Los siguientes duelos fueron un poco más tranquilos. Dan venció a Alex, Chad a Matt y Ryan a Lyra. En semifinales los mellizos se enfrentarían entre ellos, cosa que hizo que ambos se picaran aún más y que sus compañeros de clase y familiares – incluyendo a Remus aunque este no lo confesara – empezaran a hacer apuestas. Todo siguió con normalidad hasta un día en el que a medio día el Gran Comedor se llenó de lechuzas. Todos los alumnos se pusieron en guardia, alarmados. Aquello no podía significar nada bueno. Casi todos los alumnos recibieron una carta, al igual que los profesores. Solo un grupo no recibió nada, cosa que no hizo más que alarmarlos. Orion abrazó a Carina con todas sus fuerzas al ver su cara de miedo, aunque lo hizo más para intentar serenarse él que para tranquilizarla a ella. Sabía que no sería ningún consuelo.
- Seguro que no es nada. – Murmuró. – Estoy seguro de que no es nada.
- Sophie, - Cassie se levantó de la mesa de Slytherin, en la que comía con sus hermanos al ver que su amiga había recibido una carta. – ¿qué ha pasado?
- No lo sé. – Le explicó ella, dedicándole una mirada preocupada. – Solo pone que están bien, no explica nada más.
- Tengo que enterarme de lo que ha pasado. – Dijo la rubia, nerviosa. – Si mis padres no me han escrito es por algo.
- Estarán bien. – Respondió, tratando de infundirle ánimo con un abrazo.
- ¡Leah!
Dan corrió hacia ella, con la carta que los padres de Alex le habían enviado en la mano. Su hermana estaba sentada junto a Chad, temblando levemente y algo pálida mientras leía la nota que acababa de llegarle a él. Levantó la vista y se puso de pie rápidamente.
- Diez ataques simultáneos: dos en el Ministerio, uno en el Profeta, otro en el Callejón Diagón, tres en estadios de quidditch, otro en Godric, otro en San Mungo y uno más en el centro de Londres. Más de cien muggles muertos y no se sabe cuántos magos. – Consiguió decir ella. – Papá tenía partido hoy y no sé dónde estaría mamá. Y los abuelos…
- ¿Por qué atacar a los magos? – Preguntó el chico, pálido.
- Para levantar la discordia, así les será más fácil hacerse con el poder. – Murmuró su hermana. – Y, de camino, para deshacerse de la máxima oposición posible.
- Por Merlín ha sido una carnicería.
- Como no reciba noticias pronto… - Leah no fue capaz de terminar la frase. No podía ni imaginárselo.
- ¡Alumnos, silencio! – El director Longbottom se puso de pie y les dedicó una mirada seria a todos. Tenía una carta de su hijo en la mano, diciéndoles que solo había resultado levemente herido y se encontraba bien. – Debido a los sucesos de hoy, se suspenden las clases de la tarde. Sus jefes de casa se encargarán de ponerles en contacto con sus familias para ver si se encuentran bien así que, por favor, vayan todos a sus dormitorios y esperen allí hasta que se los avise. Por favor, los… - Suspiró. – Bueno, ustedes saben quiénes son, quedanse aquí, quiero hablar con ustedes personalmente.
Ellos asintieron. Chad le dio un beso en la mejilla a Leah y le susurró un "lo siento, no tenía ni idea" al oído que lo único que logró fue que ella apartara la mirada. Alex le dedicó una última mirada de preocupada a Dan. Ingrid, un poco ansiosa ya que no sabía nada de sus padres y su hermana que vivían en Londres, se separó de Orion a duras penas, solo para agarrarse a su amiga pelirroja con la que salió del Gran Comedor. Matt besó a Jane una última vez y le prometió que todo saldría bien antes de marcharse también. Y justo entonces empezaron a llegar los patronus. Los mensajes de unos y otros se entremezclaban y apenas podían entender lo que sus padres les decían, pero una cosa quedó clara: estaban bien.
- Bueno, parece que no ha pasado nada grave, chicos. – Neville suspiró, aliviado. – De todos modos quiero que se queden aquí hasta que arregle un par de cosas. La situación es extremadamente peligrosa ahora, deben tener más cuidado que nunca.
Todos ellos asintieron y se sentaron, algo más tranquilos, mientras el hombre abandonaba también el comedor. Ahora solo les quedaba esperar.
Neville Longbottom tardó casi una hora en regresar, pero no lo hizo solo. Detrás de él venían James, Albus y Caroline Potter; Rose y Scorpius Malfoy; Louis, Hugo, Roxanne, Fred y Martha Weasley; Lucy y Theodore Nott; Lily y Lorcan Scamander y William y Molly Wood. Sus hijos corrieron hacia ellos – al igual que Adèle y Remus hacia su tío Louis –.
- ¡Papá! – Leah lo abrazó con fuerza, olvidando todo lo que había pasado la última vez que habían estado juntos.
- Todo está bien, chicos, no os preocupéis. – Dijo él, abrazando a la chica y también a su hijo, que acababa de llegar hasta él.
- ¿Dónde está mamá? – Preguntó ella, todavía nerviosa.
- En la casa franca, con tus abuelos, bajo los efectos de un desmaius. - Explicó.
- ¿Le han lanzado un desmaius? – Dan abrió mucho los ojos.
- Fue necesario, quería quedarse luchando cuando era obvio que era un objetivo clave. – Dijo, de repente, su tío, que abrazaba a Jane junto a ellos.
- Sabes que te estoy infinitamente agradecido, Al, aunque no creo que a ella le haga mucha gracia cuando se despierte. – Sonrió levemente. – No dejaré que te ataque, no te preocupes.
- ¿Pero todo está bien de verdad, papá? - Murmuró la rubia, todavía incapaz de creerse que no hubieran resultado heridos.
- Sí, cielo, todos están bien, tus tíos y primos también. – Repitió él, intercambiando una mirada cómplice con su mujer. – De hecho, van a venirse con nosotros, igual que tus abuelos.
- Hemos conseguido un lugar seguro y nos esconderemos ahí. – Explicó Caroline a sus hijos. – No podemos deciros por seguridad dónde está.
- ¿Pero cómo llegaremos allí en vacaciones si no nos lo decís? – Preguntó Thomas, mirando a sus padres con la frente arrugada.
- No queremos que vengáis en Pascua, creemos que estaréis más seguros en el castillo. - Confesó finalmente Albus.
- ¿Eso es verdad? – Lyra miró a sus padres con los ojos muy abiertos después de escuchar aquello.
- Es por vuestro propio bien, cariño. – Contestó su padre con resignación. – Ya hay bastante gente escondida, no queremos tener que encerraros a vosotros también.
- Ya han entrado en Hogwarts, sabéis que hay gente de ese grupo aquí. – Intervino su hijo. – No podéis hacernos esto.
- Es más seguro para vosotros, trataremos de ponernos en contacto de vez en cuando, no os preocupéis. – Rose suspiró.
- Eso no es suficiente. – Orion se cruzó de brazos.
- Vendremos si ocurre algo, no os vamos a abandonar sin más. Hacemos esto por vuestra propia seguridad, porque no queremos que os pase nada malo. - Siguió insistiendo la mujer. – Aquí estaréis a salvo.
Los hijos de los Malfoy no fueron los únicos que protestaron, pero finalmente todos aceptaron las medidas de seguridad impuestas por sus padres. Y pasar Pascua en Hogwarts no era la única. Tampoco podrían salir a Hogsmeade y tendrían que limitar sus salidas del castillo – les recomendaban salir solo para ir a los entrenamientos o la lechucería -. A ninguno le parecía justo, pero sabían que era lo mejor. Se despidieron con besos y abrazos antes de desaparecerse, aunque antes les dieron un último consejo a sus hijos: "Manteneos juntos y protegeos unos a otros, pero siempre con cabeza".
Cuando volvieron a la casa de campo en la que les esperaban los más mayores, al igual que Dominique y Roger, que acababan de llegar de Rumanía, y el matrimonio Lupin, que estaba terminando de distribuir a la gente y de preparar la casa decidieron hacer una reunión para decidir qué harían a partir de ese momento. James se acercó al sofá en el que Lizzy estaba tumbada, junto a sus padres y sus suegros.
- ¿Cómo están los chicos? – Preguntó Ginny, preocupada.
- Más tranquilos ahora que hemos podido hablar con ellos. - Contestó su hijo. Miró a su mujer y arrugó el ceño. – Creo que ha llegado la hora de despertarla.
- Buena suerte, se pondrá hecha una fiera. – David Collins le dedicó a su yerno una sonrisa. – Y gracias por mantenerla a salvo.
- Dáselas a Albus, él fue quien la trajo.
- No me refería solo a esta vez, James.
- La quiero más que nada, David, no voy a dejar que le pase nada jamás. – James suspiró y sacó su varita, mientras los otros cuatro se marchaban para darles un poco de intimidad. – Allá vamos. Enervate.
Lizzy abrió los ojos rápidamente y se incorporó de un salto, visiblemente nerviosa. Buscó su varita, aunque dejó caer los brazos al darse cuenta de dónde se encontraba. ¿Cómo había llegado allí? ¡Pero si estaba ayudando a los aurores del Ministerio!
- ¿James? – Miró a su marido y enarcó una ceja.
- Tuvieron que hacerte un desmaius, te negabas a irte del Ministerio. - Explicó rápidamente, cruzándose de brazos.
- ¿Que qué? ¿Con qué derecho hicieron eso?
- Con todo el del mundo, Elizabeth. Ninguno de nosotros se ha negado a la evacuación, solo tú. Albus únicamente hizo lo que tenía que hacer para protegerte.
- ¡No tendría que haberlo hecho! – Gritó.
- ¡Eras un objetivo clave! – Replicó él, subiendo también el tono de voz. – ¡Lo hizo por tu propia seguridad!
- Estaba ayudando a esa gente, James, todo era un caos, necesitaban ayuda.
- Haberte hecho auror, Elizabeth. Eres diplomática, no tienes excusa.
- Deja de llamarme Elizabeth, James Sirius, me estás empezando a poner nerviosa.
- Dejaré de hacerlo cuando te comportes como una adulta de 44 años. – Contestó. – Luego dices de Leah, pero lo tuyo es todavía peor.
- Solo quería ayudar. – Confesó ella finalmente, apartando la mirada y calmándose un poco. Cuando sus ojos volvieron a encontrarse con los de su marido, él no pudo evitar suspirar.
- No sirves de nada en su poder, Lizz. – James se acercó a ella y la abrazó. – Tendrían un arma contra mí, contra muchos de los que estamos aquí.
- Era una locura, Jamie, una auténtica locura. – Susurró la mujer. – Todo el mundo corría, la gente intentaba huir pero no podía hacerlo y esa gente lanzaba maldiciones a diestro y siniestro y hubo una explosión…
- Lo sé, me lo han dicho. – La sujetó con más fuerza. – En el estadio también fue un completo caos, nos sacaron de allí corriendo, pero no dejaban a los aficionados moverse, hicieron protecciones alrededor de las gradas, pero ellos querían marcharse. No sé si ha habido víctimas, me da miedo preguntar.
- No es tu culpa, James. - Dijo ella. Lo conocía bien y no hacía falta que lo dijera para saber lo que realmente le preocupaba.
- Atacaron el estadio porque estaba yo, Lizz. - Suspiró y se separó un poco de ella. - Siento que estés atrapada en esto por mi culpa.
- James Sirius Potter, te quiero más que a nada y me daría igual tener que ir al mismísimo infierno si fuera contigo.
- Me encanta lo absoluta que eres, ¿te lo he dicho alguna vez? - La besó y ambos sonrieron. - Los demás están reunidos, tenemos que decidir qué hacer a continuación.
- Pues no les hagamos esperar.
Los dos se cogieron de la mano y se dirigieron hacia el salón, donde estaba el resto de la familia discutiendo qué sería mejor hacer.
- Todavía no entiendo por qué habéis dejado a los niños en Hogwarts. – Fleur negaba con la cabeza.
- Es un lugar seguro. – Contestó Harry, encogiéndose de hombros.
- Mon dieu, no podéis hablar en serio. - Replicó la rubia. - ¡Han atacado ese lugar muchísimas veces!
- Pero…
- Pero nada Bill. – Interrumpió a su marido. – Los que habéis estado allí lo tenéis idealizado, pero han pasado miles de cosas horribles en ese colegio. No me quedo tranquila sabiendo que Remus, Adèle, Emma y Fleur siguen allí.
- No podíamos sacarlos sin más, mamá. - Murmuró Louis. - ¿Te crees que a mí no me gustaría tenerlas aquí?
- ¿Y por qué no podíais hacerlo? Y no me vengáis con la tontería de que eso sería darles una satisfacción. - Negó con la cabeza. - Ya estamos escondidos, han ganado esta batalla.
- ¿Cómo puedes decir eso? - Lily no pudo evitar interrumpir a su tía. - Todavía hay esperanza, esto es solo temporal. Yo no pienso rendirme.
- Ni yo tampoco. – La secundó Rose.
Los demás se unieron a ellos. No sabían qué harían después de aquello, cómo saldrían de esa situación, pero no perdían la esperanza. Lo solucionarían todo juntos.
