Hola a todos… casi doce horas de retrazo, lo sé, que incumplida que ando… bueno, les contaré que la conexión a Internet falló en mi casa ayer en la noche y no había forma de conectarme ¬¬ tampoco de ir a buscar una cabina de Internet, no siendo las doce de la noche casi… (ya se imaginan la pataleta de rabia que me dio) así que ni modo, arriesgándome nuevamente, porque no quiero hacerlos esperar hasta la noche, les dejo un capítulo más, colgado desde la clandestinidad de mi oficina…


HARRY POTTER Y EL FABRICANTE DE POCIONES

QUINTO LIBRO: FAMILIA

CAPÍTULO 53: "DECISIONES"



O teu nome eu gravei

Dentro do meu coração

Tem uma canção,com o vento

Ter o teu olhar,vejo tudo

Que um dia eu quis ver

Nada é igual à você

Com o seu amor

Tudo é mais simples,é todo azul do mar,

Vem me fazer feliz meu bem...

amor é sublime

Renato Russo (catedral)

h t t p : / / w w w . y o u t u b e . c o m / w a t c h ? v = S M 8 p R 5 P 6 S 0 g

Gracias a Analif por la traducción:

Tu nombre grabé

Dentro de mi corazón

Tiene una canción, con el viento

Tener tu mirada, veo todo

Lo que un día quise ver

Nada es igual a ti

Como tu amor

Todo es más simple, todo es azul del mar

Ven a hacerme feliz, mi bien…



Londres, abril del 2005

La poción estaba allí, él la podía ver, un pequeño frasco con una sustancia dorada que burbujeaba y parecía tan prometedora… demasiado prometedora, sin embargo… ¿Y si no era lo correcto? ¿Y si él no quería?

—Draco —llamó desde el otro lado de la puerta la voz de Harry.

—Voy —respondió, rápidamente escondiendo el frasco en el cajón en el que había estado oculto durante casi un mes, tendría que pensarlo más, resolvió, mientras se miraba al espejo y comprobaba su estado antes de salir.

—Ya era hora —le reprochó Harry amablemente mientras extendía hacia él un abrigo, Draco lo tomó rápidamente y se lo puso mientras observaba de reojo el atuendo de Harry.

—No te preocupes, estaremos a la hora.

—Lo sé pero es que…

—¿Ya nos vamos? —preguntó la voz del niño. Niño con el que Draco había aprendido a interactuar recién desde la tarde anterior.

—Sí, Teddy, Draco ya está listo.

Teddy le dio una mirada a Draco y asintió con una sonrisa antes de jalar a Harry de una mano y a Draco de la otra, para apresurarlos a salir. Era la primera vez que lo llevaban a un partido de Quidditch, y estaba demasiado emocionado como para ocultarlo, o eso creía Draco, mientras se dejaba arrastrar por él a lo largo del pasillo y por las escaleras.

—De acuerdo, no olvides las instrucciones que te hemos dado —iba diciendo Harry.

—Sí, Harry —respondió el niño, su voz no podía ocultar la excitación y el entusiasmo.

—No te debes apartar de nosotros, en ningún momento.

—Porque si me pierdo la abuela no me dejará quedar más con ustedes —completó el niño y le sonrió a Draco una vez más.

Draco no había tenido hermanos, ni primos cercanos, nunca había conocido niños pequeños, y nunca había imaginado lo bien que se podía sentir que uno de ellos te sonriera de esa manera, lo cálido que uno podía sentirse con una simple sonrisa.

—¿Estás bien? —le preguntó Harry mientras llegaban al vestíbulo e inclinándose un poco hacia él, su voz sonó bastante baja, seguramente no quería que Teddy escuchara.

—Sí, por supuesto.

—Pareces… ¿algo te preocupa?

Draco negó con la cabeza e hizo fuerza con el brazo al tiempo que Teddy saltaba entre ellos, como queriendo interrumpir.

—Teddy —reprochó Harry.

—Es que ya es tarde —casi gimoteó Teddy y puso esa carita triste que Draco había descubierto la noche anterior, y que había decidido, era una muy buena arma del niño para conseguir lo que deseaba, en esa ocasión dormir con ellos porque la lluvia lo asustaba.

—No lo es tanto —opinó Draco. No se sentía completamente seguro de cómo hablar con él, Teddy no lo miraba con la misma devoción con que miraba a Harry, pero al menos, gracias a la gran cantidad de dulces que le había dado la tarde anterior, sí lo miraba con algo de aprecio —. Usaremos un traslador, lo que significa que estaremos allí en sólo segundos.

—¿Qué son segundos? —le preguntó con el ceño fruncido.

—Es… —Draco inclinó la cabeza hacia un lado, ¿los niños siempre hacían tantas preguntas?

—Es una forma de medir el tiempo —respondió Harry por él, y Draco le sonrió en agradecimiento —, ahora lo verás, no te sueltes y nos iremos.

—Genial —sonrió Teddy y Draco sintió su pequeña mano apretarse fuerte entre sus dedos.

Harry le dio una mirada más y Draco sonrió hacia él mientras levantaba la tarjeta/traslador que los llevaría hacia el estadio de Quidditch, Harry, gracias a las influencias que tenía, había conseguido la tarde anterior un pase para los tres en una de las tribunas privadas, era en uno de los palcos de mayor importancia y lo mejor era que no tendrían que lidiar con los periodistas. Al menos descansarían de ellos por un día, después de todo lo que estaba pasando.

El jalón en el estómago le hizo apretarse un poco más contra Teddy y Harry mientras sentía como sus pies dejaban el piso y todo cambiaba a su alrededor, hasta que sintió el suelo nuevamente y trató de equilibrarse para no caer.

El ruido del estadio los invadió inmediatamente, así como el olor de pasto mojado y el sonido de la suave lluvia cayendo, mezclada con los gritos y aplausos de la gente.

—Wow —susurró Teddy soltándose de él y de Harry y corriendo hacia la barandilla, para apreciar mejor el estadio. Harry corrió hasta él y lo puso una mano en el hombro mientras le señalaba y explicaba algunas cosas, Draco se sentó en una de las butacas y los observó durante todo el tiempo, no se fijó en los demás magos y brujas que iban llegando o en las miradas que le daban, sólo en Harry y en ese niño. Recordó la boda de Hermione y Ron, la primera vez que había visto a Harry interactuar con aquel pequeño y lo convencido que estaba de que era correcto ver a Harry así, explicando las cosas con infinita paciencia, sonriendo y siendo cómplice de travesuras infantiles.

—¡Draco! —llamó Teddy con la misma voz emocionada que había tenido durante el día —, mira, desde aquí puedo ver a un montón de gente.

Draco sonrió y se puso en pie, caminando hacia ellos con pasos lentos, recordando como la tarde anterior ese pequeño había aparecido de improviso…

Desde que el juicio contra los de la MACH había empezado todo se había complicado mucho, sin embargo, ellos dos no dejarían que esas cosas estropearan sus rutinas o los apartaran, así que cada tarde, a menos que algún compromiso ineludible no se los permitiera, llegaban a casa y almorzaban juntos, conversaban un poco y, dependiendo de la cantidad de tiempo libre, incluso podían hacer el amor antes de volver a sus respectivas obligaciones, para luego encontrarse en las noches.

Tanto él como Harry estaban muy nerviosos por el rumbo que los juicios estaban tomando, se había decidido juzgar a los integrantes de la MACH por cada delito cometido y no por todos en conjunto, lo que había desembocado en una gran cantidad de juicios, testimonios y titulares. De acuerdo a lo planeado Draco y Harry, al igual que sus amigos, estaban asistiendo a casi todos los juicios, atestiguado en la mayoría, y observado como la justicia seguía su curso. Habían sido demasiadas emociones: el rencor de muchos de los ex pacientes; la forma como Lucka se había encogido en su sitio declarando la forma en que había sido secuestrado; la voz entrecortada de Noah narrando todo lo que recordaba de aquel tiempo encerrado… Incluso Erin había llegado de Francia para estar presente, había mirado con odio hacia Ginny y había narrado el ataque en el que Jocelyn había muerto mientras los padres de Jocelyn lloraban en una esquina… Todo iba siendo cada vez más terrible; habían días en que ambos regresaban sintiéndose demasiado enfermos y agotados, con energías suficientes para meterse en la cama y sólo abrazarse, agradeciendo que pese a todo se tuvieran el uno al otro y poder dormir juntos.

Por suerte ya faltaba poco, o eso había dicho Aarón un par de día antes, ya casi estaba concluyendo y pronto tendrían un veredicto, eso, de alguna forma, hacía que todo fuera mucho más llevadero, no sólo para ellos, sino para sus demás amigos y sobre todo para los Weasley; los hermanos Weasley no habían asistido a ningún juicio, ni sus esposas, incluso Hermione había declinado el ayudar a Aarón y Boris con la acusación; pese a eso ella se mantenía informada de todo lo que ocurría desde su oficina y luego lo notificaba a Ron y a los demás hermanos. La prensa, que no se detenía, trataba de hablar con ellos, pero ninguno hacía alguna declaración al respecto, saliendo menos y esperando a que el tiempo pase y los dejaran en paz.

Draco se había encontrado con ellos una tarde, unos días después de que los señores Weasley se fueran, se había sentido un tanto nervioso por lo que había pasado pero ellos no parecieron resentidos ni distintos, aunque sí algo tristes, le tendieron la mano a modo de saludo y no le hicieron ningún reproche. Harry le había dicho que en el fondo ellos pensaban que Draco había hecho lo correcto al decirle a Ron antes de que se enteraran por la prensa, aunque no tenían la suficiente confianza como para decirlo en voz alta.

Los señores Weasley les habían escrito una carta a ambos, dos semanas después de llegar a Rumania, Draco se extraño de que la carta fuera dirigida a los dos, pero Harry sonrió tanto por eso que Draco no se animó a decirle que tal vez lo habían hecho sólo por educación; en el fondo esperaba que no. Los señores Weasley les contaban que estaban bastante bien, y preparando ya todo para partir a Francia, que Charlie había sido muy amable al pedir un adelanto de sus vacaciones para dedicarles los días completos y que los estaba llevando a pasear a muchos sitios interesantes.

Esa tarde en particular había sido muy simple encontrarse, los juicios que se efectuaban ese día no requerían de su presencia así que no hubo problemas en dejar que Aarón, Boris y los demás se encargaran de asistir y ellos escaparse a casa.

Luego del almuerzo Draco estaba en la sala de estar, disfrutando de la tranquilidad del hogar antes de retomar sus actividades de la tarde y Harry se había ofrecido a preparar café y llevarlo hasta él para que ambos pudiesen pasar un rato más juntos, cuando la chimenea había empezado a agitarse un poco. Draco había fruncido el ceño, preguntándose la razón para que Gael lo molestara en su descanso. Cuando sus dos visitantes aparecieron delante suyo abrió los ojos sorprendido.

¿Andrómeda? —preguntó casi sin voz mirando a la mujer y al pequeño niño que traía de la mano y que cargaba una pequeña maleta. Su acercamiento con Andrómeda había sido paulatino, desde la ceremonia de unión habían conversado algunas veces, no tantas como a Harry le hubiera gustado, pero sentía que iba avanzando con ella a pasos seguros. Era más de lo que podía esperar años antes, cuando su relación se había hecho pública.

Preferiría tía Andrómeda —reprendió la mujer con voz algo cansada, Draco asintió rápidamente, la falta de costumbre a veces hacia que olvidara que se trataba de su tía y que prefería que la llamase así.

Lo siento, ¿Qué ha pasado, tía Andrómeda? —preguntó Draco rectificándose.

Teddy, saluda a tu primo Draco —Andrómeda ignoró por completo la pregunta de Draco y se inclinó un poco hacia el niño que miraba todo entre asombrado y asustado. El pequeño, que estaba mucho más grande desde la última vez que lo había visto, asintió y ceremonialmente se adelantó un par de pasos y extendió una mano hacia Draco.

Buenas tardes.

Hola, Teddy —correspondió Draco, bastante extrañado —. ¿Por qué no te sientas mientras tu abuela y yo conversamos? —ofreció señalando hacia uno de los sillones. Teddy le dio una mirada a Andrómeda, que asintió suavemente y prácticamente saltó sobre el mueble, dejando a un lado la pequeña maleta.

¿Harry está en casa?

Sí, en la cocina —informó Draco.

Bien… esto es… complicado —dijo Andrómeda pareciendo algo incómoda por la situación.

Puedo llamarlo, decirle que venga, sólo está haciendo…

¿Andrómeda? —preguntó Harry mientras llegaba haciendo levitar una bandeja plateada con dos tazas de café.

¡Harry! —gritó Teddy mientras saltaba sobre el mueble para alcanzar a Harry.

Oh, Harry, que bien que los encuentro a ambos —suspiró Andrómeda y Harry le dio una mirada preocupada mientras abrazaba al pequeño y Draco tomaba la bandeja y la dejaba en una mesa cercana.

¿Ha pasado algo malo?

No es tan malo, pero… —Andrómeda le dio una mirada a Draco y suspiró, como si no estuviera segura de lo que diría a continuación.

¿Entonces? Pensé que estarías ya rumbo a Francia.

Y casi lo estaba, pero el bebé de Angelina tiene un serio caso de gripa y no puede cuidar a Teddy, y Hermione, ya sabes, con lo del bebé en camino y el trabajo no dispone de tiempo libre y…

Pero los Weasley te estarán esperando allá —suspiró Harry mientras obligaba a Teddy a sentarse y no seguir pisando el sofá.

Lo sé, por eso vine… necesito que se queden con Teddy, no lo puedo llevar a Francia, se aburriría allí y no tengo con quien más dejarlo, sabes que no confío en las guarderías para dejarlo un mes completo.

¿Aquí? —la mirada de Harry brilló de manera asombrosa, su sonrisa se ensanchó y por un instante pareció dispuesto a contestar, pero luego miró hacia Draco, preguntando en silencio.

Por supuesto —respondió Draco encogiéndose de hombros, asombrado por la posibilidad de tener que vivir con aquel pequeño al que tanto quería Harry, por poder por fin conocerlo, después de todas las veces que Harry le había hablado de él.

En serio, gracias, a los dos —respondió la mujer con una sonrisa y girando hacia Draco —no les causará muchos problemas, en las mañanas debe ir a la escuela, excepto los sábados y domingos, puede quedarse allí hasta las dos y sabe comportarse ¿verdad Teddy?

Sí, abuela —respondió el niño seriamente y con un asentimiento, Draco se preguntó si es que la mujer no lo habría hecho aprenderse eso para dar mejor imagen y convencerlos en caso pusieran reparos en quedárselo.

No causará molestias —le tranquilizó Harry.

Ninguna —apoyó Draco y Andrómeda les sonrió antes de darles las instrucciones sobre la hora en que debía dormir, la hora en que debía comer y tomar su baño y una lista de cosas que no debía comer en exceso (como chocolates, galletas y helados).

Cuando finalmente Andrómeda se marchó, apurada por tener que llegar a tomar su traslador al área de apariciones internacionales del Ministerio, Harry y Draco se quedaron en silencio, contemplando al pequeño que tenían a cargo y que jugaba con lo que parecía un pequeño dragón en miniatura, definitivamente ese sería un mes bastante interesante, concluyó Draco.

Y aunque sólo había pasado una tarde, supo que no se había equivocado, pues había tenido que llevarlo a la oficina, junto con una gran cantidad de juguetes, lápices de colores y pergaminos, habilitarle una mesa pequeña (nunca había notado que el mobiliario para niños fuera tan pequeño) y estar pendiente de él a cada instante, mientras intentaba a su vez hacer el trabajo pendiente y evitaba las burlas de Gael por lo "paternal" que lucía.

Para la noche, cuando la clase de Harry había terminado, volvieron a casa, donde una pequeña batalla por la reticencia del niño por meterse a la bañera había tenido lugar, el resultado final; Teddy lloroso pero limpio, Harry y él empapados pero satisfechos con haber cumplido con una de las tareas encomendadas.

La cena había sido otra historia, prometieron dulces a cambio de que se comiera los vegetales y antes de llevarlo a la cama Harry le dijo sobre las entradas que había conseguido para el partido de Quidditch, Teddy se había alegrado mucho y habían tenido que usar una gran cantidad de excusas para convencerlo de irse a dormir y no esperar despierto y vestido hasta que la tarde siguiente llegara y pudieran ir.

A tan sólo unas horas de que el niño se hubiera dormido una fuerte lluvia había iniciado, Draco se había sobresaltado cuando escuchó el gimoteó seguido por alguien tratando de meterse en su cama. Harry se había sentado y había tomado en brazos a Teddy, explicándole que la lluvia no era mala y que no había razón para tener miedo, toda la escena concluyó cuando Draco, viendo la expresión en el rostro del niño, había decidido que lo mejor era dejarlo dormir con ellos.

Teddy rápidamente se había colado entre ambos y se había quedado dormido casi inmediatamente, mientras Harry y Draco lo observaban detenidamente. Harry sonreía, mientras pasaba una mano sobre el cuerpo del niño para alcanzar a su esposo y le daba un suave apretón en el brazo antes de cerrar los ojos y quedarse dormido; Draco había pasado un rato más observándolos y recordando una vez más aquella poción que había creado y pensó que el usarla definitivamente les cambiaria la vida y supo que ese cambio lo haría mucho más que feliz.

*

Hermione caminaba con pasos lentos, debido a su avanzado embarazo, pero no por eso menos impaciente, de un lado a otro de la oficina, mirando el reloj y esperando, ya faltaba poco, o eso calculaba ella para que los juicios de ese día terminaran.

La puerta abriéndose la hizo sobresaltar ligeramente, Harry apareció con una mirada cauta.

—¿Qué fue lo que dijeron? —preguntó rápidamente.

—Mañana dictarán el veredicto, eso ha dicho Kingsley, los primeros serán Tonny y Ginny, como cabecillas.

—De acuerdo, era lo esperado —comentó ella dejándose caer en la silla tras su escritorio.

—¿Ron?

—Con sus hermanos.

—Me refería a cómo se siente… no ha estado muy comunicativo últimamente, y no que lo culpe pero…

—Te entiendo, en casa tampoco ha sido un lecho de rosas, y trato de tenerle paciencia, pero todo esto…

Harry asintió, sabía a lo que su amiga se refería, la prensa había copiado las declaraciones de Ginny, la frialdad con que relataba cada crimen y cada ataque, la forma como admitía sus culpas y como demostraba que no se arrepentía de nada de lo que había hecho. Su condena, tal como los diarios informaban, parecía clara desde antes, sin embargo, sería la siguiente tarde en la que el Wizengamot por fin la dictara oficialmente. Habían sido semanas demasiado largas, demasiado agotadoras y sobre todo dolorosas, se alegraba de que los señores Weasley realmente no estuvieran allí, sería intolerable para ellos. Andrómeda le había escrito contándole sobre los señores Weasley y su mejora en cuanto a la situación, ya no se veían tan tristes como al inicio, pero ese sería un trago muy difícil de pasar. De superar.

—¿Mañana asistirán Draco y tú?

—Sí… Angelina me ha dicho que se puede quedar con él esa noche, Fleur también estará allí.

—Me parece buena idea, supongo que luego del veredicto todos se juntaran y no es apropiado que Teddy esté allí.

—No… no lo es, él no tiene la más mínima idea de lo que pasa, no creo que lo comprenda ni que lo necesite saber, no hablamos de eso cuándo él está despierto.

—¿Está con Draco en casa ahora?

—No, está en la fábrica, Gael también le está haciendo compañía; además parece que le gusta estar allí, esos dos lo engríen demasiado —comentó Harry aliviado de que el tema cambiara.

—Sí, quién hubiera pensado que Draco tuviera buena mano para cuidar niños.

—Cierto —admitió Harry —al parecer se llevan muy bien, se confabulan para evitar comer verduras y cosas así.

Hermione soltó una pequeña carcajada y acarició su ya hinchado vientre.

—Eso es lo que hacen los tíos, amigos, padrino, y todos menos los padres.

—Pues Draco asume muy bien el papel —le dijo Harry mirando con cariño a su amiga, sabían que se trataba de un niño, se lo habían confirmado semanas antes y eso había alegrado bastante a Ron —, y cuando ese pequeño nazca tendrá aquí otro cómplice.

—Entre tú y George, no sé ya que esperar.

—Mucha diversión, eso es seguro.

Hermione negó con la cabeza pero pese a eso sonrió.

*

—Sigue sin ser remotamente gracioso —bufó Draco mientras Gael apretaba los labios para no soltar una carcajada, Teddy, parado contra la pared, miraba la escena con una sonrisa sinvergüenza y si no fuera Draco la víctima de aquella broma, supuso, también estaría riendo de esa manera. Pero no, él había sido el blanco de aquella broma y por supuesto que no podía reír. Para nada.

—Apuesto a que si fuera yo estarías en el piso retorciéndote de risa.

—Tú tienes la culpa, por dejar este tipo de cosas al alcance de los niños, ¿acaso no sabes que cuando hay niños cerca hay que tener mucho más cuidado del habitual?

—Ya… te estás volviendo experto con esto de los niños, y apenas lleva dos semanas con ustedes.

—Deja de molestar y deshazte de esto antes de que Harry o alguien más llegue —respondió Draco, obviando el comentario tan acertado de su amigo, aquello era cierto, quería saber más al respecto, cómo cuidar niños, las cosas que hacen y las cosas que no se les debe dejar hacer. Puso en casi el inicio de su lista de cosas que no debe hacerse el dejarlos jugar con Gael y sus pociones experimentales.

—No te preocupes, sólo debo recordar el tono exacto de tu cabello y…

—¿El tono exacto? ¿Lo piensas teñir?

—Es que no hay otra forma…

—Merlín —negó con la cabeza Draco, apartándose un poco de Gael y mirando su reflejo en el espejo. Antes de teñirse el cabello prefería cortárselo, aunque… el cabello corto tampoco era lo suyo, pero teñirlo… —. Mejor sería cortarlo.

—No lo sé, de todas maneras tendríamos que teñirlo un poco, a menos que lo dejes al cero… —analizó Gael levantando uno de los mechones y frunciendo el ceño.

—No… al cero no —Draco suspiró pensando en cómo se le vería si es que se cortaba tanto el cabello.

—Perdón, Draco —chilló de pronto Teddy, Draco y Gael giraron a mirarlo extrañados, sólo un momento antes había estado sonriendo ampliamente y ahora una gran cantidad de lágrimas caían por sus mejillas. Algo se agitó en el pecho de Draco a la vez que corría para alcanzarlo y tratar de descubrir qué le pasaba.

—Calma, ¿qué ha pasado? ¿Te duele la panza?

—No —Teddy se sorbió la nariz de manera nada elegante y Draco hizo levitar un pañuelo del escritorio para secarle la cara de manera correcta mientras Gael, que también estaba arrodillado delante del niño, le acariciaba un brazo de manera consoladora.

—No llores… vamos —pedía Gael, su rostro reflejaba cierto temor, temor que Draco estaba compartiendo.

—Perdón —berreó el pequeño mientras giraba el rostro para evitar el pañuelo de Draco —No fue a poprosito.

—Propósito —corrigió Draco automáticamente.

—Eso… —Teddy se pegó más a la pared y levantó una manita temblorosa hasta tocar el cabello suelto y ahora verde de Draco —yo no sabía que…

—¿Es por mi cabello? —preguntó extrañado Draco, tratando de entender.

—No quería que te lo cortaras… pensé que se vería más bonito y… —la aparente calma desapareció y empezó a llorar nuevamente agitándose, aunque sin soltar el cabello de Draco.

—No lo cortarás ¿verdad Draco? —preguntó Gael dándole una mirada significativa a Draco.

—¿Es porque me lo cortaré? No te preocupes, Gael lo arreglará —contestó Draco hacia Teddy y lo jaló un poco para abrazarlo —, ahora deja de llorar… vamos, no es para tanto.

—No me gusta cuando mi abuela me corta el cabello…

—Pero crecerá de nuevo —explicó Gael negando con la cabeza.

—Sí, es más, no lo cortaré, pero debes prometer no hacer más experimentos cuando no te estoy vigilando ¿lo harás?

—¿Y entonces no te lo cortarás? —preguntó el niño apartándose de Draco un poco y mirándolo al rostro más seriamente.

—Y entonces no me lo cortaré.

—¿Palabra? —dijo levantando el dedo meñique de una de sus manitas delante del rostro de Draco. Draco ya conocía aquel gesto, lo había hecho con Harry pocos días antes.

—Palabra —prometió mientras enganchaba su dedo meñique con el del niño y asentía.

—Vaya… eso si que es extraño —dijo la voz de Harry desde la puerta, los tres giraron rápidamente para ver a Mikel y Harry, ambos parecían a punto de soltar una carcajada.

—¡Harry!—gritó Teddy y se soltó de Draco, corriendo hacia él.

—No me digas, le hiciste algo al cabello de Draco.

—Pero que intuitivo —bufó Draco, realmente no había esperado que Harry llegara antes de solucionar aquella bochornosa broma.

—Pero no se lo cortará, me lo ha prometido, ¿verdad?

Draco puso los ojos en blanco y se puso en pie rápidamente, Gael caminó hasta quedar a la altura de Mikel, le dio un beso a modo de saludo y luego declaró con una sonrisa burlona:

—Se lo teñiré.

—¿Podríamos tomar una foto antes? —preguntó divertido Harry mientras levantaba al niño en brazos. Draco le dio una mirada asesina.

—Si sabes lo que te conviene no lo harás, Potter.

—Huy, llegamos al punto de Potter, es momento de la retirada —le dijo Harry a Teddy en un gesto cómplice.

—¡Retirada! —repitió Teddy con alegría mientras saltaba en los brazos de Harry.

—Sí, ambos fuera, Gael tiene que arreglar esto —ordenó mientras levantaba un mechón de cabello verde y lo examinaba con frustración, recordando que había estado demasiado ocupado revisando unas pociones y unos gastos como para notar al pequeño moviéndose alrededor de él, arrastrando las pequeña silla que le había conseguido, hasta que había sido muy tarde y la poción le había caído en la cabeza. Maldijo una vez más a Gael y sus pociones experimentales.

Harry apretó los labios y asintió mientras salía de la oficina, pero antes de hacerlo Draco lo detuvo.

—¿Todo ha ido bien?

—Sí, ha sido lo esperado… ya mañana se verá.

Draco asintió y se giró hacia el espejo nuevamente mientras Gael ya escogía algunos frascos de los que tenía listos sobre el escritorio.

—¿Tardarás mucho? —preguntó Harry hacia Gael antes de salir de la habitación, pensando en que aún tenían que encontrar la forma de decirle al niño que a la mañana siguiente lo dejarían con Angelina.

—No —respondió Gael —, en un rato más te lo devuelvo, todo rubio y guapo como siempre.

—Así tenga el cabello verde seré guapo —reprochó Draco, Gael y Harry soltaron una pequeña carcajada y Mikel frunció el ceño. La relación de Draco y Mikel no era de las mejores, sobre todo cuando Gael parecía demasiado interesado en él, Draco nunca le había preguntado a Gael si es que realmente Mikel se enfadaba tanto por eso. Realmente esperó que no.

—Te espero en casa, Teddy y yo haremos una ensalada.

—Las ensaladas no son ricas.

—Ya… pero debes comértelas.

—Y son verdes —siguió protestando el niño.

—Y de ese color le pintaste el cabello a Draco —se burló Harry.

Lo último que Draco escuchó fue la carcajada del niño antes de que la puerta se cerrara.

Mikel se quedó con ellos y, mientras Gael aplicaba pociones y hechizos, les iba relatando la forma como el juicio se había llevado a cabo ese día y la forma como Ginny no parecía nada afectada cuando Kingsley anunció que la tarde siguiente se daría el veredicto; también les relató la manera en que Tonny parecía asustado, ojeroso y la forma como había implorado clemencia. Realmente era un cobarde, había sido la conclusión de Mikel, y Draco y Gael le tuvieron que dar la razón.

*

Lucka abrió los ojos con lentitud y pereza, la habitación aún estaba a oscuras, pero sabía que pronto amanecería. Con algo de cuidado apartó el brazo de Ethan y se sentó en la cama, tratando de no hacer ningún ruido. Bostezó por el sueño que aún sentía, reprendiéndose el haberse quedado hasta tan tarde la noche anterior, y estiró los brazos, dándose ánimos para abandonar la cálida cama. Apartó los cobertores pero antes de intentar levantarse el brazo de Ethan lo rodeó por la cintura y lo hizo caer contra la cama nuevamente.

—Hey… pensé que dormías —susurró Lucka mientras sonreía hacia Ethan.

—No, en realidad te estaba observando —confesó el chico antes de inclinarse y darle un beso en los labios —¿a dónde ibas?

—A casa, prometí llegar temprano a la oficina para dejar unas cuantas cosas listas antes de pasarme al Ministerio… tengo algunos pendientes.

—¿Pero tan temprano? —protestó Ethan empezando a repartir besos por su cuello, la piel de Lucka se erizó por el contacto y continuó con más entusiasmo, apartando los cobertores para acariciar el resto de su piel desnuda.

—Ethan… —suspiró Lucka con pesar —, debo ir a casa a prepárame para el trabajo y recoger unas cuantas cosas.

—Lo sé —Ethan le dio una mordida en el hombro antes de apartarse un poco de él para mirarlo a los ojos —. He estado pensando en eso, ¿sabes?

—¿En qué?

—En que siempre estamos yendo y viniendo de tu departamento al mío… es agotador.

—Algunas veces lo es, pero ahora que esto por fin termine será más simple y… —fue interrumpido por un beso más de Ethan, cuando se apartó sus ojos brillaban y sonreía mucho más.

—Te amo —declaró Ethan acariciándole la mejilla.

—Y yo.

—Y quiero pedirte… ¿Por qué no empezamos a vivir juntos?

—¿Lo dices en serio? —preguntó Lucka de manera incrédula, sabía que su relación había empezado en un momento muy difícil, pese a eso Ethan se había mantenido a su lado todo el tiempo, apoyándolo y ayudándolo, consolándolo o soportando sus arranques de rabia… no llevaban tanto tiempo juntos, como pareja, aunque debía admitir que en verdad el sentimiento estaba entre ellos desde mucho tiempo antes.

—Prácticamente lo hacemos, las únicas noches que no hemos pasado juntos han sido porque uno de los dos ha tenido que trabajar… creo que podríamos intentarlo, ir más allá, vivir juntos, aquí, o en tu departamento, o mejor aún, comprar algo para los dos…

—Yo… —Lucka inclinó un poco el rostro, apreciando los rasgos de Ethan ahora que la habitación se había iluminado un poco más por el eminente amanecer.

—Si no estás seguro y necesitas pensarlo yo podría…

—No… —Lucka negó con la cabeza y pasó sus brazos alrededor de los hombros de Ethan, pegándolo más a su cuerpo —, no necesito pensarlo, yo te amo… estoy tan seguro de esto, lo estaba desde el primer día, ¿recuerdas? —preguntó a lo que Ethan asintió —, la noche en que desperté y tú me estabas abrazando, luego de que me dejaron libre… nunca me sentí tan protegido y querido como en ese momento… Nunca me he sentido tan feliz como contigo…

—Lucka… —Ethan sonrió conmovido y se pegó a su cuerpo, dándole un beso más en los labios; feliz de que el chico hubiera aceptado su propuesta, la tenía pensada casi desde el inicio de su relación, pero sabía que era demasiado pronto, que por más que deseara cuidar a Lucka a cada instante, el chico necesitaba tiempo y espacio para superar lo que había pasado, y se sentía aliviado de que hubiera sido así, de que la culpabilidad hubiera desaparecido, de que sus sonrisas hubieran empezado a ser las de antes… de que todo el mal trago hubiera terminado.

*

—Pero… ¿de verdad van a volver? —preguntó Teddy en un susurro, mirando de reojo a Angelina y los dos niños que estaban junto a ella, Victorie y Fleur aún no llegaban, lo cual, esperaba Harry, fuera algo a favor, pues el niño aún no se llevaba bien con ella.

—Claro que lo haremos —le respondió Draco arrodillándose delante de él y mirándolo seriamente —le prometimos a tu abuela cuidarte hasta que ella regresara, ¿recuerdas?

—Sí —el niño se llevó una mano a los ojos y Draco temió porque se pusiera a llorar mientras Harry le ponía una mano sobre el hombro.

—Vamos, Teddy —le dijo Harry en voz animada —, sólo será por este día, mañana en la mañana vendremos por ti y luego iremos a pasear, la pasaremos bien, pero hoy Draco y yo tenemos mucho trabajo y no vamos a poder cuidarte… ¿recuerdas que te hablamos acerca de nuestros trabajos?

—Ajá —el niño retiró la mano de sus ojos y señaló a Draco —: tú haces pociones para que la gente se sienta bien y que además no sepan tan mal —y luego señaló a Harry —: y tú eres profesor… profesor de niños grandes.

—Así es, Teddy —sonrió Draco.

—Angelina tiene muchos juguetes, tú ya la conoces, no es la primera vez que te quedas con ella —continuó Harry.

Teddy frunció los labios y miró nuevamente hacia la mujer, que le sonreía amablemente, y luego asintió.

—¿Falta mucho tiempo para mañana en la mañana?

—No tanto en realidad —respondió esta vez Draco arrugando un poco la nariz —, sólo un almuerzo, una cena y un desayuno más, y se pasará mucho más rápido si te entretienes jugando.

—De acuerdo —asintió Teddy, no parecía muy convencido, pero al menos no se había puesto a llorar, como temían Harry y Draco.

*

Boris abrazó con más fuerza a Noah, pegándolo a su cuerpo mientras el chico emitía un ronco gemido y se corría entre ambos cuerpos, Boris no necesitó más que eso para culminar también, mordisqueando el hombro del chico y dejándose caer un poco más entre los almohadones.

—Dios —suspiró Noah respirando entrecortadamente y acariciando a Boris lentamente en los brazos mientras permanecía recostado contra el caliente cuerpo.

—Ha estado genial…

—Sí que lo ha estado —asintió Noah.

—Debemos levantarnos pronto… creo que ya vamos tarde —comentó Boris luego de un momento más de silencio y dándole una mirada al reloj de la mesa de noche. Desde aquella primera noche en que Noah había ido a su habitación, buscando algo de consuelo y ayuda, habían estado juntos todos los días, y no siempre había sido fácil, muchas veces Noah parecía retroceder en su recuperación, tornándose irritable y silencioso, sobre todo cuando intentaba llegar más allá de simples caricias y el pánico lo invadía, sin embargo, con el tiempo y mucha paciencia habían avanzado; hasta que había podido conocer a un chico mucho más brillante y simpático de lo que había esperado; según le habían dicho los demás chicos, casi volviendo a ser como en el pasado.

—Les diré esta noche —comentó Noah apartándose de su cuerpo pero sin bajarse de su regazo.

—¿Estás seguro?

—Sí. ¿Tú estarás bien? —preguntó Noah mirándolo preocupadamente. Boris sonrió.

—¿Por qué no habría de estarlo? Es decir, por supuesto que te extrañaré, pero ya lo tenías decidido de todas formas, y me alegra que vayas a conocer al fin a tu sobrina… debes estar impaciente.

—Lo estoy —sonrió Noah, cada vez que le hablaban de su sobrina los ojos le brillaban de una manera muy especial —Roger dice que se parece a mí, aunque no lo creo… espero que se parezca a Nadia, ella es muy guapa.

—Lo es —admitió Boris recordando la fotografía que le había enseñado, aquella que había mandado el hermano de Noah, Roger, unas semanas atrás, cuando la pequeña había nacido al fin —, y si se parece a ti seguro que también es muy bella.

Noah se sonrió y le dio un beso en la mejilla.

—No me has contestado —reprochó a pesar de todo.

—¿Qué cosa?

—Qué si estarás bien… es decir…

—Sé que crees que es algo que va pasar, que Aarón y yo debemos estar juntos, y no hay nada que desee más, en serio… pero Aarón se ha apartado, tal vez ya no esté tan dispuesto como antes —respondió finalmente Boris, Noah pudo ver el dolor en esa declaración —; y yo no estoy seguro además… es decir, hay tantas cosas que pasaron entre nosotros…

—Y yo estoy seguro de que te ama —interrumpió Noah, evitando el comentarle que aquello lo sabía por la propia boca de Aarón —, no te quiero decir qué hacer, lo sabes, pero deberías escucharlo, ha pasado el tiempo, ambos han cambiado y madurado…

Boris bufó y negó con la cabeza.

—Sólo digo que deberías escucharlo —repitió Noah obviando la interrupción de Boris —; y ahora, señor abogado, es momento de ponernos en pie, será un día complicado.

—Lo sé —Boris sujetó a Noah por los hombros, deteniéndolo cuando ya se apartaba de él —. ¿Estás bien? ¿Estás seguro que lo estarás? Sabes que no tienes que…

—Lo estoy, y lo estaré, necesito ver que esto termine, estar allí… cerrar esta parte de mi vida —declaró Noah, dándole una sonrisa tranquilizadora.

—Sí, hoy se termina —asintió Boris, no creyendo que el tiempo hubiera pasado tan a prisa, que las cosas hubieran cambiado tanto y sobre todo que por fin pudieran escuchar la condena que se merecían todos aquellos que por años habían estado atormentándolos y maltratándolos.

*

—Seguro que estará bien —les tranquilizó Hermione, los tres estaban en el despacho de ella, esperando a que el último día de juicio se iniciara, habían llegado con mucha anticipación y usado la chimenea de la chica para evitar encontrarse a los periodistas, que andaban tras ellos a cada instante.

—Sí, al inicio preguntaba mucho por su abuela y por cuándo llegaría, supongo que será igual, estará jugando y se olvidará de nosotros por un rato —comentó Draco, preocupado en el fondo por Teddy y pensando en cómo se sentiría dejar a un hijo propio tantas horas solo, por ejemplo en la escuela.

—En todo caso, si es que ocurre algo, Angelina nos llamará —agregó Harry, mirando divertido hacia Draco y sintiendo en él la ansiedad por la separación con el niño; Draco podría parecer frío algunas veces pero estaba claro que los niños eran una de sus debilidades. Pensó en lo excelente padre que hubiera podido llegar a ser… o que sería, se corrigió, pensando en los avances que Aarón estaba haciendo para pedir que se ampliaran las leyes y dejaran a los homosexuales casarse y adoptar niños… aunque era algo en lo que no quería pensar mucho, después de todo no quería decepcionarse.

—Lo sé —suspiró Draco —le dí el número de nuestros móviles y le repetí que si en caso no contestábamos, ya sabes, por estar aún dentro del Ministerio, podía contactar con Hermione por red flú, que ella nos avisaría en el acto.

—Bueno… no en el acto —corrigió Hermione mientras señalaba a su vientre —, pero lo haré lo más rápido posible.

Draco y Harry sonrieron algo divertidos por el comentario, pero antes de agregar algo más, alguien llamó a la puerta, en cuanto la mujer autorizó a que entraran aparecieron Boris, Noah, Gael y Mikel.

—Ya es hora… van a empezar —anunció Mikel.

—Los demás nos están esperando —continuó Boris, que venía tomado de la mano de un muy pálido Noah.

—Está bien —contestó Harry poniéndose en pie y dándole una mirada más a Hermione que asintió y apretó un poco los labios.

—Ya pronto terminará —suspiró Hermione hacia Noah, que parecía hasta enfermo, el chico asintió y le sonrió brevemente, antes de darse la vuelta para salir, seguido por los demás.

Hermione suspiró, dejándose caer un poco sobre la silla, no sabía como sentirse respecto a que al fin la condena fuera dictada; dividida entre el cariño que había sentido por Ginny en el pasado y los sentimientos que le causaba ahora que sabía las cosas que había hecho.

*

Antes de entrar a la sala del Wizengamot se encontraron con los demás, sus amigos parecían bastante nerviosos, apenas intercambiaron un breve asentimiento de saludo antes de que Boris los llevara hasta el interior de la sala.

En cuanto entraron los periodistas, que estaban ya en su sitio, comenzaron a tomarles fotografías y sus vuelas plumas comenzaron a escribir con rapidez. Ellos, ya acostumbrados a ese efecto, no se inmutaron siquiera, tomando el sitio que tenían ya acostumbrado, a un lado de donde el tribunal se sentaba, casi frente al lugar donde los acusados escucharían su condena.

Luego de un momento más de murmullos la puerta del tribunal se abrió, encabezados por el Ministro Kingsley, uno a uno de los miembros del Wizengamot fueron tomando su lugar, en esta ocasión Aarón estaba entre ellos, pese a que por haber ayudado a presentar la denuncia se había tenido que abstener de votar en el veredicto. Les dio una mirada tranquilizadora y sus ojos se detuvieron un instante más en Boris y Noah, que permanecían juntos, al lado de Giles y Matías.

Harry vio nuevamente esa tristeza y esa pena que hacía que sus ojos no brillaran tanto como antes y sintió lástima por él. Draco le apretó más fuerte la mano y cuando se giró a verlo se dio cuenta que su esposo no miraba hacia el jurado sino hacia los padres de Jocelyn, que estaban en el otro extremo de la sala, junto a Erin, los tres lucían cansados y con los ojos irritados.

—Buenos días a todos —saludó Kingsley permaneciendo en pie y dirigiéndose hacia la audiencia —esta mañana iniciaremos con la conclusión del juicio, para lo cual les pido se mantengan en silencio y eviten dar opiniones mientras los veredictos son anunciados.

Hubo un momento más de murmullos antes de que las puertas se abrieran y entrara Ginny, seguida por dos aurores, sus manos estaba atadas por un lazo mágico, en esta ocasión tenía su larga cabellera sujeta en una coleta y lucía una túnica gris, la que usaban en prisión, reconoció Harry, que había hecho en algún momento de su carrera guardias en aquel horrible lugar.

Ginny se sentó en donde los aurores le indicaban, sus ojos cafés mirando hacia la nada, su actitud aparentemente tranquila y desenfadada, Draco se preguntó si realmente ella estaba así de tranquila o sólo estaba fingiendo.

—En el caso de la comunidad mágica contra Ginebra Weasley —empezó a hablar Kingsley, con voz monótona y sin perder el tiempo —, acusada de participar como cabecilla en el envenenamiento de un gran grupo de magos y brujas, provocando su muerte, el Wizengamot la encuentra: culpable.

Un murmullo se escuchó en la sala, la actitud de Ginny no varió en absoluto mientras Kingsley continuaba hablando:

—En el caso de liderar secuestros de más de un centenar de magos y brujas para luego torturarlos: culpable. En el caso de asesinato contra cuatro magos y cinco brujas, a base de hechizos: culpable. En el caso de violar la ley contra la tolerancia y torturar y retener a magos y brujas en contra de su voluntad, por su orientación sexual: culpable.

El murmullo aumentó, Draco se apretó un poco más contra Harry y el chico le acarició el dorso de la mano con el pulgar, tratando de calmarlo, sabiendo que aquella condena, la que le darían por matar, sobre todo a Jocelyn, era algo que había esperado desde hacía mucho tiempo.

—La condena por todos estos delitos será de cadena perpetúa, sin derecho a apelación o recorte de sentencia bajo ningún concepto —Kingsley hizo un ligero asentimiento hacia los aurores que custodiaban a Ginny y estos se apresuraron hacia ella mientras Kingsley golpeaba con un pequeño mazo contra la mesa de madera, tratando de hacer que la sala, ahora descontrolada, se quedara en silencio —. La condena entra en rigor a partir de este momento, hoy cinco de mayo del dos mil cinco.

Harry vio, casi como si aquello no fuera real, como Ginny era puesta en pie y obligada a caminar, con las manos atadas, hacia la puerta lateral, paseó la mirada por la sala, primero hacia los padres de Jocelyn, la madre lloraba abrazada a Erin mientras que el señor Coetzee las abrazaba a ambas y apretaba los labios, mirando con odio a Ginny. Luego se detuvo en Noah, que estaba junto a Boris, ambos estaban quietos, observando como Ginny era sacada de la sala, al otro lado Ethan abrazaba a Lucka y le susurraba al oído, a lo que el chico asentía lentamente.

Ginny giró en un último momento, y sus ojos castaños se enfrentaron a los verdes de Harry, y se desviaron un momento a los grises y fríos de Draco, esta vez no había una sonrisa burlona, pero sí la fuerza de quien se siente ganador. Recorrió la sala con la mirada por última vez, sus hermanos no estaban allí, no habían aparecido en ninguna de las audiencias y no le extrañaba para nada. Volvió a fijarse en Harry, dejó que el recuerdo de esos ojos verdes la llenara… ¿Si aún lo quería y lo amaba? Dudaba haberlo hecho realmente alguna vez, pero él era lo que ella quería, desde que tenía diez años, como futuro en su vida, y había hecho mucho por conseguirlo y finalmente había perdido.

Fue llevada hasta la pequeña sala donde había estado esperando minutos antes de que la hicieran pasar, se cruzó con Tonny, que lucía bastante desmejorado, ni siquiera se había peinado y tenía barba de varios días, durante el juicio él había alegado que la que planificaba todo era ella, que él no estaba al tanto de nada de lo que pasaba; por supuesto que la defensa había tenido pruebas de sobra para desmentirlo; Ginny estaba segura de que le darían la misma condena que a ella y que además no aguantaría mucho en la cárcel, sabía que no era un tipo valiente, y lo más probable es que se volviera loco pronto. Los ojos verdes de Tonny se detuvieron en ella un segundo, pareció querer decir algo pero no le fue posible, pues el par de aurores que lo custodiaban lo empujaron sin nada de delicadeza hacia el frente, haciéndolo entrar en la sala.

Lo último que escuchó Ginny fue el anuncio del Ministro sobre que dictarían la condena de Tonny antes de que la puerta pesada de madera se cerrara a su espalda, fue entonces que se fijó en el traslador que la llevaría finalmente hasta Azkaban. Fue como si le hubieran dado un golpe en el estómago y le hubieran cortado la respiración, fue como si recién fuera consiente de que todo había acabado para ella, de que ahora pasaría el resto de su vida encerrada. Su cuerpo se estremeció y comenzó a sentir como el pánico trepaba por su pecho.

*

El día fue largo, estuvieron presentes mientras se dictaba condena a uno tras otro de los miembros de la MACH, todos, incluyendo a los medimagos y enfermeras que habían trabajado en la clínica, incluso miembros que habían cesado su participación en la organización desde hacía tiempo fueron duramente condenados, todos ellos a cadena perpetúa, sin derecho a apelación por ser partícipes directos o indirectos de una gran cantidad de muertes. Cuando el profesor Garfunkel apareció se pasó todo el tiempo mirando con desprecio a Draco, lo que alteró a Harry a tal grado de ponerse en pie, dispuesto a protestar, fueron Draco y Gael los que lo jalaron de vuelta a su sitio, pidiéndole que se calmara, sabían que no había nada que pudieran ganar con esa actitud, además, de todas maneras el hombre ya estaba condenado y de por vida.

En cuanto la audiencia terminó, cerca del anochecer, todos se pusieron de pie, dispuestos a escapar antes de que los periodistas pudieran incomodarlos con sus preguntas, cierto que habían ganado, pero aquello no se sentía como una victoria, pese a que todos habían superado de alguna manera el daño que la MACH había ocasionado en ellos no podían dejar de recordar a Jocelyn, los secuestros y torturas de Noah y Lucka o la cantidad de casos que habían descubierto durante sus investigaciones.

Se reunieron en la oficina de Hermione, incluso los padres de Jocelyn y Erin se pasaron por allí para despedirse, agradeciéndoles todo lo que habían hecho para conseguir que los asesinos de la chica recibieran su castigo.

Erin se despidió de Draco y de Gael con lágrimas en los ojos, pues al día siguiente volvería a Francia, con sus padres, durante el tiempo que había estado en Inglaterra ambos la habían visitado en más de una ocasión y les partía el alma ver que aún estaba destrozada por la que, ella misma denominaba, el amor de su vida.

Los padres de Jocelyn les informaron que partirían a América la semana siguiente, para ir a pasar una larga temporada en casa de unos parientes, que ahora que el juicio había terminado podían irse más tranquilos. Draco esperó sinceramente que pronto ellos, al igual que Erin, dejaran de sufrir, que pudieran recordar a Jocelyn de la manera que él y Gael hacían, pensando en lo amable y buena que era y en lo triste que se pondría si es que viera que ellos sufrían por su ausencia.

Luego de que Erin y los señores Coetzee se marcharan todos se organizaron para ir hacia Grimmauld Place, Hermione dijo que ella se reuniría con Angelina, quien había llamado informando que Teddy se encontraba muy bien y que pronto cenaría.

Pese a que Draco quería abrazarse a Harry y dejar que el tiempo pasara, lo comprendió cuando éste dijo que tenía que ir primero a la Madriguera y ver cómo estaba Ron y sus hermanos.

Harry podía percibir cómo Draco se sentía, era un sentimiento diferente a los que había sentido antes, era una mezcla de pena y de rabia, y lo abrazó y lo besó antes de marcharse, agradeciéndole que lo comprendiera y prometiéndole llegar pronto a casa.

*

En cuanto llegaron a casa Draco se encargó de repartir, con ayuda de Gael, copas a todos y levitar un par de botellas de Whisky de fuego que Noah se había encargado de conseguir, una vez todos tuvieron sus copas llenas se quedaron en silencio, sin saber muy bien qué decir, sintiéndose extraños ante esa situación.

Comenzaron a beber en silencio, luego de un simple brindis silencioso, todos repartidos en la sala; Aarón apareció unos minutos después, ya no lucía la túnica granate oficial y lucía agotado, su mirada se detuvo nuevamente en Boris, que esta vez estaba junto a Tyrone, hablando en murmullos y luego comenzó a saludar a todos los demás, para finalmente instalarse en la esquina más apartada de la sala, con una copa entre las manos y mirando todo de manera ausente.

Draco suspiró cansadamente y encendió un cigarro, recordando que llevaba muchos días, desde que Teddy se estaba quedando con ellos, sin fumar, pues era mal ejemplo y contaminaba el ambiente y un sin fin más de cosas que se le habían ocurrido. Gael se puso en pie, había estado sentado al otro extremo del salón, conversando en susurros con Mikel, Giles, Lucka, Ethan y Noah, y se puso delante de él.

—Si te vas a quejar porque estoy fumando ya te lo puedes guardar —se adelantó Draco con voz pausada y haciéndose a un lado para dejarlo sentar junto a él —Teddy está con Angelina y limpiaré el ambiente antes de que vuelva.

—En realidad —contestó Gael, hablando lentamente y mirando de reojo hacia Mikel —, quisiera uno, ¿por favor?

—Vaya… ¿Todo bien?

Gael dio una mirada más hacia el grupo de Mikel, y asintió con la cabeza, aunque no parecía muy convencido.

—No sé que sentir —contestó luego de darle una calada al cigarro.

—Te entiendo… Harry se siente peor aún.

Ambos se quedaron en silencio un momento más, hasta que las llamas de la chimenea cambiaron a verde y un pálido y cansado Harry apareció.

—Chicos —saludó mirando alrededor, no muy asombrado de encontrar ese ambiente tan sombrío.

—¿Cómo están? —preguntó Draco poniéndose en pie para recibirlo mientras los demás dejaban de hablar para escucharlo.

Durante el tiempo en que la investigación y el trabajo para promover la primera ley de igualdad había durado, sus amigos habían tratado bastante con Ron, quien en un inicio se había mostrado algo receloso y callado, sin embargo, con el pasar de los días habían congeniado bastante bien, y ahora todos se sentían culpables de celebrar cuando la hermana menor de alguien a quién ya consideraban su amigo había sido condenada.

—Estarán bien —comentó Harry con voz cansada —, no era algo que les cayera de sorpresa, después de todo, ellos ya habían leído toda la información que se presentaría en el juicio.

Harry recibió de manos de Draco una copa de whisky y se dejó caer junto a Gael, que también parecía abatido, mientras recordaba su vista a la Madriguera:

En cuanto había llegado había notado el pesado silencio, toda la casa estaba a oscuras, salvo la cocina, en donde los cuatro hermanos estaban reunidos, con una botella de Whisky medio vacía en el centro de la larga mesa y vasos medio llenos frente a cada uno. Le dolió la forma como los encontró: Bill estaba con las manos cubriendo su rostro mientras George parecía más ausente que nunca, Ron jugueteaba con un pequeño cuchillo sobre la mesa y Percy escribía frenéticamente un largo pergamino.

Es para Andrómeda —informó Ron en cuanto notó la presencia de Harry —, le contamos todo lo que ha pasado para que ella vea la mejor forma de decírselo a mis padres, aunque ellos ya están al tanto de casi todo.

Oh…

¿Ella lucía… arrepentida? —preguntó George mirando a Harry con ansiedad.

No lo sé… se veía tranquila —mintió Harry, durante el veredicto lo que más le había asombrado, aunque ya se lo esperaba después de ver su actitud durante los juicios, era la mirada fría de Ginny, él, que creía que la conocía, pensaba que era una forma de decirle al mundo: "no me interesa", aunque por dentro se muriera de miedo.

¿Crees que sea posible que reciba vistas —preguntó Bill apartando las manos de su rostro y encarando a Harry.

Lo siento —susurró Harry mientras recibía de Ron un vaso de Whisky —, Aarón dice que no les permiten las visitas… ya sabes, son muy estrictos.

Nunca lo comprenderé —masculló Bill bajando la mirada nuevamente, parecía demasiado abatido y cansado y Harry lo entendía.

Yo tampoco —le dijo poniendo una mano sobre su hombro —, yo tampoco…

—¿Te sientes mal? —preguntó Draco sentándose junto a él, Harry le quitó el cigarro encendido que tenía en la mano y aspiró profundamente, sintiendo el sabor del tabaco y negando con la cabeza.

—No lo sé, es muy raro todo… Yo... quisiera haberlos ayudado, haber encontrado la forma de evitarles que esto pasara.

Draco suspiró y le quitó el cigarro de vuelta.

—Ron es un buen tipo, los señores Weasley son buenas personas, estoy seguro que lo que menos merecían era esto… pero no había nada que hubieras podido hacer para evitarlo, no estuvo en tus manos, sino en las de ella.

—Lo sé —Harry se dejó caer contra el respaldo del sofá.

Draco se quedó a su lado, bebiendo en silencio hasta que Noah se puso en pie de pronto, llamando la atención de todos:

—Escuchen —anunció Noah de pie y mirando un instante a Boris antes de continuar —, yo quiero decirles que en verdad, aunque no pueda sentirme del todo contento por cómo han pasado las cosas, al menos me siento aliviado de que ellos se hayan detenido, de que ya no estén libres por allí hostigándonos y dañándonos.

—Es cierto —apoyó Boris —, al menos hemos conseguido tranquilidad para todos y eso es algo con lo que no soñábamos antes, ahora las cosas van mejorando.

—Y seguirán mejorando —prosiguió Aarón, hablando por primera vez en mucho rato —, el Wizengamot se muestra ahora más flexible en cuanto a nuestros derechos, pronto podremos seguir avanzando… y el que hayan condenado tan duramente a los de la MACH frenará a otras personas de intentar imitarlos.

Todos asintieron convencidos, aquello era cierto, la condena a los de la MACH había sido dura y ejemplar, dejando en claro que los derechos de ellos era algo que el Wizengamot no dudaría en hacer valer.

—Ahora que todo ha pasado —suspiró Noah —debo decirles que me marcharé mañana… regreso a casa.

—¿A casa? —preguntó Mikel asombrado.

—Por un tiempo al menos… todos ustedes han sido muy buenos conmigo, me han ayudado ha superar todo esto, ha dejar atrás los malos recuerdos, no sé ni por donde empezar a agradecerles, pero ahora debo volver con mi hermano… quiero ayudarlo por un tiempo y luego… —se encogió de hombros —, luego ya veré.

A Draco no le pasó por alto la mirada que Aarón dio hacia Boris, que parecía ya enterado de aquello y luego hacia Noah, parecía incrédulo de que el chico se marchara.

Continuaron bebiendo hasta casi media noche, hablando en voz baja sobre los planes que tenían ahora, sobre sus empleos y la forma como las cosas estaban mejorando para ellos, hasta que uno a uno se fue marchando a casa y finalmente Harry y Draco se quedaron solos.

Entonces por fin se pudieron ir a la cama, abrazándose y besándose lentamente hasta que ambos, tan agotados como estaban, se quedaron dormidos, reconfortándose con su compañía.

*

Noah había tenido su boleto de vuelta listo desde unas semanas antes, desde que se habían dado las fechas para el juicio y esa tarde, tal como tenía planeado, estaba ya en la puerta número siete del área de apariciones internacionales del Ministerio, esperando a que fuera llamado.

—Promete que escribirás —le pidió Boris, que estaba junto a él y miraba hacia todos lados, había gran cantidad de magos y brujas apurados por todas partes, corriendo de un lado al otro.

—¡Por supuesto que lo haré! —sonrió Noah mientras terminaba de verificar que tuviera todos los documentos que necesitaba en las manos. Dio una mirada alrededor y recordó cuando había llegado, muchas semanas antes, asustado y nervioso, en compañía de Sara, su mirada se detuvo en Boris y le acarició la mejilla con cariño —. Nunca podría dejar de escribirte, lo sabes, eres mi amigo, el mejor que tengo.

—Tú también lo eres… —respondió Boris inclinando la cabeza contra la mano de Noah y disfrutando de esa caricia, pensando vagamente en que algunos años atrás no hubiera podido hacer esas cosas en público.

—Y antes de irme —continuó Noah soltando a Boris y sacando un sobre de la mochila que tenía apoyada contra el piso —, debo darte esto. Me parece correcto dártelo.

—¿Qué es? —preguntó Boris recibiendo un sobre blanco, en cuanto lo giró pudo ver el sello de Aarón cerrando la carta, dedujo que nadie más podría abrirlo y le extraño que Noah la tuviera, más aún, que Aarón le escribiera, llevaba mucho tiempo sin hacerlo.

—Yo lo fui a ver ayer, o mejor dicho esta madrugada, mientras tú dormías.

—Noah —suspiró Boris, y aunque moría de ganas por leer la carta, guardándola en el bolsillo del abrigo.

—Y no quiero decirte qué hacer, lo sabes bien, sólo fui a hablar con él, ya sabes que él fue muy amable conmigo, me ayudó a contactarme con Draco, me hospedó en su casa… —Boris asintió comprendiendo, después de todo no había razón para que Noah no hablara con Aarón, ambos estaban en el mismo bando —; y cuando ya me despedía me pidió que te la entregara, no se animaba a mandártela, sé que la tiene escrita desde hace tiempo… —Noah se encogió de hombros.

—La leeré en casa —asintió Boris.

Boleto cinco veintisiete, con destino a Chelyabinsk, Rusia, estamos listos para partir —anunció la voz monótona de una mujer.

—Oh, ese es mío —comentó Noah mirando hacia la puerta de embarque número siete, que ahora tenía una luz verde encendida, indicándole que ya podía pasar.

—Sí, así es —respondió Boris levantando la pesada mochila para alcanzársela a Noah.

—Cuídate mucho —pidió Noah abrazándose a él.

—También tú hazlo.

—Y gracias, por todo —Noah lo apretó un poco más fuerte por un instante antes de apartarse, Boris soltó una carcajada nerviosa.

—Ya te he dicho que no me andes dando las gracias, tonto.

Noah sonrió ampliamente y le dio un beso en los labios, un casto beso de cariño antes de apartarse y asentir.

Boris permaneció quieto mientras miraba como Noah cruzaba la puerta y como ésta, segundos después, dejaba de tener la luz verde encendida y en su lugar aparecía una luz anaranjada, y finalmente una roja, lo que indicaba que Noah ya había partido y que en minutos, cuánto mucho, estaría en la sala de apariciones de Chelyabinsk.

Metió la mano al bolsillo y palpó la carta de Aarón, sabía que le había dicho a Noah que esperaría a estar en casa para leerla, pero no podía resistir la curiosidad mucho tiempo. Con manos algo temblorosas la sacó y abrió el sello, encontró un largo pergamino, escrito en tinta azul con la letra apretada de Aarón. Se recostó contra una de las paredes mientras comenzaba a leer:

Boris,

Es de noche, estoy solo en mi habitación, en Italia, y no puedo dejar de extrañarte.

Ahora soy conciente de todo el daño y el dolor que te he causado; entiendo, además, que esta soledad que ahora cargo, que este sufrimiento que tengo, es lo mínimo que me merezco después de todo lo que te he hecho; cada vez que pienso en nosotros, en ti, no entiendo cómo es que pude haber sido capaz de tanto, de haberte dejado de lado, de lastimarte de esta manera… Entiendo, por primera vez desde que te marchaste de casa, porque nunca volverías conmigo, soy conciente de la forma tan estúpida en que te he perdido…

Boris levantó la mirada un instante, su corazón empezando a latir con fuerza, las palabras de Aarón, la tristeza y el arrepentimiento que encerraban… se mordió el labio inferior y continuó leyendo, importándole muy poco el ajetreo y el ruido alrededor.

*

Se preguntó si el sentirse así de agotado sería de ahora en adelante un estado natural en él, si es que ya nunca más podría dormir como antes, como cuando Boris estaba a su lado. Sacó un cigarro del bolsillo de su abrigo, pero antes de que siquiera intentar encenderlo, un hombre, usando una túnica de color verde bastante llamativo, se plantó delante de él. Aarón, sentado en una de las bancas de espera, cerca de la puerta siete, que era por donde Noah le había dicho que partía, levantó la mirada algo confuso.

—Lo lamento, señor —dijo el hombre con voz dura señalando un cartel al lado izquierdo, en el que se indicaba que estaba prohibido fumar, beber y realizar hechizos ajenos al transportar equipaje —, no puede fumar aquí.

Aarón encogió los hombros y guardó el cigarro en el bolsillo del abrigo nuevamente.

—Lo siento.

—¿Se siente usted bien? —preguntó el hombre mirándolo con más atención.

Aarón soltó un bufido, era increíble que no pudiera verse bien siquiera frente a un simple guardia de seguridad. Se enderezó un poco más y ensayó su mejor sonrisa mientras asentía.

—Por supuesto, señor, por supuesto —contestó.

El hombre inclinó la cabeza un poco, algo asombrado del cambio de actitud en el hombre y luego de dar una mirada alrededor asintió y se dio la vuelta, alejándose con pasos rápidos.

Entonces Aarón soltó el aire lentamente, recordándose que no debería fumar, que no era correcto y que se veía mal, que estaba bien que el guardia se lo hubiera impedido, tratar de hablar con Boris viéndose fatal —como él estaba seguro lucía— ya era malo, ¿qué clase de imagen proyectaría si es que además parecía haber adquirido el hábito del cigarro?

Acomodó con una mano sus cabellos, mirando alrededor, hasta que sus ojos se detuvieron en una figura que en ese momento salía por el pasillo que llevaba hacia la puerta de embarque número siete; su corazón empezó a latir a un ritmo doloroso mientras se ponía en pie para alcanzarlo.

—Aarón —exclamó Boris mientras caminaba hacia él, en una mano traía aún la carta, estrujada entre sus dedos.

—Noah me dijo que estarías aquí —respondió Aarón deteniéndose delante de él, estaban en medio de la sala, y un montón de magos, brujas y niños, levitando maletas y paquetes, pasaban a su alrededor, incluso golpeándolos un poco, pero ninguno se dio cuenta de eso, ocupados en mirarse; Boris por un lado analizaba a Aarón, miraba sus ojos, su rostro y reflexionaba acerca de la carta… si pudiera creer que era verdad…

—No sé que más hacer —susurró Aarón luego de un momento más, su voz sonaba temblorosa—, yo… perdón, no sé que hacer… cómo se supone que debo vivir así… —Aarón apretó los labios y desvió la mirada, incapaz de creer que sus emociones le ganasen de esa manera.

Boris abrió los ojos con sorpresa, observando el rictus en el rostro de Aarón, la forma como es que se contenía, sus puños apretados… Aarón nunca lloraba, no sabía hacerlo, o eso al menos siempre había creído él, durante el tiempo que habían estado juntos lo había visto de mil y un maneras, en la intimidad y frente a los demás, frente a las cámaras, y si había algo que no podía hacer era llorar; Boris le había dicho en más de una ocasión que no era malo hacerlo, que llorar limpiaba el alma, a lo que Aarón había contestado que llorar era demostrar fragilidad, querer dar pena y que además era algo que no se le daba, no desde que era un niño pequeño; sin embargo, allí estaba, de pie, delante de él conteniendo las lágrimas, intentando frenar aquello que él mismo había denominado debilidad.

—Aarón… —jadeó Boris, una bruja bastante mayor, levitando tres baúles, uno sobre otro, pasó a su lado, golpeándolo en la espalda y haciéndolo inclinarse hacia delante.

—Ouch —se quejó Boris hacia la señora, que se detuvo y les dio una mirada fastidiada, seguramente imaginando que eran otra de esas parejitas gay que ahora no tenían ningún reparo en mostrarse en público.

—Es un lugar de tránsito, jovencito, si quiere conversar con su amigo debería ir a la cafetería —le regañó la mujer, luego le dio una mirada más a Aarón, que había desviado la mirada hacia el piso, e incluso pareció reconocerlo antes de señalar con la cabeza a una esquina —, es más, creo que su amigo necesita tomar algo, allí hay un lugar —y dicho eso se alejó, mascullando y levitando sus tres baúles y golpeando a algunos al pasar.

Aarón tomó una profunda bocanada de aire, el dolor y la culpa le ganaban, no sabía manejar todos aquellos sentimientos en su pecho, no sabía como manejar la situación, suspiró profundo una vez más, seguro de que su voz sonaría correcta esta vez.

—Yo no puedo… —su voz se quebró nuevamente y sintió las lágrimas agolparse en sus ojos, agachó la mirada y trató de respirar nuevamente, incrédulo de que las lágrimas realmente le ganaran, no había llorado por nada ni nadie nunca, simplemente no sabía cómo manejar aquel despliegue de sentimientos.

—Oh, Aarón —suspiró Boris poniendo una mano sobre su hombro y acercándolo un poco más a él, sintió la tensión en el cuerpo de Aarón por un instante antes de que el hombre se abrazara a él, sintiendo su tibio aliento sobre el cuello; por la forma como respiraba, Boris sabía que estaba llorando. Presionó con un poco más de fuerza sus manos sobre la espalda de Aarón por un instante, para luego acariciarlo con lentitud, a modo de consuelo.

—No puedo más —jadeó Aarón sobre el cuello de Boris, importándole ya muy poco que estuvieran en un lugar concurrido o que alguien lo pudiera ver, ahora sólo le importaba sentir el calor y el aroma de Boris, casi convencido de que aquella podría ser la última vez.

Boris le acarició el cabello, la espalda y los brazos, esperando a que el hombre se calmara, aún demasiado asombrado por todo lo que estaba pasando, por tenerlo de esa manera, y, porque negarlo, deseoso de besarlo, de creer en sus promesas y llevarlo a casa, pero había mucho que decir antes de que eso sucediera, antes de que pudiera creer una vez más en él.

—Aarón —susurró cuando lo sintió más calmado, apartándolo un poco para verlo a la cara, a sus ojos rojos e hinchados, a sus mejillas sonrojadas.

—Lo sé —asintió Aarón y Boris creyó que empezaría a llorar nuevamente, lo apretó un poco más fuerte de los brazos y negó con la cabeza.

—Me has hecho mucho daño, más del que imaginas —empezó a decir Boris, su voz sonaba pausada y modulada pero Aarón sabía que lo que decía le costaba mucho esfuerzo —, y por más que te quiera o ame, no sé como confiar en ti, como… No sé si podré hacerlo.

Aarón asintió lentamente, por lo general a él se le daba muy bien el convencer a la gente, era un político innato, su mente podía crear discurso tras discurso de manera veloz, sin embargo, de pie frente al que él sabía era el amor de su vida, su mente se ponía en blanco y no sabía qué decirle, cómo convencerlo, cómo hacerle ver que él no se portaría así nuevamente…

—Te amo —dijo al fin con voz ronca, Boris inclinó el rostro hacia un lado, mirándolo casi como antes, cuando estaban juntos —, sal conmigo… vamos a cenar hoy en la noche…

—Aarón…

—Déjame hacerlo, déjame demostrarte que yo… —se mordió el labio inferior —, déjame demostrarte que he entendido, que puedes creerme cuando te digo que nunca más haré nada de lo que hice antes, que he aprendido que nada ni nadie vale el dolor tan terrible que estoy sintiendo desde que te fuiste.

Boris negó con la cabeza y luego lo tomó de la mano, entrelazando sus dedos, fue conciente del temblor del cuerpo de Aarón por esa simple caricia, y eso lo hizo sonreír. Aarón le devolvió una mirada ansiosa.

—También te amo, pero necesito tiempo —le respondió, jalándolo hacia la salida —, ¿lo comprendes, verdad?

—Sí —Aarón asintió frenéticamente, no creyendo del todo que en verdad eso estuviera sucediendo —. Yo te puedo dar todo el tiempo que quieras… todo lo que necesites y… —una mano sobre sus labios detuvo sus palabras, a la vez que la puerta de cristal se abría y ellos salían hacia la zona muggle que rodeaba al área de apariciones internacionales del Ministerio.

—Quiero confiar en ti, en verdad que quiero, pero que te quede claro que, pese a lo que siento por ti, si esta vez no funciona, si vuelves a…

—No lo haré —declaró firmemente Aarón, ambos ya caminaban por la calle, aún sin soltarse y sin rumbo fijo.

—Empezaremos con una cena —informó Boris, tratando de mantener su voz serena —, luego ya veremos…

Aarón se giró hacia Boris, pensando en sí es que besarlo sería correcto, pero supo que no, que Boris necesitaba tiempo, necesitaba volver a confiar en él y estar seguro antes de animarse a dar cualquier paso más, y debía estar agradecido por ello, no tratando de apresurar las cosas; apretó un poco la mano de la que Boris lo tenía sujeto y sonrió sinceramente, como hacía mucho tiempo no hacía.

*

Muchas carcajadas, buenos ratos, paseos y lecciones didácticas acerca de cómo cuidar a un niño después, Andrómeda regresó a Londres, en compañía de los Weasley, ambos señores se veían mucho mejor a como habían partido, y eso al menos le daba algo de tranquilidad. Las cosas iban cambiando bastante más a prisa, Hermione ya entraba en su séptimo mes de embarazo y se quedaría en casa pues se cansaba demasiado llegando hasta el Ministerio, Ron trataba de repartir su tiempo entre las tiendas de bromas y preparar la llegada del pequeño niño, Draco estaba a punto de firmar un nuevo contrato, está vez con una empresa española y las clases en la Escuela de defensa eran todo un éxito, dejándole cada vez una agenda más apretada para poder tomar los diversos casos que le llevaban magos y brujas de todo el Reino Unido.

En cuanto a Draco, luego de la partida de Teddy, parecía algo distinto, sabía que algo le preocupaba y esperaba que su esposo se lo comentara pronto, pues no le gustaba sentirlo tan tenso, sobre todo cuando estaban pasando por una de esas semanas con poco tiempo para ellos.

No fue hasta que llegó el sábado, día en que Harry no tenía ya clases que dar y que él había podido dejar todo listo para la firma del contrato con los españoles el día lunes en que Draco se animó a abrir nuevamente el cajón del baño. La poción dorada brilló suave e invitadoramente y sin pararse a pensárselo mucho la levantó, quitó la tapa y tomó un gran trago. Una sensación cálida le llegó al pecho y asintió, convenciéndose de que sí era correcto hacer aquello.

Cuando salió a la habitación Harry ya estaba allí, sentado en uno de los pequeños sillones leyendo un pesado texto de maldiciones egipcias.

Harry levantó la vista hacia Draco y sonrió contento, era sábado en la tarde y habían decidido pasar el fin de semana allí, incluso habían cerrado la chimenea para que ningún inoportuno visitante los interrumpieran. Ese era su tiempo a solas y querían disfrutarlo.

—Quién te viera, si en la escuela hubieras sido tan dado para el estudio…

—Seguramente no habría tenido excusas para andarme metiendo a tu habitación —completó Harry cerrando el libro y poniéndose de pie para alcanzarlo.

Draco bufó suavemente.

—Como si en verdad hubieras necesitado excusas, igual te hubieras colado.

—Y como si tú realmente no lo hubieras querido —reprochó Harry antes de inclinarse y besarlo de manera lenta. Sintió los brazos de Draco rodeándole la cintura de manera posesiva mientras sus lenguas se encontraban a medio camino.

—Ven —pidió Draco apartándose del beso y tomándolo de la mano para jalarlo a la cama. Harry entrelazó sus dedos con los de él y lo siguió tranquilamente, mientras Draco sentía su corazón latir a velocidades insanas.

*

Ambos estaban desnudos sobre la cama, Draco estaba boca abajo, sujetando las sábanas con ambas manos y tratando de respirar y relajarse, de apartar ese pequeño sentimiento de culpa que tenía encima, de apartar esa vocecita que le decía que estaba haciendo mal, que lo que estaba haciendo era incorrecto.

—Draco —suspiró Harry sobre su oído, podía sentir su erección presionando suavemente sobre su entrada y sabía que si no empezaba a relajarse aquello no resultaría bien, sin embargo, no podía hacerlo… esa vocecita nuevamente gritando "engaño"

—Mmm…

—¿Seguro que estás bien? —le preguntó suavemente, sus labios dieron un suave beso en la oreja antes de apartarse para sentarse sobre él.

—Ajá —jadeó Draco cerrando los ojos y tomando una profunda bocanada de aire.

Harry acarició con sus manos la espalda de Draco antes de posicionarse mejor, empujando sólo un poco dentro de él, lo sintió tensarse, todos los músculos de su espalda marcándose. Definitivamente algo extraño estaba pasando, Draco, pese a haber tomado la iniciativa, parecía ausente, distante y no podía seguir ignorándolo más.

Draco apretó un poco los labios, tratando de apartar el dolor de su mente e intentando relajarse mientras sentía a Harry entrar en él. Levantó las caderas y empujó a la vez que sus manos sujetaban más fuerte las sábanas. Las manos de Harry en sus caderas lo detuvieron a la vez que lo sentía alejarse de él.

—No… no te detengas.

—Te estoy lastimando —suspiró Harry frustrado, su excitación estaba desapareciendo rápidamente, siendo reemplazada por la preocupación.

—No lo haces —mintió Draco sentándose para encarar Harry.

—¿Qué es lo que pasa?

—Que no quieres seguir —respondió Draco con el ceño fruncido.

—No pareciera que estuvieras del todo en esto, de todas formas —contra atacó Harry mientras buscaba alrededor algo para vestirse.

—¡Claro que lo estaba! —siguió mintiendo Draco mientras observaba a Harry ponerse en pie y tomar los pantalones del piso.

—¿Qué es lo que te pasa? Si no quieres hacerlo no pasa nada, no tienes que hacerlo sólo por complacerme.

—¡Qué si quiero hacerlo! —replicó Draco en voz mucho más alta, Harry, ya con unos vaqueros puestos, se cruzó de brazos y arqueó una ceja.

—Sé cuando no estás diciendo la verdad, o cuando algo te preocupa y ahora es el caso, y si no me lo quieres decir, bien, pero no intentes ocultarlo acostándote conmigo como si de esa manera pudieras hacer que no note lo que te pasa.

—Nada me pasa —respondió Draco más suavemente esta vez, una sensación extraña bailándole en el pecho, no podía hacer aquello sin que Harry lo supiera, sin que estuviera conforme. Porque pese a todo existía la posibilidad de que no estuviera de acuerdo, de que creyera que estaba loco o que simplemente no deseara tener niños. No con él. No de esa manera.

—Bien —suspiró Harry —cuando estés listo —murmuró mientras salía de la habitación con pasos lentos, Draco no hizo nada por detenerlo, lo observó irse antes de dejarse caer sobre la cama nuevamente. Había sido muy iluso al creer que podría engañar a Harry de esa manera, usar una poción de esas magnitudes y no sentirse culpable por no decírselo.

*

—He estado pensando —comentó Mikel, sentado delante de Gael, ambos estaban en la oficina del chico, mientras éste trabajaba en algunas fórmulas nuevas —, cuando te mudaste al departamento hablamos de lo bueno que sería poder vivir en un lugar mucho más grande… en una casa.

—Ajá —asintió Gael sin dejar de escribir en el pergamino —, aún lo creo, yo he vivido en casa de pequeño, el departamento está bien, pero es caro y no es nuestro… y una casa sería fantástica, aunque demandaría más cuidados y eso.

—¿Por qué no lo hacemos? Es decir… podemos comprarla ambos, ponerla a nombre de los dos.

—¿Estás seguro de que es lo que quieres?

—¿Por qué no habría de estarlo? —preguntó Mikel, mirándolo extrañado.

Gael soltó el aire lentamente, a la vez que dejaba la pluma y el pergamino en el que escribía a un lado y miraba fijamente a Mikel.

—Una casa; el comprarla los dos es un compromiso un poco más serio que sólo pagar el alquiler entre ambos, no quisiera hacerlo si es que tú aún no estás seguro de… de esto que tenemos.

Mikel entrecerró los ojos, parecía ofendido.

—¿No serás tú el que no está seguro de esto?

—Yo no soy el que anda saltando al primer acercamiento de tus amigos —replicó Gael tratando de no pelear con él, no le gustaba pelear con él nunca.

—Sólo cuando Draco anda cerca —aclaró Mikel.

—Él es mi amigo.

—Lo sé —respondió Mikel cruzándose de brazos.

—¿Y entonces? Si sabes que es sólo mi amigo, ¿por qué actúas así cuando está cerca?

—Por que puede ser tu amigo, puede que esté ahora enlazado, pero eso no tiene nada que ver con lo que tú sientes por él.

Gael negó con la cabeza y jaló el pergamino nuevamente para seguir trabajando, tratando de controlar la rabia que sentía, él no era muy dado a sentirse así, pero había días en que Mikel lo sobrepasaba.

—¿No vas a decir nada? ¿No lo vas a negar acaso? —increpó Mikel poniéndose de pie, Gael levantó la vista, parecía molesto y Mikel recordó que eran pocas las veces en que lo veía de esa manera.

—¿Serviría de algo? ¿No es acaso lo que he estado haciendo durante todo el tiempo que llevamos juntos¿ ¿El decirte que quiero a Draco como a un hermano una y otra vez?

—Sí sólo fuera así no te empeñarías en seguir aquí, en anteponer su tranquilidad a la mía.

—No se trata de su tranquilidad, Mikel —negó Gael poniéndose en pie —, se trata de la mía, te amo, pero no voy a dejar que dirijas mi vida sólo por tus inseguridades, por tus tontas y estúpidas inseguridades, debo agregar.

—Yo no…

—¿Y sabes qué?, en este preciso momento no tengo deseos de hablar —interrumpió Gael mientras daba la vuelta al escritorio y caminaba hacia la puerta, lo menos que necesitaba en ese momento era mantener una nueva discusión con él.

Pero no llegó hasta la puerta. Mikel lo había alcanzado en medio de la oficina y lo había abrazado por la cintura, pegando su pecho a su espalda y dejando descansar su cabeza en el hombro de Gael.

—Perdón —susurró Mikel antes de darle un par de besos en el cuello —; perdón… yo sé que no… que entre Draco y tú no hay ni habrá nada.

—Mikel —suspiró Gael sujetando con ambas manos las manos entrelazas de Mikel sobre su cintura —. Estoy agotándome de esto.

—No… no es así… todo estará bien, compraremos una casa, pasaremos buenos tiempos allí… todos será genial —Mikel empezó a besar con más entusiasmo el cuello de Gael, mientras éste iba cediendo.

Por un momento Gael pensó en protestar, después de todo no era tonto, los reclamos de Mikel no iban a que Draco y él tuvieran alguna relación, sabía que eso era imposible, más aún con el enlace, los reclamos siempre iban a que Gael aún sentía algo por Draco; sin embargo, en ese momento, mientras las manos de Mikel jugueteaban sobre la tela de sus pantalones y sus caricias se sentían tan placenteras pensó que aquel problema se resolvería con el tiempo, que pronto pasaría.

*

Cuando abrió los ojos nuevamente se dio cuenta de que la tarde ya había terminado, las antorchas iluminaban la habitación y fuera podía escuchar la lluvia cayendo con fuerza, sabía que debía ir por Harry y hablar con él, pero la inseguridad que sentía seguía pudiendo más que su voluntad.

Escuchó un pequeño sonido a la izquierda y se movió lo suficiente para ver a Harry, aún luciendo sólo los pantalones, sobre uno de los sofás, leyendo el mismo libro que en la tarde. Por un momento más se quedó observándolo en silencio, admirando su marcado cuerpo y su rostro, la forma como su cabello oscuro le caía sobre los hombros, como sus ojos verdes se movían de un lado a otro, leyendo.

—¿Seguirás observándome toda la noche? —preguntó Harry sin dejar de leer, se había dado cuenta que Draco se había despertado desde el inicio y esperaba a que el rubio dijera algo, pero la impaciencia porque lo hiciera había ganado y se había adelantado a hablar.

—Siempre me ha encantado obsérvate —contestó Draco girando completamente y apoyando un codo sobre la cama y la cabeza sobre la mano.

—Lo sé… desde la escuela, no creas que no me daba cuenta.

—Hoy hemos hablado mucho de la escuela —meditó Draco.

—Cierto —suspiró Harry dejando el libro sobre la mesa y encarando por fin a Draco —. ¿Me dirás qué te pasa?

Draco se sintió sonrojar ligeramente pero aún así no apartó la mirada de Harry, simplemente hizo un asentimiento y se sentó completamente.

—Lo lamento —le dijo mientras apartaba las sábanas, aún estaba desnudo y el frío de la noche lo hizo estremecerse un poco.

—¿Por qué exactamente?

—Espera —pidió Draco mientras caminaba con pasos veloces hasta el baño. Apenas vio su reflejo un instante en el espejo antes de tomar los pequeños frascos con el contenido dorado y volver hacia la cama, Harry lo miraba en silencio, expectante.

—Ven —llamó mientras palmeaba el lado de la cama libre.

Harry se mordió el labio sin dejar de mirar los pequeños frascos y rápidamente estuvo junto a él, sintió a Draco suspirar antes de girarse completamente hacia él y ponerle uno de los frascos entre las manos.

—Yo hice una poción.

—Pensé que ya no probabas las pociones en ti mismo —reprochó Harry levantando el frasco para verlo a la luz de las antorchas —¿Qué es un felix feliz?

Draco bufó suavemente.

—Negado para las pociones —se burló, tratando de relajarse y relajar el ambiente.

—Y tú eres demasiado experto —reprochó Harry dejando el frasco sobre la cama —¿Esto te tenía tan tenso? ¿Qué se supone que hace?

—Pues… —Draco desvió la mirada hacia la cama nuevamente y tomó una profunda bocanada de aire.

—Yo quiero… verás, hace tiempo, mucho tiempo, cuando estaba en la universidad, Gael me dio un folleto de la MACH y allí decía que los gays extinguiríamos la sociedad por no poder tener niños, y entonces se me ocurrió esto, no me parecía tan improbable en verdad, aunque sólo fue una idea suelta, algo que empecé a idear sólo por pasar el tiempo… y no fue hasta mucho tiempo después que realmente me puse al tema… fue justo antes de que la MACH atacara la casa y entonces lo dejé de lado, pero cuando te vi con Teddy me di cuenta de que en verdad quería que esto funcionara —explicó levantando uno de los frasquitos —de que en verdad pudiéramos…

—¿Pudiéramos, qué?

—Estuve hablando Zettie, con una medibruja de la clínica en la que trabaja Mikel, y ella me ayudó con algunas dudas que tenía y resolvió algunos problemas que había con respecto a la poción, y al final creo que puede funcionar… lo he hecho en el simulador, más de una vez y funciona, aunque como se trata de algo tan delicado y complejo no puedo estar cien por ciento seguro, sin embargo, quisiera tanto intentarlo, siento que deberíamos, no es justo que nos priven de algo así porque somos gays y…

Harry le tomó una de las manos y lo miró mucho más preocupado, no tenía la menor idea de lo que estaba diciendo.

—Draco… ¿De qué estás hablando?

—Yo quiero tener una familia, Harry —le dijo con voz apretada —que tengamos una familia, tú y yo.

—Pero… el Ministerio no permite la adopción y… —Harry apartó las manos de Draco y frunció el ceño molesto —¿quieres tener un niño con una mujer?

—¿Qué? —replicó Draco inmediatamente y sujetando a Harry de los brazos para evitar que se pusiera en pie —. No, no, lo has entendido mal.

—Pues entonces explícamelo, porque no entiendo de qué hablas, para tener un bebé propio tendrías que hacerlo con una mujer y… ¿esa doctora de la que hablaste?, ¿es ella?

—Por supuesto que no, tonto, eres tú —replicó Draco en voz tan alta como la que Harry estaba usando. Sintió las manos de Harry perder la fuerza por un instante antes de soltarse con rabia y salir de la cama.

—¿De que carajos estás hablando? —preguntó Harry mientras retrocedía por la habitación, lo que decía Draco no podía ser cierto… no podía suceder ¿o sí?

Draco se mordió el labio un momento, sintiéndose dolido por la forma como Harry se había horrorizado.

—Yo hice una poción para que un hombre pudiera procrear —explicó con aire profesional, regañándose por no habérsele ocurrido explicar todo de esa manera en un inicio.

—¿Eso se puede…? Es decir… ¿en verdad lo puedes hacer?

—No importa, ¿o sí? Quería hacerlo, esta tarde… bueno empezar esta tarde, porque no es que sea una toma y que funcione ese mismo día, es decir puede ser que sí funcione, pero también puede suceder hasta dos semanas después, según tengo calculado, pero no podía sin que tú estuvieras al tanto y creo que acerté en eso… es decir, es obvio que no lo quieres y que si hubiera seguido intentándolo sin decirte nada las cosas hubieran resultado peor…

—¿Pretendías simplemente… —Harry hizo una mueca de desconcierto, no muy seguro de usar la siguiente palabra —embarazarte sin siquiera preguntármelo?

Draco se encogió de hombros, recogió las pociones de la cama y las dejó sobre la mesa de noche.

—Eso… sí —admitió con los hombros caídos y con voz ronca —lo lamento, no debí hacerlo —o pensarlo siquiera, se dijo mientras tomaba los cobertores y se abrigaba completamente, de pronto se sentía muy triste y desesperanzado, casi había soñado con un niño, uno muy parecido a Harry, pero claro… sólo habían sido sueños.

—Draco —suspiró Harry apartando el desconcierto de su mente y centrándose en su esposo, podía sentir como la tristeza lo invadía y eso lo hacía sentir mal.

—No pasa nada —respondió Draco —simplemente ahora estoy cansado…

—¿Cómo es que eso funciona exactamente? —preguntó obviando la mentira de Draco y avanzando un poco hasta él, sólo podía ver la mata de cabello rubios sobre la almohada, porque Draco se había cubierto hasta la cara.

—Es… —Draco se removió un poco en la cama, pero sin destaparse el rostro, no le apetecía ver a Harry ni a ninguno más por el momento —simplemente la magia y la poción hacen que en nuestros cuerpos se cree lo que denomino un ambiente ideal, un lugar donde un niño se puede crear y desarrollar, este mismo lugar ideal recrea lo necesario para que cuando eh… ya sabes, tu semilla, llegué hasta allí, con algo de suerte, se forme el inicio de un bebé, la poción por sí misma puede mantener al niño allí por dos semanas, por lo cual es necesario estar constantemente revisando si el embarazo ya ha surgido, una vez que lo comprobemos tendríamos… bueno, el gestante, tendría que tomar unas cuantas pociones para mantener ese ambiente ideal hasta el final del desarrollo del niño. Es mejor que sólo alquilar un vientre porque el "lugar ideal" creado tiene el ADN de ese padre y la criatura sería una mezcla de ambos ADNs.

—¿Quiere decir que…?

—Exacto, que sería hijo de ambos, no sólo de uno, lo cual por cierto, evita problemas legales, ya sabes, no puedes adoptar un niño si eres gay o tienes pareja gay, tampoco puedes tener un hijo, en nuestro caso, con una mujer, y ella permitir que viva con nosotros por eso, en cambio, nadie dijo nada de que una pareja gay tuviera un hijo entre ambos.

—Vaya… —Harry negó con la cabeza, era demasiada información —; has pensado en todo.

Draco no contestó nada y Harry continuó:

—¿O sea que… —Harry se acercó hasta Draco y se sentó en la cama, sintió el ligero estremecimiento de Draco por su cercanía, pero no se apartó —uno de los dos se pondrá… como Hermione?

—Embarazado, sí, ese es el término.

—¿Y lo ideaste tú solo?

—Harry —suspiró Draco suavemente —podrías sólo… ya olvida el tema.

—No, no quiero olvidarlo —le reprochó levantando los cobertores para ver a Draco, se sorprendió al verlo tan triste, mucho más de lo que lo había sentido.

—No quiero que, ni por un instante, pienses en hacerlo sólo por pena —contestó Draco sentándose en la cama, mirando a Harry y pretendiendo lucir enfadado.

—¿Y tenemos que tomarla ambos?, la poción…

—Sí, pero al hacerlo… —el sonrojo volvió —yo ya la tomé, así que si no quieres que nada pase mejor será usar por ahora preservativos; ya sabes, evitan que…

—¿Y si yo la tomo?

—Entonces será cincuenta y cincuenta para que uno quede embarazado, aunque eso también depende de en qué posición estés…

Harry arrugó la nariz y miró hacia la fila de frasquitos sobre la mesa.

—¿Y lo hiciste porque en verdad quieres tener una familia conmigo? —preguntó mientras tomaba un frasquito de la mesa y lo levantaba nuevamente para verlo a tras luz —. ¿No por el simple hecho de querer tener una poción más patentada a tu nombre y todos los galeones que eso podría significar?

—¡Por supuesto que no es por eso! Tú eres tan perfecto con los niños, te encantan, lo sé, y a mí también y además es un legado… tú y yo nunca tendremos la posibilidad de dejar una huella de lo que somos a través de nuestros hijos como lo harán Hermione y Ron y… —Draco abrió la boca al ver a Harry destapar el frasquito.

—Harry… no tienes que… —pero fue muy tarde, el chico levantó el frasco y dejó caer el contenido en su boca, hizo una mueca y tragó.

Se sintió extraño, reconoció Harry, una sensación de calidez en su pecho.

—No sabe tan mal como tus otras pociones.

—¿Por qué has hecho eso?

—Porque quiero que tengamos una familia, justo como tú lo dijiste, ya había renunciado a la idea de hacerlo desde que descubrí que era gay, pero ahora es diferente… tú has dicho que se puede y yo quiero intentarlo.

—¿Sabes que esto cambiará nuestras vidas? Tendremos que hacernos cargo de alguien más y…

—¿Tú estás seguro, verdad? —preguntó Harry, interrumpiéndolo.

—Por supuesto, pero… ¿no lo has hecho por…?

Harry no lo dejó terminar y se acercó a él para besarlo suavemente.

—Te amo —le dijo en cuanto se apartó del beso —y lo he hecho por eso, porque te amo y quiero tener una familia a la cual amar también. Nuestra familia.

—Harry… yo también te amo —respondió Draco más emocionado de lo que había esperado por la declaración de Harry.

Se volvieron a besar, lenta y suavemente, empujándose sobre la cama, sus pieles desnudas encontrándose, reconociéndose. Draco pateó lo mejor que pudo los cobertores hasta dejarlos caer en el suelo, su polla hizo contacto con la tela del vaquero de Harry, haciendo dura, pero igual de incitante, fricción.

Harry se restregó contra él un poco más, dejando sentir el bulto en sus pantalones, contra las caderas de Draco y jadeando anticipadamente. Luego de una mordida más en la clavícula se apartó sólo lo necesario para librarse de los pantalones. Mientras las manos de Draco subían por su torso desnudo y delineaban el borde del tatuaje de dragón que tenía al lado izquierdo. Harry cerró los ojos por el contacto un instante antes de atrapar esa mano y subirla hasta la altura de sus labios, inclinando la cabeza lo suficiente para besar y mordisquear los dedos. Como sabía que sucedería, Draco jadeó y se arqueó por aquellas tan simples caricias, gimiendo entre cortadamente.

Draco reemplazó sus dedos por sus labios, besando a Harry de manera desesperada y ansiosa, sus manos navegando por los hombros y los brazos hasta hacerse del duro y erecto miembro de Harry, se arqueó y se apartó en cuanto sintió las manos de Harry tomándolo también.

Las caricias fueron desesperadas, Draco chupaba con ansiedad y rapidez el miembro de Harry mientras éste, con su mano, lo acariciaba de arriba hacia abajo con tal velocidad que incluso le causaba dolor, pero no por eso el deseo desaparecía.

Draco sintió la forma como la polla de Harry se endurecía más y más y finalmente se apartó, con un sonido bastante alto de succión, Harry, agitado, sobre las sábanas, le devolvió una mirada ansiosa.

—Tómame —pidió Draco con voz ronca mientras se dejaba caer boca abajo al costado de Harry.

—Draco… ¿estás seguro que quieres que…?

—Por favor —ronroneó Draco arqueando su espalda de manera incitante y levantando más las caderas. Harry jadeó por el espectáculo y se sentó sobre las caderas de Draco, inclinándose para besar y mordisquear el cuello y la espalda de su esposo mientras sus manos separaban las nalgas, dejando ver la rosada y apretada entrada.

—¡Dios, te amo! —masculló Harry jalando la varita y presionándola contra la entrada de Draco antes de dejarla caer a un lado.

—Sí… así —suspiró Draco, relajado y ansioso, mientras sentía a Harry invadir su interior con lentitud y cuidado, recordó como aquella tarde habían estado en la misma posición y le había sido imposible disfrutarlo; su línea de pensamientos se interrumpió cuando Harry terminó de entrar en él e hizo un giro con sus caderas, apretando y presionando los lugares adecuados en su interior, haciéndolo soltar un gemido y estremecerse por completo.

Harry, sin dejar de morderlo o besarlo comenzó a mordisquear sus hombros y su cuello, imponiendo un ritmo rápido y fuerte, las caderas de Draco se levantaban para darle el encuentro y apretaba su trasero con fuerza, haciéndolo sentir cada vez más cerca del final.

—Harry… —Draco pasó con dificultad una mano bajo su cuerpo y se hizo de su dura erección, separando más las piernas y apretándose cuando lo sentía entrar; sabía que en esta ocasión las cosas serían demasiado rápidas, ambos estaban demasiado ansiosos y calientes.

—Draco, sí… ¡Oh….! —Harry presionó sus manos sobre el colchón y se empujó con más fuerza contra él, mientras sentía el interior de Draco estrujarlo hasta lo imposible.

—¡Harry! —gritó Draco arqueando la espalda y con la mano libre tomando a Harry del cuello, jalándolo lo suficiente para besarlo mientras el orgasmo iba trepando por su cuerpo.

Fue un beso descuidado, lleno de dientes y saliva, que sólo concluyó cuando ambos llegaron finalmente al orgasmo, retorciéndose y gimiendo mientras se pegaban lo más posible el uno al otro.

Harry se quedó quieto, abrazado a Draco y suspirando feliz, tratando de recuperar el aire.

—Harry… —suspiró Draco no creyendo que en verdad hayan empezado a intentar tener un niño.

—Lo siento —masculló Harry apartándose de su esposo y tendiéndose a su lado.

—No lo decía por eso —le aclaró Draco girando el rostro para encararlo.

—Oh… —Harry arrugó la nariz, y luego jaló la varita —¿Está bien si hago un hechizo de limpieza?

—Por favor —respondió Draco, jadeando suavemente al sentir la brisa tibia sobre su cuerpo para luego girarse lo suficiente para encarar a Harry, que rápidamente lo imitó, ambos enredaron las piernas y se pegaron lo más posible, disfrutando de las tibiezas de sus pieles.

—Tendremos que comprar otra casa —susurró Harry.

—¿Otra casa? —respondió Draco mientras una de sus manos iba hasta las caderas de Harry, tomándolo de manera algo posesiva.

—Sí, una casa —ratificó Harry —una grande. No me gustaría que los niños crezcan aquí, no tienen dónde jugar, ni con quién y…

—¿Los niños? —preguntó extrañado Draco.

—Sí…

—Hablas en plural.

—¿No quieres más niños?

—Ni siquiera hemos tenido a este —aclaró Draco, pensaba que lo mejor era ir un paso a la vez, además no se imaginaba con ánimos de repetir, pese a que en verdad la idea de una casa llena de niños sonaba genial.

—Pero lo haremos, lo presiento, y luego tendremos más, al menos dos más, para que no crezca solo, y la casa tiene que tener un jardín enorme donde acampar y…

Draco soltó una carcajada y pasó una pierna sobre las caderas de Harry.

—¿Para qué quieren un jardín donde acampar si la casa está a un paso?

—Porque es divertido, por supuesto —respondió Harry medio ofendido, pero sin hacer nada para apartar a Draco.

—No le encuentro lo divertido.

—Lo verás cuando acampemos.

—Pero… —Draco se inclinó un poco más y finalmente logró que Harry quedara sobre su espalda y él encima, con sus piernas a ambos lados de las caderas del chico —yo no quiero hacer eso, no tiene lógica.

—No siempre tienes que hacer sólo lo que tiene lógica —suspiró Harry jalando a Draco por el cuello y besándolo, mordiéndolo de manera demandante, mientras sus manos recorrían la espalda y llegaban hasta el inicio de las nalgas, Draco se arqueó contra él, pero aún así, entrecortadamente siguió quejándose:

—Sigo sin entender por qué te irías a dormir al jardín cuando…

—Shh…— Harry se levantó lo suficiente para darle un beso en la barbilla —. ¿Qué tal si discutimos luego cómo criar a nuestros niños?

—Nuestros niños —suspiró Draco asintiendo lentamente. Harry volvió a cubrir sus labios y cerró los ojos, entregándose a la pasión del momento, mientras su mente repetía, más feliz de lo que había imaginado nunca: nuestros niños.

*


Gracias a todos por leer y por haberme esperado hasta estas horas…

¿Qué les pareció? A ver… sé que había un gran grupo que apoyaba que Boris y Aarón volvieran, y otro que no, pero ellos se quieren, creo que Aarón ha captado muy bien el mensaje y ahora sólo le queda convencer y demostrarle a Boris que no se volverá a portar así de mal.

Y la poción… allí lo tienen, Draco se lo pidió a Harry y por supuesto que éste ha aceptado… así que ya veremos cómo funciona…

Y bueno… por ahora nada más, gracias a todos por sus comentarios y sus bellas palabras, como siempre me alegran los días y bastante…

Un beso y nos leemos pronto

Zafy