NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO.

Solamente falta el epílogo para terminar esta historia... y siento tantas emociones encontradas que no sé que decirles.

Revisión de Comentarios:

: a mi me han encantado tus comentarios.

marilyn: :) Encontré por internet unos avances de Korra que se ven realmente interesantes, por si quieres verlos. Te pasaría el link pero lo perdí :( Lo que sí me acuerdo, es que fue la primera opción que me mandó Google.

Nikolas Sur: mmm, es más relleno y "Happy ever after" que otra cosa, pero creo que les gustará.

SammykataangTwilight: me pasa exactamente lo mismo que a ti. :)


Capitulo 53.

Un camino por delante.

Sango y Naoko llevaban unos hermosos vestidos de gala y estaban bien peinadas, con poco maquillaje y hablando nerviosamente entre ellas. Sentadas, esperaban a que de la habitación saliera su maestro para poder hablar con él.

La puerta se abrió y de ella salió Sokka, que les sonrió. Aang, vestido con prendas de Maestro Aire y muy elegante las abrazo. Estaba tan feliz que ellas mismas se sintieron las más dichosas del mundo. Pero estaban ahí para pedirle algo, no solo para felicitarlo.

-Maestro… es que…

Sango se calló incapaz de hablar más. Naoko intentó también decirle, pero la lengua se le trabó impidiendo que pronunciara algo. Aang estaba consciente de que las pequeñas no solían portarse así.

-¿Qué pasa?—preguntó.

Ellas entonces apuntaron hacia el balcón. Aang contempló una silueta que no tardó en reconocer.

-Vengo en un momento—dijo a Sokka, y salió prontamente al balcón.

Nadie protestó o dijo algo. Aang salió cerrando la puerta atrás de sí y caminó unos pasos hasta el barandal. Las olas se veían hermosas desde esa altura tan relativa y más con el sol brillando desde lo alto. El viento frío ondeaba el cabello de Momoko, mientras dudaba para voltear y ver a su antiguo Maestro.

Cuando Aang vio a su pupila, de antaño Maestra Tierra, contempló en sus oscuros ojos una aflicción impresionante y el arrepentimiento más genuino que nunca antes vio. Era como si la muchacha cargara sobre su espalda una carga inmensa. Y él sabía que, aunque ella misma se la echó a los hombros, bien merecía quitársela.

Momoko había planeado muchas cosas para decir, pero nunca esperó que Aang sin previo aviso la abrazara con una fuerza tal que casi la deja sin aliento. Envuelta en esos brazos llenos de comprensión y afecto, Momoko pudo enterrar su rostro en el hombro del Avatar y llorar. Lágrimas cargadas de tristezas y complejos. Sollozos marcados con desdichas.

Aang solamente apretaba el abrazo cuando más desesperada la sentía y fue de esa manera que, minutos después, ella pudo separarse y hablarle cara a cara.

-¿Porqué?—preguntó entonces—¿Por qué me perdona tan fácilmente después de las mentiras, las traiciones, los engaños?

Aang le sonrió.

-Todos merecemos una segunda oportunidad Momoko. Y eres demasiado joven como para condenarse… debes aprender de tus errores en vez de lamentarte de ellos.

-No podía creer cuando me llegó la invitación.

-Créelo. Siempre serás bienvenida con todos nosotros.

Ahora era ella quien sonreía, aunque con un dejo de tristeza.

-Sí, pero por el momento debo encontrar mi propio camino.

-Siempre serás como una hija muy querida para mí.

Besó su frente y después agregó:

-Eres libre de tomar tus decisiones.

Momoko vio en su mentor todos los sentimientos menos rencor. Se apartó de él y lo saludó con respeto, antes de darse la media vuelta y salir del balcón.

No quiso despedirse de sus hermanas, no lo soportaría. Con una pequeña mochila en sus hombros comenzó a caminar por los desiertos parajes gélidos del Polo Sur. Ya a buena distancia, pudo contemplar la Tribu vestida de fiesta. ¡Era la gran boda del año!

Ella se inclinó hacia la Tribu y pensó, con las más puras intenciones:

"Los espíritus le bendigan toda su vida, siempre"

Viendo hacia el horizonte, sabía que tenía todo un camino delante de sí, esperando por recorrer. Y su corazón se lleno de esperanza.

o-o

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La Tribu Agua del Sur había sido espléndidamente reconstruida y entre sus construcciones modernas más destacadas estaba el enorme y precioso Jardín Espiritual. Un conjunto de tres lagos con aguas cristalinas conectados por preciosos puentes de hielo tallado que simulaba al Oasis Espiritual en el Polo Norte.

El Jardín, de por sí lindo, había sido decorado. Hacia el centro estaba una alfombra larga y color azul claro bordada en blanco que terminaba justo en donde el arco de flores rosadas empezaba. En ese arco estaban unos altos mandatarios de la Tribu, muy sonrientes y vestidos de gala.

Los invitados estaban de pie y abrigados, pero muy felices esperando la hora. No muy lejos, en unas habitaciones cercanas se preparaban los invitados de honor.

El Avatar Aang fue el primero en llegar al Altar. Sus vestimentas eran naranjas y amarillas como las de los Monjes que habitualmente usaba. Pero eran ahora más finas, exquisitas. Su padrino de bodas era Sokka y los se pusieron frente a las autoridades correspondientes muy sonrientes.

A pesar de estar feliz, Aang no podía evitar sentirse nervioso. Todo estaba listo para el día más importante de su vida y aún con todo eso no podía quitarse de la mente unas cuantas inseguridades. Amaba a Katara y sabía que ella también le amaba, pero el ser esposo y padre conllevaba muchos deberes. No estaba seguro de poder darle la mejor vida que ella se merecía, pero de lo que no le cabían dudas es que haría hasta lo imposible por dársela.

La novia no tardó tampoco mucho en aparecer. Estaba hermosa, con un vestido blanco y bordado en celeste simulando las ondulaciones del mar. El cabello suelto y peinado con flores y una tiara hacían contraste, resaltando sus ojos azules. Sonreía tanto que contagió a todos de su felicidad. Iba del brazo de Hakoda y los dos avanzaban cuidadosamente hacia al Altar.

Estaba ya cerca y Aang le tendió su mano. Katara la aceptó con delicadeza y se paró a su lado. Se miraron fijamente a los ojos por varios minutos y no recordaron dónde estaban, hasta que el juez comenzó a hablar.

Música de fondo, invitados sonrientes, novios deslumbrantes…. Fue como ver la boda de ensueño que todos esperamos tener. La alegría se pasmaba en todos los presentes negándose a desaparecer.

Sin duda, el momento más emotivo fue cuando Aang y Katara se inclinaron para darse ese casto beso que los uniría desde ese día hasta la hora de sus muertes. Aplausos, gritos de júbilos, ramos de flores lanzados al aire, un coro de vítores….dirán que fue mucho alborota, exagerado escándalo para una simple boda. Pero solo quienes acompañaron a los novios en sus aventuras, en sus viajes, en sus momentos de dolor, angustia, tristezas y dudas; solamente ellos comprendían que en esa unión iba más que un matrimonio.

Ahí iba la pareja que no solamente ante los humanos y los espíritus se habían jurado fidelidad y comprensión. Ese era el matrimonio por excelencia: dos personas que se niegan a sí mismas y hacen de lo imposible para que su otro ser, su esposo, sea feliz.

Zuko y Mai estaban abrazados y recordando ellos mismos el día de su boda. Se vieron a los ojos y dieron un corto beso a modo de promesa mutua: llevaba ya tiempo en el sendero del matrimonio, y ahí seguirían. Nada los separaría.

Sokka y Suki estaban más o menos igual. Con la diferencia de que la morena cargaba en sus brazos a un bebé tiernamente vestido y arropado con abrigos que lo hacían parecer un regordete peluche afelpado, imposible de resistirse a abrazar. Sokka besó a su hijo en la frente y a su esposa en los labios, sonriente.

Toph y Mamuro también se besaron, pero era el de ellos diferente. No habían pensado aún en el matrimonio y seguían disfrutando de un noviazgo apasionado y dulce.

Hakoda miraba a su sonriente hija y lloraba de orgullo. Sabía que su hija sería muy feliz y por eso mismo sentía haber cumplido la promesa a su difunta esposa: cuidarlos ante todo.

Gran-Gran y Pakku estaban igual o más felices de Hakoda. Ellos sentían por Katara y Aang un afecto maternal muy extraño, propio de los abuelos, pero acrecentado por las vivencias que tuvieron juntos. Verlos realizados a ese punto les hizo recordarse a ellos mismos de jóvenes, y supieron entonces que serían muy felices.

Aang y Katara, tomados del brazo, caminaron por el sendero para llegar al salón donde seria la recepción, a unos diez metros del Jardín. Mientras caminaban, les lanzaban arroz y flores. Ellos estaban sumergidos en una especia de burbuja personal, donde se veían a sí mismos y la felicidad que les rodeaba, pero sobre todo, veían al otro que iba de su lado.

Más y movida música empezó cuando pisaron el Salón. Como dictaba la tradición, Aang y Katara comenzaron a bailar a su son y dieron vueltas y más vueltas mientras reían y se divertían. Estaban rebosantes, radiantes, y con muchas ganas de festejar su matrimonio. Después de todo, no se casaban todos los días.

A la pista muchas más parejas fueron uniéndoseles y empezó la verdadera fiesta. Sirvieron comida, bebidas, postres… el tiempo fue pasando sin que nadie se diera cuenta y ya cuando fue de noche, comenzó la fiesta a menguar.

Uno por uno, los invitados fueron despidiéndose de los recién casados. Para ello, Aang y Katara se pusieron en la puerta y fueron agradeciendo la presencia de cada uno.

o-o

o-o

Era más de medianoche, Katara estaba con un grueso abrigo sentada sobre la silla de Appa viendo las estrellas. Veía la alianza dorada en su mano, esa que le recordaba, ahora era oficialmente la esposa del Avatar. Sonrió para sí misma.

Aang llegó con unos bolsos y usando su aire-control subió a la silla de un salto. Dejó el escaso equipaje bien acomodado y después fue para tomar las riendas del enorme bisonte volador. Y dijo:

-Jip-Jip.

Katara se abrazó a sí misma cuando el frío viento la golpeó mientras se alzaban hacia el cielo. Agarrando con fuerza el borde de la silla de montar, se asomó para ver quién estaba abajo. Aunque todos en sus casas, desde los umbrales la Tribu entera se despedía sonriente.

-Y bien.—dijo ella—¿A dónde piensas llevarme, Aang?

Él se encogió de hombros.

-No lo sé…. Puede ser el Templo Aire, el Reino Tierra, la Nación de Fuego… ¿Dónde te parece mejor?

Ella se le acercó y lo abrazó por la espalda, reposando su cabeza sobre su hombro.

-Donde estés tú soy feliz.

Aang se volteó para besarla, con esa intensidad que tanto amaban los dos. Luego, vieron al oscuro horizonte por donde se veían, a lo lejos, unos escasos y débiles rayos del sol. Aang agarró entonces el vientre de su esposa con cariño y susurró:

-Ese es nuestro camino.


FictionNews:

El último capítulo de la historia Avatar, la Leyenda... ha sido publicado, y únicamente hace falta la terminación del epílogo para que esta historia sea oficialmente cerrada. La autora ha hecho unas cuantas declaraciones, entre las cuales sobresalen:

"No agregué lemmon ni nada por el estilo debido a que, para empezar, Katara ya está embarazada y la consumación del matrimonio se dio antes de los votos. No, no hice muy cursi la boda, entre muchas razones está que no se necesita nada más. La tayectoria que ha llevado la historia se guió para escribir este capítulo de esta manera y espero puedan aceptarlo y gustarle"

Sobre sus próximos proyectos, menciona "Tengo muchas historias kataang preciosas por traducir (permisos ya obtenidos) y además, "Teach me to fly" que vamos terminando el capítulo 3 y "La Princesa del Sur" que publicaré la próxima semana. Así, podría decirse que los hartaré de Kataang"

Nos depedimos esperando que estas noticias les satisfagan,

chao!