Luna nueva del cuarto mes. Primavera.
Querido Diario,
Hoy he cumplido veintiún años, y no podría estar más feliz de celebrar, por mil y una razones.
La primera es que alguien consideró una idea fantástica despertarme a la medianoche para asegurarse de ser el primero en saludarme.
-Si acaso no lo recuerdas hemos estado durmiendo juntos casi todas las noches desde finales del año pasado -alegué-. No me voy a ir para ningún otro lado, cariño mío, ni siquiera en esta cama tan enorme -lo besé-, pero gracias de todos modos.
-Feliz cumpleaños, esposita mía -me entregó una caja-, espero que te guste.
En su interior había un objeto increíble: un reloj astronómico de bolsillo, en forma de estrella, para seguir las fases de la luna y el movimiento de los astros. También tiene una función de caja musical, y toca mi nana favorita cuando le doy cuerda con una llavecita. Esto es algo que no sabía que necesitaba en mi vida.
-Una vez te escuché cantándola y le pregunté a Shad acerca de ella, porque la escuché por primera vez y la aprendí de una Piedra del Aullido en la Arboleda Sagrada -explicó-, y me dijo que era muy importante para la casa real, y para tí.
-Es perfecto -decir que lo llené de besos no es suficiente.
Volví a dormir escuchando a aquellos sonidos de mi infancia. Juraría que soñé con mi madre tarareando esa nana para mí de pequeña.
En la mañana, Link partió de madrugada como siempre, para los preparativos, así que me desperté con Impaz y mi propio ejército de criadas, que me llenaron de cariño y buenos deseos, ¡incluso me cantaron, y me trajeron un pastel de desayuno!
Pasé de ser una dormilona desastrosa a una reina guerrera gracias a la ayuda de todas ellas: como hoy también tenía lugar la revista de las tropas, tenía que verme a la altura, usando una armadura de vestir de acero, compuesta de una pechera, hombreras, guanteletes, y lorigas, que perteneció a mi admiradísima y respetable tatarabuela Zelda, que la solía usar en estas ocasiones. Mi cabello iba en una media cola y suelto, sin otro accesorio que la corona de Hyrule.
Cuando llegué al salón principal, Link ya me estaba esperando. Me tuve que aguantar la risa ante su reacción, que básicamente consistió en sus ojos como platos, tratando de mantener la compostura.
-¿Quién eres y qué le hiciste a mi esposita?
-Señor Comandante, vaya cosas qué dice usted -le respondí-. Nos parece muy gracioso vuestro adorable sentido del humor, ¡su esposa está aquí mismo!
-Estoy agradecido que usted no sea mi enemiga, mi Reina -me siguió con el tono protocolar mientras me ofrecía su mano-. Me dejaría matar a sus manos en el campo de batalla.
-Pero si ya lo he hecho, querido esposo, mil y una pequeñas muertes ya -susurré, tomando su mano, haciendo que se ruborizara un poco.
He andado un tanto coqueta hoy, debo decir.
La revista de las tropas fue impecable: las estrellas del espectáculo fueron los Caballeros de la Guardia Real y la Caballería Gerudo, con sus bellísimas armaduras, armas y caballos. Naima los lideró vestida con una túnica color azafrán con manga larga, decorada con bordados dorados, joyas increíbles, además de pantalones y botas a juego; llevaba un escudo hermoso y muy ornamentado y una espada curva al cinto, que los Gerudo llaman cimitarras. Sus armas son pasadas de generación en generación, con nombres a su haber: Luz del Alba es su escudo y Estrella de la Mañana su cimitarra.
Se veía como la mismísima Din con su cabello al viento, con un tocado con velo en los mismos tonos de su traje.
La gente estaba fascinada y sorprendida, pero lo más importante es que pudieron ver con sus propios ojos el esfuerzo de muchas personas. El ejército aún se está recuperando -esta es la primera generación de caballeros que se gradúa después de la invasión- pero tiene fuerza y son bien guiados. Sé que este comentario viene de cerca, pero generalmente veo datos, cifras y gente entrenando a diario. Los resultados reales son muy distintos, y mejores. No podría sentirme más orgullosa de el hombre tras todo esto, y de quienes lo han apoyado.
Voy a sonar como una adolescente enamoradiza, pero es mi deber decir que mi querido esposo se veía guapísimo mientras presentaba a las tropas en su armadura de gala, montado en Epona, que también iba toda guapa y engalanada. Adoro esa seguridad exuda cuando está en su elemento. Sé que en el fondo es el hombre más dulce y tierno que haya conocido jamás, al que le gusta leer poemas y ama a su familia y amigos, pero, en el campo de batalla es otro, hecho de coraje y con un temple de acero.
Tras la revista, celebré con nuestros amigos y familia, con los que nos reunimos para almorzar. Recibí regalos encantadores: una petaca con aguardiente de Ordon de parte de Salma "para matar el agobio" (seguro que quiere que me ponga bocazas y les diga unas cuantas verdades a esos odiosos vejetes de la corte que molestan de vez en cuando), unas finísimas medias de seda Gerudo de Telma (alguien más las va a apreciar también), un juego de aretes y collar de ópalo de Naima y Amina, una compilación de textos de mitos y tradiciones que publicó Shad hace poco, una botella de perfume a base de aceites esenciales de Leonardo y Lila, un brazalete de piedra luna de Maese Perícleo, y un vestido bordado lindísimo para mis escapadas a la Ciudadela de parte de Moy, Juli y los niños (Iván me hizo una tarjeta de saludo, es tan tierno).
Me siento muy mimada, pero es lindo saber que eres querida por tus amigos y familia. Cuando llegamos anteayer, todos nos llenaron de preguntas sobre cómo lo pasamos y lo que hicimos durante nuestros días en el sur. Moy no les había contados casi nada de nosotros, excepto a Maese Perícleo y a Impaz, que supieron de mis aventuras campiranas, y bromeaban a costa mía, ¡diciendo que había hecho realidad mis sueños de infancia! Si supieran que Link pasó un tiempo convirtiéndose en lobo, ¡no acabarían jamás de reírse de mí! Creo que esa es una de las desventajas de tener cerca tuyo a dos personas que te conocen desde antes que nacieras.
Debería hacer una pausa por hoy. Impaz dijo que me tenía una sorpresa para la celebración de esta noche, y estoy segura de que viene en cualquier momento.
Con amor,
Zelda.
P.D.: La sorpresa era el vestido de fiesta favorito de mi madre, un traje precioso de color azul zafiro, con bordados con diseños de lunas y estrellas, el cual modificó y ajustó para mí, agregando una capa de tul; parece salido de un sueño. Además trajo joyas a juego con el vestido. Tiene tan buen gusto que a pesar de lo elaborado, no se ve excesivo.
Bajaré al salón apenas el señor esposo llegue de las barracas.
