Cap. 49: Resultados
La cara de Ginny empalideció hasta cotas preocupantes en cuanto escuchó a Snape decir esa frase. ¿La felicitaba? Eso sólo podía significar una cosa... El peor de sus temores confirmado. «¡Oh, Dios mío! ¿Qué voy a hacer ahora? ¿Cómo se lo voy a decir a Harry? ¿Cómo voy a tener el valor de mirar a mi madre a la cara de nuevo?». Cerró los ojos, notando que el nivel de humedad ascendía de modo incontrolable.
—Pero Severus— oyó que replicaba Hermione—, yo no he visto ningún punto rojo... ¿Cómo es posible...?
—Porque no lo es— respondió el profesor, poniéndose en pie—. La prueba ha dado negativa. De ahí que felicitase a la señorita Weasley por...
Ginny abrió los ojos de golpe y se sentó. Miró al profesor con las lágrimas resbalándole por las mejillas.
—Entonces, ¿no estoy embarazada?
Severus se lo pensó un momento.
—No, no lo está. Y se lo digo con la seguridad de que la prueba es cien por cien fiable. Si ha dado negativo, es porque no hay ningún Pottercillo creciendo en su interior.
A Ginny se le escapó un jadeo de estupefacción. Empezó a reírse y miró a Hermione, todavía con la boca abierta. Se levantó y abrazó a su amiga, sollozando entre carcajadas.
—Oh, Dios, Hermione, no estoy embarazada, ¡no estoy embarazada!
—Lo sé, Ginny, lo sé. ¡Felicidades!
Ambas daban saltos mientras se abrazaban y lloraban. Severus se había apartado un poco y observaba la escena con una ceja en alto. Podía apreciar a simple vista que acababa de quitarle un peso monumental de encima a la señorita Weasley.
— ¡No estoy embarazada! ¡No lo estoy!— seguía repitiendo la pelirroja, exultante—. Nunca me había sentido tan aliviada y feliz a la vez.
Las exclamaciones de celebración duraron unos minutos más, hasta que las jóvenes se separaron medio riendo, medio llorando. Ginny dio un paso hacia Snape, que no se había movido del sitio al que se había retirado, secándose los ojos con el dorso de la mano.
—Muchas gracias por todo lo que ha hecho, profesor. Me he dado cuenta de que si no me hubiera hecho la prueba, habría acabado arrancándome de los pelos de la desesperación, y de modo literal, además.
—Ha sido un placer, señorita Weasley. Felicidades de nuevo.
Extendió la mano para que el agradecimiento quedase completamente formal, pero la chica ignoró su gesto y se puso de puntillas para darle un beso en la mejilla.
—Gracias— volvió a repetir cuando se separó de él, mirándolo con gratitud sincera.
Severus no pudo evitar enarcar una ceja, pero sus labios lo traicionaron al curvarse en una leve— levísima— sonrisa.
—Considero esto del todo inapropiado, señorita Weasley, pero lo dejaré pasar por lo... festivo de la ocasión.
Ginny empezó a reírse con ganas.
— ¿Sabe una cosa? Cuando deja entrever su lado amable, resulta incluso atractivo.
A Severus no le dio tiempo a replicar ninguno de sus ingeniosos sarcasmos, pues Hermione, acercándose rápidamente a él y rodeando su cintura con un brazo, apostilló:
—Oye, oye, pelirroja... Cuidado con lo que dices, que éste es mío.
El profesor sonrió complacido. Le había gustado más de lo que estaba dispuesto a admitir que la joven leona sacase tan rápido las garras para defender lo que era incuestionablemente suyo de posibles amenazas. Fue entonces cuando deslizó su brazo por la espalda de ella y afianzó la mano en su cadera.
—Lo sé, lo sé, Herms, tranquila... Te aseguro que con mi buscador tengo más que suficiente— contestó Ginny entre risotadas.
Estaba tan eufórica que no podía parar de reír. Cualquiera que la hubiera visto entrar en el despacho y la viera salir en ese momento, pensaría que se trataba de dos personas distintas.
—Pero no puedo evitar estar de acuerdo con ella— dijo Hermione, girándose parcialmente hacia el hombre—. Gracias por lo que has hecho.
Acto seguido, lo besó suavemente en la mejilla. Severus bajó la cabeza para alargar el contacto, y cuando los labios de Hermione dejaron de rozar su cara, un escalofrío lo recorrió de arriba abajo. No había sido un beso fuera de lo común. Ni siquiera estaba seguro de que pudiera ser catalogado como un beso, sino, tal vez, como una caricia, una caricia muy intensa... que había erizado cada poro de su piel. Estaba tan cargada de sentimientos que el profesor se preguntó con total asombro cómo no le habían temblado las piernas. La miró a los ojos con toda la intensidad que pudo sacar de su alma.
—Bueno, creo que es el momento de que yo me vaya a la sala común a celebrar que Gryffindor vuelve a ser campeón de quidditch un año más— comentó Ginny con una sonrisa, viendo que la situación empezaba a acaramelarse entre los tortolitos—. Gracias de nuevo, profesor. Y a ti también, Hermione.
—De nada, Ginny— contestó la castaña, a la vez que Severus hacía una leve inclinación de cabeza.
—Y tú, ¿te vienes?— preguntó, aun conociendo la respuesta.
—Sí, pero... dentro de un rato. Voy a ayudar a Severus a limpiar todo esto.
Se preguntó cómo tenía el valor de mentir como una bellaca así por las buenas: con un giro de varita, Snape habría recogido el despacho completo. Le agradeció a Ginny que le siguiese la corriente.
—Claro... pero ven. Los chicos no te perdonarían que no estuvieras en la fiesta que, seguro, tendrán pensado montar.
—Te lo prometo.
La pelirroja sonrió con picardía, guiñándole un ojo.
—Entonces, luego nos vemos. Que se os dé bien la... limpieza. ¡Hasta luego!
Y salió del despacho trotando alegremente. La puerta se cerró tras ella, y Severus y Hermione, que continuaban agarrados, se quedaron solos.
—Conque "ayudarme a limpiar", ¿no, Granger?— susurró el profesor en el oído de la chica, provocando que ésta se sonrojara—. No había escuchado una excusa tan mala desde...— puso un gesto exageradamente pensativo y después volvió a mirarla—. Nunca. Granger, eres un completo desastre mintiendo— concluyó, suspirando con gesto derrotado.
Hermione se separó de él con brusquedad y lo fulminó con la mirada.
—Y tú eres un...
— ¿Maestro?
— ¡Murciélago!— exclamó la chica, cruzándose de brazos—. Pero no te preocupes... Que si tanto temes que se descubra mi mentira, podemos ahorrarnos la limpieza y despedirnos hasta mañana.
Ante la no respuesta de Severus, se dio la vuelta con paso decidido, dispuesta a llegar hasta la puerta y salir si era necesario. Todo su cuerpo tembló cuando la puerta volvió a cerrarse de golpe por la presencia de una oscura figura detrás de ella.
—Tsk, tsk, Granger...— susurró, aspirando el aroma de su cabello con fuerza, cerca... torturadoramente cerca— Eres demasiado susceptible. ¿No lo has notado todavía? Me encanta hacerte enfadar.
Hermione se dio la vuelta, quedando atrapada entre el pecho de Severus y la puerta.
—Eres un bastardo impresentable, ¿lo sabías?— susurró la chica, recuperando los colores que ya se le habían bajado.
—Dime algo que no sepa ya...
—Y... y tú...
—Vamos, Granger, ¿no me digas que has perdido tu acostumbrada locuacidad? Y yo que ya estaba dispuesto a soportar tu irritante parloteo al menos durante treinta o cuarenta años más...
Hermione lo miró a los ojos con desafío, frunciendo los labios.
—Además, no habrás creído de verdad que voy a tolerar ese desmadre que va a producirse en la sala común de Gryffindor así por las buenas... Si no estoy ocupado, es posible que me pase por la zona para rebajar un poco el nivel de los rubíes en vuestro reloj de arena.
— ¿Me estás chantajeando, Snape?
—No... ¿Cómo lo has notado?
La muchacha frunció el ceño.
—Llámalo como quieras, Granger, pero entiende que no me apetezca en absoluto que vayas a emborracharte con tus amiguitos y a hacer Merlín-sabe-qué-cosas por ahí...
—Lo primero: yo NO bebo, así que no voy a hacer Merlín-sabe-qué-cosas si voy a la fiesta...
Se acercó aún más a Severus y pegó su boca a la de él.
—Y en segundo lugar, si me emborrachara, lo que haría sería venir a buscarte para que... ¿Cómo era eso? ¡Ah, sí! Fornicáramos en todas las esquinas del colegio...
—Quizás deba dejar que vayas a emborracharte con esos mequetrefes entonces... O mejor: emborracharte yo mismo— respondió Severus sin separar sus labios de los de Hermione, esbozando una sonrisa malévola.
Hermione lo besó entonces y se separó de él.
— ¡Sabía que tú también te habías formado esa imagen en la cabeza! ¡Lo sabía!
— ¿Y qué? No pensarías que iba a admitir algo así delante de tu amiguita Weasley...
— ¿Entonces no lo niegas?
— ¿El qué, que quiera fornicar con mi insufrible sabelotodo en cada esquina de este jodido castillo?
Hermione fingió que se escandalizaba, y Severus concluyó:
—No, no lo niego.
Y se lanzó con rapidez a capturar el labio de abajo de la chica, arrancándole un gemido de rendición. La abrazó por la cintura y la pegó a sí todo lo que su cuerpo le permitió. «Eres mía, Hermione Granger, mía, mía y sólo mía». Jadeó al notar cómo las manos de ella se agarraban a la tela de su espalda con desesperación, con ansia, con agresividad... Subió uno de sus brazos a su nuca, enterrándolo en el mar de rizos castaños, y la besó como nunca la había besado. «Absolutamente mía... Mía, mía, mía y nada más que mía». Su cuerpo reaccionó entonces, reclamando como suyo el del pequeño ser que estaba estrechando entre sus brazos. La aupó para que rodeara su cintura con las piernas, y la chica se adaptó a sus movimientos como si fuera una prolongación de su propio cuerpo. «Tan mía que ya no sé dónde acaba mi cuerpo y empieza el suyo. Mía por sobre todas las cosas». Rompieron el beso casi sin aliento. La excitación del profesor no pudo llegar más alto que cuando oyó a la castaña preguntar con sonrisa pícara:
— ¿Para qué decías que habías traído ese sofá?
Un gruñido salvaje se escapó de la garganta de Severus, que caminó intentando no tropezar hasta llegar al mueble donde había permanecido tumbada Ginny los minutos antes de realizar el Probationem Graviditatum. Dejó a Hermione con delicadeza, robándole dos o tres besos más antes de incorporarse de nuevo.
— ¿A dónde vas?— preguntó la chica con tono infantil, mirándolo con preocupación.
—A hechizar la puerta, Granger. ¿No querrás que alguien nos interrumpa mientras...?
— ¿... fornicamos?
—Exactamente— sonrió Severus, sacando su varita y bloqueando la puerta para que todo intento de acceso a la habitación se viese frustrado.
Hechizó la chimenea también y se dio la vuelta hacia Hermione mientras volvía a meter su varita en un bolsillo. Se fijó en que la chica lo miraba de un modo extraño, un modo al que todavía no terminaba de acostumbrarse: sus ojos se habían iluminado, como si estuviese a punto de llorar, pero cubiertos con un velo totalmente distinto... Amor, lo llamaban algunos. «Mía hasta que me duela el alma porque esté fundiéndose con la tuya. Mía hasta sentirlo en cada centímetro de mi cuerpo. Solamente mía. Mía...».
—... para siempre— se le escapó en voz alta, haciendo que Hermione frunciera el ceño.
— ¿Para siempre qué?
Severus movió la cabeza a los lados, volviendo a la realidad.
— ¿Te encuentras bien, Sev?— preguntó la chica con preocupación, incorporándose un tanto.
—Sí, sí, estoy bien. Y con "para siempre" me refería a ese sofá, Granger...— disimuló—. Si me demuestras que podemos hacer un uso apropiado de él, quizás me plantee dejarlo por tiempo indefinido.
La joven lo miró con recelo durante unos instantes más, pero luego se echó a reír.
—Pues entonces espero que lo hayas asegurado, porque voy a hacerte una muestra más que satisfactoria de lo que yo considero un "uso apropiado".
Snape rió entre dientes y se dispuso a colocarse sobre Hermione, que abrió un poco las piernas para que cupiese con comodidad.
—Hmm, ¿me está amenazando, señorita Granger?
—Sólo advirtiéndole, profesor. Para que luego no diga que cualquiera de los accidentes que es posible que se produzcan se debieron a mi torpeza.
—Descuide, será un placer... compartir la responsabilidad con usted.
Hermione sonrió, primero con los labios a la frase de Severus, pero después con los ojos, mirando al hombre sobre ella con un brillo de ternura que lo hizo estremecerse. La chica subió la mano con lentitud y acarició suavemente su mejilla.
—No te puedes hacer una idea de cuánto te quiero, Severus— susurró, atrayendo la cara de él hacia la suya propia, deseosa de tenerlo una vez más dentro de su cuerpo, haciéndola sentirse el ser más especial de la tierra, el más amado, el más afortunado por tener a alguien como él queriéndola de esa manera...
—Algún día comprenderás— respondió Severus pegado a su boca— la fuerza con la que iluminas mi vida cada día, en cada momento, a cada instante...
—Algún día— repitió Hermione, conteniendo las lágrimas que habían llenado sus ojos y batallaban por salir.
— ¡Ginny!— exclamó Harry nada más verla entrar en la sala común.
Fue hacia ella, pero a mitad de camino la chica se había encontrado ya con él y se había abrazado a su cuello con vehemencia, besándolo con pasión. El joven Gryffindor estaba tan sorprendido que no reaccionó hasta unos segundos más tarde, cuando también rodeó a su novia por la cintura y correspondió a su beso. Se separaron unos instantes después, sin apenas respiración, mirándose a los ojos.
— ¿Qué... qué ha pasado, Ginny? ¿Dónde estabas? Desapareciste después del partido...
—Sí, lo sé, Harry. Llevo varios días desaparecida, y lo siento, pero ya estoy aquí. Perdóname si te lo he hecho pasar mal.
—Pero, ¿qué te pasó para que estuvieras así? ¿Hice algo que no...?
—Te lo contaré, Harry, pero no aquí. No ahora.
El chico iba a replicar, pero la pelirroja le puso un dedo en los labios.
—Ahora es momento de celebrar que hemos ganado.
La cara de Harry se iluminó con una enorme sonrisa. Estaba más que satisfecho. Ginny tenía razón... Ya encontrarían un momento para hablarlo todo con calma.
—Hey, Ginny, hasta que apareces...
Ron se acercó a ellos sorteando a la gran cantidad de alumnos que abarrotaban la sala común entre risas y palmadas en la espalda.
—Hola, Ron.
— ¿Dónde está Hermione?— preguntó, mirando esperanzado por encima del hombro de Ginny como si la castaña estuviese detrás de ella.
La pelirroja miró a su hermano sin decir nada, esperando que el brillo de su mirada fuera suficiente respuesta. Algo se apagó en los del pelirrojo.
—Ah, ya... Claro, Sn...
Harry le dio un codazo a su amigo para que no metiese la pata. Con la cantidad de gente que había en la sala común, la noticia de que Hermione tenía un lío con Snape correría como la pólvora. Y eso no sería bueno para nadie.
—Pero me prometió que vendría— se apresuró a aclarar Ginny, antes de que a su hermano le diese por subir a tirarse desde algún sitio—. Estará con él un rato y después vendrá. Seguro que estará con nosotros para comer, ya veréis.
Los dos amigos asintieron con la cabeza.
— ¡Vamos, chicos! ¡Hemos ganado la copa de quidditch! ¿A qué vienen esas caras tan largas?
Ninguno pudo evitar que una sonrisa curvara sus labios. Sí, lo habían hecho una vez más... Gryffindor campeona, Gryffindor imbatible... Tenían mucho que celebrar.
Hermione se revolvió un poco bajo el cuerpo desnudo de Severus, que permanecía encima de ella con la cabeza apoyada sobre su pecho. Le acariciaba el cabello negro a un ritmo constante, con una sonrisa de felicidad plena en el rostro.
— ¿Sabes una cosa, Granger?— escuchó que preguntaba Severus con la voz ronca, acariciándole el seno derecho con su aliento—. Apruebo con creces tu concepto de "un uso apropiado" de las cosas.
La sonrisa de Hermione se ensanchó.
—Me alegro mucho de que por fin estemos de acuerdo en algo.
Severus asintió con gruñido y cerró los ojos. El pecho de la chica resultaba una más que reconfortante almohada, que no hacía sino eliminar sus pocas— o ninguna— ganas de levantarse de ella y dejarla marchar con sus amigos. Una vibración de la caja torácica le hizo abrir los párpados de nuevo y, al segundo siguiente, escuchó una carcajada. Levantó la cabeza para ver a qué se debía.
— ¿Sabes lo que acabo de recordar?— le preguntó Hermione entre risas.
— ¿Cómo iba a saberlo si me tienes vetado el uso de la Legeremancia contigo?— repuso el profesor con mordacidad, alzando una ceja.
—Era una pregunta retórica, murciélago— dijo la chica, dándole un suave puñetazo en el brazo—. Acabo de acordarme de que cuando conocí a Stefan Stapleton... Bueno, ya me entiendes... Pensé... Pensé que era hijo tuyo.
— ¿Pensaste que mi yo joven era mi hijo? ¿Pensaste... que yo tenía un hijo?
Hermione enrojeció.
—Bueno, admite que era una posibilidad más que aceptable... Por lo menos, más aceptable que el hecho de que se tratara de ti mismo rejuvenecido.
Severus la miró con gesto burlesco, lo que provocó que la joven bufara.
—Y, por cierto... Eso es algo que nunca me has explicado.
Lo miró con ojos de pícara curiosidad, sabiendo que no era necesario añadir nada más para que su petición se entendiera.
—Tal vez porque ni siquiera yo lo comprendo, Granger. Ni Dumbledore tampoco.
—Pero, ¿cuándo te pasó? ¿Dónde?
Snape la miró con el ceño fruncido, reticente a hablar de eso con ella, pero la insistencia latente en las pupilas de la chica acabó persuadiéndolo.
—Fue durante las vacaciones de verano del año pasado... Estaba en medio de una misión para Dumbledore, tras los pasos de Bellatrix y los suyos. Todo ocurrió en Godric's Hollow, en...
— ¿En?— intentó ayudarlo Hermione, viendo que no continuaba.
—En las ruinas de la casa de los Potter.
— ¿Donde Voldemort...?
—Sí— la cortó Severus—, donde el Señor Tenebroso le hizo la marca de fama a tu amiguito en la frente.
Hermione frunció el ceño. Seguía sin gustarle que el profesor se metiera gratuitamente con Harry por algo de lo que él no tenía la culpa.
— ¿Pasó sin más?— preguntó, tratando de volver al tema inicial.
—Fue algo extraño... Bellatrix y yo nos batíamos en duelo cuando una luz blanca nos envolvió. Dejé de ver a mi oponente por unos instantes y, cuando todo se apagó, ella había desaparecido y yo ya tenía el otro cuerpo. Lo primero que hice, por supuesto, fue venir a Hogwarts a pedirle explicaciones a Dumbledore. El resto ya lo sabes.
Hermione se incorporó un poco y lo besó. Sentía la textura del pecho de él acariciando sus senos, y se dijo que en ningún otro sitio podría sentirse más a gusto que debajo del profesor, tal y como estaba en esos momentos.
—No se me ocurre qué pudo pasar... pero no deja de resultarme curioso que te ocurriera precisamente en casa de... la madre de Harry.
En el último momento había cambiado "Lily Evans" por una forma más impersonal. Por mucho que lo intentaba, no podía evitar que se le revolviera el estómago cada vez que la pelirroja de ojos verdes salía en una conversación.
— ¿Insinúas algo?— preguntó Snape con gesto sarcástico.
—N-no... Yo solamente digo que... que...
El hombre sonrió ante el titubeo y el rubor de la chica, y bajó la cabeza para darle un suave beso en la nariz.
— ¿Por qué siempre que hablamos de Lily Potter— a Hermione no le pasó desapercibido que Severus la había llamado por su nombre de casada— acabas poniéndote de un tono amarillo-verdoso?
—Por lo mismo que tú pasas del rojo al morado cada vez que menciono a Ron o al profesor Wellman— contraatacó ella con las mejillas encendidas.
—Touché— susurró entre dientes, a la vez que Hermione sonreía, más relajada.
—No es nada— comentó unos segundos después—, sólo que... me resulta curioso, nada más.
— ¿Porque pueda estar relacionado? La verdad, yo no veo por qué tenga algo que ver una cosa con la otra— contestó, aparentando más seguridad de la que en realidad sentía.
—Da igual, supongo— suspiró Hermione, bajando los ojos—. Relacionado con Lily Evans o no... me alegro de que pasara.
—Para mí fue algo más que difícil— Dumbledore es testigo de ello—, pero... Ahora también me alegro. Llevo alegrándome desde el momento en que me choqué contigo en el Callejón Diagon.
Hermione sonrió ampliamente.
—Fuiste muy gentil ese día... Me ayudaste a recoger mis libros y a levantarme.
—Sí, recuerdo que estuvimos agarrados de la mano más tiempo del conveniente. Desde ese momento, no pude apartarte de mis pensamientos ni un minuto.
— ¿En serio?— preguntó la chica con escepticismo.
—No podía dejar de pensar en lo irritante que resultaba la forma en que me hablabas o me mirabas, como si lo supieras todo de mí y pudieras darte el lujo de quedar siempre por encima...
Hermione frunció el ceño. No estaba muy segura de que eso fuese precisamente un piropo.
— ¡Me imitabas!— explicó Severus con entusiasmo un instante después, viendo que la joven parecía no entenderlo—. Con otra actitud, movida por una mezcla de tu curiosidad innata, tu amabilidad y la conciencia de tu gran inteligencia... Pero da igual: Hacías lo mismo que yo, y eso fue algo que me descolocó por completo y me fascinó a partes iguales.
— ¿Te fascinó algo de mí?— preguntó la chica verdaderamente sorprendida—. ¿A ti?
—Me fascinan muchas cosas de ti, insufrible sabelotodo... El que todavía te sorprendas con algo de lo que te digo, entre ellas.
—Bueno, entiende que cuando oigo al hombre más hermético que he conocido nunca decir que le fascina— no "gusta", no, fascina— algo de mí, me sorprenda.
Severus rió entre dientes y le mordisqueó, juguetón, el labio inferior. La joven se dejó hacer, feliz y tranquila como estaba. No podía creer que por fin las cosas fueran bien.
—Oye, Sev— dijo unos minutos después, empujándolo del pecho para que dejase de besarla y la mirara—, ¿qué hora es?
Snape giró perezosamente la cabeza para mirar a un viejo reloj de pared que había al fondo de la habitación.
—Creo que la hora de comer.
Y sin añadir nada más, se puso en pie con agilidad y se dirigió a sus aposentos, recuperando por el camino todas sus prendas de vestir. Hermione se incorporó un poco para observarlo, tomando conciencia de pronto de su total desnudez. No pudo evitar ruborizarse. Se apresuró a levantarse, buscando su ropa con la mirada a la vez que trataba de taparse con los brazos. Localizó todas sus prendas en uno de los lados más alejados de la habitación. «Qué curioso... No recordaba haberlas tirado tan lejos». Corrió hacia ellas, rogando interiormente que Severus no volviese a la habitación antes de que se hubiese puesto, al menos, la ropa interior. Se agachó a recoger el rebuño de telas, rebuscando para ver si la encontraba, quedando de espaldas a la puerta por la que había desaparecido Severus. De ahí que no se percatara de nada cuando el hombre volvió al despacho. El profesor se la quedó mirando con media sonrisa apoyado en una de las jambas. Se dijo que Hermione nunca llegaría a imaginarse que su mera visión suponía para él el mismísimo paraíso.
—Hmm, bonitas vistas, señorita Granger— comentó con malicia, viendo lo apurada que estaba la chica.
Hermione se levantó automáticamente por la sorpresa, dejando caer la ropa que ya había conseguido medio ordenar de sus manos otra vez al suelo. Se puso completamente roja, y ni siquiera se atrevió a darse la vuelta.
— ¿A qué debemos tal despliegue de sus encantos?
Hermione giró la cabeza lo justo para ver por encima de su hombro, y enrojeció aún más al chocar con la mirada lasciva del hombre. Volvió a mirar al frente rápidamente.
— ¿Has oído hablar de un concepto llamado privacidad? Porque a mí me resulta de lo más interesante... Ya sabes: Permitir que la otra persona se vista sin presiones y...— cerró los ojos y apretó los puños—. ¡Por Merlín, Severus, deja de mirarme así!
Iba a mirar otra vez para ver si el profesor había obedecido, cuando unas pálidas manos de finos dedos posándose sobre sus hombros la detuvieron.
— ¿Así... cómo?— susurró Severus en su oído, haciendo que se le erizara el vello de la nuca—. ¿Así como si fueras lo más hermoso que he visto nunca? ¿Así como si deseara hasta el último resquicio de tu ser? ¿Así como si anhelara hacerte el amor una y otra vez durante el resto de mi vida? ¿Así... Hermione?
La joven no contestó. Temblaba demasiado como para controlar su voz. Iba a subir una mano para alcanzar la de él, pero entonces Snape rompió el contacto. Fue a protestar porque el hombre hubiera acabado con un momento tan bonito de un modo tan brusco, pero apenas tuvo tiempo de despegar los labios, pues una suave tela se abrazó a la piel de su espalda como una negra sombra.
— ¿Así... mejor?— preguntó Severus, rodeándola con sus brazos a la vez que tiraba de los lados de su capa para cubrirla por completo.
Hermione sonrió y asintió casi imperceptiblemente, dejándose abrazar. Nunca llegaría a entender cómo había podido convivir con ese hombre sin enamorarse de él.
—Gracias, Severus— dijo con un nudo en la garganta.
El hombre le dio un beso en la cabeza por toda respuesta.
—Iré a las cocinas a por algo de comer. Así podrás vestirte con tranquilidad.
La chica se dio la vuelta parcialmente. La capa le llegaba hasta los pies, así que estaba completamente cubierta.
— ¿Vamos a comer aquí?
—Sí, ésa era la idea... ¿No quieres?
—Claro que quiero, pero es que... ¿No será demasiado... sospechoso?
— ¿El qué, que haya castigado a la insufrible sabelotodo de Gryffindor por algún motivo insignificante como, por ejemplo, haberse chocado conmigo en medio de uno de los pasillos y provocado la pérdida de los valiosos ingredientes que llevaba en los brazos y que se destrozaron en su choque contra el suelo, el mismo día que su Casa ha ganado la copa de quidditch?— el profesor sonrió con suficiencia a la mueca escandalizada de la chica—. Por supuesto que no.
—Eres de lo que no hay, Snape— la sonrisa de Severus se ensanchó—. ¿Y qué me dices de Dumbledore, o el profesor Wellman, o mis amigos?
—Ninguno me preocupa lo más mínimo.
—Te veo demasiado tranquilo.
—Y yo a ti demasiado estresada... Sé que los exámenes están cerca, pero no tanto como para tener arrebatos paranoides a cada minuto, Granger.
—Muy gracioso— espetó la chica con el ceño fruncido.
Severus la miró con los ojos entrecerrados.
— ¿Y si te lo pido... por favor?
—Entonces hasta podría llegar a considerarse chantaje emocional.
—Por favor, Granger...
—No...
—Come conmigo hoy.
—Eres increíble— comentó la chica, riéndose y apoyando la cabeza en su pecho.
Severus sonrió también, satisfecho.
—Volveré en unos minutos— se despidió, dándole un beso en la frente.
Y salió del despacho a paso ligero, dejando a la joven Gryffindor en medio de la habitación, abrazando con sus brazos la capa que la rodeaba, la capa de él, su segunda piel... Miró hacia la puerta. No le cabía ninguna duda de que sería una fabulosa comida.
—Al final no ha llegado Hermione— comentó Ron con abatimiento—. ¿Creéis que estará bien?
Harry y Ginny intercambiaron una mirada. Habían bajado a comer un rato después de la llegada de la pelirroja a la sala común de Gryffindor, donde habían esperado a su amiga castaña sin ningún resultado.
—Vamos, Ron— contestó su hermana, sirviéndose un par de filetes del jugoso roastbeef a la escocesa que habían preparado ese día los elfos domésticos del castillo—, está con él... Estoy segura de que estará bien. Si no ha llegado todavía, será porque... Porque...
—Quizá está ayudándolo a corregir... algo...— Harry había salido en apoyo de su novia con seguridad, pero su voz se fue apagando a medida que alcanzaba el final de la frase.
—Da igual, chicos... Tengo que hacerme a la idea, ¿no?— dijo el pelirrojo, esbozando una sonrisa amarga—. Lo que no entiendo es por qué no se quedó después del partido para felicitarnos. Si no la hubiera visto en las gradas, habría pensado que ni siquiera bajó a verlo.
—Eso no es sólo culpa de Hermione— confesó Ginny, ruborizándose y bajando los ojos al plato.
— ¿Ah, no?
—No. Ella... me ayudó en algo... Algo que tenía que aclarar.
— ¿Y qué es ese algo?— preguntó Harry con el entrecejo fruncido, intuyendo que el asunto sí tenía relación con la rara actitud de Ginny durante los días anteriores.
—Pues algo, Harry... ¿No te he dicho antes que ya te lo contaría... a solas?
—Eh, vamos, Ginny...— se metió Ron—. No pensarás tener secretos con tu hermano, ¿verdad?
—No, claro que no, Ron... La próxima vez que vea a Bill se lo contaré todo.
Harry se echó a reír, a la vez que las orejas de su amigo se ponían del color de su pelo.
—Si no quieres saber, no preguntes, amigo— dijo El Niño-Que-Sobrevivió.
—No puedo con vosotros dos juntos... Ojalá Hermione estuviese aquí para tener un poco de apoyo.
—Ron, sabes perfectamente que Hermione nos apoyaría a nosotros... Además, en parte gracias a ella, Harry y yo estamos juntos.
—Oh, Merlín, estoy perdido...— comentó el pelirrojo en un quejido lastimero, escondiendo la cabeza entre las manos con dramatismo.
—Anda, anda, exagerado... Hace un rato has sido nombrado el mejor jugador del partido— le recordó Harry con una sonrisa—. No habríamos ganado de no ser por ti. ¿De verdad estás tan perdido?
Ron pareció pensárselo un momento, pero después no pudo evitar sonreír.
—Bueno, tal vez no sea tan terrible... ¡pero vosotros dos sois insoportables!
Harry y Ginny se miraron un momento y después estallaron en carcajadas.
— ¿Tú también te has dado cuenta, verdad, Albus?— preguntó el profesor Wellman acercándose al director en actitud confidencial.
—Sí, Godric... Habría de estar ciego para no haberlo notado.
— ¿No crees que conductas como estas ya sobrepasan todos los límites?
—Supongo que os referís a la escandalosa ausencia de Severus y la señorita Granger— se inmiscuyó McGonagall, dejando el tenedor con sumo cuidado sobre la mesa y volviéndose hacia los dos hombres que había a su izquierda.
—Así es, Minerva— contestó Dumbledore con la mirada perdida en las hileras de alumnos que comían entre conversaciones muy bulliciosas en las cuatro grandes mesas.
—Opino que Godric tiene razón... Esto ya pasa de castaño oscuro. Snape se está burlando de nosotros en nuestras narices, y tú se lo permites como si nada.
—Yo ya no puedo hacer nada más, Minerva... Lo he hablado con Severus por activa y por pasiva, y no ha servido de nada.
—No me puedo creer que estés hablando así, Albus. Algo habrá que podamos hacer...
—No es cuestión de entrometernos, pero es cierto que los exámenes están cerca, y si la señorita Granger está distraída por otras... cuestiones, podría peligrar su placa como Delegada del colegio— comentó Wellman en voz baja—. Quizás después de haber intentado hacer entrar en razón a Snape sin éxito, deberías explorar otras opciones.
— ¿Me estás sugiriendo que hable con la señorita Granger, Godric?
—Te lo sugerimos ambos— dijo McGonagall—. La siguiente opción es tratar el tema con ella.
Dumbledore suspiró con cansancio.
—Entiendo vuestra posición, pero también preveo una reacción nada amable por parte de Severus. No tolerará ningún tipo de acercamiento que él considere dañino para Granger, y atacará si siente que ella es atacada.
—Muy bien, entonces deja que yo me ocupe— repuso la profesora de Transformaciones, ajustándose las gafas—. Soy la jefa de su casa, y su tutora mientras la chica esté en el colegio. Snape no podrá intervenir.
—Obra como creas conveniente, Minerva— respondió Albus con aire derrotado, dando un trago a su copa dorada mientras clavaba sus ojos en el grupo conformado por Harry, Ron, Ginny y Neville, en el que, efectivamente, faltaba Hermione Granger.
¡Hola, hola!
Vale, sé que no tengo perdón, porque ya han pasado más de dos semanas desde la última actualización, pero tengo excusas y, creedme, son buenas. La semana siguiente a la actu del cap. 48 fue bastante durilla, con algún examen que otro por ahí y sin apenas tiempo ni para respirar. Y resulta que el domingo siguiente hice un viaje express a Dublín para ver "John Gabriel Borkman" (para los que no tengáis ni idea de qué es, os diré que es una obra de teatro de un dramaturgo escandinavo llamado Ibsen, y que está protagonizada por Fiona Shaw, Lindsay Duncan y Alan Rickman). Lo confieso... He cambiado la actualización por ver a Alan encima de un escenario, ¿qué paxaaaa? Así que he pasado el resto de la semana entre la realidad y el sueño, como os podréis imaginar. Y encima el viernes estrenaron también HP7... ¡Es que se me ha juntado todo, joer!
En fin, excusas aparte, y centrándome en el capítulo... Ya tenéis el resultado de la prueba. ¿Satisfechos? A ver, era prácticamente obvio que no podía estar embarazada... No soy tan p***, joer. Y, bueno... Aunque no pase gran cosa en el capítulo salvo eso, la verdad es que Hermione y Sev se lo pasan bastante bien juntos. Aunque no sé por qué me da que eso no les va a durar mucho.
Gracias a todos los que seguís el fic y dejáis vuestros comentarios.
Un abrazo
L&S
RESPUESTA A REVIEWS DEL CAP. 48:
Araceli: Jejeje, siento de verdad que hayas tenido que esperar más de una semana... pero la cosa sigue, al fin y al cabo. Me alegro mucho de que te gustase, de verdad.
ni puta idea: (Bonito nick, antes de nada *risas*) Supongo que ahora puedo decir: ¡Voto correcto! Me halaga mucho que me digas que te gusta como escribo. Muchas gracias.
sevillana: Aaaaaaaarg, me han llamado muchas cosas, pero nunca algo tan feo. ¿Hija de Bellatrix? Bueno, pero sólo si es igual que Helena Bonham Carter... Jeje, en este has encontrado el resultado. Espero que no te haya decepcionado.
Terminalkid: Aaah, finalmente llegaste al cap. 48 por aquí... No sé si es bueno que este fic cree tanta adicción, ¿eh? Me alegro de que te gustase la rabieta de Ginny, porque a ella la avergonzó hasta límites insospechados. Y ahora ya sabrás por qué es ese felicidades...
SnapyL: Jajaja, ya sabes tú que dejar en suspenso es mi especialidad. Veo que conocéis bastante bien a Severus... ¿Por qué será? Me alegro de que te haya gustado.
Dinha Prince: Gracias por tus tres comentarios seguidos, Dinha, aunque aquí sólo conteste al del cap. 48. Jeje, mujer, espero que ya se te hayan bajado los colores, que eso no puede ser sano. Siento de verdad el retraso.
Gracias a todas! :)
