Cap. 37: Noche larga (Parte dos)

Salgo de la ducha y me envuelvo en una toalla. Suspiro, siento como el agua caliente ha relajado todos y cada uno de mis músculos. Me tomé mi tiempo para secarme el cabello y el cuerpo. Iba a ponerme mi pijama, pero recordé que no la había traído, así que me puse la bata de baño y salí. Tomé una pijama limpia de mi armario, una camiseta blanca y unos pantalones de algodón, y me dispuse a regresar al baño.

-Me gusta el orden de tus cuadernos, y los colores que empleas en ellos- dijo una voz en la oscuridad.

El corazón me da un vuelco y me giro de un salto, apretando la ropa doblada contra mi pecho. Edward estaba allí, sentado tranquilamente en mi cama, ojeando unos de mis cuadernos. Me sorprendí al verlo en mi habitación, no lo había oído llegar.

Recuerdo que, cuando era más pequeña, solía asustar a la gente. Decían que parecía un fantasma, andando de un lugar a otro sin hacer ruido. Yo me reía cuando eso pasaba. Bueno, esa costumbre aun no ha cambiado.

Y supongo que me merezco el susto.

Pensé que se iba a tardar más en regresar, al parecer se apresuró. Eso o yo me tardé mucho en la ducha. Es por eso que ahora siempre procuro vestirme en el baño y no en mi cuarto.

-Gracias- dije, mi voz sonó un poco distorsionada por el reciente susto.

Sostuve con una mano mi pijama y la otra me la llevé a mi pecho, frotándolo ligeramente. Mi corazón aun latía algo rápido.

-Es un poco extraño, no lo había notado hasta ahora- pasó la hoja- Se parece más a un libro ilustrado que a un cuaderno-

Bajé la vista y sentí como mis mejillas se tornaban rosas.

-Ehh.. Si… Bueno, siempre he pensado que, cuanto más ordenado y vistoso esté, resulta más fácil estudiar.-

He pensado así desde que puedo recordar, hasta ahora, aunque ya no me moleste por estudiar tanto como antes. Ahora solo repaso y hago la tarea cuando tengo que hacerlo. Que les digo, tengo buena memoria. Pero aun así, se ha quedado la vieja costumbre.

-¿Alguna vez te he dicho que amo la forma en que piensas?- preguntó, alzando la vista de mi cuaderno para mirarme-

Me volví a sonrojar.

-No- respondí.- Pero no entiendo por qué.

-No piensas igual que los demás, y eso me gusta.- sonrió- Me desconcierta frecuentemente, pero me gusta-

Y ahí estaba, me volvía a mirar de esa manera que me hacía sentir mareada.

- ¿Sabes? Creo que aquí el extraño eres tu, te gustan las cosas raras- dije.

Edward se rió.

-¿Lo ves? Siempre sorprendiéndome con tus respuestas y acciones-

Se levantó y dejó cuidadosamente mi cuaderno encima de la cama, para luego girarse y acercarse a mi de una manera inusualmente lenta.

El sonido sordo de la ropa al caerse me sobresaltó un poco.

Escuché a Edward reírse entre dientes mientras se agachaba para recoger mi pijama.

-Toma- me la tendió. Yo la cogí rápidamente- Pareces un poco… abatida ¿Estas bien?- me preguntó.

-Si- dije rápidamente- Ya… regreso-

Me di media vuelta hacia el baño y entré, cerrando la puerta tras de mi. Fui al lavado para humedecerme la cara, tratando de despejarme. No tuve éxito, me seguí sintiendo extrañamente extraña.

Y vamos otra vez con la rara combinación de palabras.

En ese momento fui consiente por primera vez de que estuve prácticamente sin nada de ropa en la misma habitación que Edward, solo cubierta por la bata. Traté de no pensar mucho en eso.

La sensación de abatimiento no desapareció, así que desistí de echarme agua y me puse mi pijama.

Pijama ¿Por qué se me cayó? No recordaba haberla soltado. Si no fuera por el sonido, ni lo habría notado.

Negué con la cabeza. Creo que estaba pensando demasiado últimamente en el por qué de las cosas.

Cuando abrí la puerta del baño me encontré con Edward sentado de nuevo, pero esta vez en el sillón que estaba al lado de la ventana. También vi que estaba mirando otra vez mi cuaderno.

-Así que sigues mirando…-

-¿Tu dibujaste esto?- me preguntó sin mirarme, interrumpiéndome. Parecía asombrado-

Me acerqué a él para ver de que hablaba. Cuando lo hice me encontré con un bosque, el que se encuentra al lado del instituto para ser exactos, dibujado con lápiz en la ultima hoja del cuaderno.

¡Maldición! ¿Por qué no me había desecho de ese dibujo?

Me sonrojé, por enésima vez en esa noche. Me alegré de estar parada atrás de Edward, así no podría verme.

-Eh… Si, yo lo dibujé- dije, muriéndome de la vergüenza.- Fue en la hora del almuerzo. -

Recuerdo ese día. Fue uno de los primeros días de instituto. Me había cansado del parloteo de Jessica, de las miradas constantes de los demás... No hacía tanto frió así que decidí salir y sentarme un rato fuera, sola, en las mesas de picnic. Dibujar, por alguna extraña razón, siempre me relajaba. Me calmaba. Tanto como leer o escuchar música. No tenía nada a la mano más que mis cuadernos así que por eso lo dibujé allí. Me había olvidado por completo de ese dibujo.

Para mi, estaba horrible, creo que era el peor dibujo que había hecho en toda mi vida, ni siquiera estaba terminado, pero a Edward parecía fascinarle.

-¿Qué haces?-me preguntó cuando le quité el cuaderno.

-Voy a arrancar la hoja y tirarla- respondí.

Tomé la hoja, separándola de las demás, y empecé a tirar de ella.

-¡No!- dijo, arrebatándomelo de las manos y pegándolo protectoramente contra su pecho-

-¿Por qué?- pregunté, sorprendida de su reacción.

-Bella, no puedes tirar esto a la basura- dijo.

-¿Por qué no? Es horrible, y ni siquiera está terminado-

Me acerqué a él, pretendiendo quitárselo, pero él se apartó, aun abrazando mi cuaderno como si fuera un bebé.

-No está horrible- dijo apreciándolo una vez más-

¿Lo decía en serio o solo por no hacerme sentir mal?

-Edward, dame eso- le dije, estirando la mano hacia él.

-No si piensas tirarlo-

-Oh, vamos, dámelo- volví a insistir.

-No.

Rodee los ojos y suspiré.

-Muy bien, has lo que quieras- dije, dándole la espalda y caminando hacia la cama.

No importaba. No era para tanto. Solo era un tonto, feo, e incompleto dibujo. Después de todo, él seguro se lo llevaría y lo guardaría ¿Verdad? Lo más probable era que se llevara el dibujo y lo tirara por ahí, y que todo esto solo era para hacerme sentir mejor.

-¿Puedo llevármelo, entonces?- me preguntó.

-Claro- asentí de espaldas.

-Que bueno, porque pienso enmarcarlo y ponerlo en mi habitación-

Me encogí de hombros y me senté en el filo de la cama, cruzando las piernas y agitando mi pie distraídamente.

-Como quieras-

Eso tampoco me preocupaba. No es como si entrara un montón de gente a su habitación.

Edward sonrió ampliamente.

-No, espera, mejor no-cambió de parecer.

Aquello no me molestó, se había dado cuenta por fin de que mi dibujo estaba horrible y eso era bueno. Sonreí.

-Lo pondré en el salón principal- levantó mi cuaderno con las dos manos como si quisiera apreciarlo mejor.

Mi sonrisa desapareció por completo.

Vale, que lo ponga en su habitación era aceptable. Queda en el tercer piso y nadie entra en ella. Y si lo hicieran, no notarían el dibujo.

Pero que lo ponga en la sala era otra cosa. Carlisle y Esme lo verían ¿Y si, por alguna extraña razón, tenían visitas? ¡Esas personas también verían mi ridículo dibujo sin terminar! Me estremecí con solo pensarlo. Ya había pasado bastante vergüenza cuando Edward lo vio, no iba a dejar que alguien más lo vea.

-¡Dame ese dibujo!- grité, levantándome de un salto.

-¿Por qué? Tu dijiste que podía llevármelo- dijo tranquilamente.

-No importa lo que dije ¡Dámelo!- le pedí de nuevo.

-¿Piensas romperlo y tirarlo a la basura?- inquirió.

-¡Si!-

-Entonces no te lo daré-

-¡Oh, vamos! ¡Dámelo!

-No.

-Es mío ¡Dámelo!

-No, tu me lo regalaste. Ahora es mío-

¡Maldición! ¿Es que simplemente no podía darme el puñetero cuaderno?

Suspiré, tratando de calmarme.

-Bien. Tienes hasta la cuenta de tres para que me entregues ese maldito dibujo- le dije.

Crucé los brazos sobre mi pecho.

-Uno…- comencé.

Edward me miró y se encogió de hombros, como si no le importase.

-Dos…-

Él no se movió. Acunó el cuaderno contra su pecho y me miró de manera desafiante.

Tardé en decir el definitivo tres, dándole más tiempo, por si se arrepentía de ultimo momento y me lo daba voluntariamente. Nada.

-Tres-

Bien. Que conste que se lo advertí.

Pero entonces él, adivinando mis intenciones, salió corriendo por la puerta de mi habitación, desapareciendo en la oscuridad. Yo corrí tras él, por supuesto. ¿En serio creía que se iba a librar de mi y salirse con la suya?¡Pues que equivocado estaba!

Y así es como, en los siguientes quince minutos nos la pasamos corriendo de un lado a otro por la casa. Edward escapando de mi y yo intentado atraparlo para que me de él dibujo. Tratábamos de hacer el menor ruido posible, sobre todo yo, que casi tiré y rompí un florero en la persecución. Lo hacíamos por la señora Sra. Anderson, que muy probablemente siga alerta, aun cuando haya visto a Edward marcharse con su auto. Desde el momento que nos vio besándonos afuera iba a estarme vigilando todo el tiempo.

Al final, pude atrapar a Edward cuando regresó a mi habitación. Me lacé sobre él, así como hizo en el bosque y caímos los dos en mi cama, que para mi sorpresa y alivio no se rompió.

-Ahora si, dame ese dibujo- le exigí, alzando el brazo para alcanzar mi cuaderno y a la vez tratando de liberar mi cintura de su brazo.

-¿Sigues pensado en tirarlo a la basura?-me preguntó, moviendo el brazo de un lado a otro cada vez que quería agarrar el cuaderno.

Iba a responderle que si, pero entonces mi celular empieza a sonar. Edward trató de escapar cuando fui coger el teléfono.

-¡Tu no te me escapas!- le advertí a la vez presionaba el botón de contestar.

-¿Bella?-

Cerré fuertemente los ojos al escuchar la irritante voz de Jessica Stanley.

¿Era necesario la llamada de ella para malograr la noche?

Vi a Edward fruncir el ceño cuando abrí los ojos.

-Hola, Jess- saludé lo más amable que pude. -¿Qué pasa?¿A que se debe tu llamada nocturna?-

-¿Con quien estas?- me preguntó, ignorando por completo mis preguntas.

¡Rayos! Había oído la advertencia que le di a Edward.

-Con nadie ¿Por qué?- me hice la desentendida.

-Escuché que le hablabas a alguien- dijo-Es Edward, ¿verdad?¡Es él! ¡Está ahí! ¡Es verdad eso que entra a tu habitación todas las noches! ¡Tienes que con…!-

-¡Espera, espera!- le corté rápidamente, antes de que continúe con sus preguntas- No hay nadie conmigo, y menos Edward- le aseguré. Me alegré de que mis mentiras aun sirvieran con los humanos.

-¿Y donde está él?-

-Uh… en su casa, durmiendo, supongo- dije.-

¿A ella que le importaba el lugar donde esté?

-¿Entonces a quien le dijiste "Tu no te me escapas"?- inquirió-

Me tomó un segundo inventarme una mentira.

-Eh… Se lo dije al gato que se coló en mi habitación por la ventana que dejé abierta-

Vale, he de admitir que no es una mentira super creativa, pero es bastante creíble. Eso puede pasar. Me ha pasado unas cuantas veces.

Edward me miró, arqueando una ceja.

-Un gato- dijo Jessica.

-Si-

-¿Y como es?-

¿En serio tiene que preguntar las características?

-Oh, el es…- miré unos segundos a Edward y luego miré la pared cuando dije- Feo. Si. Muy feo-

-¿Feo?- repitió.

-Si, ya sabes, un gato callejero. Le falta pelo en algunas partes, una pata la tiene mal, y su ojo derecho está…-

-Esta bien, entiendo- me cortó, pareciendo asqueada.

-Si. Justamente ahora le iba a dar algo de comer, el pobre está muy flaco…-

-Ajá ¿Sabes? Te llamo luego. Seguro estas ocupada atendiendo al pobre gato-

-Si, me da mucha lastima-

-Ajá, bueno, adiós...-

-Hablamos después- me despedí y colgué-

Suspiré y dejé el celular encima de mi mesa de noche.

-Que pesada- murmuré, dejándome caer sobre el pecho de Edward.

-Así que un gato feo…- dijo él.

Levanté la cabeza y lo miré.

-¿No pensaras que hablaba ti?- no dijo nada- Solo estaba inventando una excusa. De haber estado comparándote, le hubiera dicho otra cosa.-

-¿Qué era un gato vampiro, con super fuerza, velocidad, y que además poseía el don de leer la mente?-

Me reí, de repente imaginándome a un gato con los colmillo salidos y todas las características que dijo.

-No, que era el gato más hermoso de la tierra-

Le di un beso en la mejilla y él sonrió. Le revolví el cabello como si se tratase de una mascota. Reí cuando imitó el ronroneo de un gato.

-Oye ¿Qué hacíamos antes de que Jessica llamara?- pregunté, después de unos segundos de cómodo silencio.

Él también parecía haberlo olvidado, ya que no respondió nada en un buen rato.

-Humm … Nos estábamos peleando por el dibujo- dijo.

-Ah, cierto.

Y entonces continuamos. Yo insistiendo en que me el dibujo y él rehusándose a dármelo. No se como no nos caímos al suelo o se rompió la cama de tanto que nos movíamos. Varias veces estuve a punto de alcanzarlo y quitarle el cuaderno, pero él se me escapaba. Y el hecho de que tenga un brazo alrededor de mi cintura dificultaba las cosas.

Al final opté por una medida desesperada. La misma que recurrí cuando estuve a punto de perder en la carrera de ese día en el bosque.

En vez de esforzarme por estirarme e intentar quitarle el cuaderno, estiré un poco el cuello para llegar a sus labios y lo besé.

Mi repentino beso lo sorprendió, sin duda, pero Edward me respondió, bajando la guardia y dejándome fácil alcanzar el cuaderno y quitárselo.

Estiré el brazo, con intención de hacerlo... pero lo único que agarró mi mano fue su cabello, enredando mis dedos en el.

Y toda idea o pensamiento que no fueran Edward y el beso, se disipó en un segundo.

Escuché un sonido, como si algo se cayese, pero no me importó.

Me apoyé en la cama con una mano, justo a lado de la cabeza de Edward, y la otra la puse en su nuca, atrayéndolo hacia mi, enredando mis dedos en su sedoso cabello. También él enredó sus dedos en mi cabello, acercándome, haciendo lo mismo que yo.

Otro ligero sonido se oyó a lo lejos.

Sentí una corriente eléctrica recorrerme todo el cuerpo cuando sentí los dedos de Edward acariciar suavemente la parte baja de mi espalda, por debajo de mi camiseta. Y no era por el frió precisamente.

Un fuerte estruendo hizo que nos separáramos al mismo tiempo.

Nos miramos, algo jadeantes, y en silencio por barios segundos. Otro fuerte ruido nos hizo reaccionar. Y fue cundo me di cuenta que eran esos fuertes sonidos.

Truenos.

Me estremecí.

Tranquila, me dije a mi misma, solo son truenos. ¡Ni se te ocurra ponerte a temblar delante de Edward! ¿Pero cómo hace uno para calmarse cuando el más estúpido de tus miedos está, literalmente, justo afuera de tu ventana?

Si, le tenía miedo a los truenos. Patético, lo sé. ¿Cómo podía temerle a un estúpido trueno?

Aun estaba encima de él, así que me bajé rápidamente y me acomodé a su lado, abrazando su torso y apoyando la cabeza en su pecho.

Vi como estiraba el brazo hacia el suelo y recogía algo. Era mi cuaderno. Eso era el objeto que escuché caerse. No intenté quitárselo esta vez.

-¿Puedo llevármelo? Lo guardaré en un lugar seguro para que nadie lo vea-

-Si, pero no se lo vayas a enseñar a alguien- le advertí-

-Lo prometo- dijo.

Asentí y dejé caer mi cabeza de nuevo en el pecho de Edward. Él me cubrió con el edredón y me dio un cariñoso beso en la frente.

Suspiré, feliz. Creyendo que los relámpagos se habían ido.

Pero como siempre, la suerte no estaba de mi parte.

Acerqué más las mantas, viendo al relámpago cruzar el cielo. Mi pulso se aceleró cuando el trueno rugió fuera de mi ventana. Oculté la cara en el pecho de Edward y cerré los ojos, tarareando una canción mentalmente.

Algunos podrían decir que era infantil, dieciocho años y todavía le tenía miedo a los truenos.

Pero era mi miedo irracional, por lo tanto mi problema, e iba a lidiar con el como yo quiera.

Contuve mi chillido cuando el destello de un relámpago fue acompañado por el trueno, toda una hazaña si me preguntan, pero no pude hacer nada para que mi corazón no se acelerara.

Edward me acercó con más fuerza a él y dejó de jugar con mi cabello, en lugar de eso envolvió su brazo alrededor de mi cuerpo.

Bien.

Si se había dado cuenta, no iba a decir nada.

Sin humillaciones.

Genial.

Otro trueno.

Esta vez no pude contener mi grito.

Y él no pudo contener su risa.

Vampiro estúpido.

-¿Le tienes miedo a los truenos, Bella?- preguntó con suavidad.

No podía decirle que no. No después de haber gritado como una niña de cinco años.

-Sabes-comenzó a decir, con una sonrisa en su voz- el trueno no puede hacerte daño.

-Claro, eso lo dices ahora, pero ¿qué pasa cuando este se manifiesta en un monstruo grande y aterrador y viene por nosotros? -me defendí.

Sí, lo sé, suena loco. No es como si en realidad pensara que eso podría suceder.

-Hmm… ¿qué tipo de monstruo?- preguntó.

-Cualquier tipo - le respondí al instante.

-¿Cómo un vampiro?- cuestionó.

Rodee los ojos.

-En caso de que no lo hayas notado, no le tengo miedo a los vampiros- murmuré con tranquilidad, justo antes de pegar otro chillido ante el repentino trueno.

Edward rió de nuevo y se movió para recostar su cabeza en la almohada, hice lo mismo, moviéndome a su lado y abrazándolo como si fuese un oso de peluche.

-¿Alguna vez le has tenido miedo a los vampiros, amor? -preguntó casualmente, haciendo trazos perezosos con las yemas de sus dedos en el brazo que había pasado por su pecho.

-No - le respondí con toda sinceridad- En realidad, nunca prestaba atención a nada que tuviera que ver con los vampiros ni esas cosas, antes.-

-¿En serio? - parecía sorprendido.

-Sí, quiero decir, sabía de todos los mitos comunes y esas cosas. Pero nunca fui ni busqué hasta dar con películas de vampiros ni nada. Así que no, nunca le he temido a los vampiros.-

Bueno, la ultima parte no era tan cierta. Yo tuve miedo de los vampiros ese día donde uno de ellos quiso matarme, después de hacer asesinado a mi madre. Aunque no lo aparenté, tuve miedo.

Vi el destelló de un relámpago iluminar la habitación. Edward frotó suaves círculos en mi espalda mientras el trueno retumbaba.

-¿Entonces como es que sabes tantas cosas sobre nosotros?-

Porque soy una cazavampiros, Edward, y justamente me han enviado aquí para llevarte con ellos. Pero, como me he enamorado locamente de ti no te entregaré a ellos, así que puedes estar tranquilo.

-Mi vida cambio drásticamente desde que murió mamá. Digamos que… me junté con gente que sabía ciertas cosas-me limité a contestar. Esa respuesta no era del todo falsa.

-¿Y ellos como saben sobre nosotros?-

Suspiré, de pronto preguntándome lo mismo.

-Buena pregunta- susurré.

-¿No lo sabes?-me preguntó-

-No-

Era verdad, nunca nos lo habían dicho y tampoco nosotros habíamos preguntado. Es extraño si te pones a pensarlo. La fuente de información, nuestras armas y pociones, el sospechoso enorme castillo en medio de la nada… ¿Cómo habían logrado todas esas cosas? Sabía que la organización era muy antigua, pero aun así…

La conversación que tuve con D cuando ella me hablaba frecuentemente vino a mi mente ese momento.

-¿Por qué hablas así de la organización?-pregunté, mientras caminaba de un lugar a otro en la cocina, ya que estaba preparando mi cena.

-Ah, Bella, no sabes absolutamente nada de ellos…- dijo D- Son tan oscuros y retorcidos como los seres que cazan-

-Claro que no, ellos son buenos-

¿Cómo se atrevía a compararles con los vampiros?

Escuché a D reírse. Su fuerte carcajada me sobresaltó.

-Mi pequeña e inocente Bella- suspiró, aun riéndose.- Déjalo, eres lista, algún día tu misma te vas a dar cuenta de la verdad. Y cuando eso pase, vas a odiarlos y térnele la misma repulsión que yo les tengo. No son las santas palomitas que tu crees que son-

En ese entonces, no presté mucha atención a lo que dijo, pero ahora sabiendo todo que planeaban hacerme…

-Es un poco irónico, ¿no crees? - continuó la conversación, sacándome de mis cavilaciones.

-¿Qué es irónico? -murmuré.

Él se rió entre dientes.

-Nunca prestaste ni la menor atención a los vampiros y ahora eres novia de uno.-

Reí.

-Si, supongo que es irónico- coincidí.

Más de lo que él pensaba...

Bostecé, repentinamente cansada.

-Estás cansada - afirmó.

-Algo -le contesté.

-Deberías dormir.-

-No puedo.- dije.

-¿Por qué?-preguntó.

Como si aclarara mi punto, un trueno de repente rugió en lo alto y salté un poco en sus brazos.

-Sólo cierra los ojos, amor, y trata de no pensar en ello.-

Comenzó a tararear, todavía frotando en círculos mi espalda. No creí que nada consiguiera hacerme dormir en esta situación, pero Edward y mi canción de cuna lo logaron, incluso sobre los sonidos de los truenos.

(Narradora)

-Vale, cierra los ojos- dijo D, colocándose al lado de A y poniendo las manos sobre sus hombros- Hoy vamos a trabajar con el clima-

A asintió y cerró los ojos tal y como D le ordenó.

-Ahora concéntrate-

D se alejó unos pasos de ella y la observó.

-Bien, ahora dime ¿Qué sientes?-preguntó.

-¿Debería sentir algo?-preguntó A.

D puso los ojos en blando.

-Por supuesto, y si no sientes nada quiere decir que no te estás concentrando- dijo D.

-Si me estoy concentrado- replicó A.

-¡Pues no lo suficiente!- le gritó D.

A abrió los ojos y retrocedió varios pasos, asustada.

D aspiró fuertemente, en un intento de calmarse.

-Está bien, cambiemos de método, este no está funcionando- dijo mucho más calmada.

Se acercó de nuevo a A, quien retrocedió un paso, intimidada, pero luego dejó que se le acercara.

-Vuelve a cerrar los ojos- dijo en voz baja- Y vacía tu mente. No pienses en nada. -

A asintió lentamente y cerró los ojos, obedeciéndole.

D volvió a apartarse un poco de A y la miró, a la espera de un positivo resultado.

En este ultimo mes, aparte de hacer pequeñas salidas al exterior para averiguar algunas cosas, D había estado enseñándole a A todo lo que sabía y había aprendido durante estos años por si sola. No era mucho, pero lo suficiente para que pueda defenderse ella y sobre todo, a Bella. Como dijo anteriormente, había desistido a su plan de venganza, pero no a seguir protegiéndola. Desde aquel ultimo doloroso traslado, se había prometido a si misma no volver a dejar que haya otro. Iba a proteger a Bella. A cualquier costo. Por eso debía estar siempre alerta, y eso no era el trabajo de uno solo.

Necesitaba la ayuda de A.

Era por eso que la estaba entrenado, o eso intentaba, para que le ayudase. D no era precisamente alguien que tuviera mucha paciencia ni dotes para enseñar, o ganas, pero no tenía otra opción.

Y tampoco A era precisamente una alumna ejemplar.

Había pasado dos semanas y a lo mucho que había llegado era a mover algún objeto, y tenía que ser bastante pequeño para que lo haga.

A la tercera semana A logró mover perfectamente un objeto de regular tamaño.

Y la cuarta, por fin pudo levantar y mover algo de gran tamaño, casi sin dificultad.

D por supuesto había perdido la paciencia, se había desesperado, gritado, pateado el suelo, jalado los cabellos, suspirado, pero al final consiguió que A aprendiera.

Aparte de eso habían estado practicando con cosas pequeñas, como leer y controlar mentes, o acciones. Ese tipo de cosas.

Ahora le tocaba controlar el clima.

Una sonrisa se extendió lentamente por el rostro de A.

-Siento algo- dijo, aun con los cerrados.

-Por fin- dijo D, mirando hacia arriba como si agradeciese al cielo- ¿Qué sientes?-

A se quedó callada, buscando la forma de expresar con palabras lo que sentía.

-Siento un extraño cosquilleo… Una pequeñísima electricidad emanando del cielo…-

-Sientes eso porque habrá una tormenta esta noche- dijo D con una sonrisa, acercándose a ella y poniendo sus oscuras manos sobre sus hombros- Muy bien, felicitaciones-

A sonrió ampliamente y abrió los ojos.

-¿Eso quiere decir que lo he conseguido?-preguntó, emocionada.

-No. Aun no.- Respondió D, con voz dura y dejando de sonreír.- Cierra otra vez los ojos, no hemos terminado- le ordenó.

La sonrisa de A se transformó en una mueca de tristeza, pero hizo caso a lo que le dijo.

-Ahora que lo sientes, trata de mantenerlo, de llamarlo. Visualiza la tormenta, los rayos, la lluvia. Has que salga de tu mente y sea real. Se la tormenta-

A hizo un asentimiento y se esforzó por hacer lo que le indicó D.

Pasaron los minutos y nada pasó.

A abrió los ojos y bajó la vista, soltando un suspiro desilusionado.

-No te agobies, yo tampoco lo logré a la primera- le dijo D, con voz tranquila.

Miró desde la pantalla al cielo oscurecido, pero sin ningún cambio o indicio de una tormenta.

-No se como lo hiciste- suspiró A- A ti nadie te enseñó nada-

D sonrió de manera enigmática.

-Es cierto, yo no tuve a nadie que me enseñara- dijo D con la mirada perdida- Pero también es cierto que tuve a mi lado a un ser bueno y optimista que me animaba cuando no lograba hacer algo bien-

A frunció el ceño por la confusión.

-Pero si yo siempre te decía que nunca lo lograrías y que dejaras de hacer planes ridículos-

-Por eso. Quería lograrlo y demostrarte que podía hacerlo- D se rió, repentinamente alegre- Quería darte la contra-

A bufó, pero luego una sonrisa se formó en su rostro.

Las dos miraron en silencio el cielo oscuro, viendo como rápidamente las estrellas que habían sido obra de D se iban ocultando entre en silo nublado.

-Fue muy bonito- comentó A refiriéndose a las estrellas- A Bella le encantaron-

-No lo hice por ella- le dijo D- Lo hice por ti. Como un incentivo. Bueno, también lo hice por ella… Por ambas. A las dos les gustan las estrella, ¿No?-

-¿Cómo sabes que me gusta ver las estrellas?-preguntó A.

-Se muchas cosas sobre ti- D hizo un gesto con la cara y se apagó la pantalla donde podían ver a una Bella dándose un baño- Se cosas sobre ti… tanto como las cosas que tu no sabes sobre mi-

A bajó la vista, avergonzada. D tenía razón, A no sabía casi nada sobre D. Y eso que habían pasado siglos juntas. A y D habían estado juntas casi desde el día en que fueron creadas.

Tampoco tenía idea de que D supiera cosas sobre ella, siendo el ser que es supuso que no. Pero al parecer estaba equivocada. Se preguntó como es que D era así, un ser diferente a los de su clase. Era cierto que nunca vivió con ellos más que un día, pero aun tenía su esencia ¿Cómo es que se preocupaba por alguien más que no fuera ella misma, por Bella?

Recordó aquel día, ese horrible día, donde empezó.

Se acordó cuando D fue a buscarla para que se fueran juntas, aun cuando ella ya había logrado escapar, regresó por ella.

Pero entonces ellos llegaron y sus planes se vieron frustrados.

Nunca supo por qué lo hizo, regresar por ella. O como supo donde estaba. Simplemente irrumpió en donde la tenían diciendo "Tenemos que largarnos de aquí" Y cuando le preguntó por qué regresó por ella, después de haberse asustado por su apariencia, le contestó cortante "Se lo prometí a alguien"

Y entonces se sintió horrible al ocultarle...

-No me gusta como la está mirando- dijo D, sacándola de sus pensamientos.

Cuando A alzó la vista para mirarla, vio que estaba parada frente a la pantalla y esta estaba encendida.

-Ya… regreso- Dijo Bella después que Edward le tendiera su pijama que le había caído.

-¿Tu hiciste que tirara su pijama?-le preguntó A, acercándose lentamente a la pantalla-

-Pues claro- dijo D como si fuera lo más obvio- Te dije que no me gustaba como la estaba mirando. Tenía que cortar el momento-

A movió la cabeza.

-Bueno, entonces ¿seguimos?-

-¿Quieres seguir practicando?-le preguntó D-

-Por supuesto- A sonrió- Quiero ser como tu-

D se rió.

-Vaya, no sabía que te querías pasar al lado oscuro-

-Hablo de…-

-Ya se, solo bromeaba- rodó los ojos - Bien, continuemos-

Y así fue como, en los siguientes veinte minutos se la pasaron practicando. A se esforzó mucho, e incluso logró hacer una pequeña nube de tormenta. Se emocionó cuando pudo hacer que un pequeño y casi inexistente trueno resonase. D la detuvo cuando eso pasó, advirtiéndole que tuviera cuidado, no querían que le cayese uno a alguien por equivocación.

Todo estaba bien hasta que D soltó una maldición.

-¿Qué pasa?- le preguntó A, asustada.

-¡Mira!- gritó, señalando la pantalla, con enojo y horror.

A se giró.

-Ah. ¿Y que tiene?- preguntó.

-¡¿Cómo que "que tiene"?! ¡Se está aprovechando de ella!-

A se rió.

-No está aprovechando de ella, solo se están besando-

-¡Pero así comienza todo, con besitos! ¡No puedo dejar que continúen, Bella podría salir lastimada si…!-

-Él se va a detener, siempre lo hace- le A, tratando de calmarla.

-Pues no pienso arriesgarme, voy a intervenir-

D hizo ademan de levantar una mano, pero A la detuvo.

-Déjame hacerlo- le dijo, sintiéndose emocionada de poder hacer algo útil con lo que había aprendido-

-Está bien, pero hazlo rápido… ¡Mira, le está metiendo su mano por debajo de la camiseta! ¡Quita tus frías manos de ella maldito!- gritó de pronto como si él pudiese escucharle.

Pero A la ignoró, y se concentró en hacer aparecer un trueno. Sintió la energía fluyendo a través de ella, desesperada por liberarse…

Un trueno cruzó el cielo, resonando con fuerza en algún lugar.

A abrió los ojos, nerviosa y emocionada… para ver que no había funcionado.

-No te preocupes, lo hiciste bien- le dijo rápidamente D- Pero para esto es necesario una profesional-

D miró encolerizada una vez más a la pantalla, antes de que levantara una mano, haciendo que un trueno mucho más fuerte del que hizo A resonase. Fue lo suficientemente fuerte para separarlos.

-Ya decía yo, esos que tiene cara de estúpidos son los peores-dijo D, dándole la espalda a la pantalla una vez de haber comprobado que no iban a continuar besándose.

A bajó la vista, triste de que no haya podido lograrlo.

D se acercó a ella y puso una mano en su hombro. A levantó la vista.

-No te sientas mal, ya te dije que lo hiciste bien- le sonrió, evitando mostrar sus dientes- ¿Quieres continuar practicando, o prefieres ver como el masoquista de Mike intenta colarse otra vez en la habitación de Jessica Stanley?- le preguntó.

A se rió.

-La verdad… Prefiero la segunda opción- respondió.

-Si, yo también- se rió D- ¿Quieres que vuelva a hacer que entre por "error" a la habitación de sus padres?- inquirió.

-No- dijo A- He sabido que la mamá de la señora Stanley está de visita en su casa… que entré en su cuarto-

D se carcajeó.

-Eres malévola- dijo, aun riéndose- Será todo un gusto-


Y aquí dejo otro capítulo. Espero les haya gustado ^^

D apareció, aunque sigue sin hablarle a Bella, pero lo hará en un par de capítulos. ¡Ya quiero llegar a ese capitulo! ¡Y al que le sigue a ese!

Hice algunos cambios que no esperaba, cosas que se me ocurrieron a ultima hora y que verán dentro de unos cuantos capítulos, pero creo que les gustará.

Desde ya les digo que no se ilusionen mucho con los de la celebración del primer mes juntos, porque no habrá ninguna. Ya verán por qué.

Uhmm... Creo que eso es todo. Ah, si, ya recordé. Si ustedes saben o tienen sospechas de lo que pueden ser A y D, ¡shh! Guardenselo para ustedes. Quiero mantener la sorpresa hasta el final, aunque creo que ya todos lo saben xDD

¡Gracias por leerme!

~Xime~