Capítulo L. Soy Isis Black.

Los días pasaban tranquilos para los merodeadores, Isis se había alejado un poco de sus vidas, aunque coincidían con ella en todas las clases, ya no era la misma, cada vez estaba más volcada en los estudios.

-¿Alguien sabe donde está Isis?- preguntó un curioso hermano mayor.

El apuesto mago bajaba los escalones mientras se anudaba la corbata al cuello.

-Creo que está en la Biblioteca, devolviendo los libros que ha estado devorando toda la semana- le contestó Patricia alisándose la falda.

-Al menos me ha hecho caso y se ha alejado de los asuntos de adultos- apresó la cintura de la chica y le plantó un beso profundo que la dejó sin respiración- ¿Cómo está mi princesa?

Por fin había ocurrido, Patricia y Sirius se habían liado en un mar de sentimientos. Lo malo es que los dos tenían mal carácter y eran demasiado fogosos.

Unos cuántos pisos abajo un gran mago y una risueña niña de ojos turquesa se enfrentaban varita en mano.

El profesor Dumbledore, con su larga túnica plateada y su barba mesada intentaba atravesar la barrera que la niña había creado ante su pensamiento.

-No lo va a conseguir- canturreó la niña a la vez que negaba con la cabeza.

-Isis no te mentí, le mentí a él porque no estaba preparado para escucharlo aún.

-No le creo.

-Eres demasiado confiada, y los sentimientos juegan malas pasadas. No puede entrar en el grupo porque aún no sabe controlar su carácter, si ve en peligro a alguien que le importe no será capaz de mantener la mente fría y lo mismo puede ocurrir con su hermano. Él ha tomado la decisión, es casi siete años mayor que usted y tiene derecho a defender sus ideales.

-¡No siga intentándolo!- la niña se llevó las manos a la cabeza para intentar controlar el dolor.

Una chica castaña con dos serpientes bordadas en el cuello de su túnica entró en la sala común de su casa.

-¡Regulus!- llamó la atención del joven chico recostado en el sillón.

-¿Qué?- sus padres le habían denegado la firma del pase a Hogsmade y estaba realmente molesto.

-Isis- la voz apenas le salía, cada palabra que pronunciaba se le clavaba en el pecho como ardiente daga.

-¿Qué pasa con ella?

El chico por fin había logrado alejarla de su mente. Y ahora llegaba su novia para recordársela.

-Se está batiendo en duelo con el profesor Dumbledore en medio del pasillo.

El apuesto joven se quedó helado. ¡La cagaba! ¿Por qué tendría que ser tan temperamental la dichosa niña? Por unos meses de tranquilidad le daba un infarto al corazón con la primera noticia de la niña, la "furiosa leona" como últimamente la llamaba entre sus compañeros de casa.

La preciosidad intentaba recobrar la respiración, su líbido color mortecino había desaparecido de su rostro cadavérico.

Se acercó hasta ella y la abrazó con fuerza.

Una oleada de chicas entraron furiosas a la casa.

-Está loca, mira lo que me hizo. ¡Bennet!

-Lo fácil que lo hubiésemos tenido aprobar este curso defensa, sólo con batirnos con ella- se quejó una niña de tercero, harta de aprobar la asignatura por los pelos porque siempre le tocaban los chicos más grandes de su clase.

-Pues después de este duelo sólo le queda la expulsión- razonó una preciosidad de sexto curso.

-¿A qué te refieres?- preguntó Regulus curioso separándose de su novia.

-¿No te has enterado?- abriendo los ojos como platos- Pues debes ser el único de todo el colegio.

-¿De qué hablas? ¿Por qué la van a expulsar?

-Regulus, tú querida furiosa leona derrotó en un duelo a Galatea el lunes en clase de defensa, noqueándola.

-¿Le pegó a Merrythought?- no se lo podía creer.

-Sí, y después le dejó caer sobre su arreglado moño la lámpara del techo. ¿No te lo ha contado? Curioso.

-No hablo con ella, es Gryffindor- las palabras lo mataron.

-Sí, una pena- la chica asintió con pesar.

La más rara del conjunto de serpientes entró eufórica por la puerta, apartando a la muchedumbre. Cogió la cara del chico y lo besó con pasión.

-Hazme una niña Black- y llevó sus manos a la entrepierna del chico.

Éste retrocedió asustado.

-No te asustes, quiero tener una hija como Isis y eso lo debéis llevar en vuestros genes. No he visto a ningún alumno con tantos cojones como ella, acaba de lanzar la varita al suelo y está decidida a terminar con nuestro director. ¡Es que es mi heroína!

La sala de Gryffindor reía con fuerza, era diez de Marzo y los "hermanos" celebrarían su cumpleaños. Sirius y James se felicitaron el uno al otro.

-¿Sabes lo que esto significa, tío?- le guiñó un ojo el apuesto merodeador de gafas al otro chico.

-Que…

Un chico rubio, regordete y bajito entró como bala en la sala, golpeando a los dos merodeadores.

-Peter… ¿Qué pasa?- se levantó Remus de su partida de Ajedrez al ver la lividez en el rostro de su amigo.

-A Isis la expulsan- avisó el chico con los ojos enrojecidos.

-¿Cómo dices?- Sirius acababa de perder la ilusión de la celebración.

-No adelantemos acontecimientos- se enfrentó Lily a los tres animagos.

La chica caminaba despacio hacia ellos.

-Explícate- y es que ya no confiaba en el chico, desde que Isis le había contado lo que ocurriría en el futuro.

-Sólo tenéis que bajar hasta la entrada de la casa de las serpientes.

-No me digas que se está enfrentando a Regulus, por favor- rogó el moreno.

-Peor, se está batiendo en duelo con Dumbledore- aseguró el chico de ojos redondeados.

-¿Dumbledore!- gritaron todos a la vez.

Salieron escopeteados de la sala y se dirigieron escaleras abajo.

Lily corría incluso más veloz que los merodeadores, se vio arrastrada por un pasillo que no conocía y terminó frente a una escena que hubiese preferido no presenciar, su director estaba revolcándose en el suelo muerto de la risa y la varita de Isis se mantenía firme en su dirección.

Los chicos divisaron a lo lejos al nuevo miembro de la Orden, el hombre medía cerca de dos metros, rubio dorado, del mismo color de pelo que Isis y ojos azul cielo, casi blancos. La cara finamente cincelada y un porte espectacular.

La profesora Merrythought le iba hablando despacio, señalando a su niña.

-¿Es él verdad?- señaló Sirius al hombre.

-Demasiado parecido, si no es él- le respondió James.

-¿Creéis que se la llevará?

Ninguno quiso contestar la pregunta, pero todos querían mentirle y decirle que no era su hija.

-Ahora preferiría que fuese mi hija.

Más silencio.

El duelo continuaba, la chica arrojó la varita al suelo con fuerza.

-Recoja su varita, señorita Black- le ordenó Galatea adelantándose unos pasos.

-Déjela- le interrumpió el apuesto hombre- Quiero saber si es su hija.

-¿Conoce a alguien que realice magia sin varita?

-Conocí- no había rencor en el tono de voz, quizás un ápice de melancolía- Lis, mi mujer. Y yo, por supuesto, desde que ella me enseñó a canalizar la magia.

-¡Cabrón, viejo rastrero manipulador!- los insultos de la joven resonaron en cada recoveco del castillo- ¡Me mentiste y le mentiste a él!

-Señorita Black, tranquilícese- le sugirió el director con una mueca de desagrado en su rostro, las gafas las llevaba dobladas y la barba despeinada. La coleta se le había soltado y tenía los pelos de punta.

El apuesto hombre se acercó hasta la niña y le colocó una mano sobre el pequeño hombro.

-Soy Albert Dorian, profesor de la Escuela Nacional de Aurores. Creo que ha sido suficiente demostración- el hombre sonreía mientras veía al maltrecho director intentar arreglarse el aspecto- Le ha dado una buena paliza.

-No he terminado con él- aseguró la niña.

-Accio varita- el hombre extendió la mano y recogió la varita del suelo- Creo que es tuya. ¿Saúco? Cómo Merlín, buen mago.

-¿Acaso lo conoció personalmente? Yo de usted no me fiaría de nadie- le espetó la niña con frustración.

-Elisabeth- habló el hombre despacio mientras se la encaraba- Por Dios, eres su viva imagen.

El hombre mostraba una sonrisa perfecta, con dientes cuadrados y bien blancos.

La niña lo miró directamente a los ojos, casi blancos y retrocedió asustada hasta el brazo protector de su hermano mayor.

El hombre se acercó hasta el grupo de Gryffindor y se acuclilló para quedarse a la altura de la niña.

-Soy tu nuevo profesor de defensa- le informó el mago.

Isis enterró su cara en el estómago de su hermano, alejándose del mago.

El chico le frotó la espalda.

-Tú debes ser Sirius Orion Black- le tendió la mano y el chico le devolvió el saludo con un buen apretón mientras asentía con la cabeza.

-Y tú James Charlus Potter- estrechó la mano del joven de gafas- excelente duelista según mi amiga.

-No tanto como Isis- reconoció el chico.

-¿Isis?- preguntó confundido- ¿Quién es Isis?

La niña salió de su escondite.

-Isis Black- afirmó el mago mientras los chicos la señalaban con el dedo- Encantado, Isis.

-¿La van a expulsar?- preguntó Lily con un nudo en la garganta.

-No que yo sepa, vuestro director provocó el altercado el otro día, ¿Verdad?- todos asintieron- Ella sólo se ha defendido. A no ser que los valores del colegio hayan cambiado no se expulsa a nadie por defenderse.

-Pero ha atacado a un profesor- replicó Patricia.

-Técnicamente se ha defendido de un ataque, da igual que sea profesor o alumno.

-¿Por qué Dumbledore?- quiso saber Remus.

-Porque con la campeona mundial terminó en cinco minutos, al próximo que se enfrente será a mí- se sinceró el apuesto mago.

-Te quedaste sin pareja de duelo Sirius- se mofó James de su amigo.

-No lo creo, necesitaré a alguien para que le suba la moral- dio la vuelta dejando a siete chicos asombrados.

-Joder, está como un tren- murmuraron las chicas sin poder apartar la vista del mago.

-Es un creído- soltaron los chicos a coro.

-Tienes que ponerlo en su sitio Isis, como hiciste con la profesora- le animó James atrayéndola hacia él.

La niña se separó cabizbaja apartando los brazos del chico.

-Vamos peque, no estés triste- le pidió su hermano.

-¡No estoy triste, imbécil! ¡Estoy enojada!