear un portal que estaba casi seguro, había sido abierto en una de las habitaciones extras de la casa. Considero el ir a detenerla pero sabía que no había manera. Clary era terca como su madre. Si ella quería irse, no había poder que pudiera detenerla. Se podía imaginar a dónde iba. De seguro a ver a Jace. Sin importar lo peligroso que esto podía ser, ella estaba dispuesta a ser cualquier cosa para regresarlo.

De regreso en la sala conjuró la chimenea con un tronido de dedos y unas cuantas chispas azules. Alec se había cambiado de ropa, unos pants y una playera blanca sencilla. Ya estaba sentado de vuelta en el sillón y lucía guapísimo y joven.

Alec mantenía sus piernas dobladas bajo su cuerpo, Magnus se sentó a un lado de él y lo envolvió entre sus brazos. El cazador recostó su cabeza en el hombro del brujo y se quedaron sentados ahí, bebiendo su vino en silencio.

Solo el timbre de la puerta les interrumpió. Era Isabelle. Alec había brincado del sofá en su encuentro, abrazándola muy fuerte. Magnus podía darse cuenta de que ella estaba llorando por el movimiento de sus hombros y la forma en la que Alec la sostenía en sus brazos.

—Iz, todo saldrá bien. Cálmate.

Isabelle lo alejó. Ella estaba impaciente y furiosa. Tenía sus ojos llorosos y su rostro molesto. — ¿Cómo puedes decir eso? ¿Cómo puede haber una posibilidad de que todo salga bien después de esto?

—Izzy, -dijo Alec, acariciando su pelo afectuosamente. — ¡Tranquila! Te necesito.

Entonces le murmuró algo al oído. Magnus no pudo entenderlo pero seguía observándolos de cerca. Estaba contento de que Isabelle estuviera ahí. Alec había cambiado de actitud mágicamente, de estar molesto a ser el hermano protector en un segundo. Y ese era él. Un Alec protector y cuidador de los demás.

Después de explicarle a Isabelle lo que necesitaban que ella hiciera, Magnus la acompaño a la tercera habitación. Le dijo acerca de Alec y como se encontraba y le explico lo preocupado que estaba por él.

—Tú lo comprendes, lo entiendes y él te ama. Es poco lo que puedo hacer yo.

—Claro que me ama, soy su hermana. –replicó Isabelle.

—El amor no está en la sangre. –refutó Magnus mientras se iba. —Sino, pregúntale a Clary.

Los ojos de Isabelle se oscurecieron pero de repente o alcanzó y lo tomó de la muñeca. Magnus se dio la vuelta para verle. Estaba sorprendido.

—Estaremos bien Magnus. –dijo. —Somos Lightwood. Permanecemos juntos y somos fuertes, podemos con lo que el mundo nos lance.

Magnus asintió. —Gracias.

Se retiró de la habitación y se dirigió a la sala en donde Alec estaba recostado en el sofá. Se quedó observando por un rato, pensando en las palabras que acababa de escuchar de la boca de Isabelle. Ellos permanecían juntos y Alec, Jace e Isabelle eran un equipo y en estos momentos, un miembro de su equipo estaba en problemas. Se preguntaba si sería posible que Alec de verdad permaneciera fuerte y si sería capaz de afrontar el mundo sin Jace a su lado. Magnus no podía permanecer insensible al dolor. Alec se apoyaba en Jace y en Isabelle, Magnus solo lo tenía a él.

Alec se dio cuenta de que lo observaban. — ¿Qué pasa?

Magnus sacudió su cabeza. —Nada. Camino hacia él y se dejó caer al lado de Alec. Este recargo su cabeza en el regazo del brujo que aprovechó para cepillar el pelo del cazador con sus dedos. —Deberías de tratar de dormir aunque sea un poco. –le dijo a Alec.

—Tú también. Luces bastante cansado. –contestó.

Magnus asintió mientras seguía cepillando el pelo de Alec una y otra vez. Repitiendo el movimiento que hizo en su cabeza en aquella segunda cita en la que Alec había salido herido y necesitaba descansar. Y era obvio, sentir la mano de Magnus acariciar su cabeza y su frente lo relajaban de tal manera, que era imposible no quedarse dormido.

Magnus no detuvo el movimiento hasta escuchar la estabilidad en la respiración del cazador. Pasó entonces sus suaves manos sobre el rostro de Alec, dejando al paso de los dedos unas finas líneas de chispas mágicas que curarían los moretones. Su vista cayó sobre el brazalete que traía puesto y suspiró profundamente. Era el de las serpientes que Alec compró para él en Rotterdam. Esos fueron tiempos mejores, pensó Magnus, anhelando los momentos y apartando la vista rápidamente. Mirando al fuego, hizo un profundo análisis de su preocupación. Alec siempre había sido muy abierto con él. Siempre estuvo dispuesto a decir cualquier cosa que le estuviese molestando, pero últimamente estaba alejado. No podía imaginar el por qué pero le preocupaba que finalmente Alec decidiera terminar con la relación. Sentía que Alec se le escapaba de las manos igual que el agua de los dedos y por más intentos que hacía, no lograba detenerle.