Después de Navidad
Terry había tenido unos meses repletos de reuniones con directivos del creciente estudio de cine, hasta el momento no había actuado ni una sola vez, en cierta medida le intrigaba estar en un set de filmación, había escuchado tanto hablar acerca de cómo se realizaban las películas que estar tan cerca de donde lo hacían y no poder tan siquiera echar un vistazo le hacía ponerse un poco impaciente.
Aunque en otros aspectos le estaba yendo bastante bien, Monty había cumplido con su parte del trato, le había conseguido una gran mansión cerca de la playa. Terry no estaba acostumbrado al clima tan cálido en parte le parecía raro que estando a unos días de Navidad ni siquiera nublado estuviera, el sol estaba en todo su esplendor, conforme se iban acercando los días empezaba a extrañar la sensación del frío golpeando sus mejillas y la nieve cayendo.
Era inexplicable sentirse de esa manera, en realidad el frío tampoco le agradaba mucho, pero quizá porque la única Navidad feliz que recordaba era una en medio de la nieve le hacía añorar el gélido clima.
La Navidad transcurrió sin muchas novedades, había salido a la playa ese día junto con Naty, quería crear una nueva tradición con su hija, y había disfrutado de ese día que había descansado de reuniones, aunque sabía que al día siguiente tendría que regresar a trabajar.
Tres días después de Navidad, se había despertado muy desganado, la reunión de un día anterior había estado especialmente aburrida. Ahora que ya conocía a todos los directivos solamente le restaba esperar, las negociaciones para una película iniciarían el siguiente año. Terry mientras tanto pensaba pasar esos días a modo de vacaciones, disfrutar del cálido clima de California.
Esa mañana del 28 de diciembre había salido muy temprano a correr por la playa, el romper de las olas contra la fría arena, lo hacían calmarse, a tener sosiego en su alma, algo que hacía mucho que le hacía falta. Después de haberlo hecho, había caminado por el boulevard para comprar algún libro para leer en esos días libres que tendría. Caminó otro lugar que no fuera New York, allí nadie parecía reconocerlo y podía andar a sus anchas como cualquier otra persona. Estar allí era una de las mejores cosas que le habían sucedido. Terry tomó unos libros en sus manos y comenzó a hojearlos cuando escuchó que alguien le hablaba.
- ¿Terry? ¿Eres tú?
Terry suspiró desanimado, ¿acaso también allí lo molestarían? Pero al darse la vuelta, abrió los ojos un tanto asombrado.
- ¡Vaya! Pero si es el mismísimo Terruce Grandchester en persona.
- ¡Elisa! – exclamó el muchacho.
- Me has reconocido – dijo de una forma tan jovial que le parecía irreconocible. – Voy a empezar a preocuparme, eso de encontrarte una y otra vez en lugares menos sospechados… ¿no será que me estás siguiendo verdad?
El muchacho abrió la boca, pero Elisa continuó.
- No pongas esa cara, que solo bromeo – dijo entre risas – Pero la verdad es que no esperaba encontrarte aquí y por eso lo digo.
- Yo… estoy – balbuceó Terry.
- ¿Vienes de vacaciones? – preguntó la muchacha – la verdad es que este lugar es magnífico para vacacionar, el clima siempre es muy cálido.
- No, Yo vivo aquí Elisa. – dijo finalmente Terry
- ¿Vives aquí? – preguntó la muchacha muy asombrada
- Si, ya tengo varios meses aquí…
- No lo sabía – señaló Elisa - ¿Y que haces aquí? Pensé que te dedicabas al teatro…
- Si eso hacía, pero bueno he decidido probar suerte aquí.
- Espero que te vaya bien – mencionó Elisa con sinceridad.
- Gracias.
Los dos muchachos se quedaron mirándose sin decir una palabra, Elisa quería decir algo más pero se dio cuenta de que la mayoría de las veces que había hablado con Terry había sido para decirle algo malo de Candy. "No es raro que me mire de esa forma" pensaba un poco desanimada. Por su parte Terry, no sabía que decirle a Elisa, era cierto que habían estudiado en el mismo colegio pero nunca habían pertenecido a los mismos círculos de amigos.
- Señora Shaw – se escuchó una voz tras de ellos.
"¿Señora Shaw?" Pensó Terry, y se sorprendió más cuando vio a Elisa que volteaba hacía donde provenía la voz.
- ¿Qué sucede? – preguntó Elisa
- El niño se ha despertado…
- Llévalo a la calle en un momento salgo…
Terry la miró extrañado como esperando una respuesta.
- ¿Señora Shaw? – preguntó finalmente
- Si, me casé… ¿no lo sabías?
- No realmente no me lo imaginaba – dijo Terry un tanto asombrado de que existiera alguien tan valiente para casarse con Elisa.
- Pues si, ya hace bastante tiempo… el niño del carrito de bebe es mi hijo.
- ¿Tienes un hijo? – exclamó Terry.
- ¡Vaya! Hablas como si fuera imposible… ¿es que acaso no tienes tú una hija?
- ¿Cómo lo sabes?
- Todo el mundo lo sabe…
- ¡Oh!
- No finjas estar sorprendido – le dijo Elisa – eres muy famoso, quizás aquí no tanto, pero en New York todos saben quien eres…
- Si, pero me sorprende que tú en especial…
- ¿Por qué? Crees que solo te quiero hacer la vida miserable…
- No, no es eso…
- ¿Entonces? – inquirió la muchacha
- Bueno, para serte honesto creía que no era mucho de tu agrado…
- La escuela terminó hace mucho tiempo ¿sabes? Sin embargo entiendo tu punto, no nos conocemos tanto como para saber todo lo que sucede en nuestras vidas…
Terry asintió con la cabeza, realmente era lo que pensaba hasta hacía unos minutos.
- Si, supongo que lo único que nos unía era la relación con Candy ¿no es así?
"Candy" hacía tanto tiempo que no escuchaba su nombre sin embargo, sintió un estremecimiento que le recorría todo su cuerpo al escuchar el nombre de la muchacha.
- Aunque eso es cosa del pasado ¿no crees? Podríamos llevarnos bien aunque ella no este de por medio.
- ¿Del pasado? – musitó Terry aunque lo suficientemente audible para que Elisa lo escuchara
- ¿Es que aún piensas en ella? – preguntó Elisa frunciendo el entrecejo.
- Yo no he dicho eso – se apresuró a decir el muchacho.
- Mira, dado el historial que mantengo contigo no me gustaría ser yo quien te dijera esto… pero creo que deberías olvidarte de Candy, ella esta a punto de casarse con el tío William.
Terry dejó escapar una risa un tanto escéptica.
- Nunca vas a cambiar ¿verdad?
- No te estoy mintiendo… ellos se casan creo que a inicios del año que esta por comenzar… sin embargo no creo asistir a la boda, pero mi madre ya esta preparando maletas…
- Elisa… ¿no crees que ya estamos lo suficientemente grandes como para entrar en estos juegos? – preguntó al tiempo que alzaba una ceja.
- Se que me lo tengo merecido – dijo Elisa después de dar un largo suspiro – pero es la verdad, en fin, si no quieres creerme no puedo hacer nada…
Elisa miró a través del cristal y miró a la niñera que paseaba un tanto desesperada el carrito del bebé con ansiedad.
- Tengo que irme, ojalá nos volvamos a encontrar pronto… ¡Feliz año!
Y diciendo esto salió de la librería. Terry se mantuvo quieto mirándola mientras aún sostenía los libros en su mano. Sin hojearlos más llegó al mostrador, pagó por ellos y salió de allí a toda prisa. Comenzó a caminar rápidamente, pero conforme se acercaba a su casa los pasos se habían ido haciendo más largos y más rápidos, cuando llegó a la puerta iba prácticamente corriendo. Abrió la puerta, y se dirigió a la mesa que estaba en el recibidor sobre la cual había un gran montón de cartas apiladas. Con desesperación comenzó a revisarlas. Cuando iba por la décima carta soltó un gran suspiro ¿pero que esperaba encontrar en esa pila de cartas? ¿Acaso una invitación a su boda? Tenía meses por no decir años que no tenía contacto con Candy, las últimas noticias que había tenido era que Anthony, el famoso Anthony no estaba muerto sino que estaba viviendo en la misma casa que ella. Entonces lo que le había dicho Elisa… debían de ser solo mentiras, como era usual en ella.
- Feliz día de los inocentes – dijo una voz femenina que lo despertó de sus pensamientos.
- ¿Perdón? – preguntó Terry - ¿cómo has dicho?
- Sr. Grandchester, en verdad que esta distraído hoy… - señaló la muchacha.
- Juliette, lo siento estaba revisando el correo.
- ¡Vaya! Pensé que jamás lo iba a hacer, ese correo tiene cerca de un mes acumulándose sobre esa mesa…
Terry sonrió un poco avergonzado. Y miró a la muchacha que fungía como ama de llaves, era muy joven pero muy dinámica, a pesar de su edad ya estaba casada, su esposo era un experto jardinero que también formaba parte de la servidumbre del joven Grandchester. Entonces pareció caer en la cuenta de algo.
- ¿Has dicho día de los inocentes? – Preguntó Terry.
- Si, hoy es 28 de diciembre, día de los inocentes…
- ¡Qué tonto estoy! – exclamó.
- Señor, yo no diré nada – dijo bromeando Juliette.
- Lo siento Juliette, es que hoy me he encontrado con una vieja conocida y me ha dicho algo… y yo pensé que era verdad, supongo que ha de estar riendo a mis espaldas…
- Es posible señor – dijo la muchacha – sin embargo si eso hizo que se pusiera a revisar el correo, pues creo que ha hecho algo bueno… le sugiero que no deje de hacerlo, y revise esas cartas que tienen tanto tiempo allí.
Terry tomó el resto de las cartas, pero de forma más tranquila, se sentía algo tonto en haber caído en la broma de Elisa, se sentó en uno de los sillones de la sala y continuó mirando los sobres.
- Esto es pura basura… ¿acaso creen que les voy a contestar a esos reporteros de quinta? – dijo un poco enojado al ver los remitentes.
Siguió pasando los sobres hasta que se detuvo en uno de ellos.
- ¿Sabrina? – susurró cuando vio el nombre del remitente.
Se apresuró a abrir el sobre y sacó la carta, la leyó rápidamente. "¿Por qué necesitará hablar conmigo?" Se preguntó Terry después de leer la carta donde le pedía que tomara el primer tren a New York. Miró la fecha de la carta era de casi 15 días atrás.
- Juliette – llamó a su ama de llaves.
Esta tardó unos segundos en llegar hasta donde estaba Terry.
- ¿Necesita algo?
- ¿No me ha hablado nadie en estos días?
- Si, como siempre mucha gente le ha hablado, eso no ha cambiado desde hace meses… y como fue su instrucción a todos les he dicho que no esta disponible…
- ¿Ha hablado Sabrina… Sabrina Lingwood?
- Claro que lo ha hecho – observó la muchacha – creo que ha sido de las más insistentes, tiene como 15 días que no para de hablar y siempre deja el mismo recado… que se comunique con ella lo antes posible.
El muchacho miró el reloj, era aún temprano, si se apresuraba, alcanzaría el tren para poder ir a verla, tanta insistencia tenía que ser sobre algo importante, y no encontraba otra forma mejor para excusarse de no haber respondido a tiempo.
- Juliette, prepara mis maletas, salgo de viaje en una hora, dejaré a Naty en tu cuidado, regresaré en unos tres o cuatro días…
- ¿Se puede saber a donde va?
- Voy a New York.
Mientras tanto en Chicago, los preparativos de boda estaban al punto de ebullición, la mansión Andley rebosaba de gente, por todos lados los sirvientes corrían de un lado para otro, y los gritos de la tía Elroy destrozaban los nervios del resto de la familia. Logan por lo tanto se sentía muy complacido consigo mismo por haber logrado escapar del bullicio y estar en ese momento en la Institución. Sin embargo el que hubiera escapado de la ruidosa mansión, no le hacía tener tranquilidad, estar en la institución era un descanso para los gritos de la tía Elroy, pero allí tenía que enfrentarse a un reto aún mayor. Pasar ocho horas al lado de Patty comenzaba a resultar una tortura, el corazón le latía con tanta fuerza y a veces se ponía tan nervioso que había optado como medida retirarse al cuarto de archivo para tranquilizarse. Sin embargo al paso del tiempo solo conseguía ponerse de mal humor y aunque esto no era tan a menudo, Patty se había percatado de ello.
En sus adentros Patty pensaba que él muchacho odiaba estar trabajando en vez de estar en las fiestas que se estaban dando por todo Chicago, y sonreía no sin un poco de amargura pensado en lo que Annie le dijera siempre "Logan esta enamorado de ti"
- Eso no es cierto – se decía Patty. El muchacho siempre mantenía su distancia con ella, era absurdo pensar en lo que decía Annie, suficiente había sufrido ella para detenerse a pensar en eso.
Esa mañana había transcurrido como cualquier otra, las cartas y los pedidos se habían realizado de acuerdo a los horarios establecidos, y el tiempo había transcurrido rápidamente, a pesar de que afuera el tiempo parecía estar tan congelado como el ambiente, la gente pasaba entre los charcos formados por la pertinaz nieve que no dejaba de caer. El frío era extremoso, pero allí dentro de la oficina, un buen fuego en la chimenea mantenía muy cálido el ambiente.
Logan tenía más de una hora que había terminado sus pendientes y se había dedicado esa hora a fingir que leía una carta mientras miraba por encima del papel con sus ojos azules a Patty, ella no se había percatado de esto y había continuado con sus labores de forma normal. El muchacho la miraba al tiempo que sus mejillas se teñían de un ligero rubor.
Patty lanzó un suspiro después de cotejar los precios de unas medicinas con la lista de presupuesto y levantó la cabeza y notó la mirada de Logan.
- ¿ocurre algo? – preguntó Patty un poco extraña por estar siendo observada por el muchacho.
- No – contestó Logan con una ligera sonrisa en la cara.
Después de eso la muchacha no podía concentrarse en lo que estaba haciendo, cada vez que levantaba la vista estaba Logan mirándola fijamente.
- ¡Basta! - espetó finalmente – esto es muy incomodo, ¿Por qué me miras tanto?
- ¿Por qué no habría de hacerlo? – dijo desafiante Logan.
- Porque es irritante – señaló la muchacha – deja de hacerlo.
- ¿Tanto te molesta? – preguntó un poco indignado el joven Andley
- Si, lo es… voltea para otro lado.
Logan se volteó un poco enojado, pero después de cinco minutos giró su cabeza y se levantó de su asiento.
- Lo siento, no puedo hacerlo – dijo Logan.
- Si, si puedes, mira a la ventana, a la chimenea, no tiene gran ciencia – apuntó Patty comenzando a molestarse.
- Ya lo se, pero no puedo hacerlo, ya no puedo… lo siento.
Mientras decía eso se había ido acercando a Patty.
- No te comportes como un niño, no estamos para estas niñerías, estamos trabajando… - dijo Patty.
- Yo ya he terminado mis pendientes.
- Entonces puedes irte a tu casa.
- ¿Con que fin? Allá hay demasiado alboroto, prefiero estar aquí…
- Entonces deja de molestar a quienes si tenemos cosas que hacer…
- Eso lo puedes hacer mañana – señaló Logan algo serio.
- Nunca has escuchado "No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy" – refutó la chica que comenzaba a sentirse muy extraña en esa situación.
- Si, si lo he escuchado –mencionó el muchacho con una rara sonrisa en los labios.
Patty bajó la mirada y frunció los labios, sentía cada vez más cerca al muchacho, y no sabía como actuar, ¿Qué era lo que quería? ¿Por qué la estaba molestando de esa manera? Logan finalmente llegó a su lado, y le quitó la carta de los precios de las manos.
- No pretendas que estas leyendo por favor – le dijo seriamente el joven.
Sin embargo Patty no levantó la mirada y se quedó mirando hacía donde hasta solo unos segundos antes había estado la carta.
- ¿Por qué estas haciendo esto? – preguntó finalmente con bastante irritación Patty.
- ¿Qué no es obvio? – preguntó el muchacho
- No, no lo es… y me estas incomodando.
- Porque me gustas – dijo pausadamente Logan
Patty se levantó abruptamente de su silla y lo miró con el entrecejo fruncido y apretando fuertemente los puños de sus manos.
- No juegues conmigo… no es gracioso – espetó enojada
- No pretendo ser gracioso – aseveró Logan.
- Mira si esta es tu manera de gastar bromas por ser día de los inocentes…
- Me estas ofendiendo – señaló el muchacho – pensé que me conocías…
- Entonces deja de decir sandeces.
- ¿Por qué dices que son sandeces?
- Porque no es posible… no te puedo gustar… - espetó la muchacha
- Entiendo que eres muy inteligente pero por más que lo seas tu erudición no puede llegar más de los límites, no puedes asegurar lo que hay en mi cabeza o en mi corazón… tus conocimientos se limitan y no puedes saber que pienso o que siento.
Logan abrazó a Patty y la trató de besar pero la muchacha le soltó senda bofetada para después salir corriendo de la oficina. Logan permaneció tocándose la mejilla donde la palma de Patty había quedado marcada, muy molesto por todo lo que acababa de ocurrir.
Tres días después por la madrugada Terry había llegado a New York, y a altas horas de la mañana se encontraba refugiado en su cuarto de hotel. Todavía no podía creer que ese reportero lo hubiera visto cuando se estaba apeando del tren, prácticamente había tenido que salir corriendo de la estación, había tenido que desayunar en la habitación del hotel, creía y no sin razón que en el restaurante del hotel le iban a estar esperando los reporteros. Y aunque por un momento había creído que estaba cayendo en la paranoia tan solo de asomarse por la ventana de su habitación que se encontraba en el quinto piso de edificio había alcanzado a ver a más de una docena de reporteros apostados en la calle esperando a que saliera.
Durante días había ansiado estar en New York, el gélido clima era algo que sentía que necesitaba, sin embargo la provocación de la prensa era algo que en realidad odiaba. Y era algo de lo que no tenía que preocuparse en su nueva residencia. Aunque no sabía por cuanto tiempo duraría o si en algún momento también odiaría vivir allá.
Había esperado un tiempo prudente para llamar a Sabrina, haber ido a verla después de que la presencia del reportero, habría sido demasiado malo para Sabrina, sabía que los rumores de su supuesto "romance" todavía aparecía en algunas páginas de los periódicos de espectáculos, aunque el rumor se había ido desvaneciendo con el tiempo. Realmente lo último que deseaba es volver a reavivar esos falsos rumores y crearle más problemas a la muchacha que con tanta facilidad le había ofrecido su amistad.
Sin embargo su visita en New York era precisamente ir a verla, y en ese momento no sabía como lograría eso, ya que después de llamarla le habían informado que desde el día anterior la muchacha estaba atendiendo a unas visitas por lo que prácticamente iba a ser imposible localizarla en su casa. Un tanto decepcionado por esta noticia, había decidido quedarse en el hotel aunque la situación de quedarse encerrado durante horas no le apetecía. Pero tampoco quería salir. Y comenzó a pensar que haría para poder asistir a la opera sin ser visto.
Mientras tanto en Chicago, cerca del lago una pareja caminaba a pesar del frío viento que pegaba a la zona. El sol había salido por unos momentos aunque a lo lejos se alcanzaban a vislumbrar negras nubes que amenazaban con una tormenta de nieve. Finalmente se detuvieron en una orilla y se sentaron en una pequeña barda que daba hacía el lago.
- Realmente lamento lo de Logan… Espero que no este muy desanimado
- Pues ya podrás imaginarte – dijo el muchacho que vestía una elegante gabardina.
- Supongo que no es fácil para Patty.
- Si, ella ha sufrido mucho, primero mi hermano y después lo de ese canalla… creo que esta curada de espantos.
- Creo que Logan debió esperar un poco.
- Créeme Logan es el muchacho más paciente que conozco, supongo que su afición por Patty es mucho más grande de lo que todos creemos. Y quizás pensó que ya era momento de decirle lo que sentía.
- No lo dices porque te sientes culpable ¿verdad?
- Esta bien Sherly, lo reconozco, tanto Allen como yo lo hemos tomado a broma desde que nos enteramos…
- ¿Y Anthony?
- Bueno, ya lo conoces, a veces nos sigue el juego hasta que nos volvemos muy pesados y se pone muy serio.
- Y hablando de Anthony… ¿cómo esta tomando todo esto?
Archie suspiró y miró detenidamente el lago durante varios minutos antes de contestar.
- Creo que es difícil saberlo, Anthony sabe aparentar muy bien, cuando éramos niños siempre aparentaba estar contento, sin embargo yo se que extrañaba mucho a su madre… era el único que podía soportar a la tía Elroy… o mejor dicho solo él podía fingir con ella, cosa que…
- No se te da muy bien ¿verdad?
- ¿Porque lo dices? – preguntó algo indignado.
- Eres demasiado terco y muy impulsivo… supongo que esa combinación no eran especialmente ideales cuando se trata de fingir.
- ¡Vaya! Mira que buena impresión tienes de mi – contestó algo molesto.
- Eres adorable tal como eres, me agrada que no sepas fingir…
- El muchacho se encogió de hombros.
- Archie – musitó la chica, al tiempo que él giraba su cabeza para mirarla – tu tío habló ayer conmigo.
- ¿Albert? – inquirió interesado
- Me ha comentado acerca de tus padres.
- Oh – exclamó Archie
- Creo que deberías ir a verlos…
- ¿También tú? ¿Es que quieres deshacerte de mí?
- ¿Quién dijo que quiero deshacerme de ti? – preguntó Sherly
- ¿Entonces?
- Deberíamos adelantar la boda para que puedas irte lo más pronto posible a reunirte con ellos.
- ¿Estas bromeando?
- No, claro que no, se que tal vez tu familia quiera una boda fastuosa, pero en realidad eso para mi no tiene importancia… una boda sencilla por mi estaría bien y pues creo que el mejor lugar para luna de miel sería la India.
- No Sherly jamás te pediría algo así.
- Y no me lo estas pidiendo… - dijo ella con una sonrisa en el rostro – es algo que yo quiero hacer por ti… tú has cedido en tantas cosas conmigo, que la verdad se que no habrá nada que pueda compararse…
- ¿De que hablas? – preguntó extrañado el muchacho.
- Pues de que… se que has tenido muchos problemas en tu familia para que me aceptaran, y eso…
- Eso es algo que volvería a hacer… Sherly, que te entre a tu cabeza, yo no soy "Los Andley", ellos son parte de mi familia pero no voy a dejar que influyan en mis decisiones, no soy un peón de ajedrez para que hagan con mi vida lo que se les antoje…
- Pero tú siempre te preocupas por ellos.
- Eso es natural, ellos son mi familia, pero el que los quiera y me preocupe por ellos no quiere decir que acepte todo lo que dicen sin tan siquiera cuestionarlo… y acerca de lo de mis padres…
- Se que no quieres ir…
- Si quiero ir, pero debo de confesarte que me da algo de miedo.
- ¿miedo? ¿Por qué?
- Porque no se que tipo de recibimiento tendré o cuanto tiempo tendré que pasar allá.
- No se que tipo de recibimiento tendrás pero puedo imaginarme que si te pareces en algo a tus padres será uno muy agradable… y pues pasaremos allá el tiempo que sea necesario.
- ¿Y todavía te preguntas que porque siempre te defendí ante mi familia? Eres el mejor regalo que podría haber pedido.
Y sin decir más se acercó a ella para besarla, mientras tanto en el establecimiento de madame Mouchoir, Annie se probaba el vestido de madrina y Patty hojeaba un libro de patrones.
- ¿Cómo lo ves? – le preguntó cuando salió detrás de la mampara.
- Te ves muy bien – dijo Patty analíticamente
- No es precisamente el color que más me favorece… pero no esta mal. Y tu vestido ¿no te lo vas a probar?
- Ya me lo probé - le informó a la muchacha – esta bien.
- ¡Ni siquiera me di cuenta!
- Creo que esos sombreros te absorbieron toda tu atención – dijo Patty al tiempo que señalaba unas cajas redondas que descansaban sobre una de las mesas del probador.
- Son mi pasión, ya lo sabes… ¿y Candy?
- Fue a la parte del taller, porque el vestido no le ajustó bien y como tiene que estar listo hoy, Madame Mouchoir decidió llevarla al taller para hacerle los ajustes necesarios.
- Es uno de los vestidos más hermosos que he visto.
- Si, pero ya ves como es Madame Mouchoir, quiere que sea perfecto.
- Pues tiene razón – señaló Annie – además solo te casas una vez en la vida, el vestido tiene que ser perfecto.
- Si tú lo dices – dijo con escepticismo
- ¿Cuándo vas a dejar tu mal humor? – preguntó Annie.
- No estoy de mal humor…
Annie levantó una ceja acusadoramente.
- Esta bien, no estoy de tan buen humor como tú, pero eso no indica que este de mal humor…
- Es por Logan ¿verdad?
- El no tiene nada que ver…
- Si, supongo que su casi beso no te importó nada…
- Fue muy mala idea platicarte lo que paso…
- Es que no puedo creer que seas tan cabeza dura…
- ¿Perdón? – preguntó indignada
- Tengo semanas diciéndote que el chico te adora, y tú me ignoraste… me dijiste que no veía bien las cosas. Finalmente se te declara y ¿Qué hiciste? Saliste huyendo después de decirle que no le creías.
- Es que no estuviste allí.
- No necesito haber estado allí – apuntó Annie – solo se que cuando un hombre te dice que le gustas es porque le gustas y no va a bromear al respecto.
- Mira Annie, lamento bajarte de tu nube, pero déjame recordarte que un hombre me prometió matrimonio y se terminó yendo con otra. Así que discúlpame si no creo en unas palabras lindas…
La muchacha de ojos azules se quedó un poco pensativa.
- No creo que no quisiera casarse contigo – dijo finalmente.
- ¿De que hablas?
- De él – mencionó mirándola a la cara.
Patty frunció un poco el entrecejo, hacía mucho tiempo que todos a su alrededor trataban de no decir el nombre de Bryant, y aunque a veces agradecía el gesto, de repente le exasperaba que todos pensaran que era tan débil como para no soportar escucharlo.
- Si estas hablando de Bryant, llámalo por su nombre ¿quieres?
- Pues si, estoy hablando de Bryant…
- Pues te equivocas… me dejó plantada, no se casó conmigo…
- Es que es algo que no entiendo… él en realidad estaba enamorado de ti.
- Solo pretendía estarlo – señaló Patty.
- No Patty, si alguien puede saber de amor pretendido esa soy yo… ¿o acaso has olvidado a Archie?
- El no te odiaba…
- Yo no dije que me odiara… simplemente estoy diciendo que no me amaba.
- Pero…
- Si, el perfecto Archie, jamás fue bueno mintiendo ¿sabes? Yo siempre lo supe pero quería aferrarme a mis pensamientos de que si yo lo amaba lo suficiente él llegaría a amarme con la misma intensidad.
- No puedes comparar a Bryant con Archie.
- ¿Por qué no? – preguntó enojada Annie - ¿Es que acaso no son los dos hombres?
- Pero Archie no te hizo…
- Créeme Patty, tal vez… hubiera sido capaz de llegar a tanto como Bryant… pero se que al final no se hubiera casado… Archie me habría hecho lo mismo.
- Archie no es así.
- Conmigo lo era… a veces siento que lo obligaba a actuar de una manera que distorsionaba su verdadero ser… nunca dejo de ser amable conmigo, pero yo sabía que él quería estar lejos de mi.
- Pero…
- No Patty, no hablo con resentimiento, hablo con la verdad, ahora que se lo que es ser amada puedo saber y diferenciar… Archie jamás me amó y pues siendo él tan pasional como lo es debía de ser un verdadero suplicio el estar conmigo.
- ¿Cómo puedes decir eso?
- Porque es lo que era, y al final era un suplicio para mí también… yo lo amaba, no puedo negarlo, pero jamás habría sido feliz con él…
- Pero compararlo…
- Bryant podrá ser lo que quieras, pero él te amaba, estoy segura de que se habría casado contigo…
- De no ser por Elisa ¿dices?
- No se… quizá como dices estoy equivocada, pero no creo que ni él la amaba ni Elisa lo amaba…
- Pues bonita pareja – dijo con sarcasmo Patty.
- No se que ocurrió entre esos dos… tal vez se parecían demasiado… y al final pudo más que el amor que sentía por ti.
- Eso en realidad me levanta el ánimo.
- No lo dije con intención de ofenderte… sino al contrario. Estoy segura de que Bryant te amaba…
- Pues tuvo una forma genial de demostrarlo – mencionó de forma irónica Patty
- En fin… lo que haya pasado con él, aunque haya sido real o no, no quiere decir que todo aquel que se te acerque será igual.
Patty lanzó un suspiró.
- No se que quieres que te diga – dijo Patty
- Simplemente que no te vas a cerrar cuando haya alguien que te quiere… es que acaso piensas odiar a todos los hombres el resto de tu vida.
- No odio a todos los hombres… solo, no les creo.
Annie negó con la cabeza. Y decidió mejor ir a cambiarse. Sin embargo Patty se quedó pensando en lo que Annie le dijo, no era la primera persona que le mencionaba que Bryant realmente la había amado, y aunque quería negarlo en su corazón de mujer sabía que esos besos que él le había dado eran verdaderos, que no podía haber jugado con ella así… y aunque ya no lo amaba, sentía como le había dicho Annie que lo que había pasado con él aunque con un final horrible, había sido real. E inmediatamente pensó en Logan, cuando se había acercado a ella, y en su cara… en ningún momento había visto una sonrisa irónica o tan siquiera una sonrisa, su cara había sido dulce y un tanto seria. Y ella, ella lo había tratado como si fuera un niño tonto y no solo eso, le había dado una bofetada. De repente se sintió muy mal por lo que había hecho, tal como Annie le había dicho, él no tenía la culpa de lo que Bryant hubiera hecho antes.
Entretanto en New York, el sol estaba por ponerse, había mandado comprar entradas para esa noche en la ópera, la función debía de comenzar en un poco menos de una hora y sabía que habría mucha gente en el teatro, era la última presentación del año. Terry se había disfrazado por completo con barba y el pelo escondido dentro de un sombrero de copa, había salido por la puerta de servicio del hotel, salió caminando hacía la otra calle donde los reporteros habían dejado al descubierto, en cuanto hubo salido del hotel tomó el primer taxi que pasó.
Una vez afuera del hotel, su ánimo había cambiado, miraba con un dejo de emoción las calles cubiertas de nieve y el espíritu de año nuevo de los Neoyorkinos que pasaban apresurados en sus mejores galas a los bailes que se daban por toda la ciudad.
Ese año había sido muy difícil para él, esperaba que el siguiente no fuera tan trágico y le trajera la paz que siempre había deseado tener. Cuando llegó a al metropolitano, miró a las docenas de personas que se apiñaban a la entrada del mismo. Terry bajó del carro, después de pagarle al chofer, caminó bajando la cabeza, temía que alguien lo fuera a reconocer a pesar del disfraz. Entró al lobby y después se dirigió al balcón que había apartado para la ocasión. El teatro estaba a reventar y había alcanzado a escuchar entre la multitud grandes elogios a Sabrina quien había parecía haber cautivado a todos en New York con su hermosa voz. Estando una vez a salvo de los reporteros y de las miradas curiosas había sonreído, se sentía contento por ella, se había esforzado mucho para poder tener una actuación perfecta.
Ya se lo diría cuando la viera, pero entonces recordó que no había podido comunicarse con ella, así que mandó llamar a uno de los acomodadores, escribió una nota y le pidió que se la hiciera llegar a Sabrina Lingwood. El acomodador había estado a punto de negarse de no ser que en su propia indiscreción había mirado la firma de la nota donde se leía claramente "Terry Grandchester", el muchacho giró su cabeza para mirar a la persona que estaba delante de él y pudo reconocerlo.
- Es usted… - exclamó.
- Shsshttt – dijo Terry al tiempo que se llevaba un dedo a la boca – podría por favor entregarlo.
Terry le pasó una buena propina con la que sabía que además de comprar el silencio de su identidad a los demás, llevaría con diligencia la nota hasta el camerino de la prima Donna.
Entre tanto en Chicago la fiesta en la mansión Andley estaba en todo su apogeo, la familia se había aglomerado para el evento del día siguiente así que entre ellos y la mitad de la ciudad, más de mil personas se habían reunido. Candy pasaba de grupo en grupo de personas saludando, Albert por su parte pasaba por lo mismo. Patty los miraba desde un rincón en el que se había instalado y del cual no pensaba salir. Aunque más que por timidez ante tanta gente era que se escondía de Logan, después de la escena de la oficina no lo había vuelto a ver, y después de la charla que había sostenido con Annie sabía que había actuado imprudentemente y que en realidad Logan no se estaba burlando de ella, así que las mejillas se le sonrojaban tan solo de pensar en que le iba a decir si se lo encontraba.
Patty había pasado la mitad de la fiesta sentada en ese rincón apartado, y sus piernas comenzaban a adormecerse, tenía que salir de allí, lo haría con mucho sigilo, si había logrado permanecer allí varias horas sin ser vista podía salir de allí sin llamar tanto la atención, o al menos eso era lo que pensaba. La puerta para ir al jardín estaba cerca, se deslizó junto a la pared y llegó a la puerta, sonrió para sus adentros cuando pudo poner un pie en el jardín. Respiró profundamente cuando escuchó una voz.
- ¿Patty?
Sin voltear, la muchacha sabía de quien se trataba, sus esfuerzos habían sido en vano.
- Buenas noches – saludó nerviosamente.
- Pensé que no habías venido – dijo Logan muy serio.
- Si, he andado por allí.
- Me alegra que hayas venido, yo… yo… - comenzó a balbucear…
- No digas más – le suplicó Patty – lamentó lo que ocurrió el otro día, no debí de haber llegado a los extremos, es que simplemente…
- Tú hiciste lo correcto, yo me deje llevar, yo no sabía como decírtelo, y creo que hice lo incorrecto, no volveré a mencionar nada de lo que le dije, no quiero volver a incomodarte.
Patty lo miró a la cara, el muchacho parecía haber estado sufriendo durante largo tiempo, quizá, pensó con acierto, había estado pensando en esto desde el día en que lo había rechazado tan cruelmente. Se sintió muy apenada por todo lo ocurrido, el muchacho había sido sincero con ella, y ahora al mirarlo de frente sentía que la sangre se agolpaba en sus mejillas. El muchacho se limitaba a mirarla desde lejos, la luz del farolillo que estaba colgado al lado de la puerta brillaba sobre su cara, sus ojos azules a pesar de tener un toque de tristeza deslumbraban. ¿Es que acaso nunca lo había visto bien? Logan era un muchacho muy guapo, tal como lo eran todos los chicos Andley, el cabello un poco largo le caía desordenadamente sobre la cara, y su nariz perfectamente perfilada parecía estar guardando la respiración.
Patty no pudo sostener más la mirada y la bajó a sus pies que comenzaban a mojarse a través de los zapatos forrados en satén del mismo color del vestido debido a la gruesa capa de nieve.
- Bien, te he dicho lo que tenía que decirte, ahora mejor me retiro y no te importuno más con mi presencia.
Diciendo esto, Logan dio media vuelta demasiado acongojado, sabía que al irse así estaba diciéndole adiós para siempre a la primera chica a la que había querido en toda su vida.
- ¡Espera! – exclamó Patty.
El muchacho incapaz de voltear su cara, solo se detuvo, entonces sintió que tocaban su mano, giró su cuerpo y miró a Patty tomando su mano y acercándose a él.
- Soy una tonta ¿sabes? Tenías razón al decir que puedo ser cual erudito cuando se trata de libros pero cuando se trata de los sentimientos de los demás, no puedo sino confesar que mis conocimientos se limitan a mi misma y que aún con mis sentimientos a veces puedo confundirme.
Logan no sabía si sonreír o regresar a la fiesta antes de decir algo que arruinara el momento, dentro de él sentía mucha alegría, al menos estaba comprobando que la muchacha no lo odiaba, lo que significaba un gran consuelo para él que había pasado tres días pensando en que ella lo detestaba y recriminándose a si mismo por no haber sabido callar sus propios sentimientos.
- Y por el momento no puedo ofrecerte mucho – dijo Patty – he tenido una muy mala experiencia y no se si algún día pueda volver a confiar…
Logan entonces no pudo evitar sonreír.
- Eres un muy buen amigo… - agregó la muchacha
- Eso, por el momento es más que suficiente para mi – dijo Logan – y no volveré a decirte nada que te incomode… pero ten seguro que mis sentimientos no cambiaran. Cuando estés lista, entonces…
- No pensaría en nadie más – mencionó Patty sonriendo.
- Me concederías este baile – le dijo Logan al tiempo que le ofrecía el brazo para entrar de nuevo – no es bueno que alguien pase este día sin bailar.
- Si acepto – dijo Patty mientras se sostenía del brazo del joven Andley y entraban al salón del que había salido hacía unos minutos.
Adentro la algarabía por el año nuevo se extendía entre los invitados.
Entre tanto en New York la opera estaba llegando a su fin, y Terry había disfrutado muchísimo la interpretación del solo de Sabrina y comprendió porque la gente gustaba tanto de ella. Y el porque del ensordecedor aplauso que el público le dedicara tanto cuando acababa de cantar el solo, así como al final de la ópera.
Cuando finalizaron los aplausos y los cantantes se habían ido a refugiar a sus camerinos, el muchacho esperó pacientemente a que pasaran los minutos, y que se desalojara el teatro; no quería encontrarse con alguien conocido, sin embargo estuvo muy al pendiente de la hora para saber en que momento debía de bajar a los camerinos, donde estaba seguro de que Sabrina había recibido su nota y lo estaría esperando.
Pasados 15 minutos, Terry se deslizó por la puerta y vio con satisfacción que los pasillos estaban tan desiertos como esperaba entonces se removió la barba postiza y bajó hasta el área de camerinos donde al verlo sin el disfraz fácilmente tuvo acceso a ella. Cuando llegó a la puerta donde estaba escrito el nombre de Sabrina se detuvo, respiró un poco, entonces tocó a la misma, no pasaron ni tres segundos cuando Sabrina abrió la puerta.
- Eres un tonto – le espetó.
- Si, mucho gusto de verte también – respondió un tanto sorprendido Terry.
- Casi tres semanas para que aparezcas… ¿es que acaso no pudiste tardarte más?
- Si, con este recibimiento, ansiaba por venir a verte – mencionó con un dejó de sarcasmo.
- Deja tus ironías para otro día, es que no entiendes…
- No se de que hablas, lamento haberme perdido el estreno, pero en verdad no podía, he estado demasiado entretenido con juntas de trabajo.
- Si, puedo entender eso, pero ni una carta… un telegrama, algo que me dijera que estabas bien…
- ¡Vaya! No sabía que te interesabas tanto en mí…
- Ya sabes que me preocupo por ti… pero ahora no tiene remedio, ya no queda esperanzas…
- Si no eres más específica – refutó Terry – no podré saber que demonios hablas.
- ¿Es que no has leído los periódicos?
- No, no lo he hecho… tengo otras cosas que hacer además de leer los diarios.
- Odio ser yo quien te diga esto… pero Candy, tu Candy se casa mañana.
Terry se sobresaltó un poco al escuchar esto. ¿Acaso Elisa no mentía? ¿Es que era verdad?
- ¿Es eso cierto? – preguntó frunciendo el entrecejo.
- Si, claro que lo es.
- ¿Cómo puedes estar segura? – inquirió el muchacho.
- ¿Es que no recuerdas quien es mi novio? Mi novio es parte de la familia Andley, salgo en el tren de esta noche para estar allá mañana temprano…
El joven Grandchester se dejó caer en una de las sillas, su mirada estaba perdida, su corazón le dolía, no sabía que Candy aún significara tanto para él. Tantas cosas habían pasado desde la última vez que la había visto, y ahora ella estaba a punto de casarse. No, no podía hacer nada.
- ¿Entonces se casa mañana? – preguntó con un hilo de voz
- Si, así es.
- Entonces no hay nada que pueda hacer…
- Pues no se, tal vez todavía no sea demasiado tarde…
- Si se casa mañana yo lo veo como un caso perdido…
- Si, pero en estos momentos aún no esta casada.
- ¿Y pretendes que le hable por teléfono para decirle que la amo?
- Claro que no – refutó Sabrina con un gesto de hastío – ese tipo de cosas se tienen que decir en persona.
- Entonces esta claro que no hay nada que hacer.
- ¿Es que has perdido la razón? – espetó enojada Sabrina – claro que hay muchas cosas que puedes hacer, ella no sabe que eres un hombre libre, ella no sabe que aún la amas.
- Eso no sirve de nada… yo no puedo exigirle nada… no pretendo llegar el día de su boda para hacerle semejante confesión.
- Ésta bien – dijo de mal humor la muchacha – no vayas, no le digas nada, si ella se casa porque cree que tú eres un hombre casado, quizá cometa el peor error de su vida…
- No puedo hacerlo…
- Bien, esa es entonces tu decisión… deja que se case con William entonces…
- ¿Se casa con Albert?
- Si, con él…
- Olvídalo, no puedo hacerlo… él es mi amigo, no podría hacerle algo así.
Sabrina dio un resoplido, se miraba furiosa, estaba a punto de abofetear al muchacho. Tomó aire, tratando de conservar la calma y después se sentó frente a él.
- Terry, perdón pero no voy a dejar que cometas el mismo error dos veces.
- ¿A que te refieres? – quiso saber el muchacho.
- Hace unos años la dejaste ir, después del accidente de Susana ¿no es así?
- Era algo irremediable…
- No, no lo era – respondió Sabrina – tú hiciste que lo fuera, tu actitud arruinó la posibilidad que tenías de ser feliz con ella. Cuando supe que eras un hombre libre traté de hablar con ella, pero de que servía que yo hablara con ella, el que debía de hablar eras tú. Así que guardé silencio esperando a que la buscaras… ¿Por qué no lo hiciste?
- Sabrina, no estaba en posibilidades de nada, le hice la vida miserable a Susana, lo único en que podía pensar era en eso, y en que quizá yo atraiga la mala suerte.
- Eres peor de lo que imagine… tú, Terry Grandchester sigues atado a la memoria de una mujer a la que nunca amaste.
- Eso no es cierto.
- ¿Qué no es cierto? – inquirió con mordacidad - ¿Qué no la amaste o que no sigues atado a su memoria?
- Sabrina, no te pases – le dijo un poco enojado.
- Entonces dime… porque quiero entender tu actitud, quiero saber porque no eres capaz de ir a decirle a Candy que sigues amándola, que solo con ella puedes ser feliz.
- Porque no estoy en condiciones para hacerlo, tengo mucho tiempo sin verla, ella esta a punto de casarse, nada más con el hombre que me salvó una vez la vida, y a quien considero un gran amigo… ir a entrometerme de esa manera sería lo más desleal que podría hacer…
- ¿Deslealtad? – preguntó Sabrina alzando una ceja - ¿cómo puedes hablar de lealtad? cuando eres desleal contigo mismo, con tus propios sentimientos, dicen que hay que empezar primero por uno mismo.
- No entiendo, pensé que te agradaba Albert…
- Me agrada – dijo Sabrina – pero igual me agradas tú y Candy… yo no tendría la conciencia tranquila sabiendo que tal vez Candy y tú están destinados a estar juntos, si no tuviera ninguna duda, ni siquiera estaríamos teniendo esta conversación.
- ¿Y que te hace tener dudas?
- Muchas cosas, actitudes que ambos han tomado, y creo que más que nada mi intuición femenina…
- ¡Oh Vaya! ¿Por qué no me lo habías dicho antes? – dijo con sarcasmo Terry – De haberlo sabido antes, que tu intuición te decía que ella no debía estar con Albert, habría ido corriendo.
- Eres un grosero – espetó Sabrina
- Lo siento Sabrina, pero no hay nada que pueda hacer.
- Eres un cobarde – soltó Sabrina con rabia – Pensé que te atreverías a todo, pero si no eres capaz de ni siquiera decirle eso, creo que si, tienes razón, Albert es la persona indicada para ella, al menos él tuvo la valentía de proponerle matrimonio… tú ni siquiera puedes ir a verla…
Terry la miró muy enojado. Sabrina apagó las luces del espejo de su tocador y después miró a Terry fingiendo que no veía su expresión e enojo.
- Me tengo que ir, Allen me espera, me voy en el tren de medianoche, si logras reunir suficiente coraje, te sugeriría que hicieras lo mismo.
- Yo…
- Ya no digas nada – le sugirió Sabrina – si sigues hablando, quizá no te vaya a perdonar nunca, así que lo dejo a tu criterio. Nos vemos
Y sin decir más se acercó a Terry y le dio un beso fugaz en la mejilla, el muchacho se quedó paralizado. No sabía que era lo que tenía que hacer, y deseo más que nunca no estar pasando por esa situación
