Severus Snape sonreía maliciosamente, mientras Hermione esperaba que se apegara al plan, que ambos dijeran que se odiaban y así los gemelos fallarían.
— Quiero declarar algo que ha estado rondándome en la cabeza por mucho y creo que sin importar qué piense el profesorado y el resto de los estudiantes, será liberador el decirlo. Pensé en pedirte que te acercaras, señorita Granger, pero he escuchado que estás enferma y es por eso que lo diré desde aquí.
Tanto Ginny como Hermione cruzaban los dedos bajo la mesa y Hermione trataba de encontrar una forma viable de escapar sin que nadie pudiera verla y en medio de la conmoción.
— Albus, lamento arruinar la cena de esta noche pero quiero declarar que yo...
Lo hacía tan dramático que hasta sonaba muy forzado e incómdo. Antes de que siquiera pudiera levantarse y marcharse, Severus dio un sorbo a su copa con jugo de calabaza y aclarándose la garganta, declaró:
— Quiero decir que amo a la señorita Hermione Granger.
¿¡QUÉ!? ¡PERO ESE NO ERA EL PLAN!
— ¿¡Qué!? — exclamó Hermione de repente y aunque no había recuperado su voz en totalidad y sonaba muy aguda debido al catarro, eso se pudo entender.
— ¿¡Y tú qué sientes, Hermione!? — preguntaron los gemelos al unísono, mientras medio comedor permanecía en silencio y con la boca abierta. La bruja se sonrojó de inmediato y echó una mirada nerviosa a su amiga Ginny.
— Yo... bueno... se suponía que lo... ¿odiaba?
Snape se mantuvo adusto en su puesto y sin decir nada, regresó a su asiento mientras los gemelos se miraban el uno al otro.
Apuesta perdida, ¿pero no era más fácil decir que solo la odiaba? No entendía por qué Snape había cambiado de parecer al último minuto.
El director había sonreído divertido, pero a Minerva no le parecía gracioso en lo absoluto y estaba lista para hacérselo saber.
— ¿¡Te volviste loco!? ¡En verdad no los entiendo! Primero Hermione baila indecorosamente, luego tú esparces un rumor falso sobre ella y ahora dices que la amas. ¿Es que estás demente?
Los estudiantes permanecieron con la boca abierta, mirando a Hermione y de regreso a Snape que permanecía tranquilo y sin decir nada, comiendo.
— ¿¡Pero por qué diablos dijiste eso, si dijiste que tú también lo amabas!? — dijeron los gemelos, visiblemente pálidos. Hermione trataba de explicar qué había sucedido, pero le resultaba imposible entenderlo.
Nadie había podido comer y la expresión de Ron había sido como si hubiesen declarado que las navidades estaban canceladas en todo el mundo. ¿Por qué carajos Snape estaba enamorado de Hermione Granger? No que él sintiera algo por ella pero había comenzado a hacerse una "bonita idea", desde el rumor que Snape había dejado correr y que quizá le daba una oportunidad de acercársele.
¿Qué diablos?
— ¿Hermione? — preguntó Harry con curiosidad y la chica ya no sabía qué hacer. Su rostro era tan blanco como transparente era Sir Nicholas. ¿¡Qué diablos estaba haciendo Snape ahora!? — ¿Acaso tú sientes lo mismo que él!? Por más bizarro que suene.
¡Diablos, qué responder!
— Será mejor que nos vayamos ahora mismo, antes de que medio colegio se te acerque con la misma pregunta. — murmuró Ginny a su lado y Hermione asintió rápidamente, soltando el tenedor con un sonido estridente ante el silencio del gran comedor.
Había perdido el apetito de inmediato y el único que parecía alegre, era Albus.
— ¡Bueno y ya que estamos confensado cosas, a mí también me gustaría confesar algo! — exclamó en medio del comedor y Hermione se detuvo mientras trataba de caminar en silencio y junto a Ginny, en dirección a la salida.
— ¡Oh Merlín! — murmuró Minerva, rodando los ojos y preguntándose por qué Trelawney no había ido a sentarse con ellos y a decir que eran demasiados, murmurando que una gran muerte les avecinaba a todos.
Al menos eso distraía del desastre que estaba ocurriendo en aquel día. ¿Es que acaso era el día de los inocentes?
— ¡Quiero declarar que yo amo a Minerva McGonagall! Lo siento Min, pero eres muy especial para mí.
La sonrisa sarcástica de Snape se ensanchó más ante aquello y las mejillas de Minerva se tiñeron de carmín, mientras los profesores solo se miraron los unos a los otros y se encogieron de hombros con sorpresa. ¿Qué hacían?
Flitwick había comenzado a aplaudir y el resto de los estudiantes hizo igual, mientras Albus caminaba en dirección a Minerva y se inclinaba junto a ella, para plantar un beso en su mejilla.
Realmente...
— ¿Ves lo que haces? — murmuró Minerva entre dientes. — ¡Ves qué demonios haces, Severus!
— Maldecir no está bien en una mujer, Minerva. Se ve muy mal.
— ¡Voy a matarte!
Y tanto Pomona como Poppy, hablaban sobre los nuevos chismes y mientras Minerva trataba de mantenerse cuerda y no despellejar a nadie en el camino, especialmente a Severus quien se ponía de pie y al terminar la comida, como si nada hubiese pasado.
— ¿Por qué dijiste eso? — murmuró Hermione, afónica. — ¿Por qué no solo decir que nos odiamos?
— Porque entonces estaría mintiendo.
— ¡Pero no puedo entenderte!
— ¿O es que tú me odias acaso?
Se dio una palmada en la frente y se dijo que Snape no se cansaba de hacerse el idiota y así iba a ser por un buen rato. Como que la idea de hacer bromas comenzaba a gustarle y no pararía de fastidiar. ¿En qué diablos se había metido?
Estúpidos gemelos y sus bromas, que sacaban la perversión en él.
— Solo dije la verdad. Pensé que ocultar los sentimientos es lo peor y es muy aburrido ir por ahí, fingiendo.
— ¡Pero te acabas de meter en un gran lío! Como si las relaciones entre profesores y estudiantes, estuvieran permitidas de alguna forma...
— Ya veremos...
¿Qué diablos pasaba por su grasienta cabeza? ¿Se había vuelto loco? De todas formas, creía que no podía empeorar ya más de lo que estaba.
¿O sí podía?
No quería responderse esa pregunta tan truculenta. Había algo más debajo de todo eso que Snape no le decía y lo que maquinaba su retorcida cabeza.
