El brusco frenazo de la bicicleta de Defteros apenas les da tiempo de reacción. Ambos habían olvidado que era el último día de trabajo del mayor, y menos habían supuesto que llegaría a casa antes de tiempo.
Es cuestión de segundos que Defteros entre y les busque para interesarse cómo ha transcurrido el primer día de clases. Kanon se aparta del todavía agitado Saga como si de repente su íntima cercanía quemara. Con nerviosa tosquedad se restriega el dorso de la mano contra sus hinchados labios, ahora impregnados de saliva ajena. Su mirada no quiere deslizarse hacia su manchada entrepierna y opta por estudiar la de Saga, que luce las mismas deplorables condiciones que asume entre la suya.
- Mierda...mierda...mierda...
Saga parece haberse quedado paralizado, tumbado aún sobre la cama de su gemelo, tratando de digerir con una celeridad inesperada todo lo que acaba de suceder. Su verdosa mirada se posa sobre el sugerente aspecto que Kanon desvela frente a él, pero el menor se sobrepone con excesiva rapidez a un situación que aún mantiene su corazón palpitando más veloz de lo que su razón desearía. Con atropellados nervios abre el armario y extrae de sus entrañas un par de pantalones cortos de fútbol, dormidos en la cúspide del caos que gobierna su almacenamiento. Uno de ellos, elegido al azar, es lanzado contra el atribulado y estupefacto rostro de Saga, quien se ve obligado a reaccionar si no desea permanecer embobado por toda la eternidad.
- ¡Vamos! ¡Póntelos! - le apremia Kanon, modulando un pretendido susurro que emerge con ansiedad - Defteros no nos puede ver así...- añade, atreviéndose al fin a dar fe de la pegajosa humedad asentada sobre la bragueta de sus nuevos jeans.
Kanon se deshace de sus zapatillas deportivas ayudándose de la destreza de sus propios pies para olvidarse de la presencia del lazo de los cordeles, y con temblor en los dedos se desabrocha el pantalón.
- Kanon...ésto...
- ¡Joder Saga! ¡Cámbiate ya! - le exige el menor, lanzándole una mirada de mando y reproche, cada vez más angustiada ante la extraña falta de reacción que muestra Saga.
Las manos de Kanon arrastran hacia abajo jeans y calzoncillos a la vez, no sin antes haberse procurado de tirar de su camiseta todo lo que ha podido para ocultar sus partes íntimas. Finalmente Saga obedece, pero pensadamente se desnuda sin ocultarse. "¿Qué sentido tiene hacerlo?" piensa mientras no deja de estudiar todos y cada uno de los torpes y atolondrados gestos de Kanon, que se ha enfundado los pantalones suplentes mostrándole sin saberlo parte de sus firmes cachetes.
Kanon evita mirarle. Si lo hace sabe hacia dónde irán sus ojos, y no quiere. No debe. Pero Saga no oculta su curiosidad y su deleite al llenarse la vista de él.
Desde las profundidades del piso inferior Defteros ya les reclama, y no es hasta que la voz del mayor se hace audible y peligrosamente cercana que Saga acaba de subirse los shorts de los partidos oficiales. Kanon se ha materializado como poseído por poderes mágicos frente a la puerta del cuarto, la cuál es abierta y Saga precipitado a través de ella, gentileza de un empujón desesperado.
Saga se halla sin comerlo ni beberlo plantado en medio del vestíbulo del piso superior, y la aparente naturalidad que Defteros hace días que se esfuerza en mostrar no se hace esperar.- ¡Saga! ¿Cómo ha ido el primer día de cole?
- Eh...bien...¿cómo iba a ir?...- balbucea, encaminándose hacia su habitación sin saber qué hacer en ella. La mochila con sus pertenencias ha quedado abajo, y con ella las excusas que justificarían una tarde de enclaustramiento estudiantil.
- Y Kanon, ¿dónde está?
Saga le responde con un gesto de su rostro señalando la habitación de su gemelo. La misma de dónde él acaba de ser expulsado in extremis. Defteros sonríe sin saber por qué, observando extrañado el desconcertante aspecto que muestra Saga: vestido con un polo de calle y los shorts de los partidos. Con el fallo impreso en ellos; Saga es delantero...y el número 5 estampado en la tela pertenece a la defensa. Defteros le sigue estudiando y a Saga sólo se le ocurre encogerse de hombros, suspirar y mentir.
- Debo estudiar...
- ¿Ya tenéis deberes el primer día?
Saga vuelve a encogerse de hombros y asiente sin convicción, repitiéndose mentalmente que su coartada sigue abajo, y deseando que el mayor no se de cuenta de ello.
- Está bien...me alegra ver que os aplicáis en serio desde el principio. Aspros estará contento.
Defteros sonríe tontamente, como si desde que besó a Aspros frente a ellos necesitara ganarse de nuevo su confianza, hacerse perdonar...o...o en realidad ni sabe qué necesita o qué pretende actuando con una cautela extrema que evite en cualquier instante reprender o hacer enfadar a sus hermanos menores.
Pero lo que sí está claro para Saga, es que en ese momento Defteros está resultando cansino.
Más concretamente, inoportuno. Demasiado inoportuno, aunque ambos menores ahora saben y asumen que el mayor habrá hecho cosas como ésa y quizás peores con Aspros, detalle que arranca a bullir un traidor ardor en las mejillas de Saga, ocultas en la medida de lo posible tras los húmedos y azules mechones que Saga procura hacerse caer sobre el rostro.
Kanon no aparece. Ha vuelto a cerrar la puerta de su habitación, y cuando Saga se refugia en la suya y Defteros trata de mostrar la misma consideración hacia la evolución del día del menor, Kanon emerge espiritado, cargando con él la ropa desechada momentos atrás, topándose de bruces con las ansias de paz y buenas vibraciones que endulzan sin medida a Defteros.
- Hola Defteros...- murmura Kanon, que viste con la misma extraña combinación de prendas que Saga.
La mirada de Kanon no se alza en ningún momento. Sólo ve como los pies de su hermano mayor están plantados frente a él, entorpeciéndole una urgente huida hacia el lavadero. Con destreza de delantero centro, emula a Saga y le regatea, presto a desaparecer escaleras abajo lo antes posible.
- Kanon, ¿dónde vas con toda esta ropa? - pregunta con incomprensión Defteros, pasivo espectador de una inaudita responsabilidad nacida en Kanon.
- ¡Hay que poner una lavadora, ¿no?! ¡Normas de Aspros! ¡¿O es que acaso te has olvidado de ellas?!
No. Defteros no se ha olvidado de ellas. Es más, esta semana el tema de la lavadora es cosa suya. Así lo muestra el planning de Septiembre clavado con imanes en medio de la nevera.
- Déjalo, Kanon...Esta semana me toca a mí cuidarme de la ropa... - le recuerda Defteros, que también elige descender hacia el lavadero, dónde halla a Kanon de rodillas frente a su mayor enemiga doméstica, a la cuál está alimentando con sobrepasada brusquedad.
- Pues hoy quiero hacerlo yo. Ahora me gusta.
Kanon no se voltea para ver a Defteros, apoyado contra la jamba de la puerta, con brazos cruzados y el aroma de demasiadas mentiras supurando en el ambiente. Los nuevos jeans de los menores, estrenados esa misma mañana, son puestos al fondo de la máquina. Los arrugados y húmedos calzoncillos también, y con rapidez abre la tapa del cubo que guarda la demás ropa sucia y elije toda la oscura que le viene a mano. Cubrir con lo que sea sus vergüenzas manchadas de semen se convierte en la máxima prioridad.
- Recuerda que_
- ¡Sólo elijo colores oscuros! ¡Ya lo sé! ¡Aprendo de mis errores! - le espeta Kanon aún sin mirarle, agarrando calzoncillos de Aspros, o quizás del mismo Defteros, calcetines, algunas camisetas negras y toallas de ducha verdes y moradas, todo apto para saciar la lavadora con gula.
Defteros le deja hacer. Con fingida calma trata de hacerles creer que se traga sus mentiras: las de Saga, quién ahora resulta que estudia sin libros, y las de Kanon, quién odia el tema de la ropa, y curiosamente hoy, de repente, parece amarlo más que nada.
Lo que la inocencia de los menores les prohíbe ver es que , diez años atrás, pequeñas mentiras como ésas vieron la luz entre esas mismas paredes por primera vez.
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- Sólo hemos..."probado".
Kanon se lo advierte a Saga, o intenta convencerse a sí mismo de unas absurdas palabras que no puede creerse, y lo hace con el rostro contraído y la mirada esquiva, plantado en la entrada de la habitación de su gemelo una vez la lavadora ha estado en marcha y Defteros se hace el dormido en el sofá, macerando la importante conversación que deberá compartir con Aspros.
- Es la segunda vez que lo has "probado" conmigo - Saga también le habla con falta de emoción. Apenas le dedica una mirada, desviándose un segundo de la pantalla de su móvil, sin hallar la correspondencia que tampoco esperaba.
Kanon se encoge de hombros y frunce más el ceño. Las baldosas del suelo parecen seguir llamándole la atención como nunca antes lo han hecho. Suspira, inspecciona una mota de polvo que barre con el pie, pero no se va.
- Si tú sólo quieres probar, no te importará que yo siga aprendiendo con quién sabe ¿no?
Saga emula la expresión que domina a Kanon. El menor es el dueño de las afrentas y la rebeldía, pero si se lo propone, Saga no se queda atrás. El comportamiento de Kanon le desconcierta. Le acelera el corazón, le excita la entrepierna y le aplasta el alma cuando la negación acude a poner trabas a algo que para Saga comienza a tener nombre propio. Afrodita es sólo un apodo de conveniencia...un sustitutivo...algo parecido a un sucedáneo de lo que realmente el alma le desea y el cuerpo le reclama.
- Con Afrodita, ¿no? - Kanon lo pronuncia con desprecio. Suspirando una derrota que mantiene su mirada vencida.
- Con quién sea - amenaza Saga, quién no quita la vista del atribulado y medio oculto rostro de su gemelo.- Tú puedes hacer lo mismo.
Kanon se sofoca aún más. Se cruza de brazos nervioso. Los descruza con gestos toscos y vuelve a barrer el suelo con el pie. El rubor y la vergüenza le consumen, y finalmente decide alejarse de allí, masticando un balbuceo apenas audible, aunque suficiente para los oídos de Saga.- No...no puedo...
Saga se ha alzado de la cama con el primer violento latido de corazón que esa nimia confesión le ha arrancado.
- Kanon...espera...- El menor se detiene en su camino, pero sigue sin ser lo suficientemente valiente para afrontar de una vez por todas su más descarnada realidad. Cede este honor a Saga, que por algo siempre será el mayor de los dos.- Yo...si Afrodita vuelve a...yo...
- Haz lo que quieras, Saga...
- La próxima nota que me deje...La romperé.
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Una nota ha vuelto a caer coqueta sobre el pupitre de Saga. Kanon lo ha visto. De reojo, con el corazón encogido y el alma asfixiada de incertidumbre.
Los trocitos de papel caídos al suelo le insuflan el aire que Afrodita, durante semanas, ha osado arrebatarle sin consideración.
