Capítulo 52

Un encuentro con los dulces


-¡Vas a comer dulces, yo quiero ir!

-¿Qué?

-¡Lo que oíste! ¡Vas a estar todo el día rodeado de dulces y golosinas y gaseosas y yo voy a estar ahí, comiendo de todo!

-¡Claro que no!

-¡Claro que sí! ¡Acéptalo, es el destino! El rey de los dulces me quiere mañana en la Primaria Tomoeda disfrutando de todas esas delicias, y por eso te puso en mi camino, para que tú me enviaras este mensaje divino y yo pudiera ir.

-Estás diciendo puras tonterías.

-Si tú no me llevas, encontraré la forma de colarme, y sabes que lo haré.

Syaoran y Kero se encontraban en la habitación del niño, jugando Marvel vs. Capcom 3, y hablando del evento que se llevaría a cabo en la Primaria Tomoeda, al día siguiente, que consistía en una degustación de comida, dulces y golosinas, además de juegos, para la población en general. Kero estaba necio en que quería asistir al evento, no por nada amaba las cosas dulces, pero Syaoran no estaba seguro de que fuera una buena idea que el muñeco de felpa fuera a la escuela, puesto que prácticamente toda la ciudad estaría ahí, y alguien podría verlo.

Sin embargo, cuando se cansaron de jugar, y apagaron el ps3 para poder irse a dormir, Syaoran accedió a que la bola de pelos lo acompañara, siempre y cuando se mantuviera escondido. Kero dijo que así sería, siempre y cuando tuviera dulces de sobra.


-¿Ese es el uniforme que llevará puesto para el evento de mañana en la escuela? –preguntó Spinel-Sun, sentado en el alfeizar de la ventana, y mirando a Eriol trabajar en las costuras de un pantalón gris.

-Así es –respondió el chico tranquilamente. En ese momento la puerta de la habitación se abrió, y por ella entró Nakuru-. Bienvenido –le dijo Eriol, mientras se volvía a concentrar en su costura.

-Ya llegué –respondió el muchacho.

-Que bueno que regresaste –le dijo Spinel-Sun, dirigiéndole una mirada cansada.

-Hola, pequeño Spee.

-¿A quién estás llamando Spee? –preguntó molesto.

-Es que Spee se escucha mucho más lindo.

-Cállate, tonto…

-Mañana haremos un bazar en la Primaria Tomoeda –dijo Eriol, para interrumpir la discusión que estaba por crearse-. Mi salón está encargado de los dulces y golosinas. Si vienes, puedes comer todo lo que quieras.

-¿Es en serio? –preguntó Nakuru, relamiéndose los labios-. Claro que estaré ahí. ¿Tú también vienes Spee? Será divertido.

El pequeño gatito negro le dirigió una mirada casi mortal, pero Nakuru ni se inmutó.

-No iré. Ya sabes que no puedo comer cosas dulces –Eriol emitió una risita por lo bajo.

-¿De qué te ríes? –le preguntó Nakuru.

-Tú fuiste quien me hizo odiar las cosas dulces, ¿es que ya no lo recuerdas? –le preguntó Spinel-Sun a Eriol. El chico lo miró, aún riendo.

-Claro que me acuerdo. Es por eso que es tan divertido –y volvió a reírse.


Era una fresca mañana de domingo, y la Primaria Tomoeda estaba llena de gente de la ciudad, que se había reunido para asistir al bazar que se llevaría a cabo ese día. Había diferentes puestos de comida, varios con juegos, globos, entre otras cosas, tanto en la explanada de la escuela, como dentro de los salones, que se habían convertido en pequeños restaurantes, con diferentes tipos de comida, cada uno.

Syaoran había llegado a la escuela temprano, no solo para esconder a Kero antes de que todo el lugar estuviera completamente abarrotado de gente, sino también porque todo su salón había decidio utilizar un uniforme especial para ese evento, y Tomoyo había confeccionado el suyo. Así que, esa mañana, antes de que el resto de sus compañeros de clase llegaran al salón, Tomoyo le había dado su nuevo uniforme a Syaoran, quien se apuró a cambiarse en uno de los baños. El uniforme de los chicos constaba de un simple pantalón negro, un saco del mismo color, con solapas grises, una camiseta blanca con un moño fino rojo en el cuello, y zapatos oscuros.

Cuando Syaoran estuvo listo, varios de sus compañeros empezaron a llegar, entre ellos Sakura, quien utilizaba el uniforme de las chicas (igual al que Tomoyo llevaba puesto) y se trataba de un bonito atuendo de maid, que constaba de un vestido azul oscuro, de mangas infladas y largas, con cuello y empuñaduras blancas, un corbatín rojo con una perla verde en su centro, y un mandil blanco, con holanes, y un moño atrás. Llevaba también el típico sombrerito que usaban las maids, además de calcetas blancas con holanes y zapatos negros.

Cuando el resto de sus compañeros llegaron, y acomodaron todo el lugar, los clientes comenzaron a llegar. Así que tanto las chicas como los chicos tuvieron que ir desde las mesas donde éstos se sentaban, hasta la cocina improvisada, al fondo del salón, dividida por unas cortinas azules, de ida y vuelta, varias veces, para poder servirles las gaseosas, jugos, golosinas, dulces y postres que los clientes hambrientos pedían.

-Esto es tan hermoso, se ven todos tan guapos. Digan hola a la cámara -Tomoyo había entrado a la cocina improvisada donde los chicos se encontraban leyendo las ordenes y acomodando los pedidos en las bandejas. Eriol y Yamazaki miraron a Tomoyo y saludaron a la cámara, mientras Syaoran ponía los ojos en blanco, ignoraba a su amiga, y seguía trabajando.

-Eso me hace suponer que nos has hecho usar cosplay de nuevo. ¿Fue por eso que te ofreciste a confeccionar el diseño del traje? -la risita de Tomoyo lo hizo pensar que estaba en lo cierto.

-Solo tenía ganas de ver como lucía una horda de Hayates

-¿Ha.. yates?

-¡Hayate, the combat butler! Hubiera sido demasiado que les pidiera que utilizaran una peluca azul, pero por lo demás está bien. Y lo mejor es que lo tengo grabado en video. Se ven tan guapos.

-¿Eso significa que las chicas también están usando cosplay? -la pregunta de Syaoran había surgido al ver como Rika y Naoko entraban a la cocina, recogían varias canastas de órdenes listas, y volvían a salir.

-Exactamente -Tomoyo filmó a sus amigas mientras entraban y salían-. Otra horda de Marías. Se ven adorables. Pero Sakura es la más hermosa. Le sienta de maravilla. ¡Sonríe!

Sakura acababa de entrar a la cocina, le había pedido a Eriol una orden, la cual el chico alistó con prontitud, y mientras tomaba la canasta, saludó a Tomoyo con una sonrisa, mientras volvía a salir de la cocina.

Syaoran no pudo evitar sonrojarse. Realmente se veía hermosa.


Por su parte, Kero se encontraba en una parte alejada de la escuela, en los jardínes para ser exactos, donde no había nadie, y él podía disfrutar a sus anchas de todos los dulces y golosinas que Syaoran y Tomoyo le habían proporcionado. Se trataba de una gran canasta con golosinas, galletas, pasteles, y patisieres, que ahora se estaba llenando con toda la basura que sobraba de lo que el pequeño muñeco de felpa se había comido ya.


Sakura había terminado de tomar la orden de unos clientes, y después de llevarles lus golosinas y gaseosas, se había retirado de nueva cuenta a la cocina, para poder descanzar un momento. Cuando entró a la cocina, pudo observar como los chicos, Syaoran, Eriol y Yamazaki, se dedicaban a tomar las órdenes que las chicas llevaban, y servían todo en las canastas. Sakura miró detenidamente a Syaoran, y sintió que se ponía nerviosa. El muchacho había terminado de servir la orden de Rika, y estaba por irse a descanzar un rato, antes de seguir trabajando.

-Oye, Syaoran –completamente nerviosa, Sakura se había acercado al chico y había jalado la manga de la camisa para llamar su atención, mientras intentaba no ponerse roja.

-¿Pasa algo? –preguntó el muchacho, pero al ver que se trataba de Sakura, y que se encontraba tan próxima a él, se sintió enrojecer el también.

-Solo quería hablar contigo –respondió ella-. Sobre algo importante… -se quedó callada un par de segundos, cerrando los ojos con fuerza. Pero cuando finalmente los abrió, tomó una gran bocanada de aire, y dijo-. Yo solo quería decirte lo que siento por ti.

Con estas palabras, tanto Sakura como Syaoran se pusieron completamente rojos. Sakura sentía como sus manos se ponían torpes, y Syaoran tenía la sensación de que se le revolvía el estómago, lleno de mariposas.

-¿Y… y qué es lo que sientes por mí? –preguntó el muchacho, nervioso.

-Yo… Yo solo quería decirte que tú…

-¡Sakura! –se escuchó el grito de Chiharu, desde la entrada a la improvisada cocina, con lo que ambos chicos dieron un respingo, y se apartaron, dando un brinco-. ¿Podrías ayudarme?

-Este, yo… -Sakura respondió aún mirando a Syaoran, pero se apuró a prestar atención, y mirar a Chiharu-. Sí, claro, ¿Qué pasa?

-Acaba de llegar más gente, pero ya estoy ocupada con 3 mesas. ¿Puedes atenderlos tú?

-Este… Sí claro. Voy para allá.

-¡Gracias! –y tomando la bandeja de pastelillos que Eriol le ofrecía, se apuró a regresar por donde había venido.

-Yo, tengo que irme… -dijo Sakura, apenada-. ¿Hablamos después?

-Claro. No hay… problema… -respondió Syaoran, y miró a Sakura salir de la cocina, mientras él se apuraba a seguir acomodando las botellas de jugo y los vasos de plástico en las bandejas que Eriol tenía en espera.


La orden que Sakura había tenido que cubrir se trataba de Yukito y Touya, el hermano de Syaoran. La chica no tenía un apego muy grande con ellos, sin embargo, tampoco se sentía incómoda por sus presencias en el lugar. La chica se apuró a tomarles la orden, y después de decirles que regresaría pronto, se dirigió de vuelta a la cocina, para ir por lo que ambos adolescentes habían pedido.

Sin embargo, Touya se había quedado viendo la dirección en la que ella se había marchado, y mantuvo su vista clavada en la entrada a la cocina improvisada, cubierta con aquella cortina azul marino, casi sin parpadear.

-¿Te encuentras bien? –preguntó Yukito, mientras miraba a su novio, confundida.

-Sí, estoy bien. Solo… me pareció sentir una presencia.


Al otro lado de la cortina que dividía el local con la cocina, Eriol miraba de reojo también, con una sonrisa en los labios.

-El hermano de Syaoran se ha percatado de mi presencia –pensó-. Debo tener más cuidado…


La enorme canasta de la cual Kero había estado comiendo las últimas 3 horas, estaba ya casi vacía. Sin embargo, el pequeño muñeco de felpa dejó de comer la galleta de chocolate que estaba disfrutando, pues había escuchado que alguien se acercaba.

-Debo esconderme, pronto –se dijo a sí mismo, y se apuró a meterse a la canasta, y cerrar la tapa, para que nadie pudiera encontrarlo.


-Oye, Spee, ¿de verdad no vas a comer nada dulce? –preguntó Nakuru, quien se encontraba caminando por los jardines de la escuela, con un muñeco de felpa negro, metido en el gorro de su sudadera.

-Ya te dije que no quiero –respondió el gato.

-En ese caso me los comeré yo todos –Spinel-Sun, harto de aquella conversación, se apuró a salir volando del gorro de Akizuki, y se posó en la rama de uno de los árboles, mientras observaba al muchacho-. Regresaré más tarde por ti, así que no te vayas a ir.

Y con esto Nakuru se fue, dejando a Spinel-Sun emitiendo un largo y cansado suspiro. Pero en contra de lo que Nakuru dijo, Spinel-Sun no se quedó en aquel árbol, y apenas el muchacho se perdió de vista, el pequeño gatito negro se alejó volando de ahí.


Cuando le pareció que ya no se escuchaba la presencia de nadie más, Kero se asomó cuidadosamente, levantando apenas un poco la tapa de la canasta, ahora comiendo un macaron de frambuesa. Después de mirar alrededor, y comprobar que de nueva cuenta se encontraba solo, salió de la canasta pegando un gran brinco, y suspirando aliviado.

-Otro poco y me desubren –se dijo a sí mismo, sin darse cuenta de que detrás de él, Spinel-Sun había llegado al sitio donde el guardián de las Cartas se encontraba-. Bueno, eso ya no importa, ¡es hora de comer!

Y se dio media vuelta para bajar en picada en dirección a su canasta. Pero en ese momento, Spinel-Sun bordeó el árbol que se había cruzado en su camino, y justo en ese instante, ambas criaturas se vieron, con tal sorpresa que ambos se detuvieron en seco. Confundidos al no saber que hacer.

-Kerberos… -pensó Spinel-Sun-. Esto no me agrada nada… Si descubre mi verdadera identidad, Eriol no podrá actuar con libertad…

-¿Quién… quién eres tú? –preguntó Kero, mientras lo miraba detenidamente-. Tienes… Tienes una cabezota.

-Tenemos la cabeza del mismo tamaño… -siguió pensando Spinel-Sun, ahora un poco molesto-. Pero debo mantenerme calmado, o descubrirá quién soy.

Pero Kero no tenía en mente el quedarse quieto, puesto que prontamente se puso a darle vueltas al gato negro, hasta detenerse al ver su cola.

-¡Mira esto! –le dijo en tono burlón! –Tu cola es un resorte. ¿A caso eres un juguete que funciona con baterías?

Spinel-Sun le quitó su cola de las manos, enojado.

-Claro que no –dijo algo cansado.

-No sabía que en este país vivieran criaturas tan feas. Y que pudieran comunicarse con los seres humanos.

Spinel-Sun estaba llegando al límite de su paciencia. Tenía ya los puños fuertemente cerrados, y fruncía el seño con fuerza. Pero Kero lo siguió examinando por todos lados, mientras él intentaba serenarse.

-Espera un momento… -dijo Kero finalmente, con lo que el gato se tensó-. Esa figura que tienes… Esas alas… Esa cola… Esa cara redonda…

-¡Se ha dando cuenta! –pensó Spinel-Sun, asustado.

-¿Eres un mounstro? –la pregunta final de Kero lo dejó seco, provocando que cayera de cara al suelo. Pero prontamente se incorporó, con una expresión de odio en el rostro. Kero se apuró a seguirlo.

-¿Un mounstro? –se preguntó molesto-. Mínimo me hubiera dicho que soy un espíritu del bosque…

-Eres un mounstro, ¿verdad, verdad? –siguió insistiendo Kero-. ¡Es la primera vez que conozco a uno! –continuó Kero, alegremente, mientras brincaba alrededor de Spinel-Sun, girando de vez en cuando-. ¡Esto es increíble! Mi nombre es Kerberos, soy la bestia que protege un sello, y fui creado por un poderoso brujo, llamado el Mago Clow. ¡Oh, sí, esta es mi falsa identidad! Por que si vieras la verdadera, ¡te desmayarías de lo imponente que me veo! –y el pequeño guardián empezó a reírse tontamente.

-No se dio cuenta de mis poderes mágicos –pensó Spinel-Sun, tratando de sopesar sus opciones-. Aunque tampoco puedo creer que no se haya dado cuenta de nuestras similitudes… En ese caso, será mejor continuar con este malentendido, para que esto no se complique más…

-¿Y bien, cual es tu nombre? –preguntó Kero, alegremente, cuando terminó de reír.

-Sp… Spee… -dijo, pero al momento se arrepintió, pues odiaba cuando Nakuru lo llamaba así. Sin embargo, estaba convencido de que no era necesario de que Kerberos supiera su verdadero nombre-. Me llamo Spee…

-¿Spee? ¡Que nombre tan bobo tienes! –y Kero comenzó a reírse nuevamente, provocando que Spinel-Sun volviera a molestarse-. Bueno, no importa. Seamos buenos amigos –y con esto, Kero se plantó delante de él, y le extendió la patita, como símbolo de que lo decía en serio.

-No puedo creer que Kerberos tenga la cabeza tan hueca… -pensó Spinel-Sun, sin extender la pata.

-¿Qué te pasa? –preguntó Kero, al ver que no respondía a su muestra de amistad-. ¿Es que no sabes como se hace? Mira, pones tu pata así, y la mueves arriba y abajo…

-Después tendré que contarle a Eriol sobre este encuentro que tuve con Kerberos… -pensó Spinel-sun, mientras se dejaba hacer por Kero.

-¡Oh, por cierto! ¿No quieres ayudarme a comerme todos estos dulces? –y Kero apuntó a la canasta que tenía detrás de él. Spinel-Sun se asustó: no se suponía que comiera dulces, o cosas malas pasarían-. Que no te de pena, son todos míos –continuó Kero, mientras iba y regresaba de la canasta, cargando una tableta de chocolate, un par de galletas y unos cuantos macarones.

-No gracias, a mí no me gustan los dulces –respondió Spinel-Sun, nervioso.

-No digas tonterías y no te hagas del rogar-. Y con esto, Kero le metió la tableta de chocolate en la boca-. Vamos, prueba. Te gustará.

El gato negro dejó que la tableta se quedara en su boca. No la masticó, no la tragó, no la probó. Sin embargo, Kero se apuró a solucionar ese problema.

-Vamos, come, come –y le empujó la barra de chocolate en la boca, haciendo que el pobre de Spinel-Sun tuviera que tragarla-. Toma, come más –y le metió ahora una galleta de mantequilla-, y este –ahora un macaron de limón-. Este está muy bueno –un caramelo de piña-, y estos son deliciosos-, una magdalena de naranaja-. Vamos, come, come…

Un par de minutos después, la canasta se encontraba completamente vacía, mientras la basura de todos los dulces se había desperdigado por el jardín. Kero se miraba alegre, mientras que Spinel-Sun tenía la cabeza gacha.

-¿Verdad que estaban muy buenos? –preguntó el guardián de las Cartas.

-No quiero comer más –dijo el gato negro, en voz baja-. Pero sí quiero comer más… Sí quiero comer más… Quiero comer más… Quiero comer más… ¡Quiero comer más!

Y con esto, Spinel-Sun finalmente soltó una carcajada, mientras que ahora con una sonrisa de oreja a oreja, emprendía el vuelo, para buscar más dulces, con Kero siguiéndolo de cerca, preocupado y confundido.

-Oye, Spee, ¿te encuentras bien? –le preguntó la bola amarilla, pero el gato negro no respondió, y continuó volando, lejos de los jardínes de la primaria.

Se acercó volando a donde se encontraban todos los puestos, en la explanada de la escuela, y prontamente encontró uno donde ofrecían caramelos de diferentes sabores. Y sin perder un segundo, se los comió todos, y se alejó volando, buscando más.


Kero lo seguía de cerca, pero le había perdido un poco la pista. Se acercó al puesto que Spee acababa de arrasar, y pudo comprobar que el gato había comido todos los dulces, sin dejar uno solo.

-No puedo creer que pueda comer tanto… -se dijo mientras se apuraba a alejarse de ahí, para que nadie lo viera, y sobrevoló la explanada-. ¿Dónde estará ahora?

Desde donde se encontraba, podía ver y escuchar como los alumnos se preguntaban dónde estaban todos sus dulces, puesto que ya no les quedaba ni uno solo. Empezó a preocuparse.

-Sayoran se enojará conmigo, ¡pensará que yo fui el responsable! –exclamó apaniqueado.


-¡Aquí hay más! ¡Será todo mío! –Spinel-Sun había llegado a los salones de la tercera planta, y en uno de ellos, había encontrado una enorme caja con dulces y galletas de reserva para uno de los puestos. Sin pensárselo, se metió a la caja y empezó a comer. Cuando la llevaba ya por la mitad, Kero entró al salón: finalmente lo había encontrado.

-¡Spee! –le gritó el guardián, y se apuró a acercarse a su amigo-. Con que aquí estabas.

-¡Oh, amigo mío! –respondió Spee, mientras se comía una dona-. ¿Quieres? –y le ofreció de ésta.

-¡Oh, que amable, claro! –y Kero se apuró a tomar la dona que le ofrecía. Pero apenas iba a darle una mordida, se detuvo en seco-. ¡Oye! ¡No deberíamos estar comiendo esto, no es nuestro! ¡Syaoran nos matará si se entera de que estamos comiendo dulces que no son nuestros!

Kero intentó sacar a Spee de la caja, pero el gato negro no se movió, y continuó comiendo dulces sin pensárselo dos veces.

-¡Alguien viene! –dijo entonces Kero, al escuchar los pasos que indicaban que alguien se acercaba al lugar-. ¡Debemos escondernos Spee!

-¡Anda, come conmigo! –fue la respuesta del gatito, y como los dulces de la caja se habían terminado ya, jaló a Kero de la pata, para seguir buscando dulces juntos.

Volando a toda velocidad, salieron del salón al momento que la puerta se abría y por ahí entraban los profesores, en busca de los dulces que obviamente ya no encontrarían.


-¡No, Spee! –le dijo Kero, mientras intentaba soltarse del agarre del gato negro-. ¡No podemos estar comiendo los dulces que no son nuestros!

-¡Me despreciaste! –gritó Spinel-Sun, soltando a su acompañante, de repente, y dirigiéndose a los jardines de la escuela, nuevamente, donde para sorpresa de Kero, de su boca lanzó una rayo rojo que impactó contra un par de árboles, y los derribó, haciendo un ruido sordo.

Kero se quedó de piedra al ver como los árboles caían sin más.

-Debo hacer algo pronto, o todas las personas empezarán a preguntarse que es este alboroto. Será mejor ir con Syaoran y explicarle la situación.

Se alejó volando a toda velocidad, hasta las ventanas del salón donde sabía se encontraba su dueño. Sin pensárselo dos veces, gritó:

-¡Syaoran!


El chico, en la cocina improvisada, escuchó como alguien lo llamaba, pero no sabía de donde provenía. Hasta que se asomó a la ventana, y pudo ver a Kero, dirigirse a su rostro a toda velocidad.

-¡Tenemos problemas! –le dijo el pequeño muñeco de felpa.

Syaoran, algo apaniqueado, lo tomó entre sus manos, y se lo escondió detrás de la espalda, para que nadie más que él viera al pequeño ser alado. Conciente de que en la cocina se encontraban el resto de los chicos, y las niñas entraban y salían a todo momento, optó por salirse del salón, y se dirigió a toda velocidad a las escaleras que llevaban a la azotea, donde sabía que nadie los molestaría. Tomoyo y Sakura los vieron salir corriendo, y confundidas, se miraron entre ellas.

-Te dije claramente que no podías venir aquí. ¡Que te quedaras en el jardín!

-Este no es momento para que me regañes. ¡Utiliza la Carta Sueño! ¡Rápido!

-¿Pasa algo? –preguntó Sakura, cuando ella y Tomoyo los alanzaron.

-No sé, la esponja de baño está actuando extraño…

-¡Que no me llames así! ¡Y ya te dije qué es lo que tienes que hacer! ¡Utiliza la Carta Sueño y duérmelos a todos!

-¿Pero porqué? –preguntó ahora Tomoyo-. ¿Ha pasado algo?

-¡Les explico luego! ¡Hazlo ahora mocoso!

El chico, confundido, se apuró a sacar su llave mágica, y convertirla en báculo. Cuando la estrella empezó a mostrar sus llamas impacientes, Syaoran se apuró a sacarse una Carta Clow del bolsillo.

-Carta que fuiste creada por Clow –dijo mientras el báculo rugía impaciente-, abandona esa vieja forma y transfórmate para servir a tu nuevo dueño. Hazlo bajo el nombre de Syaoran, ¡Sueño!

La Carta Clow, que se mantenía en el aire, girando sobre su propio eje, se detuvo al momento de escuchar su nombre, cambiando sus colores amarillo y vino, por dorado y verde seco. Y con esto, su magia se liberó. La pequeña hada azul salió de la neblina que se había creado, y se elevó en el aire, hasta llegar a una altura considerable. Y entonces, liberó su magia como si se tratara de una gran explosión, la cual cubrió toda la superficie de la escuela, con pequeños polvos de hada azules, que empezaron a dormir a todos los que se encontraban en su radio de acción.

-¡Perfecto! –exclamó Kero-. Ahora solo es cuestión de encontrar a ese glotón. ¡Necesito carnada! ¡Syaoran, toma! –y quitándole a Sakura un vaso de plástico que llevaba entre las manos, se lo mostró a su amo-. ¡Utiliza la Carta Dulce y transfórmalo!

-¿De qué rayos me estás hablando?

-¡Hazlo ahora, te dije que te explicaré todo después!

-Como quieras… -dijo Syaoran con un suspiro cansado, y se sacó otra carta del bolsillo-. Carta que fuiste creada por Clow, abandona esa vieja forma y transfórmate para servir a tu nuevo dueño. Hazlo bajo el nombre de Syaoran, ¡Dulce!

El báculo rugió, las llamas se avivaron, y las alas se agitaron con fuerza. La Carta detuvo su giro incesante al escuchar su nombre, y como su compañera antes que ella, cambió sus colores, y liberó su magia. La pequeña hada amarillo mantequilla agitó su varita mágica y el vaso de papel que Kero sujetaba ansiosamente, se transformó al instante en un enorme flan de vainilla, con caramelo escurriéndole por los lados.

-¡Debo darme prisa, ya vuelvo!

Y tras esto, Kero se alejó volando por la ventana, mientras los tres chicos lo veían dirigirse a toda velocidad, a la explanada de la escuela.

-¿Qué rayos fue eso? –preguntó Syaoran al aire.

-Será mejor que lo sigamos –respondió Sakura, y los tres se apuraron a bajar las escaleras para salir del edificio.

Kero había localizado finalmente a Spee, quien se encontraba en uno de los puestos del lugar, terminando de comer las donas que acababan de traer. El pequeño gato negro lo vio llegar, y dejó de comer, solo para gritárle:

-¡Tú, despreciaste mis dulces!

-¡No, espera! ¡Mira, te traje más! –le respondió Kero, con lo que Spinel-Sun detuvo su ataque y miró aquel enorme flan que Kero llevaba entre sus patas.

-¿Lo dices en serio? –y se apuró a acercarse a Kero-. ¡A comer! –exclamó mientras se abalanzaba sobre el flan, pero en un rápido movimiento, Kero se lo dejó caer en la cabeza.

-¡Ya te tengo! –gritó el guardián, y sin perder ni un segundo, hizo crecer sus alas, para envolverse en ellas. Después del brillo dorado acostumbrado, sus alas se separaron y su verdadera forma se reveló.

Con su nuevo tamaño, unas 20 veces más grande que Spee, le dio un zarpazo al pequeño gato negro, y lo hizo caer al piso, donde lo aprisionó con su pata. Pero Spinel-Sun no se iba a rendir sin luchar, y sin pensárselo dos veces, lanzó otro rayo rojo, esta vez con dirección al rostro de Kerberos.

El guardián de las Cartas tuvo que moverse a toda velocidad para esquivar el ataque.

-¡Tu lo pediste! –le gritó en un rugido, y rápidamente, lanzó el una llamarada de su boca, la cual mandó a Spee volando lejos de ahí.

Kero estaba por seguirlo, pero en ese momento, algo lo detuvo.

-Esta es… -la presencia del Mago Clow –dijo en voz alta, intentando averiguar de dónde provenía la fuerza.

-¡Kero! –el gritó de Syaoran hizo que perdiera la concentración, y la presencia del Mago Clow se desvaneciera en el aire.

-Lo siento, pero escapó…

-¡Fuiste tú!

-¿De qué hablas?

-¡Tú te comiste todos los dulces de la escuela, y destruiste los jardínes!

-¿De qué rayos hablas?

-¡Y también te comiste los dulces que guardábamos en el salón de profesores!

-¡¿De qué rayos estás hablando?! ¡No fui yo! ¡Fue Spee!

-¡¿Spee?! ¡¿Tu me crees idiota o que?! ¡Y no respondas eso!

-¡Te estoy diciendo la verdad, fue Spee! ¡Yo no me he comido eso!

-¿Quién es Spee? –preguntó Tomoyo, tranquilamente.

-Espera, te lo mostraré –y utilizando una de sus garras, Kero se puso a dibujar en el suelo de la explanada, que era de tierra, pues se encontraban en el patio de deportes.

Después de trazar un par de garabatos, dejó que los chicos vieran.

-Pero… -dijo Sakura nerviosa-. Ese eres tú…

-¡Ese eres tú, idiota! –exclamó Syaoran, dejando caer su báculo mágico en la cabeza del guardián, provocando que le saliera un chipote.

-¡Que te pasa! ¡Ese no soy yo! ¡Es Spee!

-¡Eres tú, grandísimo animal!

-¡Que no! ¡No soy yo, no soy yo!

-Será mejor que ya no digas mentiras, Kero –le dijo Tomoyo, alegremente.

-¡No son mentiras! ¡No fui yo! ¡Soy inocente! ¡Mataré a Spee cuando lo vuelva a ver!

No muy lejos de ahí, desde la azotea del edificio, Eriol los miraba, algo divertido. En sus brazos, dormido alegre y tranquilamente, se encontraba Spinel-Sun.

-Parece ser que causaste muchos problemas –dijo el chico al pequeño gatito negro-. Comiste demasiadas golosinas, y cada que comes cosas dulces, te embriagas. Aunque, es probable que tú y Kerberos lleguen a ser muy buenos amigos…


Tengan buen lunes, queridos lectores :D! Esta vez les he traído un cosplay algo obvio, puesto que se trata de un evento de maids y cosas así, decidí utilizar la serie de Hayate the combat butler (que no he tenido la oportunidad de ver, pero me muero de ganas ;3;). Espero y los cosplays les hayan parecido adecuados, y no algo forzados :3!

Por otra parte, espero que la relación entre Kero y Spee también haya sido divertida, y que no me odien por interrumpir nuevamente a Sakura. Les juro y perjuro que eso se arreglará más pronto de lo que creen :D!

Espero y hayan tenido un buen fin de semana, que este lunes vaya de perlas, y que el capi anterior (y este) hayan sido de su completo agrado n.n*! Tengan bonita semana, gracias por todos sus reviews (que ya saben que me da una pena no poder responderlos T_T), y que los leo todos :D! Gracias a los lectores de siempre que nomás no abandonan este proyecto n.n* y a los nuevos que me alegro que les guste tanto y vayan ya al corriente :D! Espero poder responder a las solicitudes que tengo pendientes lo más rápido posible, pero ya saben como me las doy de especialista en buscar situaciones buenas para poder hacerlos utilizar esas ropas especiales n.n!

Sin más por el momento, me despido deseándolesun buen inicio de semana, dejen reviews y nos leemos el lunes. Sigan bellos ;D