Saga Esvástica
No me olvides
Las nubes se tornaban de un encantador anaranjado, el viento era amable con su cabello. Suspiro, sin apartar su mirada del atardecer.
Era difícil creer que había guerra con esta tranquilidad. Aunque tampoco se engañaba, sabía que el verdadero infierno en la capital inglesa empezaba cuando los cielos ya se habían oscurecido. Sus labios se fruncieron y lentamente paso su mirada del bello atardecer a un simple uniforme que reposaba en la cama.
Mañana se iría. No sabia cuanto tiempo pasaría para volver; y en la madrugada que había por venir tendría una breve platica con Arthur y Francis, harían repaso a la estrategia.
-Espero que estés diciendo la verdad, Arthur.- Murmuro mientras se volvía a mirar el atardecer.
"Tu, le gustas a Alfred"
Claramente avergonzada escondió su rostro entre sus manos, estas se calentaron al contacto de su piel.
"Mañana, si vas a despedirme, hare una promesa contigo."
Su rostro se enterró aun más en sus manos ¿Qué diablos había dicho? ¿Qué le prometería? ¿Por qué siempre era tan impulsiva?
-Maldito cejon…-Siseo
Era la culpa de ese ingles altanero, y lo que era aun peor es que se estaba creyendo esas palabras…Se empezaba a creer que en verdad existían sentimientos de Alfred hacia ella, había una parte en ella que decía "Ya lo sabia" o al menos un "Me lo suponía". Pero, ¿Y si había mentido? En ese caso, ella estaría cayendo redondo en la mentira.
-Aun así… ¿Qué ganaría el mintiéndome?- Se pregunto.
Gruño fastidiada.
-No tengo que pensar en eso…Sea verdad o mentira, ya le prometí "algo" a Alfred…Y no tengo la mínima idea de que podría ser.- Se regaño suavemente.-Piensa Isabel…-
TOC TOC
-¿Promesa…Una promesa de que…?- La joven se debatía mentalmente.
TOC TOC
Alarmada Isabel alzo su mirada y su espalda se estremeció.
-¿Quién es?- Pregunto sin moverse de su puesto.
-Mon Chéri,c'est moi, Francis- Se escucho al otro lado de la puerta.- ¿Puedo pasar?
-¿Qué necesitas?- Pregunto Isabel.
-Vengo a hacerte un poco de compañía.- Expreso el hombre.-¿Puedo pasar?-
Isabel medito por momento ¿Seria prudente e inteligente de su parte dejar entrar a su habitación al país mas lujurioso que haya conocido? Hizo un puchero.
-De acuerdo, puedes pasar.- Isabel tomo de entre sus ropajes una pequeña arma.
Cuando la puerta rechino y se mostro el rostro reluciente de Francis. Isabel no perdió tiempo.
-Para que sepas, tengo un arma.- El pequeño cañón apunto al pecho de Francis.- Ponme un mano verde encima y ya veras ¡Eh!-
Francis rio suavemente y cerro la puerta tras el.
-Tan cómica como siempre, mon cheri.- Francis tomo una silla que estaba en la esquina de la habitación y la llevo hasta que esta estuviera situada frente
Con una sonrisa discreta, Isabel bajo en arma y la dejo en su regazo.
-¿Qué traes allí?- Pregunto Isabel, notando la bolsa de papel en manos del francés.
-¿Esto?- Inquirió alzando la dicha bolsa.-Son galletas, las he preparado para compartirlas contigo.-
Con cuidado, Francis abrió la bolsa y sutil olor a canela le inundo los sentidos. Aspirando con suavidad se dejo envolver por el aroma del pasado.
-La canela, siempre me recuerda a Papá España.- Confeso Isabel mientras tomaba una galleta.
-De hecho, estas galletas están hechas con la receta de Antonio, mon cheri.- Dijo Francis mientras el también tomaba una galleta.-Me ha pasado la receta, la ultima vez que lo visite.-
-¿Cómo esta?-
Francis sonrió y observo como la latina no le miraba a los ojos.
-Se encuentra bien y sano. Nada de que preocuparnos.- Aseguro Francis.
Isabel sonrió.
-Me alegro.- Alzo su mirada.-¿Te dijo algo…sobre…el que haya entrado?-
Francis limpio las migajas de sus manos.
-Si. Al principio estaba un poco enojado.- Isabel torció el gesto.-Pero dijo que ya eras una mujer y tu tomabas tus propias decisiones.-
-Ya veo.- Isabel empezó a mordisquear una nueva galleta.
Hubo un silencio cómodo, hasta que Francis suspiro frotándose las sienes.
-¿Qué sucede?- Cuestiono suavemente la morena.
-Antonio, es demasiado inocente.- Dijo de improviso.-Siempre perdona a todos, y sigue con su vida como si nada, le sonríe a aquellos que le han marcado la piel y la mente…Es demasiado ingenuo.-
Isabel asintió.
-Papá España hablo de Prusia ¿Cierto?-
Francis asintió.
-No entiendo como lo puede perdonar fácilmente.-
Isabel volvió a asentir. Entendía la rabia de Francis hacia el germánico, ella misma sentía su alma hervir cuando pensaba en el y todo el daño que le había causado a su padre…Y sabia por que el resentimiento de Francis era mas grande que el de ella.
Ellos. Los tres. Eran grandes amigos; de las mejores relaciones que podría ver entre todos los países; recordaba como los tres se juntaban en los días de colonia para beber y hablar, recordaba como los miraba desde la oscuridad de la hacienda como presumían entre ellos quien era el mejor padre. Recordaba sentir la calidez que ese trió de amigos irradiaba. Si ella, que mantenía una relación neutra con Prusia sentía traición, no quería imaginar el resentimiento de Francis.
-…No puedo perdonarlo.- Como sacada de un trance Isabel empezó a escuchar la voz de Francis, había estado hablando.-No puedo ser como España, no puedo perdonarlo.-
Isabel movió sus labios, indecisa de que poder decir.
-¿Te puedo hacer una pregunta?- Isabel tomo la taza entre sus manos y observo expectante al castaño.
-Adelante Isa-chan.- Dijo gentilmente España.
-¿Cómo lo haz hecho para perdonarnos?- Su curiosidad brillaba.-Ya sabes, las Independencias y todo eso.
El hombre sonrió ampliamente.
-He vivido por mucho tiempo Isa-chan, y si algo he aprendido en todo ese tiempo, es que viviré por la eternidad, ¿No crees que guardar rencores por la eternidad es cansado?- El hombre la miro con sus amables ojos verdes.
Ella bajo la mirada para ver su reflejo en el líquido humeante.
-Supongo que si.- Murmuro ella.
Recordaba esa conversación, había sido mucho antes del Porfiriato.
-Guardar rencores es cansado…-Susurro ella.
-Excusez-moi, ma chérie?- Pregunto levemente contraido el europeo.
Isabel elevo su mirada. Había olvidado que estaba con Francis, sacudió su cabeza.
-¿No crees que guardar rencores es cansado?- Pregunto ella.
Francis sonrió amargamente.
-Sin duda fuiste criada por Antonio.- Murmuro.-Pero a diferencia de el, hay muchos que aun con el pasar de los siglos no han perdonado.-
"Por que si estas mintiendo le partirás el corazón."
-Arthur perdono a Alfred.- Dijo, pero parecía más una reflexión en voz alta.-Alfred daño tanto a Arthur y el lo perdono…Arthur ama a Alfred tanto…-
Francis suspiro.
-Es diferente, mon cherie.- Comenzó el rubio.-El amor que une a Alfred y Arthur es el de una fraternidad y hermandad enorme; a mi lo que me ata a Gilbert es la amistad.-
-¿Y los lazos de amistad no son lo suficientemente fuertes?-
Hubo silencio.
-En algunos casos no lo es , Isabel.-
Isabel miro el suelo. Y pudo escuchar como Francis mordía una galleta.
"Le romperás el corazón…"
Isabel suspiro mortificada.
-¿Problemas sentimentales?- Inquirió Francis, volviendo a adaptar su conocida despreocupación.
-Algo así.- Confeso Isabel.
-Mon Dieu!- Exclamo emocionado Francis.-¡¿Sucedió algo con Alfred?-
Isabel frunció sus cejas con cierta decepción. Había momentos en los que Francis parecía una mujer de chismosa.
Aunque…Francis era muy bueno cuando se trataba del amor ¿O no? Se mordió el labio. Le podría pedir un consejo.
-¿Te puedo pedir un consejo?- Pregunto avergonzada.
Francis por su parte sonrió gentilmente y tomo las morenas manos entre las suyas.
-Claro que si, Isabel.- Isabel sintió un calor parecido al que España le transmitía.
-Hoy…Le dije a Alfred, que haría una promesa con el antes de irme a combate…Pero…No tengo ni la menor idea de que decirle, lo hice por impulso.- Confeso infinitamente avergonzada.
Francis sonrió.
-Pero…Es que…Si me voy, habrá tantas mujeres a su alrededor y… ¡Seguro que se va a ligar con ellas! No es que me importe, pero…Es un idiota y…Las mujerzuelas esas se aprovecharan y entonces…-Un puchero se formo en sus labios.
-¿Estas celosa, Isabel?- Pregunto con una sonrisa zorruna el francés.
-No lo estoy.- Declaro confiadamente.-Solo estoy preocupada.-
-¿De que te roben el corazón de Alfred?- Seguía burlándose de ella.
-¡No!- Exclamo rápidamente.-Es solo que…Seguro me voy y se olvidara de mí.-
-¿Por qué no haces algo que haga que no se olvide de ti?- Sugirió el rubio.
-¿Cómo que?- Eso no sonaba como una mala idea.
-Podrías ir en la noche, con solo un camisón a su habitación y decirle en un tono sensual…- El hombre paro cuando sintió el contacto de hierro frio en su sien.
-Termina eso y juro que te mando a un hospital.- Amenazo la joven.
Francis rio nervioso.
-Supongo que no te agrado la idea.- México torció furiosa su expresión.
Hubo silencio.
-Sabia que no debía de haberle preguntado…Estúpido Francis, solo sabe…- Sus pensamientos fueron interrumpidos.
-Recuerdo, el día antes de que Joan se fuera…-Su mirada azul se había perdido en el cielo nocturno de los recuerdos.
-¿Joan?- Se pregunto Isabel.
-Se acerco a mi; sin su armadura y vestida en un bello vestido, su cabello lo tenia arreglado con una broche que le había dado…-
-Debe estar hablando de Juana de Arco.-
-Yo estaba hecho un desastre.-Rió con amargura.-Todo herido y magullado; recuerdo su mirada triste y llena de lagrimas, pero…Ella sonreía.- En su rostro masculino se formo una melancólica sonrisa.-Se acerco a mi y con su mano áspera de tanta batalla me acaricio mi mejilla.-
Isabel escuchaba atentamente y sin hacer ruido alguno.
-Sus labios fueron hacia mi oído y todavía pudo escuchar con gran claridad su voz diciéndome "Te protegeré y te liberare. No importa si muero por ello, pero si muero, quiero que jamás me olvides".- Los ojos de Francis se empezaron a vidriar.- Después de eso…Recuerdo como sus labios cálidos acariciaron mi mejilla herida, esa noche, fue la ultima vez que la vi libre.-Francis se detuvo y aspiro nerviosamente.-Cuando ella estaba en la hoguera, recuerdo como estaba entre la multitud y no podía hacer nada…Y como su mirada adolorida se encontró con la mía, ¿Sabes que sucedió en ese momento?-
Isabel negó.
-Ella dijo "Ne m'oubliez pas, parce que je ne le sera jamais".-
-No me olvides, por que yo jamás lo hare.-
-De eso, ya han pasado siglos, mon cherie.- Relato Francis.-Y no hay día en que no la recuerde a ella, y esa noche.-
Aspirando con fuerza, Francis se alzo de su puesto. Y poso una mano en la coronilla de la cabeza de Isabel.
-Espero que te haya servido mi consejo, Isa-chan.- Le dijo cariñosamente.- Y créeme, que siempre disfruto estas conversaciones contigo.-
Isabel vio como Francis se alejaba en la oscuridad de la habitación.
-Bonne Nuit, mon cher.- Y la puerta se cerró tras Francis.
Los ojos castaños viajaron hacia el firmamento estelar y exhaló.
-¿Un beso?- Y su susurro fue llevado en el viento.
•••
Miro el reloj de muñeca ansiosa.
Eran las 9:40, si Alfred no llegaba en los siguientes 15 minutos, se tendría que ir.
Tenia puesto el uniforme que le había obsequiado y su cabello era alzado en una coleta. Sus botas de combate se movían impacientes y bajos sus guantes las manos le sudaban.
-¿Dónde estas Alfred?- Murmuro.
-Señorita Fernández, partimos en 10 minutos.- Aviso uno de los hombres.
-¡Lo se!- Aspiro nerviosa.
¿En verdad no vendría? Suspiro cansada y se dio la media vuelta, seria mejor ir subiendo las cosas.
-¡IZZY!- Exclamaron a lo lejos.
De inmediato se giro.
-Alfred.- Murmuro ella.
Había venido, estaba corriendo a su encuentro…Había venido.
-Sorry I was late…- Unos brazos rodeándole el cuello le hicieron callar.
-No importa.- Aseguro Isabel.
-Hey Iz, ten mucho cuidado, por favor.- Sus brazos sujetaban suavemente su cintura.
-Lo tendre. Tu también ten mucho cuidado, no voy a estar aquí para defender tu lastimoso trasero, asi que ten cuidado.-
Alfred rio ante la broma.
-Don´t worry, I AM HERO!-Exclamo el, mientras la apartaba para mostrarle su confiada sonrisa.
Con una sonrisa, Isabel negó.
-Aun los héroes pueden ser dañados, Alfred.- Dijo suavemente, su mano acariciando levemente su mejilla.-Ten cuidado, si vuelvo y te veo herido, hare que todo el resto de tu lastimoso cuerpo termine aun mas herido y hospitalizado ¿Entiendes?- Amenazo severamente la latina.
-I get it.-
Isabel se aparto de el, y se giro.
-Entonces, nos vemos.- No le miro.
-Hey Izzy… ¿Y la promesa?- Sonaba ansioso.
-¡Cierto!- Fingió con destreza.- Pero, no estoy segura de que quieras que la haga…Sera algo que quizá te deje marcado.-
"Tu, le gustas a Alfred."
-¡Para nada, anda dime!- Se veía como un niño.
"Tu, le gustas a Alfred"
Sonrió y dio un paso al frente; poco a poco acorto la distancia entre ellos.
-No estoy celosa.- Murmuro ella.
"Hay tantas mujeres a su alrededor…"
-Solo estoy preocupada…-Susurro, cada vez estaban mas cerca.
"Seguro ligara con ellas."
-De que me dejes a un lado…- Ya no había distancia que los separara.
-Izzy, eso jamás…- Callo instantáneamente, sus ojos abiertos como orbitas.
La brisa arremolino ambas melenas. Ella cerraba los ojos y el no podía cerrarlos, no podía reaccionar. No sabia que hacer.
"Han pasado siglos, y no hay día en que no piense en ella."
-¡Señorita Fernández hora de irnos!- Llamaron a lo lejos.
La distancia se volvió a presentar, y ella le sonrió.
-Solo estoy preocupada.- Le dijo a Alfred, el cual seguía sin reaccionar.
"No me olvides…"
Sin voltearse del rostro anonado, llego al avión.
-Cuando vuelva, te prometo que hablaremos.- De un salto, estaba en el ala. Lista para abordar.
Abordo y se ajusto el cinturón; al mirar a Alfred, noto que el hombre ya estaba reaccionando.
-Hasta entonces, pretty boy.- Con una encantadora sonrisa, le guiño el ojo.
El motor se encendió y el avión empezó a andar.
"Por que yo jamás lo hare…"
Mis disculpas por el retraso. Oficialmente, este es el capitulo mas largo escrito hasta ahora; espero que haya sido de su agrado y que no haya sido confuso ni nada parecido, en caso de favor de hacérmelo saber para aclarar dudas.
Por mi parte es todo y espero que haya sido de su agrado.
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