Hola a todos… qué tal va la semana… Espero que bien, ya estamos por acabar el año… wow… empiezo a ponerme nostálgica.

Antes de empezar quería, como siempre, agradecer a sus comentarios, todos son muy bellos, me hacen reír bastante, y además me demuestran que la historia les gusta y todo lo que les hace sentir; agradezco también su comprensión, como saben en el trabajo ando demasiado ocupada y además de otras cosas más personales que me dejan el tiempo justo para andar corrigiendo los capítulos, editar algunas cosas y eso, quisiera, de verdad, poderme dar el tiempo para responder a todo lo que me escriben, y aún tengo la esperanza de hacerlo pronto, pero por mientras, se les agradece de corazón todo lo que ponen, lo leo siempre y me suben el ánimo y me arrancan más de una sonrisa, y carcajada en muchos casos.

Ahora sí, no los entretengo más, sigamos leyendo:


HARRY POTTER Y EL FABRICANTE DE POCIONES

QUINTO LIBRO: FAMILIA

CAPÍTULO 54: "INTENTÁNDOLO"



"En la vida real, el que no se rinde es todo un valiente"

Paul McCartney



Londres, junio del 2005

La primera decepción llegó tres semanas después, cuando la medibruja Zettie Tisdale, la que Draco había contactado para poner en orden los últimos detalles de su poción y la cual estaba mucho más que entusiasmada por la idea de que algo así se pudiera hacer, les dijo que no había ningún indicio de que la poción hubiera funcionado. Es decir, ninguno de los dos llevaba un niño en su interior.

Draco no fue capaz de levantar la mirada mientras Zettie les recomendaba seguir intentando, después de todo era una poción con un ochenta y cinco por ciento de eficacia, no se podía hacer algo mejor, por supuesto, de haber sido posible, Draco lo hubiera hecho.

Aunque ambos asintieron frente a ella y dijeron que continuarían tratando, cuando llegaron a casa parecían reacios a siquiera mirarse las caras.

Harry podía sentir el desaliento y la pena en Draco, pero también la sentía él, y sentía que lo sobrepasaba, así que no hizo ningún intento por romper el pesado silencio.

Casi como una danza ya creada caminaron hacia la cocina, Draco puso a calentar el agua para el té, mientras Harry sacaba de uno de los estantes las tazas. Draco se movió a un lado para dejarlo pasar mientras iba por la azucarera y el té y finalmente, cuando el agua dio un hervor, sacó la tetera del fuego y la colocó en la mesa, sobre el protector que Harry había acomodado un instante antes.

Harry sirvió el caliente líquido en ambas tazas mientras Draco apartaba algunos de los folletos de casas que tenían sobre la mesa; hermosas y grandes casas en el campo y en la playa, con anotaciones de ambos acerca del vecindario, del clima y de los lugares cercanos; el oro, por suerte, no era ningún problema para ellos, a ambos les iba demasiado bien en ese aspecto.

Draco le dio una mirada más a la casa blanca con cercas de madera y rodeada de árboles que habían visto en Gillingham, lo que más le gustaba de ella era que estaba en medio de un campo, y a sólo unos cuantos pasos del mar, tenía lo mejor de ambos lados y además cierta privacidad. Era amplia y tenía una torre en uno de los lados, casi podía imaginar la habitación de su hijo allí, rodeada de amplias ventanas que le dejarían ver el bosque y escuchar el mar. Había estado bastante alentado decidirse por esa y Harry también, aunque ahora que no había un bebé en camino, pues sería difícil que retomaran el tema.

—Necesito tomar una ducha —anunció Harry, su voz sonaba ronca y sobresaltó a Draco cuando rompió el silencio.

Harry no espero que Draco respondiera, se puso en pie y con rapidez caminó hacia las escaleras y de allí hasta su habitación, se quitó la ropa y se metió en la ducha, reconociendo que aquello no era más que una excusa para alejarse de Draco. Por el momento al menos. Tal vez sería enteramente su culpa, Draco había probado la poción muchas veces con el simulador y debía haber funcionado, en cualquiera de los dos, a menos que Harry no fuera adecuado para ello.

Cuando salió del baño, media hora después, no pudiendo permanecer más tiempo bajo el agua caliente, sintió la ausencia de Draco. Era algo que podía sentir si es que se marchaba enfadado o sin avisar.

En la cocina encontró la nota, un pedazo de pergamino sobre el folleto de la casa en Gillingham que tanto les había gustado:

Harry:

Fui a la fábrica, trataré de volver antes del anochecer.

D.

Harry suspiró cansadamente, la escueta nota de Draco le hacía entender que seguramente estaría enojado por haberlo dejado solo en la cocina sin decir nada sobre lo que había pasado, o no había pasado, para ser más claros.

Negó con la cabeza y subió a terminar de cambiarse, si a Draco le funcionaba el entretenerse en el trabajo, a él también.

*

—¿Te has peleado con él? —preguntó Gael entrando, como era ya su costumbre, sin golpear la puerta.

—No —respondió Draco secamente mientras hacía volar un caldero a través de la habitación, directo a la chimenea, el caldero hizo un sonoro plop y luego comenzó a ponerse rojo por el fuego sobre él.

—¡Ah, qué genial! —comentó sarcásticamente Gael mientras levantaba la varita y apagaba el caldero —. No recuerdo haberte visto tan enfadado en mucho tiempo, pensé que luego del enlace todo estaría mejor.

—Que no me he peleado con él —repitió Draco apretando los dientes, un cigarro apareció de la nada, ni siquiera se dio cuenta de que lo había convocado con tan solo su necesidad de uno. Lo prendió con la varita y dio una profunda calada.

—Entonces con Hermione —concluyó Gael sentándose elegantemente en una de las sillas delante del escritorio de Draco y cruzando los brazos —, no es por nada pero debes entender que al estar en el último mes de embarazo ella tiende a ser un poco más… fastidiosa —Gael arrugó la nariz un poco, generalmente Draco amaba discutir con Hermione sobre muchos temas, ambos eran bastante apasionados en eso de las discusiones, pero durante las últimas semanas Hermione o terminaba en un mar de lágrimas o mandando a Draco a la mierda. Literalmente.

—No los he visto hoy, tenían clases de algo sobre cómo llevar el dolor del parto o algo así —explicó Draco paseando de un lado al otro.

—De acuerdo, me rindo —suspiró Gael mirando el ir y venir de su amigo —¿Qué es lo que te pasa?

—Nada, hombre, que no me pasa nada.

—Y tú continúas diciéndolo pero no engañándome.

—Es sólo que… algo que quería que saliera no salió, eso es todo, no te puedo decir más.

—Y he allí los misterios, ¿te encanta ponerte misterioso, no? —se burló Gael tratando de hacer a su amigo sonreír, falló miserablemente.

—Lo siento.

—Ya, como sea —suspiró, poniéndose en pie y sintiéndose vencido —; deberías buscar a Harry, él siempre te pone de buen humor.

Draco le dio una mirada fastidiada y no dijo nada más, Gael caminó hasta la entrada y antes de salir continúo hablando.

—Venía a decirte que ya me voy, iremos a ver una casa con Mikel.

—Eso es bueno… —comentó Draco, le había agradado la idea de que ambos decidieran avanzar más en sus relaciones; Gael y Mikel comprando una casa y comprometiéndose más; y él y Harry teniendo un bebé. O intentándolo al menos.

—Tyrone se quedará a cargo hasta que el turno termine.

—Ya… —respondió Draco sintiendo nuevamente el desaliento por no haber conseguido hacer la poción funcionar.

En cuanto la puerta se cerró encendió la chimenea y lanzó un caldero más en su interior, observándolo ponerse rojo lentamente, era algo que hacía sólo cuando se sentía demasiado frustrado.

*

—Y él la tiene bajo una poción de amor, yo lo sé —explicó la anciana apretándose las manos y conteniéndose por no llorar —yo estoy segura de eso.

—Cálmese, señora Lodge —pidió Harry mientras extendía una cajita de pañuelos desechables hacia la mujer: una anciana de cabello blanco sujeto en un moño alto y con muchas arrugas sobre la piel amarillenta, sus ojos castaños demasiado brillosos por las lágrimas, y sus mejillas sonrojadas por el maquillaje.

La anciana tomó uno de los pañuelos con un gesto de agradecimiento y se limpió los ojos con exasperante paciencia, cuando volvió a hablar su voz sonaba nasal:

—Ella ha firmado una declaración, los aurores los intervinieron por pedido mío, por supuesto —continuó explicando —, y ella dijo que yo estaba loca, que no me quería, que nunca me había querido y que se había escapado de casa con él porque él si la amaba, la hacía feliz.

—Tal vez…

—¡No! —protestó la anciana con inesperada energía —ella era feliz en casa, tengo… —se movió abriendo el enorme bolso y dejando caer sobre el escritorio un gran grupo de cartas y fotografías —; ella me escribía siempre desde la escuela, fue a Beauxbatons, y cuando sus padres murieron, en el tercer año, vino a pasar los veranos y vacaciones conmigo, no tiene más familia —la mano temblorosa de la anciana levantó una fotografía navideña, ambas estaban junto a un enorme árbol decorado con luces de colores y sonreían, efectivamente ella no se veía como si estuviera obligada a estar allí —, y cuando terminó la escuela se mudó a casa definitivamente, y entonces conoció a ese… aprovechado en la universidad y yo le dije que no estaba de acuerdo… hay algo en él que no me gusta para nada, y entonces le pedí que se alejara de él, que no era bueno, incluso mandé seguirlo, ¿sabe? Sé que es vergonzoso pero, ¿qué podía hacer? y le mostré a mi nieta las fotografías de él con otra mujer, aún así no lo dejó y sólo un par de días después escapó de casa con él, para casarse, dice, aunque no he encontrado registros de que se hayan casado…

—Podemos constatar eso, tal vez lo hizo en el lado muggle.

—No, tampoco… él lo que quiere casarse en el lado mágico —explicó la anciana mientras miraba con amor la fotografía navideña —, será la única forma en que sea reconocido como su esposo y que tenga acceso a su fortuna en Gringots y que cuando yo muera…

Harry se masajeó la frente por un momento, un ligero dolor de cabeza estaba iniciándose y se preguntó si es que Draco estaría furioso o algo similar. Tenía motivos para estarlo, después de todo.

—De acuerdo, no será muy difícil, es probable que haya aplicado algún otro tipo de encantamiento para tenerla junto a él, o incluso amenazarla… Por lo pronto le diré qué haremos: mandaré a un par de mis chicos a su casa a que la revisen y le pediré a uno de ellos que se quede con usted hasta que termine de averiguar qué es lo que ocurre —empezó a planificar en voz alta Harry; no había pensado en encontrarse con un caso aquella tarde, pero cuando había llegado a su oficina, Clémence, su nueva asistente, una mujer mayor que siempre parecía tener todo en orden y que además era muy discreta, le había informado acerca de la mujer que lo estaba esperando, que parecía desesperada y argumentaba no irse sin verlo. Le alegró que ocurriera, al menos podría tener su mente en otro sitio.

—¿Cree usted que él querrá lastimarme?

—No necesariamente, o no por el momento, pero quizá sí, una vez logre estar casado con su nieta… parece que es un caza fortunas, su madre tenía fama de eso, aunque claro, es algo de lo que no estoy seguro, sólo son suposiciones… Ahora lo importante es tenerla a salvo y verificar si no ha puesto algunos hechizos escucha en casa, por como dice que su nieta declaró debe haber anticipado la llegada de los aurores.

—¿Cree que le tomará demasiado tiempo?

—No estoy seguro, pero no se preocupe, no será demasiado, trataré de encontrarlos primero, dudo mucho que sigan en el lugar donde los encontraron los aurores, serviría si tuviera alguna pertenencia de ella…

—Tengo esto —dijo sacando de su enorme bolso ahora un cepillo de cabello, pesado y de plata, tenía en la parte superior unas muy bellos repujados, de flores que Harry no sabía identificar —. Era de su madre —explicó pasándoselo a Harry — y luego de que ella muriera mi nieta no se ha despegado de él para nada, siempre que tenía que ir de viaje o regresar a la escuela lo llevaba, sin embargo cuando se marchó de casa lo dejó tirado a un lado, como si ya no le importara… Ese hombre se la llevó con engaños, estoy tan segura de eso —jadeó la mujer y Harry temió que se pusiera a llorar nuevamente.

Presionó la varita contra una pequeña caja de madera que tenía sobre el escritorio y murmuró: Cleave, Roth; a la oficina.

La mujer se apresuró a limpiar sus lágrimas mientras dos chicos, de aproximadamente veinte años, aparecían por la puerta.

—Jefe —saludó Cleave suavemente, mirando confundido a la anciana.

—Buenas tardes —saludó también Roth, extrañado.

Harry se puso en pie y los presentó, para luego darles las instrucciones del caso; acompañó a sus hombres y a la mujer a la gran casa en Telford y descubrieron varios hechizos de espionaje, finalmente decidieron no removerlos, sino engañarlos para hacerle creer, a quien sea que estuviera escuchando, que nada había cambiado y no levantar sospechas. Dejó a Roth a cargo de la mujer y regresó a su oficina nuevamente.

Estuvo entretenido buscando información y planeando cómo lograr seguir a la inusual pareja durante mucho rato más, cuando se dio cuenta ya era casi media noche. Se levantó sobresaltado, no le había avisado a Draco de que llegaría tarde. Aunque por otro lado, Draco no lo había ido a buscar tampoco.

Sintiéndose apesadumbrado nuevamente, llegó por medio de la red flú a casa, subió con rapidez las escaleras, tratando de no hacer mucho ruido y se sintió estúpido cuando descubrió la habitación vacía, Draco tampoco había regresado de la fábrica.

Durante un rato más caviló acerca de qué era lo que debía hacer, hasta que finalmente se decidió y bajó nuevamente las escaleras, para llegar a la fábrica e ir por Draco.

*

Siguió mezclando con la varita, mientras meditaba en cuánto realmente quería tener una familia con Harry y cómo el que no haya funcionado al primer intento no lo detendría. Sabía que Harry también estaría de acuerdo. En la tarde ambos habían estado algo extraños, cierto, pero estaba seguro que se trataba solamente del desanimo por la noticia, después de todo ambos habían estado muy ilusionados al respecto, planeando y proyectándose; y además follando como veelas en temporada de apareamiento, en pro de la descendencia. Y eso no tendría que cambiar,

El caldero dio un hervor más y Draco apagó finalmente la llama, pensaba esperar un momento más, hasta que fuera posible llegar a casa con la poción y comenzar de nuevo, ordenó un poco su oficina, los calderos seguían regados por todos lados, al igual que los pergaminos, clara muestra de su rabia y frustración anterior.

Los pasos en el pasillo le hicieron levantar la vista, recién notando que todo había estado realmente silencioso durante mucho rato. Los ruidos de pasos crecieron y Draco miró hacia el reloj, pasaba de media noche. Cuando la puerta se abrió ya sabía de quién se trataba. Seguramente Harry estaba enfadado porque no había vuelto a casa temprano, tal como había dejado dicho en la nota.

—Harry —saludó Draco en cuanto Harry abrió la puerta, su mirada verde estaba muy brillante, estaba enfadado, resolvió Draco.

—Esto es estúpido —respondió Harry cerrando la puerta con fuerza y avanzando hacia el centro del salón donde Draco permanecía de pie, mirándolo sorprendido.

—¿Qué?

—Nosotros no vamos a dejar de intentarlo ni a dejar de hablar del asunto, es ridículo que, después de todo, lo hagamos —siguió explicando Harry deteniéndose delante de Draco y colocando sus manos sobre los hombros.

—Yo no… —pero Draco no pudo continuar, los labios de Harry ya estaban sobre los suyos, mordisqueando y besando de manera demandante. Por un instante meditó en la posibilidad de interrumpir a Harry y decirle que él tampoco había pensado dejar de intentarlo, pero esa lengua ya se colaba dentro de su boca y decidió hablar de ello luego… mucho después.

Harry, sin dejar de besar a Draco, comenzó a desabotonar la túnica y coló sus manos por dentro, sintiendo la suave tela de la camiseta que vestía Draco, que ahora lo sujetaba por la espalda, como si tratara de unir aún más sus cuerpos, pero era imposible juntarse más, sus piernas estaban enredadas y sus caderas se tocaban, los inicios de sus erecciones, aún bajo la ropa, frotándose lentamente.

—Harry… —gimió Draco cuando esos labios se alejaron de su boca y la ardiente lengua recorrió lentamente su mandíbula hasta llegar al cuello. Emitió un grito más fuerte cuado esa lengua amable fue reemplazada por unos dientes.

—Te amo —suspiró Harry apartándose lo necesario para poder dejar resbalar la túnica de Draco por los hombros y hacerla caer al piso. Draco aprovechó el momento para poder sacar la sudadera que Harry usaba, antes de volver a abrazarse y besarse, poco a poco fueron cayendo al piso, Draco empujando a Harry hasta que lo tuvo bajo su cuerpo, sus caderas agitándose la una con la otra, mientras ambos se besaban y acariciaban.

El resto de la ropa salió volando por todos lados con bastante rapidez y destreza, en tanto Draco comenzaba a bajar por el cuerpo de Harry, con sus manos acariciando las fuertes piernas y su lengua trazando caminos por el abdomen.

—Mmm Draco —jadeó Harry cuando sintió el caliente aliento de Draco sobre su miembro, mientras levantaba las caderas para que su pareja se apresurara.

Draco no se hizo esperar, estaba demasiado ansioso para eso, primero con su lengua acarició toda la longitud, logrando hacer estremecer a Harry, le encantaba hacer eso, hacerlo lloriquear, suplicar y perder el control.

Harry sujetó con sus dedos el largo cabello rubio, sin ejercer demasiada presión, abrió los ojos un instante para ver a Draco entre sus piernas en el mismo momento en que el rubio lo miraba, sus ojos permanecieron en contacto mientras Draco abría la boca y acogía su miembro por completo.

Harry no lo pudo soportar más tiempo y cerró los ojos, dejando caer la cabeza hacia atrás y levantando las caderas. Toda esa humedad y calidez rodeándolo, apretándolo, esa lengua jugando con su piel más sensible, sus dedos se apretaron sobre el cabello de Draco y empezó a levantar las caderas con fuerza, mientras emitía gemidos incomprensibles.

Draco chupó con fuerza, sujetando con una mano las caderas de Harry y con la otra acariciando por momentos los testículos o la parte del miembro de Harry que no llegaba a entrar en su boca, sentía su propia erección dura y, hasta cierto punto, dolorosa. Repasó con su dientes toda la extensión, logrando que Harry se arqueara de manera deliciosa antes de apartarse, agitado y ansioso.

—Voltéate — ordenó con voz firme mientras acariciaba las piernas de Harry con la punta de los dedos.

Harry no contestó, simplemente giró, tal como su amante le pedía, sintiendo el frío y duro piso sobre su pecho, pero estaba tan excitado y ansioso que eso no lo desanimó; sintió a Draco acomodarse entre sus piernas, evitando que pudiera arrodillarse.

—Harry… —suspiró Draco besándole en el hombro y refregando su dura erección entre las nalgas de Harry, que hacía lo posible por arquearse y tratar de hacerle sitio.

—Draco… vamos —pidió moviendo una de las manos hacia atrás, hasta poder acariciar el trasero de Draco, apretándolo contra él.

—Sí —jadeó Draco levantándose un poco y murmurando un hechizo lubricante. Se posicionó mejor y, aún besando la espalda de Harry, comenzó a empujar.

Harry jadeó y se empujó contra Draco mientras sentía como, con exasperante lentitud, iba entrando en él.

—¡Oh, Dios, sí!

—Oh… —Draco se detuvo, totalmente dentro de Harry, respirando entrecortadamente y tratando de disfrutar de ese pequeño momento en que su cuerpo se acostumbraba a aquel lugar tan apretado.

—Vamos, Draco —lo apuró Harry tratando de moverse contra Draco, pero como estaba totalmente presionado contra el suelo le fue imposible. Draco comenzó a embestir contra él, con fuerza, una de sus manos fue sujeta sobre su cabeza, entrelazando sus dedos, mientras se sentía aplastado, deliciosamente aplastado, y su cuerpo vibraba porque en cada embestida Draco llegaba hasta ese preciso punto.

—Te amo —jadeó Draco jalando a Harry de las caderas hasta tenerlo de rodillas sobre el piso, las embestidas se volvieron mucho más fuertes, sólo sus gritos y gemidos llenaba la oficina,

Draco pasó una mano hacia delante y comenzó a acariciar a Harry —lo siento… estoy tan cerca —dijo con voz ahogada mientras sentía como su cuerpo perdía el control. Su mano se unió a la de Harry y comenzó a acariciarlo con rudeza, aún cuando el orgasmo le sobrevino y se corrió con grito gutural no dejó de acariciarlo, hasta que lo sintió tensarse y su mano se empapó de aquel líquido caliente.

Entonces ambos se dejaron caer contra el piso, agitados y sudados.

—Lamento lo de esta tarde —suspiró Harry, unos minutos después estaba ya acostado junto a él, su cabeza en el pecho de Draco; ambos cubiertos por la túnica que había caído al piso.

—¿De qué hablas? No ha pasado nada…

—Sí que ha pasado, pude haberte dicho que estaba bien, que seguiríamos intentando, pero me sentía tan sobrepasado y…

—Yo también, creo —interrumpió Draco inclinándose para darle un beso en la cabeza —pero ahora todo está bien, creo que ya dejamos en claro que seguiremos intentando —se burló y Harry asintió.

—Por supuesto… pero, ¿la próxima vez en una cama? No es por nada pero el piso me va a matar…

—No te estabas quejando hace un momento —reprochó Draco con burla.

—Oh, no, pero si no me crees puedes probarlo…

—¿El qué?

—El piso, por supuesto —respondió Harry levantándose un poco y empujando a Draco hasta quedar encima de él.

—Oh… bueno, creo que podría hacerlo —suspiró Draco mientras sentía las manos de Harry abrirse camino entre sus piernas…

*

Tres semanas después.

Ajustó un poco más la capa de viaje, lamentando no haber escuchado a Draco y dejar la bufanda y los guantes en casa. A su lado Cleave se abrigó al igual que él, aunque él sí lucía una bufanda oscura que se veía bastante abrigadora.

—Cindy me obligó a traerla —comentó Cleave hacia Harry y parecía algo avergonzado por dejar que su novia influyera en su vestimenta, incluso en las misiones.

—Yo olvidé la mía —respondió Harry, guardándose el comentar que Draco también había insistido con él por eso y que al final la había dejado escondida en la cochera, junto con los guantes. Oh, cuando se arrepentía de haberlo hecho, casi podía imaginar a los guantes y la bufanda, detrás de uno de los aparadores, lo abrigadores que serían en un momento así, pero, ¿quién iba a imaginar que empezaría a helar de esa manera?

—Como sea, pronto podremos volver a entrar a la carpa.

—Sí —afirmó Harry a la vez que hacía un movimiento con la cabeza, señalando hacia el angosto camino que llegaba desde la playa. Dos siluetas, una muy pegada a la otra, avanzaban con lentitud. Entornó los ojos tratando de reconocer si es que se trataba de su objetivo. Durante las últimas tres semanas lo habían perseguido por toda Inglaterra, al parecer Zabini tenía un serio complejo de persecución, o él, Harry, no estaba haciendo su trabajo adecuadamente, espantándolo cada vez que se acercaba. Por eso esos días habían decidido hacerlo a la manera antigua. A lo muggle, como decía él. O más o menos a lo muggle, se ratificó, pues estaban ambos escondidos con hechizos de impermeabilidad y apretados entre los árboles, para no ser vistos y vigilando la puerta principal de lo que era la última vivienda donde se había instalado la pareja.

Había cosas que Harry no comprendía muy bien, por ejemplo: que una chica como ella, que al parecer había vivido felizmente en la opulencia durante tantos años, decidiera abandonar todo por un chico que aparentemente ni siquiera tenía un empleo, viviendo únicamente de lo poco que ella había llevado consigo al escapar.

"—Puede que él represente el escapar de la cotidianidad, que esté harta de seguir las normas y quiera tener su propia vida —había opinado Draco una noche mientras cenaban —, que él le haya mostrado un mundo totalmente diferente y fantástico del cual ella no tenía ni idea y que al tener que escoger entre eso y su abuela, se haya inclinado por él. No muchos o muchas dejan a sus familias por la persona que quieren, pero no sería la primera en escaparse por estar con el que cree que es el amor de su vida".

Harry había percibido un destello de añoranza en la mirada de Draco, imaginó que Draco se había sentido así en la época de Yarik: estaba harto de hacer lo que se esperaba que hiciera y veía en el chico algún tipo de escape; aunque como su situación era mucho más complicada no se había animado a fugarse con él, pero seguramente, de haber vivido en una época en la que su familia no estaba siendo amenazada, Draco se hubiera escapado con él. Mordió su lengua por no responder acerca de que esta chica en realidad sí era feliz con su abuela, que a ella no le habían exigido que se casase con alguien ni que peleara en una guerra o matara a nadie. Si había algo que no le gustaba era que Draco recordara a Yarik, a pesar de todos los años que habían pasado, de las cosas que habían pasado juntos y de la certeza de que en verdad se amaban, no podía dejar de sentirse un tanto amenazado por él y su recuerdo. Y era tonto, lo sabía, pero aún así prefería evitar el tema.

Harry se pegó un poco más contra el árbol y algo revoloteó en su estómago, era un fastidio que tenía desde la mañana anterior, después de haber tenido que dormir en una carpa a medio kilómetro de allí, y en donde se había congelado hasta los cabellos en su afán de ocultarse y no mostrar ni una gota de magia, para no alertar a Zabini.

—Yo creo que no sospecha —masculló Cleave sin dejar de mirar a la parejita que venía caminando, tomada de la mano.

—Eso parece —jadeó Harry lo más callado que pudo y maldiciendo nuevamente el frío que lo hacía sentir tan enfermo en un momento tan inapropiado. Sólo necesitaban que Zabini se confiara lo suficiente para dejar a la chica sola media hora, sólo media hora y Harry podría navegar por sus recuerdos, ver su mente y averiguar cómo era que había cambiado tanto de opinión con respecto a su abuela y la universidad.

Harry miró la pareja pasar por su lado, Zabini, se veía bien, usando su ropa muggle de segunda clase, con una chaqueta de cuero oscura y unos pantalones vaqueros apretados y gastados, sus botas se hundían sin hacer ruido en el césped aplastado del camino, mientras sus ojos marrones escaneaban todo alrededor, con desconfianza, aunque sin dejar de sonreír de manera, Harry tenía que reconocerlo; encantadora.

Leti, que era como su abuela la llamaba, sonreía más bien de manera boba, mirando con ojos brillantes hacia Zabini y hacia el camino alternativamente, su largo cabello castaño claro brillaba aún en la oscura mañana y sus ropas se notaban de calidad superior a la vestimenta muggle de su pareja, su mano iba enlazada a la del chico y Harry podía decir que, de no saber que algo extraño pasaba allí, podía decir que se trataba de una pareja demasiado enamorada, pero debía descubrir qué sucedía con la chica y pronto.

En cuanto estuvieron más cerca Harry casi esperaba que hubiera pajaritos volando cerca y que la música de algún violín sonara en el fondo e incluso flores cayendo del cielo; la escena se le hacía demasiado dulce y empalagosa, como si alguien le hubiera echado demasiada azúcar a lo que pudiera ser un gran pastel.

–Te amo –afirmó la chica en voz alta y firme en el momento en que caminaban ya al lado de Harry y Cleave, Zabini torció el gesto un instante mirando hacia los árboles donde él estaba escondido y luego asintió.

–Ajá, eso es, me amas.

–Más que a nada en el mundo –continuó diciendo la chica mientras seguían avanzando, –; te amo más que a mi vida.

Harry no había podido detectar ningún hechizo a primera impresión, aunque eso era algo que ya esperaba, pues si los aurores habían estado investigando y no habían encontrado nada era porque ya habrían hecho el procedimiento de cateo.

Miró a Zabini, tomando de la mano a Leti de manera posesiva y avanzando por el resto del camino hacia la cabaña, efectivamente, algo andaba muy mal allí, él amaba a Draco, por supuesto, y Draco lo amaba a él también, y ninguno de los dos iba con los ojos rutilantes, mirándose como si no existiera nada más en el mundo y tomados de la mano gritándose cuanto se amaban en medio de la calle. Y bueno, tal vez era distinto en una pareja hetero, pero Ron y Hermione definitivamente no actuaban así. La chica pareciera no poder mirar nada más que a Zabini, aunque él en realidad no estuviera más interesado en ella que en el camino. Torció el gesto un poco, sintiendo nuevamente el odioso dolor de cabeza que lo había acompañado desde muy temprano y se pegó al árbol un poco más, dejando su peso descansar sobre éste mientras seguía analizando la situación: Zabini no podía haber usado una poción de amor, ni un imperius, nada de magia negra, porque eso había sido ya investigado, y tampoco amenazar a la chica porque de lo contrario ella no le gritaría que lo amaba en medio de un camino desierto, ni lo miraría de esa manera tan embelezada y... Algo hizo conexión en su cabeza, mirarlo, eso era, ella en ningún momento casi había dejado de mirarlo, Zabini incluso ya parecía molesto por eso, era un hechizo de vista, ella tenía que mirarlo, o tenerlo demasiado cerca. Se preguntó cómo habría sido la investigación y el interrogatorio de los aurores y si es que en realidad necesitaría verlo a él físicamente o con una imagen encantada bastaría.

–Vamos, Cleave –ordenó Harry con voz firme. El chico le dio una mirada más a la chica y negó con la cabeza.

–Es bastante guapa, mucho más que en las fotos, y eso que ni siquiera son de las mágicas Creavey.

–¿De las mágicas Creavey? –preguntó Harry extrañado, le tomó un par de segundos recordarlo, Denis Creavey, el hermano de Collin, del buen Collin; no había sabido nada de su compañero de clases desde que la escuela había terminado.

–Sí, él y su hermano, que ya murió, habían empezado a desarrollar una forma de revelado que te daba una impresión más clara de la persona o el lugar que fotografiabas, es bastante caro aún y no es tan fácil conseguirlas, aún está mejorando la técnica, por decirlo de alguna manera, pero dicen que es bastante realista, yo sólo he visto las primeras pruebas, en una exposición hace un año, pero dicen que ahora salen mucho mejor...

–¿Y qué tan difícil es conseguir una foto así?

–Para usted, jefe, será pan comido, sólo dígale que quiere una y le apuesto a que el chico se la dará en el acto, seguro que hasta tiene ya una colección privada y todo...

Harry se sonrojó un poco y se sorprendió de sentirse tan agitado con solo estar caminando la media colina que los separaba de la carpa.

–A él siempre le ha gustado tomar fotografías —jadeó Harry.

–Y es gay además –continuó explicando el chico –hace más de un par de años que está con un artista mago Ruso, que tiene obras por toda Europa, son la sensación...

–¿Porque será que no me enteré?

–Ah, es que seguramente estaba muy ocupado resolviendo casos y todo, pero como Creavey no vive en Inglaterra nadie lo menciona y...

–Espera –interrumpió deteniéndose ante la carpa –¿No vive en Inglaterra? ¿Cómo lo viste entonces?

–Por ahora, si no me equivoco, está en Austria, lo vi en Nápoles el año pasado, ya sabe, Cinthya es una gran fan de todo lo que se refiere al arte y prácticamente me obligó a ir y bueno... –se encogió de hombros, como si no necesitara dar mayores explicaciones. Ý en realidad no las necesitaba dar, Harry conocía a Cinthya y sabía lo persuasiva que era para lograr que Cleave le diera los gustos que pidiera; también sabía que Zabini había estado fuera del país durante algunos meses hacía más de un año, en Italia y Francia, aunque era un misterio lo que había hecho allí, no había registros sobre eso en el Ministerio.

–De acuerdo, yo iré a la oficina a buscar algo de información y tú coge lo que necesites de la carpa y vuelve a la cabaña, sólo en caso de que Zabini salga me avisas al móvil. No hagas nada de magia, recuerda que no queremos alertarlo.

–Sí, jefe –suspiró Cleave con cierto fastidio –. No se preocupe, no la fregaré está vez.

–Es bueno saberlo –masculló Harry sarcásticamente, aún recordaban el primer trabajo en el que el chico había participado y como por culpa de él un ladrón de muy baja monta había escapado, tardaron dos semanas en capturarlo nuevamente y aquello representó gastos extras para el trabajo y muchas disculpas por parte de Harry hacia el cliente. Por más que Cleave había avanzado mucho en su trabajo y Harry estaba ya contento con él, no le permitiría olvidar tan rápido ni tan fácil. No sería divertido de lo contrario.

Harry montó sobre su motocicleta y se puso el casco, arrancando con bastante bulla, dio una mirada atrás, hacia Cleave y la carpa, antes de enfilar con mayor velocidad por el camino. Disfrutaba de poder pasear a lo muggle por las carreteras, aunque luego de una hora de viaje se apartó del camino y se elevó, ya había avanzado lo suficiente para evitar que Zabini, o cualquier otro, pudiera percibir su magia, y se dirigió hacia Londres, hacia su oficina.

*

–Entonces podremos triplicar la utilidad manteniendo el invernadero, no es tan difícil, tendríamos que contratar a alguien que tenga algo de experiencia... conozco un par de chicos que podrían hacerlo.

–No es mala idea, Gael, pero necesitamos apresurarnos, si realmente lo vamos a hacer primero vamos a contratar a la persona y luego que esa persona se encargue de montarlo, ni tú ni yo tenemos el tiempo, estamos ya retrazados con las órdenes de Italia y no pienso hablar con Suecia hasta que esté todo en orden.

–De acuerdo, entonces primero lo contrato y luego...– empezó a anotar Gael mientras Draco le daba un sorbo a su taza de té, se interrumpió cuando la puerta se abrió de par en par.

–¡Harry! –exclamó Draco poniéndose en pie, Gael soltó una pequeña carcajada y aunque Draco sabía que se estaba mofando de su entusiasmo para saludar a Harry no le interesó.

–Hola –sonrió Harry y luego le hizo un gesto a Gael, como pidiéndole que los dejara solos.

–Ya, que sólo han pasado cuatro días –se quejó mientras jalaba su taza de café para salir y dejarlos solos.

–Cinco –replicaron Harry y Draco a la vez, Gael puso los ojos en blanco.

–Que absurdo, quien lo hubiera dicho antes, ahora parecen una parejita empalagosa y hetero –siguió mascullando mientras por fin cerraba la puerta de la oficina.

Ambos se lanzaron el uno en los brazos del otro y se dieron un apasionado beso, disfrutando del sabor tan necesario para ambos.

–Espera –jadeó Harry cuando Draco ya metía mano dentro de su sudadera.

–Oh, no, esperar no, no tengo mucho tiempo, tengo que volver a la reunión porque...

–No, es que yo sólo he venido un momento –le detuvo Harry sujetándolo de las muñecas, sintiéndose mal por la cara de desconcierto de Draco; se inclinó y le dio un beso más en los labios antes de apartarse.

–Lo lamento –continuó —, está más complicado de lo que esperaba, pero he conseguido un par de datos interesantes y vine a la oficina por información –Harry señaló con la cabeza la mochila que estaba en el piso y en la que no había reparado Draco –aún no es seguro usar magia así que tengo que ir al modo muggle por el último tramo, pero no quería irme sin verte aunque sea un momento.

–Oh –Draco trató de no sentirse desilusionado, él sabía que esas cosas pasarían, lo habían hablado y sabían las exigencias de cada uno de sus trabajos, lo importante que era para ellos y sobre todo lo vital de que uno apoyara al otro –; claro, no hay problema.

–Te recompensaré –prometió Harry y Draco negó con la cabeza.

–No seas tonto, no hay nada que recompensar, es trabajo –se acercó a él y le dio un gran abrazo, disfrutando de su aroma y la sensación de Harry entre sus brazos. Por las noches dormía junto a una de sus pijamas, para no dejar de sentir su aroma de alguna manera, (aunque no lo confesaría ni bajo tortura) pero durante el día no tenía como hacerlo, al menos está tarde las cosas serían mejores.

–Trabajo –suspiró Harry separándose con mucho pesar de Draco –. Creo que tardaré un par de días más, no debe pasar más tiempo porque Zabini no se ha movido hasta ahora y no quiero que se vuelva a mover, debe ser está vez.

–Suerte entonces —Draco le acarició el brazo con cariño —; me ha gustado verte al menos un momento.

–Y a mí –Harry, que ya había retrocedido un par de pasos, los volvió a caminar y se pegó a Draco dándole un beso más en los labios –. Al volver nos pondremos a eso de nuevo.

–Ni lo dudes –sonrió Draco con entusiasmo. Harry le acarició la mano y finalmente, con mucho pesar, salió de la oficina, mientras Draco aún permanecía allí de pie.

*

Cuando Harry llegó nuevamente a la colina ya estaba atardeciendo, había estado tan ocupado en ir, recopilar información y volver que no había siquiera reparado en lo hambriento que se encontraba, por suerte Cleave tenía dotes para cocinar al aire libre (mejor que los que él y Hermione y Ron habían tenido en su tiempo) y lo esperaba con un gran plato de sopa caliente y pan fresco, que comió en silencio, ansioso, mientras Cleave leía los libros que había traído de la oficina.

–Entonces no es delito porque no es un hechizo de magia negra.

–No lo sé, es decir, no es de magia negra, pero creo que sí un delito, aunque no puedo preguntarle a Hermione, anda demasiado ocupada procurando dar a luz antes de explotar o algo así... –respondió Harry antes de meterse una nueva tajada de pan a la boca. Cleave arqueó una ceja pero no dijo nada respecto a lo hambriento que estaba su jefe.

–Como sea, no creo que los aurores hayan podido hacer nada contra eso.

–En realidad sí que pudieron, fíjate en el libro de hechizos sudamericanos, hay un capítulo completo sobre lo que ellos denominan amarres.

Cleave dejó de lado el libro sobre hechizos Europeos no tan conocidos y sacó del montón que había en el piso el que Harry le indicaba.

–En el tercer capítulo.

Harry tragó con fuerza lo que le quedaba de pan y luego dejó a un lado el tazón y la cuchara y jaló de las manos de Cleave el libro para abrirlo en la página que él ya había leído antes.

–Léelo en voz alta, por favor –pidió mientras se recostaba contra el borde de una de las camas; el comer tan rápido no le sentaba nada bien tampoco.

Cleave asintió y empezó a leer en voz alta:

–El hechizo es una vieja trampa, es llamado captiônis amoenitâs o el encanto del engaño, consiste en hacerle creer a una persona, mago, bruja, muggle, duende e incluso se han reportado casos de Elfos, que una imagen es lo que más desea y quiere en el mundo –Cleave dejó de leer y le dio una mirada de entendimiento a Harry.

–Exacto, eso es lo que ella dijo esta mañana ¿verdad?

–Ajá...

–Continúa

–Claro... como decía: es una imagen de lo que más desea y quiere en el mundo, el engaño consiste en proyectar aquello en una persona, en algunos casos se ha practicado con objetos, pero lo más común es con personas, un mago puede hacerle creer a una bruja que él es su príncipe azul, lo que ella siempre ha deseado y amado y que nada es más importante que estar juntos, nada ni siquiera la familia…

–En este caso la abuela.

–Pero entonces, ¿por qué no se han casado?

–Porque para un enlace mágico de este tipo tú tienes que estar cien por ciento comprometido con esa persona, es decir no lo puedes hacer bajo ningún tipo de hechizo de amor o poción o coacción, el vínculo simplemente no se formará.

–Pero, jefe, así no se podrán casar nunca.

–Sí, sigue leyendo.

–Este hechizo es peligroso porque luego de un tiempo la víctima pierde la razón, su salud mental empieza a declinar y es probable que ya no distinga la realidad de la mentira, es el momento en que se les hace firmar compromisos y acuerdos que no hubieran podido hacer en buenas condiciones. Es más, si se les intenta obligar a firmar algún acuerdo apenas creado el hechizo éste fallará miserablemente, pues aún hay algo de conciencia en ellos. El tiempo aproximado de esto es de seis meses.

–Casi el mismo tiempo, suponemos, en que el hechizo fue creado, cuando la abuela dijo que no podían seguir juntos, considerando que necesitaban estar juntos siempre para que esto tuviera efecto, entonces debe haber sido así: Zabini le lanzó el hechizo luego de: o convencerla de escapar, o secuestrarla...

–Jefe –jadeó Cleave –; aquí dice que si alguien le quita el objeto de su deseo durante periodos largos puede terminar en...

–Suicidio, exacto –afirmó Harry –. No me sorprendería que ese fuera el plan, se casa con ella, que está tan convencida ya de que es él lo que quiere, que acepta en enlace, luego de unos meses más él desaparece sólo durante dos o tres días, un viaje de negocios o algo por el estilo, y al regresar a casa encontrará a su esposa muerta, porque se ha suicidado, sin que él tuviera absolutamente nada que ver; sin verse implicado termina el año viudo y con una pequeña fortuna, apenas tiene veinticinco años, no está mal para mantenerse y ahora, con esta fortuna, parecer más acaudalado, puede que esta vez consiga a alguien con más oro y poder...

–Interesante forma de avanzar en la escala social.

–Así es –negó Harry con la cabeza –. Por lo pronto tendremos que entrar en la cabaña, debemos encontrar imágenes o algo que esté sirviendo de hechizador.

–Jefe, pasó algo durante su ausencia —dijo de pronto Cleave.

–¿Y recién me lo dices?

–Estaba usted comiendo.

Harry puso los ojos en blanco y levantó una mano indicándole que continuara.

–Llegó una lechuza, una muy fea, dicho sea de paso, Zabini salió, apenas dos minutos, yo iba a llamarlo pero luego lo ubiqué en la parte alta del camino, estaba hablando con otra mujer, menos guapa que Leti, parecían una pareja en medio de una discusión, ella lo abofeteó, el la tomó de la muñeca y ella lloró, pasaron un momento más en silencio y luego ella se abrazó a él, y un instante después se estaban besando. Casi inmediatamente Zabini volvió a casa y la chica desapareció, no sé quién es pero tengo el pensadero y el recuerdo para poder localizar su imagen en cualquiera de nuestros archivos, o los del Ministerio si es que Boris me ayuda.

–Lo hará gustoso, pero no tenemos tanto tiempo, vamos, hay que ir a casa de Zabini.

–¿Ahora?

–Cuando si no, iremos y revisaremos el lugar, por lo general estos magos son algo tontos, te apuesto a que hay hechizos y barreras contra las apariciones, protegiendo la red flú y demás comunicaciones, pero la puerta de la entrada sigue siendo fácil de abrir hasta para un auror de primero, o que la puerta de atrás está desprotegida.

–No creo que sea así de tonto.

–No es que sea tonto, es que es confiado, si tú fueras él tratarías de tener la mayor seguridad, sin llamar la atención del Ministerio, claro, pero por esa preocupación olvidarías los pequeños detalles; es decir, no creerías que un muggle va querer entrar a tu casa. Es típico.

–Bien, supongo que tiene razón.

–Eso espero –suspiró Harry poniéndose en pie con resolución y jalando el libro que habían estado leyendo acerca del hechizo, debía memorizar el contra hechizo.

*

Draco llegó a casa bastante cansado, luego de todo un día de reuniones y negociaciones, la fábrica iba avanzando bastante bien y pronto, en cuanto la poción funcionara, podría darse el tiempo para ocuparse de formar una familia, estaba dejando todo de tal manera que pudiera funcionar con el mínimo de su participación por un tiempo. Aunque aún no le había dicho nada a Gael al respecto, esperaba que su socio comprendiera en cuanto le explicara todo el asunto.

Se metió en la ducha luego de comer un simple emparedado de queso y de allí a la cama, era bastante temprano pero sin Harry cerca no había razón para desvelarse.

Cerró los ojos pensando en él y en lo que estaría haciendo. Cuando Harry había sido auror y había tenido que participar en misiones, él se había sentido intranquilo, temeroso de que algo malo le pudiera ocurrir. Después del ataque de la MACH y que Harry renunciara a los aurores no se podía negar que se había sentido mucho más aliviado de que Harry sólo se dedicara a dictar clases, lo consideraba más seguro, pero esa tranquilidad duró muy poco, pues se corrió la voz de que Harry estaba aceptando casos que el Ministerio no quería o podía tomar y las ofertas llegaron casi inmediatamente; desde entonces Harry había estado haciendo pequeñas cosas, ubicando objetos perdidos, personas desaparecidas, aclarando robos y algunas otras cosas más, sin embargo, poco a poco las misiones habían ido aumentando su peligrosidad, aún recordaba cuando Harry llegó a la clínica donde Mikel trabajaba, sangrando y herido, aunque no había sido la intensión de Harry decírselo, él lo había sentido por el vínculo y antes de que pudiera ponerse frenético, Gael, avisado por Mikel, había llegado para darle las noticias. Habían discutido esa noche, luego de regresar de la clínica, por la falta de cuidado de Harry, no había querido admitir lo asustado que había estado por perderlo y por primera vez entendió porqué Harry se había enfadado así con él luego de que probara el veneno que la MACH estaba dando muchos años atrás, o cuando se había dejado atacar por Ginny para inculparla más. Esa noche se prometió de verdad no volver a hacer nada estúpido, porque se sentía espantoso si eras tú el angustiado.

Esta misión, la que incluía, ¡oh ironías de la vida!, a su ex compañero Zabini, no le gustaba mucho, porque sabía lo agresivo que podía volverse Zabini cuando estaba acorralado, y definitivamente secuestrar con engaños a una joven bruja para quedarse con su fortuna costaba una condena muy alta en Azkaban como para que Zabini no se defendiera con uñas y dientes. Harry había prometido ser cuidadoso, no hacer nada tonto ni estúpido y contactarse con los aurores en cuanto fuera necesario, pero Draco conocía a Harry y a veces era demasiado impulsivo y se lanzaba a los problemas sin tan siquiera analizarlos.

Se arropó mejor en la cama y se trató de convencer de que Harry no haría nada tonto, no esta vez al menos.

*

Durante el camino a la casa donde Zabini y Leti se hospedaban Harry se la pasó repitiendo el contra hechizo, aunque no podía emplear la varita aún y no estaba del todo seguro de que tan fácil o difícil sería hacerlo, esperaba que llegado el momento saliera bien.

Era ya más de media noche cuando por fin pudieron estar ambos apoyados en la pared trasera de la cabaña, Harry usó los métodos muggles que conocía para abrir la cerradura, casi no había usado esos trucos desde hacía un par de años así que le tardó más tiempo del esperado lograrlo, hasta que finalmente la cerradura hizo un ligero "clic" y la puerta se abrió. Escuchó a Cleave soltar el aire lentamente y puso los ojos en blanco por la falta de confianza de su ayudante.

Por dentro la casa era estilo muggle y común, la puerta trasera llevaba a un pasillo y de allí a una cocina pequeña y blanca, con muchos electrodomésticos plateados que Harry intuyó no funcionaban bien debido a la gran cantidad de magia que Zabini había usado para asegurar el perímetro. Harry le hizo un gesto innecesario de silencio a Cleave y continuó avanzando hacia la salita, con muebles azules y floreados y cortinas que hacían juego; en el centro un enorme televisor apagado y al fondo un pequeño bar con un par de vasos y una botella de Whisky a la mitad.

—Jefe —susurró Cleave y Harry le dio una mirada de fastidio. El chico enrojeció un poco pero aún así señaló hacia la pequeña escalera de caracol que llevaba al segundo piso. Harry dio una mirada más alrededor, no había pinturas ni fotografías de la pareja y luego asintió, dejando que fuera Cleave el que dirigiera el camino esta vez.

El segundo piso parecía mucho más pequeño, había un corto pasillo con una puerta a cada lado, Harry empujó la primera puerta y descubrió que se trataba de un baño, la segunda, la que quedaba en frente, debería ser definitivamente la habitación.

Estuvieron de pie, en el pasillo por mucho rato más, mientras Harry sopesaba qué hacer, podían entrar, asustarlos y llevarse a Leti para aplicarle el contra hechizo, pero eso dejaría a Zabini fuera de la vista y habilitado para escapar, o podrían hacer todo en la casa, sólo necesitaban alejar a la chica de Zabini y de cualquier imagen de él, y así poder lanzar el contra hechizo, el cual, dicho sea de paso, no estaba muy seguro de que funcionaría.

Lamentó no haber traído a ninguno más de los chicos que trabajan con él, hubiera sido de utilidad, pero no quedaba más opción que ponerse en acción sólo ellos dos, después de todo, según habían visto, Zabini ya se estaba quedando demasiado tiempo en esa casa y no existía seguridad de que al día siguiente siguieran allí.

Consultó su viejo reloj una vez más y asintió, eran más de las tres de la mañana, sabía que si era necesario podía invocar a los aurores para que lo apoyaran si Zabini se ponía difícil.

—De acuerdo —murmuró hacia Cleave, que de pronto se había puesto algo pálido, siempre se ponía pálido antes de entrar en acción, aunque luego trabajaba muy bien —, yo inmovilizo a Zabini, seguramente Leti despertará en ese momento y tú la inmovilizarás, luego los alejamos lo suficiente para crear el contra hechizo… o intentarlo.

Cleave tragó duro y tomó una profunda bocanada de aire antes de asentir y levantar la varita. Harry lo imitó y empujó la puerta con lentitud, antes de darse siquiera cuenta, el primer hechizo de ataque había volado hacia ellos, se lanzó al piso mientras escuchaba la voz de Zabini:

—En verdad, Potter, es muy desagradable que invadan mi casa en mitad de la madrugada.

Harry levantó la vista para ver a Zabini, lucía un pijama ligero que dejaba ver todos sus músculos y su mirada brillaba hipnóticamente, jadeó sorprendido, esperando no haberse equivocado con el hechizo y rodó un poco para tratar de ponerse en pie, tratando de no buscar con la mirada a Cleave, seguramente se había refugiado en algún rincón y no estaba seguro de que Zabini supiera de su existencia.

—Amor, ¿quién es él? —preguntó la chica desde el otro lado de la habitación, lucía un ligero camisón que dejaba ver todos sus pechos y abdomen, pero no parecía reparar en su casi desnudes delante de un completo extraño.

—Un hombre que ha enviado tu abuela para separarnos —explicó Zabini con voz cansada —duérmete, yo lo resolveré.

—Sí, mi amor —respondió la chica en tono obediente y, para asombro de Harry, se volvió a tender en la cama y cubrió completamente, ¿se habría quedado realmente dormida?

—Eso que haces es ilegal —reprochó Harry de pie al fin, se alegró de no haber soltado la varita y poder apuntar a Zabini.

—Dormir con mi novia es legal, sé que no lo entiendes, claro, prefieres dormir con hombres, pero al fin ese no es mi asunto y lo que yo haga tampoco el tuyo, así que si no quieres que llame a los aurores y te demande por allanamiento más te vale irte largando.

—Sabes que no te tengo miedo, ni de que vengan los aurores, que el que tiene más que perder aquí eres tú.

—Leticia es mayor de edad y tiene derecho a largarse de su casa si es que ella quiere, sobre todo por la forma como su abuela la trata —defendió Zabini y Harry tenía que admitir que en verdad sí que era bastante convincente, sin embargo, no se dejó amilanar.

—Y también está embrujada, no me lo negarás, no es posible que haya cambiado de un momento a otro de esa manera.

—¡Ja! —se burló Zabini y bajó un poco la varita, grave error, pensó Harry —. Los aurores ya lo han investigado, esa vieja loca chochea, por eso es que no entiende que Leticia ya no es más una niña y ya no la quiere más.

—Estoy seguro que… —pero Harry no terminó de hablar, vio un rayo rojo que llegaba a Zabini, milésimas de segundo antes de ver el cuerpo del chico completamente rígido y cayendo hacia delante. Harry lo sostuvo antes de que se diera contra el piso y Cleave apareció con mirada de suficiencia a un lado de la habitación.

—¿Vio jefe? Lo derribé.

—No me digas… —suspiró Harry dejando en el piso a un inconciente Zabini.

Leticia en ese momento se sentó completamente, espantada, como despertando de una pesadilla, y pegó un grito en cuanto vio a los que estaban en su habitación.

—¡Ladrones! —gritó con fuerza mientras subía las mantas para cubrirse. Aquello era interesante, pensó Harry, cuando Zabini había estado conciente la chica no había tenido reparos en mostrarse ante ellos, tal vez el encantamiento se hacía más débil si el mago ejecutor estaba inconciente por un hechizo.

—No, señorita, no somos ladrones, venimos a ayudarla —explicó rápidamente Cleave avanzando hacia ella, pero eso sólo hizo que la chica gritara con más fuerza.

—¡Me lo han matado! — se levantó de un salto, jalando una bata y buscando en la mesa la varita, Harry fue más rápido, atrayéndola con un hechizo y negando con la cabeza.

—No, no lo hemos matado, Leticia, lo hemos dejado inconciente porque te estaba sometiendo a un hechizo.

—¡No es cierto! —jadeó ella retrocediendo hasta pegarse a la pared —, mi abuela los ha enviado, ¿verdad?. Yo ya le he dicho que a ella no la quiero, que no la deseo ver más en mi vida, es mala y cruel y no me quiere…

—De acuerdo, puede que sea cierto —contestó Harry acercándose a ella —, pero si es así entonces no le importara que hagamos un pequeño estudio acerca de si estás o no hechizada.

—Por supuesto que no, no permitiré que me hagan nada —protestó apretando la bata con más fuerza en torno a sus pechos, Harry escuchó a Cleave bufar y se abstuvo de llamarle la atención por eso.

—Bien, entonces llevaremos a Blaise a la otra habitación para que se pueda recuperar, ¿Qué le parece eso?

—No, váyanse, yo lo atenderé, váyanse antes de que llame a los Aurores —amenazó.

—Será por las malas, pues —respondió Harry perdiendo ya la paciencia, podía ver el cielo, a través de la ventana, cambiar de color, pronto amanecería.

—¿Qué…?

Pero Harry no le dio oportunidad de terminar de preguntar, hizo un gesto vago a Cleave que entendió en el acto y levitó el cuerpo de Zabini hacia afuera de la habitación mientras Harry levantaba la varita.

—Accio fotos de Zabini —un gran número de marcos y fotos sueltas volaron a sus pies, habían de todo tipo, de Zabini en la playa, en el campo, en la nieve y en algún lugar que parecía Italia; Cleave tenía razón, una particularmente grande parecía como si fuera el mismo Zabini encerrado en el marco, gruñendo y frunciendo el ceño, al parecer era muy realista.

—No puede destruir nuestro hogar.

—Listo, jefe, está encerrado en el baño —informó Cleave entrando nuevamente a la habitación.

—Este no es tu hogar —explicó Harry hacia la chica mientras que con un pequeño movimiento de muñeca desaparecía todas las fotos y recuerdos —; llegaron aquí hace sólo unos días y pronto seguramente cambiarían de casa, ¿no recuerdas cuantas casa has habitado en los últimos tres meses?

—Yo… —Leti frunció el ceño, mirando hacia el piso donde un instante antes habían estado las fotos de Blaise y luego alrededor, como buscando una orientación, un lugar de donde sacar las respuestas.

—Lo supuse, ahora si me permites —le pidió Harry acercándose a ella, la chica se pegó más contra la pared y se dejó resbalar rápidamente hacia el piso.

—No, no me hagan daño, por favor, mi abuela tiene oro, ella les puede dar, pero no me hagan daño, mi novio llegará en cualquier momento y… no me hagan daño —Harry sintió un extraño retortijón en el pecho cuando la chica comenzó a llorar. Le dio una mirada de pánico a Cleave, que parecía haberse quedado congelado en su lugar, definitivamente ninguno sabía tratar con chicas lacrimosas.

—No pensamos hacerte daño —habló finalmente Cleave con voz serena y acercándose un poco hacia ella —, sólo vamos a curarte para que puedas volver con tu novio.

—¿Curarme?

—¿No lo recuerdas? —preguntó arrodillándose delante de ella y Harry se sorprendió de que la chica no retrocediera más.

—Yo…

—Te caíste y te diste un mal golpe en la cabeza, por eso es que todo te parece raro, nadie le ha hecho nada a Blaise, él ha ido por unas pociones y pronto llegará, pero mientras tanto él y yo —dijo señalando hacia Harry —debemos curarte, para que te pongas bien, ¿de acuerdo?

—¿Me caí? ¿Cómo me caí?

—Por las escaleras, mientras bajabas, no es tan grave, sólo necesitamos hacer un hechizo de reconocimiento —Cleave, con algo de temor, apoyó una mano en el hombro de la chica y Harry se arrodilló junto a ellos —, el es un medimago, sólo déjalo trabajar un momento y luego todo estará bien.

—¿Y Blaise no tardará? A él no le gusta que me quede sola, por eso me dio fotos… —miró alrededor nuevamente —¿Han visto las fotos? Me dio muchas para que no lo extrañe y…

—Claro, fotos, te las traeremos en un momento —se animó a mentir Harry —ahora sólo… sólo será un momento.

La chica tomó una profunda bocanada de aire y asintió con resignación, Harry contuvo la sonrisa, primero tenía que estar seguro de estar haciendo lo correcto, porque si no se meterían en un enorme lío.

Levantó la varita y suspiró profundamente:

—Cônfectiô amoenitâs —una luz dorada emergió de la varita y dio en el pecho de la chica, la luz se fue expandiendo por el resto del cuerpo mientras ella abría los ojos como plato, y sus mejillas se sonrojaban. Tal como decía el libro, el aura que la rodeaba se fue poniendo de color rojo encendido por un instante, antes de desaparecer.

—¿Qué es lo que están haciendo? —masculló la chica con voz más asustada.

Harry le dio una mirada de advertencia a Cleave y levantó la varita una vez más, esperando que el contra hechizo funcionara de verdad.

—Termini captiônis amoenitâs —una muy débil luz azul emergió de su varita y se apagó antes de llegar a tocar el cuerpo de la chica, que a cada momento parecía más escéptica a lo que estaba pasando.

—¿Qué pasó? —preguntó Cleave con angustia.

—¿Qué es lo que quieren? ¡No me lastimen o mi novio vendrá y… — empezó a reclamar la chica, levantando las manos, Harry notó recién el pequeño brillo en su muñeca.

—¿Te lo dio tu novio? —preguntó con prisas mientras atrapaba la muñeca de la chica en el aire.

—¡Déjenme! —jadeó ella tratando de soltarse, Cleave la sujetó de los hombros a la vez que Harry por fin lograba jalar la fina cadena, una vez la tuvo en sus manos está se hizo mucho más grande, dejando ver una foto más de Zabini, con una sonrisa encantadora.

—¡Esto es! —se alegró Harry de al fin haber encontrado la razón de la falla en su contra hechizo, con un movimiento de varita también la desapareció mientras la chica comenzaba a agitarse con más fuerza.

—¡Ladrones, devuélvanme eso!

—Que no somos ladrones, ¡caray! — bufó Cleave soltándola nuevamente —, ya lo verá.

Harry no opinó nada, levantó la varita y murmuró con más seguridad el contra hechizo, la luz azul esta vez realmente sí tocó a la chica y la envolvió por completo, pasaron varios minutos mientras él mantenía la varita levantada y la chica iba cambiando de expresión poco a poco, de asustada a desconcertada y luego a furiosa, cuando el encantamiento terminó su mirada había cambiado, ya no era tan dulce como antes.

—Maldito desgraciado —fue lo primero que dijo.

—¿Entonces ya recuerda? —preguntó Cleave con un deje de esperanza.

—¿Quiénes son ustedes? —preguntó ella poniéndose en pie y acomodándose mejor la bata y el largo cabello.

—Nos envío su abuela —contestó rápidamente Harry —soy Harry Potter y el es Richard Cleave, tratamos de sacarla del encantamiento que…

—Blaise —interrumpió ella con los dientes apretados.

—Sí, eso mismo… —Harry la miró preocupado mientras ella caminaba de un lado al otro —¿Ya recuerda…?

—Claro que lo hago, me estaba engañando con esa cara de puerco de quinta y luego, cuando se lo reclamé, dijo que tenía una explicación y fui tan tonta ¡por todos los demonios! ¿Cómo es que pude dejar que me engañara de esa manera y…? ¡Oh, por Merlín, mi abuela! —dijo deteniéndose de golpe y llevándose las manos a la boca.

—Ella está bien, pero antes de llevarla a casa debemos llamar a los aurores, es necesario que ponga la queja formal para que Zabini pague por esto y deje de hacerlo.

—¿Públicamente dice? —preguntó espantada hacia Harry.

—Sólo así dejará de hacerlo.

—No… yo no podría… es decir, es vergonzoso y…

—Él planeaba dejar que se suicidara en unos meses más, luego de hacer el enlace, ¿desea que eso le pase a alguna otra chica? —interrumpió Harry, la chica lo miró espantada.

—La única forma de detener esto es hablando y denunciando, ¿lo hará?

La chica simplemente asintió en silencio.

—De acuerdo, llamen a los Aurores.

*

Despertó bastante temprano, como ya era su costumbre, y prefirió desayunar en la oficina, bueno con tomar un café bastaba, no tenía demasiado apetito y Harry no estaba para reprocharle sus malos hábitos, así que podía darse el lujo de hacerlo.

Fue cerca de las nueve, cuando ya tenía su café por la mitad, que, mientras se llevaba la taza a los labios algo pesado se formó en su pecho: pánico. Algo le había pasado a Harry, estaba seguro. La taza cayó como en cámara lenta hacia el piso mientras su corazón comenzaba a bombear con fuerza y sus manos comenzaban a sudar.

—Mierda, Harry —jadeó antes de ponerse en movimiento, auque no estaba seguro de hacia qué lugar exactamente ir.

*

Desai entró por el pasillo con pasos lentos, tarareando una canción que había escuchado en el bar el fin de semana anterior, mientras jugueteaba con los bordes de la manga de su túnica, no tenia prisas por llegar a su oficina, en realidad no tenía prisas para llegar a ningún lado, la vida era bastante simple para él, ya no tenía que correr casi por ningún motivo. Ni siquiera en el trabajo, estaba últimamente siendo menos asignado a misiones y más a trabajo de escritorio, lo que significaba un posible ascenso. Había estado esperando eso durante los últimos años, un ascenso que le permitiera dejar de trabajar tanto, que le diera un poco más de nombre y luego una jugosa jubilación.

Ya estaba trabajando en eso último, era interesante todo lo que un auror de seguridad podía hacer, o mejor dicho vender. Información. Todos querían información, información confidencial, información privada, información de alto riesgo… Información sobre el paradero de algunos magos o brujas… era una pena que no tuviera a mano la forma de entrar hasta los archivos de más alta seguridad, porque podría vender hasta la dirección de Harry Potter. Eso sería muy gracioso, pensó mientras daba la vuelta en el último pasillo antes de llegar a su oficina. Vender la dirección de Potter a todas esas chicas que pensaban que el que el Gran Salvador era un desperdicio y que podrían convertirlo. Aunque Violet, la chica que estaba ganando gran notoriedad últimamente en su departamento, decía que si ella no había podido lograrlo nadie lo haría. Increíble la cantidad de cosas que uno tenía que escuchar acerca de él. Y de Malfoy, como detestaba a ese —ya no tan mocoso— mortífago. Debió ser más rudo con él en sus visitas al Ministerio, o en sus rondas en Rútland, cuando tenía la oportunidad de enseñarle cual era su lugar y no dejar que se creyera libre de polvo y paja, poniendo incluso una fábrica que, según la información que había leído, daba muy buenos beneficios anuales, además osaba llamarse la pareja oficial del Gran Salvador… Bufó sonoramente. ¡A lo que estaba llegando el mundo!, incluso había el rumor de que estaban evaluando valer y permitir un enlace matrimonial en el Wizengamot.

Entró en su oficina, Violet le dio la típica mirada de desagrado que tenía reservada solo para él. Esa chica se creía demasiado, sólo porque su padre era Auror Prior, pero bueno, no podía negar que era linda, aunque rara con todas esas mechas moradas que cambiaban de posición en su cabello y todo los objetos morados a su alrededor.

—Llegas tarde —reprochó Violet con fastidio —, el jefe ha estado preguntando por ti, y esa fea lechuza no deja de ulular… no ha dejado que le quiten la carta que tiene encima.

—Ah… —Desai arqueó una ceja, conocía esa lechuza, era increíble que esa gente odiara ir al Ministerio y sin embargo, por más que les pidiera que no mandaran las lechuzas allí, insistieran en hacerlo.

—¿Otra carta de amor? —se burló Terrence pasando a su lado con una humeante taza de café.

—Tal vez… —contestó distraídamente Desai mientras por fin le quitaba al ave su carga, sus compañeros, no solo Violet y Terrence, sino también los otros cuatro que estaban presentes y seguían de cerca la discusión, soltaron carcajadas.

—Claro, claro, cariño —se burló Violet —tal vez logres enamorar a una semi–gigante ciega… o algo así.

—Ah —suspiró dramáticamente Desai —, Violet, tu ingenio me apabulla.

La chica le hizo una mueca desagradable en el momento que su jefe, Usigli, salía de su oficina, parecía molesto.

Desai, pese a todo abrió el pequeño rollo de pergamino y sólo encontró unas cuantas palabras:

De la misma manera


Desai gruñó, odiaba la forma como ese grupito trabajaba, con todas sus claves y previsiones, aunque no podía negar que pagaban bien… pobres, con lo mucho que les hacía falta el oro, al menos si lo emplearan en alimentarse y vestirse mejor… pero bueno, cada uno usaba su ganancia de la forma que se le daba la gana, ¿no? Si ellos la querían gastar en tomar venganza contra cada mago o bruja que había cambiado de bando a última hora era problema de ellos, por lo pronto él ya sabía que hacer con su oro…

—¡Desai! —llamó su jefe molesto —; te he estado esperando, tenemos que asignar los horarios para la zona de Rútland,

Desai asintió de mala gana y se puso en pie para seguir a su jefe hasta la oficina, pensando ya en el nuevo nombre y descifrando el código que le habían dado, y sobre todo, en cuánto oro le tocaría ahora por el dato.

*

Harry odiaba el trámite burocrático, pero con su profesión no podía evitarlo, la escuadra de Aurores, liderados por su amigo Joel, llegó media hora más tarde, en lugar de llevarse a Zabini a la prisión del Ministerio, optaron por interrogarlo y aplicarle varios hechizos para limpiar los rastros de los encantamientos que el propio Zabini se había aplicado para parecer más atractivo.

Cleave fue a buscar a la abuela de Leticia y ambas tuvieron un emotivo reencuentro, la anciana abrazó y besó a Harry y Cleave también, dándoles las gracias por todo lo que habían conseguido y, ante la mirada incrédula de Cleave, Harry rechazó la suma extra que la mujer pensaba depositar en la cuenta de la empresa de investigaciones por haber rescatado a su nieta. Luego de conversar un poco más sobre el hechizo y todo lo que había ocurrido y que Leticia firmara todas las declaraciones, le diera una mala mirada más a Zabini y se despidiera entusiasmada de Harry y Cleave, desaparecieron rumbo a su hogar, planeando ya un pequeño viaje para relajarse y apartar toda aquella pesadilla.

—¿Qué tal volar hasta la tienda? —propuso Harry luego de que las mujeres partieran.

—Genial, el día está despejado y hace mucho que no hacemos carreras.

—Igual te gano —se burló Harry.

—Pero no quiere decir que siempre lo vaya a hacer, jefe —replicó el chico.

—¡Ja!, cómo sueñas, anda ve por las escobas, yo me despediré aquí.

Cleave desapareció por una de las puertas y Harry observó a los aurores que tomaban las declaraciones de Zabini, interrogándolo acerca de lo que habían encontrado en la casa, fotografías e incluso algunos objetos hechizados.

—Buen trabajo, Harry —felicitó Joel acercándose a él.

—No es por nada, pero es algo que ustedes debieron hacer —reprochó Harry medio en broma medio en serio.

Joel suspiró profundamente.

—Ni lo digas, desde que el director Moore se retiró las cosas andan mal, ya no salen buenos aurores de la academia, no sabes lo difícil que es trabajar así…

—Lo imagino, mientras no lo dejen ir —dijo apuntando con la cabeza a Zabini.

—No creo que sean tan tontos…

—Ya debo irme —comentó Harry mirando sobre el hombro de Joel a Cleave que levantaba el par de escobas y parecía entusiasmado. Supuso que el chico también extrañaba a su novia tanto como él a Draco, lo que lo hizo apurarse —. Te enviaré todo lo que tengo del caso y un par de copias de ese libro de hechizos de Sudamérica para que puedas tenerlos a mano.

—Genial —agradeció Joel dándole una palmada en el hombro —y saluda a Draco, a ver qué día nos juntamos.

—Por supuesto —respondió Harry con una sonrisa, Joel y Draco se habían conocido un tiempo atrás, durante la fiesta de cumpleaños que le habían organizado, y aunque Harry se había sentido algo inseguro al inicio, las cosas habían funcionado bastante bien y ambos chicos habían congeniado mucho.

Salió hacia el viento fresco de la mañana y miró hacia el cielo azul, efectivamente era un maravilloso día para volar y eso lo entusiasmaba, tal vez en la tarde podría convencer a sus amigos de montar un pequeño partido de quidditch.

—El último en llegar paga la cena para los cuatro —retó Cleave montando ya la escoba, Harry soltó una carcajada.

—De acuerdo, pero dejaré que Draco escoja.

—Oh, demonios —masculló Cleave, Draco era siempre demasiado caro para escoger lugares en los cuales comer.

—¿Qué tal hamburguesas para todos —propuso entonces Cleave cuando Harry ya se elevaba a su lado.

—Ya, hamburguesas entonces.

Ambos subieron lo más alto posible y rodearon la casa un par de veces, mirando el pequeño ir y venir de algunos aurores en el jardín; en el momento en que Cleave daba la voz para arrancar vieron las luces multicolores de lo que definitivamente era un ataque, bajaron a velocidad al mismo tiempo que vieron a un chico salir volando en una escoba de menor velocidad que la de ellos.

Bastó una mirada para ponerse de acuerdo y antes de que Zabini terminara de saborear su escapada, Harry y Cleave ya lo rodeaban, dieron demasiadas vueltas en torno al chico que gritaba e insultaba mientras que trataba, inútilmente, de darles con su varita, no se había percatado del pequeño hechizo de pesca que le habían lanzado hasta que fue muy tarde y ya estaba sujeto por cuerdas invisibles.

Harry sonrió satisfecho por haberlo logrado capturar una vez más y pensó en molestar a Joel, acerca del mal trabajo que estaban haciendo, cuando de pronto una sensación extraña lo invadió. Se sujetó del mango de la escoba con fuerza y empezó a sentir como la temperatura le bajaba completamente e incluso empezaba a sudar, vio hacia el frente, cada vez más mareado, a Cleave pronunciar algo y a Joel volar hacia ellos y luego todo se fue oscureciendo, la sensación de ir cayendo en picada lo llenó pero, por más que intentó reaccionar, no fue capaz de hacerlo.

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Gracias a todos por leer, espero que les haya gustado este capítulo, como seguimos misteriosas, el título del siguiente capítulo también es secreto jeje…

Les dejo un beso y espero que tengan un buen día, nos leemos el viernes en la noche.

Zafy