Francia le sonríe a Austria frente a frente. El austriaco toma aire profundamente a ver si con el aire le entra un poco de paciencia.
—Allô, mon frère.
—Guten tag, Frankreich.
—Guten tag —le sonríe encantador, da un paso hacia él—. Felicidades.
—Danke —hace un pequeño gesto con la cabeza y se cruza de brazos.
—Ah, venga... No te pongas en esta posición ni tan a la defensiva, no es como que vaya a hacerte nada más que darte un cordial abrazo de felicitación —abre los brazos.
—No es necesario, créeme.
—Sí que lo es, es un gran día y comparto sinceramente tu alegría y la de Suisse.
—Me alegro de que lo hagas, eres perfectamente capaz de hacerlo desde donde estás.
—Pero no es lo mismo... A menos, claro, que te ponga nervioso —sonríe enseñando los dientes y pasándose la lengua por un colmillo.
—Eso mismo, Frankreich, me pones nervioso —pone los ojos en blanco tan sarcástico para esconder que efectivamente eso es lo que pasa.
—Me imagino, todo este asunto pervertido del hermano perdido que te cae francamente mal pero no deja de... Generarte ciertos problemas —sonríe otra vez y se acerca—. Vale, lo entiendo. Aun así, felicidades.
Austria vuelve a tomar aire por paciencia. Francia se humedece los labios.
—En fin... —resume encogiéndose de hombros y dejándole en paz, cada vez más convencido de que es imposible hablar con él.
El problema es que todo eso que has dicho sobre el hermano que le provoca... bueno, no es mentira.
Aun así, Austria también irrita a Francia El problema es que cuando Francia está a punto de marcharse se acerca Galia a abrazarles a los dos.
Francia la abraza de la cintura aunque se tensa un poco inevitablemente pensando que está muy bien que sea la madre de Austria... Lejos de él.
—Mis dos muchachos —susurra sin soltarles, Austria vuelve a poner los ojos en blanco.
—Maman... —responde Francia y sonríe un poco a pesar de todo porque le gusta tener una mamá. La abraza más contra sí—. Estaba aquí intentando felicitar a Autriche... Pero no se dejaba del todo.
—¿No te dejabas? —le pregunta a Austria.
Él pone los ojos en blanco otra veeez sin poder creer que Francia esté jugando una carta de acusica a esta edad.
—Mira las caras que hace... Las mismas que me hacía a mí hace unos minutos. Quizás contigo se deje mejor, Maman.
—Por supuesto que me he dejado felicitar, Galia. Danke por tú preocupación —trata de salir del abrazo. Y es Francia quien le abraza un poco ahora.
—¿Verdad que estamos felices por él, maman?
—Oui —sonríe ella y le da un beso en la mejilla al francés, no sin que se le parta un poco el corazón que la llame Galia.
—Solo... A veces... No hay cómo hablar con él, parece de hielo —sigue Francia mirando al austríaco.
—No es tan así, es que tú estás acostumbrado a Espagne —le defiende un poco Galia—. Pero no peléis hoy, ¿ya conocéis a Helvetia?
Francia hace los ojos en blanco con eso (¡pensando que MENOS MAL que existe España!)
—Por supuesto que conozco a Helvetia, Galia...
—¡Ah! ¡Helvetia! Yo la he conocido hace rato, pero no estoy seguro de que mon frère sepa ya eso que me has dicho.
—Es mi hermana, mi vida —le cuenta ella. Austria parpadea una vez... y luego otra, sin hacer ni caso a Francia, que le mira igual a la cara porque tiene cierta gracia ver la reacción así de cerca.
—Eso es encantador —responde tras unos instantes—. Aun así, ja. Tengo el placer de conocerla ya desde que regreso.
—Lo es, en realidad... Si Suisse se parece a su madre, que me parece que sí, creo Maman que Helvetia va a ser realmente feliz con tu presencia —apunta Francia.
—Ah, oui, por supuesto, ella me quiere mucho —asiente la gala riendo un poco.
—Quizás podría vivir con ustedes a la larga...
—Galia, ¿dónde está tu prometido, por cierto? No he tenido aun un momento para agradecerle su presencia —suelta Austria de repente aparentemente desinteresado.
—Mi prometido —ella se ríe y se sonroja un poco—. No creo que Germania quiera que Helvetia venga a vivir a Roma, ya has visto como han peleado antes...
—Eso es porque Helvetia no conoce bien a papa —Francia le cierra un ojo a su madre—. Sí que lo he visto... Y no lo sé, en realidad solo pensaba. ¿Por qué no te quedas aquí y mando a Gales para que te felicite, Autriche, mon chéri?
—No te molestes —se marcha él mismo.
Francia parpadea un poco y frunce el ceño, porque una cosa es que le haga groserías a él... Pero no le encanta como trata a su madre. De hecho esto iba más contra ti que contra ella
—Lo siento, maman... No hay manera de que esto funcione —le asegura Francia dándole un beso a Galia en la mejilla y llevándosela de ahí, pidiéndole alguna historia de cuando Helvetia y ella eran pequeñas.
Alguien más se acerca y abraza a Suiza ahora. Suiza que no sabía que podían abrazarle tantas veces seguidas sin que algo tremendo le pasara.
—Veeeee~
—Veneziano... —es lo único que se le ocurre decir.
—Ha sido tan bonito y he llorado tanto de que por fin haya llegado este momento.
Alemania intercepta a Austria en el camino, cerca de Suiza e Italia, visiblemente nervioso.
—A... Aja? ¿Has llorado? ¿Por? No es algo triste.
—Pero ha sido muy emotivo y yo sabía desde siempre que tú le querías mucho.
—Yo no le he querido mucho desde siempre —se sonroja apretando los ojos.
—Claro que sí y él también. Aunque también quería mucho a Spagna y Ungheria, pero no como a ti.
Suiza traga saliva con ese comentario.
—Tú, ¿tú crees?
—¡Si él mismo lo ha dicho en la iglesia!
Suiza suelta el aire porque sí que lo ha dicho, desvía la mirada sintiendo una sensación cálida en el corazón.
—Ojalá no volváis a pelear de esa forma, me partía el alma veros... estar peleados es lo peor.
Suiza sabe que lo dice por lo que pasa con Alemania... Pero no es su estilo preguntar nada, a él le gusta ser discreto y reservado. Mira a Veneciano a los ojos.
—¿Cómo has estado? —pregunta lo más neutral posible.
—Pero no hablemos de cosas tristes, no es un día para estar tristes si no felices. Feliz por vosotros dos —sonríe no tan ampliamente.
Suiza frunce un poco el ceño e inclina la cabeza... ¿No tenía celos de Austria? No era esa la causa inicial del pleito. Precisamente que te hayas casado con él realmente es que rebaja los celos bastante, Suiza. Ese era en su mayoría el motivo de esperar hasta hoy.
—Ehm... Grazie —asiente—, me alegra que hayas venido y... espero que se arreglen todos sus problemas.
Italia asiente y sonríe abrazándole una última vez más. Suiza se tensa otra vez detestando un poco tanto abrazo pero se deja, porque con todo y todo... Bueno, Veneciano no le cae mal. Solo detesta que corra por sus tierras asustando a sus cabras y ya, pero si Romano considera a Austria un poco su papá imagina como le considera Veneciano. Y tú eres la persona que siempre han sabido, harías de verdad feliz a su papá. No, no… Está bien, en realidad Veneciano no le molesta, si hasta le ha dado las gracias por venir. Solo, bueno, los abrazos le ponen nerviosito.
—Hey... —Alemania le saluda sin hacerle realmente mucho caso.
—Hallo —responde Austria al notar que no hace mucho caso pasa un poco de largo.
—Nein, Nein... Espera —le detiene espiando a Italia—. Ehm... Perdona, es que quiero... Algo con Italien. ¿Qué me recomiendas?
—Deja de tirarte a... la HERMANA de mi Mutter.
Alemania parpadea con eso y le mira.
—W-Was?
No creáis que no está en shock Austria.
—Galia acaba de contarme que Helvetia es su hermana.
—Oh... ¡Oh! Oh... —todo el tren de pensamiento de Alemania en solo unos segundos. Hasta se ha olvidado un poco de Italia—. No sabía. Vaya... Hmm...
—Ja. Eso. Vaya. Hum —fulminación. Alemania aprieta los ojos.
—Perdóname eso, ¿vale? No es... No es algo que vaya a seguir pasando, en realidad ella ya no quiere saber nada de mí.
—Gott sei danke!
Le mira un poco desconsolado a pesar de todo.
—Ja... Gott sei danke —se guarda las manos en los bolsillos—. ¿Seguirás enfadado tú también, entonces?
No creas que tu cara de niño desconsolado no tiene en Austria efecto similar que tienen sus gritos en ti llevándole a tu infancia y descongelándole un poco el corazón.
Pues te sigue mirando un poco así, porque ahora tiene al novio, al padre, al hermano y al mejor amigo enfadados... todo eso contenido en dos personas.
—Hablaremos de ese asunto más tarde —repite bajándole un poco a la agresividad.
—Ja, eso ya lo entiendo, pero por ahora —mira a Italia de reojo—. ¿Una tregua, bitte?
—Mira, no sé qué puedes decirle. Helena, su pareja, parece bastante convencida que todo se va a resolver hoy, no sabe cómo, pero...
Alemania suspira.
—Helena... Su pareja. Sigo sin entender por qué él puede traer una pareja y yo no le fulmino, pero si entro yo con Helvetia a la iglesia casi me matan —le mira de reojo—. ¿Necesitas algo? —porque bueno, él es el padrino y ya bastante mierda de su parte ha sido hacerle enfadar tanto anoche.
—Nadie te casi mata por entrar a la iglesia con Helvetia, lo hago YO porque te acostaste con ella. Y si no puedes entender que el que te acuestes con Helvetia me afecta pero no que él lo haga con Helena o con cualquier otro de la casa que NO me importa, plantéatelo, Deutschland. Por no hablar que de ti espero bastante más sentido común que de él.
—Ya, ya. Ya lo sé. Y ya te dije que yo soy el primero que no ha salido bien parado de ello —murmura mirando el suelo—. Aunque hablaba de en general cuando preguntaba si necesitabas algo —hace un gesto con la mano señalando alrededor—. ¿Va bien esto?
—Ja, va bien esto... —se detiene y le mira unos segundos con intensidad.
Alemania deja de mirar a Italia y le mira de reojo. Vuelve la vista del todo a él al notar la intensidad sin saber lo que está pensando.
—Ja, quiero que hagas algo.
El alemán asiente sin cambiar la cara aunque tiembla un poco porque últimamente la última cosa que le pidió fue lo de Helvetia... Y mira como acabamos.
—¿Qué cosa?
—Quiero que vayas con los camareros y los convenzas para que a una seña mía hagan algo sencillo que les indicaré yo mismo más tarde. ¿Crees que puedas lograrlo sin acostarte con ninguno?
Le fulmina con eso último.
—No soy Frankreich, ¿vale? Ja, puedo hablar con ellos.
—No me mires como si tus actos no te precedieran y ve.
—Verdammt... —susurra yendo a ello.
Cuando se va es España el que abraza a Austria que casi lo tira al suelo con un grito de riña y protesta del austriaco. Romano y Vaticano les sonríen detrás del español.
España se riiiiíe y se acojona un poco, sin dejar de sonreír le susurra algo al oído que es... un poco largo. Austria parpadea y le mira de reojo. Frunce un poco el ceño y no parece muy contento con lo que oye.
Romano solo con ver la cara decide dar un paso atrás por precaución. España sonríe e inclina un poco la cabeza. Austria niega con vehemencia.
—Spanien, nein —se vuelve a Romano como si la discusión estuviera zanjada.
—Che cosa? —pregunta Romano.
—Austriaaaaa... que es él —lloriquea España riendo un poco.
—Nada, no te preocupes, Römer —zanja Austria.
—¿Él es qué? —insiste Romano. España se pasa una mano por el pelo y niega para Romano quitándole importancia. Romano fulmina un poco a España pensando en que va a cuestionarle cuando Austria no esté.
—De todos modos no necesito tu permiso, ¿sabes? Él nunca puede darlo para nada —replica España.
—¿Entonces por qué me preguntas? —Austria tan duro. Romano les mira a uno y luego al otro.
—¿Dar qué? —pregunta inútilmente
—Permiso —explica España. Romano levanta una ceja.
—Tú sabrás lo que vale tu palabra de honor, hidalgo —suelta Austria, a lo que el español aprieta los ojos.
—Palabra de honor —repite Romano cada vez más intrigado
—Pero Austria... no pasa nada, no es como sí... —vuelve a lloriquear España.
—Ya te cuidarás mucho de que fuera como sí —le corta muy serio. Romano frunce el ceño. España suspira derrotado.
—¿Qué cosa quieres contar que no deberías? —pregunta el italiano deduciendo.
—Un secreto de Austria que en realidad no es importante —explica España.
—Danke Spanien, a Römer también. Qué bonito —Austria le fulmina.
—¿Cual secreto?—le brillan los ojos al italiano.
—¡No se lo voy a contar a Romano! —exclama el español. Romano levanta las cejas con eso.
—Y además crees que soy estúpido... —protesta Austria señalándole a Romano y su reacción.
—¿Por qué no vas a contármelo a mí? ¿De qué es? —Romano frunce un poco el ceño.
—Claro que te lo va a contar —Austria mira fijamente a los ojos a España usando un tono de voz especial que significa más vale que te inventes algo bueno que contarle.
—Tú no quieres que me lo cuente... ¿Y tú no QUIERES contármelo? —Romano fulmina a España usando un tono de voz que significa "más vale que me lo cuentes y me resulte satisfactorio el por qué no querías contármelo desde el principio"
España quiere ponerse a llorar entre los dos. Romano se encoge de hombros.
—Bien, no pasa de que duermas unas semanas en el sillón —se gira a Austria—. ¡Felicidades!
—Y unas cuantas cosas más —añade Austria que sonríe a Romano—. Danke.
—Ha sido un bonito evento para verlo desde la primera fila... —asegura Romano sin hacerle más caso al español mirando a Vaticano de reojo—. ¿Verdad que si? ¿Verdad que tú estás contenta también per il nonno?
Vaticano se ríe y le pone las manitas en las mejillas a Romano que le sonríe idiotizado. Austria sonríe un poco y le hace un cariño a Vaticano en la mejilla.
—Le compré este vestido, dime que no se ve preciosa —Romano mira a Austria de reojo sonriendo.
—Es un asunto de dinero, ¿vale? —suelta España de repente—. Fue hace mucho tiempo y solo quería contárselo a Suiza, por eso no quiere que lo haga y por eso no te lo he contado a ti.
—Está muy hermosa, es toda una señorita —asegura Austria mirando a España de reojo.
—Lo es, mira los zapatos —se los señala ignorando a España—. Es una linda princesa que, gracias al cielo, es más lista que su padre español.
España les mira a los dos y como nadie le hace caso frunce el ceño y se va. Romano, que no esperaba que se fuera, se le queda mirando un instante ahora sí... Viendo a donde va exactamente para ir por él.
—¿Qué secreto tuyo no le conviene a Spagna que yo sepa? —pregunta a Austria ahora.
—Römer, olvida eso —niega con la cabeza el sajón.
—Non, debe ser un buen secreto.
—Olvida. Eso.
Romano suspira porque sabe que si van a contárselo no será él. Le sonríe otra vez.
—Felicidades —un poco falsa la sonrisa mientras máquina, aunque lo que dice es sincero—. Espero que sean muy felices
—No te enfades con Spanien si no te lo cuenta —pide porque tampoco quiere eso. Romano entrecierra los ojos.
—¿Crees que no me lo va a contar? —pregunta.
—Aun confío en él —confiesa
—Solo dime el tema —pide Romano mesuradamente y se humedece los labios.
—Dinero —responde Austria, mintiendo.
—Ni en un millón de años va a interesarme un pimiento el dinero de Spagna y lo sabes perfecto. Es otro tema... Y debe ser sexo —hace una pausa—. ¿Tuvieron alguna aventura en tiempos posteriores? —inclina la cabeza porque no lo cree... Y sería secreto de España.
—Nadie ha dicho que te interese —responde Austria fríamente porque sabe que sí le interesaría, aunque no es eso que está pensando, pero sí ha dado en el clavo con el tema.
—Si no me interesara... Bah, olvídalo —ojos en blanco y mira a Vaticano—. Dale un beso al nonno.
Ella se gira y se deja caer completamente confiada hacia Austria que levanta las manos en un impulso, muy bien, Vaticano, sabes manejarle tú a él, eres la primera a la que abraza.
Romano sonríe dejando que la cargue del todo, poniéndole una mano en la espalda porque además Austria es ese tipo de persona que es bastante frío y distante, que con niños pequeños se ve bastante menos frío y duro.
Y ahí va ella a intentar darle un beso sin que Austria pueda hacer nada para evitarlo. Hasta los latinos de esta edad manejan a los sajones como quieren.
Romano saca su teléfono y le saca una foto con esa velocidad que solo tienen las mamás.
—Vale, vale, vas a arrugarme el traje —protesta Austria pero nada más la sostiene apretando los ojos.
—Venga, cómetelo Vati... Mas besos —le insta Romano ahora si solo por fastidiar.
Austria acaba por apartarla estirando los brazos y echándole una mirada. Porque así es como se hace, enseñándoles de pequeños... Al verle la cara ella hace un pucherito
—¡Eh! No maltrates a mi niña —protesta Romano volviendo a cargarla.
—Enséñale adecuadamente a tratarme o se lo enseñaré yo, Römer.
—¿Seguro que quieres que YO le enseñe a tratarte? —se ríe un poco mirando a la niña—. Anda, vamos a buscar a papá. Pásalo bien, Austria...
—Hasta luego... —igualmente sonríe un poco. Romano le mira por encima del hombro al irse y le sonríe de vuelta.
Cuando Inglaterra se acerca a Suiza
—England —le sonríe un poco.
—Switzerland! —sonríe y le tiende la mano.
Suiza se sonroja un poco pero se la aprieta con ganas. El inglés pone la otra sobre ambas y da unas palmaditas en señal de afecto.
—¡Ha sido un éxito!
—Eso parece, ¿verdad? Sobreviví.
—Yes! —se ríe—. Estoy muy impresionado.
—¿Creíste que definitivamente no iba a lograrlo? Porque yo a momentos pensé que moriría
—Sinceramente, no todo el tiempo las tuve todas conmigo pero creo que no hubo ningún contratiempo importante. Ni siquiera tuvimos que reducir a Prussia o algo parecido.
—No recuerdo haberle oído durante la misa... De hecho ni a él ni a nadie —se pasa la mano por el pelo.
—No, todo fue muy bien, todos los latinos se pusieron a llorar como nenas.
Sonríe de lado un poquito con eso, aunque se sonroja porque él mismo en algún punto tuvo los ojos húmedos. Dios mío, alguien que le explique que era SU boda.
—Los latinos son bastante incomprensibles.
—Fue todo muy emotivo. ¡Hasta Austria habló! ¿Recuerdas que no sabíamos si diría algo? Leíste de forma perfecta, muy tranquilo y seguro —aunque yo le habría puesto más entonación, se dice a sí mismo—. El único contratiempo fue con la limusina.
—¿Con la limusina? ¿Qué paso con ella?
—Pues que llegasteis los últimos.
Abre la boca idiotamente por unos segundos recordando EXACTAMENTE lo que hacían en la limosina. Le da hasta un pequeño escalofrío.
—¿No te has dado cuenta? Te iba a preguntar qué ha pasado.
—Ehhh... Ehhhh... P-Pues... L-Lo que... Ehhh mmm... Pues ha pasado que el... El hombre se perdió.
—Qué extraño, si tú sabías donde estaba el restaurante.
—Y-Yes, yes... Yo... Bueno, ehm... Es que no estaba mirando —Suiza... Tienes que empezar a mentir mejor.
—Why? —inclina la cabeza sin caer en la cuenta.
—E-Estaba... Estaba r-revisando a Österreich. ¡CON! Con Österreich unas... Cosas de los registros bancarios.
—Oh... OH! —ahora si lo entiende y se sonroja un poco, llevándose una mano a los ojos—. Entiendo. OK. OK.
—¡No es eso que estás pensando!
—Eh... eh?
Suiza aprieta los ojos
—¡De verdad que solo estábamos hablando!
—Pero... si no pasa nada, I mean... well. Para eso te has casado, ¿no?
Aprieta los puños y los ojos y las piernas y todo lo apretable.
—Pero no íbamos a hacer... nada en... En un coche después de casarnos, obviamente.
—Ehm... —se pasa una mano por el pelo sin saber qué decir ni estar seguro de querer tanto detalle. No puede evitar desviar la mirada a ver si han acabado o no por un instante y luego apretar los ojos al notarlo.
¡Guarro! Suiza gracias al cielo no lo nota.
—Ya me felicitó France.
—Ah, yes. France. Of course —asiente agradeciendo el cambio de tema
—Ehm... Y... Ehh... —cambia el peso de pie—. Deberían hacer esto alguna vez.
—¿Hacer qué?
—E-Esto de ca-casarse
—What? Who?
—Con France.
—W-WHAT? WHO? —paso atrás, mano al colgante. Suiza traga saliva.
—S-Solo digo.
—What?
—Que no es tan terrible—susurra.
—Pues tú porque... ¡tú no conoces a mis hermanos! And Spain! And France! A MI NO ME GUSTA —chilla y seguro todos le han oído, en especial los nombrados. Suiza aprieta los ojos con los gritillos.
—A mí tampoco me gusta Österreich.
—Of course yes! ¡Te has casado y ahora todos lo saben y no tiene sentido que digas que no! —lo siento, Suiza, solo se ha asustado porque tú LO SABES.
—Ihhhhh! —se tapa la boca como si con eso pudiera taparle la boca a Inglaterra.
Puede alguien venir a rescatarlos, ¿por favor? Porque además ya se lo han dicho... Para empezar Austria. Prusia también lo ha dicho... América le pone las manos en los hombros a Inglaterra y les sonríe a ambos.
—Hey!
E Inglaterra se mete un susto medio cayéndose sobre él.
—America!
—Hello! —les sonríe —. Swederland, ¿verdad?
—Switzerland —corrige Inglaterra—. ¿Ya le has felicitado?
Suiza, que está aún traumatizado y en pánico pensando en todo ese asunto, se distrae un poco y medio frunce el ceño con el error.
—Eso, Swiss, ¡como swiss army! —sonríe y se acerca a darle un abrazo—. Nah, no le he felicitado.
—No, claaaro, porque tenías que estar jugando con el psycho —riñe Inglaterra cruzándose de brazos como sieeempre.
—¡Está siendo una boda awesome por eso! ¡Con nieeeeve y juegos! —asegura casi aplastando a Suiza en su chaqueta... Que aunque sea fuerte es realmente pequeñito en comparación.
—¿Nieve y juegos? —pregunta Inglaterra sin saber cómo es que no se está quejando de lo larga que ha sido la misa. Suiza le empuja un poco para que deje de abrazarle.
—Yes, nieve y juegos —estuvo yendo a buscar latas con Canadá...
—¿Juegos? —pregunta Suiza que... Es que estaba tan idiotizado en el coche que no se ha enterado de las latas.
—Más vale que no hayas estado dando la lata a nadie —sigue riñendo Inglaterra.
—¿La lata yo? —pregunta con cara de inocente separándose, mirando a Inglaterra de reojo, sonriendo y mirando a Suiza otra vez. De manera extraña e inaudita levanta la mano como Rusia y se la pone en la cabeza, le despeina un poco antes de que Suiza frunza el ceño y se quite y le den ganas de arrancarle un dedo.
—Yes, la lata, molestando seguro, como siempre. Aunque seguro has estado jugando a esos juegos tuyos sorbecerebros... aunque bueno, te has portado bien y no has montado escándalo —admite.
Suiza le fulmina indignado con ese movimiento... Y es que le parece muy mono, tan pequeñito.
—JA! ¡Has dicho que he sido bueno y me he portado bien! —sonríe orgulloso e infla el pecho antes de agarrarle del cuello, levantar la mano y ahora despeinarle a él.
—Americaaaa —protesta Inglaterra intentando que deje de hacer eso.
América empieza a reírse sin detenerse, ahora buscando hacerle cosquillas. Inglaterra trata de detenerle y aun con el ceño fruncido empieza a reírse y a moverse para huirle.
Suiza nota este momento como una ventana de oportunidad para salir huyendo. Piensa en ir a esconderse debajo de la mesa, aunque antes busca a Austria con la mirada y decide mejor ir hacia él, sonrojadito.
América por su parte no deja de picarle y reírse y va a estar un buen rato jugando contigo, Inglaterra. Bueno, no es un problema para Inglaterra en realidad, por mucho que diga...
Gales se acerca extendiendo la mano y sonriendo un poco.
—Ah, Guten tag. Danke por venir —Austria hace una pequeña inclinación de cabeza pomposa pero no le da la mano, como siempre.
—Gracias a ustedes, felicidades —quita la mano en un gesto sutil recordando que no suele dársela—. ¡Muchas felicidades! Una boda espléndida.
—Me alegro que la hayas disfrutado —sonríe educadamente.
—Y la música... Me he pasado toda la primera mitad tratando de recordar si algún día había oído algo así, para concluir lo evidente... ¿Original?
—Absolutamente. Aunque yo más bien diría inédita. Hay trozos nuevos pero algunas cosas sí habían sido usadas antes.
—Oh! Eso... —levanta las cejas de verdad impresionado con ello—, ¡eso es espléndido! Es increíble que hoy por hoy... Con lo malos que son algunos compositores, ¡es un gran detalle!
—Danke... —no sonríe tanto, porque de verdad no está feliz con como ha quedado pero...
—Tengo que explicarle eso a Galia, no creo que se haya dado cuenta aun de lo impresionante que es —gira un poco la cara y la busca de reojo entre la gente, suspira un poco y vuelve a mirar al austríaco—. Está muy feliz por ti. No sé si alguna vez la he visto tan contenta.
—Lo sé, lo sé. Me lo ha dicho un par de veces ya —asiente.
Gales abre la boca para decir una cosa y parece pensárselo mejor. Vacila un poco, traga saliva e inclina la cabeza mirando al austríaco a los ojos.
—Hay una cosa que me preocupa.
Austria frunce un poco el ceño y el galés carraspea un poco y estira la espalda mirándole serio.
—No te conozco lo bastante, pero he hablado contigo ya en momentos difíciles y de cosas importantes... No dudo de tu sensatez —apunta.
—Aja...
Suspira.
—Sé que debes tener tus razones para hacer una cosa o la otra... Razones que yo desconozco. Sin embargo... —traga saliva—, ella te quiere y te quiere mucho. Se le ilumina la cara cuando habla de ti.
Ojos en blanco. Gales nota la expresión y frunce un poco el ceño.
—Creo que estaría dispuesta a hacer muchas cosas para conseguir tu favor y tu gracia, pero no estoy seguro de que sepa exactamente cuál es el camino.
Él le mira incrédulo. Gales vuelve a vacilar un poco.
—Lo siento, no es mi interés molestarte y menos hoy —asegura—. Simplemente sé que no es del todo feliz con su relación y consideré que ambos merecían que lo supieras.
—Lo sé. Danke.
Le mira a la cara y se le ensombrece un poco la mirada y la expresión. Asiente.
—Es momento de ir a buscarla. Felicidades de nuevo.
Austria asiente dándole permiso. Gales se va, no muy satisfecho con la conversación y cambiando un poco su percepción del Austriaco… Lo que pasa es que no val al ritmo que todos queréis.
Es que cuando Galia estaba embarazada, Gales tuvo que aguantar hasta al perico y darles explicaciones a todos. Esperaba la misma cortesía de vuelta de Austria por algo que le preocupa... y no la obtuvo.
Además es que decir "Galia no tiene ni idea de qué hacer" Austria lo considera mentira.
Y ahora la impresión que el británico tiene es que sabe que está mal y ya no hay más. Esa es la percepción de Gales, es decir, está bien, Austria puede hacer lo que quiera.
Austria no es especialmente bueno para las primeras impresiones.
Solo... Gales esperaba poder hablar con Austria estando el menos a la defensiva. En los mismos términos que él había usado la última vez... Y no fue así. Así que Gales simplemente estará más tenso y se cuidará más de él.
El problema es que todo el mundo machaca a Austria con eso, ya había ido Francia antes y su padre. Y es un poco en plan de... Ok, sí. Vale. Lo entendí a la primera. Lo curioso es que NADIE machaca a Galia. Yo creo que Gales si la machaca y... Bueno, es que en realidad, el que es frío y distante es Austria, Galia parece estar haciéndolo de manera normal. Si le preguntan a Gales el mayor culpable de esto es Germania por nunca decirle. Galia lo que hizo fue morirse y ya, volvió asumiendo que tenía dos hijos, y uno de ellos simplemente no la acepta como madre porque no estaba ni enterado de que lo fuera.
Gales puede machacar a Galia para que intente. "Vamos a saludarle, vamos a que hables, intenta convivir con él" pero en realidad el que tiene que superar su trauma de no saberlo es Austria. Y... Gales solo pretendía preguntar qué podría servirle para arreglarlo
No... es que no es así. Germania también tuvo que ganarse a Austria. El problema de Galia es que lo tiene aún más difícil que Germania. Pero ella es más lista y sensible. En realidad... Gales esperaba que le dijera eso pero Austria se ha cerrado en banda en buena actitud de "no te metas en mis asuntos".
Austria hubiera hablado más con Gales si Francia y Germania no le hubieran dicho todo el día lo mismo. Porque además Gales le cae bien. En realidad Austria también le cae bien a Gales. Por eso le ha parecido un poco... Bueno. Se arrepentirá de haberlo dicho porque además ahora no puede volver a hablarle de ello.
Es que de verdad, Gales tenía planeadas desde hace tiempo dos cosas que hacer en esta boda. Eso y una cosa más. Creo que la otra le saldrá mejor.
Suiza bufa un poquito al notar a Roma preguntándose ahora el que va a decirle. Claro que después de haber llegado hasta este punto, en verdad... Quizás sea un experto en sobrevivir a bodas e incomodidades. Roma le sonríe y le pone una mano en el hombro.
—¿Cómo estás?
—Agobiado.
Roma se ríe.
—¿Qué te agobia, mi vida? —le hace un cariño. Suiza se quita del cariño tensándose un poco.
—La gente y sus comentarios
—¿Cuáles comentarios?
—Los que me hacen, sobre la boda. ¿Has visto a Österreich?
—¿Qué te dicen? ¿No te están felicitando?
Suspira porque en realidad si le están felicitando.
—No son las felicitaciones el problema, en realidad.
—¿Entonces?
"Tengo un conflicto existencial severo ya que llevo toda la vida diciendo que odio al hombre con el que me acabo de casar... Y ahora no puedo seguir diciendo que le odio porque sería la mayor incongruencia posible... Y eso me tiene en pánico" Piensa para sí y se sonroja.
—No lo entenderías.
—Prueba —se encoge de hombros.
—Estoy viviendo una incongruencia. Y no tiene solución.
—Una incongruencia —inclina la cabeza.
Suiza se pasa una mano por el pelo porque en realidad, aun cuando lo ha pensado bastante desde que Austria le pidió que se casaran, la realidad le ha dado en la cara un poco más fuerte de lo que quisiera. El mismo Inglaterra... Se lo había dicho con todas sus letras. Se sonroja más y baja la cara.
—No sé si quiero hablar de esto. De hecho, sé que no quiero.
—¿Qué quieres de qué?
—Pensar en esto —se pellizca el puente de la nariz.
—¿Por qué no?
—Pues es un poco un mal día, ¿no crees? Pensar en cómo salir corriendo o debajo de que mesa meterme... —murmura.
—Non, me parece el día perfecto para pensar en por qué sientes que quieres eso.
—Porque tienen razón. Y no hay nada que pueda hacer para arreglarlo o cambiarlo.
—¿En qué tienen razón?
—Que me casé con él —se revuelve—, y no puedo odiarle o negarme a hacer cosas porque todos, hasta él, saben que...
—Mmm... entiendo el problema —se mesa la barbilla. Suiza niega con la cabeza sin entender qué demonios hace hablando de este tema con él.
—Es igual. Yo decidí casarme. Solo... —traga saliva pensando que ahora no sabe cómo va a defenderse... para empezar del mismo Austria y eso le angustia lo bastante como para querer salir corriendo—. Necesito ir con Österreich.
—Mmm... Es un caso difícil el tuyo, pero creo que se puede justificar. Nunca conseguí casarme con ninguna de las personas que conocí y son como tú en su forma de amar, pero... déjame pensar en ello.
Suiza parpadea un poco descolocado con este comentario pero asiente, preguntándose a que se refiere con "las personas que son como él en su forma de amar". Se sonroja cuando se repite en la mente el asunto de "amar", bajando la cabeza.
—Para empezar, que te hayas casado no le quita lo odiable, eso está claro, ninguna ceremonia hace que una persona deje de ser insoportable o tener defectos, así que en mi opinión puedes seguir protestándole todo lo que quieras.
—ES insoportable.
El romano sonríe con eso pensando en Britania y Cartago.
—De verdad lo es. ¡No exagero, aunque lo parezca! ¡La gente que no le crea insoportable es que no le conoce!
—¿Por qué te has casado con él entonces? Bueno, mi niño Romano aprovecha siempre el hecho de hacerle un favor para justificar esa clase de cosas.
—Bueno, una cosa es ser insoportable, otra es... —que no me agrade que lo sea. Aprieta los ojos con esa idea.
—Ya, eso puede valer para él en un momento en que quieras decirle algo bonito pero no para los que te pinchen.
—También puedo dispararles en la cabeza a los que me pinchen, por ejemplo. Aunque justificadamente se rían de mí.
—Non, non — se ríe. Suiza le mira porque no lo dice tan poco en serio.
—Ehm... ¿Y tú lo pasas bien? Donde esta Vater? —cambia el tema aun un poco tenso con todo esto.
—Creo que es mejor decirles a ellos que te convenía... ¿tal vez así dejaría de insistirte?
—¿Que me convenía? ¿Por... Dinero?
—Tal vez... o tal vez por tranquilidad mental, los amigos cerca y los enemigos más cerca.
Suiza le mira pensando que quizás nadie le crea esa... Pero... Al menos es una razón, creíble. O no.
—No lo sé, sinceramente antes me he enfadado con él.
—Oh... ¿Por?
—Está un poco tenso con el asunto de mí y tu madre.
—Ah... Mi madre. No la he visto —se acuerda y le toma un poco de tiempo el mirarle de reojo —. ¿Qué asunto contigo y mi madre? —pregunta suspicaz.
—Ninguno, en realidad —se encoge de hombros.
—No sabía que se conocieran... —apunta y nota a Austria a lo lejos —. Eh, mira, ahí está Österreich. Yo... —vacila un poquito y le mira a la cara—. Danke.
—Búscame si te molestan mucho, soy bastante bueno con la excusas del amor-odio —le guiña un ojo dejando que se vaya.
Suiza se sonroja un poquito aunque asiente agradecido a pesar de que Roma sea a veces un pesado que le da gastritis solo de ver sus cuentas de banco. Intenta acercarse caminando a toda velocidad a Austria pasando frente a Helvetia, que está apoyada contra la pared sintiendo que sigue habiendo aquí demasiada gente.
Fuerza, Suiza, ya falta menos ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!
