Capítulo cincuenta y uno

Heridas

– ¡¿Tío Shun?!

– Largo tiempo sin vernos, Ryuu.

El joven dragón estaba impactado al ver lo que había pasado con aquel hombre que lo visitó hace años en los Cinco Picos de Rozan.

– ¡¿Shun de Andr…?! – Exclamó un excitado Souma, que se acercó a ver bien de cerca al hombre envuelto en una capa blanca, pero le tapó la boca, y ahogó la exclamación.

– Por eso no querías decirme tu nombre– reparó Yuna.

– Precisamente. No hay que confiar en el desierto, Santos, sus vientos son traicioneros, su arena, infinita, y el sol, ardiente. Y los enemigos están detrás de cada duna, de cada palmera, y hasta podríamos morir por solo beber de un oasis– Las palabras de Shun sonaban naturalmente amables, nadie podría creer que ese hombre, que estaba parado frente a ellos, pudo hacer frente a los más temibles dioses–. Y bien, ¿cómo has estado, Ryuu?

– A–Ah, pues, bien, creo – Ryuuhou sentía muy fuerte la irritación en su piel suave y casi pálida, además, el cansancio de correr a tanta velocidad le hacía temblar las piernas, trataba de sostenerse de Souma.

– Claro, a Ryuuhou le preguntas como está, ¿y a mí no? – Raki hizo mueca de estar enojada.

– Vamos, Raki, como podría olvidarme de ti – soltó una risita dulce y le acarició la cabeza –. Me han dicho que has pasado días difíciles, ¿cómo te encuentras?

– No he tenido días así de malos, solo que el maestro desapareció…

– Sí, me hablaron sobre que Fudo intentó recuperar la Torre Celeste, pero tu maestro se las arregló para evitar que lo lograse.

– Sí, pero… – Pensar en su maestro le ponía los ojos brillosos, aunque bien sabía que Kiki se encontraba sano y a salvo…

– No te pongas triste, Raki. Pronto podrás volver a verlo.

– ¿Eh? ¿En serio? ¡¿Dónde, dónde?! – Saltaba, emocionada.

– No podemos hablar aquí. Yuna, ¿verdad? – se dirigió a la niña Santo que portaba la Cloth de Águila, cuando el Martian había huido, tuvo que pedirle unas cuantas disculpas hasta sentirse satisfecho, por haberla amenazado.

– Sí, señor– Yuna tenía una mirada recta en los cándidos ojos de Shun, aunque por momentos quería alejar la vista, había quien decía, que esos ojos eran, tal vez, merecedores de ser los de un dios. Sin embargo, había otros que hacían competencia, y estaban justo detrás de las faldas de Yuna.

– Por favor, lleva a Kouga – le cedió al desmayado muchacho, ella lo tomó con cierto asqueo, el cuerpo de Kouga estaba sudando, aunque por lo menos, ahora, podía hacer eso– ¿Y tú…? – Miró a la niña de ojos estrellados, que se agarró de las faldas de Yuna con fuerza.

– Vamos, dile tu nombre, es una buena persona, como nosotros. –Esa era la manera en que Yuna aprendió que Aria se acercaba a nuevas personas, a través de la confianza ajena, y, gradualmente, ganaría suficiente valor para hablarles sin tartamudear tanto.

– A–Aria.

– Oh – dijo Shun –, hermoso nombre. Me gustaría poder conocerte más, Aria. – Le tendió una mano para que la niña la tomase, pero se rehusó.

– ¡Aria! – Se molestó Yuna.

– Tranquila, Yuna, yo era así de tímido hace tiempo, no dejaba de asustarme por cada persona nueva que conocía, todo me daba motivo para llorar. Es duro para ella también, tenemos que ser pacientes.

Antes de volver a emprender la marcha hacia un lugar que solo Shun conocía, les indicó quién debía cargara quién, Ryuuhou estaba extremadamente cansado y fatigado, así que Shun decidió llevarlo, mientras que Souma, aunque se sentía débil, podía correr, de modo que llevaría a Raki y Aria. Shun les pidió que se aseguren de seguir su Cosmos, y que si comenzaba acelerar, ellos deberían hacerlo también, pues un enemigo estaría cerca.

El trayecto en el que siguieron a Shun a través del desierto no tuvo demasiados problemas, el Santo les ordenó detenerse antes de frenar. Paró momentos después, y dejó al Dragón en el suelo, pero éste necesitaba, aún, sostenerse en los hombros de su tío.

– ¿Qué hay aquí? – Para Souma, había tanta arena como hace rato.

– Aguarda. –Las cadenas descendieron por debajo de las mangas, se decía que su largo era infinito, al igual que su belleza. Los metales chocaron y tintinearon, hasta formar un pequeño círculo alrededor de Andrómeda. Sin siquiera mover un dedo, las cadenas corrieron alrededor de todos los presentes. Chocó las palmas, y todos gritaron del susto.

El agujero que se abrió de entre los granos dorados parecía la boca de un hambriento gigante, que los engulló, los hizo caer por un largo trecho oscuro, que solo terminó con un fuerte sacudón. Habían caído sobre algo suave, o eso creían, cuando intentaron levantarse, se dieron cuenta que había algo frío y rígido bajo sus pies.

– ¿Estás bien, Aria?

– S–Sí, Yuna. ¿Tú, Raki?

– Por supuesto, esto no me sorprende para nada.

– ¿Acaso sabías? – Preguntó Souma.

– Ryuuhou también.

– Bueno, más o menos…

Estaban en total oscuridad, hasta que una pequeña llama rosada iluminó la reducida habitación. El Cosmos de Shun entonces empezó a moverse a través de un pasillo.

– ¿Acaso no piensan seguirme? – dijo, cuando notó que nadie salvo Raki y Ryuuhou le seguían. Yuna, con Kouga, Souma, y Aria le siguieron, después de intercambiarse unas miradas en la oscuridad, bueno, Kouga no.

– ¿Qué es este lugar? – Preguntó Souma a Ryuuhou.

– Ichi me habló de este lugar cuando lo encontramos después de salir de la isla. No quería contarte a ti, por si algo malo llegaba a ocurrir. Lo siento.

– Ah, podías habernos avisado, cuidado con el agujero, o algo así–Shun soltó una risita baja.

– Por algo la llamamos la Cámara de las Sorpresas. No tendría gracia si le avisamos qué va a pasar.

– ¿Cámara de Sorpresas?

– Son pasadizos secretos que diseñó Michel, un viejo amigo nuestro, para poder ocultarnos en los momentos más necesarios. Y éste, es muy necesario.

– ¿Por qué? – quiso saber Yuna.

– Porque necesitamos hablar.

Una vez llegó a la sala iluminada por unas antorchas, Shun bajó la luz de su Cosmos, y los hizo pasar a la pequeña recámara. Unas rudimentarias sillas alrededor de una mesa, nadie parecía estar cerca, y el silencio era casi absoluto.

– Yuna, puedes quitarte tu Cloth – le indicó Shun, la chica hizo caso obedientemente, y las piezas de su armadura desaparecieron–. Siéntense, por favor.

Había cinco sillas, Aria y Yuna compartieron una, Raki y Ryuuhou otra, a Kouga lo recostaron en otra, mientras Souma y Shun se sentaron solos, en torno a la mesa circular.

– Antes de empezar… – dijo Shun, mientras acomodaba la silla para sentarse– ¡Sello de Athena! – Exclamó, juntando ambas manos, nada pareció ocurrir en ese momento.

– ¿Q–Qué acabas de hacer? – Preguntó Yuna.

– Sellé nuestras voces y pensamientos dentro de esta habitación, la cual solo se abre con el Cosmos de quien lo cerró primero, lo mismo para cuando quiero entrar – explicó, en tanto, buscaba algo dentro de los pliegues de su capa blanca. En tanto movía su brazo, Ryuuhou y Yuna vieron unos movimientos raros bajo la tela, se miraron un segundo, pero luego alejaron la atención cuando Shun desplegó un largo pergamino sobre la mesa.

El pergamino era un mapa marcado con tinta, claramente delimitando distintas fronteras, ríos, y mares.

– Este es un mapa del Extremo Oriente. Ahora mismo, nos encontramos justo en los desiertos que rodean la zona de la India, aquí –Indicó con el dedo una marca de tinta roja–. En tanto, nuestro destino… – corrió el dedo hasta una pequeña porción de tierra, rodeada de agua –, es este.

– ¿Una isla al sur de India?

– Así es, Ryuuhou.

– ¿Isla? – preguntó Aria.

– ¿Recuerdas el mar que vimos antes? – Yuna se quedó con la mirada de Aria, extrañada, que no podía recordar– B–bueno, te lo explicaré luego, ¿sí? – La niña asintió.

– Qué buena niña – sonrió Shun, Aria se sobresaltó, pero no dijo nada.

– Disculpe, señor – interrumpió Souma –, ¿puedo preguntar algo?

– Puedes decirme Shun. Sí, pregunta, Souma.

– ¿A qué iremos allí?

– Justo ese era el tema, pues bien… – Intentó buscar las palabras, pero se dio cuenta que sería totalmente inútil – Vamos a rescatar al reparador de Cloth, Kiki.

– ¡¿Kiki?! – Exclamó Raki, saltando del regazo de Ryuuhou, casi tiró la mesa del golpe– ¿Iremos a ver al maestro Kiki? Espera, ¿rescatar? ¿Acaso…?

– Decir que vamos a rescatarlo es una formalidad. Más bien, iremos a recogerlo.

– ¿Qué quiere decir eso? – Preguntó Yuna.

– Tendría que explicárselos del principio – tomó aire, sacó el cuenco de agua que llevaba en la capa, y bebió.

A partir del ataque de Palestra, habíamos puesto en marcha nuestro plan. No puedo revelarles hasta qué punto estuvimos envueltos en todos estos hechos, pero, lo cierto es, que nuestros aciertos y errores los han guiado hasta aquí. El error del que más nos arrepentimos es haber sacrificado tantos Santos de Bronce por el bien de nuestro éxito… Incluido Geki, esta semana ha sido de gran dolor para todos, pues aún no hemos podido recuperar los cuerpos de los muertos en Babel.

Nuestro segundo error recayó en los cálculos. Dentro de nuestros planes, esta reunión debería ocurrir dentro de un día, no obstante, Yuna y Aria fueron forzadas a escapar, cuando debían encontrarse, primero, con Ryuuhou y Souma, posteriormente, con Kouga, Raki, y Kiki.

Fudo fue el principal error que no supimos ver. Atacó en la Torre Celeste, y tomó a Kiki como prisionero, la única forma en la que Kiki podría acabar con esa batalla sin ser llevado a un conflicto aun mayor. No obstante, Kiki confiaba en que sabría dónde estaría él.

Ahora mismo, Kiki está en la isla que acabo de enseñarles. Esperando nuestra llegada para liberar su Cosmos, y destruir todas las fortalezas Martian que se hubiesen apoderado de la isla y sus habitantes. Solo existe un único problema…

– Fudo – completó Ryuuhou.

– Fudo – asintió Shun –. Fudo es el Santo de Oro de Virgo, y puedo asegurarles que, tras esa faceta de hombre pacífico, existe un aterrador demonio. Nuestro mayor problema será enfrentarlo a él, no somos más que cinco Santos de Bronce, y ni siquiera…

– ¿Cinco? – Souma no era bueno para los números, pero sabía bien que Shun no era un simple Santo de Bronce como ellos.

– Souma, yo no he dejado de ser el Santo de Bronce de Andrómeda.

– Sí, pero tú eres Shun, ¡el Santo Legendario!

– Es una lástima que el título de Legendario no venga con una Cloth de regalo–Shun rio ante su propio chiste, y Souma se quedó sin palabras un segundo–. Sin embargo, ese título sí me ha dejado una marca.

Todos abrieron la boca, atónitos, al ver como Shun se quitaba la larga capa blanca, dejando al descubierto sus brazos, que, lejos de ser rosas como sus mejillas y sus gráciles dedos, estaban cubiertos por una horrenda mancha oscura, con tintes negros, púrpuras. Y entre tanta negrura, algunos destellos plateados y oro saltaban.

– Tío…

– Esto es lo que uno tiene que pagar para que lo llamen "Legendario" – dijo, mientras se volvía a ocultar las marcas.

– ¿Acaso fue por luchar contra Hades?

– No. Esto ha sido fruto de luchar contra Mars – cerró los ojos, y recordó el pasado, otra vez portaba su Cloth de Andrómeda, la cual le salvaba de morir a merced de devastadores ataques–. Tu padre, Ryuuhou, también sufre el mismo mal. De seguro lo sabrás.

– Sí – concedió –, pero no sabía que tú también. Entonces…

– Básicamente, mi Cosmos es inútil, si llegase a utilizarlo con intención de pelear… Estas manchas se servirían de él, se extenderían por mi cuerpo, y me harían morir, poco a poco.

– Entonces, ¿cómo usaste aquel ataque contra el Martian? – Objetó Yuna.

– Athena está… Sacrificando su vida, para que nosotros, los Santos, podamos soportar un poco más los poderes de esta Maldición Negra.

– Athena– Repitieron todos, al unísono, con la voz apagada, y entonces resonó otra.

– ¡¿Athena?! – Kouga golpeó con fuerza la mesa.

– Ya me preguntaba cuánto más ibas a fingir, Kouga, desde que llegamos que estás despierto, oyendo cada cosa que decimos – dijo Shun, calmado.

– ¡Dime, Shun! ¿Qué ha pasado con la Señorita Saori? – El tono, las palabras, todos golpearon a Shun de un golpazo, eran iguales.

– No estoy más informado que tú, Kouga – contestó, negando con la cabeza –, sé que mi condición ha mejorado gracias a ella, pero no sé con seguridad cómo ni donde está.

– ¡Maldita sea! – Volvió a hacer ademan de golpear la mesa.

– No golpees la mesa– Lo cortó Shun. Kouga hizo caso, hizo un gesto de descontento, y se arrimó a la mesa. El silencio quedó un momento en vilo, Shun abrió la boca para hablar, pero Raki le interrumpió.

– ¿Shun? – Le devolvió la mirada – ¿Acaso sabes si pasó algo entre el maestro Kiki y ese Fudo?

– ¿Acaso Kiki…?

– Cuando vio a esa persona, se puso tan furioso que casi no pude reconocerlo.

– Ya veo –se pasó los dedos por la barbilla –, no es de extrañar. No puedo explicarles mucho, siendo que yo mismo no sé tanto. Pero sí sé que Fudo se considera ejecutor de la justicia de los dioses. He visto el rostro de esos dioses, Kiki también. Sabemos que no miente.