¡Se acaba! ¡Penúltimo capítulo! Y trabajando desde ya en el #50. Mil gracias por el apoyo y la paciencia. Universe Densetsu no habría llegado hasta aquí de no ser por todos los que me apoyaron a lo largo del camino.
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Capítulo XLIX – El verdadero significado de la palabra "esperanza"
Esperanza. ¿Qué es la esperanza?, se preguntaba Despair continuamente, al mirar de reojo a los "poderosos" regentes del Sol y la Luna, con los ojos carentes de brillo y totalmente a su merced. Esperanza era un término que el ahora regente el universo no podía ni quería comprender. Porque, ¿cómo rayos se podía tener esperanza enfrentándose a un enemigo omnipotente como él? Los humanos son criaturas estúpidas, pensó Despair. Queriendo contemplar el impacto que su poder estaba teniendo en el universo, el hombre chasqueó los dedos y una docena de burbujas de gran tamaño se materializó a su alrededor. Cada una de las burbujas mostraba sitios diferentes del universo.
Despair notó, complacido, que los descendientes de los molestos guerreros del universo había desaparecido. Claro, todos, excepto los hijos del Sol y la Luna, puesto que aún no se había dado a la tarea de darles el golpe de gracia. El mayor de los hijos tenía abrazadas a sus hermanas, los tres con la cabeza baja, como resignados a aceptar su destino. Oh sí, estaba claro que a ellos ya no les quedaba eso llamado "esperanza".
En ese momento, Despair hizo descender su trono, para que este estuviera a la altura del piso. La habitación se reparó, el techo fue reemplazado y todo el palacio fue envuelto con el "resplandor" de la oscuridad. Aquello se parecía más al ideal de Despair. El color rojo reemplazado por el negro, los ornamentos de oro reemplazados por los de plata; rosas negras.
—Entonces, dime, princesa Serena —comentó Despair, sujetando a Serena de la barbilla y acercando su rostro al de ella —¿Cómo te gustaría morir? ¿De forma lenta y dolorosa? O, ¿rápido y sin dolor? Te daré el privilegio de elegir porque tu padre me agradaba, aunque nunca quiso unirse a nosotros.
—Ninguna de las dos —dijo entonces Seiya, agarrando el brazo de Despair —El único que va a morir eres tú, Despair —el aludido vio de nuevo el resplandor en los ojos de Seiya —Así que no la toques —Serena le dio a Despair un manotazo y él la saltó de inmediato.
—¿Qué es esto? —preguntó, extrañado —¿Cómo se han librado de mi control? No deberían ser más que pobres marionetas, sumisas, esperando tranquilamente su muerte —suspiró —Sí que hacen las cosas difíciles ustedes dos. No entiendo por qué tienen que ser tan tercos.
—Creo que simplemente ninguno de los dos es bueno para rendirse —dijo Serena, sujetando con fuerza el broche de transformación en su mano derecha —No es cierto que ya no nos queda nada. La fuerza y el apoyo de todos nuestros amigos siguen dentro de nosotros. Y no vamos a desperdiciar ese poder.
—Ahora sí, vamos a derrotarte, de una vez por todas, Despair —añadió Seiya, tomando a Serena de la mano, mientras aferraba el medallón solar en su mano libre —Puedo sentir el poder de todos los Caballeros Solares fluyendo por mi cuerpo. Amaterasu, Apolo, Garuda, Éter, Eos, Freyr, Horus, Ra, gracias por prestarme su poder una vez más. Les prometo que no los decepcionaremos.
—Ni siquiera necesito moverme de aquí o preocuparme por lo que vayan a hacer —dijo Despair —Soy invencible. Así que, vengan, y atáquenme con todo lo que tengan. Yo lo recibiré y les enseñaré a respetar a un ser superior como yo.
—Bombón, ya no me quedan casi fuerzas —Serena lo miró con una tenue sonrisa, pues ella no se sentía muy diferente —Vamos a acabar con esto ya para poder ir a dormir durante toda una semana.
—Eres un exagerado —la rubia rió —Pero sí, hagamos esto, Seiya.
Serena y Seiya levantaron sus medallones por encima de sus cabezas. A Despair simplemente le parecían dos ridículos humanos, comunes y corrientes, puesto que ninguno de los dos tenía su transformación o portaba arma alguna que pudiera defenderlos más. Pero los medallones brillaron con un resplandor que, para Despair, parecía imposible de conseguir siendo que ya no tenían sus cristales cósmicos y ya habían agotado prácticamente todos sus recursos.
—¡Eclipse Final! —exclamaron ambos, al unísono.
El resplandor se convirtió en una especie de barrera que iba avanzando hacia donde estaba sentado Despair. La barrera dorada simplemente lo atravesó. Despair no sintió dolor, ni frío, ni calor, ni siquiera sintió poder. Nada. ¿Qué significaba eso? ¿Qué clase de poder estúpido era?, se preguntó él, antes de comenzar a reír.
—¡Patético! ¿Qué rayos pretenden con…? —pero su risa se apagó al instante. Pronto sintió su cuerpo pesado, sus articulaciones no respondían. Estaba completamente paralizado —¿Qué… es esto?
Despair gritó de dolor, cuando los cristales cósmicos comenzaron a abandonar su cuerpo. Cuando uno de los cristales salía, este dejaba una pequeña herida en el sitio del cuerpo por el que saliese. La sangre negra comenzó a manchar sus ropas y el piso. Pronto había bajo sus pies un mar de sangre que comenzó a extenderse por Kinmoku. Poco a poco, el planeta comenzó a recuperar su antiguo aspecto. Era como si el tiempo comenzara a retroceder gradualmente, mientras los cristales cósmicos se negaban a cumplir la voluntad de Despair.
El dolor se apoderó de todo su cuerpo. Se puso de pie, lanzando puñetazos al aire, casi arrastrando los pies por toda la habitación, en un intento por disminuir el creciente dolor y, de paso, inútilmente, impedir que los cristales que tanto le había costado conseguir se liberaran. Intentó atrapar uno de ellos con su mano, pero una descarga eléctrica lo sacudió y cayó de bruces al suelo, luchando por moverse, queriendo correr hasta que el dolor se fuera. Pero el dolor nunca lo abandonó.
—El poder del Eclipse Final es aterrador —murmuró Serena, en voz baja, ocultando el rostro en el pecho de Seiya, sintiéndose incapaz de seguir mirando cómo Despair sufría.
—El poder del Eclipse Final del Sol y la Luna tiene diferentes manifestaciones, —Serena se separó de inmediato de Seiya, mientras el muchacho se quedaba boquiabierto. Esa voz ambos la conocían bien —según la generación que lo use y quién sea utilizado. Es bastante caprichoso en realidad.
—No puede ser… A-Amaterasu —Seiya salió corriendo y la rodeó con sus brazos, pero estos la atravesaron —¿Acaso eres…?
—Príncipe Seiya, princesa Serena, buen trabajo —dijo la mujer, con una sonrisa —Buen trabajo a todos los guerreros del universo, incluyendo a las futuras generaciones. Sabía que no me equivocaba al dejarlos viajar al pasado. Esto no habría sido posible sin ellos —miró a Despair, quien se arrastraba por el suelo, intentando llegar hasta ella —Para responder a tu pregunta, no, no soy un fantasma. Mi nombre es Solaris y soy uno de los Jueces Celestiales.
—A-Así q-que finalmente… esos sujetos se apoderaron de ti —dijo Despair, quien finalmente se encontraba a los pies de Solaris —Ja, b-bueno, tarde o t-temprano iba a suceder. Tu destino estaba escrito… desde que naciste. E-Es una lástima… e-eras el único ser humano que valía la pena.
—Supongo que debería darte las gracias por el cumplido, Despair —contestó Solaris, viendo cómo el cuerpo del enemigo iba envejeciendo.
—¿Qué está sucediendo? —preguntó Serena, asombrada —Pensé que un ser como Despair no era capaz de envejecer.
—Este es el juicio del cosmos, princesa Serena —explicó Solaris —Sin duda, Despair y su hermano Chaos siempre fueron seres que estaban por encima de los seres humanos. Nunca fueron criaturas ordinarias. Pero sus acciones iban en contra del sagrado orden del cosmos, rompieron con el balance del Universo, en especial Despair. Todo el poder que fue acumulando, el poder que lo hizo superior a Chaos, lo consiguió a costa del sacrificio, incluso, de aquellos que lo seguían.
—Entonces, ¿se acabó? ¿Ganamos? —preguntó Seiya, esperanzado —¿Tenemos que sellarlo de nuevo? —Solaris negó con la cabeza.
—Su destino es desaparecer y reunirse con Chaos en la infinidad del tiempo-espacio. Su existencia ya no se puede sellar, porque acaba de desvanecerse —finalmente, el cuerpo de Despair desapareció —Se ha acabado. La luz de la esperanza ha triunfado.
Serena y Seiya se miraron y sonrieron, justo antes de compartir un apasionado beso que haría sonrojar a cualquiera. Solaris los miró, con una sonrisa. La pareja cayó al suelo, pues sus cuerpos ya no tenían fuerzas para nada. Sus ojos se fueron cerrando, como invadidos por un repentino e inevitable sueño. La tierra tembló, anunciando el triunfo de la justicia y el renacimiento de un universo que, por poco, caía en manos de la oscuridad.
—Ha llegado el justo momento de que ustedes descansen.
—Pero… la reina Kakyuu, Richard, Claire, nuestros… amigos… —los ojos de Serena se cerraron.
—Yo me encargaré de todo, ahora preocúpese por recuperarse, princesa Serena.
Solaris tomó los cristales cósmicos que flotaban por la habitación y los colocó en un cofre de oro que se había materializado a sus pies. La telaraña se derrumbó, al tiempo que la habitación recuperaba su color. No había rastro de los cuerpos de los restantes guerreros del universo y pronto los cuerpos de Serena y Seiya desaparecieron también.
—Has hecho un buen trabajo, novata —Solaris levantó la mirada, sólo para encontrarse con un Radamanthys cruzado de brazos, con la espalda apoyada en una de las paredes —¿Estás segura de que puedes hacerte cargo de lo que falta?
—¿Acaso estás dudando de tu pupila, Radamanthys? —el aludido rodó los ojos —Puedo hacerme cargo sin problema, después de todo, he aprendido todo lo que sé de ti.
—Bueno, como sea, después no te vengas quejando de que quieres quedarte en la Tierra.
—No, eso no sucederá. Mi ciclo en la Tierra ha terminado, no tengo nada más que hacer ahí —Radamanthys asintió con la cabeza y desapareció —Entonces bien, esta será la última vez que los vea a todos. Helena, Mizuki, tienen que ser muy fuertes.
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La enorme propiedad de estilo victoriano que se encontraba en las afueras de la ciudad había pertenecido a su familia. Cuando el matrimonio murió, estando sus hijos en el extranjero, la casona quedó abandonada. Ni la hija ni el hijo volvieron luego del funeral de sus padres. Sin embargo, cuando el destino los trajo de vuelta a Japón, ambos se dedicaron a restaurarla, para el momento en que fuese necesaria otra vez. Solaris recorrió aquella casa, donde había pasado momentos tan felices – como "Megumi Hoshida" – junto a su hermano y sus padres. Esta sería la última vez que pisara esas habitaciones alfombradas.
Entró entonces en la primera habitación, donde reposaban Helena, Darien, Hotaru y Siegfried. Abrió el cofre dorado y les devolvió sus cristales cósmicos. Así, hizo lo mismo con el resto de los guerreros, hasta llegar a la habitación donde reposaban su hermano y su esposa. Sonrió, al notar que Setsuna lucía hermosa en su condición, a pesar de que la barriga aún no se notaba. Sin poder evitarlo, se sentó al borde de la cama de su hermano y se dedicó a contemplar al muchacho que, cuando niño, juraba que se convertiría en alguien famoso. Y sí que lo había logrado.
—Mizuki, cuida de Setsuna, te estaré observando —le dijo. Hizo ademán de levantarse, pero entonces escuchó la voz de su hermano.
—No puedo esperar para contarle a Tatsuya todo acerca de su valiente tía, la guerrera más poderosa del Universo.
—No digas tonterías —replicó ella, riendo —Tatsuya es un buen nombre, muy japonés, me gusta. Ahora, deja de balbucear y descansa, ¿entendido?
—Sí, hermana, como digas —contestó Mizuki, cerrando los ojos —Antes de que te vayas, ¿puedes decirme qué sucedió con la reina y los jóvenes oráculos de Mercurio?
—No puedo resucitar a los muertos, pero parece que los cristales cósmicos se negaban a dejarlos morir —una sonrisa iluminó el rostro del rubio —Parece que no era la voluntad del cosmos que ellos abandonaran este mundo después de esta guerra. Sin embargo, su recuperación será más larga y complicada que la del resto de los guerreros. No sabemos qué es lo que sucederá, podrían incluso perder la memoria, nadie lo sabe con certeza.
—Lo importante es que siguen con vida, de otra forma, todos, en especial la princesa Serena, se entristecerían —la rubia asintió con la cabeza y esta vez sí se levantó de la cama.
—Mizuki, lo siento, pero tengo que hacer que todos ustedes olviden que conocieron a sus hijos. Muchos secretos que no debían salir a la luz se revelaron durante esta guerra.
—Hermana, por favor, sólo no permitas que olvide todo lo que hiciste por nosotros —la mujer sonrió y se despidió con un gesto de la mano. Instantes después, Mizuki volvió a quedarse dormido.
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No tenía idea de cuánto tiempo había dormido, pero se sentía estupenda. Hacía mucho tiempo que no descansaba de esa manera. Sin molestas alarmas que la despertaran o madres – y gatos – molestos que le dijeran que iba a llegar tarde a la escuela. Sí, eso era vida. Poder levantarse cuando quisiera, con los rayos del sol acariciándole el rostro y su cabeza acomodada en el pecho de Seiya. Un momento, ¿qué rayos? Serena abrió los ojos y se incorporó de golpe, pero no pudo moverse demasiado, porque Seiya la tenía bien sujeta de la cintura.
Serena miró a su alrededor. Sí, la habitación donde se encontraba era amplísima y hermosa, con un marcado estilo europeo que la hizo enamorarse al instante. Pero claramente no era su habitación. ¿Qué había sucedido? Ah, sí, la guerra contra Despair. Imágenes borrosas le llegaron a la cabeza y sonrió cuando recordó que Despair ya no existía más. Ahora, ¿cuánto tiempo, exactamente, habían dormido? Y, ¿dónde estaban los demás? Pero, antes de que pudiera seguir reflexionando, sintió unos cálidos labios en su mejilla. Seiya la abrazó y ella cayó de nuevo sobre su pecho.
—Buenos días, bombón, ¿dormiste bien?
—No puedo recordar la última vez que dormí tan bien —contestó, cerrando los ojos y dejándose envolver por el aroma de Seiya.
—Eso es porque esta es la primera vez que duermes conmigo. No hay nada mejor que dormir a mi lado, ¿verdad? —Serena rodó los ojos, pero se acomodó otra vez. No quería decirlo pero quizás, sólo quizás, Seiya tenía un poco de razón —Bombón, no te imaginas cómo sueño con despertar a su lado, todos los días de mi vida —Seiya la besó en la frente —Que lo primero que vea al despertar sea tu rostro durmiente, estar ahí cuando abras esos hermosos ojos azules tuyos. Después, despertarnos temprano al escuchar las voces de nuestros hijos, hambrientos por la mañana —Serena rió, y sintió que aquella historia le sonaba familiar.
—Suena como una mañana perfecta —añadió la rubia —Entonces, cansados de esperar, abrirán la puerta de la habitación de golpe y saltarán a la cama, exigiendo ser alimentados. Imagino a un par de gemelas, con tu cabello y mis ojos, hiperactivas, a quienes su hermano mayor, un apuesto muchacho rubio, no fue capaz de contener. ¿Qué te parece?
—Me parece un plan perfecto —contestó Seiya, colocándose encima de Serena —Entonces, tres hijos. Creo que deberíamos ir empezando entonces —la besó en el cuello y la sintió estremecerse entre sus brazos.
—S-Seiya, ¿qué estás… haciendo?
Seiya continuó besándola, en el cuello, detrás de las orejas, en los labios, la frente. Sus manos comenzaron a recorrer el cuerpo de una Serena que simplemente se dejaba hacer, con los puños cerrados alrededor de las sábanas rojas de la cama. Entonces, cuando Seiya levantó la blusa para tocar finalmente la suave piel de la rubia, ella enredó los brazos en su cuello, acercándolo para besarlo. Había un toque de lujuria y necesidad en el contacto y Seiya sintió que perdía todo su autocontrol.
—S-Seiya… e-espera… n-ni siquiera sabemos… d-dónde estamos…
—Esta es la casa de los padres de Mizuki —la voz que les llega desde la puerta hizo que Serena se sobresaltara y empujara a Seiya lejos de ella, haciendo que él se cayera de la cama.
—¡Oye! —se quejó el muchacho, antes de dirigir la mirada hacia la puerta —Ah, eres tú, Yaten.
—Y nosotros nos preguntábamos qué estaban haciendo —dijo el muchacho de cabello plateado —Estaban algo "ocupados" por lo que pude ver. Supongo que lo siento por eso, pero vine porque Lita hizo el almuerzo y, si no se dan prisa, se quedarán sin nada.
—¡Comida! —exclamó Serena, saltando de la cama y pasando al lado de Yaten, siguiendo el aroma de la deliciosa comida de Lita. Seiya suspiró y se levantó del suelo.
—Entonces, ¿trabajando? —se burló Yaten. Seiya le dio un golpecito en el hombro.
—Las cosas iban bien hasta que trajiste tu entrometido trasero hasta aquí. Pero, en fin, ya tendremos muchas ocasiones para, ya sabes, "trabajar", cuando vivamos juntos —el menor arqueó una ceja —Bien, dijiste que esta era la casa de los padres de Mizuki. Es un lindo lugar —Seiya se dispuso a salir de la habitación, pero Yaten lo sujetó del brazo.
—Espera un momento, dijiste "vivir juntos". ¿Eso significa que vas a…? —entendiendo lo que su hermano quería decir, Seiya asintió con la cabeza.
—Es lo más natural. La amo, me ama. Vamos a casarnos y a tener tres hijos. Y, quizás, compre una casa parecida a esta. A Bombón pareció gustarle este estilo victoriano.
—Un momento, un momento, ¿Cómo puedes tomarlo tan a la ligera?, decir esas cosas como si nada —Seiya notó que las mejillas de Yaten tomaban un ligero color carmín —N-No es tan simple como lo imaginas. Hay que pensar bien las cosas, primero el anillo, el cómo se lo pedirás, no puede ser algo convencional, porque…
—Santo cielo, no me digas que has estado pensando en pedirle matrimonio a Mina —Yaten comenzó a balbucear, pero el mayor no logró entender nada de lo que decía. Esto hizo que su sonrisa se ensanchara —Oh, el pequeño Yaten ha crecido.
—Cállate, Seiya, déjame en paz. N-No es como si en verdad fuera a hacerlo. Además, no sé si ella…
—Oh, créeme que ella estará encantada de ser la señora Kou —siguió Seiya, burlándose del rostro avergonzado de su hermano menor —"Mina Kou", suena bastante bien, ¿no crees? Además, ya puedo imaginarme las portadas de las revistas, las noticias, los chismes.
—Oh, demonios, ¿quieres callarte de una vez por todas? —se dio la vuelta y comenzó a descender por las escaleras —No sé para qué te conté, sabía que ibas a burlarte de mí.
—Ya, lo siento, lo siento. Sabes que me gusta fastidiarte —dijo Seiya, quien caminaba detrás de Yaten —Pero en serio, creo que deberías hacerlo. Ella sin duda te dará el "sí". Además, sea lo que sea que planees para pedírselo, estoy seguro de que le encantará. Después de todo, tuvo el valor para enamorarse de ti —Yaten frunció el ceño —Y sí, en definitiva hay que darle mérito por querer pasar el resto de su vida junto a un sujeto como tú.
—Eres un idiota, Seiya —replicó el más bajo, con las mejillas sonrojadas. Seiya sólo le desordenó el cabello, antes de entrar en la cocina y sentarse al lado de una Serena que ya devoraba su comida.
Entonces, Seiya sonrió ampliamente al ver a todos sus amigos finalmente en paz. La gran mesa de forma rectangular era suficiente para albergarlos a todos. Lita seguía colocando platos con comida en el centro de la mesa, siendo ayudada por Andrew. Setsuna conversaba animadamente con Helena acerca del nombre del bebé. "Tatsuya" si era niño, "Megumi" si era niña. Ella y Mizuki querían que su hijo – o hija – tuviera un nombre japonés.
Mizuki por su parte acompañó a Seiya con la sonrisa. Se sentó a su lado y colocó una mano en su hombro, mirando a su esposa con una inmensa devoción. No podía esperar para ver crecer la barriga de su hermosa Setsuna. Porque estaba seguro de que se vería aún más hermosa.
—Paz al fin —comentó Seiya.
—Así es. Y esta casa, santo cielo, hace tiempo que no estaba tan animada, tan llena de vida —Seiya lo miró, con gesto interrogante —Mi hermana y yo dejamos este lugar luego de la muerte de nuestros padres. Nos criamos en Alemania, pero ninguno de los dos tuvo el valor de vender esta casa. Siempre pensamos que algún día volveríamos aquí, pero bueno, esta vez fui sólo yo el que regresó. Sin embargo, cuando nazca nuestro hijo, podremos crear nuevos recuerdos.
—Es lo que ella habría querido —le dijo Seiya —Estoy seguro de que ella nos está viendo en este momento, desde donde sea que esté. Estará feliz de saber que seguirás habitando esta casa que significa tanto para ustedes —Mizuki sonrió ampliamente.
—Bueno, pero no nos pongamos melancólicos. ¡Mejor vamos a comer! —el rubio probó un trozo de pastel de pollo —¡Oh Lita, esto está delicioso! ¡Serás una gran esposa! —la castaña se sonrojó y regresó para traer el pollo que aún seguía en el horno.
Lita no notó que Andrew la había seguido y, mientras revisaba el tiempo de cocción, sintió unos brazos aferrarse a su cintura. Echó la cabeza hacia atrás, hasta recostarla en el hombro de su novio.
—Lita, hay algo que he querido preguntarte desde hace un tiempo —dijo Andrew volteando a Lita con cuidado para quedar frente a frente —Sé que no tenemos mucho tiempo como novios y tal vez pienses que estoy apresurando las cosas, pero estoy seguro de que quiero casarme contigo en un futuro cercano —Lita sintió que su ritmo cardiaco se aceleraba —Sin embargo, no he tenido suerte en las relaciones; eres la primera persona con quien me veo pasando el resto de mi vida. Es por eso que me gustaría que te mudaras conmigo. Compraré un apartamento más grande y…
Andrew no pudo seguir más, porque Lita lo calló con un beso. El rubio la abrazó por la cintura, mientras ella se aferraba a su cuello. La felicidad la invadió por completo, tanto que no pudo hacer más que arrojarse sobre su novio, esperando que el gesto hablara por sí mismo.
—Supongo que eso ha sido un sí —preguntó, besándola en la mejilla.
—¿Necesitas que te lo aclare? —y ambos se fundieron en un nuevo beso, sólo interrumpido por el aroma del pollo, que ya estaba listo.
Entretanto, Hotaru había salido a la terraza para refrescarse. Le gustaba la sensación del viento en su cabello. La gustaba la sensación de paz que por fin podía darse el lujo de sentir. No recordaba haber sido tan feliz en mucho tiempo. A pesar de que su padre no estaba con ella, tenía una mamá que la amaba mucho y pronto tendría un hermanito – o hermanita – a quien se encargaría de educar y cuidar. Ah, y también tenía un apuesto y "nuevo" papá que siempre estaba pendiente de ella. Y, además de todos ellos, estaba "él". Esa persona a quien quería de una forma diferente. Esa persona que, cuando estaba cerca, hacía que su corazón latiera con fuerza y sus mejillas se sonrojaran.
—Sieg —su nombre salió de sus labios en un susurro y la hizo sonreír tontamente.
—¿Me llamabas? —Hotaru pegó un brinco y se volteó de golpe. Allí estaba él, recostado en el marco de la puerta, con esa sonrisa que la hacía derretirse. Se acercó a ella y le pasó un brazo por encima de los hombros —Te ves algo pálida, ¿segura que comiste suficiente? O, ¿te sientes mal? Si quieres recostarte… —pero ella negó con la cabeza.
—Estoy bien, no te preocupes. Me siento perfectamente. Sólo… pensaba —él la miró, con gesto interrogante —Pensaba que creo que voy a extrañar ser Sailor Saturn.
—Ah, ahora que lo mencionas, también voy a extrañar el verte con esa sexy faldita corta, ¿sabes? —sonrojada, Hotaru ocultó el rostro en el cuello de su novio —Eres la guerrera más hermosa del universo, Hotaru.
—Y-Ya deja de decir cosas tan v-vergonzosas —replicó ella.
—Sólo digo la verdad —la envolvió en un abrazo —Te quiero. Mucho.
—Yo también, Sieg, te quiero muchísimo. Gracias por quererme.
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Finalmente había llegado la hora de la verdad. Ahora o nunca. Nicolás introdujo una mano en el bolsillo del pantalón, aferrando la pequeña cajita con fuerza. Jamás se había sentido tan nervioso en toda su vida. El vaivén de la góndola lo tenía mareado y la melodía que interpretaba el músico que iba a bordo daba vueltas en su cabeza. Rei observaba, maravillada, cada estructura que alcanzaba su campo de visión, señalando, tomando fotografías. De pronto, la muchacha volteó el rostro hacia Nicolás.
—¿Sucede algo, Nicolás? —él no respondió —¿Nicolás? —el chico sintió la cálida mano de su novia sobre su frente —¿Te sientes bien? ¿Estás mareado? ¿Quieres que regresemos? —él negó enérgicamente con la cabeza —¿Entonces?
—Bueno… la verdad es que yo… —sacó la cajita y tuve que hacer malabares para que no cayera al agua. Sus manos temblorosas no eran capaces de abrirla, pero cuando finalmente lo logró, sólo atinó a colocarla enfrente de Rei.
—¿Nicolás? —balbuceó Rei, con la voz cargada de emociones, mirando el manojo de nervios en el que se había convertido su novio.
—C-Cásate c-conmigo, p-por favor… —Rei no respondió. Nicolás sentía que había pasado una eternidad y comenzaba a temer lo peor.
—Rei Kumada, pues la verdad es que no suena nada mal, ¿verdad? —preguntó ella al gondolero, quien levantó el pulgar y le guiñó un ojo. Nicolás levantó la cabeza —Bueno, ¿es que tengo que ponerme el anillo yo misma? —el chico negó con la cabeza y, con las manos aún temblorosas, deslizó el anillo en el dedo de su novia.
—Gracias Rei, ¡muchas gracias! —exclamó él, abrazándola, mientras las lágrimas mojaban el vestido de la chica. Se besaron al atardecer de Venecia, sellando la promesa de un amor eterno.
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Haruka simplemente podía mirar, impotente, a una Michiru que se negaba a despertar. Los médicos le habían dicho que todos sus signos vitales eran normales y que no tenía ningún daño luego del "accidente automovilístico" que casi cobra la vida de la renombrada violinista. Francamente, Haruka tenía que agradecer que Michiru estuviera con vida. Nunca habría podido soportarlo, sabiendo que había sido ella quien acabó con su vida durante la guerra. Pero el destino le estaba dando otra oportunidad para permanecer al lado de la mujer que amaba. Y, esta vez, ella pensaba hacer las cosas bien. Se disculparía, llevaría a Michiru adonde ella quisiera, le compraría lo que quisiera. Se dedicaría a hacerla feliz, todos los días de su vida.
Tomó su mano y la besó. Y, cuando finalmente iba a levantarse para ir a casa y descansar un poco, sintió una presión en su mano. Asombrada, vio cómo el amor de su vida abría lentamente sus hermosos ojos y la miraban con una pequeña sonrisa. Sólo ese pequeño gesto hizo que los ojos de Haruka se iluminaran. Prácticamente se arrojó sobre ella y la abrazó. No supo en qué momento había comenzado a llorar, pero cuando se separaron, Michiru la miró con una sonrisita burlona.
—Quién diría que la ruda Haruka Tenoh podía llorar.
—No te burles, Michiru —replicó, limpiándose las lágrimas con el dorso de la manga —No tienes idea de lo que he sufrido. Han pasado dos semanas desde que…
—Haruka, quiero que adoptemos un niño —los ojos de la mujer de cabello corto se abrieron como platos. Miró a Michiru fijamente, en definitiva la mujer iba en serio.
—¡¿Eh?!
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Los caminos de los guerreros del universo habían comenzado a separarse. Helena y Darien regresaron a Inglaterra para continuar con sus estudios de posgrado. Su mayor sueño era convertirse en un gran equipo de neurocirujanos y salvar muchas vidas. Kelvin se había recuperado y también había partido a Inglaterra, junto con Molly. Ambos tenían mucho que hablar, pero estaba claro que uno no era capaz de vivir sin el otro. Mizuki y Setsuna finalmente habían podido irse de luna de miel. Estaban de viaje por las islas del Caribe y a menudo enviaban fotos a sus amigos.
Kinmoku por su parte, comenzaba a recuperar su esplendor, de la mano de su reina. Kakyuu estaba de vuelta, después de permanecer en coma durante un mes y lucía más fuerte y sabia que nunca. Pronto llegó a todos la noticia de que la reina estaba embarazada. No había duda de quién era el padre, pero nadie dijo nada. Desde el momento en que se había filtrado la noticia, todos en el reino ansiaban que naciera el heredero – o heredera – del reino.
La guerra cambió la vida de todos y Hotaru sentía que había cambiado para bien. Había regresado a la escuela y era capaz de interactuar más abiertamente con sus compañeros. Se sentía finalmente parte del grupo y cada día era mejor que el anterior. A su lado siempre permanecían Siegfried y Surya. Atrás había quedado la chica enfermiza a quien se le dificultaba hacer amigos.
Los restantes miembros de la brigada real habían regresado a sus vidas habituales. En Kinmoku, Kalamos y Avlai se dedicaban a entrenar a los jóvenes guerreros del planeta. Unazuki continuaba con su trabajo en el café, al tiempo que asistía a la universidad. Ryuma dejó Japón para continuar sus estudios en medicina en Alemania, gracias a una beca que había obtenido. Natsumi se había ido con él, también con una beca; en este caso deportiva, para jugar con uno de los mejores equipos de baloncesto de Alemania. Pocos conocían la gran habilidad de la hija mayor de Venus para el deporte. Mina había armado un alboroto en cuanto se dio cuenta de que su hermana se marchaba, diciéndole "¡no te perdonaré si no regresas para mi boda!". Claro que Yaten aún no había sido capaz de pedírselo, pero estaba en sus planes, por supuesto. Kyoko regresó a su trabajo en Ekleipsi.
Richard y Clare se habían marchado juntos a Inglaterra. Amy se enteró de la noticia por una nota que Richard había dejado en el buzón de su casa. La chica lamentó no haberse despedido de sus buenos amigos, pero esperaba volver a verlos en algún momento. Después de todo, las cosas entre ellos no habían terminado de la mejor manera luego de la guerra.
Yuki había publicado su nuevo libro, una novela épica basada en las experiencias que le había dejado la guerra. Fue su forma de liberarse del dolor de la muerte de Dione y de Megumi. El libro se convirtió rápidamente en un éxito mundial y ya había sido traducido a diez idiomas. Ahora viajaba por el mundo promocionándolo. Le habían ofrecido incluso hacer una adaptación al anime y una película.
Taiki había comenzado a estudiar medicina. Se había dado cuenta de que le apasionaba la cardiología, así que, debido a sus obligaciones como idol, había comenzado a tomar lecciones en casa. Pero lo que más le gustaba, eran sus lecciones privadas con su profesora preferida, Amy Mizuno. Su pasión compartida por la medicina los llevó a Alemania, a una conferencia impartida por la Dra. Yuna Mizuno, la madre de Amy. Allí, Amy le presentó formalmente a Taiki como su novio. Y, sin que ella se diera cuenta, Taiki le había contado a Yuna sus intenciones. Quería casarse con Amy y pedía su bendición. Yuna se la dio y entonces Taiki comenzó a pensar en la mejor manera de pedirle matrimonio. Su futura suegra fue una gran ayuda.
Mina, interesada también en la música, combinada con su carrera de actuación, no tardó en firmar un contrato con Solaris. Su primer disco la había llevado de gira por todo Japón, abriendo los conciertos para Three Lights. En Okinawa, durante uno de sus shows, había sido descubierta por un famoso director que le ofreció su primer protagónico en una película de acción. Grande fue la sorpresa de la rubia cuando se enteró de que Yaten sería su co-protagonista.
Serena y Seiya seguían tan enamorados como siempre. No, más bien, su amor crecía cada día un poco más, tanto que se les hacía insoportable estar separados. Durante las giras del grupo, Seiya no se despegaba de su celular. Y, cuando regresaba, pasaban todo el día juntos, en el apartamento de los Kou, porque, convenientemente, sus hermanos estaban fuera de casa esos días. Serena se ponía nerviosa siempre que se quedaban solos y se acostaban en la cama de Seiya, abrazados. Ella quería entregárselo todo, pero el nerviosismo se lo impedía. Seiya ya era el dueño de su corazón, pero quería entregarle también su cuerpo.
Y, aunque él dijera que no le importaba el tiempo que tuviese que esperar, a ella no le parecía justo. "Puedo esperar hasta después de la boda", era lo que Seiya decía, pero ella no podía esperar. Y, un día, finalmente sucedió. Ese día, Serena había recibido la noticia de que había sido aceptada en la Universidad de Tokio. No supo cómo, pero de alguna manera la Literatura había despertado interés en ella. Quizás la guerra la había hecho madurar. Esa noche, llegó al apartamento de Seiya cuando, convenientemente, él acababa de salir del baño. No llevaba puesto más que una toalla alrededor de la cintura. Pero no había ido sólo para contarle las buenas nuevas.
Sin importarte si Yaten o Taiki estaban en casa, Serena se arrojó hacia él y lo besó. Dando tumbos, llegaron a la habitación de Seiya. Serena lo empujó hasta la cama y se colocó encima de él. Comenzó a desvestirse ante la atenta mirada azulina del hombre que amaba. Su silencio lo decía todo y Seiya perdió todo su autocontrol cuando ella le arrancó la toalla. Esa noche se dedicaron a amarse de una forma que la que no lo habían hecho antes. Fue un momento mágico para los dos.
Con Serena entre sus brazos, Seiya supo que era el momento de hacer las cosas como debía ser. Al día siguiente le haría una visita a la familia Tsukino, sin su novia. Pero, primero, tenía que buscar el anillo adecuado. Tomó su celular con cuidado de no despertar a Serena y comenzó a buscar "anillos de compromiso".
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En el siguiente capítulo (el último): Manual de un idol para pedirle matrimonio a su novia.
