"Soy el que cayó, tú eres lo que encierran mis pecados…" — Nightwish
•.: SEXPERIENCIAS :.•
| XLII.- AQUELLOS QUE PECAN |
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Cuando la camioneta de Axel se aparcó afuera del edificio de Sakura, la música de Brad Paisley dejó de escucharse. Axel continuó silbando el coro en lo que tomaba su celular y cartera del portavasos; volteó a su derecha, hacia Sakura, tratando de animarla con la melodía, pero ésta ni siquiera apartó la mirada del frente.
—Era broma eso de las canas —aclaró él, moviéndole un mechón de cabello—, lo de las canas, las arrugas y tu soltería, no te lo tomes tan a pecho…
—Axel —le interrumpió ella—, dime, ¿alguna vez has tenido la sensación de que eso que durante mucho tiempo estuviste esperando, lo que tanto deseabas que sucediera, al final no resulte ser así como lo imaginabas?
Axel la vio sin comprender. Los ojos de Sakura denotaron inquietud.
—¿Te refieres a que si me he sentido decepcionado de algo que no fue lo que pensé?
—Decepción no sería la palabra que emplearía… —susurró ella.
—¿Quieres que te explique cómo a veces el cerebro nos tiende una mala jugada y…?
—Un sí o un no por respuesta me haría sentir menos patética.
—Bueno, en ese caso sí, por supuesto que me ha pasado, al menos un par de veces. Pero es el precio que pagamos por idealizar demasiado algo. —Axel se recargó en el asiento y miró al frente, a la calle. Sakura le imitó, y estuvieron en silencio por algunos segundos—. ¿Por qué la pregunta?
Quiso saber, pero ella sólo negó, descendiendo de la camioneta.
Sakura subió con claro desgane las escaleras del edificio, siguiéndole el paso a Axel. Durante todo el camino del hospital a su casa se la pasó rezongando cuando éste le sugirió que se cambiara de atuendo; la idea era lograr que Sakura bajara de la camioneta y entrara a su casa en donde le esperaban sus amigos en lo que sería su fiesta sorpresa, por lo que el doctor se vio en la necesidad de inventarle alguna excusa y exagerar un tanto al decir que su actual atuendo no le favorecía en nada.
—De verdad, te ves terrible, aunque creo que el verdadero problema no es la ropa, sino tu cara…
Ella enarcó una ceja.
—¿Disculpa?
—Me refiero a que trates de parecer un poco más… —Volteó hacia atrás y Sakura paró en seco en un escalón.
—¿Qué pretendes que me ponga?
—Feliz.
—Hablo de ropa.
—Ah, pues no sé. Diría que un vestido casual pudiera ser una opción, pero como dudo que traigas las piernas depiladas, supongo que unos pantalones estarían bien.
Sakura contuvo sin mucho éxito las ganas de reír, pero como para no darle el gusto de verla de esa manera, le empujó del hombro y le ganó el paso, subiendo de dos en dos los escalones hasta llegar a su piso.
La oscuridad le abrazó apenas abrió la puerta de la casa, haciéndola buscar a tientas el interruptor. El destello de luz le hizo cerrar y abrir momentáneamente los ojos sólo para darse cuenta de que la mayoría de sus amigos estaban reunidos en la casa.
—¡Sorpresa! —gritaron al unísono y ella se quedó perpleja.
Ino fue la primera en acercársele, enjundiosa, sacándola así de su sorpresa.
—Sé que dijiste que no querías nada, pero… —Hizo gesto de desentendida, apuntando a sus amigos luego de haber abrazado enérgicamente a Sakura—. Ya sabes cómo soy…
—No tienes ni qué recordármelo —contestó ella en tono de broma.
—Todos se dieron un tiempo para venir y estar aquí contigo. Considérala una reunión como en los viejos tiempos. —La tomó de la mano llevándola así hacia donde estaba el resto—. Por cierto, te tengo una segunda sorpresa que puedo estar segura que te encantará, es más, sé que me amarás y con seguridad me dirás: «Ay, Ino, eres la mejor amiga que existe sobre la faz de la Tierra», a lo que yo responderé modestamente: «Honey, no exageres, ¿para qué están las amigas sino para ayudar?»
Sakura no pudo evitar carcajearse y verla de perfil mientras ésta seguía hablando. Ino se veía espléndida, en exceso alegre como si ella fuera la cumpleañera; notó que agarraba constantemente el dije de una cadenita y jugueteaba dándole vueltas.
Sakura ya no dijo nada, sino que por fin se dejó llevar y disfrutar la presencia de sus amigos en la casa.
Se acercaron en primera instancia a la pared cercana a la ventana donde se encontraba Shikamaru, quien iba a su vez acompañado por Temari; estando también con ellos Naruto, Hinata y Neji, aunque éste último parecía reusarse a disfrutar de la reunión, tenía cara de haber sido obligado a ir y una molesta necesidad por querer estampar su puño en la cara de Axel; el cual platicaba del otro lado de la sala con algunas compañeras del hospital, con la tía de Sakura y también con Tenten.
Ino agradeció en el grupo el que hubieran hecho el esfuerzo de asistir pese a los cambios de último momento. Al grupo se unieron también Chōji, Kiba y Shino.
—Bueno, yo he estado haciendo méritos para ganarme los permisos del señor suegro.
Fanfarreó Naruto en su búsqueda de hacer un comentario que ocasionara risas entre ellos sabiendo que nada de lo que decía era cierto. El padre de Hinata tenía la creencia de que su hija se encontraba en casa. La situación de Naruto con su posible suegro era tan extraña que pecaba de absurda. Kiba y Shikamaru gustaban de recordárselo cada tanto, «tu suegro no te quiere», era una realidad demasiado despiadada pero que igual era motivo de burla, o al menos hasta que, en el caso de Shikamaru, Temari le recordaba que a él tampoco lo querían sus hermanos.
El hombre chasqueó la lengua.
Shikamaru entonces notó la distracción de Chōji, quien veía constantemente hacia un grupo de chicas, compañeras de Sakura, y luego volvía a desviar la mirada, avergonzado, con los dedos tamborileando sobre el plato donde llevaba algunos bocadillos de los ofrecidos en la fiesta.
Shikamaru puso una mano sobre su hombro y le sonrió suave. Chōji pareció comprender el silencioso gesto y, ofreciéndole de lo que llevaba en el plato, igualmente sonrió.
Neji Hyuuga fue el primero en apartarse de pronto del grupo, por lo que algunos sospecharon que quizás se había molestado por las pláticas que hacían en referencia a la arcaica forma de imponer autoridad por parte de su tío, pero cuando vieron que se dirigía hacia Tenten, el pensamiento fue diferente.
El grupo continuó platicando de otras cosas.
Neji entonces se paró detrás de Tenten, viendo por sobre los hombros de ella la cara de Axel y su sonrisa característica mientras era quien llevaba el rumbo de la plática, narrando a las chicas una de sus tantas raras experiencias con pacientes a lo largo de su carrera.
—Tenten, ¿puedes venir un momento, por favor? —Neji la tomó de la muñeca, queriendo que lo siguiera, pero ella ni siquiera se movió.
—Espera, deja escuchar esa última parte… —pidió ella, sin dejar de prestarle atención a Axel.
Neji se molestó.
—Es algo urgente que debo pedirte —anunció, y fue hasta entonces cuando ella volteó a verle y le siguió. Se apartaron unos cuantos pasos del grupo. Neji fue directo al punto—: Sólo quería avisarte que el sujeto que embarazó a Hanabi…
—Konohamaru —completó ella al ver que Neji seguía sin querer reconocerlo.
—Sí, ese. Habló conmigo sobre mi prima y los planes que tienen… —Respiró hondo como si la sola idea le causara dolor de cabeza—. Pretende hacer lo mismo con mi tío durante una cena esta próxima semana, quiere hablar seriamente con él sobre la situación y cómo pretenden sobrellevarlo.
—Tu tío lo colgará antes siquiera de que pueda terminar de hablar. —Fue pena por Hanabi y Konohamaru lo que reflejaron los ojos de Tenten—. Pero hay que reconocérselo, quiere tratar de hacer las cosas bien, el hecho de que quiera conversar con tu tío, aun pese a tener todas las de perder, habla de que es un hombre que afronta las cosas —opinó y, hablando de lo mismo, pero con un enfoque diferente, dijo—: No todos los hombres lo hacen, a muchos se les da mejor hacerse los desentendidos y callarse.
Neji se puso aún más serio.
—Con respecto a lo de Hanabi, quisiera que también fueras a la cena —propuso, retomando el tema.
—¿Yo? ¿Para qué? No, ¿qué tal si tu tío se pone como una fiera?, seguro la agarrará contra todos y…
—Tu compañía me vendría bien en ese momento.
Expresó al fin, y ella, luego de pensárselo unos segundos y ver en su rostro la sinceridad con la que le hablaba, aceptó acompañarle.
Tenten volvió a incorporarse a la plática y Neji estuvo ahí con ella también.
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Cerca de las diez de la noche, Ino y Sakura se acercaron a la barra de la cocina donde Kiba y otros dos, un chico y una chica compañeros de Sakura, servían algunas bebidas para los invitados. Kiba le pasó una mezcla especial a Ino y una un poco más rebajada a Sakura la cual fue tomando en pequeños traguitos.
—Están todos… —dijo Ino, recargándose en la barra—. O bueno, casi todos.
—Claro, supongo que lo dices por… —Trató de bajar la voz, temiendo que Kiba le fuera a oír aun por encima de la música.
—¿Sai? —completó la otra—. Sí y no… es decir —comenzó a reírse de un modo tan incesante y contagioso, que Sakura de pronto se vio también sonriendo. Ino entonces le enseñó la cadenita con la que había estado jugando gran parte de la noche—. Hoy en la mañana lo recibí por paquetería junto a una nota enviada por Sai donde decía que se disculpaba por no poder estar, pero no sólo eso, sino que además, en la cajita del collar agregó una dedicatoria que… ¡Dios! ¡Tienes que verla con tus propios ojos!
Se cubrió parte del rostro como queriendo contener la emoción.
—¿Por qué? ¿Qué decía? —quiso saber en un tono no muy alto para evitar que Kiba escuchara, pero a Ino parecía darle igual que él estuviera casi detrás de ellas.
—¡Básicamente es una propuesta de matrimonio! —lo dijo en voz alta, tan entusiasmada, que casi se le echó encima—. ¡Dios mío, Honey! Eso era algo que hablamos desde hace tiempo él y yo, y que ahora parece ir tomando un poco más de formalidad. ¿Qué opinas? ¿Apoco no es romántico?
Suspiró, soñadora.
—Vaya, sí, claro que lo es, en realidad me has dejado sorprendida, no me lo esperaba todavía, aunque por supuesto que me llena de felicidad por ti, por ustedes… pero —trató de no sonar aguafiestas cuando hizo un movimiento con la cabeza apuntando de forma despistada a Kiba.
Ino movió la mano derecha en un ademán de restarle importancia.
—Él ya lo sabe —platicó para asombro de Sakura—. La verdad, me estaba cansando la situación, tener que callarme o guardar las apariencias sólo por él, así que un día mientras chateábamos le conté todo, y para serte sincera sentí cómo me quitaba un peso de encima. No quise decírtelo antes porque ya tenías suficiente con tus propios líos…
—¿Y… qué te dijo? ¿Cómo lo tomó?
Ino rio, antes de darle un trago a su bebida.
—Dijo que lo había sospechado desde antes, supongo que en algún momento dejamos de ser cuidadosos, o no sé, pero realmente no lo tomó a mal, es más, hasta estuvimos bromeando sobre la palidez de Sai, y sobre una chica con la cual está saliendo, supuse que la traería a la fiesta pero parece más animado con tu compañera.
Sakura volteó hacia atrás topándose con Kiba y la compañera de prácticas suya con la cual conversaba sobre algunas de sus mascotas.
Volvió la vista hacia Ino, ésta continuaba platicando o más bien exponiendo sus expectativas en cuanto a una posible declaración de matrimonio, hasta posteriormente terminar hablando de ideas en cuanto a decoración de bodas.
Su felicidad era realmente contagiosa.
—Sakura, te buscan afuera —le anunció instantes después una de sus compañeras del Edwards, aprovechando la vuelta para tomar una bebida de la barra de la cocina—. Es un chico…
—Muy guapo, por cierto —completó la otra que iba con ella.
—¡Llegó al fin! ¡Es él, la sorpresa de la que te hablé! —expresó Ino con emoción, apurándose a acomodarle el cabello a Sakura y arreglarla.
—¿Sorpresa? —dijo una de las chicas, decepcionada, mirando a la otra—. ¡Oh, mierda! Ya ves, te dije que ese pelirrojo tenía algo que ver con Sakura…
—¿Pe-pelirrojo? —titubeó Ino, dejando de hacer en Sakura. Ambas chicas asintieron.
—¿Sasori? —obvió Sakura sin poder apartar la mirada de la puerta principal de la casa, la cual estaba abierta, dejando ver a algunos conocidos sobre el pasillo.
—¿Qué…? —Ino seguía sin poderlo creer—. No, pero…
—¿Cómo fue que le contactaste? ¿Cómo le hiciste para que aceptara venir? —Ino dudó un instante en responder, por lo que sólo rio nerviosa.
—¡Sorpresa! —Extendió de pronto los brazos y fingió una amplia sonrisa.
Sakura bajó la cabeza.
—Por un momento pensé que no querría saber de mí, no luego de lo de hoy…
—Pero aquí está —interrumpió Ino, sacándola de sus pensamientos—. Y no creo que haya aceptado mi… invitación, sin una razón lo suficientemente importante para hacerlo olvidar lo que sea que haya pasado. —Ino le guiñó el ojo, invitándole a ir a verle en una manera de darle mayor seguridad—. Aun y cuando esa desalmada razón todavía se dé el lujo de hacerlo esperar.
Sakura sonrió, pasó saliva y salió a encontrarle.
Una vez a solas, Ino buscó urgentemente a Naruto, quien se encontraba con Hinata y algunos conocidos; le pidió un momento a solas y lo apartó del grupo para preguntarle en privado, cual si fuera un secreto entre ambos, lo que había sucedido con su asunto.
Naruto sacó el celular del bolsillo de su pantalón revisando si tenía alguna llamada perdida o mensaje, pero no hubo nadie que le contactara en las últimas horas.
—Te juro que sí hablé con Sasuke, hice todo lo que me pediste que hiciera para convencerlo e invitarlo —comenzó a platicar Naruto—. Desde hace rato que le he estado llamando, pero no me contesta; ni siquiera ha leído los mensajes que le envié. Aunque… si te soy sincero, no creo que venga…
—¿Por qué no? ¿Acaso no le diste mi mensaje completo? ¿No te dije que le mencionaras que a Sakura le haría feliz verlo? —Naruto asintió a todo—. Incluso te dije que si era necesario exageraras un poco.
—Lo hice, de veras, pero tal vez él ya tenía planes… —guardó silencio, notando cómo se iba transformando el gesto de Ino—. Bueno, todos sabemos que Sasuke no suele… o mejor dicho…
Una vez más prefirió mantener la boca cerrada. Ino no parecía contenta.
—Claro, por un momento olvidé que a él, al afamado Sasuke Uchiha, siempre había que justificarle en todo como si uno mismo quisiera convencerse de que en la próxima ocasión su respuesta será diferente.
—Bueno, en su defensa puedo decir que en esta ocasión no me pareció que su respuesta se hubiera tratado de un rotundo «no» como suele ser siempre que rechaza algo, esta vez me dio la impresión como si se lo hubiera pensado un poco antes de responder…
—¿Pero te dio al menos una razón para no querer venir? —Naruto negó—. ¿Ves? Y aun así quieres justificarlo.
Se dio la vuelta dispuesta a irse, evidentemente molesta.
—Oye, ¿y qué hay de Sakura? ¿Qué le diremos de la sorpresa?
Ino volteó a verlo con seriedad e hizo una mueca con los labios.
—Sakura no tiene idea de lo que realmente le teníamos preparado, al final terminó creyendo otra cosa, y eso al menos la hizo sonreír, así que por favor no digas ni una sola palabra.
Se marchó, un tanto molesta, no dándole el tiempo a Naruto para inventarse una nueva excusa.
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Sakura salió al pasillo de su piso con la idea de encontrarse ahí a Sasori, pero al no verle, preguntó a un grupo de chicas, compañeras de Ino en el hospital, si habían visto a un hombre de cabello rojo acercarse a la casa. Parecía como si antes de hacer cualquier otra cosa, quisiera convencerse de que era de Sasori de quien hablaban. Por la descripción de las chicas, Sakura no tuvo más dudas, sin embargo, no supieron decirle adónde se había movido.
Sakura se apartó unos metros de la entrada a su casa, alejándose asimismo del ruido; marcó el número de Sasori y esperó, mordiéndose con insistencia la uña del dedo gordo.
El teléfono dio línea y al instante sonó una melodía muy cercana a ella. Retrocedió unos pasos hasta asomarse a la escalera que iba hacia el piso de arriba. Sasori estaba sentado en el escalón más próximo al descanso. Sakura colgó cuando Sasori tomó su celular.
—¿Por qué no me dijiste que estabas aquí escondido si claramente viste cuando pasé? —reclamó, subiendo con pesadez los escalones.
—No estaba escondido, cualquiera que hubiera pasado por el pasillo podría verme aquí, a menos que vaya distraído, como tú.
—No estaba distraída, es sólo que buscaba tu número para llamarte, ¿cómo iba a saber que te moverías de sitio?
—Tardaste mucho en salir así que me vine a sentar.
—¡Pero qué exagerado, no fueron ni cinco minutos!
Sakura alzó una ceja y negó, sentándose a su lado en medio de un silencio casi pleno de no haber sido por la música proveniente del departamento.
—Pensé que estarías con el crío —dijo él, mirando al frente.
Sakura se removió incómoda en su lugar.
—No, Sasuke no está —informó y, tras ello, estuvo aclarándose la garganta unos segundos—. Digamos que… pasó algo…
Completó muy despacio y con evidente pena. Sasori no quiso entrar en detalles.
Una de las compañeras de Sakura, la misma que le anunció de la llegada de Sasori, pasó por delante de ellos tratando de alejarse del ruido para hablar por teléfono, pero al verlos sentados en los escalones como si la fiesta y los invitados hubieran pasado a segundo plano, saludó a Sakura con una sonrisilla pícara y se alejó, cubriéndose con una mano la otra oreja.
—Cualquiera huiría con esa música —opinó él, cambiando de tema—. ¿Qué clase de DJ de barrio te conseguiste para amenizar tu fiesta?
Sakura rio.
—Discúlpame si mi música no está a la altura de la tuya, pero para serte sincera ni siquiera sabía que tendría fiesta, ¿crees que si hubiera sido idea mía el festejarme no hubiera pensado en una banda lo suficientemente genial para que animaran, evitando así que cualquier persona cambiara de estilo de música cada que se le antojara?
—Nosotros por el momento estamos en receso, al menos hasta que Hidan esté bien.
—¿Y quién dijo que hablaba de ustedes?
Respondió con una fingida suficiencia, volviendo la atención al pasillo debajo. Sasori observó su perfil y sonrió, sacando de detrás suyo una caja no muy grande forrada de terciopelo negro.
—Toma. Feliz cumpleaños. —Se la entregó en las manos. Anonadada, Sakura miró la caja y después a Sasori.
—¿Esto también forma parte de la sorpresa?
—¿Cuál sorpresa?
Quiso saber, pero Sakura se quedó sin palabras al apenas abrir la caja y ver lo que había en su interior. Sacó entonces una pequeña figurilla a escala de ella misma hecha por Sasori, del mismo estilo como las que tenía en su habitación. La figurilla de Sakura estaba tan detallada que ella no podía dejar de admirarla.
—Vaya… esto de verdad que no me lo esperaba, está tan… ¡wow! —Le daba vueltas sobre la palma de la mano para apreciarla completa—. ¡Wow! Incluso le pusiste el tocado que usé el día de la boda.
—La verdad no me acordaba cómo era, sólo recordaba que llevabas una cosa en la cabeza, así que le pedí a Amaya que me pasara alguna foto de ese día donde salieras y se alcanzara a ver esa cosa…
—Tocado —completó ella.
—Me acordaba de todo, de tu vestido, el peinado, la forma en que te maquillaste y hasta el diseño y color de tu ropa interior, pero no lograba acordarme de esa cosa. —Hizo una seña con la mano sobre su cabeza.
—Sí, ya veo que trataste de hacerlo todo lo más parecido posible —carraspeó la garganta, un tanto abochornada—. ¿Pero no crees que exageraste un poco con el escote? Yo que recuerde no se me veía tan… vaya, hasta da la impresión como si realmente hubiera algo ahí…
—Pues sí lo hay.
—Muy poquito.
—Pero hay.
—Ok, está bien, digamos que eso es por culpa del escote, pero ¿qué me dices de esto…? —Giró la muñequita para señalarle la forma destacable del trasero—. ¿También le echaremos la culpa al vestido? —Sasori sonrió de medio lado y volvió la vista al frente—. ¿Y esto qué es?
Sakura apuntó a un sobre que se hallaba en la parte inferior de la caja. Quiso tomarlo para abrirlo, pero Sasori se lo impidió.
—Eso guárdalo para después, aún no es el momento de que lo veas.
—¿Sabes que con eso sólo consigues alimentar mi curiosidad?
—Supongo que sí, pero trata de no ver lo que hay dentro hasta que yo te diga que puedes hacerlo.
Sakura hizo un puchero y al final aceptó. Segundos después, su celular comenzó a sonar.
—Es Ino… creo que me ha de andar buscando…
—Tal vez ya deberías volver.
Ella asintió e ignoró la llamada.
—Oye… ¿te gustaría venir? —Fue evidente la pena que le inundó al sólo preguntarle.
—¿Crees que esté bien que nos vean juntos luego de…?
—Todos los invitados son amigos míos o compañeros del hospital, así que, ya sea por aprecio o por respeto, no se atreverían a mencionar lo de las fotografías… o eso quiero imaginar.
Contestó, y eso le bastó a Sasori para ponerse en pie y extenderle una mano, ayudándola a pararse también.
Bajaron los escalones y entraron a la casa, ella caminando por delante y llevándole aún de la mano. Una vez adentro le ofreció algo de tomar, lo cual rechazó, viendo a su alrededor las personas que aún quedaban en la casa. A esas alturas ya restaban como mínimo unas veinte personas esparcidas en la sala, el comedor y la cocina.
—Oh, allá en el sillón aquel se encuentran los tórtolos, Naruto e Hinata, quizás los recuerdes de la noche de año nuevo. —Sasori asintió—. Junto a ellos están Shikamaru y Temari, ellos también estuvieron ahí esa misma noche. El gordito que está con ellos es también un amigo de hace años, se llama Chōji —dijo y, acercándose al oído de Sasori, aclaró—: Acabo de llamarlo gordito para que pudieras reconocerlo, pero por nada del mundo le vayas a decir así porque luego se ofende y se enoja.
—Pero está gordo —advirtió, a lo que Sakura le hizo la seña de que se callara.
—Sí, eso es… o sea, todos lo sabemos, pero él no, ¿entiendes? —Sasori negó. Sakura rodó los ojos y continuó presentándole a sus amigos—. Y bueno, al lado de Chōji está Karui, una compañera que trabaja con nosotros en el hospital y…
Sakura se detuvo un instante a analizar la escena. A simple vista se notaba que Karui había sido llevada ahí por Temari, pues era la que conversaba un poco más en el grupo además de Naruto. Todos estaban en pareja menos Chōji, así que la intención fue evidente para Sakura.
—¿Y aquellos dos ya se volvieron novios? —Sasori apuntó con la cabeza en dirección a la puerta de una de las habitaciones donde se encontraban Neji y Tenten.
Sakura le miró con desconfianza.
—Cómo sabes que ellos…
—La misma noche de año nuevo, tu amiga, la que nunca se calla, lo mencionó en lo que tú los presentabas. —Sakura exhaló, recordando—. Aunque no lo pareciera, sí presté atención a lo que dijeron en la mesa.
—Sí, puedo notarlo. De verdad que tienes buena memoria —le elogió, suspirando luego de ver a la pareja hablando al fondo—. La verdad no sé cómo esté actualmente la situación con ellos, es decir, todo mundo tiene la creencia de que son novios —suspiró de nuevo y volteó a su alrededor—. ¿Y sabes? Me he puesto a pensar que la mayoría de mis amigas y compañeras tienen una historia de amor algo compleja.
—Me atrevería a decir que ellas mismas la hacen compleja —opinó Sasori.
—Pudiera ser, pues en su mayoría son de esas que te inspiran a decir: «Amiga, date cuenta», luego de que te sueltan todo el drama.
Sasori miró cómo ella aún le tenía agarrado. Sakura continuó platicando, dándole una breve reseña de algunos invitados, destacando en algunas mujeres, especialmente sus compañeras de trabajo, lo que mencionaba instantes atrás.
—Y tú ¿en qué categoría crees entrar?
Le cuestionó Sasori, atento a cualquier reacción de su parte. Sakura en cambio agachó la cabeza, mordió su labio inferior y sonrió para sí misma.
—Supongo que también soy la amiga que necesita darse cuenta —dijo, y alzó la cabeza aún sonriendo. Sasori no dejó de verle.
—¿Y de qué necesitas darte cuenta?
Aquello pareció haber despertado a Sakura de una violenta cachetada. Se le borró la sonrisa, se puso nerviosa y fue hasta entonces que soltó la mano de Sasori como si apenas se hubiera dado cuenta de que el contacto aún seguía.
—De… cosas —lo pensó demasiado para dar esa simple respuesta—. Yo… he… creo que iré a la habitación a dejar… esto. No tardo —se excusó, alejándose rápido.
Sasori la siguió con la mirada hasta que Sakura entró a la habitación siendo seguida por Ino. Cuando Sasori regresó la atención al espacio de la sala, sus ojos se toparon con los de Axel, quien se acercó a él una vez que se hubo quedado a solas.
El doctor se paró a su lado y, en silencio, por unos veinte segundos, observó a su alrededor como revisando que todo estuviera en orden. La tensión podía sentirse hasta en el aire.
—Supongo que sabes quién soy yo —comenzó Axel y Sasori le vio de reojo.
—La verdad no —mintió—. ¿Debería saberlo?
—No, en realidad eso no importa. Me bastaría con saber quién eres tú. —Sasori se giró por completo—. Conozco dos versiones de ti, pero me gustaría saber cuál eres en realidad.
—¿Con qué propósito te interesa saberlo?
—Me considero una persona metódica, además de que no me gusta juzgar sin saber qué hay detrás. —Sasori lo vio de arriba abajo—. Te gusta hablar y que te hablen directo, ¿no? Pues a mí también me gusta hacerlo. Y te diré que sé por Sakura misma un poco de la historia de ustedes dos, y en su versión, eres la clase de hombre que siempre tiene las palabras necesarias para borrarle todo razonamiento y desarmarla.
—Y la segunda versión, ¿qué dice de mí?
Axel le dio un trago a su bebida que consistía en una mezcla con soda de toronja.
—Más que versión, son hechos que lastimosamente me tocaron ver en una persona que seguro recuerdas bien. —Sasori exhaló y se acercó dos pasos más a la ventana. Axel le imitó.
—¿A qué viene todo esto?
—Es claro que, si estás aquí pese a los eventos recientes, es porque algo quieres.
Sasori sonrió con ironía.
—Y según tú ¿qué es lo que quiero?
—Bueno, cualquiera que te haya visto entrar con Sakura hace apenas unos momentos bien podría apostar por la respuesta.
Sasori vio hacia el exterior.
—Ahora que lo pienso, ella una vez llegó a platicarme sobre un compañero del hospital, el cual había conocido hace tiempo, convirtiéndose desde entonces en un muy buen amigo suyo. Pero la verdad, mientras ella platicaba sobre él, en mi mente comencé a imaginarlo como el típico hermano mayor, entrometido y cagón, que suele sobreproteger a su hermanita como si se tratara de una niña. Y ahora que te veo no me queda dudas de que eres tú ese idiota del que me habló.
Axel, en vez de molestarse y responderle del mismo modo a la ofensa, pareció tomar el comentario con gracia al punto de reírse de la comparativa. Él, el incómodo hermano mayor.
—Y ahí está, esa mordaz habilidad tuya para decir las cosas de la que tanto me han hecho mención —dijo—. Y bueno, sí, quizás tengas razón, tal vez exagero queriendo que no le hagan daño a una persona especial para mí. Pero no busco ahuyentarle a los pretendientes ni tomar una decisión que no me corresponde, pero vamos, ambos somos hombres, así que supongo que sabes lo que quiero decir…
Sasori guardó silencio un momento.
—¿Quieres que te confiese mis pecados para que estés contento? Creo que, de hacerlo, nos amanecería aquí y aun así no terminaría de contarlo todo. Supongo que la versión de Sakura no habla de que soy la clase de hombre que los padres suelen advertir a sus hijas de que no metan en sus vidas. He hecho cosas sumamente estúpidas, he estado con más de una mujer a la vez, me he drogado a tal punto de no saber dónde amanezco, no tengo paciencia ni sentido del humor, odio perder el tiempo, y la única relación seria que tuve en mi puta vida la eché a perder por imbécil, y si todo lo anterior no bastara para hacerme merecedor del peor de los títulos, estuve a punto de tener un hijo e igualmente la cagué en eso. Aunque supongo que esto último quizás ya debas saberlo.
Axel, de brazos cruzados, escuchó atento su relato mientras aplicaba presión en ambos labios como obligándose a guardar silencio. Rascó su nuca y soltó el aire.
—Y aun con todo eso ella vio algo en ti…
—Entonces sería bueno que revisaras si no tiene algún problema en los ojos.
—Créeme que lo haré —rio, y luego volvió a ponerse serio, viéndolo—. No soy quien para juzgar lo que has hecho, aunque no por ello estoy de acuerdo, pero como te dije hace un momento, no me gustaría que una persona que es especial para mí resultara lastimada…
—Pues esa persona de la que hablas también es especial para mí —reveló, y Axel le dedicó una mirada como si buscara examinarle. Sasori no titubeó ni apartó la mirada de con el doctor en una manera de desafiarle. Axel al final sonrió.
—Me pareces sincero e interesante. —Axel comenzó a apartarse, pasando a un lado de Sasori, el cual volvió a mostrar una sonrisa de superioridad.
—No es a ti a quien pretendo interesarle.
—Eso me queda claro, ¿pero sabes?, yo te recomendaría también hacer otra clase de méritos.
—Cualquier cosa menos llevarme bien con el hermano cagón.
Axel no pudo evitar carcajearse tras lo último justo antes de que llegara Sakura, apurada al verlos conversando. Axel le revolvió el cabello y se despidió, alegando estar un tanto cansado por lo que volvió a dejarlos solos.
—Creo que debí haberte dicho que él había sido pareja de tu ex… —quiso disculparse con Sasori.
—No importa. Recién hoy me dijeron quién era.
—Y… ¿se puede saber de qué platicaban?
—Básicamente hablábamos de tu problema de visión.
Sakura no comprendió, pero cuando quiso conocer más detalles, el escándalo que le siguió después de la inesperada llegada de Sai a la casa, le hizo voltear a ver el modo en que Ino prácticamente se le echó encima a su novio al apenas verle.
—Oh, Dios…
Expresó más como una queja de que quizás esa noche el reencuentro de la pareja no le dejaría dormir, pero la felicidad en el rostro de Ino le hizo reconsiderarlo. Volver a ver a sus amigos reunidos después de cierto tiempo, puso algo nostálgica a Sakura.
Aquello, para ella, más que una celebración con motivo de su cumpleaños, debió haberse sentido como una reunión con sus amigos, como en los viejos tiempos cuando solían juntarse hasta tarde en casa de alguno de ellos.
Sakura bajó la cabeza. Esa noche podría ser quizás la última en que se reunieran.
—¿Qué pasa? —le cuestionó Sasori, a lo que Sakura negó, eliminando cualquier rastro de nostalgia.
—Recordaba una plática de mi madre de hace años. Ella siempre ha sido una mujer un tanto estricta, y bueno, como toda madre siempre buscaba darme a conocer la forma en que giraba el mundo para evitar que me hiciera su presa. —Se mordió ambos labios—. Siempre me pareció una exageración de su parte, y es que vaya, yo tenía como dieciséis, pero ahora… —Sacudió la cabeza y sonrió—. Ahora irónicamente le doy la razón en algunas cosas.
Sasori desvió la vista al grupo de amigos de Sakura los cuales reían de sabrá qué tantas cosas.
—Una vez me hizo plantearme una pregunta que me estuvo persiguiendo durante varios días —continuó platicando ella—. «¿Cómo te gustaría ser recordada?», me dijo, en una manera de hacerme pensar en las consecuencias de mis actos. Pero ahora que lo medito más a fondo y con todo lo que pasó hace poco, me doy cuenta de que siempre estuve buscando la aceptación del mundo a tal grado que me creé una imagen de mí misma que realmente no era. «¿Cómo me gustaría ser recordada?», creo que me basta con saber que dejé una pequeña huella en las personas que son especiales en mi vida.
Sakura sonrió y Sasori hizo lo mismo.
—Tu madre me recuerda un tanto a mi abuela. —Revisó la hora en su celular, volviendo a guardarlo en el pantalón—. Tienen una astuta y maquiavélica manera de decir las cosas.
—¡Sí, eso! —concordó—. A veces quisiera tener la astucia suficiente para responderle al menos una vez; no groseramente, por supuesto, sino sólo para exponer mi manera de pensar.
—Con el tiempo desarrollarás la misma habilidad.
Se hundió en hombros y Sakura rio.
Instantes después se acercó a ellos Seiren, la tía de Sakura, con celular en mano y mirando hacia todos lados como si estuviera buscando algo.
—Cariño, ¿sabes si tus compañeras, con las que platicaba hace rato, ya se fueron? Habíamos quedado en irnos juntas, pero luego me entretuve conversando con Axel y las perdí de vista. —Sakura también las buscó sin éxito. Seiren suspiró—. Axel se había ofrecido a llevarme, pero yo ya había quedado con las muchachas…
Dijo con tal decepción que Sakura no pudo evitar reírse.
—Ahora entiendo, lo que realmente te molesta no es que las chicas te hayan dejado, sino que por su culpa no hayas podido irte a solas con Axel, ¿no es así, picarona?
Abochornada, Seiren le dio un coscorrón en la cabeza.
—¡Oye, más respeto a las canas de tu tía! ¡Qué va a pensar tu amigo de mí!
—Que eres una tía solterona, abusona y desesperada —se echó a reír. Seiren hizo el ademán de querer volver a golpearle, pero Sakura se refugió detrás de Sasori—. Esta mujer golpeadora es mi tía Seiren.
Le dijo a Sasori en una manera de presentarle pese a seguir refugiada detrás de su espalda. Seiren se detuvo y le extendió la mano en saludo.
—No creas que siempre es así… —se excusó la mayor al Sasori corresponder el saludo y decirle su nombre.
—Exacto, hay veces que es peor —completó Sakura al salir y, entre risillas, susurró sobre la oreja de su tía—: Él es el chico del carro bonito.
Seiren se asombró al conocerle al fin.
Pero luego de aquella breve presentación, sólo bastaron unos cuantos segundos en los que Sakura se distrajo al despedirse de Naruto e Hinata, para que el anuncio de su tía la dejara preocupada por lo que restaba de la noche.
—Cariño, el muchacho se ofreció a llevarme, dice que le queda de paso a la casa de un amigo suyo al que va a visitar… —Seiren abrazó a su sobrina, quien se quedó atónita—. No olvides la comida que te organizamos mañana en la casa, ¿ok?
Se alejó, despidiéndose de Ino y Tenten sólo con un gesto de mano desde la distancia al tiempo que les agradecía por el detalle para con su sobrina.
—¿De verdad te ofreciste a llevarla? —le preguntó Sakura a Sasori, en el pasillo afuera de la casa. Seiren se adelantó, anunciándole a Sasori que lo esperaría en la planta baja—. No era necesario que lo hicieras.
—Voy de vuelta a casa de Deidara, me queda como a cinco minutos de ahí.
—¿Irás a buscarlo a estas horas?
Sasori soltó el aire.
—Por el estado en que lo dejé, dudo que me abra, pero igual iré.
Un silencio casi penoso se hizo entre los dos por un corto tiempo, sólo las risas provenientes del interior de la casa se escuchaban por el desolado pasillo, incluso la música desde hacía minutos atrás que la habían silenciado.
—Gracias por haber venido, y disculpa si mi amiga Ino te metió en algún apuro con su idea de último momento.
—¿Qué idea?
—Pues sobre la fiesta sorpresa…
—Yo ni siquiera sabía que tendrías fiesta.
Los ojos de Sakura se fueron dilatando conforme la intensidad en su mirada fija sobre Sasori fue en aumento. Suavemente sus labios sonrieron.
—Gracias por el regalo. —Lo tomó del brazo—. Me dio gusto verte. Cuídate.
Sasori entonces se inclinó y, ella, advirtiendo lo que podía estar a punto de venir, se tensó un poco y esperó.
—Tú también cuídate.
Fue lo último que Sasori le dijo luego de haber besado su frente.
.
LA CASA DE MUÑECAS
Algunas horas antes
Jean Jansen recorrió la gruesa cortina que cubría el alargado vidrio del salón y encendió la luz desde el interruptor a un lado. Tomó lugar en la silla, desde donde observó el espacio en el que todo sucedía en la conocida «casa de muñecas», esta vez vacía y desolada. Con ambas piernas entreabiertas y las manos juntas por debajo del mentón en una pose reflexiva, contempló todo desde el lugar favorito de Madara Uchiha.
Sacó entonces, de uno de los bolsillos de su chamarra, una pequeña figurilla y la puso sobre el borde de la ventana, la giró hacia el salón como queriendo que también viera lo mismo que él veía.
A su lado, tomó los audífonos grandes conectados a una caja de audio, la cual encendió apenas se colocó los audífonos que le cubrieron por completo los oídos. Su atención se centró hacia una de las esquinas del salón, a una habitación en concreto, no muy grande, la cual estaba completamente aislada de cualquier ruido; la gente solía referirse a ese cuarto como «el confesionario». Sin embargo, todo cuanto se dijera adentro era transmitido hacia la caja de audio.
Esas cuatro paredes habían sido testigos de infinidad de pecados confesados por todo aquel que se atreviera a entrar. Entre más grande fuera la confesión o el pecado, mayor era el placer obtenido ante la revelación del otro, por lo que el confesionario funcionaba mejor en parejas o grupo de personas dispuestos a revelar sus más ruines acciones, desde infidelidades, extorsiones, fraudes, abusos sexuales, todo era permitido y nada era juzgado por sus partícipes.
—No creí decirlo, pero siento que extrañaré este sitio —dijo el hombre y cerró los ojos como esperando escuchar una última confesión del cuarto, aunque evidentemente no hubo sonido alguno.
La puerta del salón fue abierta en un aviso casi silencioso, y Sasuke Uchiha entró, deteniéndose en el umbral al ver únicamente a Jean.
—¿Con quién hablas? —le preguntó luego de comprobar que no había nadie más en el lugar.
El hombre se paró, hizo a un lado la silla, y de pie volvió la atención al espacio donde estaban todas las mesas vacías.
—Por un momento creí que no vendrías, al menos no hasta que terminara el día. Me evitaste la molestia de perder mi vuelo…
—No es por ti por quien estoy aquí.
—Supongo que no, pero tendrás que conformarte con eso. —J.J. se hundió en hombros y se giró a verlo. Sasuke cerró la puerta—. Si lo que quieres es hablar con tu tío te aconsejaría que te sentaras y le esperaras, tal vez uno, o cinco, o quizás hasta veinte años más.
—¿Dónde está?
—Aquí, allá, en todos lados. Mientras yo siga siendo su persona de confianza, la presencia de tu tío estará donde él lo deseé.
Sasuke sonrió sarcásticamente.
—¿«Persona de confianza»? Querrás decir, el perro que se encarga de limpiar su mierda.
Fue el turno de J.J. para reír. Tomó nuevamente la figurilla y comenzó a juguetear con ella pasándosela entre los dedos.
—Un perro que también se ha encargado de tu mierda, no lo olvides —le recordó sin la mínima muestra de molestia—. ¿O ya te diste cuenta de que no encontrarás lo que buscas con tu protegida? Te advertí desde un inicio que no era un buen objetivo; demasiado común, demasiado simple, sin nada realmente destacable, tan así que tú mismo llegaste a odiar su actitud santurrona y falsa.
El rostro de Sasuke se ensombreció.
J.J. detuvo un instante la figurilla en la palma de su mano, observándola con atención por algunos segundos, luego, alzó la vista hacia Sasuke y completó:
—Pero algo la volvió interesante, ¿no es así? De lo contrario no me hubieras pedido ayuda para…
—¿Ayuda? —repitió Sasuke.
—Por supuesto, o llámalo como quieras, pero tienes que admitir que tuviste información valiosa de Sasori y Sakura en tiempo y forma. —J.J. se tronó el cuello—. Pero lamentablemente creo que ya no podré ayudarte como antes.
—¿Llamas ayuda a la loca que me mandaste?
El hombre mayor rio de lado y suspiró, recargándose en la pared detrás. Siguió jugueteando con la figurilla, pasándola esta vez de una mano a otra.
—Charlotte es una conocida de Sasori de mucho tiempo atrás, y digamos que está un poco… obsesionada con él. Es tan desinhibida que haría cualquier cosa por un poco de su atención. La contacté muy noche, le dije lo que había pasado con su primo y no fue problema convencerla de que viniera cuando le mencioné que seguramente en el hospital estaría Sasori —contó con total tranquilidad—. La idea era que ella entretuviera a Sasori de alguna manera y no fuera más un estorbo para ti.
Sasuke no dijo nada sobre el tema.
—¿Cómo supiste lo de ese sujeto?
—¿Te refieres a Hidan? —J.J. pareció pensarlo y rio—. Bueno, los perros siempre obedecen a sus dueños. Se podría decir que él mismo se lo buscó al meterse con una de las mujeres de tu tío.
—¿Dónde está él ahora?
—¿Para qué quieres saberlo? ¿Le reclamarás por decisiones que tú mismo has tomado? ¿Sabes? Te contaré algo, tú no fuiste la primera opción de tu tío, él primero fijó su atención en tu hermano. Tu tío tenía la extraña idea de conseguir a alguien que siguiera sus pasos y que en un futuro fuera un digno heredero suyo; solía pedirme que vigilara a Itachi en una manera de evaluarlo, pero él ya estaba demasiado grande para ser moldeado, así que tú fuiste una mejor opción. —Le apuntó con la cabecita de la figurilla—. Y diría que fuiste un buen discípulo suyo hasta que quisiste descarriarte del camino, ¡tremendo error! Es por eso que tu tío pensó en darte una pequeña lección…
Sasuke arrugó el ceño.
—¿A qué te refieres?
Jean volteó de perfil a ver el salón vacío a través del vidrio.
—Tú sabes lo que opina tu tío sobre las «distracciones» —dijo, en un modo de referirse a las mujeres—. Él ya venía sospechando, poco antes de la boda de tu hermano, que tu indisciplina se debía a algo. Te obsesionaste con querer tener pruebas para separar a esos dos, que fuiste demasiado lejos, tan así que quisiste hacer partícipe a Anna pese a mi advertencia de que tuvieras cuidado en cómo la tratabas.
Por primera vez Sasuke prestó atención a la figurilla con la que J.J. jugueteaba. Se trataba de la pieza faltante en la repisa del cuarto de Sasori, la cual representaba la imagen de Anna.
Sasuke pareció obligarse a sí mismo a relajarse y actuar el resto de la plática. Jean se sirvió en una copa un poco de vino.
—Si me hubieras dado datos realmente relevantes eso no hubiera pasado.
—Ella no iba a cooperar contigo, así que sabías lo que tenías que saber —contó y, sirviéndose otro tanto de vino, continuó—: ¿Sabes? La primera vez que me pediste que investigara a Sasori, por un momento me vi a mí mismo reflejado en ti. Los dos tratamos de proteger a nuestro modo a una persona en especial, evitando que alguien no digno se relacione con ella, aunque en el fondo sabemos que nosotros somos los que acarreamos más pecados que todos.
—¡No me compares contigo! —Sasuke alzó la voz—. No vine hasta aquí para perder el tiempo contigo. ¡Dime para qué mierda me hiciste venir!
Exigió saber, molesto, dando un golpe sobre el escritorio. Jean entonces sacó un sobre en color amarillo de uno de los cajones y se lo extendió a Sasuke.
—Son las escrituras de la casa —explicó cuando Sasuke comenzó a ver toda la papelería—. Me encargué de arreglar las cosas que hacían falta para que básicamente sólo firmes. En el transcurso de la semana recibirás la visita del notario para hacerlo válido. —Guardó la figurilla de Anna nuevamente en el bolsillo de su chamarra.
Sasuke le dio una rápida leída a los papeles y los volvió a meter en el sobre.
—Esto es un testamento, ¿qué mierda pretende hacer ese viejo?
—Sólo asegurar sus bienes. Incluso hasta la viuda mayor alcanzó un último regalo —dijo, en referencia a Mei Terumi.
—¿Dónde está él ahora?
J.J. negó.
—Creí que te daría gusto saber que ya no recibirías la misma presión de su parte, pero veo que te has acostumbrado a la mala vida. —Sasuke volvió a preguntar con demandante voz, no dando espacio a una negativa—. Digamos que un negocio no salió como él esperaba, y en poco tiempo se volverá el objetivo de unos cuantos…
—Es decir, el muy cobarde se esconderá hasta que dejen de buscarle…
—Básicamente, aunque él lo ve como unas largas y merecidas vacaciones. —Jean sacó las llaves de la casa y se las lanzó a Sasuke desde la distancia—. ¿Quieres que te dé un consejo? Deshazte de todo lo que hay en la casa.
Jean se acomodó la chamarra y sacó por encima del cuello de ésta la coleta con la que llevaba sujeta su negra cabellera.
—¿Irás también con él? —preguntó Sasuke dirigiéndose a la ventana desde donde miró el confesionario y luego la caja de audio.
—Los perros son los animales más leales. —Sasuke vio el reflejo de Jean a través del vidrio cuando éste se detuvo, volviéndose hacia él—. ¡Ah, lo olvidaba! Una última cosa, Sasuke: tu protegida pretende irse un tiempo a Praia para continuar allá con su carrera, pero en mi opinión, le convendría mejor no aceptar la beca o que se la rechazaran. Lo digo porque eso de estar sola en un país lejano y con el mal acechando muy cerca, no creo que sea una buena idea.
Jean abrió la puerta. Sasuke regresó la mirada abajo.
—Seguiré tu consejo, me desharé de todo, pero no de ese cuarto. —Dirijió sus ojos hacia el confesionario—. Al menos no hasta que sea dicho el último de mis pecados.
Dijo, y le pidió entonces que no regresara.
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Continuará...
Notas: Amo el suspenso y esa sensación que deja de querer obtener respuestas.
Creo que este capítulo trajo mucho, en primer lugar: la reunión de los amigos (Harmonie se emociona), la llegada y reencuentro de Cherry (Harmonie se enamora), J.J. se encuentra con Sasuke (Harmonie se orina), las últimas palabras de Sasuke (Harmonie colapsa).
Son tantas cosas que me emociono yo misma. ¿Se comprendió lo que Jean mencionó de Annita? Él es una persona sensualmente perversa. ¿Y qué me dicen de Madara? Otro incomprendido que peca de bueno. ¿Y Sasuke? ¿Y Cherry? Mierda, todos tienen cola que les pisen xD
En fin, espero se hayan entretenido y nos leemos en el próximo capítulo ;) ¡Gracias como siempre por el apoyo!
A Violeta: Linda, si ves este mensaje por favor contáctame, puedes buscarme en Facebook, Instagram o Twitter como Harmonie Roux, en todas las redes tengo la misma imagen de perfil. Tu último comentario me dejó preocupada (y a unas tantas también), espero tener la oportunidad de conversar contigo y saber de ti. Te mando un fuerte abrazo y mi deseo de que te encuentres bien.
