Nombre: "Nobleza –Parte 11–"

Basado en: Bokura no Gash Bell!

Personajes Principales: Kurumi Allen y Zeon Bell

Género: Suspenso, drama y pseudo-romance

Descripción: Zeon quiere librarse de tomar una decisión de ese tamaño, por lo que preferirá "obligar" a Kurumi a tomarla por él. Encontrarla en mal estado lo hará callarse nuevamente, el peso de la maldición le cala y lo obligará a querer adelantar la cura, pero no siempre las cosas mal hechas dan buenos resultados…

Espacio: Mundo Mamodo

Advertencias: ¡Rapefic! Contenido algo explícito, leer bajo su propio riesgo.


"NOBLEZA –PARTE 11–"

-Ya estamos aquí, ¿ahora qué? – Murmuró cruzando los brazos.

Zeon no respondió, solamente caminó hacia ella y le sujetó con fuerza los brazos. – Quédate quieta. – Murmuró sin levantar la vista.

-¡¿Qué haces?! ¡Suéltame! – Exclamó tratando de zafarse. - ¡Te dije que me sueltes! –

-¡Maldita sea…! – Zeon, sin soltarla de las manos, la besó toscamente en los labios, Kurumi se quedó inmóvil unos momentos, pero después comenzó a forcejear para librarse del agarre.

Pasaron pocos minutos, el Príncipe seguía empujando sus labios con fuerza contra los de Kurumi, lastimándola un poco. La pelinegra forcejeó tanto como pudo hasta que logró zafar una de sus manos y lo empujó con fuerza hacia atrás separándolo un poco de ella.

-¡¿Qué crees que estás haciendo?! – Exclamó furiosa viéndolo. - ¡Suéltame inmediatamente! -

-¿Qué…? – Zeon levantó la mirada y la vio fijamente, notó la pequeña mordida que le hizo en los labios a Kurumi y se dio cuenta que aún sostenía sus manos con fuerza. – "¿Exactamente que estoy haciendo…?" – Su expresión cambió a una molesta e inmediatamente la soltó aventándola. - ¡Aléjate de mí, maldita mocosa! –

-¡¿A ti qué te pasa?! ¡No te entiendo! – Exclamó furiosa. - ¡Eres un tonto total, definitivamente eres un idiota! ¡UN IDIOTA! – Diciendo esto se dirigió a la puerta, notando que Zeon le había puesto seguro. - ¿Eh…? ¿Tiene…seguro…? – Su mirada cambió a una enojada y volteó a verlo. - ¡¿Exactamente que estabas planeando hacerme?! –

-¿Qué planeaba…? ¡¿Qué planeaba?! ¡Librarme de ti, claro está! – Exclamó furioso. - ¡Detesto toda esta situación, la detesto! ¡No quiero estar ligado a ti el resto de mi vida por tu maldita condición! –

-¡Nadie te obliga a hacerlo! ¡Yo tampoco te quiero a mi lado! – Quitó el seguro y salió de la habitación molesta, cerrando de golpe la puerta.

-Tsk…maldita mocosa… - Murmuró furioso, poco después se calmó y solo se quedó en la puerta recargado. – "¿Y ahora qué? ¿Exactamente en qué estoy pensando? ¡Arg, está situación me enferma!" – Pensó mientras apretaba los puños. – "Si le digo todo será más fácil…así la obligaré a cargar con la decisión, probablemente lo rechazará inmediatamente…Sí, eso haré, se lo diré, entonces cuando descubra la cura se rehusará y será Kurumi quien se lo diga a mi madre, así ella al fin me dejará en paz." – Con la mente más clara, levantó la vista decidido.

Zeon se teletransportó a la biblioteca real. Una vez ahí, comenzó a buscar el libro médico donde había una pequeña información sobre la enfermedad de los "huesos de cristal".

-Bien, aquí esta. – Dijo tomando el libro. – Ahora solo falta otro… -

El peligris nuevamente regresó a la Sección Prohibida de la biblioteca para sacar el libro antiguo donde mencionaba la maldición que Kurumi poseía. Había decidido contarle todo, y esos libros serían pruebas de que sus palabras eran reales, una vez que lo encontró volvió a cerrar todo (aunque igual sabía que no había nadie más en el Castillo).

Pasó una hora y el chico ya había planeado todo con calma y detalles, tenía buenos argumentos y las pruebas en sus manos, si Kurumi se negaba a creerle le mostraría los recuerdos de ese día cuando sus padres le contaron todo, sí, era perfecto, no había fallas.

Zeon tocó a la puerta de Kurumi repetidas veces pero jamás le abrió, podría suponer que no estaba, pero podía percibir su presencia.

-Kurumi, ábreme. – Dijo tocando nuevamente a la puerta. – Si no abres tumbaré la puerta y va enserio. – No recibió ninguna respuesta. – Esto no es juego, te lo advierto: abre ahora o ya verás. – Nuevamente recibió silencio. - ¡Maldita sea contigo! –

Zeon, irritado, abrió la puerta y estuvo a punto de gritarle, pero se quedó inmóvil cuando la vio tosiendo con fuerza mientras cubría su boca con la palma de su mano, podían distinguirse unas pequeñas gotas de sangre en sus manos salpicada al igual que en la cortina de la ventana a la que se aferraba con fuerza.

"¡Ella te salvó la vida al cargar una maldición dolorosa que te pertenecía a ti!", las palabras de su madre resonaron en su mente, sintió un nudo en la garganta y nuevamente su estómago se revolvió.

-¡Kurumi! – Exclamó corriendo hacia ella y comenzó a palmearle la espalda. - ¡Oye, aguanta! ¡¿Dónde está el medicamento?! –

Kurumi continuaba tosiendo sin poder detenerse, no quería recibir su ayuda, pero el pecho comenzaba a dolerle con fuerza al igual que su cabeza, así que trató de contenerse lo más que pudo y apuntó con dificultad a un cajón cerca de su cama. No quería depender de él, pero sabía muy bien que no había nadie más en ese enorme Castillo.

-¿En aquél cajón? – Preguntó, Kurumi asintió un poco. – De acuerdo. –

Zeon corrió al cajón y comenzó a buscar el medicamento, había muchos que no sabía qué eran o para qué servían, por suerte el medicamento para la tos lo conocía muy bien ya que lo había visto la primera vez que la encontró en ese estado.

Sacó las pastillas y sirvió un poco de agua en el vaso que estaba al lado de su cama en una charola junto a una jarra de porcelana blanca, tomó el agua junto al medicamento y la ayudó a tomárselo.

Su tos continuó por varios minutos y poco a poco comenzó a calmarse. Zeon la recostó en su cama para que descansara cuando notó que estaba comenzando a dormirse en su silla.

-Gracias… - Murmuró Kurumi mirándolo un poco.

-No digas nada, ahora duérmete para que te mejores. – Dijo desviando la mirada.

-De acuerdo… - Murmuró para después cerrar sus ojos.

-Tsk, que fastidiosa. – Murmuró mientras salía de la habitación y cerraba la puerta detrás de sí. – Esto no es típico de mí. – Se dijo a sí mismo recargado en la puerta.

Un pequeño gruñido proveniente de su estómago lo hizo cambiar su mirada a una irritada y lo apretó con fuerza.

-Maldita sea, estoy hambriento. – Soltó un suspiró resignado y se teletransportó hacia la cocina para buscar algo de comer.

Cuando llegó notó que había mucha comida congelada en el gran refrigerador, para su mala suerte toda necesitaba ser cocinada. Soltó un gruñido fastidiado pero nuevamente su estómago crujió, maldijo internamente a todos los sirvientes por haberse ido de vacaciones y solo tomó una manzana, un vaso de jugo y salió de la cocina para ir al comedor.

-Malditos esclavos, encima de que hacen tan mal su trabajo se largan de vacaciones. – Murmuró fastidiado.

Se quedó confundido de ver un plato servido en la mesa: tenía cinco trozos de carne asada, puré de papa y ensalada. "¿Quién lo hizo?", se preguntó, poco después recibió la respuesta tan obvia, ¿quién era la única persona, además de él, en el Castillo? Soltó un bufido ante su pregunta tan boba.

-Al menos cumple su labor antes de dormirse. – Dijo para sí, sentándose en la mesa y comenzando a comer del platillo frente a él. – No cocina tan mal, podría considerar el contratarla como mi cocinera personal. – Murmuró soltando una risita. – Tenerla al lado podría no ser tan malo. –

-Flashback-

La primera fase son "los huesos de cristal", convierte cada uno de los huesos del cuerpo del portador en cristales, de ahí proviene su nombre. La segunda fase es "el virus", el portador comienza a padecer frecuentemente enfermedades y molestias, tales como gripe, fiebre, tos, estornudos, escalofríos, etc. La tercera fase es "la mutación", el virus se agranda y comienza a carcomer los órganos del portador, dañándolos considerablemente y causando que algunos comiencen a dejar de trabajar. La cuarta fase es "el descenso", el virus se esparce por todo el interior del cuerpo del portador y este comienza a contraer enfermedades graves como tuberculosis, pulmonía, etc. Una vez entrada en esta etapa es imposible sobrevivir, ya que implica la muerte definitiva de aquél que la porte.

Fin de Flashback-

-Tsk, maldición… - Murmuró fastidiado al recordar todo aquello. - ¿Cuánto tiempo…sufrirá antes de morir? – Se preguntó algo decaído, después se puso de pie. – Iré a revisarla, no vaya a darle fiebre de nuevo y me culpen. –

Zeon se teletransportó a la habitación de Kurumi y cerró la puerta cuidadosamente, después se acercó a la cama y la miró dormir plácidamente.

-Aparentemente está bien. – Dijo separando su mano de la frente de Kurumi. – No tiene temperatura y tampoco se está quejando. – La miró nuevamente y removió unos mechones de cabello de la cara de Kurumi. – Es imposible creer que alguien tan terca y tonta como ella se esté muriendo lentamente.

-Flashback-

-Es un método complicado, y podría no ser efectivo, pero es la única manera de salvarla. – Explicó el doctor.

-¿Y cuál es ese método? – Preguntó Lia.

-Que ambos niños engendren un hijo. – Explicó el doctor.

-Fin del Flashback-

-Maldita sea… - Murmuró apretando los puños. - ¿Por qué necesito hacer eso…? ¿No hay alguna otra manera de salvarla sin tener que hacer "eso"…? –

Flashback-

-Zeon…eres la única esperanza de esa chica. – Dijo Lia mirándolo a los ojos. – Tienes que hacerlo por Kurumi, no permitas que sufra más. –

-Fin del Flashback-

-Sí ese es el caso, entonces… -

Zeon arrancó dos pedazos de tela de la cortina y cuidadosamente ató con uno de ellos las manos de Kurumi y después le vendó los ojos. Kurumi despertó al sentir que algo la ataba y abrió los ojos, pero no pudo ver nada.

-¿Qué sucede? ¡¿Quién está ahí?! – Exclamó tratando de liberar sus manos. - ¡Suéltame! –

Zeon no respondió, solamente se subió encima de ella y le arrancó la ropa con brusquedad. La pelinegra continuó forcejeando pero no lograba soltarse.

-¡Te lo advierto, déjame ir! – Exclamó Kurumi con un poco de temor. - ¡Suéltame! –

-Cállate, no hables… - Murmuró fastidiado, estaba actuando de una manera nada común en él, pero no se paró a pensarlo unos momentos, solamente se retiró el short y volvió a besarla con brusquedad.

-¡Q-Quítate…! – Exclamó tratando de liberarse. - ¡Por favor, déjame ir! – Nuevamente sus súplicas fueron calladas por un beso tosco. - ¡No quiero…! ¡Detente! –

Zeon la abofeteó irritado y no sintió piedad de ella: La tomó de los hombros y, con brusquedad, introdujo su miembro en la entrepierna de Kurumi, quien comenzó a llorar con dolor y desesperación mientras gritaba desgarradoramente.

-¡Me duele! ¡Me duele! ¡¿Qué estás haciendo?! ¡Déjame en paz! – Gritó desesperada mientras sus lágrimas salían de sus ojos y mojaban la tela que cubría sus ojos.

-¡Cierra la boca! – Exclamó cubriéndole la boca con su manto y comenzando a moverse con brutalidad dentro de la pelinegra. - ¡Maldita sea…! ¡Maldita sea…! – Dijo repetidas veces conforme aumentaba la velocidad de su cadera al embestir con fuerza la chica.

Kurumi estaba llorando, sus quejidos de dolor pasaban a través del manto de Zeon en su boca y seguía forcejeando para liberarse. Estaba adolorida y muy asustada, ¿por qué a ella? ¿Por qué él? No entendía la situación, su corazón estaba destrozado y todo su cuerpo era demasiado pesado al punto que le calaba en los huesos.

"El Príncipe Zeon debe unir su ADN con el de Kurumi", esas palabras resonaron en la mente de Zeon, haciendo que aumentara la velocidad y la fuerza de las embestidas, a tal grado que comenzó a temblar un poco al sentir una sensación extraña recorriéndolo.

-"¿La cura está en mi ADN? Bien, ¡entonces quédatela!" – Pensó Zeon mientras dejaba salir ese líquido dentro del interior de Kurumi.

Su cuerpo nuevamente se estremeció y cayó sobre Kurumi mientras jadeaba intentando recuperar el aliento, se separó de ella para darse cuenta que de la entrepierna de la pelinegra salía tanto su venida como la sangre que escurría del interior de la chica.

-¿Qué…? – Zeon se quedó atónito al verla fijamente.

La tela en los ojos de Kurumi estaba totalmente empañada en lágrimas, escuchaba con más claridad los sollozos de dolor de la pelinegra, ahora veía la sangre que manchaba las sábanas blancas de la cama y el moretón que la tela que ataba sus manos, notó el líquido blanquecino que manchaba su misma ropa y rápidamente se acomodó el short, caminó hacia Kurumi y la liberó, notando que sus ojos estaban rojos.

-Kurumi… - Murmuró.

-Vete… - Murmuró entre sollozos. – Te odio… -

Zeon no dijo nada, solamente se retiró en silencio de la habitación dejando a Kurumi sola, quien comenzó a llorar completamente desgarrada mientras apretaba las sábanas…


¡YAHALLO! xHimemikoYukix aquí~

Parte 11 de Nobleza, espero que les haya gustado uwu

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¡NOS LEEMOS!