Aclaraciones: Los personajes de InuYasha no me pertenecen, son de la maravillosa Rumiko Takahashi
Se me ocurrió hacer un conjunto de capítulos de pequeñas historias sin unión entre si, una colección de cortas historias tiernas de mi pareja favorita InuYasha y Kagome.
Dulces Sensaciones
Historia cuarenta y cinco: Fuegos artificiales
- ¿Me puedes repetir por qué tuvimos que venir a tu época? -InuYasha bufó algo molesto por la multitud que lo rodeaba mientras caminábamos en un Matsuri.
-Porque yo quería venir… hace mucho que no regresaba a casa y asistía a una festividad de fin de verano, he tenido que pasar gran parte de mi juventud en la otra época-Suspiré, le estaba diciendo media mitad de verdad y media mentira, porque no me quejaba de tener que estar a su lado en la otra época, bueno a veces si, con ese temperamento ¿Quién no desearía tirarle una piedra en la cabeza?, pero el verdadero motivo era que deseaba poder ver los fuegos artificiales que lanzarían en ese Matsuri, jamás había podido verlo con InuYasha, quería un nuevo recuerdo que atesorar con él.
- ¿Te estas quejando de tener que buscar los fragmentos, atrapar a Naraku y pasar tiempo conmigo? -Dijo indignado cruzándose de brazos, un señor con su hombro me golpeó al pasar apurado, InuYasha ya estaba preparando su puño para ir a golpearlo, pero logré tomar su mano.
-Oye, estoy bien, es normal con la cantidad de gente que hay…-Sostuve su mano entre la mía guiándolo a unos puestos de comida, seguro eso lo haría estar más cómodo. Él se dejo guiar por mi con un leve sonrojo, lo cual me hizo sonreír.
-Hay muchos olores de personas y comida-Expresó cuando estábamos sentados comiendo yo un raspado y él… de todas las opciones eligió ramen-Esto está muy bueno-Tragó los fideos saltándole un poco del caldo en las mejillas.
Busqué en mi bolsito que hacia juego con mi yukata, saqué un pañuelo y limpié su mejilla.
-Oye…-InuYasha tomó mi muñeca sosteniéndola por unos segundos hasta que la soltó volteando su cabeza hacia otra dirección, mi corazón latió rápido por uno segundos.
Suspiré, ¿Por qué tenía que ser tan tímido?, esos momentos en que me daba señales y luego retrocedía me hacían sentir insegura y confundida.
- ¿No vas a seguir comiendo? -Me preguntó con voz suave mirando mi raspado.
- ¿Lo quieres? -Se lo acerqué, él asintió-Pues, te lo doy a cambio de un beso-Reí mentalmente al ver como su cara se descomponía agrandando sus ojos y poniéndose tan rojo como su Aori.
- ¿Qué, ¿qué… yo… yo, qué, yo? -Expresó incoherentemente mirando a todas direcciones- ¿Aquí? Yo, tú, ¿aquí?...
-Estoy bromeando, tonto…-No era que no quisiera que me besara, es que si no le nacía no iba a obligarlo. De algún modo, pareció decepcionado.
- ¡Keh! -Me quitó de las manos el raspado que se había comenzado a derretir para comerlo.
Por un parlante se anunció que los fuegos artificiales pronto comenzarían invitando a todos a reunirse cerca del lugar del show.
- ¡Vamos! -Tomé su mano para correr a tener un buen lugar.
-Oye, Kagome-Dijo en un tono divertido cerrando su mano en la mía firmemente, siguiéndome en la multitud.
Antes que lográramos ubicarnos bien se escucho el primer gran estruendo del comienzo del espectáculo pirotécnico, y entonces, contrario a todo lo que había imaginado, sentí a InuYasha apretar mi mano bruscamente y segundos después, llevándome en su espalda huyendo lejos del show.
- ¡InuYasha! ¿Qué, qué haces? -Grité para poder ser oída, pero el seguía corriendo desesperadamente yéndose lo más lejos posible del Matsuri.
Corrió tan rápido que nos adentramos al bosque cercano al templo y mi hogar, un pequeño río cruzaba, predominando el sonido de insectos nocturnos en aquel solitario lugar, los estruendos de los fuegos artificiales se escuchaban ahora muy tenues.
- ¿Por qué me trajiste acá? -Antes que me respondiera me percaté que se estaba tocando sus orejas como si le dolieran, su respiración estaba totalmente agitada y lucía un rostro desconcertado, en ese momento comprendí que al igual que los perros… a InuYasha el sonido de los fuegos artificiales le había afectado. Suspiré, mientras me sentaba en el suelo sintiéndome totalmente culpable.
- ¿Qué, qué fue ese ruido tan dolorosamente molesto? -Espetó colocándose a mi lado aún con la respiración agitada.
-Lo siento InuYasha, no consideré cómo te podría afectar el ruido de la pirotecnia…
Él guardo silencio, el cual se me hizo eterno, había planeado con tanta antelación ese día, pero sumergida en mi deseo no había pensado en un gran detalle como ese, sus orejas eran muy sensibles igual que las de un perro. ¿Cómo había podido ser tan egoísta?.
-No coloques esa cara… Keh, si quieres podemos regresar-Lo miré de reojo viendo como se cruzaba de brazos y miraba concentrado hacia adelante.
-No, lo siento, fue mi error…-Mi voz se quebró un poco, no, no podía llorar por algo así, era solo que… realmente me sentía mal por haberlo puesto en una situación complicada por mi deseo de atesorar un nuevo recuerdo.
- ¡No vayas a llorar! -Gritó nervioso.
-No estoy llorando-Respondí quedamente.
-Oye Kagome, mira…-Su voz fue extrañamente dulce y acogedora, levanté mi vista y entonces noté como cerca del río luciérnagas danzaban y nos rodeaban, InuYasha me sonrió gentilmente.
Mi corazón golpeó fuerte.
-Que hermoso…-Susurré sintiéndome tan llena de amor.
-Keh, esto es mejor que esas cosas ruidosas-Dijo orgulloso al verme secar mis lágrimas.
-Tienes razón- Respondí observando como una luciérnaga se movía frente al rostro de InuYasha, iluminando su cara mágicamente-Gracias, InuYasha…
Lo vi atrapar una luciérnaga entre sus manos cuidadosamente para luego ponerla frente a mi cara. Su rostro cambió, se veía muy serio y ¿Sonrojado?.
-Yo, pienso que…que… en esa cara tuya, tu sonrisa es lo que más brilla en este momento-Dijo lo último tan rápido y bajo que tuve que hacer gran esfuerzo para entenderle, y cuando comprendí sus tiernas palabras, estas hicieron sentir muy cálido mi pecho, desee que ese instante no terminara jamás.
-InuYasha…
-Keh, la mejor decisión fue seguir mi instinto y venir acá.
-Sip, gracias por este recuerdo-Le dije apoyándome en su hombro contemplando las pequeñas luces a nuestro alrededor en aquel lugar, lejos de la multitud y el ruido, un lugar solo de los dos. Este sin duda era mi mejor forma de celebrar el término del verano.
FIN
Gracias a quienes siempre dedican un momento de su tiempo en escribirme comentando los capítulos.
Un abrazo
