Capítulo 49
Ejerciendo la tutela
—¡Aquí nadie me va a decir que tengo que tranquilizarme!
—Narcissa, reconsidérelo—pidió Minerva.
—¡No lo haré!—dijo tajante—. ¿Cómo se atrevieron a lanzarla por un precipicio? ¡Es una niña, por amor a Merlín!—chilló, fuera de sí, apoyado sus manos en el lustrado escritorio.
—Así tenía que suceder—habló Dumbledore, sin rastro de arrepentimiento en sus acciones.
—¿Así tenía que suceder…así tenía que suceder?—habló aún más alto—. Lo que tendría que hacer yo en este preciso instante es llamar al mismísimo ministro de magia…dígame Dumbledore, ¿qué dirá él cuando se entere que no solo está escondiendo a una asesina fugitiva, sino que también expuso a una menor de edad para una segunda violación, concientizada por usted?—preguntó encolerizada.
—Eso no ha sido así—intervino Minerva, desesperada, intentado calmar la situación.
—A mi entender, así es justo como se ve—zanjó, sin apartar los ojos del director de Hogwarts.
—¿Expondría a su propia hermana para que fuera trasladada a Azkabán, cuando fue usted misma, junto a su esposo, quienes me pidieron esconderla y mantenerla con vida?—preguntó el director, hábilmente.
—Desde luego que sí—contestó con toda seguridad y petulancia—. Cometí un error en confiar en usted, de eso no hay duda—escupió las palabras.
—Narcissa, no es aconsejable…—tartamudeó Minerva siendo olímpicamente ignorada.
—Usted decide, o me da los documentos en este preciso momento o llamo al ministro y le explico todo lo que ha ocurrido…con lujo de detalles—advirtió por última vez, estrechando sus ojos, lista para actuar si no salía de ahí con lo que había venido a buscar.
Dumbledore permaneció un momento en silencio, bajo la acusadora mirada de Narcissa y después de sopesar las consecuencias, por fin se giró para abrir el último cajón de su escritorio y sacar las tres carpetas.
—No tiene por qué ser así, nosotros obramos de la mejor manera dada las circunstancias. Está a tiempo de tomar la decisión correcta, la señorita Granger necesita de nuestra colaboración para culminar lo que ha empezado—habló explicando, inútilmente.
Narcissa tomó las carpetas con brusquedad y sin omitir palabra, se dio la vuelta para salir de la dirección, azotando la puerta.
—¿Cómo es posible, Ron?—lloriqueó, estrujándose las manos—. No hace ni veinticuatro horas que …estuve con ella y ya dan por sentado que estoy embarazada, no lo entiendo—confesó aturdida.
—Obsérvate las manos, Hermione—pidió con toda la calma que se juró tener antes de ingresar a la habitación—. ¿Ves esos casi imperceptibles destellos de energía que desprenden de las yemas de tus dedos? Bueno, eso significa que tu magia necesita alimentarse—explicó, sentado frente a ella.
Se le hacía increíble que él estuviera enseñándole algo a su amiga, pero parecía que no estaba funcionando porque Hermione aún se encontraba observando sus manos con el ceño completamente fruncido.
—No lo entiendo—soltó frustrada, sin atreverse a mirarlo.
—No tienes por qué entenderlo—trató de tranquilizar a su cerebro que seguramente estaría buscando la tan desesperada información, pero sin éxito—. Creciste en el mundo muggle por muchos años, y que te comieras casi todos los libros de la biblioteca, no significa que tengas que saber y comprenderlo todo. Es evidente que estás embarazada—siguió—. Ahora lo que resta es atravesar esta situación con toda la dignidad que sé que tienes.
Ahora de nada valía lamentarse o exigir explicaciones. Y a pesar de que Ron se mordía internamente por gritarle, después de que había salido de la enfermería y que Fleur le contara a la carrera todo lo que había sucedido, decidió que sería inútil hacerla sentir peor, de lo que ya estaba.
—Ron, esto es un caos. No puedo tener un bebé de ella…no sé si podré…—sollozó, sentada en el borde de la cama.
¿Cómo había sucedido tal desastre? ¿Cómo iba a seguir a partir de ahora?
—¡Claro que lo harás!—aseguró—. Ese bebé tendrá a una fila interminable de gente que va amarlo—dijo sin dudar y mirándola directamente a los ojos.
—¿Conoces a alguien que naciera de dos brujas?—se animó a preguntar.
Su amigo tenía razón…siempre había consumido cada libro a su disposición, pero tenía que reconocerlo, no sabía nada acerca de embarazos femeninos, jamás se le había ocurrido investigar al respecto.
—La verdad es que no existen muchos registros. No todas las mujeres se complementan para generar vida—contó, haciendo una mueca.
—Perfecto, simplemente perfecto—negó, suspirado.
La puerta de la habitación de Fleur se abrió de golpe y los dos adolecentes se giraron espantados.
—¡Levántate!—ordenó Narcissa , ingresando en a la alcoba como una estampida de animales furiosos.
La cara de horror de la castaña no hizo que su temperamento disminuyera en lo más mínimo. Caminó hasta el centro y cruzó sus brazos sin decir una sola palabra, esperando que obedeciera.
—¡Mamá, por favor! ¡Te dará un ataque!—suplicó Draco, entrando detrás de ella para intentar frenarla.
—Me dará un ataque si no haces lo que te digo—siseó sin mirarlo siquiera—. ¡Ve y hazlo, Draco!—chilló.
Hermione no estaba entendiendo nada. ¿Acaso Narcissa sabía? No, no podía ser, ¿cómo se había enterado? ¿Dumbledore abría hablado con ella?
—Nos vamos a la mansión—informó imperturbable—. No te quedarás ni un segundo más en este colegio. Terminaras tus estudios con clases privadas y bajo mi vigilancia, y esto no es negociable—intensifico su mirada para que no hubiera objeciones de ninguna clase—. ¡Se hará y punto!—dijo tajante.
Hermione comenzó a temblar de pies a cabeza. Narcissa tenía todo el derecho de estar como estaba. Le había mentido, ella era su tutora y responsable. ¿Cómo había sido tan estúpida? ¿Cómo había seguido con las visitas? Tendría que habérselo dicho, sentía que la había defraudado. Y observando sus gestos, así lucia exactamente.
—Ronald, tú también, prepara tus cosas—dijo, mirando al pelirrojo que hasta el momento se había limitado solo a respirar.
—¿Yo?—exclamó con sorpresa, levantándose del pequeño taburete, frente a la cama.
—Sí, tú—contestó, dejando en claro que era una orden directa—. Hablé con tu madre y nos esperará en la mansión.
Ron quedó petrificado y sin saber cómo reaccionar. ¿Su madre? ¿Había hablado con su madre? Ahora sí que su mundo se desmoronaría en un rápido pestañar.
—¿Molly…Molly lo sabe?—logró decir Hermione, sintiendo que sus piernas comenzaban a fallarles.
—¿Y qué esperabas que hiciera?—estalló, Narcissa—. ¿Acaso no eres consciente que estamos en un lio mayúsculo? Necesito un respaldo, por mí, por ti y por toda la situación.
—Mi madre me matará…por Merlín, lo hará sin pensarlo—murmuró Ron, con los nervios de punta.
—¿Hablo en sirenio o qué?—preguntó elevando el tono de voz, al ver que ninguno se movía de su sitio—¡Apresúrense! Tienen veinte minutos para recoger hasta el último libro, media o cepillo, traten de no olvidarse de nada. No regresarán a este condenado colegio—zanjó, dándose la vuelta para esperarlos en el vestíbulo.
—Narcissa…—llamó Hermione, en un suplico.
—Narcissa, nada—frenó con sequedad—. Ya tendremos tiempo de hablar…tú y yo, a solas—dijo, cerrando la puerta.
—Se llevará la regañada de su vida—susurró Draco, al ver a su madre ingresar en el estudio con una Hermione a punto de un colapso nervioso.
—¿Cómo se enteró?—era una pregunta que le había rondado en la mente desde que la había visto ingresar como una leona endemoniada.
—Fleur se lo dijo—contó Draco.
—No la culpo y si no era ella, capaz que hasta yo mismo se lo decía…Esto se ha salido de control—negó Ron, observando la puerta cerrada y sin moverse—. Está embarazada, no puedo creerlo…embarazada de Bellatrix…
—Y ahora estudiaremos aquí—bufó el rubio, tomándose el rostro.
—Jamás imaginé estudiar particular y mucho menos en la mansión Malfoy.
—No sé si tan Malfoy.
—¿De qué hablas?—inquirió, mirándolo interrogante.
—Mi padre se fue hace dos noches—soltó, torciendo los labios.
—¡RONALD WEASLEY!—vociferó Molly, saliendo de la cocina con la clara intención de ahorcar a su propio hijo.
—Llegó mi parca—tragó con fuerza, girándose para verla acercarse a toda velocidad.
—Me haré cargo de ti en su totalidad y cuando digo en su totalidad, me refiero a que yo misma me encargaré de la transferencia de magia para ese bebé—dijo, cerrando con seguro la puerta del estudio.
—Pero…, Ron me ha dicho que sólo las partes involucradas pueden hacerlo—casi susurró, confundida y completamente avergonzada.
—No me subestimes, Hermione…—señaló, sin pestañar.
—No, no lo hago…yo no quise…quiero decir, tú eres una de las bujas más poderosas del mundo mágico, pero pensé que…—quiso aclarar.
—¿Qué sólo Bellatrix puede ejercer ese roll? Sí, ella es la única capaz de hacerlo al cien por cien, pero te aseguro que haré hasta lo imposible para que estés saludable. Y eso también implica que tendré que ir hablar con ella y muy seriamente—habló, sentándose en el sillón, detrás del escritorio—. Tendrá que colaborar. Le guste o no, deberá recibirte en su celda de buen grado, por lo menos una vez a la semana. Yo ocuparé su lugar los días restantes.
—Narcissa, yo..déjame explicarte como sucedió en realidad—pidió suplicante.
—No, no quiero escucharlo—frenó—. ¿Qué quieres que te diga?, ¿qué estoy feliz por la noticia? ¿Qué me alegra enterarme que hiciste todo lo contrario a lo que te suplique, antes de dejarte ir a vivir sola?
—No fue mi intención quedarme embarazada, ni siquiera se cómo…—lloró, sin poder mirarla. Era verdad, había obrado sin pensar en las consecuencias.
¿Cómo había llegado a tal grado de locura para dejarse arrastrar hasta esa celda?
—Por supuesto que no, no te creo tan tonta.
—Esto no debería estar pasando, yo tendría que estar…—y calló, derrumbándose, dejando que sus lágrimas rodaran libremente por sus mejillas.
—No, ni se te ocurra decirlo—cortó de golpe, señalándola de frente e inclinándose un poco—. Tenemos que ser responsables de las decisiones que tomamos, tú tuviste la posibilidad de no volver a pisar esa casa…y lo hiciste ignorando a todo aquel que quiso ayudarte, pues ahora tendrás que madurar a la fuerza. Ese bebé que llevas ahí dentro, me guste o no, también es mi sobrino y no pienso permitir que estés las veinticuatro horas del día pensando como atentar contra tu propia vida…no lo toleraré, ¿me entiendes?
—Yo…lo siento mucho—repitió, entrecortado.
—Pediré una extensión de la tutela—informó, ignorando las disculpas.
Estaba realmente furiosa y sabía que Hermione se sentía devastada, pero debía aclararle que de ahora en adelante las reglas las pondría ella. Ya no tenía a sus padres para que se encargaran y siendo la única responsable, tenía que mantenerse firme y sin flaquezas.
—Mañana mismo iré al ministerio para que sea hasta tus veintiún años. Ahora más que nunca necesitas protección. Dumbledore, McGonagall, Antoine o como sea que se llame ese hombre…todos están detrás de esto y no consentiré que sigan decidiendo sobre tu persona. Esta situación se termina hoy—finalizó, dando por terminada la conversación.
Nuevo capítulo! Narcissa está furiosa, y pobre, para no estarlo. Espero que les gustara.
Aviso: Para los que les gusta la serie "erase una vez" historia corta: Demasiados años anhelándote (SnowQueen) y Feliz cumpleaños, Regina (SnowQueen) . Proyecto de una probable historia larga (Todo dependerá de la aceptación que tenga) "Su dulce y helado suspiro" (SnowSwan)
Dicho esto, comenten, como siempre y muchos abrazos.
Dualsoul: Sí, ahora también Narcissa podrá hacer parte de la transferencia.
Lizi: Jaja, la pregunta es ¿Cómo se lo tomará Bella cuando se entere que su hermana ayudará a Hermione?
RAGNAROK: Que bueno que fuera una sorpresa, traté de que nadie se diera cuenta jaja
Guest: Gracias, trataré de acomodar los días para las actualizaciones.
Jaz: Bellatrix está que se arranca los pelos, pero por ahora no lo va admitir, ni con un Crucio jaja.
Steph: Narcissa se puso los pantalones, y Bellatrix va a querer matar a medio mundo, eso es seguro.
Karla: Sí, las energías son aparte del embarazo. Ahora veremos qué es lo que arregla Narcissa con su hermana y las futuras visitas.
