Capítulo 53

Charla

Continuaron aquella plática calmadamente, después apareció un sirviente que le ordenó ir a la oficina del rey para tener la esperada charla. Tsuna le deseó suerte y se dirigió a ese lugar junto con los guardias del imperio Kou. Ella tocó la puerta al llegar y le dieron la indicación de entrar. Al pasar vio a un hombre sentado de espaldas, ella tomó asiento.

―Es un gusto conocerle, soy Ren Kougyoku la octava princesa del Imperio Kou, usted debe ser el rey de Jahat ¿O me equivoco? ―dijo formalmente.

―En efecto ―respondió sin voltearse.

Entonces reconoció su voz.

―Sinbad-sama, no importa cuánto pase, aún recordaré su voz ―agregó con seriedad.

―Era inevitable que pasara, prefería reunirme contigo que con tu hermano el emperador.

―A Hakuryuu-san no le hubiese agradado este tipo de reunión ―replicó.

―Precisamente por eso te preferí Kougyoku ―se volteó.

Aquello la molestó bastante.

―Pero Sinbad-sama, ¿Aún se olvidó de lo que pasó hace años? ―lo miró seriamente.

―No lo olvido ―sonrió― y me disculpo ―mostró tranquilidad en su mirada.

Ella dudó un poco al oírlo, no sabía si creerle o no. Pero la forma en que lo dijo y como la miraba le hizo pensar que sus palabras eran verdad y pensaba confiar en ellas.

―Yendo al grano ―dijo Kougyoku seriamente― ¿Por qué huiste? ¿Por David? ¿Acaso él te manipula?

Él no respondió.

―Las cosas tomaron un giro inesperado y necesitaba empezar de cero ―respondió cruzándose de brazos.

―Qué clase de respuesta es ―pensó revoleando la mirada.

― ¿Y vos? ―le preguntó― ¿Con qué objetivo viniste?

―A reunirme con mi amiga y a hablar con usted Sinbad-sama como mi hermano lo ordenó.

―Ya veo ―suspiró― ¿Sigues odiándome?

Eso le pareció un tanto descortés.

―En el fondo de mi corazón, sí ―respondió firme― lo que más me dolió fue su traición... Por el hecho de que... ―bajó la mirada y se detuvo al darse cuenta de lo que decía.

Subió la mirada lentamente cuando notó los ojos anaranjados de él clavados firmemente en ella.

―N-no es nada ―desvió la mirada.

Continuaba sin decir nada, su mirada lo decía todo.

―Digamos que yo... Lo quería, estaba enamorada de usted ―confesó avergonzada.

―Eso lo sabía ―admitió con voz ronca― pero preferí utilizar eso a mí conveniencia.

Eso la dejó impactada, apretó los puños bajo las mangas del kimono.

― ¿Qué es a lo que quieres llegar? ¿Qué lo odie más? ―preguntó algo enfadada.

Negó con la cabeza.

―No es eso lo que busco Kougyoku ―hizo una pausa― mejor dicho vine a pedirle ayuda.

― ¿Ayuda?

―Por algo rechacé las incontables reuniones por parte del emperador ¿No? ―sonrió.

― ¿A qué quieres llegar? ―dijo con aire de confianza.

―Las cosas van de mal en peor ―respiró hondo― David se está pasando de la raya y temo que las cosas acaben como yo no quería que fueran.

―Así que ya te dan cuenta de lo que realmente pasa ―dijo con aire de superioridad―. ¿Por eso huyó? ¿Por eso fundó Jahat?

Asintió sin decir nada.

― ¿Qué es lo que necesita de mí?

―Antes que nada ―juntó sus manos― realmente le pido disculpas, por jugar con sus sentimientos e ignorarlos.

― ¿No cree que sea tarde para disculparse?

―Nunca es tarde para esas cosas, una palabra puede curar un corazón herido no importa cuando ―explicó cerrando los ojos por unos segundos.

Ella apoyó sus manos juntas sobre la mesa, él al verlas las tomó. Ella se ruborizó un poco y trató de apartarlas, pero no la dejó.

― ¿Qué hace? ―pensó observando las manos de ambos.

―No planeo ganarme su confianza, amistad o cualquier otra cosa de usted ―suspiró―. Lo único que debo pedirle es que busques a Alibaba, Aladdín y los demás, busca ayuda por favor. Además, hay algo que debo decirle, pero no ahora.

― ¿De qué trata?

Él sonrió levemente.

―Ya lo sabrás, pero todo a su tiempo ―se puso serio― debo informarle que no siempre tengo el autocontrol de mí mismo que solía tener.

― ¿Autocontrol? ¿Qué? ―estaba confundida, muy confundida.

―Desde que todo había terminado hace unos años, David se hizo más fuerte y comenzó a tomar parte de mí... No siempre soy yo, como solía ser en el pasado. A veces es él quien maneja las cosas ―entrecerró los ojos― está determinado a acabar con todos, volver este mundo como Alma Toran. Todo bajo la palma de su mano controlando a quien se le antoje. Por eso necesito que vayas por los demás ―rogó preocupadamente―. Advierte a Tsuna, Kayson está aliado con el abuelo de Aladdín y seguro la usarán para que Aladdín haga lo que ellos quieran, la llave del palacio sagrado.

―Espera ¿Él sigue tras Aladdín-san?

Asintió varias veces.

―Esto sí que es grave ―murmuró con la mirada baja.

Ella aferró sus manos a la de Sinbad.

―Por eso, para evitar que en el futuro utilicen a más personas y que la organización se levante, para evitar que este reino prevalezca luego de mi muerte... No sé qué me pasará en el futuro... Pero necesito tenerte a mi lado para poder luchar.

― ¿Eh?

―Prométemelo ―le exigió.

―No puedo confiar completamente ―dijo insegura.

―Por favor, si estuviera mintiendo, no estaríamos hablando de esta manera.

Entonces ella reflexionó un poco.

―Acepto.

―Gracias ―sonrió.

―Además hay algo más que quiero decirle, yo...

De repente Kougyoku se balanceó la cabeza.

― ¿Estás bien? ―le preguntó.

Negó con la cabeza.

―N-no ―dijo mientras sus ojos se entrecerraban y luego los cerró completamente.

― ¡Kougyoku! ¿¡Estás bien!? ―la sacudió para despertarla.

―Mi rey, debería ser más prudente ―dijo Kayson entrando.

―Tú otra vez ―dijo fulminándolo con la mirada.

―Debería relajarse mi señor, la señorita Kougyoku no puede saber nada ―sonrió.

De repente su rostro cambio, se hizo más serio.

―Tienes razón Kayson ―sus ojos anaranjados llenos de viveza se hicieron más fríos y sombríos.

―Rey Sinbad, digo ―se corrigió― rey David ―se inclinó ligeramente―. No debería dejar que Sinbad se meta tan a menudo.

Este soltó una leve carcajada, se zafó de las manos de la princesa y se recostó en su asiento.

―Siempre hay desperfectos en un plan ―dijo de forma arrogante― es inevitable que no se interponga, él es parte de mí como yo de él...

―Esa conexión de rukh sí que es efectiva, obtuvo a la singularidad. Tiene un reino completo, riquezas y siete contenedores djiin ―dijo con aire de maldad.

― ¿Crees que ella recordará todo?

―Quien sabe ―respondió el mago― David-ou, debemos usar a Tsuna pronto... ―propuso.

― ¿Sora ya está en Balbadd? ―preguntó.

―Llegó sano y salvo, pronto le daré las primeras órdenes ―informó.

―Muy bien, por ahora lleva a Kougyoku con Tsuna. Dile que se descompuso y necesita atención médica.

― ¿Qué pretende, señor?

―Quiero que ella venga a hablarme a voluntad propia ―sonrió con malicia.

―Está bien... Aunque ¿Qué haremos? ¿Seguiremos con lo planeado? A pesar de lo que Sinbad le contó a la princesa ―se notaba su voz llena de duda.

―Sí, no hay que detenerse por un leve contratiempo ―soltó una leve risa― hay que continuar con el plan como es debido.

Cinco minutos después...

Tsuna aguardaba en el cuarto de Kougyoku a que llegara, entonces dos sirvientas aparecieron en la habitación cargando a la princesa. La pusieron sobre la cama, la maga se alarmó.

― ¿Qué pasó?

―La princesa se descompensó ―informó una de ellas.

―Nos retiramos, si nos precisa llámenos ―ambas se fueron.

―Kou-chan, Kou-chan ―dijo sacudiéndola.

No se despertaba. Luego se dio cuenta de algo, en su brazo había un pequeño agujero en la tena, entonces al ver la piel. Descubrió que tenía un pequeño pinchazo, uno muy familiar.

―Kayson ―pensó molesta.

Fue directo a la oficina del rey y tocó varias veces la puerta, los guardias trataron de alejarla pero ella persistió, hasta que los caballeros recibieron órdenes de retirarse dejando que Tsuna pasara. Él rey le ofreció un asiento pero ella se negó, prefirió estar de pie. Su mirada sombría la hacía estremecerse, pero mantuvo la compostura.

― ¿Qué quieres Tsuna? ―preguntó con voz grave.

―Tengo que hablar con usted, rey ―dijo firmemente.