N/A: Leer entre líneas.


Confesiones

Me deslicé rápidamente por el piso cubierto de tablones de madera. Mis pasos apenas emitían un pequeño ruido.

Recorrí el estrecho pasillo de paredes blancas hasta llegar al pie de una escalera larga y estrecha, que descendía de forma recta hacia la planta inferior. Inspeccioné el lugar con detenimiento, aunque mi campo de visión no fuera demasiado amplio. Oí el sonido nítido y molesto de unas manecillas de reloj.

Qué bien, más relojes, pensé para mis adentros.

Cuando puse una mano sobre la baranda de la escalera, me percaté que la tela de la manga no me era familiar. Entonces, me llevé una mano a la pesada pero suave tela que me cubría el cuerpo.

-¿Y esto?- se trataba de una bata de levantar de pálido color cielo. La prenda se sujetaba a mi cuerpo por el nudo que apretaba mi cintura. Me sentí un tanto incómoda cuando me di cuenta de que no llevaba absolutamente nada bajo la bata. Aquella era mi única prenda en ese momento.

Como fuera..., primero tenía que averiguar lo que había sucedido. Luego, tendría tiempo para el pudor y la vergüenza.

Me apreté aún más el nudo de la bata y bajé por los escalones de madera desteñida. Dos de ellos crujieron cuando les puse los pies encima, y no alcancé a llegar al antepenúltimo cuando me detuve. Había quedado ante mi vista parte de la sala principal de aquella casa, la cual se ubicaba a mano derecha.

El juego de sillones y sofá eran de desteñido rojo, los cuales combinaban con el caoba rojizo de los muebles y los junquillos, y el piso y contrastaba con la claridad de las paredes y el dorado de los adornos.

Pero lo que me detuvo, no fue el buen gusto de la decoración de la estancia, sino la persona que se hallaba ocupando uno de los sillones. El hombre moreno de facciones marcadas se encontraba en el sillón más cercano a la escalera, mas quedaba de espaldas a ella, por lo que el hombre no me vio. Yo le reconocí tan sólo por su cabellera. Había sustituido el traje claro por uno marrón y sostenía un libro entre sus manos.

No me atreví a hablar para manifestar mi presencia..., no quería equivocarme en la elección respecto a la forma de cómo dirigirme a aquel hombre.

-Elizabeth- mi nombre había sido pronunciado desde otro lugar..., del lado izquierdo. Conocía esa voz, puesto que ninguna de las que había escuchado antes y después de conocerle siquiera se habían asemejado. Miles de estructuras distintas se quebraron dentro de mi cuerpo, quedando dispersas para ser unidas. Contuve el aire cuando me volteé hacia el lado contrario...., no quería llevarme una desilusión. Para mi fortuna- y mi alegría y mi dicha, y mi eterna felicidad- no fue así como sucedió.

Quise decir que era extraordinariamente dichosa en ese momento, pues quise gritar que todo lo malo ya había quedado atrás. Quise decir tantas cosas y evoqué tantos sentimientos, que no fui capaz de sintetizar todo y resumirlo en una idea que fuera comprensible.

-¡David!- exclamé, casi en un grito exultante y eufórico cuando me precipité escaleras abajo para correr a su encuentro.

De pie, llamándome, con sus ojos descubiertos.

No podía creer que él estuviera tan cerca..., que él estuviera allí. Sentí sus brazos rodearme y no tuve dudas de que no se trataba de un sueño. Hubiera derramado mil lágrimas, e incluso de sangre, con tal de que no hubiese sido así y no despertase de un momento a otro con la sensación de haber caído de la novena nube.

Apreté el cuerpo de David con fuerza, como si él fuera agua que pudiera escurrirse entre ms dedos. Ya me había separado de él una vez, y había experimentado- por vez primera en la vida- el dolor de separarse del ser amado. No iba a volver a pasar por eso otra vez..., no si de mí dependía.

Era su mismo aroma, su mismo cuerpo, su misma voz...., las horas que había pasado separada de él no existían simplemente. El tiempo que pasé lejos de su compañía no había sido más que una pesadilla. En realidad, David jamás había acudido a mi departamento a exigirme que me marchara, y el señor Cooper continuaba ejerciendo su función como portero del edificio de Richard.

Suspiré sobresaltada y me aparté instantáneamente de David, pero no del todo. Lo que quería hacer, era mentirme a mí misma y dudo sinceramente que las personas sean capaces de engañar al propio genio tras el engaño. La separación si había ocurrido.

Lo que yo había visto aquella noche de lluvia en verdad sí había sucedido. El señor Cooper estaba muerto.

No podía simplemente borrar y acomodar la realidad para que fuera más grata apra mí. Si la vida fuera así, completamente configurable, tengo por seguro que la felicidad eterna tendría un hueco en el mundo.

David me miró con ojos cautelosos, como si los suyos intentaran decodificar lo que se ocultaba tras los míos.

Eran sus mismos ojos de color claro, puesto que llevaba las lentillas puestas.

-Pero...-farfullé, meneando la cabeza- ¿cómo?

Poco me importaba la presencia de alguien más si contaba con la de David, pero no pude ignorar cuando el caballero de cabellos oscuros se levantó de sus asiento, dejando el libro sobre una mesa junto al sillón.

-Le dijo que no se arrepentiría, señorita Niles- comentó en voz alta mientras se quitaba las gafas ópticas.

Su semblante a la luz natural del día era mucho menos amedrentador.

¿Se imagina en qué calle de Seattle estaría si la hubiera dejado allí, como era su voluntad?- continuó el hombre con su característica benevolencia. Se acercó a nosotros con paso confiado e inmediatamente interrogué a David con la mirada. Él no parecía estar sorprendido ante la presencia y los dichos del caballero.

-Elizabeth, quiero presentarte a Ibrahim Crabtree.- intervino David, de forma muy coloquial. Intenté reaccionar de manera formal, pero casual. Aún así, no pude evitar relacionar nombres.

-¿Ibrahim? ¿Tu tío? – exclamé, mirándole fijamente a los ojos. ¿Cómo es que su tío inglés de pronto aparecía aquí?

David asintió con una sonrisa forzada, por lo que puse que debía ser cortés. Me volteé hacia el hombre moreno, que ahora me tendía la mano humildemente. Sus labios apenas se curvaban lo suficiente para parecer cordial.

No sin un poco de reticencia- pues no debía olvidar que aquel hombre me había traído sesada hasta..., donde quiera que estuviera ahora- estreché su mano con la mía y sy sonrisa se ensanchó. Al contrario de la tranquilidad de su tío, David parecía estar rígido como una estatua a mi lado. Cogió sutilmente mi muñeca y la apartó de la mano de Ibrahim, para luego continuar con toda normalidad el encuentro.

El moreno continuó hablando.

-David me había hablado mucho de ti. Estaba ansioso por conocerte- comentó.

-Debo decir que me sorprende. Viviendo en lugares separados, pensé que habíais perdido el contacto- apostillé, recordando lo que Dave me había contado sobre su tío días antes. Había dicho que era hermano de madre..., que había sido una mala influencia para Tom.

-Es cierto.- intervino David- fui muy despreocupado en ese aspecto.

-Pues, querido sobrino, no tengo más remedio que si no encontrarte la razón. Me dolió bastante tu partida, y mucho más que no me llamarás de vez en cuando para darme noticias tuyas y de tu hermano.- se lamentó Ibrahim. Y luego, recobrando el entusiasmo- pero ya no hay motivos para pensar en el pasado. Lo importante es que ahora nos hemos vuelto a encontrar.

Ibrahim colocó una mano sobre el hombro izquierdo de David, quien se removió incómodo en su pocsión.

-Así es, tío.- asintió con solemnidad. El moreno rió brevemente.

-¿Acaso me he portado como un mal tutor? De no ser por mí, ahora este pequeño encanto estaría quien sabe dónde y en qué condiciones.

-Por supuesto, Ibrahim...., te lo agradezco.- reiteró Dave.

-Bueno, ahora llévatela- le ordenó su tío- seguramente han de tener mucho de qué hablar. Yo os avisaré cuando se sirva el almuerzo.

Ibrahim, que se había dirigido con la vista exclusivamente a su sobrino, se giró hacia mí. David le ganaba por un poco más de media cabeza en altura, y aún así seguía superándome a mí.

-Señorita Niles- se despidió, cogiendo mi mano derecha. Luego se inclinó, la acercó a sus labios, y despositó un beso cortés en ella.

Cuando Ibrahim se apartó, David me tomó por los hombros para guirme rápida y nuevamente escaleras arriba. Subimos en apenas unos segundos por la estructura recta y en muchos menos caminamos por el pasillo hasta el cuarto en el que había despertado. Una vez dentro, David cerró la puerta y de forma disimulada- aunque no lo suficiente para mi audición- sacó una llave del bolsillo y la introdujo en la cerradura para luego girarla.

Se quedó de cara a la puerta dándome la espalda a mí.

Caminé insegura por el cuarto, sin tener la certeza de cómo empezar. Juntaba las manos y las volvía a abrir, impaciente, hasta que ya no pude más con el estrés y me dejé caer en la pequeña silla de tapiz blanco que había frente a la cama. Aún nadie había hablado.

David se guardó la llave en el bolsillo, sin voltearse y yo decidí que tendría que ser yo quien empezara. Determiné, también- no sin mucha desconfianza- que no podía peritir que se me engañara esta vez. Quería todo y lo quería completo.

-Tú..., comencé en voz alta y apuntándole con el índice- tú tienes mucho que explicarme.

David, con su apariencia cansada, dio media vuelta.

-Lo sé- contestó y avanzó hacia mí.

-Y tendrás que contarme, porque quiero saber- le advertí, con el dedo aún señalándole.

-También lo sé.

-Y es que tendrás que hacerlo- reiteré una vez más.

-Esta bien- musitó él, no muy convencido. Definitivamente, el tema no era de su agrado. David caminó hasta sentarse sobre la cama, de modo que ambos quedamos frente a frente y prácticamente casi a la misma altura.

-¿No vas a poner resistencia?- inquirí un tanto desconcertada. Sabía que cuando volviera a reencontrar a Dave- porque algo en mí siempre supo que volvería a encontrarme con él- yo no iba a ser capaz de contener toda las dudas que tenía en la nube sobre mi cabeza. Tenía claro que cuando le encontrara no me quedaría sin una buena explicación, aunque, claro...., nunca pensé que le reencontraría tan pronto. Como mínimo, pensé que se negaría a hablar del asunto..., o que me distraería con una de sus respuestas a medias, por lo que me sorprendió la actitud pasiva y dominada que había adquirido en ese instante.

-No- respondió él, de manera seria- quiero acabar con todo lo antes posible.

¿Qué quería decir con todo? ¿Qué estaba pensando hacer?

-¿Con todo?- le interrogué, entornando los ojos.

-Todos tenemos nuestros límites. Yo estoy a punto de colapsar.- El rostro de David no distaba mucho del que recordara aquel día en el que abandoné Vancouver. Desanimado, tenso, nerviosos y casi agonizante.

-Entonces, díme. Cuéntame, desahógate...., no te guardes más aquello que te tiene de esa forma.

David frunció el ceño y juntó las manos, apoyando los codos sobre las rodillas.

-No quiero que me odies- dijo por lo bajo, mas yo era capaz de oír sus palabras con claridad.

-Soy una persona empática..., creo. No sería capaz de odiarte..., nunca. Es algo que no está escrito en mi genes- eso casi era una declaración de amor. Casi, porque intenté restarle toda la emoción a mis oraciones, y por descontado, no mirar los ojos de David ni siquiera un segundo.

-Ni siquiera te molestaría que te dijera que me acerqué por ti por puro interés?- intervino el con voz grave.

No le mires.

-¿Qué? ¿interés has dicho? –farfullé.

-Así fue al comienzo- respondió él. Le conocía tan bien que era capaz de saber que intentaba importar la voz fría y serena con la que se dirigía a mí- siempre supe lo especial que eras.

-Lo que dices no tiene pies ni cabeza.- apunté- Tú y yo nos conocimos por mera coincidencia. Si yo no hubiese enfermado, Steve no me hubiera llevado a la enfermería.

-Esta bien, el destino jugó un poco a mí favor. Que te encontrara fue casualidad, pero todo el resto no fue más que..., estrategia más estrategia.

-No te entiendo- dije meneando la cabeza, impaciente.

-Aquel día en que nos conocimos, yo había ido a retirar unos documentos, una carta de recomendación y mi finiquito, pues hace una semana había renunciado.

-Sabía que habías renunciado..., una chica en la clase me lo confió.- añadí, recordando a la muchacha que se sentaba frente a mí en Matemáticas. - ¿Por qué? ¿Cómo volviste luego?

-No perdía demasiado al dejar ese trabajo, pues podía permitirme vivir bastante bien con el de la universidad, por lo que lo económico no fue un impedimento. Estaba harto del sistema, de las clases, de Thomas desobedeciéndome a cada instante. Amaba mi trabajo, por eso lo escogí..., pero no podía arriesgarme de tal manera. Incluso convivir entre las personas ya era todo un riesgo, incluso más para estudiantes a mi cargo.

-¿Un riesgo?

-La cuestión era que había desertado, sin saber muy bien qué hacer luego.- continuó Dave, ignorando mi pregunta- Estaba esperando cuando apareció Stephen cargándote, apenas. No tuviste que acercarte más de un metro para saber que era distinta. Conocía a los de tu clase, los de piel fría, casi traslúcida y bocas inescrupulosas. Los odiaba....

David apretó los puños. Casi podía palpar lo difícil que resultaba para él tener que decirme todo aquello abiertamente. Piel fría, traslúcida y bocas sin escrúpulo..., eso sólo podía corresponder a una sola cosa, y una nudo se me hizo en la garganta. Había sospechado que David conocía algo sobre mi real naturaleza..., pero jamás imaginé que tanto.

-Pero te tendí la mano y te cargué entre mi brazos, planeando en ese preciso momento en cómo acabar con tu vida.- David seguía hablando, lleno de pesar en los recuerdos.

-Me ayudaste- le recordé.

-Pero sólo para poder ser yo quien acabara contigo- exclamó él subiendo el volumen de la voz. Estaba al borde de la desesperación y por primera vez en la vida..., sentí miedo de él y de lo que pudiera hacer.

-No..., es que tú..., siempre fuiste tan amable.

-Eso fue sólo una interpretación..., un teatro, y tú caíste en él. No me tardó mucho en concebir que tu eras diferente, incluso para los de tu mismo linaje. Tu piel era pálida, pero nunca tan alba como a nieve y el sol no obtenía destellos de ella.

Tu corazón latía, lento pero constante e intermitente. Ingerías comida como cualquier otro humano, y sin embargo no comías en exceso. Eras bella, pero no en demasía y tu sentidos a veces me hacían pensar que no pasabas de ser una persona corriente. Eras un embrollo de problemas..., algo inexplicable, indescriptible. Por una parte, te repudiaba, porque las leyes naturales que existen desde que el mundo es mundo me obligaban a hacerlo. Y por otro, no era capaz de evitar quedar prendado de todo el encanto y la vulnerabilidad que me presentabas.

-¡Me odiabas!

-Pero no porque quisiera hacerlo- se apresuró a aclarar- estaba obligado. Incluso engañado en un primer momento, cuando pensaba que eras quien en realidad no eres.

-Pero fui cambiando.- le recordé. Si antes no me asemejaba tanto a un ser inmortal, ahora era más eso que humana.

-Sí, y lo he notado. Sufría cuando veía que día tras día te ibas congelando más en los segundos del tiempo, cuando casi ya no tenías apetito por comer. Tu parte sana había podido más conmigo que cualquier otra.

Fue esa parte la que me hizo considerar que mi vida hasta ese entonces no había sido más que un suplicio.

Llegué a amarte como ni siquiera había sido capaz de amarme a mí mismo. Mis palabras que hablaban de sentimientos, mis atenciones y mis cariños nunca fueron parte de la estrategia que habíamos ideado para quitarte del camino. Lo que siento por ti es lo único verdadero que tengo.

-¿Habían ideado? ¿Había alguien más involucrado en esto? – exclamé, consternada. No sé cómo tuve tanto autocontrol como para no salir corriendo de aquella slaa. Ah, si, cierto...no sabía en qué remoto lugar me hallaba, ni como escapar de allí.

-Tom- asintió David, y su respuesta no me sorprendió en lo más mínimo. Siempre sentí una especie de rechazo por el hermano menor de Dave. Y era lógico que él por mi también. Incluso, recordaba la primera vez que lo había visto. Ni siquiera habíamos hablado cuando pasó junto a mí en el pasillo del instituto y me pasó a llevar de forma intencional. Lo había echo también por la tarde..., dos veces en el mismo día.

-Eso explicaría su apatía. Concluí, de forma cortante. Las palabras de David me habían herido en lo más hondo y había sido más lacerante que cualquier golpe- él no sabía disimular su desprecio como tú.

-No era desprecio lo que yo sentía por ti- me corrigió Dave- era..., rechazo, aversión, como quieras llamarlo. Jamás sentí ese odio que profesaba hacia los de tu clase. En el fondo siempre supe que no eras como ellos.

-¿Por qué ese odio, Dave? – le iterrogué. Creí que llamándole de esa forma dejaba en claro que no me estaba alejando de él. Estaba dispuesta a mantener mi actitud pasiva hasta que fuera oportuno- ¿Pro qué odias tanto a los que son como yo?

-El sentimiento de rechazo es inherente en mí, en Tom, en Ibrahim...., en cualquiera que se asemeje a nosotros. Que yo intentara explicar eso, es como si quisiera buscar la razón de por qué las cosas existen y de dónde provienen.

-¿Acaso la naturaleza nos ha jugado en contra?

-Es muy parecido a eso. De hecho, creo que yo intenté jugar en contra de lo que ya estaba establecido- David esbozó una sonrisa que se transmitió a sus ojos. Demasiado tarde; ya había mirado dentro de ellos.- Mas creo que las cosas sí tienen una razón de ser, aunque nadie pueda ser capaz aún de determinarlas. Algún día ancerá el gran pensador que sepa decirle al resto los motivos de cada una de los seres y los objetos existen. Hasta ese entonces, voy a bajar la cabeza y a aceptar de que simplemente contra las razones elementales no se puede marchar.

-¿Estás bajando los brazos? Si entendí bien, acabas de aceptar que simplemente tu y yo deberíamos estar separados. Y más eso; enemistados.

-Confrontados y con deseos de acabar con la vida del otro. Sí, eso es exactamente lo que he querido decir- me confirmó David.

-Probablemente, ahora estaría temblando de puro miedo- confesé.- y en realidad, sí lo estoy...., pero por dentro. También estor llorando. Mi cara esta empapada en lágrimas y apenas puedo mantener mi voz calma para que tu me entiendas. Estoy al borde de la histeria y la pena me está consumiendo por dentro. La única manera que encuentro para manifestarla es a través de mis palabras, las que me cuesta dotar de emoción a cada segundo....Y me parte el corazón la idea que has formulado en tu mente. Pero no puedo expresarlo..., me es imposible perder el control de esa manera y derramar algo que ya en mis ojos no habita. Es ésta maldita condición la que me mantiene separada de ti, y que me presenta como una persona aparentemente insensible.

-Sé que no lo eres.- me aseguró él, con añoranza en los ojos- Creo que llegue a conocerte lo suficiente como para saber cuando te sientes de tal y tal manera, y cuando no. Sé lo que han hecho mis revelaciones en tu corazón. Sé que apenas tienes la entereza de quedarte aquí, sentada hablando conmigo, que no hago más que lastimarte.

-En verdad no quiero seguir oyendo- reconocí, haciendo una mueca con los labios.

.Pero yo quiero que oigas.- me pidió él, aunque era más que seguro que iba a imponer su voluntad a toda costa. Guardé silencio y esperé a que continuara.

David había bajado la vista, por lo que ya no veía más sus ojos. Eso, hasta que volvió a levantar la cabeza, y una sola gota, cristalina y solitaria cayó desde su ojos derecho hasta el entablado de madera. Mis ganas de llorar nunca habían sido tan desesperantes.

-Entonces, había ideado la manera de acabar contigo- murmuró David, continuando con su relato- Tom quiso hacerlo desde el primer día que te le apareciste en el pasillo del instituto, mas el motivo no supo hasta que yo le conté sobre mi encuentro contigo. Eras una amenaza y debíamos deshacernos de ti, pero no queríamos despertar sospecha, pues no teníamos gran intención de tener que mudarnos pronto. Cuando dejamos a Ibrahim, yo me propuse establecer un hogar para que Tom pudiera terminar de educarse con normalidad, pues me había negado a que ese fuera el fin de nuestras vidas.

-No quería ir de ciudad en ciudad, pues eso distaba mucho de una familia estable. Entonces, llegabas tú, arruinando todos mi propósitos. ¿Cómo iba a a controlarse Tom, si debía verte cada día? ¿ Cómo iba a contenerse para no lanzarse sobre ti y atacarte a plena luz del día? No podía permitir que eso sucediera, y además, tampoco sabíamos si era posible que ese rechazo que sentíamos hacia ti fuera mutuo. Era demasiado riesgo..., habían cosas en juego.

-¿Decidiste matarme para que Tom no lo hiciera primero? –exclamé, anonadada.

-Decidi hacerlo porque no quería problemas. Thomas es joven, y aún no posee el autocontrol necesario. Podría decir lo mismo de ti. No podía dejar el asunto en manos de un par de adolescentes, porque sin duda terminaría mal.

-Entonces decidiste asesinarme- concluí con enojo.

-Sí, pero fue sólo para mantenernos a salvo.

-¡Te comportaste como un egoísta!

-Ni siquiera lo hacía por mí. Era por Tom.- intentó explicar David. Las palabras habían comenzado a salirse de control- Antes de ti, él era la única preocupación que tenía. Thomas se convirtió en mi responsabilidad y en la razón que me movía a mantenerme vivo.

-¿Por qué no acabaste conmigo, David?- espeté molesta-..., Las cosas hubieran ido más fáciles, así tal y como lo habías planeado. Te hubieras ahorrado la molestia de tener ahora a este problema frente ati.

Me había llevado una mano al pecho, convertida en puño y me había golpeado. Sostuve la mirada en alto, fija en los ojos líquidos de él., quien volvió a anegar con la cabeza.

-No has entendido nada- replicó- ¿No prestaste atención hace un rato cuando te he dicho que te amaba? ¿No entendiste cuando confesé que había caído a tu pies y que la caída había sido la más dolorosa que había sufrido? ¿No mencioné acaso que mi odio..., mi repudio se había mezclado de una manera extraña e incomprensible con el sentimiento más puro y más grande que un ser pensante es capaz de experimentar?

-N lo habías dicho de esa forma. Señalé. Las recientes palabras de David me otorgaban cierta esperanza. Aún albergaba sentimientos buenos hacia mí.

-Pero eso fue lo que quise decir, lo que siempre he querido decir y gritar hasta desgarrarme la garganta y acabar con mi vida- anunció él con vehemencia- Fue por eso que te salvé. Evité que algo malo te sucediera mientras estuvo a mi alcance. La primera, fue la noche en la qe estabas en mi apartamento. Esa vez, fue necesario arrojarte al agua, sin saber si serías capaz de nadar o no.

-¿Me salvaste arrojándome a la piscina?

-Tom estaba listo para....,- David suspiró. Miró por la ventana, donde los rayos del sol penetraban. La luminosidad del cuarto contrastaba con lo siniestra que se había tornado nuestra charla- era una emboscada.

Si no hacía alguna cosa, al segundo siguiente iba a estar muerta.

No pude articular palabra. Recordaba a la perfección aquel día, ene l que Dave me había arrojado a la piscina del jardín sin motivo alguno. Recordé también, que luego encontré la sala de estar de su piso convertida en un caos.

-Cuando Tom lo comprendió, se volvió contra mí. Amenazó con retornar a Inglaterra, y lo atajé en el apartamento. No podía permitir que volviera para ser instruido por las influencias oscuras de Ivrahim.

-Tú y Tom provocaron todo el desastre en tu sala- me aventuré a afirmar y David asintió.

-Quise imperdible que se marchara..., él me recriminó por mi afán en protegerte. Tenía razón, pues prácticamente yo le había prometido que juntos íbamos a acabar contigo y a solucionar el inconveniente.

Pero tuve que fallarle..., tuve que hacerlo, porque de otro modo no me perdonaría jamás el haberte condenado al fin.

-No sé cómo no fui capaz de entenderlo antes- me lamenté, frunciendo el ceño. Una vez más, había descubierto ser más boba de lo que pensaba- era tan obvio.

-La segunda vez- prosiguió David, aclarándose la voz- fue antes de Navidad. Thomas estaba convencido de que todo resultaría a la perfección y que quedaríamos limpios de cualquier posible acusación. Después de todo, accidentes automovilísticos ocurren todos lo días. El problema era que yo dudaba firmemente en que fueras tan fácil de vencer.

Por un segundo, me quedé muda. Sentí como la sangre, lenta, pero presente, abandonaba todo mi rostro, dejándolo rígido e inmóvil. Pronto todo mi cuerpo estuvo en esa condición. Abría la boca con esfuerzo y detuve el aire dentro de mis pulmones. No me avergonzó contraer el rostro en una mueca de dolor, porque la revelación de Dave se había transformada en una estaca que me partáa en dos.

El que tenía ahí al frente, era a la personas que más amaba en el mundo. Era el único ser por el cual estaría dispuesta a dar mi vida..., que lo que me decía era imposible de asimilar.

David había estado en lo correcto; yo no había resultado tan fácil de vencer y el accidente apenas había causado estragos en mi cuerpo. Mas sí lo hizo en mi mente y sobre todo en mi alma, porque había masacrado el cuerpo de Richard. Mi Richard...., alguien a quién yo amaba también. Alguien que por causa de David, de su hermano y en última estancia, por mi existencia, ahora se encontraba debatiéndose entre la vida y la muerte. Por ese motivo, estuve apunto de ser yo misma quien acabara con su vida, cuando me sintiera tentada por beber su sangre.

-Estoy gritando de dolor, David- fue todo lo que conseguí articular, con voz ahogada. El se lamentó con un gesto compasivo, mas continuó hablando.

-Le dije a Tom que no daría resultado, pero él insistió, y no tuve más remedio que apoyarlo.- me explicó encogiéndose de hombros. – Él lo haría con o sin mi consentimiento. Si de algo sirve, no le ayudé.

-Pero lo permitiste.

-Permitir es muy diferente a intervenir.- señaló- además, tenía plena confianza de que saldrías ilesa, tal y como ocurrió.

¡Ja! y yo inventándole mentiras para que el no supiera que yo iba en el coche con Richard. ¡Él lo sabía y de sobra!

-Tom hizo alguna cosa con los frenos, ¿ no es así?- inquirí y David tan sólo asintió. Le tomó unos segundos proseguir.

-Después me sentí enormemente culpable..., te vi sufrir a ti por causa de Richard.

-No sé cómo no tenías vergüenza de acompañarme en el hospital, a metros del pobre.- mascullé con desdén.

Poco a poco, David se había encargado de ir borrando el camino de sentimientos me llevaban hasta él. El dragón comenzó a emerger bajo el camino, arrasando con todo.

-No quería dejarte sola.

-No querías que me escapara de tu control..., eso era- afirmé con toda certeza.

-Temía por ti.., por lo que pudieras hacer.

-Pero debiste temer más por lo que tú pudieras hacerme- le recriminé- Si hubieras pensado apenas un segundo en mí, te hubieras alejado en cuanto me conociste.

-Ese asunto ya lo he explicado, tú misma me pedías que no te abandonara...., por lo demás, necesitabas apoyo y yo me sentía motivado a dártelo.

-Cínico- mascullé.

-No me interesa lo que digas ahora. Estás herida..., no quieres comprender razones y tus palabras son moldeadas por el impacto y la sorpresa.

-No sé cómo pude ser tan tonta- murmuré, más para mí misma que para él- Tan ilusa.

-Yo dejé de odiarte. Pronto, no podía sentir por ti otra cosa que no fuera amor, tal y como es ahora. Armé todo para que pudieras salir de aquel lugar, para que Tom no consiguiera darte caza.

-¡¿Darme caza?!- exclamé- ¿Estás demente?

-Cuando vio que sus intentos fracasaron, Tom buscó la manera de contactar a Ibrahim. Temía que mi hermano fuera tan ingenuo como para hacer eso, pero lo hizo- David comenzó a hablar más bajo de lo normal- Lógicamente, comprenderás que Ibrahim no iba a dejar pasar la oportunidad de volver a encontrarnos y llegar a imponer su voluntad por sobre la nuestra. Es fue la tercera vez, la del dia veintinueve.

Estuve esperando pacientemente la llegada de aquel día, para pedirte que huyeras. Cuando te dije que debías marcharte rápido, no estaba exagerando...., No sabes lo difícil que me fue contenerlos a ambos en aquella oportunidad. Si no fuera por que ellos actuaban con lógica y no querían ser descubiertos, tengo por seguro que no se hubieran dejado vencer tan fácilmente. Ibrahim contaba con la experiencia..., Tom, con la fuerza bruta de un primerizo.

-¿Unos de ellos...- una tos repentina me atacó, mas fue breve como para que Dave se preocupara- uno de ellos fue quien asesinó al señor Cooper?

-Sí..., - respondió David encogiéndose de hombros- el pobre hombre opuso resistencia y Thomas..., es demasiado temperamental.

No podía creérmelo. Mi vida en verdad había corrido peligro aquella noche de espanto. El asesino del señor Cooper sí iba por mí después de todo.

-Después que escapaste, Tom cogió el coche para seguirte, pero una vez más tuve que detenerlo. Tuve la esperanza de que llegarías a tiempo a tu destino, y retuve a Thomas lo más posible. Ibrahim no se opuso..., pues él sabe lo que le conviene. Lo persuadí y le hice ver las cosas de un modo que él no había considerado y que yo deseé olvidara pronto. Pero no lo hizo, y si ayer por la noche ordenó a su chofer salieran a buscarte, fue impulsado por esa idea interesada que yo mismo sugerí.

-¿Aún quiere...?.- no fui capaz de terminar de formular la pregunta. A pesar de todo lo que me había sucedido, aún apreciaba mi vida.

-No, ya no. Como te he dicho, le hice cambiar de parecer. Tampoco es que me agrade demasiado la nueva idea..., puede ser que incluso sea peor. – reconoció David. Apenas controlaba el temblor de su cuerpo y de su voz. Su cara estaba hecha un mar de lagrimas silenciosas. Me dolía demasiado verle así, y me lastimaba más aún todo lo que acaba de confesar.

David había actuado en mi contra en muchas oportunidades, mas no era su culpa. Sin embargo, él había permitido que todas aquellas cosas ocurrieran. Permitir no era ningún pecado..., pero sí marcaba una diferencia, que a veces podía ser sustancial.

Por otro lado, me había declarado su amor una vez más..., me había demostrado con hechos concretos que había hecho cuanto estuvo a su alcance para mantenerme a salvo.

-No puedo mirarte con los mismo ojos que antes.- musité. David se había declarado culpable- de cierta forma- del desafortunado incidente de Richard. Creí que sería casi un insulto a la persona de él si decidiera perdonar a David así como así. Perdonar..., ¿pero acaso él había pedido perdón?

-Dave...- dije, arrodillándome frente a él. Cogí sus manos, las cuales aún permanecía juntas y las enlacé con las mías.- Escúchame. Dime cual es el motivo. Dime quién eres..., dime qué es lo que te impulsó a querer..., destruirme en un inicio.

David negó.

-Sé que eres fuerte..., tú mismo me lo demostraste. Incluso más fuerte que yo. Tienes buenos reflejos, lo he notado..., por un segundo, cuando te conocí, creí que brillarías al sol..., y sin embargo, nada. ¿Quién eres en realidad?

-Soy sólo yo- respondió él, con la vista fija en la unión de nuestras manos.- soy David Hadrien Craven. Y como mi nombre lo dice, soy un cobarde por no tener el valor de haberte confesado todo antes.

-Por un momento creí que tal vez..., no lo sé, que serías como yo. Algún tipo de...,

Una risa melancólica invadió la estancia. Lágrimas invisibles se deslizaron por mi piel.

-Eso sería realmente conveniente, pero no. Soy exactamente lo contrario a lo que tú eres. Si tu tacto el frío, el mío es cálido- David apretó aún más mis manos- si tu corazón late lento, el mío triplica su velocidad. Si tu sangre es oscura, la mía es clara. Si he descendido de la luna, tú lo has hecho del sol.

-Pero no eres un hombre.- señalé.

-Sí, tienes razón, no lo soy..., pero créeme cuando te digo que me alejo demasiado de ser alguien semejante a ti.

-¿Qué significa eso?

-¡Soy una bestia..., Elizabeth! Soy una criatura abominable y despreciable.- exclamó él, desatando su rabia. – Deberías entenderlo. Tendrías que verme para que pudieras asimilarlo de una vez por todas. En varias oportunidades te dije que te alejaras de mí...., debiste escuchar mis súplicas silenciosas.

David tenía los ojos irritados y enrojecidos por el llanto.

-Es muy injusto- comenté con pesar- es muy injusto que tu puedas sufrir de esa forma y yo no.

-No es injusto- David meneó la cabeza, secando sus ojos con el dorso de su mano- Es lo que nos recuerda, aquí y una vez más, que tanto tú como yo somos diferentes.

Inhalé de manera profunda y aparté mis manos de las suyas. Lo que estaba a punto de hacer era algo que deseé desde el momento en que volví a verle. Mi añoranza no entendía ni razones, ni desiluciones y ni siquiera un concepto de peligro.

Sujeté con fuerza el rostro adolorido del hombre que tenía enfrente y apresé sus labios húmedos con los míos. Lo besé como solía no hacerlo, de forma rápida, intensa y por sobretodo, llena de pasión. Él respondió a mi beso sin oponer resistencia. Pronto, sus manos encontraron mi cintura, y me puse lentamente de pie. Mis dedos descendieron de sus mejillas para posarse firmes sobre sus hombros. No sepaé mi boca de la suya en ningún momento, ni siquiera cuando le empujé lenta y sutilmente hacia atrás, haciéndole caer sobre la cama.

Luego, mis besos se extendieron también por cuello, pero fue exactamente en ese momento cuando David se giró para quedar justo sobre mí. Como se quedara mirándome, me vi obligada a decir lo que no quería.

-Debería odiarte- comenté.

-¿Por qué no entonces?

-¿No dices que el rechazo es algo innato entre tu y yo?

-Tal vez lo es..., y tal vez no- Las puntas de nuestras narices se encontraron. Los ojos de él estaban tan cerca de los míos que me impedían ver alguna otra cosa. Sentí una enorme agonía al ver que la tristeza aún mermaba en ellos.

Suspiré y pase una de mis manos bajo su brazo, hasta sostener mi dedo índice justo frente a su cara. Entonces, atrapé una de sus lágrimas con la yema de mi dedo, mientras él observaba mi acto con curiosidad.

-¿Qué haces?- me interrogó, más yo no respondí. David se apartó un poco, al tiempo que yo observaba completamente absorta la lágrima que él me había regalado. Entonces, sin pensar muy bien en lo que hacía, deposité la lágrima justo bajo mi ojos derecho. Y luego la esparcía por mi rostro con un solo movimiento.

El beso que le di a continuación, fue absolutamente deliberado. Busqué mediante él, traspasarle todos mis sentimientos..., la felicidad que sentía por no tener que haberme separado por más tiempo de él, la angustia que sentí durante las horas que no estuvo a mi lado..., el miedo que experimenté aquella noche en la que el señor Cooper murió, y el que sentía ahora por lo que acaba de confesarme. No podía mirar en menos el hecho de que David había reconocido tener el deseo natural, pero no incontrolable, de matarme. No podía simplemente dejar de sentir temor, a pesar de que necesitara casi con desesperación saberme amada por él.

Porque, en el fondo, David continuaba siendo quien siempre había sido; aquel hombre encantador y amable que conociera, a pesar de que en primera instancia todo hubiera sido montado por una intención oculta y siniestra.

-¿Puedo decirte algo, sin que te rías?- pregunté casi en susurro separándome un instante de él.

-Claro.

-Cuando estoy molesta, suelo visualizar mi enojo. Lo veo como un dragón que habita dentro de mi cuerpo.- confesé. Acababa de notar que minutos atrás había percibido la presencia de la criatura..., pero ahora se había esfumado.

-¿Un dragón?- inquirió David con voz suave.

-Sí.

-¿Está ahí dentro ahora?- Dave posó una de sus manos sobre mi pecho descubierto, casi a la altura del cuello.

Negué con la cabeza. Por más que intenté buscarle..., ya no estaba. Si sí aún reposaba en mi interior, era porque había sido derrotado, y ahora se encontraba a batido lamiéndose sus heridas.

-Tu monstruo lo ha abatido.

David esbozó una sonrisa.

-¿Así que ahora también yo tengo un dragón emocional?- me interrogó alzando una ceja. Creí que no me estaba prestando la suficiente atención.

-No- respondí. Le di un corto beso en los labios.- Es otra criatura.

Le besé otra vez.

-Diferente.

-¿Cómo lo sabes?

-Casi puedo verlo..., pero no con los ojos.

-Entonces?- ahora fue él quien me besó, demorando más tiempo.

-Es mi dragón quién lo ve- respondí con certeza.

-¿Y cómo es?

-Sublime.

Otro beso me impidió continuar.

-Es fuerte y poderoso. Su aullido es capaz de quebrar el silencio de una noche de luna.- dije al fin, pero él pareció no reparar demasiado a mi palabras. Estaba demasiado absorto en llenarme de mimos y caricias.

Era realmente irracional este sentimiento que las personas llamaban amor, aquel que me movía a actuar como todas las señales me indicaban que no debía. Por lo que David había dicho, en ese preciso momento en el que me estaba besando, enredando mis manos en mi pelo, haciéndome sentir completamente dichosa, podía estar aguardando por el momento indicado para arrancarme la cabeza.

Lo extraño era, claro, que si él sentía eso, ¿no debería haberlo sentido yo también?

Recordaba las veces en las que tuve impulsos que me guiaron a alejarme de él, así como también Tom, y recientemente con Ibrahim. Con los dos últimos, era casi evidente la tensión existente entre nuestras distintas personalidades, mas con David era completamente lo contrario.

Por más que busqué y busqué, no legré encontrar ningún motivo convincente para soltarle, para dejar de abrazarle y cesar de decirle lo mucho que le quería.

Así que no me detuve, y dejé que nuestros actos siguieran su ritmo. Me maravillé con la suavidad de su piel, con la textura de su cabello y por sobretodo, con la belleza de su alma. Esta había sido esculpida en cada uno de los rasgos de David.

No importaba lo cansada o aturdida que estuviera. Ni siquiera el hambre o la sed importaban en ese momento.

Quería envolverlo en mis buenos sentimientos, para que de esa forma, lo demás dejara de existir. Deseaba ser capaz de hurtar su dolor y llevarlo lejos, aunque fuera dentro de mí, para no tener que verle sufrir más.

Incluso, cuando sus labios se deslizaron por mi cuello llegué a aborrecerme por ser quien yo era. Si yo no hubiera llegado a su vida, no existiría el tormento para él.

Podía sentirme tan liviana como una pluma, y los colores comenzaron a centellear dentro de mis ojos cerrados. Me enterneció el hecho de que él besara mi pestañas y mis párpados cerrados.

Luego, posicionó sus labios cálidos justo sobre los míos. Percibí que un temblor recorrió su cuerpo entero y abría los ojos. Él los mantenía aún cerrados, con el ceño fruncido coronándolos. Unas sombras azulinas se le marcaban bajo los ojos. Su respiración era regular y marcada, mientras que la mía...., la mía no existía.

La estaca de la diferencia continuaba interponiéndose entre nuestros corazones.

-Me gustaría encontrar un culpable- susurré, apenas. Yo podía no tener lágrimas, pero mi voz podía sonar igual de melancólica.

David asintió, apenas, y recorrió parte de mi rostro con la punta de su nariz. Le abracé de forma impulsiva, con toda la fuerza que era capaz de emplear, pues sabía que algo así no le lastimaría.

Deseé, con todo mi ser, que las cosas pudieran haberse mantenido así por siempre. En equilibrio.

Que la oposición no fuera más que un detalle en medio del camino.

El ser que más adoraba en el universo continuó besándome, haciéndome olvidar cualquier disturbio de oscuridad que se hubiera presentado en el pasado y que sin duda alguna se presentaría en el futuro.

Lo más sano hubiera sido apartarlo de mí, para no tener que sufrir después, pero lo anhelaba demasiado como hacer lo que era debido.

Las ramas de una árbol se azotaron levemente contra la ventana, movidas por el suave viento que se deslizaba en el exterior, al tiempo que una secuencia veritginosa e indescriptible de sentimientos- tanto los puros como los oscuros- se cernían sobre nuestras cabezas, impidiéndonos razonar y caer en la cuenta de lo absurda que era nuestra tortuosa pero delirante situación.


N/A: Como sugerí al inicio, espero que el capítulo se haya interpretado de la manera correcta. Si no fue así, he fracasado. (Por eso la sugerencia de leer entre líneas y más de una vez)
La situación de Elizabeth y David es demasiado indefinida..., una fusión de muchas cosas, entre ellas el amor, por lo que se debe dar más de un puro significado a las palarbas.
Espero que el mensaje se haya entendido, que algunas dudas se hayan aclarado y que el que lea pueda sacar ya alguna conclusión. En el próximo capítulo se comprobarán si son acertadas o no.


29/03/09 : He recibidos muchos mails y pm en facebook preguntando por Penumbra. Informo que por ahora no la continuaré. Y no es porque no quiera, sino porque sencillamente no tengo tiempo. Mil disculpas a todos los que siguen dejando reviews y me escriben, pero Zedna-lamentablemente- también tiene sus problemas, que no son pocos.
Espero publicar los capítulos finales lo antes posible, aunque no quiero hacerlo de forma apresurada y arruinar todo el desenlace. Espero puedan comprenderme.
Un besito a todos los lectores que me tienen en facebook y me escriben a diario, a las personas que dejan reviews aquí en facfiction y a tantos otros. En verdad, sólo les pido disculpas por la demora..., !soy una persona fatal!

Un beso a todos

Zedna.