Los personajes son de la magnifica Stephenie Meyer.

La historia es una adaptación y pertenece a S. Brown.


***CAPITULO CON LEMMON*** LEER BAJO SU RESPONSABILIDAD***


Capítulo 44

Edward abrió la puerta de la suite y miró con curiosidad a las tres personas que permanecían de pie al otro lado del umbral. -¿Qué ocurre?

-Señor Cullen, siento molestarlo -dijo uno de los policías uniformados-. ¿Conoce a esta joven?

-¿Edward? -preguntó Bella, uniéndosele en la puerta-. ¿Quién...? ¡Alice!

La muchacha miraba a los presentes con hosquedad. Uno de los policías la sujetaba fuertemente del brazo, pero era difícil saber si la reprimía o la sostenía. Ella se apoyaba en él, obviamente borracha.

-¿Qué es lo que sucede? -Jasper se acercó a la puerta y vio la escena-. ¡Dios Santo! -murmuró disgustado.

-¿Pueden decirles por favor quién soy para que me dejen tranquila de una puñetera vez? -exigió Alice en tono beligerante.

-Es mi sobrina -informó Edward fríamente a los policías-. Se llama Alice Cullen.

-Eso es lo que decía su permiso de conducir, pero teníamos que asegurarnos de que fuera su sobrina.

-¿Era necesario traerla hasta aquí bajo escolta armada?

-Sólo había dos opciones: traerla aquí o llevarla directamente a comisaría, señor Cullen.

-¿Con qué cargos? -preguntó Bella.

-Exceso de velocidad y conducción en estado de embriaguez. Estaba tomando una curva a ciento cincuenta.

-A ciento cincuenta y cinco -corrigió Alice con descaro.

-Gracias, agentes, por traerla a salvo hasta aquí. Hablo también en nombre de sus padres.

Alice se soltó de la mano del policía. -Sí, muchas gracias.

-¿Cuánto va a costar mantener esto en secreto? -les preguntó Jasper.

Uno de ellos lo miró con desdén. El otro lo ignoró por completo y se dirigió a Edward:

-Supusimos que usted no necesita mala prensa en este momento.

-Se lo agradezco mucho.

-Bueno, después de ese discurso que dio en Houston, pidiendo garantías para el trabajo de la policía, pensamos que era lo mínimo que podíamos hacer,

-Muchas gracias.

-Buena suerte en las elecciones, señor Cullen.

Se quitaron las gorras respetuosamente y luego se alejaron por el pasillo alfombrado hacia los ascensores y los adormilados guardias de seguridad.

Bella cerró la puerta. Todos se habían acostado ya, excepto ellos cuatro. Nessie dormía en la habitación contigua. Un silencio ominoso se extendió por la suite, la calma previa a la tormenta.

-Alice, ¿dónde has estado? -le preguntó Bella suavemente. Estiró los brazos por encima de la cabeza y ejecutó una torpe pirueta.

-Bailando. Lo pasé de maravilla -canturreó, mirando a Jasper-. Supongo que aquí nadie sabe lo que es eso, porque son todos muy viejos y muy respetables y muy...

-¡Pequeña imbécil!

Jasper la abofeteó a la altura de la boca. La fuerza del golpe la tumbó al suelo.

-¡Alice!

Bella se dejó caer de rodillas junto a la aturdida muchacha. Del labio hinchado salía sangre.

-Jasper, ¿qué diablos te ocurre? -inquirió Edward, agarrándolo del brazo.

Jasper hizo a Edward a un lado y se acercó amenazadoramente a Alice.

-¿Intentas estropearlo todo? ¿Sabes lo que hubiese ocurrido si esos dos agentes no hubiesen considerado oportuno traerte? ¡Esta estupidez nos habría podido costar la elección! -le gritó.

Edward lo agarró por el cuello de la camisa y lo acercó a él -¿Qué crees que estás haciendo?

-Se lo merece.

-¡No de ti! -rugió Edward.

Le dio un empujón que lo lanzó unos pasos hacia atrás. Jasper recuperó el equilibrio, gruñó y arremetió contra Edward.

-¡Detenganse, los dos! -Bella se puso en pie de un salto y se interpuso entre ambos-. Haran que el hotel se desmorone sobre nosotros, ¿y qué tipo de titulares saldrán mañana?

Los dos hombres permanecieron de pie, mirándose el uno al otro como dos toros escarbando la tierra. Bella se volvió a inclinar sobre Alice y la ayudó a ponerse de pie. La muchacha estaba aún tan aturdida que no opuso ninguna resistencia, pero gimió de dolor y de remordimiento.

Edward le pasó la mano por la mejilla y, luego, advirtió a su amigo: -Nunca, nunca más vuelvas a tocar así a un miembro de mi familia.

-Lo siento, Edward.

Jasper se llevó la mano a su cabello despeinado. Su voz sonó suave, compuesta, sosegada. Volvía a ser el hombre de hielo.

-Ésa es un área de mi vida en la que no cuenta para nada tu opinión -añadió Edward colérico, moviendo apenas los labios.

-He dicho que lo siento. ¿Qué más puedo hacer?

-Puedes dejar de acostarte con ella.

Los pilló a todos por sorpresa. Jasper y Alice no tenían idea de que Edward lo supiese. Bella le había comentado que lo sospechaba, pero eso fue antes de que lo supiera con certeza. Las mujeres permanecieron pasmadas y en silencio. Jasper caminó hacia la puerta y, antes de salir, dijo: -Creo que todos necesitamos un tiempo para calmarnos. Bella miró a Edward con amor y respeto por salir tan rápido en defensa de Alice; luego rodeó a la chica con un brazo. -Vamos, te acompañaré a tu habitación.

Una vez allí, esperó a que Alice se duchara. Cuando salió del baño, con el cabello apartado de la cara mediante pasadores, y con una camiseta larga a modo de camisón, parecía joven e inocente.

-He improvisado una bolsa de hielo para tu labio.

Bella le alargó una bolsa de plástico llena de hielo y la condujo hacia la cama.

-Gracias. Te estás volviendo una especialista.

Alice se apoyó en la cabecera y se llevó la bolsa al labio inferior. Había dejado de sangrar, pero estaba negro e hinchado. Cerró los ojos. Le empezaron a brotar lágrimas. Bella se agachó a su lado y la tomó de la mano.

-¡Ese hijo de puta! Lo odio.

-No lo creo -la contradijo Bella en voz baja-. Lo que creo es que tú pensabas que lo amabas.

Alice la miró. -¿Que lo pensaba?

-Creo que estábas enamorada de la idea de amarlo. ¿Cuánto sabes realmente acerca de Jasper? Tú misma me dijiste que lo conocías muy poco. Yo creo que querías enamorarte de él porque, en el fondo, sabías que esa relación era inadecuada y no tenía futuro.

-¿Qué eres? ¿Una psiquiatra aficionada?

Alice podía acabar con la paciencia de cualquiera, pero Bella respondió apaciblemente.

-Intento ser tu amiga.

-Intentas sencillamente convencerme de que lo deje porque lo quieres para ti.

-¿De verdad piensas eso?

Alice la miró durante unos instantes y, cuanto más miraba, más se le anegaban de lágrimas los ojos. Finalmente agachó la cabeza.

-No. Cualquiera puede ver que amas al tío Edward. Y él también está loco por ti. -Se mordió el labio inferior-. Oh, Dios, ¿por qué nadie me puede querer así? ¿Qué tengo de malo? ¿Por qué todos me tratan como basura, como si fuese invisible o algo parecido? -Se abrió la compuerta y el malestar interior empezó a brotar a chorros- Jasper me estaba utilizando para follar, ¿verdad? Confiaba en que al menos me quisiera por algo más de lo que estaba dispuesta a hacer en la cama. Debí conocerlo mejor -añadió con tono amargo.

Bella la abrazó. Alice se resistió durante uno o dos segundos y luego cedió y se dejó consolar, mientras lloraba sobre el hombro de Bella. Cuando se calmó, Bella la apartó un poco.

-¿Sabes quién debería estar contigo?

Alice se secó la cara con el dorso de la mano. -¿Quién?

-Tu madre.

-¿Bromeas?

-No. La necesitas, Alice. Más aún -agregó, presionando la rodilla de Alice para imprimir énfasis-, ella te necesita. Ha estado intentando con todas sus fuerzas hacerse perdonar los errores del pasado. ¿Por qué no darle una oportunidad?

Alice se lo pensó unos instantes, luego asintió hoscamente.

-Sí, por qué no, si eso hace que se sienta importante...

Bella telefoneó a la habitación. Emmett respondió soñoliento.

-¿Se ha acostado ya Rose? ¿Podría venir a la habitación de Alice?

-¿Qué ocurre?

Bella miró el labio de Alice y mintió.

-Nada. Sólo una reunión de mujeres.

Cerca de un minuto después, Rosalie llamaba a la puerta. Estaba en camisón.

-¿Qué pasa, Jessica?

-Entra.

En cuanto vio la cara de Alice, se paró en seco y se llevó la mano al pecho.

-Oh, cariño. ¿Qué te pasó?

El labio inferior de Alice tembló ligeramente, y los ojos se le llenaron de lágrimas. Estiró los brazos y con voz débil y trémula, dijo:

-Mamá.

-Las dejé llorando abrazadas -le dijo Bella a Edward unos minutos más tarde-. Puede que haya sido lo mejor que podía ocurrir.

-No creo haber visto nunca a Jasper tan irracional.

Mientras ella permaneció fuera, él se había desnudado hasta la cintura. Con el torso desnudo, daba vueltas por la habitación, aún con ganas de pelearse.

-Está determinado a conseguir que te elijan. Cuando ocurre algo que puede comprometerlo, su temperamento se vuelve explosivo.

-¿Pero pegarle a una mujer? -comentó Edward incrédulo, meneando la cabeza.

-¿Desde cuándo sabes que se acuesta con Alice?

-Desde hace un par de semanas.

-¿Te lo dijo él?

-No. Lo deduje.

-¿Le dijiste algo al respecto?

-¿Qué podía decir? Es mayor de edad. Y ella también. Dios sabe que él no la forzó ni la obligó a perder la virginidad.

-Supongo que no -suspiró Bella-. Pero, pese a toda su experiencia sexual, Alice es sumamente vulnerable, Edward. Jasper le ha hecho daño.

-No me malinterpretes. No estoy defendiendo...

-¡Escucha!

Bella se llevó el dedo índice a la boca, pidiendo silencio. Luego, echaron a correr al mismo tiempo hacia la habitación de Nessie.

La niña sacudía los miembros, golpeándose con la ropa de la cama. Su carita estaba desencajada y bañada en sudor. Lloraba copiosamente.

-¡Mamá! ¡Mamá! -repetía una y otra vez.

Instintivamente, Bella extendió los brazos. Edward la detuvo con la mano.

-Quieta. Podría ocurrir otra vez.

–Oh, no, Edward, por favor.

Él sacudió la cabeza tercamente. -Tenemos que hacerlo.

De modo que se sentaron a ambos lados de Nessie. Ambos vivieron el infierno por el que estaba pasando el subconsciente de la niña.

-No, no. -Tragó saliva, la boca abierta de par en par-. ¿Mamá? No veo a mamá. No puedo salir.

Bella miró a Edward, que se cubría con los dedos la nariz y la boca y miraba fijamente a su atormentada hija.

De pronto, Nessie se incorporó de golpe, como si un mecanismo de resorte hubiese catapultado su cabeza hacia delante. El pecho se le inflaba y se le encogía rápidamente. Sus ojos permanecían abiertos y sin parpadear, pero aún estaba en medio de la pesadilla.

-¡Mamá! -chilló-. Sálvame. Tengo miedo. ¡Sálvame!

Luego empezó a pestañear y, aunque su respiración aún era entrecortada, ya no sonaba como si hubiese estado corriendo kilómetros y cada inspiración fuese la última.

-Mamá me ha salvado -susurró-. Mamá ya me tiene. Se dejó caer y, entonces, despertó.

En cuanto enfocó la vista, dividió su desconcertada mirada entre Edward y Bella, y fue a los brazos de Bella a los que arrojó su sólido cuerpecito.

-Mamá, me salvaste. Me salvaste del humo.

Bella la rodeó con los brazos y la estrechó con fuerza. Cerró los ojos y dio gracias a Dios por curar a esa niña a la que tanto había llegado a querer. Cuando abrió los ojos, se encontró con los de Edward, él extendió la mano, le acarició la mejilla con los nudillos y luego colocó la mano sobre la cabeza de su hija. Nessie se sentó sobre los talones.

-Tengo hambre. ¿Puedo comer un helado?

Edward se rió aliviado, se la llevó a sus brazos y la balanceó por encima de su cabeza, haciéndola chillar.

-Claro que sí. ¿De qué sabor?

Pidió el helado al servicio de habitaciones, junto con un juego de cama limpio para reemplazar las húmedas y arrugadas sábanas de la cama de Nessie. Mientras esperaban el encargo, Bella le cambió el camisón y le peinó el pelo. Edward permaneció sentado observándolas.

-Tenía un sueño malo -les explicó Nessie, pragmática, al tiempo que empleaba otro cepillo en su osito de peluche-. Pero ya no tengo miedo, porque está mamá y me salva.

Para cuando terminó su helado, ya volvía a tener sueño. La metieron en la cama y se sentaron a su lado, conscientes de que, si el doctor Webster no se equivocaba, en adelante dormiría ininterrumpidamente. Cuando abandonaron la habitación abrazados, Bella rompió a llorar.

-Se acabó -murmuró Edward y la besó en la mejilla-. Se pondrá bien.

-Gracias a Dios.

-Entonces, ¿por qué lloras?

-Estoy exhausta -confesó, esbozando una sonrisa- Voy a tomar un largo baño caliente. Este día parece haber durado veinte años.

Edward había vivido la crisis de Alice y la pesadilla de Nessie con ella, pero desconocía que Bella hubiese experimentado un ataque de ansiedad en la iglesia hispana cuando vio a su rival fuera de la nave rodeado de periodistas.

Tan pronto llegaron a salvo a la limusina, se arrimó a Edward, se aferró a su brazo y apretó su firme bíceps contra el pecho. Lo que él había tomado como una demostración de afecto, no había sido en realidad más que una reacción para contrarrestar el miedo.

Cuando Bella salió del baño media hora después, tenía la piel húmeda y fragante. Con la luz a su espalda, le proporcionó a Edward una tentadora imagen de su cuerpo a través del camisón.

-¿Sigues exhausta? -le preguntó él.

La habitación se encontraba en penumbra. La cama estaba abierta. Bella lo registró en su subconsciente, porque sólo tenía ojos para Edward. Llevaba el pelo atractivamente despeinado. La única luz encendida en el baño le confería un brillo a su cabello, le iluminaba vagamente el pecho, resplandecía en su ombligo y disminuía luego lentamente hasta convertirse en una franja satinada que desaparecía en el cinturón desabrochado de sus pantalones.

-No tanto -respondió con voz ronca-. No si tienes alguna cosa en mente que no sea dormir.

-Lo que tengo en mente -dijo aproximándose- es hacerle el amor a mi mujer.

Cuando estuvo cerca de ella, le pasó una mano por detrás de la nuca y, sin dudarlo, introdujo la otra por el camisón y le cubrió un pecho. Sin dejar de mirarla a los ojos acarició el pezón.

-No quiero decir únicamente acostarme con la mujer con la que estoy casado -le susurró mientras jugueteaba con el pezón-. Quiero decir hacerle el amor a mi esposa.

Acercó la cara a la suya, se detuvo un instante, la miró a los ojos y la besó. Había una diferencia en su beso. La diferencia era sutil y, sin embargo, enorme. Bella la sintió de inmediato. Técnicamente igual, cuando la lengua se introdujo suave y firmemente en su boca; pero, de algún modo, fue algo mucho más personal, más íntimo, más generoso.

Minutos más tarde estaban en la cama. Edward, desnudo, recostado sobre ella y besándola en la línea del camisón, según lo iba bajando centímetro a centímetro.

Cuando la acabó de desnudar, apoyó la cabeza sobre su estómago, los hombros entre sus muslos, y besó ardientemente la tierna suavidad.

-No creí que podría volver a amarte. Pero, después de lo que has hecho por Nessie y por mí… -añadió en voz muy baja- sería un imbécil si no te amara más que nunca.

Deslizó las manos por sus caderas y las levantó ligeramente. Con los labios tanteó la delicada piel del abdomen. Besó el delta de rizos negros, lo acarició con la nariz, lo rozó apenas con su aliento.

Bella le sujetó la cabeza entre las manos y se arqueó, ofreciendo los muslos abiertos a su inquisitiva boca. Él se llevó la sedosa y escurridiza suavidad a los labios, se embebió de su sabor y su aroma, y utilizó la chasqueante, acariciante, anhelante lengua para llevarla a un vibrante orgasmo tras otro.

Luego, ella invirtió la posición y le devolvió el favor. Cubrió con los labios la suave superficie del pene. Lo chupó tiernamente y utilizó la punta de la lengua para recorrer la ranura y recoger las gotas perladas de fluido que empezaban a acumularse allí.

Edward rezó a dioses sin nombre cuando ella se lo metió entero en la boca, y, cuando al fin la llenó con su propia esencia, soltó gritos roncos y ásperos que los dejaron sintiéndose maravillosos y plenos.

Más tarde esa misma noche, mientras dormitaban, Edward estrechó la espalda de ella contra su pecho. La besó cálida y suavemente en la nuca. Le mordisqueó el hombro. Sin decir nada, sino a la espera, como pidiéndole permiso para continuar.

Bella se limitó a ronronear como una gata soñolienta y se dejó hacer cuando él le subió el muslo hasta el pecho, dejando el camino despejado para entrar suavemente. Sus cuerpos se mecieron suavemente el uno contra el otro sin movimiento aparente. Fue un acople fácil, fluido.

Edward pasó un brazo por encima y le acarició los pechos, dándoles nuevas formas con las manos, y luego pasó las yemas de los dedos por los erectos pezones.

Ella presionó las nalgas contra la curva de su cuerpo y frotó la suave piel contra su denso pelo que se extendía desde la raíz de su sexo. El gimió su aprobación y se apretó más contra ella.

La manejó desde delante con asombrosa delicadeza y sustituía a veces el rígido pene cón unos dedos inquisidores que se introducían profundamente en el interior, hasta que un enorme placer se derramó por ella como una cálida y fragante lluvia de primavera, sin truenos, sin viento, sin relámpagos; purificadora, pura y benévola. Las rítmicas contracciones del orgasmo de ella provocaron el suyo. Su cuerpo se tensó, y su respiración quedó suspendida durante varios segundos espléndidos mientras la tibia marea de su semen bañaba el útero.

Cuando todo terminó y volvieron a estar relajados, pero aún emanando ardor, Bella se dio la vuelta. Sus anhelantes bocas se fundieron en un largo, lento y húmedo beso.

Y se durmieron.


Jasper maldito cabrón, ¿Quién se suma a golpearlo?

Yeah! Nessie logró exorcizar sus pesadillas. Bella y Edward parecen rodearse por una burbuja exclusiva por momentos!

(^_^)凸

Gracias por cada uno de sus reviews, ya hemos superado los 540, GRACIASSSS!

Aprovecho para contarles que nos quedan solo 6 capítulos para el final!

El próximo capítulo será REVELADOR! Sí, lo sé, soy mala, pero debo advertirles que será un momento MUY IMPORTANTE en la historia, pero serán ustedes las encargadas de decirme si me equivoco o no!

Próxima actualización: Miércoles 27!

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#Andre!#