Robando tu corazón

52. Sin culpa

—¡¿Cómo que "hola" maldito estúpido?! ¡Se puede saber que carajos están haciendo!

—Viktor, el gatito me gritó —decía haciendo un puchero y provocando la risa del detective. Yuuri había puesto el altavoz, así que este también había escuchado la reacción de su sobrino.

Yurio se fue a quedar esa noche con la señora de los gatos. Aceptó sin oponerse porque las cosas entre Viktor y el japonés no estaban bien, y sería incómodo para su tío que él se quedará con Yuuri y Pichit. Tampoco había preguntado la razón de porqué Viktor debía quedarse trabajando, en realidad nunca se le pasó por la mente que podría tratarse de Eros. No fue hasta que Beka lo llamó preocupado y al darse cuenta que no sabía nada, le contó que Eros había tomado como rehén al detective Viktor Nikiforov, su tío.

Casi le arrancó los pelos al gato que acariciaba en ese momento. No entendía que tenían en la cabeza ese tonto par de amigos como para haber llegado hasta ese extremo. De inmediato llamó al tailandés para que le explicara. Fue entonces cuando supo que Yuuri había ido a entregarse y por esa razón no le habían dicho nada.

Sintió una mezcla de angustia y alivio al enterarse que Viktor estaba ayudando a escapar a Eros. De verdad no quería que el japonés terminara tras las rejas, pero había temido la reacción de Viktor ¿Qué tal si no lo tomaba bien? Sin embargo, si lo estaba ayudando, significaba que no fue tan mala.

Pero, nunca se esperó todo el revuelo que esos dos estaban causando.

La señora de los gatos lo llamó desesperada, pues en la televisión estaban mostrando la persecución de Eros. Demasiadas patrullas iban tras ellos, sumado a que la huida estaba siendo transmitida en vivo y en directo desde el cielo, eso significaba que un helicóptero también los seguía de cerca.

—¡Par de imbéciles! ¡No se dan cuenta de todo el lio que están causando! ¡Tienen a media cuidad tras de ustedes! ¡Incluso lo están pasando por las noticias!

—Oh, eso significa que nos volveremos famosos— los ocupantes del auto rieron mientras que el pequeño ruso al otro lado de la línea no hacía más que gruñir—Tranquilo Yurio, tenemos un plan —decía Viktor intentando calmarlo— No nos atraparan

—¡Más les vale que así sea! ¡No los perdonare si los cogen!

Una vez que gritó sus palabras cortó de inmediato la llamada. Estaba nervioso y necesita desahogarse, así que le pareció una buena idea gritarles un par de cosas a esos dos.

—Creo que estaba preocupado por nosotros —dijo Yuuri.

—Lo conoces tan bien —decía Viktor mientras el dichoso parque comenzaba a aparecer frente a sus ojos junto con la luz de los primeros rayos del sol— Aunque ahora que lo recuerdo él sabía y no me lo dijo, ya tendremos una conversación cuando esto termine

Yuuri se encogió en su asiento. No tenía idea de que sucedería cuando las cosas se hayan calmado. Viktor aun podía cambiar de opinión y arrestarlo.

A medida que se acercaban al parque notaron como el helicóptero iba tomando altura. Su plan estaba funcionado ya que, con la espesa vegetación del lugar era muy difícil seguirlos desde el cielo.

Viktor entró con patrulla y todo dentro del parque. En un principio había pensado en dejarla y correr hasta la entrada del alcantarillado, pero luego de meditarlo unos segundos, le pareció que en ese tiempo las patrullas podrían alcanzarlos y toda la ventaja que les sacó no habría servido de nada.

Arrasó con unos cuantos arbustos a su paso y zigzagueó entre los árboles. Hasta que finalmente llegaron cerca de la entrada del dichoso alcantarillado. Esta se encontraba cubierta por unas malezas, al parecer no se había usado en mucho tiempo.

Rápidamente descendieron del vehículo y entre los dos levantaron la pesada tapa de metal que cubría la entrada hacia la parte subterránea de la cuidad. Daban gracias que a esa hora nadie estuviese merodeando por el lugar, lo único que habían visto era a un perrito callejero dando un paseo matutino.

—Yuuri —dijo el detective tomándolo del brazo, evitando que entrara definitivamente en el agujero— No te detengas hasta que estés a salvo

El tono preocupado con el que le había dicho eso, conmovió de inmediato al japonés.

—Viktor —dijo acercándose y tomando la cara del ruso entre sus manos— Gracias

Plantó un suave beso en los labios del oficial. Viktor no se quedó atrás y agarrándolo de la nuca profundizo aún más su contacto.

Por un momento todo parecía no importar, la excitación se apoderaba de sus cuerpos impidiéndoles separarse. El tacto y el calor del otro eran muy estimulantes, y sumado a la adrenalina que aun corría por sus venas, sentían como sus sentidos se iban nublando poco a poco.

Fue Yuuri quien primero se volvió consiente del lugar y la situación en la que estaban, así que contra toda su voluntad terminó apartándose y rompiendo el fogoso beso que estaban compartiendo.

—Lo siento —se disculpó Viktor— Me emocioné

—Será mejor que me marche —decía Yuuri sonrojado intentando entrar en el alcantarillado sin tropezarse y con su corazón latiendo desbocado.

—Sí, yo me encargo de todo aquí arriba… Hey, no olvides que tenemos una conversación pendiente. Así que espera en casa junto a Pichit, una vez que me desocupe iré donde ustedes —dijo antes de que Yuuri se marchara.

El japonés asintió un tanto nervioso y finalmente bajó, marchándose definitivamente del lugar.

Viktor puso la tapa nuevamente en su sitio y la cubrió con la maleza. Volvió hasta el auto para coger la pistola. Caminó unos metros más allá, en dirección contraria hasta dar con una banca a la cual se esposó, y desde esa posición lanzó hacia los arboles las llaves junto con el arma. El plan era decir que Eros lo dejo ahí y luego se marchó perdiéndose en el parque. Llevaba puestas un segundo par de las esposas especiales que había mandado hacer, así que iba a ser imposible zafarse sin las llaves. De esa forma nadie sospecharía nada.

Llevó una de sus manos a su frente limpiando el sudor que había en esta. Podía sentir a lo lejos el incesante ruido de las aspas del helicóptero. Se acomodó en la banca y espero tranquilamente a que sus colegas lo encontrasen.

Una vez que lo hallaron y comprobaron que no tenía heridas lo llevaron de vuelta al cuartel. Estuvo explicándole a Yakov lo sucedido mientras este se alegraba de que nada grave le hubiese sucedido.

Lilia y Chris se aparecieron por ahí muy temprano para ver cómo estaba.

—¡Viktor! ¡¿Te encuentras bien?! —decía Lilia lanzándose a darle un abrazo— Vi la persecución en las noticias, estaba muy preocupada

—No me sucedió nada después de todo— dijo el detective pensando en que se refería a su estado físico. Pues, por otro lado, se había enterado hace algunas horas que su adorado japonés era Eros, y no solo eso, sino que también lo ayudo a escapar de sus colegas.

—Iré a regañar a Yakov, no puede ponerte en peligro cada vez que tengan un caso difícil —la mujer habló con tono molesto a la vez que se daba la vuelta y se dirigía al ascensor.

—¿Y? —preguntó Chris una vez que se quedaron solos en la oficina del detective— ¿Qué fue exactamente lo que sucedió?

Viktor seguido de su amigo tomó asiento en los sillones del lugar. Se dio un tiempo para examinarlo de pies a cabeza. Aunque solo bastaba ver su rostro para saber que se refería a algo más.

—Tú lo sabias ¿Cierto? —preguntó finalmente.

—¿Saber qué? —dijo haciéndose el inocente, pero Viktor conocía muy bien a aquel hombre. Podía saber perfectamente cuando le mentía, no por nada ambos pasaron por muchas cosas durante los casos en los que colaboraron.

—No te hagas el desentendido ¿Cómo lo descubriste?

—Está bien, me rindo —habló resignado. De todos modos, era bastante difícil mentirle al mejor detective de la ciudad cuando no eres Yuuri Katsuki, pensó— La vez que se escapó en frente de la estación. Digamos que por un momento alcance a ver su parte trasera y pues, ya te lo había mencionado ¿No? Puedo reconocer a cualquiera solo por su trasero

—No voy a preguntar por qué no me lo dijiste antes, porque sé perfectamente como piensas —decía dejándose caer sobre el respaldo del sillón.

—Entonces ¿Cómo te enteraste tú? —preguntó curioso el reportero.

—Él mismo se entrego

—¡¿En serio?! ¿Por qué? Si me había prometido que ya no robaría más, no lo entiendo

—Por supuesto que no lo entiendes, Yuuri es diferente… —no pudo evitar sonrojarse y que sus latidos aumentaran significativamente. Ese tipo de cosas pasaban siempre que pensaba en su hermoso japonés— Dijo que no podía aceptar ser mi novio si yo no conocía primero la verdad, por esa razón lo hizo

—Vaya… ¿No era más fácil simplemente no decirte nada y aceptar salir contigo?

—¡Ya te dije que Yuuri no es como tú! —le gritó arrojándole un cojín— Él no está corrompido del todo…

—¿Y qué harás ahora? ¿Serán novios, vivirán con Makkachin y cuidarán de Yurio hasta que se independice?

—No suena tan mal. A Makkachin y a Yurio les agrada Yuuri

—Viktor, estoy hablando en serio —decía Chris frunciendo su ceño— ¿Harás vista gorda de todo esto y ya?

—Aún estoy confundido y bastante enojado con el hecho de que me mintieron y engañaron —Viktor le dedicó una mirada de reproche a su amigo, pues él tampoco se salvaba— Pero aun lo amo y no pude entregarlo

—Y te convertiste en su cómplice al ayudarlo a escapar

El detective bajó la mirada. Era cierto, hora él mismo se había trasformado en un criminal al ayudar a Yuuri. Sin embargo, no se arrepentía de nada.

—Lo volvería a hacer si fuese necesario…

—Lo sé —dijo el reportero poniéndose de pie— Necesitas descansar, te llevaré a tu departamento

—No… —lo interrumpió— Hay un par de cosas que debo solucionar primero

—Entiendo… ¿Quieres que te lleve hasta allí?

—Gracias, pero prefiero ir solo

—Como gustes —Chris se dirigió hacia la puerta de la oficina para marcharse, pero antes de salir se giró mirando al detective que aún se encontraba sentado en el sillón— No sé qué será lo que finalmente decidas Viktor, pero espero que sea algo que te haga feliz, mereces un descanso amigo

Dicho esto, se marchó dejando al ruso solo. Las palabras de Chris daban vueltas en su cabeza "algo que le hiciera feliz" ¿Qué le hacía feliz? ¿Su trabajo? ¿Yurio? ¿Yuuri? No podía tener todo, o ¿Sí?

El sonido de su teléfono interfirió en sus pensamientos, así que miró el nombre de la persona que lo llamaba.

—Seung, paso por ti en un momento —dijo para luego cortar y encaminarse a su auto.

Ambos amigos eran un manojo de nervios a esa hora de la mañana.

Iban por su sexta o séptima taza de café, incluso habían perdido la cuenta de cuantas veces Pichit dejó caer la caja de la leche. No habían querido dormir, pues el detective podría aparecer en cualquier momento y finalmente sabrían que sería de ellos.

—Pichit ¿Quieres dejar de pasearte de un lado a otro? Me estas mareando

—No puedo Yuuri —dijo saltando al lado de su amigo, que se encontraba sentado en el sillón de dos cuerpos abrazando un cojín— Estoy muy nervioso ¿Qué sucederá con nosotros? ¿Estarán muy enfadados? ¿Nos van a entregar? ¿Quién cuidara de mis hámsteres si es así? ¿Por qué Viktor no viene luego?

—Debe estar ocupado, sobre todo después de lo que ocurrió anoche —Yuuri intentaba mantenerse sereno arañando y mordiendo el cojín para controlar sus nervios. En cambio, el tailandés no dejaba de moverse por toda la casa.

Después de un rato más sintieron el ruido de un vehículo estacionarse frente a la casa.

—¡Ya está aquí! –gritó Pichit. En ese momento notó que Viktor no se encontraba solo, sino que también venía acompañado de Seung

En unos minutos se escuchó el timbre de la casa sonar insistentemente.

—Pichit, ve abrir —dijo Yuuri sin soltar el cojín al que se aferraba.

—¡No! Ve tú

—¡No quiero ir!

—¡Pues yo tampoco!

—¡Bueno, entonces vamos los dos! —ambos asintieron y se dirigieron hasta la puerta para abrirla.

—Creí que se habían quedado dormidos —dijo Viktor entrando sin pedir permiso y yendo hasta la sala seguido de Seung, quien entró sin decir ni una sola palabra. El par de amigos se había quedado petrificados en la puerta de la entrada, no sabían que hacer ahora— ¿No piensan venir?

—Lo siento… —dijeron al unísono entrando en la habitación. Seung y Viktor se encontraban sentados frente al sillón de dos cuerpos de la sala.

—Siéntense —dijo el detective con voz firme— Ahora nos van a contar con lujo de detalles, cómo y por qué hicieron todo esto

Los dos se miraron y fue Pichit quien con un gran suspiro procedió a relatar los hechos. Partió desde la borrachera que tuvieron al morir el Sr. Sneebels, la idea que tuvieron después, incluso conservaba las fotos de su primer robo, cuando aún no nacía Eros. Le había mentido a Yuuri cuando le dijo que las había borrado. El japonés no pudo decirle nada al respecto, porque no era el momento, pero ya después se las arreglaría con Pichit. Luego procedieron a contar como es que el personaje de Eros se creó, como planearon devolver las joyas y lo mucho que se sorprendieron cuando fue Viktor quien se presentó a buscarlas.

Yuuri aportaba algo de vez en cuando, pero el tailandés fue quien contó gran parte de la historia, incluso como es que Yurio los había descubierto.

Viktor los interrumpía algunas veces para hacer preguntas técnicas, sobre como lo hacían para no dejar huellas, las alarmas, como Pichit lograba interferir con la seguridad de los recintos, como Yuuri lograba escapar, de donde había adquirido los conocimientos necesarios que demostró a la hora de enfrentarlo, etc.

Detallaron cada robo que cometieron, incluso aquel que realmente ellos no llevaron a cabo y fue un fan de Eros quien planeó el atraco. Yuuri les aseguro que su fan había prometido no meterse en problemas nunca más y que no era necesario meter al muchacho en todo esto. A Viktor no le agradaba del todo esa idea, pero el japonés parecía seguro de lo que hablaba, así que acepto dejar al fanático fuera de todo, siempre y cuando no fuese a dar más problemas.

—… y luego Yuuri decidió que lo mejor era entregarnos y pues, ya saben lo que ocurrió anoche —finalmente después de un par de horas Pichit podía dar por finalizado su relato.

Un silencio incomodo se instaló en la habitación. Ninguno era capaz de romperlo. Los dos chicos en el sillón temblaban la no saber su incierto futuro. Si bien los habían ayudado a escapar y no era totalmente seguro que los fueran a entregar, no estarían tranquilos hasta escucharlo de la boca del detective. Sin embargo, no se atrevían a preguntar.

—Y… —fue Yuuri quien tomó valor y decidió acabar con el molesto silencio que no hacía más que ponerlo más ansioso y nervioso de lo que estaba— ¿Q-qué es lo que… ehm… —no sabía cómo seguir su pregunta, más bien no se atrevía a seguir.

Seung permanecía con una cara indescifrable y Viktor fue quien se puso de pie llamando la atención de los dos chicos. Ambos ya sabían que hacer, claramente no los entregarían, solo querían hacerlos sufrir un poco manteniendo la tensión, así que tanto Seung como Viktor trataban de mantenerse lo más serios posible.

Viktor tuvo que girarse de espaldas y caminar hasta una de las ventanas. Si seguía mirando la cara de susto de ese par de locos amigos terminaría por reírse y echaría a perder toda su actuación.

—Robo, ingreso no autorizado a propiedad privada, inutilización de sistema de seguridad, hackeo, atentados contra miembros de la policía. Esos son solo algunos de los delitos por los que se les acusaría —dijo totalmente serio. Dejó que un largo silencio se extendiera. Miro de reojo a los chicos que estaban en el sillón; se encontraban mirando hacia el suelo, parecían un par de mocosos siendo regañados. Se aclaró sonoramente la garganta para proseguir—Sin embargo, nosotros también los ayudamos, eso nos convierte en sus cómplices. Así que supongo que saben lo que significa; no podemos entregarlos tan fácilmente sin vernos involucrados

—¡¿E-entonces no nos arrestaran?! —gritó Pichit saltando de alegría, no podía creerlo, al fin podía relajarse.

—No, no lo haremos —le repetía Viktor.

—¡Lo siento! —interrumpió el japonés. Sus puños estaban cerrados y los apretaba con fuerza, al igual que sus ojos— ¡Lo siento! Por nuestra culpa ahora ustedes… son igual que nosotros…

—Yuuri no te disculpes —le reprochó Pichit— Ahora se están haciendo los serios, pero bien disfrutaron anoche de la fuga al igual que nosotros

El tailandés sabía perfectamente lo emocionado que estuvieron todos en ese momento. La épica fuga de Eros fue una tarea en la que los cuatro participaron, y los cuatro la habían disfrutado enormemente.

Las palabras de Pichit terminaron por sacar unas sonoras e inesperadas carcajadas de Seung y Viktor, ya no aguantaron más su papel de chicos serios cuando Pichit los descubrió.

—Una cosa más… —dijo el detective mientras se limpiaba las lágrimas por la risa— tienen que deshacerse de todo lo que pueda ser una evidencia

—¿Todo? ¿Incluso mis computadoras? —preguntó el moreno angustiado.

—Todo, Pichit —le respondió Seung levantándose del sillón del cual no se había movido desde el principio— Yo te ayudare a deshacerte de ellas y borrar cualquier evidencia en la red del "Sr. Sneebels"

Pichit de inmediato se sonrojo al escuchar al coreano pronunciar su seudónimo de hacker. Había olvidado completamente que él y Seung tenían una conversación pendiente, pero estaba tranquilo, ya que el chico no se mostraba enojado. Tal vez sería hora de usar un par de tácticas de seducción cuando estuvieran solos.

—Seung llevará las computadoras de Pichit hasta su casa y ahí se encargará de borrar todo rastro de ustedes— dijo Viktor interrumpiendo los pensamientos del tailandés.

—¿Y qué haremos con las esmeraldas verdes? ¿Las devolveremos también? —preguntó Yuuri.

—Creo que es mejor dejarlas donde estaban antes —decía el oficial rascándose la nuca— Devolverlas ahora sería muy arriesgado, tal vez cuando el caso prescriba podríamos hacer algo al respecto

Yuuri asintió no estaba muy conforme con esa parte, pero entendía perfectamente la situación. Sin embargo, le hubiese encantado deshacerse de una vez de absolutamente de todo lo que le recordara a Eros.

Los cuatro ayudaron a cargar las computadoras del tailandés en el auto de Viktor.

—Ya están todas —hablo exhausto el coreano. No solo se trataban de un buen número de artefactos electrónicos que cargaron, sino que también la mayoría de estos eran muy pesados al ser de gran calidad— Bien, es hora de irnos, mientras antes comencemos, antes terminaremos

—Eso es cierto —dijo Pichit— Si tienes alguna duda puedes llamarme…

—¿De qué hablas? —lo interrumpió— Tú te vienes conmigo y me ayudaras con todo esto

Pichit miró a su amigo sorprendido, ambos habían asumido que el detective y Seung se encargarían de las computadoras.

—E-entonces iré por mis cosas… ya sabes, mi billetera y eso… —como alma que lleva el diablo el tailandés subió las escaleras hasta su cuarto echando en su mochila todo lo que se le ocurriese en ese momento. Una muda de ropa, no mejor tres, nunca se sabe. En menos de un par de minutos estaba de vuelta el primer piso— L-listo, ya terminé ¿Nos vamos?

Yuuri estaba despidiendo a su amigo cuando cayó en cuenta que se quedaría a solas con Viktor. Tarde o temprano eso iba a ocurrir, pero no podía evitar empezar a sudar frio y ponerse nervioso.

—¿T-tomaras un taxi de vuelta a tu departamento? —dijo devolviéndose a la sala una vez que Seung y Pichit se fueron.

—No —respondió tajante el ruso siguiéndolo de cerca— Seung me devolverá el auto cuando termine. Además, no tengo la necesidad de marcharme pronto. Me dieron algunos días libres por la "experiencia traumática que viví anoche" y todavía tenemos que deshacernos de las cosas de Eros que se encuentran aquí, y…

—¿Ti-tienes hambre? —habló Yuuri en un intento por desviar la conversación. Se reprochaba a sí mismo por ser tan valiente algunas veces y otras tan cobarde.

—Yuuri… —Viktor lo agarró firme de la muñeca antes de que pudiera escabullirse hasta la cocina—Tú y yo aún tenemos que hablar de un par de cosas

—Yo… —dejó de forcejear, momento que Viktor aprovechó para acercársele aún más, quedando muy juntos el uno frente al otro. Yuuri sentía como sus mejillas se iban calentando ante la cercanía del detective.

—Hay algo que has robado y aun no devuelves —Viktor tomó la cabeza del japonés obligándolo a verle.

Yuuri comenzó a hacer memoria ¿Algo que robó y que aún no había devuelto? ¿acaso hablaba de las esmeraldas? No, eso no tenía sentido porque Viktor ya sabía de ellas. No podía recordar nada, además la cercanía del ruso entorpecía bastante sus pensamientos.

—No sé qué es, Viktor —se animó a decir.

—Robaste mi corazón

Viktor se tomó su tiempo para susurrar aquellas palabras contra los labios de su hermoso japonés. Su pulso estaba acelerado a mil y pudo sentir como sus mejillas y la punta de sus orejas comenzaban a arder.

—Viktor… —Yuuri susurró igual de suave que él hace un momento. Luego tomó delicadamente una de las manos del ruso y la llevó hasta sus labios dejando un suave beso en los nudillos de este, repitiendo el gesto que Viktor tantas veces había hecho con él— Me temo que eso es algo que no pienso devolver nunca. Además, tú también robaste el mío, supongo que eso nos deja a mano ¿No?

—Supongo que sí… —dijo sorprendido por las palabras y el actuar de su hermoso japonés— Pero aún hay una respuesta que me debes y…

—Viktor…— lo llamó Yuuri con voz firme. Sabía a donde iba el ruso y esta vez sería él quien tomara la iniciativa. Se lo debía a Viktor, por todo lo que le hizo pasar. Yuuri esperaba en el fondo de su corazón que algún día el detective pudiese perdonarle todas las estupideces que cometió. Sabía que tomaría tiempo sanar todas las heridas, porque a pesar de que ninguno de los dos fuera realmente consiente de ellas, las tenían. Así que estaba dispuesto a dar todo de sí mismo para que su relación con el ruso funcionase. Inspiró hondo y miró determinado a esos ojos azules que le hacían suspirar— ¿Quieres ser mi novio?

El asombro se dejó notar en el rostro del detective, no imaginó que su hermoso japonés podría adelantársele y pronunciar aquellas palabras.

Con cada segundo que Viktor se demoraba en contestar, Yuuri se iba poniendo más rojo de lo que estaba. El ruso simplemente demoro su respuesta por el simple hecho de que le encantaba ver el rostro sonrojado del menor.

—Por supuesto que sí —dijo finalmente.

Se acercó lentamente para unir sus labios en un tierno y tembloroso beso.

Notó que Yuuri no dejaba de temblar así que lo envolvió en sus brazos y lo abrazó lo más fuerte que pudo mientras le llenaba el rostro de sonoros y cortos besitos.

—Viktor, me haces cosquillas —se separó un poco cuando por fin el menor se había relajado y le mostraba una tierna y deslumbrante sonrisa en sus labios.

—Yuuri… —decía alargando las vocales del nombre mientras restregaba su rostro en las mejillas de su hermoso japonés.

—Agh, no puede ser —una hastiada voz los desconcentró— Yo preocupándome por ustedes y resulta que están lo más bien aquí coqueteándose y siendo igual de asquerosos que siempre

—Oh, olvidé que le había a dicho a Yurio que viniera hasta acá —habló Viktor llevando su dedo índice a los labios.

—Yurio ¿Estabas preocupado por nosotros? —preguntó Yuuri.

—Por lo menos no están en la cárcel —dijo evitando responder la pregunta que el japonés le había hecho. Por supuesto que había estado preocupado, ni siquiera pudo concentrarse en clases y en cuanto salió se dirigió lo más rápido que pudo hasta la casa del tonto par de amigos— Oye cerdo, hazme katsudon, tengo hambre

—¡Sí! Yo también quiero katsudon de Yuuri —dijo entusiasmado Viktor— Te ayudare a prepararlo

—¡Espera! —interrumpió Yurio— Yo también ayudare. Si dejo a ustedes dos solos, quien sabe que asquerosidad terminen haciendo y nunca tendré mi katsudon

Sin que pudiera oponer resistencia Yuuri fue arrastrado hasta la cocina por ambos rusos. No le quedó otra opción que seguir los caprichos de ese par.

—Por cierto, Yurio estas castigado —dijo el detective.

—¡¿Eh?! ¿Y eso por qué?

—¿Por qué crees tú? —Yurio iba a responderle, pero prefirió quedarse callado y seguir con lo que estaban haciendo.

Las cosas parecían volver a la normalidad, pero había algo que ya no estaba; la culpa. Esa que no dejaba a Yuuri disfrutar del todo ese tipo de situaciones ahora ya no se encontraba.

El japonés sonrió para sí mismo y se prometió que haría todo lo posible para hacer sonreír a esos dos rusos que se metieron en si vida a la fuerza.

Eso era lo que quería.

Quería ser feliz junto a Viktor, Yurio y sus amigos. Sin mentiras, sin engaños y, sobre todo sin culpa.

Fin.

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Hola! Gracias por leer este fanfic!

Ahhhhhhhh! capítulo ultra mega largo para compensar la espera xD

No es fin de finitivo, falta el epílogo y unos cuantos extras, así que no me voy a despedir del todo. Esto es como el principio del fin xD

Sin embargo, quería darles las gracias por darme una oportunidad y leerme, ojalá que les haya gustado leerlo, así como a mi me gusto escribirlos.

Nos leemos en los extras ;D sin nada más que decir, me despido.

Cambio y fuera.