Capítulo 45: Reunión de pastores

El característico olor a humedad, el frío viento azotando mi cara, el agua del rocío empapando mis botas de cuero al alba, la suave hierba amortiguando mis pisadas haciéndolas inaudibles a los oídos de mis presas... Eternas mañanas de caza obligada al principio que, con el tiempo, se convirtieron en la única salida que encontraba para aliviar todos mis pesares. Pesares que ahora, en retrospectiva, me parecen muy livianos. Eternas mañanas de caza que me sirvieron para conocerme mejor y para sentirme en comunión con el único nexo que quedaba entre mi difunto padre y yo. Eternos paseos por el bosque que alargaba a propósito para no tener que volver a la triste realidad de mi distrito. Eterna amistad la que un día se forjó entre pinos, fresnos, arces y abedules y que se corrompió por el odio y la sed de venganza del hombre que una vez fue mi mejor amigo.

Todo esto me golpea de lleno cuando, detrás de la puerta, encuentro a Gale. Su nombre ha salido de entre mis labios más como reflejo que otra cosa. Impresiona verlo después de tanto tiempo y tras lo mal que acabó nuestro último encuentro. ¡Mierda! ¡Aún no se lo he contado a Peeta! Me prometí decírselo la noche de la cena de hace casi un mes, pero teniendo en cuenta como acabó todo aquél día es más que lógico que se me fuera el santo al cielo…

Trato de encontrar una salida para el laberinto en el que me he metido por méritos propios cuando la voz ronca de Gale me llama:

- Hola, Catnip. - a pesar de lo cercano que sonaba antes ese mote en sus labios, ahora resulta frío y sin sentimiento, sobre todo por la regia postura que mantiene el dueño de esas palabras. - No esperaba encontrarte aquí. Mucho menos así…

¿Encontrarme aquí? ¿Así? No entiendo nada hasta que recapacito y recuerdo que son poco más de las once de la mañana de un día festivo, que estoy en casa de Peeta y que llevo puesto el pijama. Todo termina de encajar cuando caigo en la cuenta de que le acabo de gritar a Peeta que no quiero ocupar más que él en la cama mientras abría la puerta.

- ¿Qué haces aquí? - trato de llevar la conversación por otros derroteros.

No quiero darle explicaciones que no merece al culpable de mi separación de Peeta. Ya lo perdoné por lo de mi hermana cuando estuve en el dos (en el fondo soy consciente de que él no tuvo la culpa), pero no he sido capaz de perdonarlo por intentar aprovecharse de la situación cuando estaba de paso por su distrito. Además de empujarme al borde de la muerte al obligarme a huir de él, trató de conseguir a la fuerza algo que yo no le iba a dar. Traicionó nuestra amistad y rompió el último lazo que nos unía. No sé si alguna vez podré perdonárselo.

- Creí que ya lo sabrías… ¿También te controlan el correo? - contesta él sarcásticamente.

- ¿De qué diablos hablas, Gale? ¿Qué demonios tendría que saber? - empiezo a impacientarme. No quiero estar hablando con él, y mucho menos cuando no he tenido tiempo de poner a Peeta sobre aviso de los últimos acontecimientos entre Gale y yo.

- Tengo que reconocer que no esperaba un recibimiento mejor después de todo. - dice más para sí que para que yo lo oiga. - Venía a preguntarle al panadero sobre ti, pero no ha sido necesario. Debí suponerlo…

Como llamado por algún reclamo ineludible, Peeta aparece por la puerta de la cocina ajeno a lo que sucede y hablando sin parar sobre lo que quiere hacer hoy durante la fiesta:

- ¿Sabes qué? - le oigo decir en el umbral de la puerta. - Deberíamos saltarnos las formalidades y pasar directamente a la cena. No creo que echen mucho en falta nuestra presencia si nos ausentamos un ratito durante el pregón. Al fin y al cabo, se me ocurren cosas mucho más divertidas que hacer mientras habla el alcalde…

Como la puerta está entrecerrada, Peeta no alcanza a ver quién se encuentra tras ella desde su posición. Yo me sonrojo al instante por su proposición indecente y porque me siento incómoda sabiendo que el que está detrás es Gale. Ya de por sí me cuesta lidiar con esto cuando se trata de Haymitch, conque ahora la situación no puede ser más surrealista.

Peeta recorre los últimos metros que le separan de mí divagando sobre a dónde me llevaría durante nuestra "escapada" de esta noche y cuenta los miles de besos que me daría. ¿Es que no puede ser un poco prudente? Es decir, estoy con la puerta a medio abrir y, aunque sospeches que se trata de Haymitch, no sabes a ciencia cierta quién está detrás. ¡Córtate un poquito! Cualquiera que le oiga va a pensar que somos ninfómanos sin escrúpulos que van gritando a los cuatro vientos cómo es su vida sexual, cuando lo máximo que ha pasado es que nos hemos tenido que duchar con agua fría un par de veces.

Cuando llega a mi altura, yo ya estoy mirando al suelo muertísima de la vergüenza y matándolo de un millón de formas distintas en mi mente. Me rodea la cintura con sus brazos y deja un beso en mi cuello. Yo termino de abrir la puerta y dejo a su vista la imponente silueta de Gale. Su reacción no se hace esperar.

- ¿Gale? ¿Qué haces aquí?

- ¡Vaya! Parece que hoy todos preguntáis lo mismo… - contesta con cierto deje de burla. - No entiendo por qué eres tan hipócrita cuando ya sabías que iba a venir. ¿O es que acaso Katniss no te lo contó?

Peeta me suelta y se hace a un lado para quedar a mi vera y frente a Gale.

- ¿Contarme el qué?

La pregunta bien podría estar dirigida a mi antiguo compañero de caza, pero sé de sobra que soy yo la interpelada y la única que debe responder a su pregunta. El problema está en que no tengo ni idea de qué narices habla Gale.

- ¿Qué cojones estás diciendo, Gale? - le pregunto tratando de evitar la inquisitiva mirada de Peeta. Bastante mal me siento ya por haberle ocultado el verdadero motivo de mi desaparición. Sospecho que esto me traerá cola.

- Vamos, Katniss. No seas cobarde ahora. Sé de sobra que te llegó la carta que te mandé desde el Distrito 4. Me encargué personalmente de que no se extraviara.

¿Carta? ¿Qué carta? ¡Un momento! ¡La carta! Recuerdo ir a todo correr a mi casa a por apósitos y alcohol el día que Peeta sufrió el ataque y encontrar una en el buzón. Como el sello era del cuatro supuse que sería de mi madre o de Annie y la dejé sobre la mesita de la entrada para leerla más tarde. El problema está en que no volví a dormir ninguna noche más, y cuando lo hice fue para coger las cuatro cosas que me he traído a casa de Peeta. Aún así, no recuerdo haberla visto allí cuando volví el jueves, si no la hubiera leído.

- ¿Eras tú el de la carta? Pero, si el sello era del cuatro… - pregunto algo incrédula. Peeta no sabe ni por dónde le pega el aire. Me mira con cara de pocos amigos mientras espera una aclaración. Sin duda cree que le he ocultado algo.

- Sí, era del cuatro. Estaba allí por unos asuntos del gobierno cuando te la mandé. ¿Acaso no la leíste? - Gale empieza a darse cuenta de que no tengo ni idea de lo que me habla.

- No, yo… la vi pero no la leí. - digo cabizbaja. Ambos esperan a que siga con la explicación. - Fue el miércoles, cuando fui a casa a por las cosas para curarte. - levanto la vista y me dirijo a Peeta olvidando por completo a Gale. No quiero que piense que le he ocultado cosas. Bueno, más cosas… - Vi una carta procedente del cuatro en el buzón, pero la dejé sobre la mesa para leerla más tarde y volví corriendo a tu casa. No me había acordado de ella hasta hoy, créeme.

Peeta parece relajarse algo al notar la urgencia de mi voz, pero sigue alerta por la incómoda presencia de Gale. Madre del amor hermoso… si ya hay tanta tensión ahora, no quiero saber cómo acabará todo cuando le cuente lo que pasó en el dos.

- Tranquila, te creo. - me dice mirándome a los ojos para tranquilizarme.

Me rodea por los hombros con un brazo y con una voz mucho más dura que antes se dirige a Gale:

- Y, ¿puede saberse que decía esa carta?

- No sé si te gustaría saberlo, panadero.

Gale mira con autosuficiencia a Peeta y éste se tensa a mi lado, tanto que empieza a hacer demasiada presión con su mano en mi hombro. Justo cuando estoy tratando de encontrar la manera de evitar el asesinato múltiple que está a punto de suceder, un muy oportuno Haymitch Abernathy aparece por detrás de Gale. Ha pasado de mentor metomentodo a héroe salvador. Esto tengo que hablarlo con él…

- Reunión de pastores oveja muerta. - irrumpe en escena con su típico tono sarcástico. - ¿Me he perdido algo?

Doy gracias al cielo por su bendita inoportunidad, que por una vez sirve para algo que no sea molestar, y empiezo a maquinar como salir de esta sin más cadáveres a mis espaldas.


¡La carta! ¡La bendita carta! ¿De qué habrá querido Gale advertirle a Katniss si iba a ir en persona a verla? ¡Hagan sus apuestas! ;)

Mil gracias a todas como siempre por estar ahí. ¡Nos leemos!