Capítulo LII

Habían por fin superado los exámenes finales, los de séptimo estaban algo nostálgicos, porque debían dejar Hogwarts para no volver, pero por otro lado estaban felices de que la tortura de los EXTASIS terminara por fin.

Hermione se había despertado esa mañana del sábado antes que Harry y lo primero que hizo fue bajar a desayunar. Claro que, al ser el primer día del fin de semana, después de los exámenes, a las ocho de la mañana el comedor parecía ser un pueblo fantasma, con fantasmas incluidos.

Solo había un par de profesores, o mejor dicho, Snape y Hagrid. En las mesas de las casas no había más que diez chicos en total. Hermione miró a todos los alumnos para comprobar que efectivamente, eran estudiantes de primero y segundo, y aprovechó para acercarse a la mesa de profesores, donde Snape.

"buenos días profesor" – Pronunció con respeto exagerado.

"Señorita Granger. Buenos días" – Respondió él. Hermione había extrañado eso, a pesar de que él no sonriera con sus labios, lo hacía con sus ojos. – "¿No le parece temprano para estar desayunando?"

"Podría decir lo mismo de usted, profesor"

"Tenga cuidado con su tono señorita, podría bajarle punto a su casa por impertinencia"

"Lo lamento." – Hermione se giró para encaminarse a su mesa con una sonrisa pero se detuvo antes y se volvió una vez más a Snape. – "mañana nos iremos, supongo que vendrá ¿Verdad?"

"Supone bien." – Fue todo lo que respondió.

"Eres incorregible, Sev" – Dijo en un susurro, recibiendo por primera vez una sonrisa de Snape. Acto seguido fue a sentarse donde la mesa de los leones.

En cuanto tomó asiento la comida apareció frente a ella y comenzó a desayunar. Estaba por primera vez, desde que había comenzado su séptimo año, tranquila. Estaba segura, porque tenía a sus amigos, aquellos que fueron incondicionales para ella, Ron y Harry. Ginny que luego se unió a ellos. Formando el cuarteto perfecto. Mente, lealtad, corazón y coraje. Pero entonces, aparecieron ellos. Hermione negó con la cabeza levemente.

"Hoy va a ser un largo día" – Sonrió para ella misma terminando su desayuno. Una imagen le vino a la mente. Era un grupo de personas, muchas para ser honesta... estaban reunidas en un círculo. Doce en el centro, el resto solo se dedicaba a observar. Las doce personas del centro, se tomaban de las manos y entonces algo sucedió... Voldemort, ese era Voldemort. Estaba en... - ¡El EGEO! – Dejó salir agitada. Abrió los ojos de pronto y se encontró con Snape que la observaba desde la mesa. Cuando notó el sudor frío en su frene se acercó a ella.

"Guin ¿qué pasó?"

"Va a suceder. El enfrentamiento"

"¿De que hablas?"

"Profesor, llevémosla con el director." – La voz grave de Hagrid se escuchó un par de pasos detrás.

"Será lo mejor. ¿puedes caminar?"

"Sí. de prisa."

Hermione, junto a Severus y Hagrid se apresuraron a salir del comedor y directo a la oficina de Dumbledore. La gárgola apareció casi al instante, parecía que los había ayudado para que llegaran más rápido. El profesor de pociones pronunció la contraseña y pronto la gárgola se hizo a un lado para que Hermione y Snape subieran. Sin embargo Hagrid se quedó, argumentando que debía estar en el comedor por las dudas.

Hermione tocó la puerta y recibió el permiso e Albus al instante.

"Abuelo..." – No había sido buena idea. Dumbledore no estaba solo, estaba acompañado por un hombre extraño para ella.

"Disculpe ¿cómo dijo señorita?" – Preguntó desconcertado.

"Dije... que, mi abuelo. Recibí una carta de él, profesor Dumbledore" – Dijo ella mirando directamente a sus ojos, para que pudiera entrar en su mente.

"Señorita Granger, él es, Robert Evans. El Ministro de Magia."

"Un placer señor Evans" – Saludó ella educadamente. – "Hermione Granger"

"Bien, Albus, creo que mejor lo dejo para que atienda esta asunto."

"muchas gracias, ministro" – En cuanto El hombre dejó la oficina, Hermione se permitió dejarse caer sobre la silla más próxima.

"Guin ¿qué sucedió?" – Preguntó preocupado el anciano.

"Tuve, una visión. En cuanto comencemos con el hechizo contra el Primero aparecerá Voldemort. La batalla final será en el EGEO. Lo presiento Abuelo."

"¿Estas cien por ciento segura?"

"No, pero podría decirte que un noventa. Fue muy real."

"Bien, entonces nos encargaremos de avisarles a todos los miembros de la Orden."

"Abuelo. ¿Se puede confiar en el nuevo ministro?"

"Me temo que no lo sé hija. Severus. Necesito que traigas una poción para tranquilizar a Guin."

"Enseguida" – En cuanto El profesor dejó el despacho Hermione lo miró a los ojos.

"Abuelo. Harry y los demás quieren venir."

"Lo sé, y desgraciadamente son tan necesarios como los demás. Debemos encargarnos de ganar esta batalla Guin."

"¿qué hay del ED?"

"Por el momento, no diremos nada. Veremos como están las cosas. Y luego si es necesario, y espero que no, les diremos a ellos."

"Otra cosa..." – Hermione se detuvo, analizando si debía decirle o no, pero creyó que lo mejor era hacerlo. – " No eran solo Mortífagos, abuelo. Había vampiros y ogros. Todo tipo de seres oscuros"

"No te preocupes. Nos encargaremos. Será mejor que vayas a la sala común o hagas lo que se suponía que harías hoy... Oh, profesor"

"Aquí está la poción Guin. Tómala toda ¿quieres?"

"¿Tengo que? tiene aspecto de..."

"Toda, sí" – Le dijo Severus.


Para la hora del almuerzo, todos los miembros de la Orden, tanto fuera como dentro del colegio estaban reunidos en una habitación secreta en el castillo. Aún no llegaban Dumbledore ni Hermione, y eran especialmente a ellos a quienes esperaban para comenzar con la reunión.

"¿Por qué tardarán tanto?" – Preguntó Dean.

"¿no tienen el peor de los presentimientos?" – Preguntó Ginny al grupo de Gryffindor.

"Totalmente. Algo está más que mal."

"¿De que hablan?"

"Hermione y Dumbledore no están Parvatil. Eso quiere decir que están en una reunión ellos dos solos. Y si eso es así, es porque algo ha sucedido y están buscando la forma de decirnos las malas noticias"

"Ronald ¿Nadie te ha dicho que eres demasiado pesimista?"

"Lo siento pero. ¿Me he equivocado Harry?"

"Lo peor de todo es que no. y eso me preocupa"

"Bueno" –Comenzó Neville. – "Ustedes estuvieron más tiempo en esto que nosotros. De seguro saben de que va todo"

La puerta se abrió dejando paso a los dos faltantes para dar comienzo la reunión. El resto de los presentes se quedaron en silencio en espera para que alguno, especialmente Dumbledore, comenzara a hablar.

"Lamentamos la tardanza, pero hemos estado discutiendo algo" – Explicó Hermione. Dándole ahora lugar a Dumbledore para que hablara.

"bien, diremos las cosas directamente. Sin rodeos por primera vez" – Dijo el anciano mirando Harry. – "Hay buenas y malas noticias." – comenzó. – "La buena, es que hemos localizado ya a las doce reencarnaciones y están esperando por nosotros para comenzar el hechizo."

"¿cuál es la mala Albus?" – Preguntó Remus.

"Si, la mala." – Repitió como si se hubiera olvidado. – "Bueno, esa es que... Hermione tuvo una visión esta mañana." –Hermione bajó la mirada al sentir el resto sobre ella, en especial la de Harry. – "Y no fue muy buena, pero supongo que será ella la mejor persona para explicarla"

"Eso creo. Bien, la visión era así..." – suspiró profundamente y comenzó a relatarla. – "Estaban las doce personas indicadas comenzando el hechizo para encerrar al Primero en el universo alterno, había muchas personas alrededor nuestro, a penas pude ver algunas caras conocidas, pero estoy segura que eran todos ustedes y... otras personas más. pero antes de terminar el hechizo, comenzó un ataque. Era el mismísimo Voldemort, seguido de sus mortífagos y otras tantas criaturas oscuras."

"¿Qué tipo de criaturas?" – Preguntó Lupin.

"no te preocupes Moony, no son hombres lobos. Había algunos gigantes, pero muy pocos." – Agregó ante la expresión de Hagrid. – "También había ogros, y trolls, y muchos vampiros."

"Lo que quieres decir Hermione es..." – Hermione observó a Moody unos instantes antes de responderle.

"Lo que vi es, probablemente, la batalla final Alastor" – Respondió. El silencio se hizo dueño del lugar. Los presentes reaccionaron de manera diferente, pero aún así no emitían sonido. Dumbledore dejó que el silencio perdurara un poco más.

Harry se acercó a Hermione y la abrazó de forma protectora. Draco tomó la mano de Ginny con cariño. Ron y Luna se abrazaron sin decir nada. Lupin miró por la ventana para evitar tener que ver a los presentes. Minerva bajó la mirada y sintió la mano de Albus sobre su hombro. Los señores Weasley, que se encontraban algo alejados del resto se abrazaron también y Molly dejó escapar un sollozo que se amortiguó en el pecho de su esposo.

"creo, que lo que tenemos que hacer es prepararnos para lo que va a venir" – Dijo Albus finalmente.

"Profesor." – Llamó Harry. "¿qué haremos?" – La pregunta quedó en el aire, la mirada celeste se encontró con la verde esmeralda por unos segundos que parecieron eternos. Nadie había entendido la pregunta de la forma en que Harry quiso que se comprendiera. Sin embargo tanto Albus como Harry estaban en la misma sintonía, y para sorpresa de ambos, Minerva y Hermione también la comprendieron. Fue la profesora McGonagall quien respondió.

"Nada de eso Harry. No va a suceder"

"Créame que estoy en total acuerdo con usted profesora, pero entienda algo. Ellos están preparándose para esto."

"Harry, Minerva tiene razón. Sería... sería exponerlos a la muerte segura" – Feu Hermione quien habló.

"Sin embargo, ellos se las ingeniaron excelente hace tiempo ¿no es así?"

"Albus" – Reprendió Minerva. – "Yo no voy a permitirlo"

"Harry" – Susurró Ron. También había comprendido el tema de conversación entre ellos cuatro. Pero ninguno de los restantes miembros decía o hacía nada. Solo se limitaban a escuchar la conversación.

"Creo que deberemos esperar. De todos modos, considero que sería lo mejor que no dejaran de entrenarse" – Fue la palabra final de Dumbledore.

"Está bien."


Harry caminaba hacia la sala común de Gryffindor, sabía que los demás lo seguían pero no le daba importancia, necesitaba llegar a algún lugar donde no estuvieran los adultos. Pensar en lo que debía hacer.

"¿Podrías detenerte Tagus?" – Pidió Ginny.

"¡Déjenme!" – Medio les gritó Sin voltearse. Inmediatamente, los Gryffindor se detuvieron.

"Nunca había visto a Harry así." – Dijo Cabizbaja Lavander.

"¿De verdad?" – Preguntó sarcástico Ron. – "Entonces no lo conoces bien." – Y pasó entre los demás para seguir a Harry dentro de la sala común.

"¿qué sucede?"

"Harry se siente impotente porque necesita hacer algo. Y la que tiene que actuar es Hermione y el no puede protegerla como quisiera" – explicó Ginny aún detenida con los demás Gryffindor.

"¿a que te refieres? La verdad es que no se entendió mucho lo que Hermione explicó ¿Verdad?" – Puntualizó Dean con la mano en la barbilla.

"Verán, para derrotar a Voldemort, primero hay que vencer a su aliado. Un ser que no puede ser vencido. Solamente desterrado. Para ello, se necesita de doce poderes, entre ellos está el de Hermione"

"Ya veo. Y Harry no quiere que ella este ahí"

"¿Te gustaría que el amor de tu vida se arriesgara a perder sus poderes para siempre y que le absorbieran la esencia si todo sale mal? Al menos yo no" – Y sin mas, Ginny se dio la vuelta para dirigirse a la sala común de Slytherin.


Esa misma noche los miembros del ED se reunieron en el salón de requerimientos. Hermione se sorprendió al notar que estaban también los grupos que ella y Ron se dedicaban a entrenar. Pero lo que más le llamó la atención fue encontrar más de dos Slytherin en aquel lugar, creía que los únicos serían Blasie y Draco.

Se acercó donde el resto del grupo y tomó la mano de Harry como dando su apoyo.

"Por favor" – pidió Harry. Casi inmediatamente todos hicieron silencio como si fuera Dumbledore cuando es el primer día de clases. – "Para empezar. Dentro de una semana las clases terminarán y con ellas tanto Hermione como Ron y yo terminaremos el colegio." – Se escucharon murmullos de descontento. En cuanto se hizo silencio nuevamente volvió a hablar. – "Las clases del ED continuarán el año entrante, serán dirigidas por Ginny Weasley y Luna Lovegood. Puedo asegurarles que son de mi entera confianza. De todos modos, recibirán instrucciones de mi parte para cada lección que haya, así que quiero que sepan que no me voy a desentender de esto."

"Harry, disculpa" – Desde atrás se pudo ver a Zacarias Smith elevar su mano, junto a él, el grupo inicial que Harry tuvo en quinto año. – "¿Que va a suceder?"

"¿De que hablas?"

"Pues, puede que seamos más chicos, o no estemos al tanto de todo, pero sabemos que hay algo que no está bien" – Respondió Colin Creevey.

"Creo que debes explicarles la situación" – Susurró Ron a Harry. Éste lo miró unos minutos pero luego asintió.

"Supongo" – Se giró para encarar al grupo de chicos que aún esperaban la explicación. – "Verán, lo que Colin dijo, es verdad. Hay algo que no esta bien. En realidad está muy mal. La verdad es que, la guerra final se acerca chicos, ya no hay marcha atrás" – Explicó con las palabras más serenas e intentando que los demás comprendieran perfectamente. – "Es muy probable que nosotros, estemos en ella" – dijo señalándose a él mismo y a los cinco chicos que estaban detrás de él.

"Quiero participar" – Dijo Seamus desde el mismo grupo, quienes la mayoría lo observaron sorprendidos. Casi el total del grupo inicial esta en la Orden.

"Yo también quiero." Saltó Colin. Después de él vinieron Zacarias y otros tantos de Ravenclaw, Hufflepuff y cuando se dieron cuanta más de las tres cuartas partes quería formar parte de la última batalla.

"No se equivoquen" – Acotó Hermione. – "Esto no es un juego. En la vida real si matas a alguien muere, de verdad. Y si algo les sucede a ustedes... no podríamos aceptar ese hecho"

"Hay algo que no comprendes Hermione. Esta guerra nos involucra a todos. Es nuestro futuro y el de nuestros hijos... yo no quiero que mi familia viva en represión y en constante huidas porque un mal nacido se dedica a matar a todo aquel que no esté de acuerdo con él."

"Seamus tiene razón Hermione, lo sabes" – una muchacha de quinto año de Hufflepuff, de nombre Diana le había dicho con dulzura pero convicción.

"Esto no funciona así." – Ron por primera vez se había atrevido a hablarles a todos, tenía el tono duro y casi podría decirse frío. – "Ustedes son menores de edad, no pueden decidir por ustedes mismos, y además... ya es demasiado con que haya inocentes en esta guerra." – Su mirada se posó donde estaban los de séptimo de las cuatro casas. – "Si quieren hacerlo, deben demostrar que son capaces y para ello, no lo decidimos nosotros, sino el mismo Dumbledore."

"Tiene razón. Si quieren participar vayan con él, quizá puedan hacerles caso"

"Entonces ¿Se supone que debemos esperar sentados a que venga el Innombrable y nos diga que perdimos?"

"Valla confianza Zacarias. No, lo que tienen que hacer es esperar y entrenar para..."

"¿Entrenar dices? Acabas de confirmarnos que no pelearemos ¿Para que debemos entrenar?"

"Para poder defender a sus familias, y sus propias vidas." – Harry suspiró y volvió a hablar. – "Dumbledore está pensando muy seriamente si dejarlos o no participar. Si decide aceptarlos, ustedes deben estar lo más listo posible ¿creen que eso sí lo entiendan?" – El salón se llenó de murmullos que indicaba que estaban pensando si debían o no aceptar lo que Harry les había propuesto indirectamente. – "¿Y bien? El que no quiera prepararse puede retirarse" – Nadie se movió un ápice de su lugar. – "Bien. El grupo de Ron se retirará y lo seguirán a otro lugar de entrenamiento. Lo mismo hará el que estaba con Hermione." – Se giró hacia ellos. – "Weasel, tu ve a la habitación que preparamos en el cuarto piso, Mole ve con él." – En cuanto Ron y Luna dejaron el lugar en el que estaban un tercio de los presentes comenzó a moverse y seguirlos. – "Mione, tu llévalos al salón destinado a duelos, la profesora Grin me lo ha prestado, Grim ve con ella" – Draco asintió y acompañó a Hermione a la salida, otra parte de los presentes comenzó a salir. – "bien, ustedes, colóquense en parejas, los de séptimo conmigo, los demás con Ginny"

De esta forma el entrenamiento comenzó sin más contratiempo mientras que el pequeña oficina que había en la parte de arriba un par de ojos celestes y otro castaños observaban como entrenaban esos chicos.

"Creo que no vamos a poder convencerlos de que no participen Mina"

"No me digas Albus." – Respondió McGonagall. – "Pero temo por estos chicos"

"créeme que yo también, yo también."