o0o Recomendación musical: Everything burns - Anastasia & Ben Moody.
Capítulo LI: Todo arde (Editado)
Hermione pensó que era curioso como el cuerpo aún pudiera funcionar a pesar de que el único deseo de su corazón fuera morirse. Pero lo hacía, de hecho la alejaba sin descanso del lugar donde había encontrado a Draco y a Pansy, y ella sospechaba que sólo era una vano intento de alguna parte irracional de su mente que pensaba que poner distancia de por medio ayudaría a aliviarle el dolor. Pero si de eso se trataba, Hogwarts y todo Reino Unido se quedaban pequeños. ¿Qué distancia podría aliviar un dolor tal?
Hermione sentía que su corazón roto latía pesadamente en las sienes mientras otro fragmento resistía en su pecho, intentado desesperadamente oxigenarse. No servía de mucho, porque aunque la chica tratara de respirar violentamente mientras bajaba las escaleras aferrándose a la barandilla, su boca se contraía contra su voluntad en llanto, permitiéndole únicamente respirar breves y bruscas bocanadas de aire.
No obstante, no quería, no podía, parar pues tenía la sensación de que en el mismo instante en que se detuviera, se derrumbaría.
Su mente bullía violentamente, superponiendo imágenes, voces y recuerdos. Pero la escena que acababa de ver, de algún modo conseguía una y otra vez abrirse paso entre el caos de pensamientos, opacando a los demás. Y cada vez que rememoraba a Draco y Pansy besándose, sentía una oleada de dolor extenderse por su cuerpo y las preguntas se multiplicaban.
Sangre sucia.
"Porque eres una sangre sucia". ¿era ese motivo suficiente para ser tan cruel con ella? Había cientos de sangre sucias en Hogwarts, ¿por qué la había enamorado y había hecho creer que sentía lo mismo para luego partirle el corazón precisamente a ella? ¿Qué le había hecho para merecer eso?
Pero todos sus porqués desaparecieron bajo el peso de una aplastante certeza. Lo había perdido, si es que alguna vez había llegado a tenerlo, y nunca más estarían juntos. ¿Qué importaba por qué? Todo en lo que había creído era una mentira. Él no la quería, nunca la había querido. Todos los besos, las miradas, las caricias, todos los apasionados encuentros, sus palabras, todo formaba parte de un cruel juego. Un juego para castigarla por ser una "impura".
Él había sido un gran actor y ella una gran ingenua.
Quizás debería haberlo supuesto desde el principio. El popular, refinado y elitista Draco Malfoy jamás posaría sus ojos en una insignificante impura sin ninguna oculta razón. En el fondo, ella siempre lo había sabido, pero había permitido que sus besos y sus caricias le hicieran olvidarlo, que le hicieran enviar al cuerno todas las convicciones que hasta el momento había tenido. Comportarse temeraria y estúpidamente.
Sin embargo, entre el sabor amargo que le llenaba la boca, había algo en su interior que se rebelaba contra la idea de que todo lo había vivido con Draco fuera una farsa. Era posible que él hubiera sido capaz de fingir interés por ella cuando no lo sentía, de convencerla de su amor con palabras susurradas al oído. Pero no se podían fingir las miradas ni los sentimientos que implicaba una caricia. No se podía fingir la ansiedad en un beso o la ternura en un abrazo. Y era poco probable que alguien que posiblemente nunca las había sentido con anterioridad como Draco Malfoy, pudiera simularlas con tal perfección.
No se trataba de que él se hubiera limitado a decirle que la quería, se lo había hecho sentir. ¿Habría sido eso también una ilusión? ¿El Draco que ella había conocido y del que se había enamorado era un simple engaño? ¿Una fachada? Todo su corazón se negaba a creer eso, pero una vocecita llamada razón, resonó en su interior.
¿Qué sentido tenía pensar en todo eso? No podía negar los hechos por simples intuiciones. Si él en realidad la quisiera, ¿por qué iba a mentirle de una manera tan cruel? ¿por qué iba a querer dejarla?
No importaba lo que su corazón le dijera, los argumentos lógicos eran aplastantes. Ella nunca se había guiado por intuiciones o sentimientos, sino por la lógica y la razón, pero desde que Draco Malfoy había entrado en su vida, había dejado de hacerlo.
Ahora tenía que acarrear con las consecuencias. Un corazón derrotado, un orgullo mancillado. Una vida rota.
Y cuando tropezó y calló pesadamente de rodillas sobre el suelo de piedra, Hermione pensó que no podría sentirse más patética y humillada. Incapaz de levantarse, gateó hasta la pared y apoyó la espalda en ella abandonadamente.
Ocultó el rostro en sus manos y lloró desesperadamente durante no supo cuanto tiempo, sumida en dolorosos recuerdos.
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"Me importas...me importas mucho. No te vayas..."
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"—¿Qué haces aquí? Deberías estar durmiendo.
—Tú también.
—No podía.
—Yo tampoco."
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"—¿Cómo puedes estar tan tranquilo —chillaba ella después de que Draco la hubiera abordado en medio del pasillo para robarle unos cuantos besos tras una estatua que los ocultaba de Harry y Ron —¡Podrían habernos visto! ¿Es que te da igual?
—No. Pero mereció la pena."
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"—Sabes que no lo decía en serio, ¿verdad?
—Sí. Sé que ya no lo piensas.
—No. No es que ya no lo piense, es que nunca lo he hecho. ¿Me crees? Dilo.
—Te creo, Draco, te creo."
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"—Hermione.
—¿Si?
—No me dejes nunca."
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"—Toma tu anillo. Así podrás regalárselo a la próxima.
—¡Maldita sea! No finjo que me importes. ¡Te quiero, joder!"
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Ese último recuerdo en particular hizo que el corazón de Hermione se estremeciera de dolor. Recordó el anillo de los Malfoy que aún pendía de su cuello y nerviosamente buscó bajo su camisa la cadena de plata de la que pendía, ansiosa por liberarse de la prueba más tangible de su engaño. Sintió una leve descarga extendiéndose por su cuerpo cuando las yemas de sus dedos rozaron la cadena, no obstante, tiró de ella hasta sacarla de debajo de la camisa y con dedos temblorosos buscó el cierre. Lo encontró y luchó desesperadamente por abrirlo para arrojar el anillo lejos y no volver a verlo jamás, pero tras varios intentos se dio cuenta de que estaba demasiado nerviosa para ser capaz. Optó por sacárselo por la cabeza, pero la cadena parecía demasiado pequeña para salir de ese modo a pesar de que pendiera hasta más allá de su pecho. Era como si el anillo luchara contra ella por no abandonarla, como si se estuviera burlando.
Sintió una nueva cascada de lágrimas de impotencia e indignación. Ni siquiera era capaz de quitarse su maldito anillo, que pendía de su cuello como un recordatorio de su estupidez.
"—Este anillo ha estado en mi familia desde mucho antes de que mi padre pudiera recordarlo. Se supone que es un amuleto protector. Quiero que ahora lo tengas tú.
—Pero Draco...
—Shhhh."
Ese recuerdo envió otra descarga dolorosa a su corazón que la paralizó momentáneamente y vagamente se preguntó qué sucedía cuando ya no se podía sentir más dolor. Cuando ya no se tenían fuerzas para moverse, llorar o respirar. Fuerzas para vivir.
No obstante, como si algo en su interior se hubiera roto, sintió una extraña sensación de sosiego extendiéndose por dentro, calmando su llanto y vaciando su mente de cualquier pensamiento. Permaneció apoyada contra la pared, como una muñeca de trapo abandonada en un rincón durante largos minutos, sumida en una especie de semiinconsciencia reparadora.
Al cabo intentó pensar en algo, en lo que fuera, pero su mente parecía extrañamente sedada, como si en su interior alguien apagara la luz de una vela cada vez que se encendía. Decidió que no le importaba.
Sin tener consciencia de haberlo deseado, se puso en pie lentamente apoyando su espalda contra la pared y comenzó a caminar despacio, como si errara por los pasillos del colegio en la lenta letanía de un fantasma. No tenía conciencia de a dónde se dirigía, pero tal vez algún resquicio de su antigua razón seguía funcionando, porque cuando se detuvo estaba en el hall del colegio.
—¡Hermione!¿has visto a Ro-Ro? —preguntó una voz perteneciente a un rostro que a Hermione le pareció familiar. Miró detenidamente la cara de la chica que le había hablado mientras una débil voz resonó en su interior preguntándole quién era Ro-Ro. De hecho, ¿quién era esa chica?
Lavender observó a Hermione percatándose de que algo no iba bien. Tenía mal aspecto, el rostro muy pálido, las mejillas muy coloradas y rastros de lágrimas por todas partes. Sus ojos parecían velados por una extraña bruma de confusión e irrealidad.
—Hermione, ¿estás bien?
Hermione articuló su nombre con los labios sin producir ningún sonido. Hermione. ¿Ese era su nombre?
—¿Hermione? —insistió Lavender tocándole una mano. Hermione miró entonces su mano como si sólo el contacto de Lavender le hubiera recordado que la tenía. Observó sus dedos como si fuera la primera vez que los veía y eso la maravillara. Sonrió dulcemente y después siguió caminando, evitando a la atónita Lavender.
Vio las grandes puertas del colegio entreabiertas y el sol de atardecer asomándose por ellas y decidió salir a investigar. Oyó de lejos la voz de esa chica que le había hablado pero la ignoró, siguió caminando y salió del pasillo.
Harry tamborileaba con las yemas de sus dedos sobre el tablero del ajedrez mágico sentado en la sala común frente a un concentrado Ron. Ginny apoltronada en el sillón contiguo, jugaba con Arnold, su Puff Pigmeo morado, con evidente aburrimiento esperando a que su novio y su hermano terminaran la partida.
—Vamos, Harry, mueve de una vez —le apremió Ron con impaciencia. Harry echó un vistazo a la entrada a la Sala Común, después miró brevemente el tablero y movió su torre prácticamente al azar. Ron contuvo una mueca de triunfo y con ojos brillantes preguntó:
—¿Estás seguro de que quieres hacer ese movimiento?
Harry asintió distraídamente y volvió a posar sus ojos en el pasillo que comunicaba el Retrato de la Señora Gorda con la Sala Común.
—Tú lo has querido, ¡jaque mate! ¡Gané! —exclamó Ron claramente emocionado.
—Muy bien, apúntala a tu cuenta —intervino Ginny con aburrimiento —Harry, ¿nos vamos a dar una vuelta? Hace un buen día para dar un paseo.
Pero Harry no respondió, ocupado en observar la entrada a la Sala Común con nerviosismo. ¿Qué sería de Hermione? ¿Malfoy ya habría roto con ella? ¿Estaría aún con él o vagando sola por Hogwarts? ¿Estaría bien?
—Harry. ¿Harry? ¿Me estás escuchando? —preguntó Ginny agitando su mano delante de los ojos verdes de Harry para reclamar su atención, pero él apenas se percató porque justo en ese instante Lavender hizo su entrada con pinta de estar preocupada y alterada. Harry casi saltó de la silla cuando vio a Lavender acercarse a ellos rápidamente.
—¿Qué ocurre? —preguntó Harry ansiosamente.
—Es Hermione —explicó Lavender haciendo una pausa para recuperar el resuello y probablemente para lograr más atención —Acabo de verla en el hall. No sé que le pasaba pero no parecía ella, le hablé y fue como si no me reconociera.
—¿A dónde fue? —inquirió Harry agarrándola bruscamente por los hombros.
—No lo sé —dijo Lavender boquiabierta por la reacción de Harry —La vi salir del colegio pero no sé a dónde iba.
—Mierda —masculló Harry al tiempo que echaba a correr hacia el Retrato de la Señora Gorda. Ginny y Ron salieron corriendo detrás de él de inmediato y lo alcanzaron al cruzar el retrato.
—Malfoy la ha dejado —les explicó Harry mientras tomaba el pasillo de la izquierda rumbo al hall de Hogwarts —Tenemos que encontrarla.
—¿Cómo sabes qué... —comenzó Ron confundido.
—Tú búscala por los patios interiores del colegio —le interrumpió Harry —Ginny, tu en la cabaña de Hagrid, yo le echaré un vistazo al lago.
Harry atravesó a toda velocidad los colegios de Hogwarts rumbo al lago, demasiado asustado como para pararse a invocar su Saeta de Fuego para ir más deprisa. A pesar de la punzada del flato bajo las costillas y de los descontrolados latidos de su corazón, Harry no paró de correr hasta que subió la loma que ocultaba el lago de la vista y sólo se detuvo en lo alto de ésta. Se ajustó las gafas sobre el puente de la nariz y echó una mirada rápida a las orillas del lago, deteniéndose abruptamente el encontrar un bulto negro y castaño, acurrucado cerca del agua. Harry pensó que se desmayaría de alivio al comprobar que era Hermione y corrió hacia ella con renovadas fuerzas. Sintió deseos de gritar su nombre, pero por alguna razón optó por no hacerlo y se detuvo limpiamente junto a ella.
Hermione estaba sentada, abrazando sus rodillas con la vista perdida en los reflejos de los últimos rayos de sol sobre el lago. No había lágrimas en su rostro ni tampoco en sus ojos y algo en ella le recordó a Harry a su imagen cuando estuvo petrificada en segundo curso. Simplemente parecía una estatua de carne y hueso, anclada al suelo como una roca más de las que adornaban las orillas del lago.
Harry se arrodilló a su lado sin saber muy bien qué hacer y le acarició un brazo para reclamar su atención con extremada suavidad, como si tuviera miedo de romperla. Hermione parpadeó un par de veces como si regresara a la vida y volvió su rostro hacia Harry. Le observó tratando de reconocerlo y encontró algo familiar en él que la hizo sonreír.
—Hermione —susurró Harry tomándole una mano y comprobando que estaba muy fría —Estás helada, volvamos a Hogwarts.
Hermione dejó de sonreír al oír el nombre del colegio. Sabía que lo había oído antes y no lo asociaba a nada agradable. No sabía por qué, pero estaba segura de que no quería ir a ese lugar.
—No —se quejó y liberó su mano de la Harry.
Harry miró a Hermione desesperado, tratando de comprender qué le ocurría. Se había esperado encontrarla destrozada y llorando a mares, pero por el contrario se comportaba como si fuera una niña pequeña y había un leve brillo febril en sus ojos. Indeciso, abrió de nuevo los labios para insistir pero la voz de Ginny llamándole desde lo alto de la loma que daba al lago, lo distrajo.
—¡Harry!¡La has encontrado! —exclamó Ginny claramente aliviada mientras bajaba a su encuentro. La pelirroja no necesitó que Harry le explicara nada, pues cuando llegó hasta ellos y echó un vistazo a Hermione, su expresión de alivio se vio sustituida por una mucho más grave y seria. Ambos intercambiaron una mirada de preocupación, y después con movimientos lentos y pronunciados, Ginny se arrodilló frente a Hermione.
—Hermione, ¿cómo estás? —preguntó suavemente. Hermione miró momentáneamente a la pelirroja, le sonrió suavemente sintiendo que esa chica le agradaba y después volvió su mirada hacia el lago. Le gustaban los puntuales destellos que la luz del sol arrancaba a las mansas aguas del lago.
—Hermione, ¿me oyes? —insistió Ginny frunciendo el cejo con preocupación y nervios.
—¿Qué le ocurre? —preguntó Harry mirando a su novia desesperado al comprobar que Hermione no reaccionaba.
—No estoy muy segura, creo que está en una especie de shock —explicó Ginny con voz trémula.
—Tal vez deberíamos llevarla con Pomfrey, ella sabrá que hacer... —propuso Harry a la desesperada.
—La enfermera Pomfrey sabe como curar huesos rotos y efectos de maleficios, pero no creo que pueda ayudar a Hermione.
—Entonces, ¿cómo la hacemos reaccionar? —inquirió el moreno claramente asustado. Nunca había visto a Hermione en ese estado, y era mucho peor que verla llorando.
—No lo sé, tal vez sea mejor esperar a que se le pase.
— ¿Y si nunca lo hace?
Ambos se miraron en silencio mientras el peso de esas palabras recaía sobre ellos. Hermione continuaba mirando el lago con deleite, completamente ajena a ellos.
Ginny suspiró y miró a Hermione llena de compasión, deseando que lo que iba a hacer fuera lo mejor para su amiga.
—Hermione, escúchame —pidió Ginny apretando las manos de su amiga entre las suyas. La castaña giró el rostro lentamente hacia ella y la observó con una expresión tan inocente que Ginny sintió que se le rompía el corazón —Sé que resulta muy duro pero tienes que contarnos que ha ocurrido con Malfoy.
Hermione frunció el ceño al escuchar el nombre de Malfoy. No le gustaba ese nombre, le hacía sentirse triste, dolorida y deprimida.
—Hermione —insistió Ginny con suavidad —¿Qué pasó con Malfoy? ¿Qué pasó con Draco Malfoy?
La castaña se encogió como si hubiera recibido un golpe. Draco Malfoy. No le gustaba ese nombre. Lo odiaba, lo amaba, lo necesitaba.
Como si el dique había estado conteniendo todos sus pensamientos y sentimientos se hubiera agrietado y venido abajo de repente, Hermione recordó todo lo que había sucedido con Draco y Pansy y se sintió de nuevo desgarrada por el dolor. Sintió el impulso de llorar pero algo en su interior la retuvo. Miró los rostros preocupados de Harry y Ginny, reconociéndolos de verdad y percatándose totalmente de su presencia.
—Me ha dejado —respondió con voz impersonal —Lo encontré con Pansy y muy amablemente me explicó que ha estado con las dos a la vez todo este tiempo. Me dijo que había estado jugando conmigo para reírse a mi costa con Pansy pero que ya se ha cansado de mi y que no tiene tiempo para seguir con la farsa. También me explicó que sólo me había hecho creer que sentía algo por mí para conseguir de mí lo que quería—dijo con un marcado tono de ironía. Parecía que estaba relatando lo que le había ocurrido a una tercera persona, de lo cual además se burlaba —¿Y qué más? Ah, sí. Me dijo que me había hecho todo esto por ser una sangre sucia. Más o menos eso es lo que ha ocurrido.
Ginny y Harry se quedaron paralizados a su lado, tratando por todos los medios de no dejar traslucir por en sus rostros lo que sentían, pero Hermione lo percibió en sus ojos.
—No sintáis compasión por mí —dijo Hermione en un tono desapasionado —He sido una estúpida y me he dejado engañar. Pero no volverá a ocurrir.
Y dicho esto se puso en pie y se sacudió la ropa con gran dignidad.
Ginny se levantó inmediatamente después que Hermione, pero Harry permaneció arrodillado durante unos segundos cerrando los puños en torno a puñados de gravilla de la arena del lago. Había sido un estúpido, un cómplice de la atrocidad que había cometido Malfoy. Como un auténtico imbécil le había entregado su botellita de Felix Felicis para que él pudiera partirle el corazón a su mejor amiga con toda facilidad. Por un instante en aquel puente, al ver su expresión y algo distinto en sus ojos, Harry había creído conocer a Malfoy más de lo que nunca lo había hecho. Incluso había llegado a confiar en él, seguro de que haría lo mejor para Hermione. ¿Pero cómo había podido engañarla de esa manera? Porque Harry no era tonto. Sabía que todo era un engaño. Malfoy podía ser lo que fuera, pero quería a Hermione. O al menos eso había pensado...
¿Y qué se suponía que debía hacer él ahora? ¿Mantenerse callado o contarle lo sucedido a Hermione?
O partirle la cara a Malfoy. Sí, definitivamente esa era la alternativa que más le gustaba. Hablaría con él, le lanzaría unos cuantos cruciatus y después decidiría qué hacer.
—Harry, ¿vienes? —preguntó Ginny mirándole por encima del hombro mientras se alejaba tras Hermione.
—Sí —asintió y después se puso en pie, aflojando lentamente los puños de modo que la gravilla se escurrió entre sus dedos hasta que sus manos quedaron vacías.
Ninguno de los tres habló de camino a Hogwarts, Harry sumido en sus rabiosos pensamientos de venganza, Ginny callada en desesperada impotencia y Hermione completamente ausente. Cuando llegaron a las puertas del colegio, se toparon con Ron. Estaba bastante colorado por las carreras que había dado por todo Hogwarts pero nada comparado con la tonalidad que alcanzó su rostro cuando Ginny le explicó brevemente lo que había ocurrido ante la expresión impasible e indiferente de Hermione.
—¡ESE MALDITO C....!!! CUANDO LE VEA LE VOY A METER EL PALO DE SU ESCOBA POR EL C.... Y LAS ASTILLAS BAJO LAS UÑAS! ¡PEDAZO DE HIJO DE LA GRAN P...!!!—exclamó enfurecido, soltando una gran retahíla de tacos y amenazas de torturas medievales que normalmente hubieran escandalizado a Hermione. Pero en ese momento no lo hicieron. Qué más daba.
No le importaría demasiado que Ron cumpliera sus amenazas con Malfoy o que no lo hiciera, tampoco le hubiera afectado escuchar ningún "Te lo dije" por parte de sus amigos o que Pansy Parkison hubiera aparecido para reírse de ella en su cara. Durante ese curso ya había sentido demasiado.
Ahora ya no podía sentir nada.
Harry no acompañó a sus amigos de vuelta a la Torre de Gryffindor, sino que se despidió de ellos en el hall argumentando que tenía algo que hacer, y se alejó por el pasillo que daba a las mazmorras. Sabía perfectamente dónde estaba la Torre de Slytherin después de la incursión que Ron y él habían realizado en segundo curso y su magnifico plan era merodear por la entrada hasta que algún Slytherin apareciera. No esperaba tener tanta suerte como para toparse con Malfoy, pero le pediría, no, le ordenaría a cualquiera de sus compañeros que lo hicieran venir.
Se plantó con las piernas separadas y la varita en la mano frente al escudo lleno de serpientes entrelazadas que flanqueaba la entrada a la Casa de Slytherin y esperó como un furioso centinela durante aproximadamente cinco minutos. Cuando ya se estaba planteando la idea de liarse a puñetazos con el escudo, las serpientes que lo llenaban culebrearon hacia las orillas y la pared se abrió en dos, como una puerta de piedra. Un Slytherin salió por el hueco.
—Nott, ¿dónde está el cabrón de Malfoy? Dile que le estoy esperando, necesito hablar con él. Rápido —exigió.
—Toma el pasillo de la izquierda y espera en la segunda aula. Malfoy vendrá ahora —explicó Theodore con seriedad.
—¿Cómo...
—Dijo que vendrías —se limitó a responder Nott antes de meterse las manos en los bolsillos y regresar por donde había venido.
Harry se dio media vuelta sintiendo el crujido de la entrada a la Casa de Slytherin cerrándose y siguiendo las indicaciones de Nott entró en la segunda aula del pasillo a la izquierda. El lugar estaba vacío a excepción de algunas mesas arañadas y pintarrajeadas y unas cuantas sillas destartaladas que Harry apartó a patadas. Dio vueltas por la clase como un león enjaulado, atento a cada sonido, de modo que cuando Draco apareció bajo el umbral de la puerta, Harry ya estaba esperándole con la varita en alto.
Por un momento su decisión de lanzarle un crucius y luego preguntar flaqueó al ver el aspecto de Malfoy. No había una gran diferencia entre el Malfoy que estaba frente a él y el que solía pasear por Hogwarts con aire de ser el Rey del mundo, pero había sutiles cambios que le hacían parecer otro. Tenía el pelo enredado y desordenado como si se hubiera tirado de él histéricamente, su piel tenía un tono más gris que el de esa mañana y aunque sólo habían pasado unas horas desde la última que lo había visto, sus ojeras eran ya casi azules que parecían delatar meses de insomnio. Pero lo que más impactó a Harry eran sus ojos. Estaban totalmente enrojecidos, haciendo que su gris hielo resaltara aún más con un brillo atormentado y desdichado. A Harry tampoco se le pasó por alto el detalle de que sus nudillos estaban llenos de costras de sangre seca que cubrían la carne viva. El Gryffindor sospechó que eran las consecuencias de haberse liado a golpes con todo el mobiliario de su habitación, y por primera vez en su vida, sintió compasión por Malfoy. Pero al recordar a Hermione, su furia volvió a hacer acto de presencia, desterrando cualquier otro sentimiento.
—¿Ese era tu magnifico plan, Malfoy? ¿Mentirle y partirle el corazón? Si hubiera sabido que la Felix Felicis era para eso, jamás te la hubiera dado —le espetó sin dejar de apuntarle con la varita.
—¿Crees que a mí me ha gustado hacerlo, Potter? ¿crees que lo he disfrutado? Tú no tienes ni puta idea de nada —escupió Draco en el mismo tono que Harry había empleado para dirigirse a él.
—¡Entonces explícamelo! Entiendo por qué tienes que dejarla pero no por qué lo has hecho de este modo tan rastrero.
—Lo he hecho para protegerla.
—¿Protegerla? ¿De quién?
—De mí.
—¿De ti?
—Sí. Tal vez ella habría sido capaz de permanecer alejada de mi, pero yo no de ella. Y el recaer, el volver a estar juntos una sola vez, podría costarle la vida. Por eso la he alejado lo máximo posible de mí, para que ella no quiera volver a estar conmigo nunca, aunque yo intentara disuadirla.
—Podrías haberle dicho la verdad, ella lo hubiera comprendido...
—No espero que lo entiendas y en realidad me trae sin cuidado que lo hagas o no —respondió Draco con desdén —Sé que el perfecto San Potter habría dicho la verdad, pero en este caso, la verdad no es tan segura como la mentira. Y si te importara Hermione, te alegrarías de que haya eliminado la posibilidad de que su vida corra cualquier riesgo.
Harry titubeó durante unos segundos, por mucho que su cómoda rabia se empeñara en mantenerse y engordarse, en alguna parte de él, comenzaba a entender a Draco Malfoy.
—Sabía que vendrías a reclamarme —continuó Draco —y si me he molestado en venir a hablar contigo ha sido únicamente para asegurarme de que no le dirás la verdad a Hermione. Nunca.
—Ella tiene derecho a saber la verdad —respondió Harry tozudamente.
—También tiene derecho a ser feliz y si sigues removiendo en la herida, si no me odia, le será más difícil dejar todo esto atrás. Y en todo caso, soy yo el que tendría que decírsela, no tú, Potter.
Harry guardó un empecinado silencio, que no era más que la muestra de la última de sus reservas cayendo. Por más que le doliera y le llenara de impotencia, Malfoy tenía razón. No era él quien debía contarle la verdad a Hermione y él hacerlo, podría dañarla aún más ahora que ya había recibido el golpe. Si es que le creía.
—¿Me das entonces tu palabra de que jamás le contarás nada de esto a Hermione? —insistió Draco.
—No creí que tú fueras de los que se fiaban de la palabra de nadie —respondió Harry únicamente para ganar tiempo antes de dar su brazo a torcer.
—Sino puedo fiarme de San Potter, ¿de quién sino? —preguntó con ironía pero sin hostilidad y mostró una leve sonrisa. La sonrisa de alguien a quien ya no le importa nada, de alguien que ya no tiene por que luchar.
Harry y Draco se sostuvieron las miradas por unos largos y cargados segundos. Después Harry asintió y se dirigió a la puerta del aula, no obstante, la voz de Draco le detuvo cuando iba a salir.
—Y Potter... cuida de ella por mí —dijo con una voz ahogada y desgarrada que hizo que Harry supiera que el Slytherin estaba a punto de derrumbarse. Incómodo, evitó mirar a Malfoy, pero respondió.
—Lo haré —y después se marchó, dejando a Draco Malfoy a solas con su dolor.
Aunque sólo eran las ocho de la tarde cuando Ron, Ginny y ella regresaron a la Torre de Gryffindor, Hermione decidió irse a acostar. No tenía ganas de hablar con sus amigos y de volver sobre lo ocurrido pues tenía miedo de derrumbarse de nuevo si lo hacía. En realidad creía que nunca tendría ganas de hablar sobre lo sucedido. Lo único que quería era olvidarlo, enterrarlo en el rincón más recóndito de su interior, con la esperanza de que así dejara de dolerle. Con la esperanza de que algún día pudiera volver a sentirse bien, feliz.
Agradeció a Merlín que su cuarto estuviera vacío y Crookshanks dormido a los pies de la cama. No soportaría las impertinentes preguntas de Lavender ni las miradas de reojo de Parvati. No quería ver a nadie, no soportaba estar con nadie. Ni siquiera consigo misma.
Lentamente, más por costumbre que por necesidad, se quitó la capa de Hogwarts y la corbata con los colores de Gryffindor y los colocó doblados cuidadosamente sobre el arcón que había a los pies de su cama. Al hacerlo quedó frente al espejo decorado con florecillas rosas por todos sus bordes que Lavender había instalado en su habitación y vio el reflejo de algo brillando en su pecho.
El maldito anillo de los Malfoy. Hermione estaba decidida a quitárselo, fuera como fuera. Sentía que le quemaba la piel a través de la tela y que tiraba de su cuello como si fuera muy pesado. Le hacía sentirse sucia y humillada. No quería saber nada de los Malfoy.
Odiaba a los Malfoy. Odiaba a Draco Malfoy y a su estúpido anillo.
Buscó de nuevo el cierre de la cadena, chascando la lengua al comprobar que la piedra verde brillaba constantemente. No eran ocasionales fogonazos, sino una luz verde permanente que parecía instaurada en la misma piedra. Tratando de ignorarla, forcejeó durante unos furiosos instantes con el broche de la cadena, pero como le había sucedido en el pasillo, no fue capaz de desabrocharlo. Parecía haberse quedado atascado o fundido. Furiosa, cogió su varita y lanzó un hechizo contra el cierre, que inmediatamente se abrió y la cadena y el anillo cayeron al suelo.
De una patada, el anillo rodó bajo la cama y la cadena quedó arrinconada contra el arcón de madera envejecida. Después, arrancó literalmente el cajón de su mesilla y caminó hasta la ventana con él en las manos. Abrió la ventana con rabia, y arrojó al vacío la rosa negra envuelta en terciopelo que una vez él le había regalado. También los últimos bombones de menta y todas las notas que Draco le había enviado.
Colocó de nuevo el cajón en su sitio y se sentó con enfado en la cama. Y entonces lo sintió, percibió perfectamente cómo las cuatro paredes de su habitación, como todo su mundo se le caía encima. Se arrojó contra la almohada, cerró los ojos y calladamente comenzó a llorar.
Hermione se despertó abruptamente en mitad de la oscuridad. Durante unos segundos no supo donde se encontraba, pero pronto reconoció la manta que la tapaba. Buscando a tientas su varita bajo la almohada, susurró un "lumos" y una breve llama iluminó su cama. Hermione frunció el entrecejo observando la manta de cuadros escoceses bajo la que estaba arropada y los doseles de su cama corridos. No recordaba haber corrido las cortinas ni haberse tapado, de hecho, lo último que recordaba era haber estado llorando tirada en la cama. Tal vez Lavender o Parvati la hubieran tapado, pensó.
Se frotó los ojos notando los párpados hinchados y pestañeó un par de veces hasta que se acostumbró a la oscuridad, sintiendo que el dolor y la angustia llenaban de nuevo su corazón. Intentó desesperadamente no pensar en lo ocurrido y concentrándose en los doseles para tratar de vaciar su mente, percibió una leve luz verdosa colándose entre las cortinas.
Arrugó la frente con extrañeza y descorrió un poco los doseles comprobando que la habitación estaba casi completamente a oscuras.
Casi, porque una extraña luz verde rodeaba su cama. Hermione asomó sus pies por un lado de la cama, se bajó de ella y se arrodilló buscando el origen de la luz. Sintió que una garra le estrujaba el corazón cuando cayó en la cuenta de que se trataba del anillo de serpientes de Draco. Alargó una mano bajo la cama y lo recuperó, maldiciéndolo silenciosamente por brillar de ese modo.
¿Qué demonios le ocurría?
Furiosa, lo arrojó dentro del cajón de su mesita y cerró bruscamente, sin calmarse al comprobar que la luz verde apenas era visible. ¿Qué pasaba con el anillo? ¿Por qué desde que Draco la había dejado brillaba de esa forma? Tal vez se tratara de que quería volver con su legítimo dueño y esa era su manera de reclamarlo.
Haciendo de tripas corazón, Hermione decidió que el lunes se lo devolvería a Draco. No es que quisiera conservar ese odioso anillo, pero la idea de ver a Draco hacía que su estomago se llenara de angustia. Mientras volvía a meterse en la cama, Hermione se recordó que era una valiente Gryffindor y no una escurridiza Slytherin. No evitaría a Draco por mucho que le doliera verle, y no pensaba dejar que el percibiera todo el daño que había hecho. Una vez le hubiera devuelto el dichoso anillo, Draco Malfoy dejaría de existir para ella.
Para siempre.
Hola lindas!
Este capítulo no será en penúltimo, de modo que quedan otros dos. La razón es que, como siempre, me enrollo más que las persianas y entre hacer un chap. kilométrico y tardar mil siglos más, o hacer dos y actualizar antes, tomé la segunda opción. Sé que este ha sido un chap. un poco pesado y de transición, pero necesario. Básicamente se ha visto la reacción de la pobre Hermione y de sus amigos, y Harry y Draco han mantenido una charla interesante...Si al final se acabarán haciendo amigos xD Luego está el detalle del anillo, ¿por qué creéis que brilla sin parar?
El anillo tendrá un papel importante en el siguiente chap. ;) ahí lo dejo. Y pretendo que el chap. final sea diferente a todos los que habéis leído hasta ahora, porque no será en el colegio y si me sale bien, le daré un buen giro a la historia :).
No puedo responderos los r&r que me dejasteis en el chap. anterior :( porque estoy en un ordenador de prestado y hasta que pasen las vacaciones, estaré así. Pero en líneas generales veo que hay división de opiniones respecto a lo que Draco hizo. Algunas lo entendéis y sentís más pena de él que de Hermione y otras opináis que debería haberle dicho la verdad. Yo pienso que todas tenéis razón por una parte xD pero puesto que yo lo escribí, obviamente entiendo porque lo hizo Draco (al menos en mi mente, no sé si lo he explicado muy bien xD). Al final hasta Harry sintió algo de pena por él...
Bienvenidas las nuevas incorporaciones y gracias a las que os habéis animado a dejarme un r&r por primera vez, y sobre todo, gracias a todas por escribirme, leerme y apoyarme :) Ya hemos superado la barrera de los dos mil r&r y yo estoy que no cago xD De verdad, no me lo creo, sois mi mejor regalo de Navidad ;) Gracias por todo!!!
Pasando a otra cosa, ¿os han llegado mis regalos navideños en forma de Draco, Theodore, Ben, etc? xD Espero que si y que les estéis dando buen uso ;)
Por último, como no actualizaré hasta el 2007 xD (suena a mucho tiempo xD) os quiero desear a todas un MUY FELIZ AÑO! Espero que el año que viene sea mejor que el que se está acabando ;) aunque para mi será difícil después de lo que me ha pasado con vosotras :)
Con mucho cariño y los mejores deseos para el nuevo año, Dry!!!
